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Mar 8 Sep 2026

Tags: obispos de colombia , obispos colombianos , conferencia episcopal de colombia , iglesia católica colombiana , IA , inteligencia artificial en la labor de la Iglesia , inteligencia artificial y evangelización , que dice la iglesia sobre inteligencia artificial

Obispos de Colombia reflexionan sobre los retos y oportunidades de la inteligencia artificial en la misión de la Iglesia

Entre el 2 y el 4 de septiembre, 65 obispos de Colombia participaron en el curso anual de formación permanente para el episcopado, organizado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia. En esta oportunidad, el encuentro estuvo centrado en la inteligencia artificial, su uso y aplicación en la administración y en la gestión pastoral de la Iglesia.Tuvo como propósito favorecer un espacio de formación y discernimiento integral sobre esta tecnología, abordando sus fundamentos epistemológicos, sus alcances antropológicos y sus desafíos ético-teológicos, con miras a identificar posibilidades concretas para su utilización al servicio de la misión de la Iglesia.A través de ponencias, conversatorios, talleres y mesas temáticas, los obispos se acercaron a la historia y los aspectos generales de la inteligencia artificial, así como a sus implicaciones para la dignidad humana, las relaciones sociales, la ética, la comprensión de la inteligencia y la praxis pastoral.Entre los especialistas que acompañaron el proceso estuvieron Juan Manuel Vicaría Delgado, director del Centro de Inteligencia Artificial para la Alta Dirección de INALDE Business School de la Universidad de La Sabana; el padre Euclides de Jesús Eslava Gómez, director de la Maestría en Teología de la Universidad de La Sabana. También acompañó el curso el padre Fidel Oñoro Consuegra, CJM.En las mesas temáticas, Wilmar Roldán, Santiago Sierra, Reinaldo Bernal y Alfonso Flórez, profesores de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, bajo la orientación de la decana Edith González Bernal, ofrecieron perspectivas sobre la dignidad humana y las relaciones sociales, la algorética, los fundamentos epistemológicos de la inteligencia y las posibilidades de la inteligencia artificial para la praxis pastoral y la creación de pensamiento.La agenda incluyó también la presentación de la encíclica Magnífica humanitas, una demostración del Asistente CEC 2026 GPT ante situaciones de responsabilidad episcopal, un conversatorio sobre inteligencia artificial y pastoral y un taller teórico-práctico sobre inteligencia artificial generativa para la pastoral, orientado por el Mg. Wilson Libardo Beltrán Chitiva.Una herramienta al servicio de la misiónPara los obispos participantes, uno de los principales aprendizajes de estas jornadas fue la necesidad de conocer y comprender una realidad tecnológica que ya hace parte de la vida cotidiana, pero que plantea nuevos desafíos para la Iglesia.El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, destacó que la formación permitió reconocer la necesidad de seguir incursionando en el conocimiento de la inteligencia artificial para poner sus posibilidades al servicio de la misión evangelizadora.“La inteligencia artificial hay que acogerla, hay que acompañarla, es decir, pastorear estos escenarios. Pero además hay que aprovecharla y ponerla al servicio de la misión”.Desde su perspectiva, estas herramientas pueden contribuir a optimizar el tiempo y el trabajo, organizar información y establecer vínculos entre diferentes procesos y entidades. Sin embargo, subrayó que su utilización debe mantener en el centro a la persona humana y su dignidad.En este sentido, señaló tres aspectos fundamentales: comprender al ser humano como camino y proceso permanente; recuperar la importancia del corazón y de la sabiduría, más allá de la simple acumulación de datos; y preservar la dimensión comunitaria de la vida humana.“Estamos hechos para vivir nuestro camino y nuestro corazón, nuestra conciencia en comunidad, en fraternidad”.Formarse para formarEl arzobispo de Barranquilla, monseñor Pablo Emiro Salas, resaltó que la inteligencia artificial constituye una realidad que la Iglesia está llamada a asumir y comprender, no solamente por su impacto en la sociedad, sino también por las posibilidades que ofrece para la evangelización. Señaló también el desafío de que los obispos no solo se formen personalmente, sino que puedan contribuir posteriormente a la formación de sacerdotes y fieles en el uso de estas nuevas tecnologías para el servicio pastoral.“Desde esa realidad de ser pastores, servidores de la comunidad, podemos entonces usar todas también las bondades que tiene la inteligencia artificial para poder servir mejor a las personas que se nos han confiado”.Al mismo tiempo, monseñor Salas subrayó la importancia de abordar las implicaciones éticas de estas tecnologías. Advirtió que, por importantes que sean, las herramientas de inteligencia artificial no pueden reemplazar la presencia del Espíritu Santo ni la relación personal y afectiva entre las personas.“Son ayudas y tenemos que aceptarlas, tenemos que acogerlas y tenemos que implementarlas sin que ellas terminen por deshumanizar nuestra relación de personas y nuestros vínculos”.Una oportunidad para la catequesis y la acción socialPara monseñor Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia, la formación permitió reconocer en la inteligencia artificial una herramienta que puede contribuir al cumplimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, siempre que sea acompañada por una adecuada formación y discernimiento.El prelado destacó la necesidad de formar a los presbiterios y a los fieles, al tiempo que planteó posibilidades concretas para aprovechar estas herramientas en la catequesis, la enseñanza y la acción social.“¿Cómo podemos ponerla en práctica? Primero, interesándonos por formarnos, formar nuestros presbiterio, formar nuestros fieles. Y segundo, tratar de, a través de la inteligencia artificial, hacer mucho más práctica nuestra catequesis, nuestras enseñanzas y nuestra acción social”.Una formación que continúaAdemás de los contenidos académicos y técnicos, las jornadas de formación permanente fueron también un espacio de encuentro entre los obispos. El cardenal Rueda Aparicio destacó que la oración y el diálogo fraterno hacen parte esencial de estos espacios y señaló que, durante el encuentro, los pastores también pudieron compartir sobre la situación del país, particularmente sobre el contexto posterior al terremoto y sus consecuencias en el ámbito social y comunitario.El desafío planteado al cierre de la formación es, por tanto, continuar profundizando y desarrollando procesos de autoformación que permitan a la Iglesia comprender los escenarios que abre la inteligencia artificial y discernir cómo incorporarla de manera responsable.La formación dejó así una perspectiva compartida: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para la Iglesia, siempre que permanezca al servicio de la persona, de la comunidad y de la misión evangelizadora, sin sustituir aquello que es esencialmente humano.En palabras del Cardenal: “Bienvenida la inteligencia artificial y bienvenida la posibilidad de aprovecharla para la evangelización”.Vea a continuación las principales reflexiones:

Lun 7 Sep 2026

Tags: monseñor Diego Luis Rendón Urrea , obispo de Jericó , diócesis de jericó , conferencia episcopal de colombia , obispos de colombia , iglesia católica colombiana

Una nueva etapa pastoral inicia la Diócesis de Jericó con la llegada de su octavo obispo: monseñor Diego Luis Rendón Urrea

La posesión canónica, celebrada el sábado 5 de septiembre en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, abrió una nueva etapa pastoral para esta Iglesia particular del suroeste antioqueño, marcada por más de un siglo de historia de misión y evangelización.En un ambiente de alegría, comunión eclesial y esperanza, monseñor Diego Luis Rendón Urrea tomó posesión canónica como octavo Obispo de la Diócesis de Jericó, durante una Eucaristía celebrada en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, con la participación de obispos, sacerdotes, seminaristas, comunidades religiosas, autoridades civiles, delegaciones parroquiales y numerosos fieles del Suroeste antioqueño.Una Iglesia con más de un siglo de historiaAl inicio de la celebración, monseñor Juan Fernando Franco Sánchez, obispo de Caldas y hasta ese momento administrador apostólico de Jericó, presentó al nuevo pastor la realidad de esta Iglesia particular: una diócesis centenaria, con una profunda identidad rural y arraigada en la fe de sus comunidades.La Diócesis de Jericó fue erigida el 29 de enero de 1915 por el papa Benedicto XV y actualmente está conformada por 15 municipios, 30 parroquias agrupadas en cuatro vicarías foráneas y un presbiterio que presta su servicio pastoral en el territorio diocesano y en otras Iglesias hermanas.En su intervención, monseñor Franco recordó que el nuevo Obispo no recibe solamente un territorio o una estructura pastoral, sino “una historia, un pueblo, un presbiterio, una vida consagrada, unas comunidades y numerosos fieles”, llamados a encontrar en su pastor cercanía, escucha, orientación y acompañamiento.Esta historia está profundamente vinculada al testimonio de santidad de la región. Santa Laura Montoya, primera santa colombiana, y los beatos Juan Bautista Velásquez Peláez y Jesús Aníbal Gómez Gómez hacen parte de la memoria espiritual de esta Iglesia y de su llamado a vivir la fe como una vida entregada al servicio.“Enseñar y servir”, una ruta para el ministerio episcopalDurante el rito de posesión fueron leídas las letras apostólicas mediante las cuales el papa León XIV nombró a monseñor Diego Luis Rendón Urrea como Obispo de Jericó. Posteriormente, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín y metropolitano, lo condujo hasta la cátedra episcopal y le entregó el báculo pastoral, signos de la misión que recibe de enseñar, santificar y gobernar al Pueblo de Dios.En su mensaje, el arzobispo de Medellín invitó a la comunidad diocesana a recibir al nuevo pastor como una oportunidad para fortalecer la evangelización, la espiritualidad, la fraternidad y el compromiso social. A monseñor Diego Luis le pidió ser maestro de la verdad, constructor de unidad y servidor de una Iglesia llamada a ser signo de solidaridad y esperanza.En este contexto, cobró especial significado el lema episcopal elegido por el nuevo Obispo: “Enseñar y servir”, expresión que monseñor Franco propuso asumir como una verdadera hoja de ruta para cada decisión, encuentro, palabra y gesto de su ministerio.“Se ama si se sirve”En su primera homilía como Obispo diocesano de Jericó, monseñor Diego Luis centró su reflexión en el servicio como expresión concreta del amor cristiano.A la luz de la Palabra, recordó que la misión no puede asumirse como un privilegio, sino como una responsabilidad que se comparte y se pone al servicio de los demás. En particular, señaló que la Iglesia está llamada a acercarse a los pobres, los necesitados, quienes se encuentran alejados de Dios y quienes atraviesan situaciones de tribulación o han perdido la esperanza.“No esperemos a ser perfectos. Más bien crezcamos en el amor y en el servicio”, afirmó, al reconocer también la fragilidad humana como parte del camino de quienes están llamados a anunciar el Evangelio.El nuevo Obispo invitó además a los bautizados a no avergonzarse de su fe y a mostrar al mundo el rostro misericordioso de Dios. Para él, la experiencia cristiana encuentra en el servicio una expresión concreta del amor: “Se ama si se sirve”.“Si servimos es porque amamos, y si amamos, transformamos la nación, transformamos las vidas, transformamos el territorio”, expresó durante la celebración.Una Iglesia misionera y sinodalMonseñor Diego Luis manifestó su propósito de dar continuidad a la ruta pastoral que identifica a la Diócesis de Jericó: “El Reino de Dios que se proclama, el Reino de Dios que se celebra, el Reino de Dios que se realiza, el Reino de Dios que se vive”.Este camino, explicó, está llamado a fortalecer una Iglesia misionera y sinodal, en la que sacerdotes, religiosos, seminaristas, laicos y comunidades puedan caminar juntos en el encuentro con Dios y con los hermanos.En su homilía, evocó también la acogida que ha recibido desde su llegada al territorio diocesano, especialmente las manifestaciones de fe y esperanza de niños, jóvenes, adultos mayores y campesinos que salieron a los caminos para darle la bienvenida.“Hoy tenemos que hacer un esfuerzo grande. Los que hemos nacido en la fe, los que hemos recibido la gracia del bautismo, los que buscamos a Dios de todo corazón, no nos podemos perder en el camino”, señaló, invitando a los bautizados a asumir con responsabilidad el llamado a ser luz en medio de la sociedad.Gratitud y continuidad pastoralDurante la celebración, monseñor Diego Luis agradeció a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez por su acompañamiento durante el período de administración apostólica, así como al Colegio de Consultores y al presbiterio diocesano por su disponibilidad para garantizar la continuidad de la misión evangelizadora.De igual manera, la comunidad elevó una oración por la salud de monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago, obispo emérito de Jericó, reconociendo los 13 años de servicio pastoral que prestó al frente de esta Iglesia particular.Monseñor Diego Luis fue nombrado por el papa León XIV el 13 de julio de 2026 y recibió la ordenación episcopal el 25 de agosto en la Catedral de Santa Rosa de Osos. Con la posesión canónica celebrada este 5 de septiembre, inició oficialmente su servicio como pastor de la Iglesia que peregrina en el Suroeste antioqueño.Al concluir la celebración, la bendición con las reliquias de santa Laura Montoya puso esta nueva etapa pastoral bajo la protección de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la Diócesis de Jericó.

Jue 3 Sep 2026

Tags: conferencia episcopal de colombia , catequesis , catequistas colombia , iglesia católica en Colombia , padre francisco oquendo , obispos colombianos

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica trazan nuevos caminos para la evangelización en Colombia

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de distintas jurisdicciones del país se reunieron en Bogotá para reflexionar sobre nuevos caminos de iniciación cristiana, con la Sagrada Escritura como eje de los procesos catequéticos.Durante tres días, la Iglesia en Colombia puso en el centro de la reflexión una pregunta fundamental: ¿cómo hacer de la Palabra de Dios el alma de la catequesis y de los procesos de evangelización?La respuesta orientó el Encuentro Nacional de Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral 2026, realizado del 25 al 27 de agosto en las instalaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del mes del catequista.El encuentro tuvo como propósito ofrecer estrategias para fortalecer los procesos de iniciación cristiana, colocando como eje central la Palabra de Dios en la catequesis y en la Animación Bíblica de la Pastoral. También buscó profundizar en el papel de la ABP como dinamizadora de la acción evangelizadora, así como en la identidad del catequista como servidor de la Palabra.A partir de este eje, las jornadas abordaron distintos aspectos de la relación entre la Sagrada Escritura, la catequesis y la misión evangelizadora de la Iglesia.La Palabra como corazón de la catequesisEl primer día estuvo dedicado a profundizar en la Palabra de Dios como corazón de la catequesis y a comprender el significado de la Animación Bíblica de la Pastoral.Estos temas estuvieron a cargo de monseñor Jaime Cabrera Arcos, obispo de Garzón, quien presentó la Biblia como alma de toda catequesis y profundizó en la importancia de una pastoral animada por la Palabra de Dios.“La Biblia ha de ser el alma de toda catequesis”, señaló el padre Francisco Oquendo Góez, director del Departamento de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de la CEC, al explicar uno de los principales énfasis del encuentro.La reflexión también llevó a reconocer que la Animación Bíblica de la Pastoral no constituye una acción aislada, sino una manera de dinamizar la evangelización y la vida pastoral desde la Sagrada Escritura.En palabras del padre Oquendo, el desafío es hacer de la Palabra “el alma, no solamente de lo que llamamos la acción pastoral, sino de todo el proceso evangelizador, el alma de la acción misionera y el alma de la acción catequético iniciática”.Del modelo pre-sacramental a una catequesis permanenteUno de los principales desafíos identificados durante el encuentro fue avanzar de una catequesis entendida principalmente como preparación para recibir sacramentos hacia procesos permanentes de iniciación cristiana, capaces de acompañar las distintas etapas de la vida.Esta perspectiva estuvo presente en las reflexiones y testimonios de los participantes. El padre Iván Ortiz, de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy, reconoció que tradicionalmente la catequesis ha estado muy vinculada a la preparación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación.“No nos desligamos ya de pensar que es una catequesis pre sacramental”, afirmó, al explicar que el encuentro permitió ampliar esta mirada y reconocer la dimensión bautismal y permanente de la catequesis.La agenda del encuentro profundizó precisamente en esta renovación. Yolanda Valero, misionóloga y catequista, abordó el papel del catequista como servidor de la Palabra y la catequesis como experiencia de encuentro con Cristo; posteriormente, trabajó estrategias para integrar Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial.Para el padre Oquendo, este cambio implica recuperar una catequesis que acompañe procesos de fe y que esté al servicio de la iniciación cristiana.“La necesidad de hacer de la catequesis la etapa privilegiada de todo un proyecto de evangelización”, explicó, junto con el reto de pasar de un modelo escolar a uno inspirado en el catecumenado.Una catequesis que salga al encuentroLa reflexión también llevó a ampliar los espacios y destinatarios de la catequesis. Para los participantes, no se trata solamente de fortalecer los contenidos o las metodologías, sino de conectar la experiencia de fe con la realidad concreta de niños, jóvenes, adultos y sus familias.“No solamente la catequesis dentro de nuestra parroquia, nuestras instalaciones, sino ir como catequistas misioneros, eh, a las periferias, hacer una iglesia caminante, una iglesia saliente”, expresó Judith Cardozo, catequista de la Diócesis de Yopal.En esa misma línea, el padre Pedro Nel, delegado de Animación Bíblica de la Arquidiócesis de Bogotá, destacó que la catequesis necesita recuperar su dimensión misionera y su conexión con la Palabra de Dios.“No hay una catequesis con una dimensión misionera profunda si no está conectada con la Palabra de Dios”, afirmó.La programación incluyó, además, talleres regionales y espacios de trabajo para que las reflexiones pudieran proyectarse hacia las realidades concretas de las jurisdicciones.Hacer catequesis desde la BibliaEl tercer día del encuentro estuvo dedicado a una pregunta concreta: ¿cómo hacer catequesis desde la Biblia?El tema fue desarrollado por Andrea Puentes, misionóloga, quien orientó la reflexión sobre las posibilidades de construir procesos catequéticos a partir de la Sagrada Escritura. Posteriormente, María Cecilia Henao de Brigard, catequista del Buen Pastor, presentó la experiencia de trabajo con la Biblia en la Catequesis del Buen Pastor.El objetivo era avanzar de una aproximación meramente conceptual a experiencias que permitan que la Palabra sea verdaderamente escuchada, comprendida, celebrada y llevada a la vida.El padre Oquendo resumió así uno de los retos planteados: “Aprender a hacer catequesis desde las narraciones mismas de la Sagrada Escritura. Aprender a convertir un texto bíblico en una verdadera catequesis que se puede adaptar para niños a los adolescentes o adultos”.Un desafío para las Iglesias particularesEl encuentro dejó tareas para las jurisdicciones participantes: integrar la Catequesis y la Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial, fortalecer los procesos de iniciación cristiana y promover una catequesis que conduzca al encuentro personal y comunitario con Jesucristo.Las jornadas también permitieron proyectar acciones posteriores, entre ellas los encuentros regionales, el desarrollo de iniciativas como “Cada católico con su Biblia” e Instituto de Biblia, el espacio de formación digital “Ecos de la Palabra” que se desarrolla en este mes de septiembre a través de las redes sociales de la CEC y la preparación de materiales para la formación de catequistas ministros.Vea a continuación el video resumen con los principales detalles del encuentro:
Opinión
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Mar 8 Sep 2026

“El Dios de la paz estará con ustedes” (Filp 4, 9)

Mons. José Libardo Garcés Monsalve - El desarrollo del Proceso Evangelizador de nuestra Diócesis de Cúcuta para este mes de septiembre, en el marco de los 70 años de vida diocesana, tiene como lema: “vayan y hagan discípulos, trabajando por la paz”, con el momento significativo de la jornada de oración por la paz, que tiene como objetivo seguir fortaleciendo el trabajo pastoral en el perdón y la reconciliación que nos conducen a tener la paz como don de Dios y no solamente una paz como la quiere el mundo: “la paz les dejo, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar” (Jn 14, 27). La paz que viene de Dios le ha costado a nuestro Señor Jesucristo la entrega de la propia vida en la cruz, hasta derramar la última gota de su sangre. Es una paz que tiene el costo del perdón entregado por Jesucristo en la cruz para toda la humanidad, es un regalo de Dios. 


Nuestra patria, nuestra región y ciudad atraviesan situaciones de violencia que producen división y muerte, ahogando las esperanzas de muchas personas. Frente a esta realidad dolorosa, cuando aceptamos a Jesucristo en la vida personal y familiar, brota del interior el deseo de trabajar y construir la paz. Confiemos en el Señor que es nuestra paz y nos devuelve la esperanza: “que nada los angustie; al contrario, en cualquier situación presenten sus deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias. Y la paz de Dios que supera cualquier razonamiento, protegerá sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús” (Filp 4, 6 - 7). 


Trabajar por la paz es la certeza que en nuestra vida interior reina la virtud, la limpieza de corazón y que estamos dispuestos al perdón de las ofensas, cuando alguien nos maltrata y persigue. No hay que dejarse envenenar el corazón con odios, resentimientos, rencores, polarizaciones y venganzas, que matan el alma acaban con la unidad y comunión. Aún en el seno de las familias, mantengámonos firmes en la gracia de Dios: “hermanos, tengan en cuenta todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de limpio, de amable, de elogiable, de virtuoso y de recomendable. Practiquen asimismo lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí. Y el Dios de la paz estará con ustedes” (Filp 4, 8 - 9). 


Cuando nos encontrábamos perdidos por el pecado y en el abismo de la muerte, Dios Padre ha enviado a Jesucristo, que ha puesto su morada entre nosotros para devolvernos la paz perdida por el mal cometido y conducirnos al lugar de la verdadera paz. Esta misión la ha cumplido Jesús desde la cruz, cuando nos otorgó el perdón misericordioso: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34), dejándonos en total limpieza de corazón, dispuestos desde el interior a ver a Dios en cada hermano, para un día contemplarlo cara a cara: “dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). Esto, será posible siendo en esta tierra artesanos de la paz, en cada encuentro con nuestro prójimo: “dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos” (Mt 5, 9). 


Somos llamados por el Señor bienaventurados al realizar en cada instante un trabajo incansable en la construcción de la paz; esto significa tener paz en el corazón, para transmitirla a nuestro entorno, sobre todo a quienes están en división y conflicto o están alejados de Dios. Un bautizado que tiene las cosas ordenadas en su vida, que está limpio en su corazón, es capaz de dejar entrar a su vida las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, que lo ponen en perfecta comunión con Dios, con limpieza de corazón, cosechando en su vida interior el perdón y la reconciliación que siembran paz en ambientes de odio. La limpieza de corazón permite el acercamiento al otro como el buen samaritano que limpia las heridas de odio, resentimiento, rencor y venganza que hay en el corazón del prójimo, para llevarlo hasta Dios a que cuide de Él y sane sus heridas. 


Este mes de septiembre dedicado a orar más intensamente por la paz, estamos invitados a sembrar en nuestro corazón la esperanza de hacerla realidad en nuestra vida personal y familiar, para transmitirla a nuestro entorno. Pongámonos en salida misionera a ser sembradores de paz. Paremos la violencia que se genera en nuestro corazón. No devolvamos mal por mal, ante un mal devolvamos un bien, amemos a nuestros enemigos. Tal como nos lo ha enseñado Jesús: “han oído que se dijo: ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5, 43-45). 


Al cumplir con el mandato misionero que nos ha dejado el Señor: “vayan y hagan discípulos, trabajando por la paz”, construyamos ambientes nuevos, transformados por Cristo, con la certeza que el Dios de la paz estará siempre con nosotros (Cf. Filp 4, 9), nunca nos abandona, siempre nos cuida y nos protege. Imploramos la protección y amparo de la Santísima Virgen María, Reina de la paz y del Glorioso Patriarca San José, para que nos alcancen del Señor el don de paz para cada uno de nosotros, nuestra familia y nuestro entorno. “La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19). 


En unión de oraciones, 
reciban mi bendición. 

 

+José Libardo Garcés Monsalve 
Obispo de la Diócesis de Cúcuta
 

 

Mié 2 Sep 2026

Después del terremoto

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Son muchos los sentimientos encontrados cuando en una buena parte de Colombia padecimos las consecuencias del terremoto el pasado 10 de agosto.

 

El departamento del Valle del Cauca en los distintos municipios, se vio gravemente afectado, y en nuestro caso, el Distrito de Cali se ha visto envuelto en una encrucijada de dolor, pero a la vez de esperanza.

 

En Cali lamentamos la muerte de 158 personas y un número grande de heridos. Los damnificados se suman por miles, cuando en cifras todavía preliminares podemos contar las más de 12.000 residencias destruidas, y eso sin sumar plenamente, las casas de cientos de campesinos que en las zonas rurales se vieron afectadas.

 

Numerosas son las familias que debieron desalojar sus hogares, otras que perdieron sus emprendimientos y otras que quedaron prácticamente con solo lo que tenían puesto el día del terremoto. La dimensión humana nos duele profundamente. Los efectos colaterales en los estados emocionales de muchos son graves y requieren especial atención.

 

La Iglesia de Cali, así como de las diócesis de Buenaventura, Buga, Cartago y Palmira, hemos dado muestras de entrega y acompañamiento espiritual y social sin límites. Cada una de estas jurisdicciones hicimos, hacemos y haremos todo lo que esté al alcance de nuestras manos.

 

Hemos acompañado las comunidades afectadas tanto desde lo espiritual, como también con el complemento psicológico. Desde nuestras instituciones, comenzando por las pastorales sociales diocesanas y los Bancos de alimentos, hemos tratado de llevar un poco de consuelo a las personas más vulnerables.

 

Desde el Banco arquidiocesano de alimentos de Cali, hemos llevado víveres a sectores marginados de la ciudad, pero también a Buenaventura, Palmira, Cartago, Istmina, Pereira, para que los obispos locales los distribuyan en las parroquias más afectadas.

 

La vida sacramental no podía estar ausente, y con la presencia de sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y algunos laicos, se asumió la hermosa tarea de acompañar los lugares de la tragedia a los damnificados. En los casos de los difuntos, y cuando se solicitaba, se pudieron realizar dignas celebraciones exequiales, y ofrecer a los familiares de los fallecidos, el consuelo de la fe.

 

Resalto la iniciativa del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, la iniciativa de venir a nuestro departamento del Valle, y a Pereira, con 80 presbíteros acompañados por el cardenal y los obispos auxiliares. Fue una presencia misionera cargada de fe y sentido eclesial. Agradezco, en nombre de todos los obispos y fieles de toda la arquidiócesis de Cali y de Pereira, tan loable presencia que nos hermana mucho más.

 

Después del terremoto que produjo la tierra con su movimiento tectónico surgió otro terremoto, el de la solidaridad. Cómo no reconocer los esfuerzos de los rescatistas y voluntarios, hombres y mujeres de todas las edades que pusieron lo mejor de cada uno para salvar vidas o rescatar victimas. Cómo no valorar al Estado Colombiano, a los bomberos, a la defensa civil, a los rescatistas de otros países y ciudades de Colombia, al personal de la salud, y a las autoridades de policía y ejército que, sin desfallecer, aun con el corazón roto, de día y de noche trabajaron en las acciones humanitarias. No hubo distinción ni de condición política, ni de credo ni de condición social, Hubo fraternidad y trabajo común con el firme propósito de salvar vidas lo más pronto posible. A las autoridades civiles de la Gobernación y las alcaldías municipales, va también nuestro reconocimiento, pues ellos no solo intervinieron en los momentos propios inmediatos al terremoto, sino que les corresponde la no fácil tarea de la reconstrucción integral de Cali y demás municipios del Valle del cauca.

 

Por último, después del terremoto, en cuanto a la Iglesia se refiere, nos viene la tristeza que se acrisola con la fe en el Señor. Cerca de 100 templos y capillas de todo el Departamento se han visto seriamente afectados, muchos de ellos colapsaron o es necesario demoler. Muchas parroquias han debido ser cerradas como medida cautelar, lo que impide que los fieles tengan un lugar digno para sus celebraciones.

 

En Cali fueron estos los templos y capillas con mayor afectación:

 

1.    La catedral San Pedro Apóstol, de la Plaza Caizedo, iglesia madre de Cali, referente histórico de muchos años. Bien patrimonial de interés nacional.
2.    La capilla de la Merced. Lugar donde hace 490 años nació Cali. Bien patrimonial de interés nacional.
3.    La parroquia central San José, de La Cumbre, con colapso total.
4.    La parroquia Principal y la capilla de Dagua
5.    La parroquia San Isidro Labrador, Km. 30
6.    La parroquia El Sagrado Corazón, en Bitaco.
7.    La parroquia de Nuestro Señor del Buen Consuelo, Yumbo.
8.    La parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Colseguros.
9.    La parroquia San Ignacio de Loyola, Terrón Colorado.
10.    La casa de velación In memoriam, junto a la parroquia de San Fernando Rey.
11.    La Capilla de Jesús Nazareno, en el barrio Alameda.
12.    La parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, afectación total de techo.
13.    La parroquia el Santísimo Sacramento, el Templete.
14.    La capilla de La Milagrosa, en la avenida Roosevelt.

 

Y otras 41 parroquias y capillas que sufrieron afectaciones de diverso nivel.

 

Después del terremoto viene la esperanza, viene la recuperación integral de las comunidades, viene la reconstrucción o restauración de nuestros templos y capillas. Confío en que, con la ayuda de todos, vamos a lograr esta meta.

 

+Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Arzobispo de Cali

 

Mar 25 Ago 2026

Hacemos historia de salvación desde la parroquia

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - En este mes celebramos con gozo la fiesta diocesana, al conmemorar 70 años de siembra del Evangelio por muchos bautizados que se han entregado al servicio de Dios y de la Iglesia en este territorio, para hacer presente a Jesucristo en cada familia, sector y comunidad parroquial. Nos dejamos iluminar por el lema del Proceso Evangelizador para este año: “vayan y hagan discípulos, siendo casa y escuela de comunión”; mandato que se hace realidad en cada una de las parroquias donde podemos vivir en pequeñas comunidades, como signo de la presencia de Dios en nuestras vidas y sectores. 


La vida en comunidad es esencial para el ser humano, nadie puede vivir solo. Desde antes del nacimiento se necesita de una comunidad familiar, que es la que sostiene a la persona en el desarrollo de todas sus potencialidades. En esa comunidad inicial que es la familia se va desarrollando sanamente la propia personalidad, allí se aprende a vivir en armonía; también a resolver los conflictos y problemas desde la luz que nos da el Espíritu Santo, por las vías del diálogo, del perdón, la reconciliación, para vivir en paz y en gracia de Dios. 


Una vez que se llega a la existencia con los cuidados de una familia, por el bautismo, se comienza a pertenecer a la comunidad de creyentes que es la Iglesia, siendo miembros activos de ese Cuerpo, del cual Jesucristo es la Cabeza. Todos nosotros, somos bautizados en el único Espíritu para formar un solo cuerpo que es la Iglesia, con Cristo que es la Cabeza y sobre todos se derrama el único Espíritu, que da la capacidad al creyente para vivir en comu-nión con los demás (Cf. 1 Cor 12, 12 - 13). 


Los discípulos de Jesús, una vez que recibieron el Espíritu Santo, comenzaron a reunirse para orar en un mismo espíritu, participando de la fracción del pan y animándose juntos para vivir la caridad. Ellos no constituyeron comunidades cerradas o aisladas, sino que eran comunidades de fe, que “con perseverancia acudían diariamente al templo, partían el pan en las casas y compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y se ganaban el aprecio de todo el pueblo. Por su parte, el Señor cada día agregaba al grupo de los creyentes aquellos que aceptaban la salvación” (Hch 2, 46 - 47). De tal manera, los primeros creyentes vivían en la presencia del Señor y compartían con los demás; con su testimonio de vida, muchos recibieron la llamada para que iniciaran su proceso de conversión al Señor. 


Como cristianos tenemos concien¬cia de pertenecer a la Iglesia universal desde el mismo momento del bautismo. Esta pertenencia a la Iglesia ha de vivirse en la fe, la esperanza y la caridad dentro de las comunidades parroquiales. Así lo expresó Aparecida cuando dijo al respecto: “siguiendo el ejemplo de la primera comunidad cristiana (Cf. Hch 2, 46-47), la comunidad parroquial se reúne para partir el pan de la Palabra y de la Eucaristía y perseverar en la catequesis, en la vida sacramental y la práctica de la caridad. En la celebración Eucarística, ella renueva su vida en Cristo”. (DA 175). Hemos reci¬bido este ejemplo de los primeros cristianos y al vivirlo en comunión en cada parroquia, lo transmitimos a muchos que están alejados de Jesús o lo rechazan abiertamente. 


En medio de las dificultades y conflictos por los que pasamos los seres humanos, caminando con los demás, la gracia recibida en los sacra¬mentos, principalmente la Eucaristía, fortalece la vida comunitaria, aviva el deseo de la unidad en la Iglesia, que es el don del Espíritu Santo que obra en nosotros, cuando nos disponemos a vivir en gracia de Dios, unidos a otros hermanos en la parroquia. “La Eucaristía, en la cual se fortalece la comunidad de los discípulos, es para la parroquia una escuela de vida cristiana. En ella, juntamente con la adoración eucarística y con la práctica del sacramento de la reconciliación para acercarse dignamente a comulgar, se preparan sus miembros en orden a dar frutos permanentes de caridad, reconciliación y justicia para la vida del mundo” (DA 175). 


Un creyente transforma su vida en Cristo al comulgar cada domingo en gracia de Dios. Frente a la realidad dolorosa y destructiva del pecado, tenemos el recurso del sacramento de la confesión, que nos reconstruye interiormente. También, nos capacita para vivir la comunión en la familia y en la parroquia, para alimentar esa comunión con la Eucaristía y de esa manera podemos participar en la vida de la Iglesia, cumpliendo con el mandato misionero del Señor, de ir en salida misionera a anunciar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo por todas partes. 


El camino para crecer y salvarse es vivir plenamente la vida de comunidad en la familia y en la parroquia, abriendo el corazón a la gracia de Dios, que quiere que todos nos salvemos. Hagamos de nuestras familias y ambientes parroquiales lugares de fraternidad y caridad que nos lleven a la salvación; que mediante el perdón y la reconciliación se venzan odios, rencores, resentimientos y venganzas, que generan violencia y lleguemos a la verdadera paz, como esfuerzo permanente de ser creyentes que cumplimos con el mandato de la Iglesia: “vayan y hagan discípulos, siendo casa y escuela de comunión”. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, custodien la comunión que vivimos en nuestras fa-milias y parroquias, para ser signos de la gracia y la presencia del Señor para otros. 


En unión de oraciones, 
reciban mi bendición. 
 


 
+José Libardo Garcés Monsalve 
Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 18 Ago 2026

Amor sin alianza: el silencio que apaga la Iglesia doméstica

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Cuando los católicos conviven sin el sacramento del matrimonio, no solo comprometen su vida de gracia: apagan la misión evangelizadora que Dios confía a cada familia.

 

Un fenómeno que crece en silencio


En las últimas décadas, un fenómeno preocupante se ha instalado con naturalidad en el tejido de muchas comunidades católicas: parejas que se identifican como creyentes, que bautizan a sus hijos, que asisten ocasionalmente a la Misa, pero que nunca han dado el paso de contraer el sacramento del matrimonio. Viven juntas, forman familias, incluso participan en la vida parroquial y sin embargo, su unión permanece, ante los ojos de la Iglesia y ante Dios, en el ámbito de la unión libre.


Las estadísticas confirman lo que la experiencia pastoral ya advertía. En muchos países de América Latina, donde el catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria, más de la mitad de las parejas convivientes no han formalizado su unión ni civil ni religiosamente. Entre los jóvenes católicos, la convivencia previa al matrimonio, o en lugar de él, se ha convertido en la norma asumida sin mayor cuestionamiento. La pregunta pastoral urgente no es únicamente moral: es también misionera. ¿Qué ocurre cuando la célula básica de la Iglesia —la familia— no está fundada sobre el sacramento?


El sacramento más que un rito es una realidad nueva


Para comprender la gravedad del problema, es necesario partir de lo que el matrimonio es en la fe católica, y no solo de lo que significa. El Concilio Vaticano II, en la constitución Gaudium et Spes, describió el matrimonio como «la íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias» (GS 48). No se trata de un contrato social ni de una formalidad cultural: es un vínculo ontológico, una nueva realidad que Dios mismo constituye a partir del consentimiento libre de los esposos.
San Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Familiaris Consortio (1981) enseñó que «el matrimonio de los bautizados es, en sí mismo, un signo sacramental» (FC 13). Esto implica que, para los bautizados, no existe matrimonio cristiano válido fuera del sacramento. Cuando dos católicos eligen unirse sin él, no simplemente omiten un trámite eclesiástico, sino que renuncian a la gracia específica que Dios les ofrece para vivir su amor de manera sobrenatural, estable y fecunda.


La Sagrada Escritura no contempla el amor entre hombre y mujer como una realidad puramente natural que luego recibe un barniz religioso. Desde el Génesis, la unión conyugal aparece inscrita en el plan creador de Dios: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne» (Gn 2,24). Este texto, citado por Jesús mismo cuando le preguntan sobre el divorcio (Mt 19,5-6), establece que la unión entre varón y mujer tiene un carácter original, exclusivo y permanente que no depende de la decisión humana sino de la voluntad del Creador.


El apóstol Pablo va aún más lejos. En la carta a los Efesios, conecta el amor conyugal con el misterio de la alianza entre Cristo y su Iglesia: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella» (Ef 5,25). Este paralelismo no es una alegoría piadosa: es el fundamento de la sacramentalidad del matrimonio. El amor esponsal humano es, en la economía de la salvación, signo eficaz del amor redentor de Cristo. Cuando una pareja bautizada renuncia al sacramento, no solo pierde una gracia, sino que oscurece un signo que el mundo necesita ver: «Lo que Dios unió, no lo separe el hombre» ( Mt 19,6)
La Teología del Cuerpo de Juan Pablo II enseña preciosamente que el cuerpo humano tiene un significado esponsal, es decir, está hecho para el don de sí mismo en el amor. Desde esta perspectiva, la unión sexual no es un hecho meramente biológico o afectivo: es un lenguaje. El acto conyugal dice, con el cuerpo, algo de carácter absoluto: «me entrego a ti totalmente, para siempre, con exclusividad y apertura a la vida». Cuando este acto se realiza fuera del matrimonio —es decir, sin el compromiso sacramental que le corresponde—, el cuerpo pronuncia palabras que la voluntad desmiente. Es una mentira corporal, una contradicción entre el signo y la realidad. La fornicación no es solo un pecado de los sentidos: es una falsificación del lenguaje del amor.


San Juan Pablo II escribía: «El cuerpo, y solo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Fue creado para transferir a la realidad visible del mundo el misterio escondido desde la eternidad en Dios, y ser así su signo». Las parejas que conviven sin matrimonio no solo privan de la gracia a su propia relación: privan al mundo de un signo de Dios.


La exhortación apostólica Familiaris Consortio estructura la misión de la familia cristiana en torno a cuatro grandes tareas: formar una comunidad de personas, servir a la vida, participar en el desarrollo de la sociedad, y participar en la vida y misión de la Iglesia (FC 17). Es significativo que estas cuatro dimensiones se presentan como inseparables y como consecuencia del vínculo sacramental. Sin él, la familia puede cumplir algunas funciones naturales, pero queda privada de su capacidad específicamente eclesial.


El documento es explícito respecto a las uniones irregulares. En el número 81, Juan Pablo II distingue diferentes situaciones de los divorciados y convivientes, y señala que «no pueden recibir la Eucaristía» mientras persistan en esa situación, porque su estado de vida contradice objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia que es significada por la Eucaristía. El número 84 precisa que es tarea de la comunidad eclesial acompañar a estas personas «con amor solícito», sin hacerles creer que su situación es conforme con la voluntad de Dios.


La Iglesia doméstica y el apagamiento misionero


La expresión “ecclesia doméstica” designa una realidad teológica muy precisa. Indica que la familia cristiana es, una forma de ser Iglesia, con sus propias funciones, entre ellas el anuncio del Evangelio, oración, servicio y testimonio.


Pero esta realidad eclesial requiere su fundamento sacramental. Una familia no puede ser auténticamente Iglesia doméstica si no está constituida sobre la alianza que Dios mismo sella en el sacramento del matrimonio. La familia fundada sobre la unión libre puede tener afecto, generosidad y aun fe personal de sus miembros; pero le falta la gracia sacramental, el vínculo específico que la hace signo de la alianza de Dios con su pueblo. 


Esto tiene consecuencias pastorales concretas. Los hijos que crecen en estas familias reciben —o no reciben— la fe en un ambiente que, por su constitución misma, transmite una visión fragmentada del amor cristiano. Aprenden que el amor puede ser provisional, que el compromiso puede dejarse para después, que Dios no es necesario para fundar una familia. Muchos de esos hijos son quienes hoy, ya adultos, no quieren casarse. El ciclo se cierra: la familia que no vivió el sacramento engendra una generación que no ve razón para recibirlo.


No es difícil ver la relación entre la generalización de las uniones libres y la resistencia creciente al matrimonio entre los jóvenes. Cuando una generación crece viendo que sus padres —o los padres de sus amigos— viven juntos sin casarse, el mensaje implícito es inequívoco: el matrimonio es opcional, innecesario, quizás incluso un riesgo. A esto se suman los mensajes de una cultura que sacraliza la autonomía individual y desconfía de los compromisos permanentes.


El resultado es una generación de jóvenes católicos que, en muchos casos, conocen la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, pero no la han visto encarnada en una familia concreta, cercana, convincente. El testimonio —o su ausencia— pesa más que la catequesis. Y cuando los modelos familiares que han conocido son parejas en unión libre, el camino al matrimonio sacramental no solo parece innecesario: les parece ajeno. Esta situación no solo daña a quienes la viven, sino que forma una cultura familiar que hace más difícil el matrimonio para las generaciones siguientes. La misión evangelizadora de la familia no es neutra: o transmite la fe en el matrimonio o siembra la indiferencia ante él.


Más allá de la dimensión moral individual objetiva, la unión libre entre católicos comporta también un daño eclesial y misionero. Una pareja que vive en esa situación no puede acceder a los sacramentos —en particular a la Eucaristía y a la Penitencia, sin propósito de enmienda—, lo cual la priva de las fuentes principales de la vida cristiana. Tampoco puede ejercer ciertos ministerios en la comunidad parroquial. Y, sobre todo, no puede dar el testimonio pleno que el mundo necesita: el de un amor que es signo de la fidelidad de Dios.


La Iglesia no condena a las personas que viven en unión libre: las ama y las llama. El Papa Francisco, en su exhortación Amoris Laetitia (2016), insistió en que la pastoral familiar debe ser un camino de acompañamiento, discernimiento e integración, sin reducir el anuncio del Evangelio del matrimonio ni abandonar a las personas en sus situaciones irregulares. Misericordia y verdad no se oponen: la misericordia auténtica conduce hacia la plenitud, no se detiene en la comodidad del momento.


Esto exige a las parroquias, movimientos y comunidades católicas desarrollar propuestas concretas: procesos de acompañamiento de parejas en unión libre que las ayuden a dar el paso al matrimonio; catequesis prematrimonial accesible y profunda; grupos de matrimonios que den testimonio viviente de lo que el sacramento hace posible; y una predicación que no eluda el tema por temor a herir susceptibilidades, sino que lo aborde con la delicadeza y la firmeza del amor pastoral.


El problema de las uniones libres entre católicos es un desafío que toca el corazón de la misión evangelizadora de la Iglesia, porque toca el corazón de la familia. Cuando el sacramento está ausente, la familia pierde su raíz sobrenatural, su plena capacidad de transmitir la fe, su fuerza para ser Iglesia doméstica. Y cuando muchas familias pierden esa capacidad al mismo tiempo, la Iglesia entera queda empobrecida en su capacidad testimonial ante el mundo.


La respuesta no es el juicio sin misericordia, pero tampoco es el silencio pastoral por miedo al conflicto. Es el anuncio valiente y amoroso del Evangelio del matrimonio: la buena noticia de que Dios quiere habitar en el corazón de cada familia, de que el amor humano puede ser redimido y elevado, de que la alianza conyugal es mucho más que un trámite —es el lugar donde dos personas se convierten, juntas, en sacramento del amor de Dios para el mundo.

 

Mons. Miguel Fernando González Mariño
Obispo de El Espinal
Presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

 

La iglesia en Colombia
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Jue 3 Sep 2026

Medellín está lista para la XI Copa de la Fe: fútbol, fraternidad y misión del 7 al 11 de septiembre

Del 7 al 11 de septiembre, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica participarán en este encuentro que, además del torneo deportivo, propicia espacios de fraternidad, encuentro con las comunidades y evangelización. En esta oportunidad, serán 32 delegaciones. 


Un encuentro que va más allá del fútbol


La Arquidiócesis de Medellín será la sede de la XI Copa de la Fe, encuentro deportivo que reunirá durante cinco días a cerca de 900 sacerdotes provenientes de distintas jurisdicciones de Colombia y de otros países.


El torneo busca generar un espacio de encuentro entre sacerdotes de diferentes territorios, teniendo el deporte como una oportunidad para fortalecer la fraternidad y compartir experiencias de vida y ministerio. A lo largo de la semana, los participantes estarán presentes no solo en escenarios deportivos, sino también en parroquias y otros espacios de la ciudad.


De esta manera, la Copa de la Fe trasciende la competencia y se integra a la vida de las comunidades que acogerán a las diferentes delegaciones.


El deporte como espacio para la misión


La dimensión pastoral ha estado presente en las diferentes ediciones de la Copa de la Fe. Junto con los partidos, los sacerdotes han participado en actividades como espacios de confesión, visitas a enfermos, bendición de hogares y encuentros de evangelización.


En esta edición, la presencia de los participantes en diferentes parroquias de Medellín permitirá mantener esta dinámica de encuentro con las comunidades, haciendo del deporte un lenguaje para acercarse a los fieles y compartir con ellos la experiencia del ministerio sacerdotal.


Las comunidades también podrán ser parte de la Copa


Uno de los propósitos de esta edición será propiciar que las comunidades puedan acompañar de cerca a los sacerdotes participantes. Por ello, los partidos tendrán acceso gratuito para el público, de manera que los fieles puedan asistir a los encuentros y compartir estos espacios de fraternidad con las diferentes delegaciones.


Esta invitación tiene un énfasis especial para los momentos de apertura y cierre del torneo. La inauguración, prevista para el lunes 7 de septiembre, se realizará a las 4:00 de la tarde en el Polideportivo de la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras que la clausura y premiación tendrá lugar el viernes 11 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Estadio Atanasio Girardot. 
 

Todos los partidos de la XI Copa de la Fe serán transmitidos a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Medellín, ampliando así la posibilidad de acompañar el torneo a quienes no puedan hacerlo de manera presencial. 


Sacerdotes de Colombia y otros países


La XI Copa de la Fe contará con la participación de delegaciones provenientes de diferentes regiones de Colombia, así como de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica.


La presencia internacional amplía el carácter de encuentro que ha adquirido el torneo y favorece el intercambio entre sacerdotes de distintas Iglesias particulares, en torno a una experiencia que combina deporte, convivencia y misión.


Una competencia con historia


En el ámbito deportivo, la Copa de la Fe cuenta con varios equipos que han dejado su huella en las ediciones anteriores.La Diócesis de Garzón ha conquistado el título en tres oportunidades: 2016, 2023 y 2024. La Arquidiócesis de Guadalajara, México, obtuvo los campeonatos de 2018 y 2022, mientras que la Arquidiócesis de Popayán es la actual campeona, luego de ganar la edición de 2025, realizada en Armenia.


La Arquidiócesis de Medellín también ha tenido una participación destacada y en diferentes ediciones ha alcanzado la instancia final del torneo.


Con esta nueva edición, la Copa de la Fe seguirá consolidándose como un espacio de encuentro y fraternidad, alrededor del deporte. 

 

Vea a continuación el video promocional de la Copa de la Fe 2026: 

 

 

 

Mar 18 Ago 2026

Arquidiócesis de Bogotá lleva “Primeros Auxilios Espirituales” a las comunidades afectadas por el terremoto

En el marco de la respuesta pastoral de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá partieron este martes hacia seis zonas afectadas para acompañar a las comunidades desde la cercanía, la escucha, la oración y la celebración del sacramento de la Reconciliación.


La Iglesia Católica continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto. Como una expresión concreta de esta presencia pastoral, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá iniciaron este martes una misión de “Primeros Auxilios Espirituales” en territorios impactados por la emergencia.


La iniciativa, que se desarrolla bajo el signo de una Iglesia en salida, busca llevar la presencia cercana de la Iglesia a parroquias urbanas y rurales que han vivido momentos de dolor, pérdida y afectación a causa del terremoto. Los equipos misioneros se desplazarán hacia Cartago, Pereira, Cali, Palmira, Buenaventura y Buga, donde acompañarán a sacerdotes, comunidades y fieles durante los próximos días. 


La misión es encabezada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, y cuenta con el acompañamiento de los obispos auxiliares de la Arquidiócesis: monseñor Alejandro Díaz, monseñor Edwin Vanegas y monseñor Germán Barbosa, quienes hacen parte de los distintos equipos que se desplazan a las zonas afectadas. También se ha sumado monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de Chiquinquirá.


La experiencia está coordinada por monseñor Ricardo Pulido, sacerdote de la responsable de la Arquidiócesis de Bogotá, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, y fue organizada con el propósito de que los sacerdotes puedan ponerse al servicio de las comunidades sin representar una carga económica para ellas.


Una presencia que escucha y acompaña


Más que llevar una respuesta material, esta misión busca ofrecer una presencia espiritual y humana en medio de la emergencia. Los sacerdotes acompañarán a las comunidades a través de la escucha, la oración, la cercanía y la celebración del sacramento de la Reconciliación, como una manera de ayudar a afrontar el dolor y fortalecer la esperanza.


La iniciativa parte de una convicción: en medio de una emergencia, la reconstrucción también pasa por el corazón de las personas y de las comunidades. Por eso, la presencia de la Iglesia busca ser un punto de encuentro para quienes necesitan ser escuchados, compartir sus experiencias y encontrar consuelo y esperanza en la fe.


Los sacerdotes misioneros cuentan con el aval de sus respectivos obispos o superiores provinciales y se desplazan con lo necesario para desarrollar su servicio, procurando mantener una actitud sencilla y disponible ante las realidades que encontrarán en cada territorio.


Seis destinos, una misma misión


Los equipos estarán distribuidos en seis zonas pastorales afectadas por el terremoto:


-Cartago: acompañamiento encabezado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y monseñor Ramón Rolón, obispo de Chiquinquirá.
-Pereira: equipo acompañado por monseñor Alejandro Díaz, obispo auxiliar de Bogotá.
-Cali: equipo acompañado por monseñor Germán Barbosa, obispo auxiliar de Bogotá.
-Palmira: equipo acompañado por monseñor Edwin Vanegas, obispo auxiliar de Bogotá.
-Buenaventura: equipo coordinado por monseñor Darío Álvarez.
-Buga: equipo coordinado por monseñor Abelardo Gómez.


Durante la jornada de este martes 18 de agosto se realiza la movilización y llegada de los equipos a los territorios asignados. Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de agosto se desarrollará propiamente la experiencia misionera de cercanía, escucha y oración. El sábado 22 será la jornada de retorno y el domingo 23 se propone una jornada de oración por las parroquias visitadas, como signo de continuidad del acompañamiento.


“Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón”


Al despedir a los sacerdotes que participan en esta primera experiencia, el cardenal Luis José Rueda Aparicio destacó que la misión busca también aprender de las realidades encontradas para fortalecer futuras acciones pastorales y humanitarias.


“Estaremos atentos a los aprendizajes que obtengamos en esta primera salida, para realizar otras en este año o en distintas emergencias que requieran nuestro servicio humanitario y pastoral”, afirmó el arzobispo de Bogotá.


Y agregó una petición que recoge el sentido profundo de esta misión: “Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón, que la Virgen María nos acompañe con su amor de Madre para guiar el camino de la esperanza después del terremoto”.


Esta experiencia de la Arquidiócesis de Bogotá se suma a las distintas acciones que, desde las diócesis y jurisdicciones eclesiásticas del país, viene desarrollando la Iglesia Católica para permanecer junto a las comunidades afectadas por la emergencia.


En este tiempo de dolor, la Iglesia busca llegar “hasta el último rincón”, no solo con ayudas y acciones de respuesta a las necesidades materiales, sino también con una presencia que acompaña, escucha, ora y ayuda a mantener viva la esperanza en los procesos de recuperación y reconstrucción.

 

 

 

 

Mar 4 Ago 2026

La Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata de un encuentro que ha fortalecido generaciones de monaguillos

Niños, adolescentes y familias provenientes de seis jurisdicciones eclesiásticas invitadas se unieron a la Diócesis de Ocaña para conmemorar la vigésima quinta edición del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una experiencia que, desde hace más de dos décadas, promueve la espiritualidad, el servicio al altar y el discernimiento vocacional.


Con la participación de más de 1.120 monaguillos, acompañados por sus familias, la Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una de las iniciativas pastorales más representativas de esta Iglesia particular, que durante 25 años ha promovido el amor por la Eucaristía, el servicio litúrgico y el despertar de vocaciones sacerdotales.

 

Aunque este encuentro hace parte de las tradiciones pastorales de la diócesis, la conmemoración de su vigésima quinta edición tuvo un carácter especial al reunir, además de las parroquias locales, delegaciones provenientes de las diócesis de Magangué, Valledupar, Cúcuta, Barrancabermeja y El Banco-Magdalena, así como de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona, fortaleciendo así la comunión entre diversas Iglesias particulares.

 

Las actividades centrales se desarrollaron en el Seminario Mayor El Buen Pastor, donde los participantes vivieron jornadas de formación, oración, integración y celebración. El encuentro inició con una peregrinación a la Montaña Sagrada de Torcoroma, donde los niños y jóvenes conocieron la historia de la aparición de la imagen de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, patrona de la diócesis, y profundizaron en el significado de esta tradición pastoral que ha acompañado a generaciones de monaguillos.

 

Durante los dos días también hubo espacios recreativos, actividades de fraternidad entre las delegaciones, encuentros formativos y celebraciones litúrgicas que permitieron reconocer la misión que desempeñan los monaguillos en la vida de la Iglesia, al tiempo que fortalecieron su sentido de pertenencia e identidad eclesial.

 

El encuentro concluyó con la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de Ocaña, quien dio gracias a Dios por estos 25 años de camino y encomendó a los participantes para que continúen respondiendo con alegría al llamado de servir al Señor desde el altar.

 

Una experiencia que fortalece la fe y la vocación

 

Más allá de la conmemoración de un aniversario, el encuentro volvió a evidenciar el impacto que esta experiencia tiene en la vida de quienes participan.

 

"Es la primera vez que vivo esta experiencia. Me ha parecido muy bonita porque he conocido nuevos amigos, he recibido buenos consejos y he entendido cómo nació este encuentro. Gracias a quienes comenzaron esta obra hoy nosotros podemos estar aquí", expresó una de las monaguillas provenientes de la Diócesis de Valledupar.

 

Desde otras jurisdicciones eclesiásticas también se destacó el valor evangelizador de esta iniciativa. El diácono Edwin Hernando Peinado Guerrero, de la Diócesis de Magangué, afirmó que este tipo de espacios ayudan a que los niños comprendan con mayor profundidad el sentido del servicio al altar y manifestó el deseo de impulsar una experiencia similar en su Iglesia particular.

 

Por su parte, una delegada de la Pastoral Infantil de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona resaltó que compartir con cientos de niños que realizan el mismo servicio anima a los monaguillos a perseverar en su misión y les permite descubrir que forman parte de una Iglesia viva y en camino.

 

Veinticinco años sembrando vocaciones

 

El Encuentro Diocesano de Monaguillos nació como una iniciativa de la Pastoral Vocacional del Seminario Mayor El Buen Pastor, concebida durante la programación formativa de 2001. La propuesta fue acogida por el entonces rector, el presbítero Juan Carlos Ramírez Rojas, y respaldada por el entonces obispo de Ocaña, monseñor Jorge Enrique Lozano Zafra.

 

La primera edición se realizó el 23 de noviembre de 2002 y, desde entonces, el encuentro se ha celebrado de manera ininterrumpida, convirtiéndose en un proceso permanente de evangelización y acompañamiento vocacional. 


A lo largo de estos 25 años, esta iniciativa ha fortalecido la espiritualidad de cientos de niños y adolescentes, promoviendo en ellos el amor por la Eucaristía, la Iglesia y el servicio litúrgico. Como fruto de este camino, numerosos participantes han respondido al llamado del Señor y hoy ejercen su ministerio como sacerdotes al servicio del Pueblo de Dios.

 

Con esta celebración jubilar, la Diócesis de Ocaña dio gracias por la entrega de obispos, sacerdotes, seminaristas, animadores, párrocos, familias y monaguillos que han sostenido esta obra evangelizadora durante un cuarto de siglo, renovando también su confianza en que el Buen Pastor continúe suscitando nuevas vocaciones para la misión de la Iglesia.

 

Vea alguos de los momentos más destacados: 

 

 
 

Mié 22 Jul 2026

Entre el mar, los ríos y las carreteras: así celebraron los colombianos a la Virgen del Carmen

Procesiones marítimas y fluviales, eucaristías, bendiciones de vehículos, caravanas, cabalgatas y otras manifestaciones de religiosidad popular marcaron este 16 de julio la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen en las distintas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia. Aunque la celebración se vivió en todo el territorio nacional, este recorrido recoge algunas de las expresiones con las que diversas Iglesias particulares renovaron una de las devociones marianas más arraigadas en la historia del país.

 

Cada 16 de julio, Colombia vuelve a mirar hacia una misma Madre. Desde las costas del Caribe hasta las selvas de la Amazonía; desde las grandes ciudades hasta los pueblos ribereños; desde las carreteras hasta los ríos que conectan comunidades enteras, la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen reúne a miles de fieles que encuentran en María un signo de protección, esperanza y cercanía en los caminos de la vida.


Este año no fue la excepción. En las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos prepararon y celebraron esta fiesta con eucaristías, procesiones, bendiciones de escapularios y vehículos, jornadas de oración y numerosas expresiones de religiosidad popular que siguen transmitiéndose de generación en generación.


Aunque las celebraciones se extendieron por todo el territorio nacional, este recorrido presenta algunas de las manifestaciones de fe que hicieron visible la riqueza pastoral, cultural y espiritual con la que algunas de las Iglesias particulares conmemoraron una de las solemnidades marianas más significativas del calendario litúrgico.

 

Cartagena: donde la fe navega al encuentro de Stella Maris


En pocas ciudades de Colombia la celebración de la Virgen del Carmen tiene una imagen tan representativa como en Cartagena. Allí, la devoción mira hacia el mar.


Cada año, cientos de embarcaciones recorren la bahía hasta llegar a Stella Maris (Estrella del Mar), la monumental escultura de mármol de la Virgen del Carmen que desde hace décadas custodia las aguas cartageneras y se ha convertido en uno de los símbolos religiosos más emblemáticos de la ciudad.


La imagen también guarda una historia que fortaleció aún más el vínculo de los cartageneros con su patrona. En agosto de 2015 un rayo la derribó, fragmentándola en múltiples piezas que fueron recuperadas del fondo de la bahía gracias a una compleja operación liderada por la Armada Nacional. Tras un cuidadoso proceso de restauración, la escultura volvió a ocupar su lugar y, el 10 de septiembre de 2017, recibió la bendición del papa Francisco durante su visita apostólica a Colombia.


Precisamente hasta ese monumento llegó este año la tradicional procesión náutica organizada por la Arquidiócesis de Cartagena, una celebración que volvió a unir la espiritualidad mariana con la identidad marítima de la Heroica.


La jornada comenzó en el muelle de La Bodeguita, desde donde partieron las embarcaciones acompañando el rezo del Santo Rosario hasta llegar a Stella Maris. Allí se celebró la Eucaristía central, presidida por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, quien acompañó a los fieles en esta expresión de fe que cada año congrega a cartageneros, pescadores, navegantes, turistas y autoridades civiles y militares.


Paralelamente, las doce zonas pastorales de la arquidiócesis desarrollaron celebraciones litúrgicas, encuentros comunitarios y jornadas de oración en parroquias y barrios, haciendo visible una Iglesia que camina unida bajo el amparo de María. 
Para quienes crecieron junto al mar, Stella Maris representa mucho más que un monumento.


"Es la Virgen que nos acompaña hace muchos años en la bahía y recibe a quienes llegan a mi ciudad", expresó la cartagenera Fiorella Romero, al destacar el profundo significado espiritual que conserva esta imagen para la identidad religiosa de su ciudad.


Ese sentimiento también quedó reflejado en la experiencia de quienes participaron en la procesión.


"Hacer un Rosario en el mar fue espectacular. Se sintió muy cercano y seguimos amando muchísimo a nuestra amadísima Virgen María", afirmó Fabián Criollo, uno de los fieles que acompañó el recorrido.


Para la comunidad parroquial que impulsó esta iniciativa, la celebración también fue el fruto de un trabajo conjunto.


"Estamos muy contentos como comunidad de haber hecho posible este gran sueño, donde todos pusimos ese granito de arena para vivir este maravilloso desfile náutico llevando a nuestra patrona, la Virgen del Carmen", señaló Luis Marina Osorio.


Así, una vez más, Cartagena volvió a mostrar cómo una tradición centenaria continúa dialogando con la historia, el patrimonio y la vida cotidiana de una ciudad cuya relación con el mar también ha sido una forma de expresar su fe.

 

Inírida: una patrona que acompaña los caminos de la Amazonía


A más de mil kilómetros del Caribe colombiano, la solemnidad adquiere un rostro diferente, pero conserva el mismo sentido de confianza en la protección de María.


En el Vicariato Apostólico de Inírida, la Virgen del Carmen no solo es patrona de la jurisdicción eclesiástica y de la Catedral. También acompaña la vida cotidiana de comunidades indígenas, lancheros, comerciantes, misioneros, transportadores y familias que encuentran en los ríos amazónicos su principal medio de comunicación y sustento.


La jornada comenzó antes del amanecer con el tradicional Rosario de la Aurora y continuó con la solemne Eucaristía presidida en la Catedral Nuestra Señora del Carmen. Posteriormente, cientos de fieles acompañaron la procesión por las calles de Inírida hasta el asentamiento indígena El Coco, perteneciente al pueblo curripaco, donde fueron bendecidos vehículos, motocicletas, camiones y motocarros.


Desde allí inició una de las imágenes más representativas de la celebración: la tradicional procesión fluvial por el río Inírida, expresión de una Iglesia que evangeliza recorriendo las mismas aguas que diariamente conectan pueblos, culturas y comunidades de la Amazonía colombiana.


Para muchos habitantes del territorio, esta es la principal celebración religiosa del año.


La misionera francesa Leonor Coquelin de Lisle, quien desarrolla su labor pastoral en proyectos de prevención y rehabilitación con adolescentes, destacó el profundo sentido comunitario de esta experiencia.


"Me encantó ver toda la dedicación que ha habido para esta fiesta, todo el cariño que la gente ha puesto para este día tan especial. Y el paso por el río también me encantó; fue muy simbólico."


Por su parte, la catequista María Alejandra Robledo resaltó el creciente compromiso de distintos sectores de la sociedad con esta celebración.


"Hemos visto mayor participación de los diferentes gremios: transportistas, comerciantes y otros sectores. Eso demuestra que la Virgen del Carmen está haciendo una gran intercesión por este pueblo."


Para el vicario apostólico de Inírida, monseñor Joselito Carreño Quiñónez, la fiesta también ofrece una oportunidad para recordar el verdadero significado espiritual del escapulario, muchas veces reducido a una simple tradición popular.


"El escapulario no es un amuleto; es la alianza que establecemos con nuestra Madre María para vivir siempre colmados de esperanza y ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo", explicó el prelado, al invitar a encomendar especialmente a los viajeros y transportadores bajo la protección de la Virgen del Carmen.


En la Amazonía colombiana, donde los ríos son caminos de encuentro y de misión, la procesión fluvial volvió a recordar que la fe también navega, acompaña y fortalece la vida cotidiana de quienes habitan uno de los territorios más diversos del país.

 

La Ciudad Blanca: una tradición que sigue uniendo generaciones


En el suroccidente colombiano, la solemnidad también ocupó un lugar destacado en la vida pastoral de la Arquidiócesis de Popayán, una de las jurisdicciones eclesiásticas con mayor tradición histórica del país.


En la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción, cientos de fieles participaron en la Eucaristía, durante la cual fueron bendecidos los escapularios, signo de la confianza en la protección maternal de María y del compromiso de seguir a Cristo bajo su amparo. Posteriormente, se realizó la tradicional bendición de vehículos, confiando a Dios la vida de conductores, viajeros y sus familias.


Sin embargo, la celebración trascendió el centro histórico de la llamada Ciudad Blanca de Colombia. La fiesta también se vivió en las comunidades parroquiales dedicadas a la Virgen del Carmen en Popayán, Suárez, Timba, Paispamba, Mondomo, Piedra Sentada, El Carmelo (Cajibío) y Argelia, donde la Eucaristía, la oración y el encuentro comunitario renovaron una tradición transmitida durante generaciones.


Uno de los fieles resumía así el sentido de esta jornada:


"Hoy hemos venido a darle gracias a nuestra Madre Santísima por tantos favores recibidos y a pedirle que siga acompañando nuestros caminos."


Una expresión sencilla que refleja el significado profundo que esta advocación continúa teniendo para miles de familias colombianas.

 

Del Magdalena Medio al nororiente: una misma devoción con rostros diversos


La solemnidad también movilizó a numerosas comunidades de la Diócesis de Barrancabermeja, donde parroquias, movimientos y grupos apostólicos organizaron una programación que incluyó eucaristías, caravanas, cabalgatas, procesiones fluviales, bendición de canoas, vehículos y escapularios, además de la entrega de la tradicional oración del conductor.


La celebración central fue presidida por el obispo de la diócesis, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, del municipio de Carmen de Chucurí, una de las seis comunidades parroquiales de la jurisdicción que tienen a esta advocación mariana como patrona.


Allí, como en buena parte del Magdalena Medio, la devoción a la Virgen del Carmen continúa estrechamente vinculada con la vida de quienes recorren diariamente carreteras y ríos para sostener a sus familias y servir a sus comunidades.


A varios cientos de kilómetros de allí, en el nororiente colombiano, la Diócesis de Ocaña también celebró esta solemnidad con especial fervor.


El obispo monseñor Orlando Olave Villanoba presidió la Eucaristía central en la parroquia San Simón Stock, comunidad puesta bajo el patrocinio del religioso carmelita a quien la tradición atribuye la entrega del escapulario por parte de la Virgen María en el siglo XIII.


La elección de este templo para la celebración central recordó precisamente el origen de uno de los signos más difundidos de esta devoción.


Durante la jornada, los fieles participaron en la Santa Misa y en la procesión, encomendando sus familias, su trabajo y su caminar cotidiano bajo la protección de la Virgen del Carmen.


En su homilía, monseñor Olave invitó a vivir esta tradición más allá de los gestos externos, renovando el compromiso cristiano inspirado en el ejemplo de María y fortaleciendo la vida de fe de las comunidades.


Una patrona para quienes sirven al país


La solemnidad también tuvo un significado particular para quienes diariamente ponen su vida al servicio de la nación.


En la Catedral Castrense de Colombia, en Bogotá, militares, policías y sus familias participaron en una jornada que comenzó con una procesión por las instalaciones del Cantón Norte, seguida por la tradicional bendición de vehículos.


La ceremonia fue acompañada por el rector de la Catedral Castrense, padre Ángel Ricardo González Forero, quien elevó una oración por todos los hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que cumplen su misión en los distintos territorios del país.


Posteriormente, la comunidad se reunió para la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor José Roberto Ospina Leongómez, administrador apostólico del Obispado Castrense de Colombia.


Durante la celebración, el prelado encomendó a Dios, por intercesión de la Virgen del Carmen, la vocación, el servicio y las familias de quienes trabajan diariamente por la seguridad y el bienestar de los colombianos, renovando la confianza en la protección maternal de María para acompañar cada misión con esperanza, fortaleza y espíritu de servicio.

 

Una tradición que sigue dando identidad a la fe del pueblo colombiano 

Cada territorio aporta sus propios símbolos, tradiciones y acentos culturales. Sin embargo, todos confluyen en una misma convicción: reconocer en María una Madre que acompaña el caminar de su pueblo y orienta siempre hacia Cristo.


No es casual que esta advocación conserve un lugar tan profundo en la vida religiosa del país. Su origen se remonta al Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde los primeros ermitaños dedicaron su vida a la oración inspirados en la Virgen María. Con el paso de los siglos, esta espiritualidad dio origen a la Orden Carmelita y se difundió por el mundo junto con la tradición del escapulario, signo de consagración, confianza y compromiso con la vida cristiana.

 

En Colombia, esa herencia espiritual encontró un terreno particularmente fecundo. Las celebraciones aquí reseñadas representan solo una muestra de las múltiples expresiones de fe con las que las jurisdicciones eclesiásticas conmemoraron esta solemnidad en todo el territorio nacional.


Como memoria de esa riqueza pastoral y de la diversidad con la que la Iglesia en Colombia vive esta tradición, la Conferencia Episcopal de Colombia presenta el especial audiovisual:

 

 

 

La iglesia en el mundo
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Jue 9 Oct 2025

De la Dilexit nos a la Dilexi Te

¿Quién ama verdaderamente a los pobres?


Cristo, que siempre tuvo una predilección por ellos. Él nos amó primero a todos (Dilexit nos), pero luego vuelca ese amor concretamente en el vulnerable, en el que sufre, en el que camina herido por los senderos de la vida (Dilexi Te).


Este es el planteamiento que podemos hacer a partir de las dos exhortaciones que hoy se complementan: “Contemplar el amor de Cristo nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás; nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor”(n. 2).


El Papa León XIV, hoy 9 de octubre, nos entrega una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia hacia los pobres, titulada Dilexi Te —“Te he amado” (Ap 3, 9)—, un texto que, como él mismo aclara en los primeros párrafos, se presenta en continuidad con la encíclica Dilexit nos, que el Papa Francisco estaba preparando en los últimos meses de su vida.


En cinco capítulos y 121 párrafos, el Papa León reafirma que existen diversas formas de pobreza: “La de quien no tiene medios de subsistencia material, la de quien está socialmente marginado y carece de instrumentos para expresar su dignidad y sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la de quien se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, y la de quien no tiene derechos, espacio ni libertad”. Añade además que “es digno de elogio que las Naciones Unidas hayan establecido la erradicación de la pobreza como uno de los Objetivos del Milenio” (nn. 9-10).


Asimismo, el documento denuncia “la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada” y que “empuja a muchas personas hacia una visión de la existencia centrada en la acumulación de riquezas y en el éxito social a cualquier precio, incluso a costa de los demás, aprovechándose de ideales sociales y de sistemas político-económicos injustos que favorecen a los más fuertes” (n. 11).


De este modo, surgen ciertas “élites de ricos que viven en una burbuja de condiciones muy cómodas y lujosas, casi en otro mundo respecto de la gente común”. Persiste así —a veces muy bien disimulada— una cultura que descarta a los demás sin darse cuenta, tolerando con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o vivan en condiciones indignas.


El Papa denuncia también el aumento de la pobreza incluso en los países ricos, la falta de acceso al agua y a los bienes de primera necesidad, y la muerte de miles de personas por causas relacionadas con la desnutrición. Retoma con fuerza el tema de la “opción preferencial por los pobres”, citando la Asamblea del CELAM en Puebla: “Esta “preferencia” nunca implica exclusivismo ni discriminación hacia otros grupos —lo cual en Dios sería imposible—; busca destacar la acción de Dios que se conmueve ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad, y que, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, tiene un amor particular por quienes son discriminados y oprimidos. Él nos pide también a nosotros, a su Iglesia, una decisión firme y radical a favor de los más débiles” (n. 90).


Por otra parte, siguiendo las huellas no solo de su predecesor, sino también de una larga serie de santos y santas —desde San Francisco de Asís hasta Camilo de Lelis, pasando por Santa Teresa de Calcuta, los Padres de la Iglesia y el apóstol Pablo—, el Papa León recuerda que “no debemos bajar la guardia frente a la pobreza” y que es en el amor a los pobres donde se mide la autenticidad de nuestra fe (cap. III).


Desde la base bíblica y eclesial del documento se comprende por qué puede hablarse teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, expresión nacida en el contexto latinoamericano —especialmente en la Asamblea de Puebla—, pero plenamente integrada hoy en el magisterio de la Iglesia (caps. II-III).


Con abundantes citas bíblicas y patrísticas, el Papa insiste en el testimonio de Cristo, “maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad son signo de su unión con el Padre y exigencia para quien desea seguirlo por el camino del discipulado” (n. 20). La renuncia a los bienes y seguridades del mundo se convierte, así, en signo visible de la confianza en Dios y en su providencia.


El documento recuerda que no es posible “amar a Dios sin extender ese amor a los pobres. El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios”. Son dos amores distintos, pero inseparables. “Incluso cuando la relación con Dios no es explícita, el Señor nos enseña que todo acto de amor hacia el prójimo es reflejo de la caridad divina: “En verdad les digo: todo lo que hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (n. 26).

 

Cuidar de los pobres es, por tanto, una prueba concreta de la sinceridad de la fe: “Quien dice amar a Dios y no tiene compasión por los necesitados, miente”.


El Papa elogia no solo las acciones individuales, sino también los movimientos populares “formados por laicos y guiados por líderes del pueblo, muchas veces sospechados o incluso perseguidos”. Son ellos quienes “invitan a superar la idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres ni de los pobres”.


Y añade: “Si los políticos y los profesionales no los escuchan, la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, en una formalidad vacía; pierde representatividad y se desencarna, porque deja fuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad y la construcción de su destino” (nn. 80-81).


Finalmente, denunciando “una economía que mata”, exhorta a “comprometernos cada vez más en resolver las causas estructurales de la pobreza” (n. 92). Es una urgencia que “no puede esperar, no solo por una necesidad pragmática de obtener resultados y ordenar la sociedad, sino para curarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna, y que solo podrá conducirla a nuevas crisis” (n. 94).


Dilexi Te llegó para recordarnos que “la atención eclesial a los pobres y con los pobres forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles” (n. 103).


Y mientras existan personas en condición de pobreza, la Iglesia —como madre que no abandona a sus hijos— deberá estar allí presente.

Descargue el documento aquí
 

Mar 21 Feb 2023

Mensaje para la Cuaresma 2023: ‘Ascesis cuaresmal, un camino sinodal’

Desde el Vaticano el cardenal Micheal Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, presentó el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2023, bajo el título “Ascesis cuaresmal, un camino sinodal”.


La “transfiguración” personal y eclesial es el objetivo del camino ascético de Cuaresma, y también del proceso sinodal, que propone el Pontífice en su mensaje y para ello se vale del Evangelio de la Transfiguración del Señor que se proclama el segundo domingo de este tiempo litúrgico para reivindicar “el método y el estilo” de una Iglesia sinodal.


El proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino”.


La penitencia de Cuaresma -escribe el pontífice- es un compromiso, sostenido por la gracia, para superar nuestra falta de fe y nuestra resistencia a seguir a Jesús en el camino de la cruz”.


Esto requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, que son también requisitos para el Camino Sinodal; y por eso podemos decir que “nuestro camino cuaresmal es 'sinodal' ya que lo hacemos juntos por el mismo camino, como discípulos del único Maestro”.


Tanto en el camino litúrgico como en el camino del Sínodo, la Iglesia no hace otra cosa que entrar cada vez más profunda y plenamente en el misterio de Cristo Salvador”.


Al igual que el viaje de los discípulos al Monte Tabor, el papa Francisco reconoce que el proceso sinodal puede parecer arduo y llevar al desánimo.


Sin embargo, dice que “lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y asombroso, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión en el mundo”.

 



LEER MENSAJE DE CUARESMA 2023
 


 

Jue 2 Feb 2023

Los cinco “ingredientes” que sugiere el Papa a los jóvenes congoleños

Este jueves 2 de febrero el Papa Francisco ha tenido un encuentro con los jóvenes de la República Democrática del Congo, en el Estadio de los Mártires en Kinsasa y les ha sugerido algunos “ingredientes para el futuro” que pueden asociarse a los dedos de la mano.
 

El Pontífice se ha centrado en la fuerza de las manos y les ha pedido que “miren sus manos y abran las palmas” para después recordarles que Dios ha puesto en sus manos el don de la vida, el futuro de la sociedad y de este gran país. “Hermano, hermana, ¿tus manos te parecen pequeñas y débiles, vacías e inadecuadas para tareas tan grandes? Quisiera llamar tu atención sobre un detalle: todas las manos son similares, pero ninguna es igual a la otra, por eso eres un tesoro único, irrepetible e incomparable. Nadie en la historia puede sustituirte” ha asegurado.
 

Después, les ha hecho reflexionar a través de dos preguntas: “¿para qué sirven mis manos?, ¿para construir o para destruir, para dar o para acaparar, para amar o para odiar?”, subrayando que pueden “apretar la mano y cerrarla y se vuelve un puño” o pueden “abrirla y ponerla a disposición de Dios y de los demás”. Para que comprendan mejor sus palabras, el Papa les ha aconsejado cinco “ingredientes para el futuro”, que pueden asociar a los dedos de la mano. Se trata de cinco consejos “para distinguir las prioridades entre todas esas voces persuasivas que circulan”.
 

El dedo pulgar corresponde a la oración
El Papa ha iniciado con el dedo pulgar, el dedo más cercano al corazón, a quien corresponde “la oración”. “La oración puede parecer una realidad abstracta, lejana de los problemas tangibles. Sin embargo, es el primer ingrediente, el más esencial, porque nosotros solos no somos capaces. No somos omnipotentes y, cuando alguien cree que es así, fracasa miserablemente”. Por eso, Francisco les ha pedido “enraizarse en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, que nos permite crecer cada día en profundidad, dar fruto y transformar la contaminación que respiramos en oxígeno vital”.
 

En este sentido, les recuerda que no tienen que dirigirse a Jesús “como a un ser lejano y distante al que hay que tenerle miedo”, sino “como al mejor de los amigos, que dio la vida por ti. Él te conoce, cree en ti y te ama, siempre”. También les ha pedido “no tener miedo de tomar entre las manos el crucifijo y apretarlo contra el pecho, derramando las lágrimas sobre Jesús. Grítale las esperanzas de tu corazón, confíale los secretos más íntimos de la vida: la persona que amas, las heridas que llevas dentro, los sueños que tienes en el corazón”, pues “quien reza supera el miedo y se hace cargo de su propio futuro”.
 

El dedo índice corresponde a la comunidad
A continuación, Papa pone la mirada en el segundo dedo, el índice. “Con este indicamos algo a los demás. Los otros, la comunidad, este es el segundo ingrediente”. En este segundo punto, Francisco les ha pedido a los jóvenes congoleños que no dejen que su juventud se estropee por la soledad y el aislamiento y siempre permanezcan juntos, pues solo así “serán felices” “porque la comunidad es el camino para estar bien consigo mismo, para ser fieles a la propia llamada”.
 

Las decisiones individualistas, en cambio, al principio parecen atrayentes, pero después sólo dejan un gran vacío interior. Piensen en la droga; te esconde de los demás, de la verdadera vida, para hacerte sentir omnipotente, pero al final te encuentras despojado de todo. Piensen también en la dependencia del ocultismo y de la brujería, que te atrapan en las garras del miedo, de la venganza y de la rabia. No se dejen encantar por esos falsos paraísos egoístas, construidos en base a la apariencia, los beneficios fáciles o unas religiosidades desviadas”.
 

El Papa también les ha pedido que se cuiden de la tentación de señalar a alguien con el dedo y de excluir a otro porque tenga un origen distinto al de ellos, pues se corre el riesgo de que “primero se crea en los prejuicios sobre los demás, después se justifique el odio y, por tanto, la violencia, y al final nos encontramos en medio de la guerra”.
 

Además, ha hecho una clara observación sobre el riesgo que se corre hoy en día de quedar atrapados en las redes sociales: “La virtualidad no basta. No podemos conformarnos con el mero interactuar con personas lejanas e incluso falsas. La vida no se escoge tocando la pantalla con el dedo. Es triste ver jóvenes que están horas frente a un teléfono. Después de que contemplaran tanto tiempo la pantalla, los miras a la cara y ves que no sonríen, la mirada está cansada y aburrida. Nada ni nadie puede sustituir la fuerza del grupo, la luz de los ojos, la alegría de compartir”.
 

El dedo medio corresponde a la honestidad
Ahora es el momento de explicar el dedo medio, que, como ha dicho el Papa, “se eleva por encima de los otros casi para recordarnos algo imprescindible: la honestidad”. “Aprende bien estas dos palabras. Honestidad, y lo contrario: corrupción. A veces se oye decir: "Pero si es una buena persona, trabaja bien, sabe llevar bien las cosas... pero es un corrupto...". Las dos cosas no van juntas” advierte.
 

En este sentido, el Santo Padre ha querido hablarles también del cáncer de la corrupción: “Algunas personas son buenas, inteligentes, pero corruptas” y les pregunta: ¿Una persona corrupta es honesta o no?”. “No a la corrupción. Pas de corruption. Todos juntos decimos: "¡Pas de corruption!" ha exclamado.
 

El dedo anular corresponde al perdón
El Pontífice también ha hecho mención al cuarto dedo, el anular. “En él se ponen los anillos nupciales. Pero, si lo piensan, el anular es también el dedo más débil, el que cuesta más trabajo levantar. Nos recuerda que las grandes metas de la vida, el amor en primer lugar, pasan a través de la fragilidad, el esfuerzo y las dificultades”. Pero – pregunta a los jóvenes – “en nuestra fragilidad, en las crisis, ¿cuál es la fuerza que nos permite seguir adelante? El perdón”. “Perdonar quiere decir saber empezar de nuevo. Perdonar no significa olvidar el pasado, pero no resignarse a que se repita” asegura.
 

En este sentido, el Papa explica que para crear un futuro nuevo “necesitamos dar y recibir perdón”. “Ahora os pido un favor: guardemos todos un minuto de silencio y pensemos cada uno en las personas que nos han ofendido. Y en este silencio, ante Dios, perdonémosles” les ha pedido a los jóvenes reunidos en el estadio.
 

El dedo meñique corresponde al servicio
Por último, el Papa señala el último dedo, el más pequeño, el “meñique” al que corresponde con el servicio.  “Es precisamente la pequeñez, el hacerse pequeño, lo que atrae a Dios. ¿Sabes una cosa? Esta es una regla de vida, para cada uno de nosotros, escúchala: El que sirve se hace pequeño”.
 

Al final de su discurso les ha pedido que “no se desanimen nunca”: “Cuando estés triste, cuando estés desanimado, toma el Evangelio y mira a Jesús, él te dará fuerzas”.


Fuente: Vatican News

Vie 20 Ene 2023

Cebitepal abre inscripciones para diplomados y cursos del año 2023

El centro de formación de la Iglesia Católica Cebitepal desea continuar ofreciendo propuestas académicas, atendiendo así,  las necesidades de actualización en parroquias, obispados, Conferencias Episcopales, instituciones educativas y comunidades de América Latina y Caribe.


Es por ello que, para estos primeros meses del año, abrió las inscripciones ofreciendo una gran variedad de temas que constituyen en sí misma una excelente oportunidad para agentes de pastoral social, jóvenes y líderes jóvenes, sacerdotes, laicos y laicas, religiosas y religiosos.



Los 14 cursos y diplomados son:


Campamento virtual juvenil
Doctrina Social de la Iglesia. Por el camino del Tata Vasco de Quiroga
Derechos Humanos y las “3 T”
Evangelio de Marcos
Liderazgos juveniles. Para la transformación social.
Pastoral Juvenil Participativa. Con enfoque vocacional.
Construcción de Paz y Transformación Social de conflictos
La Palabra de Dios. Fuente de la Vida y la Misión de la Iglesia.
De la Tierra a la Mesa. Crecimiento para campesinos y comunidades.
Formación para Matrimonios orientadores familiares
ADICCIONES: Rumbo a una Pastoral Latinoamericana
Pastoral Juvenil para Líderes
La Ciudad, espacio para la iniciación Cristiana
El Evangelio Escondido



Los itinerarios de formación que ofrecen están adaptados al contexto de las regiones de los participantes, abordando temáticas prioritarias en la formación de agentes de pastoral a nivel continental.


En el Cebitepal las bases sobre las que se planea la oferta educativa son el Magisterio Latinoamericano, particularmente el del Papa Francisco, y los cuatro sueños de Querida Amazonia: social, cultural, ecológico y eclesial.


Inscripciones
Los interesados podrán inscribirse a través del correo electrónico cebitepalencontacto@celam.org o comunicarse a través de la línea telefónica (+57) 3226800541


El Cebitepal
Es el centro de formación del Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM que realiza su misión desde un espíritu de comunión y participación, mediante la docencia, la investigación y diversos servicios, con los rasgos propios de la teología y la metodología latinoamericana.


Acceda a la Programación 2023 completa del Centro de Formación Cebitepal cliqueando AQUÍ 

Episcopado al día
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Mar 8 Sep 2026

Obispos de Colombia reflexionan sobre los retos y oportunidades de la inteligencia artificial en la misión de la Iglesia

 

Entre el 2 y el 4 de septiembre, 65 obispos de Colombia participaron en el curso anual de formación permanente para el episcopado, organizado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia. En esta oportunidad, el encuentro estuvo centrado en la inteligencia artificial, su uso y aplicación en la administración y en la gestión pastoral de la Iglesia.


Tuvo como propósito favorecer un espacio de formación y discernimiento integral sobre esta tecnología, abordando sus fundamentos epistemológicos, sus alcances antropológicos y sus desafíos ético-teológicos, con miras a identificar posibilidades concretas para su utilización al servicio de la misión de la Iglesia.


A través de ponencias, conversatorios, talleres y mesas temáticas, los obispos se acercaron a la historia y los aspectos generales de la inteligencia artificial, así como a sus implicaciones para la dignidad humana, las relaciones sociales, la ética, la comprensión de la inteligencia y la praxis pastoral.


Entre los especialistas que acompañaron el proceso estuvieron Juan Manuel Vicaría Delgado, director del Centro de Inteligencia Artificial para la Alta Dirección de INALDE Business School de la Universidad de La Sabana; el padre Euclides de Jesús Eslava Gómez, director de la Maestría en Teología de la Universidad de La Sabana. También acompañó el curso el padre Fidel Oñoro Consuegra, CJM. 


En las mesas temáticas, Wilmar Roldán, Santiago Sierra, Reinaldo Bernal y Alfonso Flórez, profesores de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, bajo la orientación de la decana Edith González Bernal, ofrecieron perspectivas sobre la dignidad humana y las relaciones sociales, la algorética, los fundamentos epistemológicos de la inteligencia y las posibilidades de la inteligencia artificial para la praxis pastoral y la creación de pensamiento.


La agenda incluyó también la presentación de la encíclica Magnífica humanitas, una demostración del Asistente CEC 2026 GPT ante situaciones de responsabilidad episcopal, un conversatorio sobre inteligencia artificial y pastoral y un taller teórico-práctico sobre inteligencia artificial generativa para la pastoral, orientado por el Mg. Wilson Libardo Beltrán Chitiva.


Una herramienta al servicio de la misión


Para los obispos participantes, uno de los principales aprendizajes de estas jornadas fue la necesidad de conocer y comprender una realidad tecnológica que ya hace parte de la vida cotidiana, pero que plantea nuevos desafíos para la Iglesia.


El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, destacó que la formación permitió reconocer la necesidad de seguir incursionando en el conocimiento de la inteligencia artificial para poner sus posibilidades al servicio de la misión evangelizadora.


“La inteligencia artificial hay que acogerla, hay que acompañarla, es decir, pastorear estos escenarios. Pero además hay que aprovecharla y ponerla al servicio de la misión”.


Desde su perspectiva, estas herramientas pueden contribuir a optimizar el tiempo y el trabajo, organizar información y establecer vínculos entre diferentes procesos y entidades. Sin embargo, subrayó que su utilización debe mantener en el centro a la persona humana y su dignidad.


En este sentido, señaló tres aspectos fundamentales: comprender al ser humano como camino y proceso permanente; recuperar la importancia del corazón y de la sabiduría, más allá de la simple acumulación de datos; y preservar la dimensión comunitaria de la vida humana.


“Estamos hechos para vivir nuestro camino y nuestro corazón, nuestra conciencia en comunidad, en fraternidad”.


Formarse para formar


El arzobispo de Barranquilla, monseñor Pablo Emiro Salas, resaltó que la inteligencia artificial constituye una realidad que la Iglesia está llamada a asumir y comprender, no solamente por su impacto en la sociedad, sino también por las posibilidades que ofrece para la evangelización. Señaló también el desafío de que los obispos no solo se formen personalmente, sino que puedan contribuir posteriormente a la formación de sacerdotes y fieles en el uso de estas nuevas tecnologías para el servicio pastoral.


“Desde esa realidad de ser pastores, servidores de la comunidad, podemos entonces usar todas también las bondades que tiene la inteligencia artificial para poder servir mejor a las personas que se nos han confiado”.


Al mismo tiempo, monseñor Salas subrayó la importancia de abordar las implicaciones éticas de estas tecnologías. Advirtió que, por importantes que sean, las herramientas de inteligencia artificial no pueden reemplazar la presencia del Espíritu Santo ni la relación personal y afectiva entre las personas.


“Son ayudas y tenemos que aceptarlas, tenemos que acogerlas y tenemos que implementarlas sin que ellas terminen por deshumanizar nuestra relación de personas y nuestros vínculos”.


Una oportunidad para la catequesis y la acción social


Para monseñor Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia, la formación permitió reconocer en la inteligencia artificial una herramienta que puede contribuir al cumplimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, siempre que sea acompañada por una adecuada formación y discernimiento.


El prelado destacó la necesidad de formar a los presbiterios y a los fieles, al tiempo que planteó posibilidades concretas para aprovechar estas herramientas en la catequesis, la enseñanza y la acción social.


“¿Cómo podemos ponerla en práctica? Primero, interesándonos por formarnos, formar nuestros presbiterio, formar nuestros fieles. Y segundo, tratar de, a través de la inteligencia artificial, hacer mucho más práctica nuestra catequesis, nuestras enseñanzas y nuestra acción social”.



Una formación que continúa


Además de los contenidos académicos y técnicos, las jornadas de formación permanente fueron también un espacio de encuentro entre los obispos. El cardenal Rueda Aparicio destacó que la oración y el diálogo fraterno hacen parte esencial de estos espacios y señaló que, durante el encuentro, los pastores también pudieron compartir sobre la situación del país, particularmente sobre el contexto posterior al terremoto y sus consecuencias en el ámbito social y comunitario.


El desafío planteado al cierre de la formación es, por tanto, continuar profundizando y desarrollando procesos de autoformación que permitan a la Iglesia comprender los escenarios que abre la inteligencia artificial y discernir cómo incorporarla de manera responsable.


La formación dejó así una perspectiva compartida: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para la Iglesia, siempre que permanezca al servicio de la persona, de la comunidad y de la misión evangelizadora, sin sustituir aquello que es esencialmente humano.


En palabras del Cardenal: “Bienvenida la inteligencia artificial y bienvenida la posibilidad de aprovecharla para la evangelización”.

 

Vea a continuación las principales reflexiones: 

 

Lun 7 Sep 2026

Una nueva etapa pastoral inicia la Diócesis de Jericó con la llegada de su octavo obispo: monseñor Diego Luis Rendón Urrea

La posesión canónica, celebrada el sábado 5 de septiembre en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, abrió una nueva etapa pastoral para esta Iglesia particular del suroeste antioqueño, marcada por más de un siglo de historia de misión y evangelización. 


En un ambiente de alegría, comunión eclesial y esperanza, monseñor Diego Luis Rendón Urrea tomó posesión canónica como octavo Obispo de la Diócesis de Jericó, durante una Eucaristía celebrada en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, con la participación de obispos, sacerdotes, seminaristas, comunidades religiosas, autoridades civiles, delegaciones parroquiales y numerosos fieles del Suroeste antioqueño.


Una Iglesia con más de un siglo de historia


Al inicio de la celebración, monseñor Juan Fernando Franco Sánchez, obispo de Caldas y hasta ese momento administrador apostólico de Jericó, presentó al nuevo pastor la realidad de esta Iglesia particular: una diócesis centenaria, con una profunda identidad rural y arraigada en la fe de sus comunidades.


La Diócesis de Jericó fue erigida el 29 de enero de 1915 por el papa Benedicto XV y actualmente está conformada por 15 municipios, 30 parroquias agrupadas en cuatro vicarías foráneas y un presbiterio que presta su servicio pastoral en el territorio diocesano y en otras Iglesias hermanas.


En su intervención, monseñor Franco recordó que el nuevo Obispo no recibe solamente un territorio o una estructura pastoral, sino “una historia, un pueblo, un presbiterio, una vida consagrada, unas comunidades y numerosos fieles”, llamados a encontrar en su pastor cercanía, escucha, orientación y acompañamiento.


Esta historia está profundamente vinculada al testimonio de santidad de la región. Santa Laura Montoya, primera santa colombiana, y los beatos Juan Bautista Velásquez Peláez y Jesús Aníbal Gómez Gómez hacen parte de la memoria espiritual de esta Iglesia y de su llamado a vivir la fe como una vida entregada al servicio.


“Enseñar y servir”, una ruta para el ministerio episcopal


Durante el rito de posesión fueron leídas las letras apostólicas mediante las cuales el papa León XIV nombró a monseñor Diego Luis Rendón Urrea como Obispo de Jericó. Posteriormente, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín y metropolitano, lo condujo hasta la cátedra episcopal y le entregó el báculo pastoral, signos de la misión que recibe de enseñar, santificar y gobernar al Pueblo de Dios.


En su mensaje, el arzobispo de Medellín invitó a la comunidad diocesana a recibir al nuevo pastor como una oportunidad para fortalecer la evangelización, la espiritualidad, la fraternidad y el compromiso social. A monseñor Diego Luis le pidió ser maestro de la verdad, constructor de unidad y servidor de una Iglesia llamada a ser signo de solidaridad y esperanza.


En este contexto, cobró especial significado el lema episcopal elegido por el nuevo Obispo: “Enseñar y servir”, expresión que monseñor Franco propuso asumir como una verdadera hoja de ruta para cada decisión, encuentro, palabra y gesto de su ministerio.


“Se ama si se sirve”


En su primera homilía como Obispo diocesano de Jericó, monseñor Diego Luis centró su reflexión en el servicio como expresión concreta del amor cristiano.


A la luz de la Palabra, recordó que la misión no puede asumirse como un privilegio, sino como una responsabilidad que se comparte y se pone al servicio de los demás. En particular, señaló que la Iglesia está llamada a acercarse a los pobres, los necesitados, quienes se encuentran alejados de Dios y quienes atraviesan situaciones de tribulación o han perdido la esperanza.


“No esperemos a ser perfectos. Más bien crezcamos en el amor y en el servicio”, afirmó, al reconocer también la fragilidad humana como parte del camino de quienes están llamados a anunciar el Evangelio.


El nuevo Obispo invitó además a los bautizados a no avergonzarse de su fe y a mostrar al mundo el rostro misericordioso de Dios. Para él, la experiencia cristiana encuentra en el servicio una expresión concreta del amor: “Se ama si se sirve”.


“Si servimos es porque amamos, y si amamos, transformamos la nación, transformamos las vidas, transformamos el territorio”, expresó durante la celebración.


Una Iglesia misionera y sinodal


Monseñor Diego Luis manifestó su propósito de dar continuidad a la ruta pastoral que identifica a la Diócesis de Jericó: “El Reino de Dios que se proclama, el Reino de Dios que se celebra, el Reino de Dios que se realiza, el Reino de Dios que se vive”.


Este camino, explicó, está llamado a fortalecer una Iglesia misionera y sinodal, en la que sacerdotes, religiosos, seminaristas, laicos y comunidades puedan caminar juntos en el encuentro con Dios y con los hermanos.


En su homilía, evocó también la acogida que ha recibido desde su llegada al territorio diocesano, especialmente las manifestaciones de fe y esperanza de niños, jóvenes, adultos mayores y campesinos que salieron a los caminos para darle la bienvenida.


“Hoy tenemos que hacer un esfuerzo grande. Los que hemos nacido en la fe, los que hemos recibido la gracia del bautismo, los que buscamos a Dios de todo corazón, no nos podemos perder en el camino”, señaló, invitando a los bautizados a asumir con responsabilidad el llamado a ser luz en medio de la sociedad.


Gratitud y continuidad pastoral


Durante la celebración, monseñor Diego Luis agradeció a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez por su acompañamiento durante el período de administración apostólica, así como al Colegio de Consultores y al presbiterio diocesano por su disponibilidad para garantizar la continuidad de la misión evangelizadora.


De igual manera, la comunidad elevó una oración por la salud de monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago, obispo emérito de Jericó, reconociendo los 13 años de servicio pastoral que prestó al frente de esta Iglesia particular.


Monseñor Diego Luis fue nombrado por el papa León XIV el 13 de julio de 2026 y recibió la ordenación episcopal el 25 de agosto en la Catedral de Santa Rosa de Osos. Con la posesión canónica celebrada este 5 de septiembre, inició oficialmente su servicio como pastor de la Iglesia que peregrina en el Suroeste antioqueño.


Al concluir la celebración, la bendición con las reliquias de santa Laura Montoya puso esta nueva etapa pastoral bajo la protección de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la Diócesis de Jericó.


 

 

Vie 28 Ago 2026

Mons. Ariel Lascarro Tapia será el Administrador Apostólico del Vicariato de San Andrés y Providencia

El nombramiento, realizado por el papa León XIV y dado a conocer por el Dicasterio para la Evangelización, se produce tras el traslado de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias a la Diócesis de Yopal.


El papa León XIV nombró a monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué, como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, designación que fue dada a conocer por el Dicasterio para la Evangelización de la Santa Sede este 27 de agosto, tras la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.


Con este nuevo encargo, monseñor Lascarro Tapia asumirá temporalmente el gobierno eclesiástico y el acompañamiento pastoral del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, mientras el Santo Padre dispone el nombramiento de su nuevo obispo, responsabilidad que ejercerá simultáneamente con su servicio pastoral al frente de la Diócesis de Magangué.


Un servicio durante la sede vacante


El Administrador Apostólico es quien recibe el encargo de gobernar temporalmente una Iglesia particular que se encuentra en sede vacante. En el ejercicio de esta misión, asume las responsabilidades propias del gobierno pastoral y administrativo de la jurisdicción, de acuerdo con las normas del derecho de la Iglesia y las disposiciones establecidas para su nombramiento.


Entre sus responsabilidades se encuentran la atención a la vida pastoral de la Iglesia particular, el acompañamiento de sus comunidades, la administración de sus asuntos y la promoción de la comunión eclesial durante el período en que la sede permanece vacante.


Un Vicariato directamente sujeto a la Santa Sede


El Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y tiene su sede en la ciudad de San Andrés.


Esta circunscripción eclesiástica hace parte de la Provincia Eclesiástica de Cartagena. Sin embargo, por su naturaleza de Vicariato Apostólico, está directamente sujeta a la Santa Sede.


Esta condición explica que, ante la vacancia de la sede, el Santo Padre haya confiado a un obispo el servicio de Administrador Apostólico para garantizar la continuidad del gobierno y de la vida pastoral de esta jurisdicción, mientras se adelanta el proceso para designar a su nuevo pastor.


Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ya inició su ministerio en Yopal


La sede del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia quedó vacante tras el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.


El pasado 29 de junio, el papa León XIV lo nombró para esta nueva misión episcopal, después de haber estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia desde 2016.


El 27 de agosto, monseñor Sanabria Arias tomó posesión canónica como obispo de Yopal, en una celebración realizada en la Catedral San José de esta ciudad, dando inicio a su ministerio episcopal al servicio de la Iglesia particular de Casanare.


Monseñor Ariel Lascarro Tapia


Monseñor Ariel Lascarro Tapia nació en El Carmen de Bolívar el 3 de noviembre de 1967. Fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1994 y ha desempeñado diferentes servicios pastorales y eclesiales.


El 21 de noviembre de 2014 fue nombrado por el papa Francisco como obispo de Magangué, Iglesia particular a la que continúa sirviendo.


 

 

 

 

Jue 27 Ago 2026

Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias inició su ministerio como nuevo obispo de Yopal

En una celebración marcada por la comunión episcopal, sacerdotal y laical, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias asumió este jueves 27 de agosto el pastoreo de la Diócesis de Yopal, luego de su nombramiento por parte del papa León XIV el pasado 29 de junio.


La Catedral San José de Yopal fue escenario este jueves 27 de agosto de la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como tercer obispo de la Diócesis de Yopal. La celebración reunió a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, autoridades civiles y militares, delegaciones parroquiales, movimientos apostólicos, fieles laicos y familiares del nuevo pastor.


Como metropolitano de la provincia eclesiástica a la que pertenece la Diócesis de Yopal, monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tuvo a su cargo la lectura de las letras apostólicas mediante las cuales el papa León XIV confió a monseñor Sanabria Arias esta nueva misión pastoral.


El nombramiento había sido anunciado por la Santa Sede el pasado 29 de junio. Hasta entonces, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, servicio que ejerció desde 2016 y desde el cual ahora llega a la Iglesia particular de Yopal.  


La celebración contó también con la presencia de los anteriores pastores de esta diócesis: monseñor Misael Vacca Ramírez, actual arzobispo de Villavicencio, y monseñor Édgar Aristizábal Quintero, actual obispo de Duitama-Sogamoso. A ellos se sumaron los obispos de la Provincia Eclesiástica de Tunja y otros pastores de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país, como expresión de la comunión que caracteriza la vida de la Iglesia. En representación de la Nunciatura Apostólica en Colombia, estuvo monseñor In Je Hwang.


También acompañaron la celebración sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos provenientes del Vicariato Apostólico de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, comunidad eclesial que acompañó a monseñor Sanabria durante los años de su ministerio episcopal en el Caribe colombiano.


“Más que un territorio le entregamos una misión”


Durante la celebración, el padre Jeison Andrey Salguero, quien estuvo al frente de la diócesis como administrador diocesano durante el periodo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo en nombre de la comunidad eclesial de Yopal.


Al recordar la historia de esta Iglesia particular y agradecer el servicio de quienes la han pastoreado, destacó que monseñor Sanabria Arias recibe una diócesis con fortalezas y desafíos, comunidades que necesitan ser revitalizadas, sacerdotes que entregan generosamente su vida, familias que buscan permanecer firmes, jóvenes que esperan ser escuchados y personas que necesitan experimentar el rostro misericordioso de Cristo.


“Más que una estructura, hoy queremos entregarle una familia; más que una institución queremos entregarle un pueblo y más que un territorio le entregamos una misión”, expresó el sacerdote.


El administrador diocesano manifestó además la disposición del clero y de las comunidades para caminar junto al nuevo obispo, poniendo a su servicio sus dones, experiencia y voluntad de trabajar por una Iglesia “más unida, más cercana, más servidora, más misionera”.


La Diócesis de Yopal permanecía en sede vacante desde el 19 de julio de 2024, fecha en la que monseñor Édgar Aristizábal Quintero dejó esta jurisdicción para asumir como obispo de Duitama-Sogamoso.


Una Iglesia que reconoce a Cristo como único Pastor


En su primera homilía como obispo de Yopal, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias centró su reflexión en el mandato misionero de Jesús: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio”, afirmando que con estas palabras comienza su ministerio episcopal en la diócesis casanareña.


A partir de las lecturas proclamadas durante la celebración, presentó tres aspectos que, según explicó, definen su comprensión de la misión episcopal.


El primero es reconocer a Dios como el único y verdadero Pastor. Recordó que el obispo no es dueño de la comunidad, sino colaborador del Buen Pastor, llamado a guiar, escuchar y acompañar al pueblo de Dios. En este sentido, retomó una reflexión del papa Francisco para señalar que el obispo debe saber estar “al frente” para orientar, “en medio” para escuchar y “detrás” para acompañar y levantar a quienes puedan quedar rezagados.


El segundo eje planteado por el nuevo obispo es el propósito de avanzar hacia una Iglesia sinodal, en la que todos los bautizados puedan participar activamente en la misión evangelizadora.


“Una Iglesia sinodal nos invita a caminar juntos”, afirmó, señalando tres desafíos concretos: reconocer que la verdad se busca comunitariamente bajo la guía del Espíritu Santo; superar las polarizaciones y convertir las tensiones en oportunidades para el discernimiento; y promover un estilo participativo en el que laicos y consagrados tengan voz activa en la misión de la Iglesia.


Para monseñor Sanabria, la sinodalidad implica vivir desde la “mentalidad de Cristo”, poniendo en el centro la comunión y el servicio.


Santidad y misión para una Iglesia abierta a su territorio


El tercer aspecto de su reflexión estuvo dirigido especialmente al presbiterio de Yopal. El nuevo obispo subrayó que la santidad de los evangelizadores es indispensable para anunciar a Jesucristo y construir una Iglesia sinodal.


También destacó que la misión de la Iglesia se extiende hacia todos aquellos que están llamados a creer y participar en ella, recordando que la misión evangelizadora no es tarea exclusiva de los ministros ordenados, sino que involucra a todo el pueblo de Dios.


En esta perspectiva, invitó a fortalecer tanto la unidad al interior de la diócesis como su compromiso misionero hacia el territorio. Recordó el legado de los jesuitas, agustinos recoletos, capuchinos y otros religiosos que contribuyeron a la evangelización del Casanare, así como el testimonio de san Ezequiel Moreno, quien recorrió estos territorios llaneros con espíritu misionero.


Al referirse a la identidad de la región, monseñor Sanabria destacó la riqueza natural de la Orinoquía y la necesidad de promover una ecología integral que involucre a las comunidades, trabajadores, empresarios, arroceros, ganaderos y petroleros, poniendo en el centro la dignidad humana y, particularmente, a las personas más pobres.


“Que seamos una región acogedora, que valora su biodiversidad y la protege”, expresó.


El nuevo obispo de Yopal también tuvo presente a las comunidades que atraviesan situaciones de sufrimiento en Colombia y llamó a no olvidar a las familias afectadas por diferentes catástrofes y situaciones difíciles.


Al concluir su homilía, encomendó su ministerio y la vida de la Diócesis de Yopal a Nuestra Señora de los Dolores, pidiendo su protección para acompañar la misión evangelizadora de esta Iglesia particular.

 

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| Jue 3 Sep 2026

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica trazan nuevos caminos para la evangelización en Colombia

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de distintas jurisdicciones del país se reunieron en Bogotá para reflexionar sobre nuevos caminos de iniciación cristiana, con la Sagrada Escritura como eje de los procesos catequéticos.


Durante tres días, la Iglesia en Colombia puso en el centro de la reflexión una pregunta fundamental: ¿cómo hacer de la Palabra de Dios el alma de la catequesis y de los procesos de evangelización?


La respuesta orientó el Encuentro Nacional de Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral 2026, realizado del 25 al 27 de agosto en las instalaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del mes del catequista.


El encuentro tuvo como propósito ofrecer estrategias para fortalecer los procesos de iniciación cristiana, colocando como eje central la Palabra de Dios en la catequesis y en la Animación Bíblica de la Pastoral. También buscó profundizar en el papel de la ABP como dinamizadora de la acción evangelizadora, así como en la identidad del catequista como servidor de la Palabra.


A partir de este eje, las jornadas abordaron distintos aspectos de la relación entre la Sagrada Escritura, la catequesis y la misión evangelizadora de la Iglesia.


La Palabra como corazón de la catequesis


El primer día estuvo dedicado a profundizar en la Palabra de Dios como corazón de la catequesis y a comprender el significado de la Animación Bíblica de la Pastoral.


Estos temas estuvieron a cargo de monseñor Jaime Cabrera Arcos, obispo de Garzón, quien presentó la Biblia como alma de toda catequesis y profundizó en la importancia de una pastoral animada por la Palabra de Dios.


“La Biblia ha de ser el alma de toda catequesis”, señaló el padre Francisco Oquendo Góez, director del Departamento de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de la CEC, al explicar uno de los principales énfasis del encuentro.  


La reflexión también llevó a reconocer que la Animación Bíblica de la Pastoral no constituye una acción aislada, sino una manera de dinamizar la evangelización y la vida pastoral desde la Sagrada Escritura.


En palabras del padre Oquendo, el desafío es hacer de la Palabra “el alma, no solamente de lo que llamamos la acción pastoral, sino de todo el proceso evangelizador, el alma de la acción misionera y el alma de la acción catequético iniciática”.


Del modelo pre-sacramental a una catequesis permanente


Uno de los principales desafíos identificados durante el encuentro fue avanzar de una catequesis entendida principalmente como preparación para recibir sacramentos hacia procesos permanentes de iniciación cristiana, capaces de acompañar las distintas etapas de la vida.


Esta perspectiva estuvo presente en las reflexiones y testimonios de los participantes. El padre Iván Ortiz, de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy, reconoció que tradicionalmente la catequesis ha estado muy vinculada a la preparación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación.


“No nos desligamos ya de pensar que es una catequesis pre sacramental”, afirmó, al explicar que el encuentro permitió ampliar esta mirada y reconocer la dimensión bautismal y permanente de la catequesis.


La agenda del encuentro profundizó precisamente en esta renovación. Yolanda Valero, misionóloga y catequista, abordó el papel del catequista como servidor de la Palabra y la catequesis como experiencia de encuentro con Cristo; posteriormente, trabajó estrategias para integrar Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial.


Para el padre Oquendo, este cambio implica recuperar una catequesis que acompañe procesos de fe y que esté al servicio de la iniciación cristiana.


“La necesidad de hacer de la catequesis la etapa privilegiada de todo un proyecto de evangelización”, explicó, junto con el reto de pasar de un modelo escolar a uno inspirado en el catecumenado.


Una catequesis que salga al encuentro


La reflexión también llevó a ampliar los espacios y destinatarios de la catequesis. Para los participantes, no se trata solamente de fortalecer los contenidos o las metodologías, sino de conectar la experiencia de fe con la realidad concreta de niños, jóvenes, adultos y sus familias.


“No solamente la catequesis dentro de nuestra parroquia, nuestras instalaciones, sino ir como catequistas misioneros, eh, a las periferias, hacer una iglesia caminante, una iglesia saliente”, expresó Judith Cardozo, catequista de la Diócesis de Yopal.


En esa misma línea, el padre Pedro Nel, delegado de Animación Bíblica de la Arquidiócesis de Bogotá, destacó que la catequesis necesita recuperar su dimensión misionera y su conexión con la Palabra de Dios.


“No hay una catequesis con una dimensión misionera profunda si no está conectada con la Palabra de Dios”, afirmó.  
 

La programación incluyó, además, talleres regionales y espacios de trabajo para que las reflexiones pudieran proyectarse hacia las realidades concretas de las jurisdicciones.


Hacer catequesis desde la Biblia


El tercer día del encuentro estuvo dedicado a una pregunta concreta: ¿cómo hacer catequesis desde la Biblia?  
El tema fue desarrollado por Andrea Puentes, misionóloga, quien orientó la reflexión sobre las posibilidades de construir procesos catequéticos a partir de la Sagrada Escritura. Posteriormente, María Cecilia Henao de Brigard, catequista del Buen Pastor, presentó la experiencia de trabajo con la Biblia en la Catequesis del Buen Pastor.


El objetivo era avanzar de una aproximación meramente conceptual a experiencias que permitan que la Palabra sea verdaderamente escuchada, comprendida, celebrada y llevada a la vida.


El padre Oquendo resumió así uno de los retos planteados: “Aprender a hacer catequesis desde las narraciones mismas de la Sagrada Escritura. Aprender a convertir un texto bíblico en una verdadera catequesis que se puede adaptar para niños a los adolescentes o adultos”.


Un desafío para las Iglesias particulares


El encuentro dejó tareas para las jurisdicciones participantes: integrar la Catequesis y la Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial, fortalecer los procesos de iniciación cristiana y promover una catequesis que conduzca al encuentro personal y comunitario con Jesucristo.


Las jornadas también permitieron proyectar acciones posteriores, entre ellas los encuentros regionales, el desarrollo de iniciativas como “Cada católico con su Biblia” e Instituto de Biblia, el espacio de formación digital “Ecos de la Palabra” que se desarrolla en este mes de septiembre a través de las redes sociales de la CEC y la preparación de materiales para la formación de catequistas ministros.

 

Vea a continuación el video resumen con los principales detalles del encuentro: 

 

 

| Vie 21 Ago 2026

Obispos confían al padre Diego Meza Gavilanes el liderazgo de la Pastoral Social en Colombia

El sacerdote, designado por los obispos colombianos durante la Asamblea Plenaria de julio, asume esta responsabilidad en medio de la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto. Una de sus primeras misiones será fortalecer y articular la respuesta de la Iglesia en los territorios afectados, en el marco de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”.

 

El padre Diego Meza Gavilanes asumió la dirección del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, luego de ser designado para esta responsabilidad por los obispos del país durante la CXXI Asamblea Plenaria del episcopado colombiano, realizada en julio.

 

Su llegada a la Pastoral Social nacional ocurre en un momento especialmente desafiante para Colombia. Apenas iniciada esta nueva responsabilidad, el sacerdote se ha incorporado al trabajo que adelanta el Sistema Nacional de Emergencias de Cáritas Colombiana para acompañar a las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y fortalecer, desde el ámbito nacional, la respuesta de la Iglesia a esta emergencia.

 

En este contexto, el padre Diego también asume el liderazgo de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”, impulsada por la Conferencia Episcopal de Colombia para articular esfuerzos y llevar solidaridad, acompañamiento y apoyo a las comunidades afectadas, especialmente a aquellas que se encuentran en zonas rurales, dispersas o con mayores dificultades para acceder a la ayuda.

 

Una experiencia construida desde los territorios

 

Oriundo del municipio de Ospina, Nariño, y sacerdote de la Diócesis de Ipiales, el padre Diego Meza llega a esta responsabilidad con una trayectoria estrechamente vinculada al trabajo pastoral y social en los territorios.

 

Desde julio de 2024 se desempeñaba como director de la Pastoral Social de la Diócesis de Ipiales, en la frontera colombo-ecuatoriana, donde acompañó procesos relacionados con paz y reconciliación, memoria histórica, participación política juvenil, agroecología, movilidad humana, género y desarrollo rural, en articulación con organizaciones de cooperación internacional.

 

Su experiencia también incluye la docencia y la investigación social. Es doctor en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y cuenta con un máster en Metodología y Técnicas Avanzadas de Investigación Social de la Universidad Sapienza de Roma. Ha sido profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas (CEILAT) de la Universidad de Nariño.

 

Entre sus publicaciones se encuentra el libro Trayectorias cruzadas. Catolicismos y Política en la América Latina Contemporánea, publicado por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana, del cual es coeditor.

 

Una Iglesia que ya está en los territorios

 

Al asumir la dirección del Secretariado, el padre Diego destaca una de las principales fortalezas con las que cuenta la Pastoral Social de la Iglesia para responder a situaciones de emergencia: su presencia permanente en las comunidades.

 

“Una de las grandes fortalezas de la Iglesia es que no llegamos al territorio después de una emergencia. Ya estábamos allí antes de que esta ocurriera y permaneceremos después de ella”.

 

Esta presencia, explica, se sostiene a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que acompañan de manera cotidiana a las comunidades.

 

“La Iglesia tiene una presencia capilar a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios. Esta presencia resulta especialmente importante en las zonas más olvidadas y periféricas”.

 

Desde esta perspectiva, la respuesta ante el terremoto no parte de cero. La estructura territorial de la Iglesia permite identificar necesidades, acompañar a las comunidades y mantener el vínculo con ellas más allá de la atención inmediata de la emergencia.

 

Escuchar para llegar a quienes pueden estar quedando por fuera

 

Uno de los primeros desafíos que asume el nuevo director es fortalecer la capacidad de la Pastoral Social para identificar las necesidades que no siempre aparecen en los grandes consolidados de una emergencia.

 

Para ello, se contempla el despliegue de equipos técnicos en los territorios afectados, con especial atención a comunidades rurales dispersas, zonas urbanas, pueblos indígenas y afrocolombianos y familias que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

 

“En una emergencia quien más visibilidad tiene no necesariamente es quien más necesita la ayuda. Queremos que nuestras decisiones se basen en las necesidades reales de los territorios”, señala el padre Diego.

 

En ese propósito, plantea una pregunta que orientará su trabajo al frente del Secretariado:

 


“¿Quién está quedando por fuera de la respuesta?”

 

La apuesta es que la atención de la emergencia pueda llegar no solo a los lugares más visibles o de más fácil acceso, sino también a aquellas comunidades que, por sus condiciones geográficas, sociales o económicas, pueden quedar rezagadas de los mecanismos de asistencia.

 

Más allá de la emergencia: acompañar la recuperación

 

Para el padre Diego Meza, la misión de la Pastoral Social no termina con la entrega de ayudas humanitarias. El acompañamiento debe proyectarse hacia la recuperación de las comunidades y la reconstrucción de sus proyectos de vida.

 

Por eso, uno de los retos que plantea esta nueva etapa es contribuir a una recuperación que permita superar las condiciones de vulnerabilidad que ya existían antes del terremoto.


“Nuestro reto no es solamente aportar a la reconstrucción de las viviendas destruidas, es evitar reconstruir las mismas vulnerabilidades que existían antes del terremoto. La reconstrucción será verdaderamente humana cuando una familia pueda recuperar no solamente su techo, sino también las condiciones para reconstruir su proyecto de vida”.


Este enfoque se suma a los principales desafíos que seguirá acompañando el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana: la atención a las víctimas del conflicto armado, los procesos de paz y reconciliación, las dinámicas de movilidad humana y migración, el desarrollo rural y el cuidado de la casa común, entre otras realidades que afectan especialmente a las comunidades más vulnerables.

 

Con la llegada del padre Diego Meza, la Pastoral Social de la Iglesia en Colombia inicia una nueva etapa de servicio nacional, marcada por la experiencia territorial, la escucha de las comunidades y el compromiso de acompañarlas antes, durante y después de las situaciones de emergencia.

 

En medio de la actual emergencia, este trabajo se articula con el llamado de la Conferencia Episcopal de Colombia a estar “con Colombia, hasta el último rincón”, fortaleciendo la solidaridad y la presencia de la Iglesia allí donde más se necesita.


 

| Jue 13 Ago 2026

Servicio Nacional de Emergencias de Cáritas articula la respuesta de la Iglesia en Colombia ante el terremoto

El Servicio Nacional de Emergencias del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana articula la respuesta de la Iglesia en los territorios afectados, con especial atención a las comunidades rurales y de difícil acceso. Alimentación, agua, alojamiento temporal, salud y recuperación de medios de vida hacen parte de las necesidades identificadas.


El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto continúa dejando una emergencia humanitaria cuya dimensión todavía está en proceso de consolidación. El balance preliminar entregado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) este 13 de agosto confirmó que el número de fallecidos llegó a 273 personas. Además, 3.824 heridos, 40.753 familias afectadas y 377 personas desaparecidas; mientras continúan las labores de búsqueda y rescate en las zonas más golpeadas. Según el reporte situacional, 357 municipios de 13 departamentos y más de 1.100 viviendas están destruidas. Las dificultades de conectividad y acceso mantienen vacíos de información, especialmente en comunidades rurales y dispersas del Chocó.


En este escenario, la Iglesia Católica colombiana ha activado, además de su presencia pastoral y de acompañamiento espiritual, su Servicio Nacional de Emergencias (SNE), una estructura del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana destinada a articular la respuesta humanitaria de la red Cáritas en el país.

 


“Para Cáritas, una de las principales preocupaciones es precisamente llegar a las comunidades que pueden estar quedando menos visibles dentro de la emergencia”, explica Luisa López, especialista Nacional de Emergencias de Cáritas Colombiana.


Una red que conecta las necesidades con la ayuda


La respuesta se está articulando con las Pastorales Sociales de las jurisdicciones eclesiásticas afectadas, entre ellas Pereira, Istmina-Tadó, Quibdó, Manizales, Cartago, Cali, Palmira, Armenia, Ibagué, Buenaventura, Buga y Jericó, para identificar necesidades y priorizar a las comunidades con mayores dificultades de acceso.


El más rienciente reporte del SNE señala como territorios prioritarios al Chocó, por la cercanía al epicentro, la dispersión de sus comunidades y las dificultades de comunicación y acceso; Risaralda, particularmente Pereira y Dosquebradas, por la afectación humana; y sectores del Valle del Cauca, especialmente Cali y Buenaventura, por la afectación de la infraestructura hospitalaria.


El sistema articula también el trabajo con Bancos de Alimentos, otras jurisdicciones de la Iglesia y actores humanitarios, buscando que los recursos lleguen a los lugares donde realmente se necesitan y evitando duplicar esfuerzos.


En términos operativos, el SNE recibe, orienta y canaliza los recursos y capacidades disponibles, mientras las jurisdicciones eclesiásticas y Cáritas diocesanas ejecutan la respuesta directamente en los territorios y acompañan a las comunidades afectadas.


Atender lo urgente, sin perder de vista la recuperación


La primera evaluación realizada por la red Cáritas Colombiana en medio de esta emergencia identifica cinco grandes áreas de necesidad: alimentación y agua segura; elementos de higiene y cuidado personal; alojamiento temporal y protección para las familias que no pueden regresar a sus viviendas; atención en salud y acompañamiento emocional y psicosocial; y recuperación de medios de vida.


El reporte nacional también identifica como prioridades la búsqueda y rescate, los kits de albergue, agua, saneamiento e higiene, salud física y mental, educación en emergencias y protección de niños, niñas y adolescentes.


La respuesta, sin embargo, no se limita a los primeros días. Muchas familias han perdido herramientas de trabajo, pequeños negocios y otras fuentes de ingreso, por lo que la recuperación de los medios de vida será parte de las necesidades que deberán atenderse a medida que avance la emergencia.


“La evaluación continúa. A medida que nuestros equipos puedan ingresar a las comunidades más aisladas, seguramente tendremos una identificación más precisa de las necesidades y podremos ajustar la respuesta humanitaria”, señala López.


Esta labor resulta especialmente relevante en el Chocó, donde continúan las dificultades de conectividad y acceso a algunas comunidades. El reporte registra afectaciones importantes y señala que la información sobre personas damnificadas, viviendas averiadas, albergues y necesidades sectoriales por municipio todavía presenta vacíos.


La solidaridad también necesita organización


En el marco de la campaña “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana han invitado a personas, parroquias, comunidades, empresas y organizaciones a sumarse a la respuesta.


Tanto los recursos recaudados por la campaña, como los de la ayuda de anunciada por el Papa León XIV a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad – Limosnería Apostólica, se incorporarán a una misma respuesta coordinada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana junto con las jurisdicciones eclesiásticas y pastorales sociales diocesanas, quienes conocen de primera mano las necesidades de sus territorios.


El modelo contempla tanto la movilización de recursos económicos como la canalización de ayudas en especie. En el caso de las donaciones en especie, estas pueden ser recibidas por las jurisdicciones afectadas, direccionadas a los Bancos de Alimentos más cercanos o, para zonas de mayor dificultad de acceso, canalizadas a través del SNPS-Cáritas Colombiana.


“Detrás de cada vivienda afectada hay una familia, detrás de cada comunidad hay historias de vida y detrás de esta emergencia hay personas que necesitan saber que no están solas”, recuerda Lina López.


La respuesta de la Iglesia busca precisamente que esa certeza pueda llegar también a los lugares más apartados: acompañar a las comunidades, identificar sus necesidades, articular la solidaridad y hacer llegar la ayuda hasta donde más se necesita.

 

Canales de donación:
 

Banco de Bogotá 
Cuenta de ahorros 081789224
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana 
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092651552

 

Bancolombia 
Cuenta de ahorros 82900024657
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana 
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092879108

 

Vea a continuación el llamado de la Especialista de Emergencias:

 
 

| Mié 12 Ago 2026

“Con Colombia, hasta el último rincón”: Iglesia activa campaña solidaria para apoyar a las comunidades afectadas por el terremoto

La Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana convocan a las jurisdicciones eclesiásticas, parroquias, comunidades de fe y agentes pastorales a acompañar a las comunidades afectadas, articular la ayuda y movilizar la solidaridad ante la emergencia que vive el país. La iniciativa incluye una campaña nacional de recaudo y una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto.


Ante las afectaciones provocadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, la Iglesia católica en Colombia articula una respuesta nacional para acompañar a las personas y comunidades afectadas y poner sus capacidades al servicio de quienes enfrentan las consecuencias de la emergencia.


Bajo el lema “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana hacen extensiva esta iniciativa que busca hacer visible la solidaridad y la caridad cristiana, acompañar a quienes sufren, articular la ayuda y sostener juntos la esperanza, especialmente en las comunidades que enfrentan mayores afectaciones.


La cercanía del Papa y el llamado de la Iglesia en Colombia


En un mensaje dirigido al pueblo colombiano con motivo de esta emergencia, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, agradeció y transmitió la cercanía y oración del papa León XIV en sus recientes mensajes desde el Vaticano. Destacó, igualmente, los mensajes de solidaridad recibidos de diferentes Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa, así como de organizaciones nacionales e internacionales que han expresado su solidaridad con Colombia.

 

La convocatoria de la Iglesia

 

Frente a esta realidad, el llamado del Presidente del Episcopado Colombiano para todos los fieles en Colombia es a traducir la caridad cristiana en acciones concretas: acompañar, servir y poner las capacidades de las comunidades e instituciones eclesiales al servicio de quienes más lo necesitan.


“Hoy necesitamos estar cerca, cerca de las familias que sufren, cerca de quienes tienen miedo y viven la incertidumbre, cerca de quienes buscan a sus seres queridos, cerca de quienes trabajan incansablemente por salvar vidas”, señaló monseñor Múnera.



Las comunidades, en el centro de la respuesta


La campaña “Con Colombia, hasta el último rincón” buscará que las voces de las personas afectadas y de quienes las acompañan desde los territorios tengan un lugar central. Sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, voluntarios y comunidades podrán compartir sus testimonios, las necesidades que enfrentan y las acciones que se desarrollan en cada lugar.


Esta dinámica permitirá visibilizar la respuesta de la Iglesia desde los territorios y favorecer la articulación entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas y otros actores que participan en la atención de la emergencia. Entre ellos, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO). 

 

Campaña de recaudo para las comunidades afectadas


Como parte de esta respuesta, el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana habilitó distintos canales de recaudo de fondos que serán destinados a apoyar las acciones de atención a las personas y familias afectadas a través del Servicio Nacional de Emergencias, de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.


Los aportes pueden realizarse a través de los siguientes canales: 
 

Banco de Bogotá 
Cuenta de ahorros 081789224
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana 
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092651552 

 

Bancolombia 
Cuenta de ahorros 82900024657
Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana 
NIT: 860.039.273-3
Bre-B: 0092879108


También es posible realizar donaciones en línea a través de la página web de Cáritas Colombiana.


Jornada Nacional de Oración: domingo 16 de agosto

Como parte de la respuesta de la Iglesia, la Conferencia Episcopal de Colombia convoca también a una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto en todas las parroquias y comunidades de fe del país.


La invitación es a orar por quienes han perdido la vida, por sus familias, por los heridos y damnificados, por quienes continúan buscando a sus seres queridos y por quienes trabajan sin descanso en esta emergencia.


La jornada también será una oportunidad para encomendar a Dios a los organismos de socorro, al personal de salud, a los voluntarios y a todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate, asistencia y acompañamiento.


Para facilitar la preparación de las celebraciones, la Conferencia Episcopal de Colombia pone a disposición un subsidio de oración y las orientaciones litúrgicas elaboradas para esta jornada.


El material propone que las comunidades se reúnan en oración como una sola familia y que la celebración sea un espacio de consuelo, solidaridad y esperanza en medio de la emergencia.


La Jornada Nacional de Oración recoge también el llamado del papa León XIV, quien, al expresar su cercanía con el pueblo colombiano, pidió al Señor que conceda a los afectados “los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana”.


Afectaciones en templos y espacios de la Iglesia


El terremoto también ocasionó daños en templos, casas curales, conventos, capillas y otras edificaciones eclesiales. Además de su dimensión religiosa y patrimonial, estos lugares son espacios donde se desarrolla la vida cotidiana de numerosas comunidades. 
Entre los daños reportados se encuentran los de la Catedral de Manizales, cuya torre sufrió un derrumbe parcial y quedó inclinada sobre la fachada, y la destrucción del templo del barrio El Carmen.


En la Diócesis de Pereira se registraron graves daños en la parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia San José, el desplome del templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, y afectaciones en la torre del templo parroquial de La Virginia.


La Basílica del Señor de los Milagros de Buga presenta grietas en su cúpula central y caída de material, mientras que en la Basílica Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago colapsó el techo de la nave central.


En la Arquidiócesis de Popayán se reportaron daños en el templo de Santo Domingo y en templos parroquiales de El Tambo, Morales, Totoró y Caldono. En la Arquidiócesis de Cali, el Convento de La Merced sufrió el desplome de la cubierta del presbiterio y grietas en sus paredes.


La Arquidiócesis de Ibagué informó daños estructurales en templos de Anzoátegui y del corregimiento de Balboa, además de afectaciones en la casa cural de la parroquia de Roncesvalles.


Por su parte, la Diócesis de Jericó adelanta evaluaciones en varias edificaciones, entre ellas la Casa de Encuentros Lisieux, la Basílica Menor de Jardín, parroquias y capillas de Caramanta, Andes, Hispania y Tapartó, la Casa Cural de San José y el Seminario San Juan Eudes.


En la Diócesis de Quibdó, ubicada en una de las zonas más afectadas por el sismo, se han informado daños estructurales en la casa episcopal y en algunos templos parroquiales. El balance continúa en consolidación debido a las dificultades de comunicación que persisten en algunas comunidades.

 

También se han reportado afectaciones en templos y casas curales de las diócesis de Girardota, Cartago y La Dorada-Guaduas, así como en el Santuario de San José, en Venecia, Antioquia.


Este es un balance preliminar, las jurisdicciones continúan realizando verificaciones y evaluaciones técnicas para determinar la magnitud de los daños y las medidas de seguridad y recuperación necesarias. Se calcula que pueden superar los 50 templos. 

 

El compromiso de la Iglesia con el país


“Colombia nos necesita unidos. Acompañemos, sirvamos y oremos”, expresó monseñor Francisco Múnera, al convocar a la Iglesia y al país a responder juntos ante esta emergencia.

 

Por esto, la Iglesia Católica en Colombia continuará articulando sus capacidades y acompañando a las comunidades afectadas a través de las jurisdicciones eclesiásticas, la pastoral social, las parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que participan en esta respuesta nacional.

 

Vea el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia a continuación: