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mar adentro

Mar 13 Ene 2026

Del Humanismo a la Inteligencia Artificial: desafíos educativos en tiempos de León XIV

Por Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.P - El año escolar que inicia en el 2026 nos encuentra recién salidos del Jubileo de la Esperanza, aspecto que nos proyecta diversos elementos para continuar desarrollando, especialmente en las comunidades educativas. A su vez, nos regocijamos con un reciente texto educativo del Papa León, denominado “diseñar nuevos mapas de esperanza”, cuyo título resulta provocador, al proponernos tres grandes categorías que evocan los grandes proyectos históricos de la humanidad: el diseño, los mapas y lo nuevo (descubrimientos). Es una invitación a ser “cartógrafos”, que son “aquellas personas que trazan cartas geográficas, es decir, dibujan o crean mapas, ya sea como una habilidad o una ciencia relacionada con la cartografía. Esto implica el arte y la ciencia de representar gráficamente la tierra (o sus entidades), investigando, estudiando y preparando mapas y datos espaciales para diversos fines (RAE, 2025).En ese contexto el Pontífice nos propone una brújula educativa de gran valor, señalando que desde sus orígenes el Evangelio ha generado “constelaciones educativas”: experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Por lo tanto han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación (León XIV, 2025)Esta carta retoma el 60.º aniversario de la declaración Gravissimum educationis (Concilio Vaticano II) y nos alerta contra toda reducción utilitarista de la educación, recordando que el estudiante “no es un perfil de competencias… sino un rostro, una historia, una vocación”. Para el contexto colombiano (diverso, resiliente y cargado de retos sociales) este llamado implica reorientar los proyectos pedagógicos hacia la dignidad de cada estudiante, el aprendizaje de virtudes y la formación de ciudadanos capaces de servir, dialogar y construir paz, remitiéndonos a la bella metáfora de los artesanos… pacientes, cuidadosos, dedicados y colaborativos.En tal perspectiva y como preámbulo al inicio del año escolar, deseo resaltar cinco elementos que nos pueden servir de “inspiración” para comprender esta bella pero comprometedora tarea de la educación.1. Comprender que tenemos una rica y larga tradición educativa que permanece muy viva.La educación cristiana es una obra coral: nadie educa solo. La comunidad educativa es un “nosotros” en el que todos convergen para generar vida. Este “nosotros” impide que el agua se estanque en el pantano del “siempre se ha hecho así” y la obliga a fluir, a nutrir, a regar. Educar es un acto de esperanza y una pasión que se renueva porque manifiesta la promesa que vemos en el futuro de la humanidad. La verdad se busca en comunidad. (León XIV, 2025). En tal perspectiva, la propuesta es favorecer lo comunitario de nuestros proyectos educativos, especialmente entre maestros, entre estudiantes y entre maestros y estudiantes.2. La permanente centralidad de la persona.La educación no es solo una transmisión de contenidos, sino un aprendizaje de “virtudes”. Por lo tanto, se procura formar ciudadanos capaces de servir y creyentes capaces de dar testimonio, hombres y mujeres más libres, que ya no están solos. En tal perspectiva, la educación católica se convierte en levadura en la comunidad humana: genera reciprocidad, supera los reduccionismos y abre a la responsabilidad social. La tarea de las personas en educación es atreverse con un humanismo integral que habite las preguntas de nuestro tiempo sin perder la fuente, responder a los cuestionamientos de las personas del hoy inspirados en las fuentes de nuestra tradición.3. Una constelación educativa en el horizonte de una gran red de personas que tienen un horizonte común.La figura de la “constelación” nos vislumbra el mundo educativo católico como una red viva y plural. En tal sentido cada “estrella” tiene su propio brillo, pero todas juntas trazan una ruta. Donde en el pasado hubo rivalidad, hoy pedimos a las instituciones que converjan: la unidad es nuestra fuerza más profética. El futuro nos obliga a aprender a colaborar más, a crecer juntos. Para Colombia se trata de instituciones escolares que de manera solidaria trabajan juntas: campo-ciudad; centro-marginalidad; biligües-no-bilingües; acreditadas-no- acreditadas, entre otras.4. Navegando por los “nuevos espacios” de la sociedad.El contexto de las “inteligencias artificiales” nos renuevan en el principio educativo de que las tecnologías deben servir a la personas, no sustituirlas; deben enriquecer el proceso de aprendizaje, no empobrecer las relaciones y las comunidades. Para habitar estos espacios se necesita creatividad pastoral: reforzar la formación de los docentes también en el ámbito digital; valorar las didácticas activas; promover el aprendizaje-servicio y la ciudadanía responsable; evitar todas las expresiones de las “tecnofobias”. La inteligencia artificial y los entornos digitales deben orientarse a la protección de la dignidad, la justicia y el trabajo; deben regirse por criterios de ética pública y participación; deben ir acompañados de una reflexión teológica y filosófica eclesial madura. En tal sentido podemos agrupar estos elementos en lo que el Pontífice denomina “una diaconía de la cultura y para las culturas”.5. Imaginando nuevos mapas de esperanza.A las comunidades educativas se les proponen tres prioridades para este 2026. La primera, referida a la vida interior: los jóvenes piden profundidad y espacios de discernimiento. La segunda, se refiere a lo digital humano: formar en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica. La tercera se refiere a la paz desarmada y desarmante: educar en lenguajes no violentos, en la reconciliación, en puentes y no en muros (León XIV, 2025)Para finalizar, el año escolar del 2026 nos desafía, especialmente en los aprendizajes, intentando ser servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de las expresiones de belleza. Entonces nuestra constelación no solo brillará, sino que orientará: hacia la verdad que libera (Jn 8, 32), hacia la fraternidad que consolida la justicia (Mt 23, 8), hacia la esperanza que no defrauda (Rm 5, 5). ¿Podremos los miembros de las comunidades educativas construir una paz desarmada y desarmante al interior de nuestras comunidades educativas?Referencias.Papa León XIV (2025, 27 de octubre). Diseñar nuevos mapas de esperanza (Carta apostólica). Librería Editrice Vaticana.Papa León XIV (2025, 18 de diciembre). Mensaje del Santo Padre León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante” (Mensaje).Papa León XIV (2025, 01 de septiembre de 2025) X Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación. (Mensaje)Papa León XIV (2025, 23 de noviembre) In unitate fidei en el 1700 aniversario del Concilio de Nicea (Carta apostólica)Concilio Vaticano II. (1965, 28 de octubre). Gravissimum educationis: Declaración sobre la educación cristiana (Declaración).Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.P

Jue 30 Oct 2025

De los 50 A los 60 Años de Nostra Aetate: de Francisco A León XIV

Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - Se han cumplido 60 años de la promulgación de la Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.Sin duda, este documento ha marcado el camino de la Iglesia en los últimos tiempos en el tema del diálogo interreligioso. Los Padres Conciliares querían, con este documento, promover la unidad y la caridad entre las personas y los pueblos, reconociendo y valorando las verdades presentes en otras religiones. Reconocían, además, que todos los pueblos forman una comunidad y que la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero.En la Audiencia General del miércoles 28 de octubre de 2015, en la celebración de los 50 años de Nostra Aetate, el Papa Francisco recordaba que para el Papa Pablo VI, el tema de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas había tenido una importancia tan relevante que, en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final del Concilio, había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. También recordaba como importantes algunos puntos del documento:•La creciente interdependencia de los pueblos (cf. n. 1).•La búsqueda humana de un sentido para la vida, el sufrimiento y la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro camino (cf. n. 1).•El origen y el destino común de la humanidad (cf. n. 1).•La unicidad de la familia humana (cf. n. 1).•Las religiones como búsqueda de Dios o del Absoluto, en las diferentes etnias y culturas (cf. n. 1).•La mirada benévola y atenta de la Iglesia a las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de bello y verdadero (cf. n. 2).•La Iglesia mira con estima a los creyentes de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cf. n. 2).•La Iglesia, abierta al diálogo con todos, es al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, comenzando por la verdad de que la salvación que se ofrece a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que el Espíritu Santo actúa como fuente de paz y amor.En esta audiencia, el Papa también recordó un hecho particularmente significativo para Juan Pablo II: el encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Recordó que, un año antes, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca, deseaba que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama encendida en Asís se extendió por todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.Francisco también anotó que el diálogo que necesitamos hoy entre las religiones no puede ser sino abierto y respetuoso, y solo entonces se revelará fructífero. El respeto recíproco es condición y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de otros a la vida, a la integridad física y a las libertades fundamentales, es decir, a la libertad de conciencia, pensamiento, expresión y religión. El diálogo basado en el respeto lleno de confianza puede traer semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y colaboración en muchos campos, y sobre todo en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de los migrantes, y en la atención a quien está excluido. Podemos caminar juntos cuidando los unos de los otros y de la creación.Por último, termina con esta invitación: “Queridos hermanos y hermanas, en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con Él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad”.Diez años después, en el pontificado de su sucesor, el Papa León XIV (en la celebración de los sesenta años de Nostra Aetate), toma la frase del diálogo entre Jesús y la mujer samaritana del Evangelio de San Juan: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Y dice: “este encuentro revela la esencia del auténtico diálogo religioso: un intercambio que se establece cuando las personas se abren unas a otras con sinceridad, escucha atenta y enriquecimiento mutuo. Es un diálogo nacido de la sed: la sed de Dios por el corazón humano y la sed humana de Dios. En el pozo de Sicar, Jesús supera las barreras de la cultura, el género y la religión. Invita a la mujer samaritana a una nueva comprensión del culto, que no se limita a un lugar concreto —«ni en este monte ni en Jerusalén»—, sino que se realiza en Espíritu y en verdad. Este momento capta la esencia misma del diálogo interreligioso: el descubrimiento de la presencia de Dios más allá de toda frontera y la invitación a buscarlo juntos con reverencia y humildad”.El Papa León, siguiendo la línea tomada por el Papa Francisco en la celebración de los cincuenta años, se refiere una vez más al tema del diálogo interreligioso y a la necesidad del encuentro con los no cristianos: “Este luminoso documento nos enseña a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino como compañeros de viaje en el camino hacia la verdad; a honrar las diferencias afirmando nuestra humanidad común; y a discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”.Recalca, además, la importancia de las raíces del cristianismo en el pueblo judío y la importancia del diálogo judeo-cristiano, aun a pesar de las dificultades: “No podemos negar que en este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero estos nunca han impedido la continuación del diálogo. Tampoco hoy debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos alejen de la amistad, sobre todo porque hasta ahora hemos logrado mucho”.Volviendo a reconocer en Nostra Aetate el llamado a encontrarnos y a dialogar, el Papa León plantea una pregunta, a la que a su vez responde con un claro mensaje sobre el aporte de las religiones a la humanidad: “¿Qué podemos hacer juntos? La respuesta es sencilla: actuar juntos. Más que nunca, nuestro mundo necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración. Cada una de nuestras religiones puede contribuir a aliviar el sufrimiento humano y a cuidar de nuestra casa común, nuestro planeta Tierra. Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Deben reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar atentos al abuso del nombre de Dios, de la religión y del diálogo mismo, así como a los peligros que representan el fundamentalismo religioso y el extremismo”.El pontificado del Papa Francisco nos dejó muchas experiencias en el campo del diálogo interreligioso, mostrando cómo en la actualidad se puede seguir el legado de la declaración Nostra Aetate, poniendo este encuentro entre las diferentes religiones al servicio de la fraternidad humana, como lo hizo en el documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común (también conocido como Declaración de Abu Dabi), firmado con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 4 de febrero de 2019.Las palabras del Papa León en esta celebración de los sesenta años nos abren a la esperanza de que se seguirá este camino de encuentro entre las religiones, pensando siempre en el bienestar de la humanidad. Por eso es significativo cuando dice: “Hoy estamos llamados a refundar la esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Colaboremos, porque si estamos unidos todo es posible. Hagamos que nada nos divida”, y luego al final la invitación a la oración: “detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”.