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nuestra señora de Lourdes

Mar 11 Feb 2025

La familia, espacio vital de cuidado a los enfermos

Mons. Félix Ramírez Barajas - La familia, querida por Dios, hunde sus raíces en su designio amoroso y constituye la relación y comunión con ÉL y con el prójimo. Estos dos principios: Lo espiritual y lo antropológico, permiten el desarrollo integral de la persona y le da trascendencia a su ser como creatura y como hijo de Dios. Cada uno de los ambientes y necesidades están regulados por estas relaciones y requieren el compromiso de todos para que se valore la dignidad de cada uno, en lo que respecta a sus derechos y deberes fundamentales.A propósito de la Jornada mundial del enfermo que se celebra cada año en la memoria de nuestra Señora de Lourdes, la familia es el espacio vital y más cercano, como oportunidad para ver el rostro sufriente del Señor en cada uno de los hermanos enfermos y por los que siempre mostró predilección en el anuncio del reino. La Iglesia y la familia no pueden estar al margen de este compromiso de caridad que se ha de manifestar en la cercanía y cuidado de cada persona en situaciones límites y de necesidades diversas tanto físicas como espirituales.En el mensaje para la jornada de oración por los enfermos, el Papa Francisco nos recuerda en su mensaje, entre otros aspectos que: “Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, médicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y allí donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las clínicas.”Hoy ante tanta incertidumbre, en cuanto a las reformas de la salud sobre todo, la familia debe estar a la vanguardia del cuidado y sobre todo pendiente de humanizar la salud de quien vive en cada hogar, ciertamente que la atención médica es muy importante, pero también hay muchos casos donde el enfermo está agotado en una cama hospitalaria y aunque, si bien es cierto, puede estar bien atendido por el personal médico y paramédico, su ambiente natural es la familia, su casa, donde se siente en libertad y confianza.Toda la situación de enfermedad asumida desde la fe es una tarea en la línea de la caridad cristiana que muchas veces rebosa las capacidades físicas o materiales de la familia o de la persona que está a cargo del enfermo y requiere por eso de la solidaridad y ayuda de otras personas. En este sentido vale la pena mencionar la necesidad de redes solidarias de familia, de vecinos y otras personas que, por su fe, puedan rodear al enfermo y ayudarle a vivir serena y en paz su limitación física.También el Papa Francisco nos alienta diciendo: “La comunidad cristiana sabe bien que, a la familia, en la prueba de la enfermedad, no se la puede dejar sola. Y debemos decir gracias al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y del sufrimiento. Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para una parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace comprender el reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios. (Catequesis del 10 de junio de 2015).Para quien tiene fe y esperanza, el sufrimiento puede ser un instrumento para transformar la enfermedad en oblación que trae como beneficio crecimiento espiritual y encontrar especial consuelo en la presencia de Cristo resucitado y de la Iglesia través de la vida sacramental. En este tiempo de frenesí, de prisa en todo, de búsqueda de comodidades y de una vida fácil, se suele olvidar la realidad del sufrimiento, con tantas excusas, se está dejando al enfermo a la deriva, en un ambiente de soledad y de condiciones inhumanas, el viacrucis permanente en pedir citas médicas, la cantidad de enfermos en salas de urgencias o simplemente en pasillos de clínicas y hospitales, entre otras dificultades, suele cansar a los dolientes y al mismo enfermo y en ocasiones se desiste de comenzar procesos de recuperación largos y tediosos. Esto requiere, por parte de la familia de fe y de la Iglesia buscar la manera de prepararnos para afrontar y vivir estas situaciones humanas que requieren de valor, decisión y de un alto grado de sacrificio en el acompañamiento de los hermanos enfermos.Se requiere también, a nivel humano y pastoral concientizar a los niños y a los jóvenes en la sensibilidad y sentido de servicio y caridad con las personas vulnerables y en general con los enfermos a todo nivel, de tal manera que, en cada hogar puedan ellos, no huir del compromiso de participar en el cuidado de los enfermos, en este caso cuenta mucho la cercanía respetuosa y sobre todo cuando es conveniente, adecuada y sin riesgos para que los niños y los jóvenes, con la presencia de algún adulto, puedan vincularse al cuidado de los enfermos de acuerdo a la capacidad y normas tanto de higiene como de prevención de contagios u otras contingencias que sea pertinente advertir.En este año del jubileo estamos llamados todos a ser peregrinos de esperanza sobre todo con el compromiso de acompañamiento proactivo y eficaz en favor de los más pobres y necesitados y en particular de los enfermos que esperan nuestra caridad afectiva y efectiva siguiendo el ejemplo del Señor quien hace presente el reino a través, no solo de la sanación física, sino espiritual y reincorporando a los enfermos a la vida de la comunidad. +Félix Ramírez Barajas Obispo Diócesis Málaga-SoatáMiembro Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia