Escuchar para salvar vidas: la respuesta pastoral de la Arquidiócesis de Ibagué ante crisis de salud mental
Lun 19 Ene 2026
Frente a la persistente crisis de salud mental en Colombia —con 28.290 intentos de suicidio registrados solo entre enero y septiembre de 2025, según el Instituto Nacional de Salud—, la Arquidiócesis de Ibagué ha presentado una respuesta sólida y anticipada. Desde 2020, el programa “Salvando Vidas”, liderado por monseñor Orlando Roa Barbosa, se ha consolidado como un modelo pionero de acompañamiento integral para personas con ansiedad, depresión e ideación suicida. Ha ofrecido escucha, refugio y una ruta de esperanza a más de cinco mil personas al integrar la acción pastoral, la atención psicosocial y el apoyo comunitario.El nacimiento de “Salvando Vidas”El programa “Salvando Vidas” fue creado en octubre de 2020, en plena pandemia, como una apuesta pastoral para ofrecer un espacio permanente de escucha y acompañamiento a personas mayores de 15 años que atraviesan crisis emocionales, psicológicas y espirituales profundas. Desde entonces, el centro ha atendido a más de cinco mil beneficiarios de distintos contextos socio-económicos.Su gestación estuvo marcada por la preocupación personal y pastoral del arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa Barbosa, desde que el Papa Francisco le encomendó la misión de pastorear esta porción de Iglesia en el departamento del Tolima. Realidades como las altas tasas de suicidio en la ciudad, particularmente en lugares como el Puente de la Variante, popularmente como “el puente de la muerte”, fueron claves para trazar esta prioridad.En ese proceso, el Arzobispo encontró una aliada clave en María Andrea Vargas, empresaria y coach, con quien estructuró y puso en marcha el programa y quien hoy lo dirige.En palabras de monseñor Roa Barbosa:“El tema que más me tocó fue el de la salud mental. Aquí en Ibagué tenemos un puente donde muchas personas han sacrificado su vida. Fue entonces cuando conocí a María Andrea Vargas, una empresaria y coach con una sensibilidad especial por este tema. Juntos empezamos a soñar y a construir ‘Salvando Vidas’, y hoy ella lo lidera con compromiso y profesionalismo.”Esta alianza entre la Arquidiócesis y una líder laica permitió que el programa naciera con una mirada interdisciplinaria: profundamente pastoral, pero también estructurada y orientada a resultados verificables en términos de acompañamiento y prevención.La visión del ArzobispoMonseñor Orlando Roa ha subrayado que la motivación última del programa no son las cifras, sino la dignidad de cada persona:“Con una vida que se haya salvado, se justifica toda la inversión que hayamos hecho.”Esta convicción sitúa a “Salvando Vidas” como una expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso de la Iglesia con la protección de la vida.¿Cómo funciona el programa?“Salvando Vidas” opera desde un centro de escucha ubicado en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá de Ibagué, donde las personas encuentran un espacio de atención personalizada, confidencial y respetuosa. El acompañamiento es pastoral y humano, basado en la escucha activa y el discernimiento de las necesidades de cada caso.Cuando durante el proceso de escucha se identifica que la persona requiere apoyo psicológico especializado, el equipo remite al usuario a la Fundación para la Salud de la Arquidiócesis de Ibagué, donde cuenta con el acompañamiento de psicólogos profesionales. Esta articulación permite ofrecer una atención integral que combina las dimensiones espiritual, emocional y clínica, adaptada a la complejidad de cada situación.Este modelo ha fortalecido la credibilidad del programa tanto dentro de la Iglesia como ante instituciones civiles y sociales de la región.Junto a los momentos de escucha, “Salvando Vidas” también dedica tiempo al fortalecimiento de la espiritualidad. Jornadas de oración, adoración y alabanza con la “Banda Salvando Vidas” buscan cultivar también la fe y la esperanza de beneficiarios y voluntarios.La Escuela “Salvando Vidas”: formar para acompañarComo parte de su estrategia de sostenibilidad y expansión, se creó la Escuela “Salvando Vidas”, un espacio de formación dirigido a agentes pastorales, laicos, religiosos y profesionales interesados en el cuidado de la salud mental desde una perspectiva humana y cristiana.La escuela ofrece módulos sobre escucha activa, acompañamiento en crisis, prevención del suicidio, discernimiento pastoral y autocuidado de quienes acompañan. Su objetivo no es solo atender casos, sino multiplicar capacidades en parroquias y comunidades para que la cultura del cuidado y la escucha se extienda más allá del centro de escucha.Muchos de los actuales voluntarios y acompañantes se han formado en este programa, lo que ha permitido garantizar criterios comunes, calidad en la atención y una mirada integral que une fe, humanidad y responsabilidad social.Café “Salvando Vidas”: un grano, una vidaEl café “Salvando Vidas” nació como una estrategia de sostenibilidad del programa ante el crecimiento de la demanda de atención. El impacto que ha tenido el centro de escucha y los demás programas de la iniciativa, ha implicado mayores compromisos y la necesidad de contar con recursos estables para ampliar cobertura e incluso proyectar instalaciones propias más amplias.En este contexto, y aprovechando que el Tolima es una zona productora de café de alta calidad, el programa impulsó un café de especialidad producido en una finca del municipio de Prado.Jacqueline Sierra Hernández, quien fue beneficiaria del programa y hoy hace parte del equipo de promoción, divulgación y venta del café, explica que más allá de la venta, el café se ha convertido en una herramienta para vincular a empresas y personas al propósito de “Salvando Vidas”.Sobre su proyección, Jacqueline añade:“Dentro de las estrategias para este 2026 queremos tener embajadores de la marca Salvando Vidas, no solo en Colombia sino en el mundo. Que la gente sepa que es un café con propósito: que además de vivir una experiencia sensorial con una deliciosa taza de café, su apoyo permite que otra persona reciba orientación y acompañamiento espiritual y emocional.”El valor de la escucha: testimonios desde adentro y mirada episcopalEl padre José Burgos, párroco de Nuestra Señora de Chiquinquirá, quien ha acompañado el proceso desde sus inicios, destaca el rasgo distintivo del programa:“La gente llega con caras tristes, decepcionados de la vida. Y aquí encuentran algo muy escaso hoy: tiempo. Alguien que los escucha, que no mira una pantalla, y que los va llevando a una experiencia con Dios y con la comunidad”.Esta insistencia en la escucha no es solo una intuición local. El propio arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa, ha señalado que la salud mental ha sido un tema abordado de manera reiterada entre los obispos colombianos, conscientes de que la Iglesia debe responder con mayor cercanía y acompañamiento a este desafío contemporáneo. Según el prelado, en asambleas se ha reflexionado sobre la necesidad de fortalecer espacios de escucha, prevenir el sufrimiento psíquico y articular mejor la acción pastoral con apoyos profesionales y comunitarios.Por su parte, el padre José Gregorio Sánchez comparte su experiencia personal, en la que recuerda que los presbíteros también necesitan ser escuchados y acompañados:“Siempre he dicho que soy hijo de ‘Salvando Vidas’. Llegué en un momento difícil al programa y encontré escucha, oración y acompañamiento…Esta es una obra que nos recuerda que cada persona tiene nombre, historia y que su vida es sagrada.”Relevancia social y eclesialMás que una iniciativa local, “Salvando Vidas” representa una forma concreta en que la Iglesia colombiana asume su responsabilidad pastoral y social frente a uno de los desafíos más complejos de nuestro tiempo. En una sociedad marcada por el aislamiento y la fragilidad emocional, este programa muestra que la escucha, el acompañamiento y la cercanía pueden salvar vidas y reconstruir esperanzaCon el inicio de 2026, la experiencia de Ibagué se presenta como un referente y un llamado para que otras jurisdicciones e instituciones fortalezcan acciones de cuidado integral de la salud mental y protección de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual:
Obispo de Arauca rechaza estigmatizaciones y llama a un uso responsable de la palabra en el debate público
Mar 13 Ene 2026
El obispo de la Diócesis de Arauca, monseñor Jaime Cristóbal Abril González, expresó su profunda preocupación y rechazo frente a recientes afirmaciones de un precandidato a la Presidencia de la República difundidas en redes sociales, en las que se generaliza de manera ofensiva a la población del departamento de Arauca y, de forma particular, a los sacerdotes que ejercen su ministerio pastoral en esta región, asociándolos con un grupo armado ilegal.En un mensaje pastoral dirigido el 11 de enero a la comunidad araucana y a la opinión pública, el Obispo calificó este tipo de señalamientos como “injustos, irrespetuosos, profundamente ofensivos y alejados de la verdad”, al considerar que estigmatizan a toda una población que, por el contrario, ha sido víctima histórica del conflicto armado y no responsable de la violencia que padece.Monseñor Abril subrayó que la compleja y dolorosa realidad del pueblo araucano exige solidaridad, comprensión y acciones efectivas de apoyo, y no afirmaciones que, además de herir la dignidad de las personas, pueden incrementar los riesgos contra su vida e integridad. En este sentido, advirtió que la estigmatización no aporta soluciones y puede profundizar la polarización y la violencia en un territorio ya marcado por el sufrimiento.El obispo recordó, además, que la Iglesia en Arauca ha sido también víctima directa del conflicto armado, mencionando el martirio del beato Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, el asesinato de sacerdotes y laicos comprometidos, así como el desplazamiento forzado de agentes pastorales por amenazas. Estos hechos, señaló, han llevado incluso al Estado colombiano a reconocer al clero de la Diócesis de Arauca como víctima del conflicto.En su mensaje, monseñor Jaime Cristóbal expresó su cercanía y solidaridad con todos los sectores de la sociedad araucana que se han visto afectados por estas afirmaciones, y dirigió un reconocimiento especial a los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral que continúan sirviendo “con entrega y valentía” en medio de contextos de violencia e inseguridad, animándolos a perseverar en su misión evangelizadora y de servicio al pueblo.Como Iglesia particular, reafirmó el compromiso pastoral con la paz, la reconciliación, la defensa de la vida y la dignidad humana, promoviendo el diálogo y rechazando toda forma de violencia, desde una postura evangélica y de imparcialidad frente a los actores políticos y sociales.Finalmente, el Obispo de Arauca hizo un llamado, especialmente a quienes participan en el ámbito político, a ejercer el uso de la palabra con responsabilidad ética, respeto y apego a la verdad, evitando discursos que fomenten el odio, la estigmatización, la polarización o la violencia. Encomendó este propósito a la oración constante por la paz, recordando la bienaventuranza de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).
Monseñor Jesús Alberto Torres toma posesión en medio de un urgente clamor por la paz en el Guaviare
Lun 19 Ene 2026
En una solemne Eucaristía celebrada en la parroquia Catedral de San José del Guaviare, monseñor Jesús Alberto Torres Ariza tomó posesión canónica como nuevo obispo de esta Iglesia particular amazónica, que por más de un año había estado en sede vacante.El inicio del ministerio episcopal de monseñor Torres se da en paralelo a un grave hecho de orden público. El mismo día de su posesión, junto con monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, Delegado para las Relaciones Iglesia-Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, emitieron un comunicado expresando "profunda consternación" por los enfrentamientos en el municipio de El Retorno que dejaron 26 combatientes muertos y generan alto riesgo para la población civil.La liturgia de posesión estuvo presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli. Como signo de comunión episcopal, monseñor Torres Ariza estuvo acompañado por cinco obispos de jurisdicciones vecinas: monseñor Álvaro Mon Pérez, C.Ss.R., vicario apostólico de Puerto Carreño; monseñor Jorge Enrique Malpica Bejarano, obispo de Granada; monseñor Raúl Alfonso Carrillo Martínez, vicario apostólico de Puerto Gaitán; monseñor Joselito Carreño Quiñones, M.X.Y., vicario apostólico de Inírida; y monseñor Óscar José Vélez Isaza, obispo de Valledupar, diócesis de origen del nuevo prelado. Esta presencia subrayó la dimensión de comunión y corresponsabilidad en la misión evangelizadora en la Orinoquía y la Amazonía colombianas.Un obispo misionero para una diócesis amazónicaEn su homilía, monseñor Torres Ariza asumió su ministerio con un claro acento misionero y pastoral. Recordó que su nombramiento es respuesta a una llamada de Cristo y del Santo Padre, comprometiéndose a “una entrega total y generosa” a la Iglesia: “En la persona del Santo Padre reconozco la llamada que me hace el Señor Jesús para una entrega total y generosa de mi persona”.Presentándose como hijo de La Guajira, evocó sus raíces culturales y eclesiales para resaltar que llega al Guaviare con espíritu de servicio y cercanía: “Vengo como misionero porque el Señor Jesús me envió sobre su heredad, para elegir al pueblo del Señor y librarlo de las manos de los enemigos que lo rodean”. Reconoció la riqueza multicultural del territorio, destacando la convivencia entre pueblos indígenas y comunidades provenientes de distintas regiones del país.El nuevo obispo delineó su comprensión del ministerio episcopal como una triple misión: padre, pastor y maestro. Subrayó que quiere ejercer una paternidad cercana y misericordiosa: “Estoy llamado a ser padre para todo el pueblo santo de Dios que peregrina en estas tierras…Un padre para que todos sus hijos se puedan acercar confiadamente con sus gozos y esperanzas, sus alegrías y tristezas”.Como pastor, se comprometió a caminar al frente de su pueblo, siguiendo el modelo de Cristo Buen Pastor, con especial solicitud por los pobres, los vulnerables y quienes viven en situación de periferia. Y como maestro, afirmó que su tarea será anunciar con valentía a Jesucristo vivo, haciendo de la Palabra de Dios norma de vida para la comunidad.Inspirado en el documento Querida Amazonía del Papa Francisco, monseñor Torres compartió “sueños pastorales” para la diócesis: una Iglesia comprometida con los pobres, respetuosa de la riqueza cultural y ambiental de la Amazonía, promotora de vocaciones, familias cristianas abiertas a la vida y comunidades parroquiales dinámicas y misioneras al servicio de la sociedad.El llamado del Pastor en un territorio bajo presiónEste mensaje de esperanza contrasta con la cruda realidad que vive el territorio. El mismo día de su posesión, monseñor Torres Ariza y monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal para las Relaciones Iglesia–Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, emitieron un comunicado ante la grave situación de orden público registrada en la zona rural del municipio de El Retorno (Guaviare), donde recientes entre presentados entre disidencias de las Farc dejaron 26 personas muertas y sembraron nuevamente el temor entre la población civil.En el texto, la Diócesis de San José del Guaviare y la Delegación para las Relaciones Iglesia–Estado expresaron su “profunda consternación” por los hechos y se unieron al llamado del Papa León XIV por “una paz desarmada y desarmante”.El comunicado advirtió que estas confrontaciones “no causan sino mayor sufrimiento de la población, alta victimización, confinamiento y desplazamiento de comunidades indígenas y campesinas, así como la pérdida de la vida de combatientes y no combatientes”, y generan un clima de miedo que impide la convivencia pacífica.La Iglesia hizo un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y la vida de la población civil, e invitó al diálogo y la concertación como caminos para la reconciliación. Asimismo, expresó su cercanía espiritual: “Nos unimos en oración por las personas y comunidades del Guaviare, para que alcancen la protección que necesitan y se desarmen los corazones de los violentos”.Según las autoridades, los combates responden a una disputa por corredores estratégicos para movilidad y economías ilegales en el Guaviare. La Defensoría del Pueblo ha mantenido desde junio de 2025 una alerta por el riesgo para las comunidades, advirtiendo que la confrontación ha elevado a nivel crítico los riesgos en municipios como El Retorno y Calamar.Vea a continuación la transmisión de la ceremonia de posesión:
Papa León XIV designa a monseñor Luis Manuel Alí Herrera como Vicario en Santa María la Mayor
Jue 15 Ene 2026
El Papa León XIV nombró a monseñor Luis Manuel Alí Herrera, obispo colombiano y actual Secretario de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, como Vicario del Arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de Roma y uno de los santuarios marianos más importantes de la Iglesia Católica.El nombramiento se realizó este jueves 15 de enero, conforme al artículo 4 §1 del Estatuto vigente del Capitolo Liberiano, organismo que rige la vida litúrgica, pastoral y espiritual de la basílica. En su nueva función, monseñor Alí Herrera colaborará estrechamente con el cardenal Rolandas Makrickas, Arcipreste de Santa María la Mayor desde julio de 2025, en la coordinación de la actividad de los canónigos y en la atención pastoral de la comunidad vinculada al templo. Asimismo, podrá actuar en representación del Arcipreste en caso de ausencia o impedimento.Continuidad en la protección de menoresLa Santa Sede confirmó que, de manera simultánea, monseñor Alí Herrera continuará desempeñándose como Secretario de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, cargo que ocupa desde marzo de 2024. Este organismo, creado por el Papa Francisco, tiene como misión asesorar al Santo Padre y promover en toda la Iglesia políticas y buenas prácticas para la prevención y atención de abusos contra menores y personas vulnerables.Relevancia de Santa María la MayorLa Basílica Papal de Santa María la Mayor es el santuario mariano más antiguo de Occidente. Fundada en el siglo IV, conserva elementos de su arquitectura paleocristiana y alberga importantes tesoros de la tradición cristiana, entre ellos la venerada imagen de la Salus Populi Romani, ante la cual los Papas suelen orar antes y después de sus viajes apostólicos.Por su carácter extraterritorial y su peso histórico y espiritual, la basílica ocupa un lugar central tanto en la liturgia universal como en la vida eclesial y diplomática de la Santa Sede.Un lugar de especial significado también para el Papa FranciscoAdemás de su relevancia histórica y espiritual, Santa María la Mayor ha adquirido en los últimos años un significado particular en el pontificado del Papa Francisco. El Santo Padre dispuso que, tras su muerte, fuera sepultado en esta basílica y no en las Grutas Vaticanas, como ha sido la costumbre de los pontífices durante más de un siglo. Su tumba se encuentra en la Capilla Paulina de Santa María la Mayor y se caracteriza por su sencillez: una lápida sobria con su nombre papal en latín, “Franciscus”.¿Quién es monseñor Luis Manuel Alí Herrera?Monseñor Luis Manuel Alí Herrera nació en Barranquilla el 2 de mayo de 1967. Es licenciado en Teología y Psicología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y fue ordenado sacerdote en 1992. En 2015 fue nombrado Obispo Auxiliar de Bogotá por el Papa Francisco.Entre 2021 y 2024 se desempeñó como Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia. Desde 2015 ha estado vinculado a la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, primero como miembro y, desde 2024, como su Secretario. En agosto de 2025 fue designado también miembro del Dicasterio para el Clero.Significado del nombramiento para Colombia y la Iglesia universalLa nueva misión encomendada a monseñor Alí Herrera como Vicario del Arcipreste de Santa María la Mayor constituye un reconocimiento a su trayectoria pastoral y a su compromiso con la vida eclesial. Además, refuerza la presencia de un pastor colombiano en una de las sedes más simbólicas de la Iglesia universal, vinculando la tradición milenaria de la basílica con los desafíos pastorales contemporáneos.
Reparando fracturas, Vida Pastoral 2026
Mié 14 Ene 2026
Por Mons. Hugo Alberto Torres Marín – Clausurado Año Jubilar de la Esperanza, tiempo de gracia y bendición, como peregrinos de esperanza, nos sabemos enviados a mantener vivos los logros alcanzados: Conversión y reconciliación, compromiso con un futuro diferente, fe activa y oración perseverante, conciencia de no estar solos, reparación de las fracturas del mundo.
En este año 2026 las fuerzas vivas de la acción pastoral de la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, comprometidos con el futuro del Occidente de Antioquia y las Diócesis sufragáneas, en aras a seguir reparando las fracturas que experimenta el territorio, quiere seguir estableciendo vínculos con personas, instituciones, entidades nacionales e internacionales, privadas y públicas, además de fortalecer los procesos internos entre las entidades arquidiocesanas y con las Diócesis de las provincias Antioquia-Chocó.
La meta que ilumina todo el que hacer pastoral de este año tiene que ver con la generación de “experiencias de encuentro con Cristo en la Familia, comunidad transmisora de la vida y de la fe y en el ministerio del Presbítero como promotor y animador de la comunión” y principal responsable de reparar tantas fracturas que hay a nivel de la familia. Para concretar la meta se crearán en las parroquias centros integrales de escucha, se acompañarán las escuelas de padres en los colegios, se visitarán todas las familias, aun las de los sacerdotes, se promoverán los retiros para parejas, la preparación próxima para el matrimonio y con los sacerdotes se tendrán encuentros por edades.
Desde la Escuela Madre Laura se quiere seguir “despertando y formando en los laicos la conciencia de ser comunidad misionera, capaz de acercarse a la sociedad, haciendo presente en ella el reino de Dios”. Esta comunidad misionera solo será posible cuando el laicado se forme a través de itinerarios de catequesis de iniciación por edades, y algunos laicos más comprometidos puedan acceder a los ministerios laicales del lectorado, acolitado y el diaconado permanente. Así se vence la fractura de participación que existe entre el laicado y la jerarquía.
Una de las más exitosas experiencias de la actividad pastoral de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, la viene realizando la Fundación Pastoral Social con sus programas de promoción de la justicia, la equidad y el cuidado de la casa común. La idea es seguir reparando las fracturas que existen entre un campesinado que produce alimentos para sostenerse pero que no ha logrado establecer asociaciones y relaciones permitan la comercialización de los excedentes agrícolas a través de los mercados campesinos o centros de acopio.
También es una tarea prioritaria de la Fundación Pastoral Social continuar consolidando la pastoral minera en la Arquidiócesis con el apoyo de otras jurisdicciones de la región, se trata de restaurar las fracturas que va dejando un ejercicio de la minería informal, ilegal, criminal y sin ningún retorno a la mejoría de la infraestructura de los municipios mineros ni a la conservación, restauración, fortalecimiento de las iniciativas para el cuidado de la casa común. Para ayudar al logro de esta meta, acudimos a las universidades para la implementación de un observatorio socio-económico y ambiental.
Desde la Pastoral Juvenil se continúa restaurando la fractura que existe entre los jóvenes y las comunidades parroquiales; fractura que va creciendo ante la indiferencia de los lideres religiosos, las instituciones educativas y las familias. Por ello se continuará el programa de escuela de líderes, se apoyarán desde este ámbito las escuelas de padres en los colegios y los grupos juveniles de las parroquias integrando esfuerzos con las alcaldías.
Y para reparar las fracturas que a nivel educativo se siguen profundizando en el territorio de occidente debido a los crecimientos de deserción, los bajos resultados académicos, la falta de una oferta educativa superior pertinente y encadenada con la media vocacional que ofrecen los colegios, El TECOC sistema educativo arquidiocesano sigue haciendo alianzas con las IES para nuevas ofertas de educación superior, fortalece el centro agrario de occidente como posible espacio, para emprendimientos agrícolas, ofrece programas técnicos en los municipios diferentes a Santa Fe de Antioquia y fomenta la formación para la conservación del patrimonio cultural e impulsar los destinos religiosos de occidente desde el Museo de Arte Religioso Francisco Cristóbal Toro.
La vida pastoral arquidiocesana tendrá este 2026 una tarea transversal que consiste en implementar el Sínodo de la Sinodalidad, caminando juntos es más fácil seguir restaurando las fracturas sociales que siguen latentes en el territorio arquidiocesano.
+Monseñor Hugo Alberto Torres Marín
Arzobispo de Santa Fe de Antioquia
Encuentro personal con Jesús que nos salva
Lun 15 Dic 2025
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta - Dentro de poco comenzamos la novena de Navidad, un momento de gracia que nos prepara para la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, que viene a darnos la salvación, se trata de vivir un encuentro con Jesús que nos trae la paz, nos salva, nos purifica de nuestros pecados y nos muestra el camino para llegar al Padre celestial: “yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí” (Jn 14, 6), camino que nos da la luz para no tropezar en las tinieblas del mal y el pecado. Jesús se nos presenta como la estrella que guía nuestros pasos en el caminar de la vida para que lleguemos un día a tener la verdadera vida en la gloria de Dios.
Las reflexiones navideñas tienen como tema principal el lema del trabajo pastoral para el año 2026 que nos dice: “vayan y hagan discípulos” (Mt 28, 19), que nos ayudará a tener un encuentro con Jesús desde la fe, la esperanza y la caridad como pilares importantes que debemos fortalecer en este tiempo de gracia que el Señor nos concede. Esto, nos lleva a consolidar los vínculos familiares, en ambiente de oración que nos pone en relación directa con nuestro Señor Jesucristo, que viene a nuestro encuentro a habitar en medio de nosotros, “y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14), hasta llevarnos un día a participar de esa gloria del Padre en la que con esperanza tenemos los ojos fijos, para gozar de la vida eterna.
En el itinerario de vida cristiana de nuestras familias, tenemos el recurso de contemplar a Jesús que nace en la familia de Nazaret, para traernos la paz, dejándonos transformar por la gracia de Dios que sana nuestros corazones, nuestros hogares y con ánimo renovado y con la esperanza puesta en el Señor podamos recibir al salvador que viene en nuestra ayuda. Así lo expresa Aparecida cuando afirma: “en el seno de una familia, la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y testimonia” (DA 118). La Navidad constituye un espacio privilegiado en el que los padres de familia transmiten el acontecimiento central de la vida cristiana, que es el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo que se ha hecho uno de nosotros para darnos la salvación.
Al prepararnos para la Navidad tengamos presente la necesidad de crecer en la fe en el Señor Jesús, fortalecer la esperanza en Él y vivir la caridad personal y comunitariamente. Interioricemos durante este tiempo el mensaje concreto que el Señor nos ofrece en su Palabra, para recibir su perdón y crecer en la reconciliación y la paz que sostiene nuestra vida personal y familiar. Existe el peligro de convertir la Navidad en algo comercial con mucho ruido exterior y poca vida interior. En medio de la alegría que trae la Navidad, no perdamos de vista el acontecimiento salvador que celebramos y contemplemos a Jesús niño que está en el pesebre junto a la Santísima Virgen María y a su esposo San José.
Los animo a valorar el hogar como lugar de encuentro con Dios y con los hermanos, haciendo de la reunión familiar para la novena de navidad, un espacio donde brille la gracia y la presencia de Dios, tal como nos lo enseña Aparecida cuando dice: “creemos que ‘la familia es imagen de Dios que, en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia’. En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino” (DA 434); por eso, el encuentro familiar para la novena, ayuda a fortalecer la unidad y la comunión, para seguir adelante en medio de las dificultades diarias, resolviendo la vida desde lo que nos enseña Jesús que nace en un pesebre.
Navidad es celebrar el encuentro con Jesús que viene a nosotros y se queda para iluminar nuestros pasos por el camino del perdón, la reconciliación y la paz, invitándonos a comunicar la Buena Nueva del Evangelio. Estamos viviendo tiempos de mucha confusión y división, a causa del odio, el resentimiento, el rencor y la venganza que están echando raíces en el corazón de muchas personas y en el seno de muchas familias. Que el gozo de la Navidad, en donde contemplamos a Jesús entre nosotros, nos mueva a reflexionar y a buscar nuevas maneras de ser solidarios, para continuar en el año venidero participando con entusiasmo en la construcción de una sociedad más fraterna, donde vivamos perdonados, reconciliados y en paz.
A todos les auguro que el Niño Jesús los colme de bendiciones en esta Navidad que vamos a celebrar y les deseo un año nuevo 2026 lleno de muchas gracias y bendiciones del Señor, para que recibamos el perdón de Dios que viene a nuestros corazones, invitándonos a perdonar a los hermanos, para vivir reconciliados y en paz con todos. Que en nuestras familias abrazando y contemplando el Crucificado y fortalecidos por la gracia de Dios, podamos ser instrumentos de paz para muchos hermanos nuestros. Que la Santísima Virgen María, madre de la paz y el Glorioso Patriarca San José, custodio del niño Jesús, alcancen del Señor la gracia de vivir este tiempo en la espera gozosa del Señor. Que la paz del Señor esté con todos ustedes en esta Navidad y en el año venidero.
En unión de oraciones,
reciban mi bendición.
+José Libardo Garcés Monsalve
Obispo de la Diócesis de Cúcuta
Preparémonos para la celebración del nacimiento de Jesús
Lun 1 Dic 2025
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - En este domingo comenzamos el tiempo de Adviento que tiene una doble característica: en primer lugar, es el tiempo de preparación para la celebración del nacimiento de Jesús, solemnidad que conmemora la primera venida del Hijo de Dios en la carne, cuando Jesús se hace uno de nosotros, “y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14). Al mismo tiempo, nos hace que todos dirijamos la atención a esperar la segunda venida de Cristo, un tiempo de esperan¬za, que nos hace poner los ojos en el cielo, donde está nuestra meta, para que un día lleguemos al lugar donde participaremos de esa gloria del Padre, en el encuentro con el Señor cara a cara y lo hacemos recibiendo el mandato del Señor para este nuevo año pastoral, con el lema: vayan y hagan discípulos.
La historia de la salvación que tiene el acontecimiento central en el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y que en el cumplimiento de su misión en esta tierra culmina con su regreso al Padre en la gloriosa Ascensión al cielo, nos deja un encargo misionero: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20).
Esta certeza ha acompañado a la Iglesia a lo largo de toda su historia y en cada celebración de la navidad vuelve a resonar en nuestro corazón, al prepararnos paso a paso para la segunda venida del Señor. De la presencia permanente del Señor debemos sacar un impulso renovado en la vida cristiana, con el deseo interior de caminar desde Cristo y con Cristo, en un proceso de conversión permanente que es transformación de la vida en Él.
La evangelización que vamos a realizar a lo largo de este año pastoral que comenzamos, celebrando los 70 años de nuestra Diócesis, tiene como objetivo hacer que Jesús se quede en el corazón de muchas personas, para que, al celebrar el nacimiento de Jesús, cada creyente tenga un nuevo nacimiento para tener la vida eterna, porque “el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3, 3). De tal manera, que el proyecto pastoral tiene a Jesucristo como centro a quien “hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas” (Novo Millennio Ineunte, 29); por eso, cada año nos preparamos en este tiempo de Adviento cantando con entusiasmo, “ven Señor Jesús” (1Cor 16, 22).
El Hijo de Dios que se hizo hombre por amor al ser humano, sigue realizando su obra en nosotros, por eso tenemos que disponer el corazón para convertirnos en testigos de su gracia y también ser instrumentos de ese don para los demás. Prepararnos para celebrar el nacimiento de Jesús, es contemplar al Señor que nos invita una vez más a ser sus testigos: “ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; Él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1, 8). De tal manera que tenemos la experiencia del nacimiento de Jesús en nuestra vida y lo transmitimos con gozo a los demás: “¡cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! Entonces, lo que ocurre es que en definitiva, ‘lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos’” (Evangelii Gaudium, 264). Esta es la gran noticia que transmitimos a los demás con fervor y pasión por el Evangelio, “para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva” (EG, 264).
El mandato misionero nos introduce en el misterio mismo de la Encarnación, invitándonos a tener el fervor y el ardor para comunicar ese mensaje, así como lo hicieron los primeros cristianos. Para ello, tenemos la certeza que contamos con la fuerza del mismo Espíritu que fue enviado en Pentecostés y que nos entusiasma hoy a comunicar el mensaje de salvación, animados por la Esperanza en Jesucristo que no defrauda y que lo trasforma todo y hace nuevas todas las cosas. Contemplemos en cada una de estas semanas a Jesús que viene a salvarnos, abramos el corazón a Dios y dispongámonos con corazón limpio a celebrar este tiempo, como un momento de gracia para caminar con Cristo, siguiéndolo a Él que es camino, verdad y vida que nos lleva hasta el Padre (Cf. Jn 14, 6).
Como creyentes en Cristo tenemos la misión de ser reflejo de la luz de Cristo, que iluminó la noche de Belén donde nació Jesús como “luz del mundo” (Jn 8, 12) y nos pidió que fuéramos luz para los pueblos, “ustedes son la luz del mundo. Brille su luz delante de los hombres de modo que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre que está en los cielos” (Mt 5, 14). Cumpliendo así, el mandato misionero que será posible si nos abrimos a la gracia que nos trae este tiempo de Adviento y nos hace hombres nuevos en Jesucristo Nuestro Señor, quien está con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos (Cf. Mt 28, 20), mientras que anhelamos su segunda venida. Que la Santísima Virgen María, madre de la Esperanza y el Glorioso Patriarca San José, custodio del niño Jesús, alcancen del Señor la gracia de vivir este tiempo en la espera gozosa del Señor.
En unión de oraciones,
reciban mi bendición.
+José Libardo Garcés Monsalve
Obispo de la Diócesis de Cúcuta
El adviento y navidad 2025: En la recta final del Jubileo de la Esperanza
Jue 27 Nov 2025
Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - En la Bula de convocación del Jubileo ordinario del año 2025 con el título Spes non confundit, “la esperanza no defrauda” (Rom. 5,5), al final de la misma, el Papa Francisco dice “que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2P 3,13), donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, orientados hacia el cumplimiento de la promesa del Señor” (SNC, 25).
Estas palabras del Papa resuenan como uno de los grandes objetivos del Jubileo que vale la pena evaluar si fueron o no alcanzados. A primera vista se podría decir que no. El 2025 ha sido un año probado por las guerras, por los conflictos políticos, sociales y económicos en buena parte del mundo. Creció la percepción de inseguridad y miedo en muchos. El Papa no se cansó de hacer el llamado a la cordura de los líderes y gobernantes y al cese bilateral del uso de las armas. Los desplazamientos forzados y el creciente número de migrantes, ocuparon un lugar notable en las preocupaciones de muchos.
Y en esta desafiante realidad, Colombia no estuvo ausente. También entre nosotros, en el Valle del Cauca y Cali, la ola de atentados y muertes selectivas fue grande. Y qué no decir de las numerosas personas que se han inscrito entre quienes no tienen comida ni un lugar donde vivir. También las tensiones y polarizaciones políticas, que están al orden del día, son ingredientes que tienden a recrudecerse.
Retomando las palabras del Papa Francisco con las que inicio, nos podemos preguntar ¿hasta qué punto el testimonio de tantos que hemos participado en las celebraciones jubilares han sido “levadura de genuina esperanza” para el mundo?
Sin embargo, una cosa sí es cierta, la participación masiva en los actos y celebraciones del jubileo, tanto en Roma como en nuestra arquidiócesis fue masiva. Por ello aprovecho para agradecer al Delegado y Coordinador del Jubileo en Cali y a todos y cada uno de los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos, que con entusiasmo se vincularon a las convocatorias del Año Santo, dando testimonio de su fe y de la esperanza que no defrauda para reflexionar juntos en el lema del jubileo “peregrinos de esperanza”.
Hay realidades que no están en nuestras manos solucionar. Solo nos toca apelar al sentido común, a la responsabilidad ética y moral en la toma de decisiones de los gobernantes y líderes del mundo y unirnos, como efectivamente se hizo, en una oración colmada de la fuerza que trae la fe para que un día pueda habitar “la justicia y la concordia entre los pueblos”.
El tiempo litúrgico de Adviento que viviremos en estos días, hasta la gran solemnidad del nacimiento del Hijo de Dios en la Navidad, nos sirva para seguir anunciando los “cielos nuevos y tierra nueva” (cf. 2P 3,13) que inaugura Jesús en el portal de Belén, por lo que los ángeles cantan: “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama” (Lc., 2, 14).
Es sabido cómo Adviento es el tiempo de la esperanza. Que animados por los encuentros y celebraciones jubilares, seamos auténticos testigos de la esperanza, y más cuando muchos puedan pensar que no hay futuro. Ánimo, lo dice el Señor, no tengamos miedo, pues él “ha vencido al mundo” (Jn. 16, 33).
Por otra parte, en estos tiempos de Adviento y Navidad la Virgen María ocupa un lugar especial. En efecto, ella es la Virgen Inmaculada de la dulce espera, que con su sí generoso acogió en su seno al Hijo de Dios. Ella no desesperó en la tribulación. Creyó y esperó confiada en la acción de Dios. Guardaba en su corazón lo que de su Hijo se decía y nos enseña a ser valientes para dar testimonio de la Buena nueva a todos, especialmente a los pobres y humildes de corazón.
Termino, con un texto de la Bula del jubileo en una bella referencia a la Madre de Dios: “Confío en que todos, especialmente los que sufren y están atribulados, puedan experimentar la cercanía de la más afectuosa de las madres que nunca abandona a sus hijos: ella que para el santo Pueblo de Dios es “signo de esperanza cierta y de consuelo” (SNC, 24).
Desde ya les deseo un tiempo de Adviento vivido en la oración familiar junto al pesebre; una Navidad en la que dispongan sus corazones para recibir al Hijo de Dios y el inicio de un año 2026 animados por la esperanza.
A todos los bendigo, afectísimo en el Señor.
+Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Arzobispo de Cali
IV Aniversario Episcopal
Jue 22 Ene 2026
Por P. José Antonio Díaz Hernández - Un día como hoy, hace cuatro años, estábamos acogiendo al pastor que el Espíritu Santo había desposado con esta pequeña porción del Pueblo de Dios: Monseñor José Mario Bacci Trespalacios. Podemos decir que era su particular historia de salvación, que a partir de ahora se escribiría en esta Iglesia Particular de Santa Marta.
Durante este tiempo, nos hemos sentido acompañados con su presencia de padre y pastor, contagiados por la ilusión evangelizadora que desprende, que sabemos, no le viene de otra fuente, sino del mismo Cristo. Con inmensa alegría, en este día 25 de enero, todos los sacerdotes de su querida diócesis de Santa Marta queremos felicitarle, al tiempo que agradecemos a Nuestro Señor Jesucristo, Buen Pastor, el don de su persona y ministerio.
Quisiera nuevamente recordar aquella conocida frase del Sermón 340,1 de San Agustín, quien dijo: «Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano». Querido Monseñor José Mario, usted ha encarnado de manera muy particular esta exigencia de ser ejemplo de obispo y pastor que se entrega en el ejercicio del ministerio con mucho amor, sin olvidar nunca la caridad pastoral de Cristo, que se hace servidor de muchos, compañía cercana, y camino para sus sacerdotes.
Pero además, su aniversario episcopal se celebra providencialmente unido a la festividad de la conversión del Apóstol de los Gentiles, San Pablo. El Apóstol realizó, en efecto, de manera extraordinaria aquella identificación con Jesucristo (cf. Gal 2,19-20) que hizo posible en su caso lograr el verdadero objetivo de la caridad pastoral, señalado por Juan Pablo II: participar de la caridad pastoral de Jesucristo (Exhortación apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, de Juan Pablo II, n. 23). Toda la vida del Apóstol, desde que fue alcanzado por Cristo hasta el final, se configuró con quien lo llamaba a una tarea de evangelización, vivida desde el amor, dedicada al servicio en la entrega de su propia vida. El apóstol Pablo es sin duda un ejemplo para la vivencia del ministerio episcopal por su dedicación incansable al Evangelio. Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia.
Que la mirada tierna y compasiva de Nuestra Madre la Virgen María, le siga inspirando en la ardua tarea de pastorear a las personas que le han encomendado. Sienta el aprecio y el cariño del Pueblo de Dios, por medio de sus presbíteros, religiosos, religiosas y laicos, así como de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que de verdad, le quieren.
P. José Antonio Díaz Hernández
Sacerdote de la Diócesis de Santa Marta
Del Humanismo a la Inteligencia Artificial: desafíos educativos en tiempos de León XIV
Mar 13 Ene 2026
Por Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.P - El año escolar que inicia en el 2026 nos encuentra recién salidos del Jubileo de la Esperanza, aspecto que nos proyecta diversos elementos para continuar desarrollando, especialmente en las comunidades educativas. A su vez, nos regocijamos con un reciente texto educativo del Papa León, denominado “diseñar nuevos mapas de esperanza”, cuyo título resulta provocador, al proponernos tres grandes categorías que evocan los grandes proyectos históricos de la humanidad: el diseño, los mapas y lo nuevo (descubrimientos). Es una invitación a ser “cartógrafos”, que son “aquellas personas que trazan cartas geográficas, es decir, dibujan o crean mapas, ya sea como una habilidad o una ciencia relacionada con la cartografía. Esto implica el arte y la ciencia de representar gráficamente la tierra (o sus entidades), investigando, estudiando y preparando mapas y datos espaciales para diversos fines (RAE, 2025).
En ese contexto el Pontífice nos propone una brújula educativa de gran valor, señalando que desde sus orígenes el Evangelio ha generado “constelaciones educativas”: experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Por lo tanto han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación (León XIV, 2025)
Esta carta retoma el 60.º aniversario de la declaración Gravissimum educationis (Concilio Vaticano II) y nos alerta contra toda reducción utilitarista de la educación, recordando que el estudiante “no es un perfil de competencias… sino un rostro, una historia, una vocación”. Para el contexto colombiano (diverso, resiliente y cargado de retos sociales) este llamado implica reorientar los proyectos pedagógicos hacia la dignidad de cada estudiante, el aprendizaje de virtudes y la formación de ciudadanos capaces de servir, dialogar y construir paz, remitiéndonos a la bella metáfora de los artesanos… pacientes, cuidadosos, dedicados y colaborativos.
En tal perspectiva y como preámbulo al inicio del año escolar, deseo resaltar cinco elementos que nos pueden servir de “inspiración” para comprender esta bella pero comprometedora tarea de la educación.
1. Comprender que tenemos una rica y larga tradición educativa que permanece muy viva.
La educación cristiana es una obra coral: nadie educa solo. La comunidad educativa es un “nosotros” en el que todos convergen para generar vida. Este “nosotros” impide que el agua se estanque en el pantano del “siempre se ha hecho así” y la obliga a fluir, a nutrir, a regar. Educar es un acto de esperanza y una pasión que se renueva porque manifiesta la promesa que vemos en el futuro de la humanidad. La verdad se busca en comunidad. (León XIV, 2025). En tal perspectiva, la propuesta es favorecer lo comunitario de nuestros proyectos educativos, especialmente entre maestros, entre estudiantes y entre maestros y estudiantes.
2. La permanente centralidad de la persona.
La educación no es solo una transmisión de contenidos, sino un aprendizaje de “virtudes”. Por lo tanto, se procura formar ciudadanos capaces de servir y creyentes capaces de dar testimonio, hombres y mujeres más libres, que ya no están solos. En tal perspectiva, la educación católica se convierte en levadura en la comunidad humana: genera reciprocidad, supera los reduccionismos y abre a la responsabilidad social. La tarea de las personas en educación es atreverse con un humanismo integral que habite las preguntas de nuestro tiempo sin perder la fuente, responder a los cuestionamientos de las personas del hoy inspirados en las fuentes de nuestra tradición.
3. Una constelación educativa en el horizonte de una gran red de personas que tienen un horizonte común.
La figura de la “constelación” nos vislumbra el mundo educativo católico como una red viva y plural. En tal sentido cada “estrella” tiene su propio brillo, pero todas juntas trazan una ruta. Donde en el pasado hubo rivalidad, hoy pedimos a las instituciones que converjan: la unidad es nuestra fuerza más profética. El futuro nos obliga a aprender a colaborar más, a crecer juntos. Para Colombia se trata de instituciones escolares que de manera solidaria trabajan juntas: campo-ciudad; centro-marginalidad; biligües-no-bilingües; acreditadas-no- acreditadas, entre otras.
4. Navegando por los “nuevos espacios” de la sociedad.
El contexto de las “inteligencias artificiales” nos renuevan en el principio educativo de que las tecnologías deben servir a la personas, no sustituirlas; deben enriquecer el proceso de aprendizaje, no empobrecer las relaciones y las comunidades. Para habitar estos espacios se necesita creatividad pastoral: reforzar la formación de los docentes también en el ámbito digital; valorar las didácticas activas; promover el aprendizaje-servicio y la ciudadanía responsable; evitar todas las expresiones de las “tecnofobias”. La inteligencia artificial y los entornos digitales deben orientarse a la protección de la dignidad, la justicia y el trabajo; deben regirse por criterios de ética pública y participación; deben ir acompañados de una reflexión teológica y filosófica eclesial madura. En tal sentido podemos agrupar estos elementos en lo que el Pontífice denomina “una diaconía de la cultura y para las culturas”.
5. Imaginando nuevos mapas de esperanza.
A las comunidades educativas se les proponen tres prioridades para este 2026. La primera, referida a la vida interior: los jóvenes piden profundidad y espacios de discernimiento. La segunda, se refiere a lo digital humano: formar en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica. La tercera se refiere a la paz desarmada y desarmante: educar en lenguajes no violentos, en la reconciliación, en puentes y no en muros (León XIV, 2025)
Para finalizar, el año escolar del 2026 nos desafía, especialmente en los aprendizajes, intentando ser servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de las expresiones de belleza. Entonces nuestra constelación no solo brillará, sino que orientará: hacia la verdad que libera (Jn 8, 32), hacia la fraternidad que consolida la justicia (Mt 23, 8), hacia la esperanza que no defrauda (Rm 5, 5). ¿Podremos los miembros de las comunidades educativas construir una paz desarmada y desarmante al interior de nuestras comunidades educativas?
Referencias.
Papa León XIV (2025, 27 de octubre). Diseñar nuevos mapas de esperanza (Carta apostólica). Librería Editrice Vaticana.
Papa León XIV (2025, 18 de diciembre). Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante” (Mensaje).
Papa León XIV (2025, 01 de septiembre de 2025) X Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación. (Mensaje)
Papa León XIV (2025, 23 de noviembre) In unitate fidei en el 1700 aniversario del Concilio de Nicea (Carta apostólica)
Concilio Vaticano II. (1965, 28 de octubre). Gravissimum educationis: Declaración sobre la educación cristiana (Declaración).
Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.P
Adviento: María, La Virgen de la Espera
Lun 15 Dic 2025
Por P. José Antonio Díaz Hernández - Continuamos en el tiempo de Adviento, un momento de gracia para revivir la esperanza que ha de permanecer en el corazón de cada uno de nosotros. En este tiempo necesitamos mirar a personas que vivieron de manera extraordinaria determinados aspectos de la vida cristiana, para fijarnos en ellos y poder imitarlos. Ellos son verdaderos y auténticos modelos de fe.
Nuestra Madre María, es modelo de fe. En el Documento Conclusivo de Aparecida, en el apartado titulado: María, discípula y misionera (DA 266-272), se contempla el papel de la Virgen en la historia de la salvación, presentando de manera preeminente su misión como discípula. La madre de Jesús aparece como la primera creyente que escucha y acoge aquello que esperaba con tanta fe. Por esta razón, María es modelo perfecto de alguien que quiere vivir este tiempo de Adviento, de la espera del Salvador en toda su plenitud, y en quien hemos de fijar nuestros ojos y nuestro corazón para descubrir cómo hemos de vivirlo nosotros. Podemos decir, que el adviento es un tiempo para redescubrir la Centralidad de Cristo, y en este aspecto fundamental, María nos ayuda con su ejemplo.
El papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Marialis Cultus, lo expresa con toda autoridad en los numerales 3-4: “Los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, ‹‹vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza›› (Praefatio de Adventu, II), para salir al encuentro del Salvador que viene”.
La Anunciación, en el Evangelio de San Lucas, dice el papa Benedicto XVI, es un acontecimiento “humilde, oculto, nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad” (cf. Benedicto XVI, María Estrella de la Esperanza, 2014, pp. 13ss). Se trata del “SÍ” de María.
El mismo papa Benedicto XVI, en su libro La infancia de Jesús, explica esta respuesta generosa de María, al citar una homilía de Adviento de Bernardo de Claraval. Después de la caída de nuestros primeros padres, todos quedamos sometidos bajo el dominio de la muerte. Sin embargo, Dios busca una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Con esto, se quiere indicar que Dios necesita la libertad humana, puesto que no puede redimir al hombre, creado libre, sin un “SÍ” libre de su voluntad. Por eso, la respuesta de María es esperada con expectación por el cielo y la tierra. Bernardo muestra como el “hágase en mí según tu Palabra” es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana. Como podemos ver, María se convierte en madre por su “SÍ” generoso. A este respecto, también los Padres de la Iglesia han dicho lo mismo cuando afirman que “María habría concebido por el oído”, esto es, mediante su escucha. Por su obediencia libre la Palabra ha penetrado su vida, y ella se ha hecho fecunda (Cf. Ratzinger, La infancia de Jesús, pp. 42-43).
Esta es la razón fundamental por la que María es modelo de este tiempo de Adviento. Por eso, la liturgia recupera plenamente este sentido con una serie de elementos marianos, que podemos sintetizar de la siguiente manera:
1. Desde que iniciamos el tiempo de Adviento hemos visto elementos que recuerdan la espera y la acogida del misterio de Cristo por parte de la Virgen de Nazaret.
2. Acabamos de celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción como «preparación radical a la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha ni arruga (Marialis Cultus 3). También, el 12 de diciembre celebramos la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Este día recuerda las apariciones de la Virgen a San Juan Diego, un acontecimiento que marcó la historia espiritual y cultural de México y el continente americano, y que dio un impulso decisivo a la evangelización.
3. Los días que se acercan, del 17 a 24 de diciembre, el protagonismo litúrgico de la Virgen es muy característico en las lecturas bíblicas; en el II prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Madre; en el IV prefacio de Adviento que habla de María, nueva Eva; en algunas oraciones, como la del día 20 de diciembre que nos trae un antiguo texto de Rótulo de Ravena o en la oración sobre las ofrendas del IV domingo que es una epíclesis significativa que une el misterio eucarístico con el misterio de Navidad en un paralelismo entre María y la Iglesia en la obra del único Espíritu.
Vivamos este tiempo de espera y esperanza como ella lo vivió.
Desde Santa Marta, me permito desearles con antelación una Feliz Navidad a todas las familias de Colombia.
P. José Antonio Díaz Hernández
Sacerdote Diócesis de Santa Marta
Adviento: El Dios que llega para sanar la Casa Común
Jue 20 Nov 2025
Por Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz - “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierras de sombras una luz les ha brillado” Isaías 9, 1.
Tenemos la posibilidad de asombrarnos como personas de fe ante la llegada del Adviento, razón por la cual la iglesia nos invita para afinar el oído del corazón, de tal manera que podamos escuchar los pasos del Señor que viene. Como enseñaba el papa Francisco, la espera cristiana no es pasiva ni indiferente, sino un “despertar interior que nos disponga a cuidar la fragilidad de la vida y del mundo” (Francisco, 2015). En tal sentido para Colombia, lugar bendecido por selvas, páramos, ríos y comunidades tanto urbanas como rurales, el Adviento nos urge a discernir los signos de esperanza que brotan aún en medio de la violencia contra la creación y contra los más pobres.
Al adentrarnos en el sagrado tiempo de Adviento, la Iglesia nos invita a redescubrir la hondura espiritual de la espera, esa espera activa que configura la identidad del pueblo que aguarda la venida del Señor. Como fraile dominico experimento desde la tradición de la Orden de Predicadores, la vigilancia contemplativa como elemento inseparable de la responsabilidad ética, pues “contemplar y dar a los demás lo contemplado” implica asumir la historia concreta en donde Dios se revela y en donde la creación clama a través de sus creaturas.
En la Sagrada Escritura encontramos palabras preciosas para iluminar este itinerario. El profeta Isaías proclama que “brotará un renuevo del tronco de Jesé” (Is 11, 1), recordándonos que la esperanza mesiánica surge precisamente en territorios aparentemente devastados. En Colombia, donde tantos ecosistemas han sido heridos por la extracción desordenada, los monocultivos y la violencia territorial, este mensaje resuena como una gran invitación a reconocer que Dios hace brotar vida aun en suelos desgastados. San Pablo, en su visión cósmica de la redención, nos recuerda que “toda la creación gime y sufre dolores de parto” (Rom 8, 22); pero esos gemidos no son anuncio de muerte, sino preludio de un “alumbramiento” que exige conversión ecológica y compromiso ético.
Desde la comunidad de hermanas y hermanos que bebemos de las fuentes de Santo Domingo de Guzmán, compartimos algunas de las voces contemporáneas que nos ayudan a profundizar en esta perspectiva y que nos ofrecen horizontes de reflexión para acoger este llamado a realizar un “giro antropológico” para experimentar las teologías del cuidado. Recientemente fray Timothy Radcliffe O.P., recordaba a los miembros del Sínodo que la esperanza cristiana “no es ingenuidad ni evasión, sino la decisión de creer que la gracia puede renacer incluso allí donde la historia parece estéril. Esperar en la fe es un acto valiente que mira de frente la fragilidad del mundo sin renunciar a la confianza en la gracia que lo puede renovar” (Radcliffe, 2024). También el teólogo dominico fray Carlos Azpiroz Costa O.P., señala que la predicación de las personas de la Iglesia exige hoy “entrar en diálogo con los clamores de la humanidad y de la naturaleza, pues ambos expresan la verdad que Dios desea revelar” (Azpiroz Costa, 2010). Y la dominica Verónica Ropero O.P., especialista en ética ecológica, recuerda que “la espiritualidad dominicana, marcada por la búsqueda de la verdad, nos impulsa a escuchar también la verdad que la tierra herida intenta manifestar y comunicar” (Ropero, 2018).
Finalmente, fray Edward Schillebeeckx O.P., enseñaba que la salvación acontece donde surge la vida. Por ello una predicación auténtica del adviento debe: anunciar la esperanza, denunciar la injusticia ecológica y acompañar a las comunidades vulneradas (Schillebeeckx, 1980). El teólogo subraya que la revelación de Dios se da en la historia y en la realidad concreta, lo que incluye la naturaleza. Esto implica que la creación no es un simple escenario, sino parte del proyecto salvífico.
De otra parte, el papa León XIV nos invita en el contexto de sus recientes encuentros, especialmente en el del Jubileo de la educación, a comprender que la educación de las personas requiere espacios transformadores de la cultura y de las prácticas sociales para “unir la justicia social y la justicia ambiental, promoviendo la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, a formar conciencias capaces de elegir no solo lo conveniente, sino también lo correcto. La educación mide su valor en función de la dignidad, la justicia y la capacidad de servir al bien común” (León XIV, Trazando nuevos mapas de esperanza, 2025)
El Adviento se constituye para nosotros como creyentes en un ejercicio de contemplación encarnada: preparar el camino del Señor implica restaurar los cauces de los ríos devastados, proteger los páramos amenazados, fortalecer las comunidades campesinas e indígenas que son custodias vivas de la creación y promover estructuras económicas y sociales que honren la dignidad de toda vida.
El Adviento en Colombia se convierte en un llamado a preparar el camino del Señor derribando las montañas de la indiferencia, enderezando los senderos de la injusticia ambiental y protegiendo las vidas que Dios nos confía. Que este tiempo litúrgico sea un kairós (Tiempo cualitativo de Dios) para renovar la esperanza y custodiar con ternura la tierra que habitamos. Que este Adviento sea para nosotros un tiempo de contemplación activa, de escucha profunda y de compromiso decidido con la justicia, la paz y el cuidado de la creación que nos ha sido confiada.
¿Qué novedad podría emerger para nuestras comunidades en este tiempo litúrgico? ¿Qué lugares geográficos podríamos transformar como fruto de nuestra comprensión en la fe? ¿Cuáles periferias sociales vamos a iluminar con nuestra acción transformadora fruto de la celebración del adviento? ¿Cuáles cambios podemos incorporar en nuestras instituciones eclesiales para “conectarnos” con las prácticas de cuidado de la Casa Común?
Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.P
Referencias
Azpiroz Costa, C. (2010). Predicación y esperanza en tiempos de crisis. Editorial de la Orden de Predicadores.
Betto, F. (2015). Ecología y espiritualidad liberadora. Paulinas.
Bruguès, J.-L. (2011). La encarnación y la dignidad de la creación. Éditions du Cerf.
Claverie, P. (2000). Cartas y escritos espirituales. Éditions du Cerf.
Enns, E. (2011). Restorative Justice and Earth Healing. Dominican Eco-Justice Press.
Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.
Galiardi, M. (2014). La Tierra como comunidad de vida: Perspectivas dominicanas. Dominican Sisters Publications.
Grey, M. (2011). The Outrageous Pursuit of Hope: Ecofeminist Readings for the Church. Dominican Sisters Publications.
Gutiérrez, G. (2003). Teología de la liberación: Perspectivas. CEP.
León XIV. Carta Apostólica Trazando nuevos mapas de esperanza (octubre 2025). Libreria Editrice Vaticana.
Monge, C. (2019). Verdad, justicia y diálogo en tiempos de crisis ecológica. Edizioni Domenicane.
Radcliffe, T. (2012). What is the Point of Being a Christian? Editorial de la Orden de Predicadores.
Ropero, V. (2018). Ética dominicana y cuidado de la creación. Ediciones Espíritu y Verdad.
Schillebeeckx, E. (1980). Cristo y los cristianos. Ediciones Sígueme.
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