Pasar al contenido principal

cena del señor

Mar 31 Mar 2026

“«Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo»”

JUEVES SANTOMISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑORAbril 02 de 2026Primera lectura: Ex 12, 1-8. 11-14Salmo: Sal 116 (115), 12-13. 15-16. 17-18 (R. cf. 1Co 10,16)Segunda lectura: 1Co 11, 23-26Evangelio: Jn 13, 1-15I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa lectura del Éxodo invita a la comunidad creyente a “hacer memoria” de la liberación obrada por Dios en favor de su pueblo. Las primeras comunidades cristianas celebraban esta liberación en la mesa de la cena del Señor, según el testimonio de Pablo en la Carta a los Corintios; dicha cena era acción de gracias, conforme al Salmo 115, y Eucaristía en la versión cristiana. Una acción de gracias por excelencia es la dedicación a los hermanos y hermanas, hasta el servicio más humilde, como el de lavarse los pies unos a otros, según el ejemplo de Jesús en el evangelio de este día.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El cuarto Evangelio según san Juan no relata el desarrollo de la última cena de Jesús con sus discípulos durante la Pascua, ni la institución de la Eucaristía. En cambio, narra la enseñanza suprema de Jesús en la última tarde, como un testamento de servicio mutuo. Al ser un acto nuevo, los discípulos se asombran. Jesús, el Señor y Maestro, se convierte en siervo, esclavo de sus seguidores: les lava los pies y les dice: "Este ejemplo que les doy, también ustedes deben hacerlo con sus hermanas y hermanos."Llama la atención que los tres evangelios sinópticos y san Pablo, en su primera Carta a los Corintios, en lugar de narrar un lavatorio de pies, cuentan la institución de la Eucaristía. Según estos, de allí brota el mandato: “Hagan esto en memoria mía”. Así, el Nuevo Testamento muestra al menos dos formas complementarias de “hacer memoria” o “ser memorial” de Jesucristo: la fracción del pan, es decir, la Eucaristía, y, al mismo tiempo, el servicio a los hermanos, el lavatorio de los pies. Esto se aclara en la segunda plegaria eucarística en la santa misa: "Nos has elegido para servir en tu presencia". Este servicio no solo se refiere a la liturgia, sino también al servicio diario a nuestros hermanos y hermanas.Jesús, ante sus discípulos, realizó un doble gesto de humildad: se puso de rodillas y comenzó a lavarles los pies uno por uno. Luego, entregó un testamento, una enseñanza a sus discípulos de todos los tiempos, pero además, hizo una verdadera revelación sobre sí mismo.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere decir a la comunidad?La postura “de rodillas” es propia de los siervos, esclavos y criados, y en esa postura Jesús se revela como el Mesías. Las expectativas del Mesías en Israel habían evolucionado considerablemente a lo largo del tiempo. Inicialmente, el término Mesías se usaba para el rey que, en su entronización, recibía una unción con aceite, y cada rey era llamado Mesías, que en hebreo significa “ungido”. Sin embargo, ningún rey de Israel alcanzó las expectativas del pueblo, como seguridad y abundancia de campos, y comida para todos. A pesar de ello, desde que Dios prometió una felicidad definitiva, Israel mantuvo la esperanza hasta el tiempo de Jesús. Esa esperanza era firme: esperaban al Mesías.La esperanza de Israel se expresaba de diversas maneras: unos esperaban un rey, otros un sacerdote, otros un profeta, y algunos, finalmente, no un individuo en particular, sino una figura colectiva. Daniel hablaba de un hijo del hombre (Dn 7), e Isaías había anunciado a un Mesías servidor (Is 53). Jesús se atribuyó el título de hijo del hombre (Mc 10), pero no fue escuchado. En Nazaret, trató de decir a sus conciudadanos que él era el Mesías, pero no lo aceptaron ni entendieron; más bien, lo amenazaron de muerte (Lc 4, 16-30).Ahora, en la última noche con sus discípulos, Jesús se presenta como el servidor anunciado por Isaías. Esta revelación puede sostener a sus discípulos en las horas terribles que vendrán, porque Isaías también había anunciado los sufrimientos del servidor, como signo de conversión para sus verdugos y su exaltación. Los evangelistas señalan que los seguidores de Jesús no lograban comprender los sucesos. Por ello, en el huerto de los olivos, todos huyeron vergonzosamente, incluso uno de ellos desnudo (Mc 14, 50-52).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Hoy, nuestros ojos miran este nuevo memorial, no solo para practicar el lavatorio de los pies y conmemorar los últimos momentos de Jesús, sino para regresar a la fuente que, de ahora en adelante, regará nuestras vidas y creará en nosotros el mismo comportamiento de Jesucristo, como en esa última noche con sus discípulos.Para ser fieles, los seguidores de Jesús necesitan la experiencia de la resurrección y la luz del Espíritu en Pentecostés, como él les prometió, es decir, el Espíritu que los conducirá a la verdad plena (Jn 16). La frase “más adelante comprenderán” es clave para nosotros a lo largo de nuestra vida: debemos buscar, con paciencia y humildad, comprender un poco más el misterio, sabiendo que nunca lo agotaremos. Como decía san Agustín: “Si comprendiera a Dios de manera completa, ya no sería Dios”. En verdad, aquí se encuentra el fundamento de la humildad. De entre las virtudes espirituales, la más alta es aquella que se basa en el abajamiento. De hecho, quien se humilla será exaltado._______________________Recomendaciones prácticas:•Los sacerdotes que han celebrado para el bien del pueblo o han concelebrado en la misa crismal pueden concelebrar en la misa vespertina. “Invítese a los fieles a una adoración prolongada del Santísimo Sacramento en la reserva solemne. En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio de san Juan (cap. 13 al 17).” (Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 56).II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introducción a la misaIniciamos la celebración del Sagrado Triduo Pascual, en el cual la Iglesia conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios y nuestro hermano. Una clave de interpretación de la celebración del Jueves Santo es el servicio: todos debemos ser servidores. No obstante, los ministros ordenados dan un tono particular a su misión, desde el servicio desinteresado a la comunidad, en la presidencia de la Eucaristía, y la comprensión del amor como reflejo del servicio de la Trinidad.Monición a la liturgia de la PalabraDesde los comienzos de la historia de la salvación, Dios ha caminado con su pueblo, como lo recuerda el relato del libro del Éxodo. Esa compañía se celebra también en la cena de la Eucaristía, según el antiguo testimonio de Pablo en la Carta a los Corintios. La solidaridad de Dios con nosotros es un signo de su amor inagotable, evidenciado en el gesto del lavatorio de los pies, testamento para la comunidad creyente.Oración universal o de los fielesPresidente: En este Jueves Santo, oremos al Padre por medio de su Hijo, Cristo Jesús y digamos:R/. Ayúdanos a servir como Cristo Jesús.1.Por la Iglesia y por nuestros ministros ordenados, para que todos seamos servidores unos de otros en la caridad. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones, para que luchen a diario por la justicia y la paz como signo evidente de su vocación de servicio. Oremos.3.Por los evangelizadores de nuestra comunidad, para que se propague el mandamiento del amor y la celebración de la Eucaristía. Oremos.4.Por las personas que sufren por diversas circunstancias, para que encuentren en nuestros gestos de amor la bondad de Dios. Oremos.5.Por quienes celebramos esta Eucaristía, para que valoremos el significado de la institución del sacramento del orden sagrado. Oremos.Oración conclusivaPadre de bondad, acepta nuestras peticiones en la festiva celebración del Jueves Santo y haz que comprendamos la grandeza de tu amor, del servicio, de los ministerios ordenados y de la institución de la Eucaristía. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Mar 12 Abr 2022

Los amó hasta el extremo

JUEVES SANTO MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR Abril 14 de 2022 Primera lectura: Éxodo 12, 1-8.11-14 Salmo: 116(115), 12-13.15 y 16bc.17-18 Segunda lectura: 1Corintios 11, 23-26 Evangelio: Juan 13, 1-15 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La última parte del evangelio de Juan se abre con una introducción solemne: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. El evangelista Juan nos ayuda a recorrer atentamente el último día de Jesús con sus discípulos. Así nos hace comprender que efectivamente ha llegado la “hora” tan esperada por Jesús, la “hora” ardientemente deseada, cuidadosamente preparada, frecuentemente anunciada (ver 12,27- 28). Es la “hora” en que manifiesta su amor infinito entregándose a quien lo traiciona, en el don supremo de su libertad. Dos aspectos se ponen de relieve: 1. Esta es la hora en que Jesús regresa a la casa del Padre: “había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre”. Él conoce el camino y la meta. 2. Esta es la hora en la que Jesús da la máxima prueba de su amor: “los amó hasta el extremo”. Juan señala que el amor de Jesús viene de Dios y es, por lo tanto, un amor gratuito y total. La cruz de Jesús será la manifestación de este amor divino, afecto supremo que ama hasta las últimas consecuencias, hasta el extremo de sus fuerzas. El marco es el de la Pascua hebrea: “Antes de la fiesta de la Pascua”. En ella el pueblo de Israel celebra con gratitud los beneficios de Dios, quien lo liberó de la esclavitud y lo hizo su pueblo. Jesús lleva a su cumplimiento esta liberación, arrancando al hombre de la esclavitud del pecado y de la muerte y dándole la comunión plena con Dios. El gesto simbólico del lavatorio de los pies muestra la significación de la entrega de su vida y el valor ejemplar que ésta tiene para todo discípulo . 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Los evangelios sinópticos dedican algunos, pocos, versículos a la narración de la última cena, en cambio el evangelista Juan dedica 5 capítulos de su evangelio a este acontecimiento. Sería importante leerlos en su conjunto. Allí encontramos un largo discurso que Jesús hace a sus discípulos. La Biblia, por lo general, recoge los discursos finales de los grandes personajes y les da el sabor de un testamento pues es la recomendación final de cómo debe ser el comportamiento en la vida, con la promesa de una bendición (cf. Testamento de Jacob, Gn 49). Pues lo mismo sucede en el evangelio de Juan, los discursos de Jesús, ubicados en la Última Cena, tienen el objetivo de ser el testamento que Jesús deja a sus discípulos. Nosotros sabemos ¡cuánto son sagradas las últimas palabras de una persona que nos ha amado y que se marcha! Este testamento no se abre con un discurso sino con un gesto de Jesús que conservó únicamente el evangelista Juan y el cual, seguramente, dejó desconcertados a los discípulos: el lavatorio de los pies. Este hecho se introduce con unas palabras muy solemnes que, ante todo, hablan de la hora de Jesús al pasar de este mundo al Padre, además menciona cómo la vida de Jesús se resume en un verbo: amar, y un amor sin condiciones, hasta el extremo que es el don de la vida misma, más allá de esto no se puede ir. Incluso esta escena pone al Maestro de rodillas ante quien no lo ha aceptado como sucedió con Judas. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Cuando leemos este texto de Juan y cómo describe cada gesto de Jesús, nos pareciera que es una narración en cámara lenta con el propósito de que se nos escape ningún detalle de este momento particular y único de Jesús, pero sobre todo para que sea un signo que quede por siempre en el corazón de los fieles seguidores del Maestro. La solemnidad con que se cuenta esta escena nos llevaría a esperar que inmediatamente Juan narrara la institución de la Eucaristía, en cambio no, es el único evangelista que no lo hace, incluso habiendo hablado de la Eucaristía en el capítulo 6 de su evangelio, sino dice que cuando estaban cenando Jesús se levantó, se quitó el manto y se ciñó una toalla, echó agua en una vasija y se puso a lavarle los pies a los discípulos. “Se quitó el manto” es una expresión que poco se ha meditado pero que es un gesto importante. Pero en el lenguaje bíblico no solo se quitó el manto, sino también la túnica, es decir, quedó vestido como un esclavo de la época y esto aún causa mayor admiración, pues nosotros pensamos, todavía hoy, en un Dios al que debemos servir y no un Dios que nos sirve, como hace Jesús. Estamos frente a un Dios que se hace esclavo del hombre y no es fácil dejarnos convertir por esta imagen de Dios, menos en una sociedad donde prevalece el “yo”. Haríamos bien en quedarnos en silencio contemplando esta imagen de Dios que ha convulsionado la mentalidad de los discípulos durante la Última Cena y preguntarnos ¿en qué momento dejamos de contemplar a un Dios que se hace servicio, para ponernos en el centro de atención y ser servidos por los demás? “Pedro dice: Señor, ¿tú lavarme los pies a mí?”. Pedro se da cuenta que con ese gesto Jesús está cambiando el orden de las cosas tal y como los discípulos las pensaban. ¿Cuál es el orden lógico y normal? Que el maestro sea servido por sus discípulos. Y Pedro no acepta este gesto porque ya está entendiendo que Jesús reproduce el rostro del Padre del cielo y es imposible pensar en un Dios que se inclina para servir a las personas. Ciertos gestos de pastores humildes y sencillos, no son aceptados fácilmente por el mismo clero y los fieles, porque en su lógica humana todavía pretenden ser servidos. Aún hoy existe quien, como Pedro, se rebela ante un Dios que quiere inclinarse para servir a la humanidad, no lo acepta, simplemente porque no se siente cómodo al ser confrontado con la propuesta de Jesús: ustedes deben lavarse los pies unos a otros. No logramos quitarnos el manto que da prestigio y reconocimiento. Además, muchas expresiones antiguas y nuevas de espiritualidad enfatizan en que es la persona que debe servir a Dios con una moral a rajatabla y le es escandaloso pensar en un Dios que, al contrario, sirve al hombre. El inclinarse de Jesús para lavar los pies de sus discípulos es el último escalón del servicio necesario para la salvación del hombre. Jesús necesitaba bajar hasta este punto de su encarnación para rescatar totalmente a la humanidad del pecado. “Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros”. Jesús se pone de nuevo el manto, pero no se quita la toalla que es el símbolo del servicio, lo que significa que el gesto realizado por Jesús no es solamente algo del momento para después volver a ser el Dios que necesita ser servido. No es una fachada que utiliza para mostrarse espontáneo y cercano en algún momento. No, ese gesto es la presentación auténtica de la identidad de Dios que quiere servir siempre a la humanidad. Eso nunca cambiará pues esa es la naturaleza de Dios: servir. La verdadera dignidad del cristiano es reproducir esta imagen del Padre del cielo que brilla en la persona de Jesús. Aquí también puede Jesús decirnos, después de celebrar la Eucaristía: “hagan esto en memoria mía”. “Dichosos ustedes si lo cumplen”. Dichoso es aquel que ha logrado hacer de su vida un servicio, que ha encontrado un sentido a su existencia desde la enseñanza de Jesús. A estos el Señor les felicitará porque han manifestado a sus hermanos el amor de Cristo, no para ganarse méritos sino para llegar al paraíso. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor Jesús, que tu amor sin condiciones sea el modelo más claro para mi vida. Que amar y servir sean el propósito de mi existencia y si, por algún motivo, no logró entender la lógica de tu amor, que tu Espíritu Santo me guie en mi camino de conversión. Señor Jesús que, según tu ejemplo, mi lema sea “en todo amar y servir” como lo expresaba San Ignacio de Loyola a ejemplo de aquel Jesús que sirvió por amor a la humanidad. Señor Jesús, que siempre endose el vestido del servicio, sin fachadas ni maquillajes momentáneos, y que allí encuentre el sentido de mi vida. _____________________ Recomendaciones prácticas: • Los sacerdotes que han celebrado para el bien del pueblo o han concelebrado en la Misa Crismal, pueden concelebrar en la Misa Vespertina. • «Invítese a los fieles a una adoración prolongada del Santísimo Sacramento en la reserva solemne. En esta ocasión es oportuno leer una parte del evangelio de San Juan (cap. 13 al 17).» (Circular sobre las Fiestas Pascuales, n. 56). II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Comienza esta tarde, con la Misa vespertina de la Cena del Señor, la celebración del Misterio Pascual de Cristo muerto, sepultado y resucitado, que es la base fundamental de nuestra fe. Al caer de la tarde, reunidos como los apóstoles en torno al Maestro, celebramos la santa Eucaristía, memorial viviente de nuestra redención y Pascua sacramental del Hijo de Dios inmolado por la salvación del mundo. En este jueves santo la Iglesia hace memoria y celebra la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y la institución del servicio fraterno y recíproco a través del gesto que hace Jesús al lavar los pies a sus discípulos. Monición a la Liturgia de la Palabra La cena del pueblo de Israel, narrada en el libro del Éxodo, antes de su Pascua de liberación, la releemos en la narración de la nueva Cena pascual que san Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos transmite, así como la ha recibido del Señor. Antes de partir el pan, el evangelista Juan, en aquella hora del paso de este mundo al Padre, confía a la Iglesia aquel evento desconcertante de Cristo que lava los pies a sus discípulos. Monición al lavatorio de los pies La liturgia invita ahora al celebrante a revivir el gesto del lavatorio de los pies, hecho por Jesús a sus discípulos. Este rito quiere recordarnos que, para ser, en verdad, discípulos del Señor, que ha dado su vida por la humanidad, es necesario ir por el camino del servicio, sin condiciones y hasta el final. Las personas que han aceptado la invitación de dejarse lavar los pies representan los distintos ámbitos de nuestra comunidad parroquial. Esto significa que cada persona en nuestra comunidad puede ser ayudado y servido, pero lo importante es aceptar la invitación que nos hace el Señor de cambiar nuestra mentalidad y nuestra vida. Monición a la preparación de los dones Confirmados por la caridad de Cristo, llevamos al altar nuestros corazones y los signos de nuestra comunión con Dios y con los hermanos, pidiendo a Dios Padre que el amor hecho sacrificio de Cristo obtenga de nosotros plena adhesión. Monición a la Procesión del Santísimo Sacramento La Eucaristía ahora es llevada al monumento preparado esmeradamente por la comunidad para la Adoración del Santísimo Sacramento. Allí estamos invitados a vivir un momento de oración y contemplación de un Dios que se entrega por nosotros y se convierte en alimento de vida eterna en la Sagrada Comunión. El don recibido en la Eucaristía es muy grande. No podemos salir del templo a toda prisa, hoy no es un día como cualquier otro. Dejemos que nuestros asuntos, los afanes, los compromisos y tantas otras ocupaciones esperen y cedan el puesto a la adoración de Jesús Eucaristía. Dejemos que el corazón exprese una alabanza, una acción de gracias, suplique el perdón y confié a Jesús todas sus intenciones y necesidades. La Iglesia permanecerá abierta hasta media noche y tendremos la hora santa a las 9 de la noche. Son tantos momentos que nos ayudarán a vivir en el amor de Jesús estos días. Adoremos al Señor Jesús, vivo y presente realmente en la Eucaristía. Oración Universal o de los Fieles Presidente: En la hora en que Jesús nos entrega con el pan y el vino el sacramento del amor, presentémosle al Padre, nuestras súplicas diciendo: R. Cristo, pan de vida, escúchanos. 1. Por el papa Francisco, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que, a imagen de Cristo, buen Pastor, sean testigos del servicio desinteresado, especialmente a los más pobres y necesitados. 2. Por nuestros gobernantes, para que, iluminados por los valores y principios cristianos sepan administrar con justicia y honestidad, los bienes que se les han confiado para bien del pueblo colombiano. 3. Por las personas más necesitadas de nuestro pueblo, para que encuentren en el corazón generoso de los cristianos alivio a sus sufrimientos. 4. Por nuestro país, para que, reine la paz, la concordia, la reconciliación y la justicia en medio de todos los hombres. Convierte el corazón de los violentos y no permitas que impere la injusticia y los atentados contra la vida humana. 5. Por el corazón de los jóvenes de nuestro pueblo, para que sepan responder con generosidad al llamado que Cristo les hace a entregar su vida al servicio de los demás en el sacerdocio o en la vida consagrada. Oración conclusiva Dios Padre nuestro, mira con bondad nuestros corazones hambrientos de tu misericordia y concédenos cuanto te hemos pedido, si es conforme a tu voluntad, Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.