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política

Lun 16 Feb 2026

El sentido de la política

Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Es un hecho que a todos nos preocupa la situación del país. Habría que ser ciego para no percibir la fatiga, las expectativas, las frustraciones, los temores e incluso la ira que tantas personas expresan ante la realidad social y política que vivimos. En las últimas décadas, dentro de las circunstancias que vive el mundo y tratando de afrontar el presente y prever el futuro, hemos experimentado en Colombia desafíos, búsquedas, transformaciones, inestabilidad, sin logar tener un plan nacional consistente y estable, que haga posible el desarrollo integral en la libertad, la justicia y la solidaridad.Los católicos, como ciudadanos que experimentamos esta realidad e incertidumbre, que debemos estar comprometidos con el bien común y que hemos sido llamados particularmente a vivir como miembros de un pueblo, no podemos quedarnos inconscientes o indiferentes ante todo lo que afecta la dignidad de las personas y el futuro de la comunidad humana. Por tanto, debemos sentirnos responsables hoy cuando vemos el tejido social fracturado, los cimientos de las instituciones en tela de juicio, la violencia siempre presente y el avance de la mentira y la corrupción al servicio de intereses particulares.Una evaluación lúcida de lo que vivimos y un compromiso serio con la misión del país nos deben llevar a redescubrir el sentido de la política. La crisis de confianza entre los ciudadanos y sus gobernantes tiene su origen en las ambiciones personales excesivas, las maniobras electorales, las promesas incumplidas, la falta de formación de la clase política, la ausencia de un plan común a largo plazo, el comportamiento populista. No es posible soñar un mundo ideal, menos cuando nuestros políticos son los que hemos hecho entre todos y a los que, a la vez, cada uno pide satisfacer sus propios intereses.Si la política atraviesa una grave crisis es porque algo esencial se ha perdido. La vida comunitaria no puede prescindir de la política, que afirma la existencia de una “comunidad” que trasciende los intereses particulares y define las mejores condiciones para que el ejercicio del poder esté realmente al servicio de la vida social. En los países democráticos este poder se da en las elecciones, pero éstas deben estar iluminadas y conducidas sólo por la búsqueda del bien común, por la selección de las personas más competentes, por la garantía de la institucionalidad y por la decidida cooperación de todos.Nuestro país, como todos lo sabemos, tiene un gran potencial en distintos campos. Hay creatividad para el dinamismo económico y para diversas iniciativas solidarias. Hay experiencias y estructuras construidas con sabiduría y esfuerzo. Hay una gran reserva moral y capacidad de generosidad. Sin embargo, hay ausencias de liderazgos fuertes, hay una tendencia a multiplicar y cambiar leyes pensando que ellas por sí solas lo resuelven todo, hay manipulación de la realidad y aun de las personas a través del uso de las redes sociales, hay vacíos en el campo ético por un predominio nefasto del egoísmo y el individualismo.Lograr un verdadero y efectivo proyecto social no puede hacerse con la simple yuxtaposición de propuestas según determinados intereses. La política debe afrontar ante todo la cuestión de sentido. No para decir a todos lo que se debe pensar, sino para asegurar un horizonte que mantenga unido y comprometido a todo el país, para garantizar que ninguno sea rechazado o se excluya de esta empresa que nos necesita a todos. La cuestión de sentido ha desaparecido de la política al reducirla a proteger y proporcionar derechos individuales cada vez más amplios en una realidad colectiva.Así resulta más difícil articular la sociedad, un “nosotros” que no elimina el “yo”, sino que le otorga su puesto y su misión. La convivencia y la participación de todos en una obra común requieren más que un discurso gerencial. Por tanto, antes de un período de elecciones tenemos que pensar no sólo en elegir unas personas, sino en escoger un modelo de país que sea bueno para todos. Esto supera el simplismo con que a veces enfrentamos las cosas; nos pide producir pensamiento, conducir una verdadera educación ciudadana, proponernos una renovación moral y abrirnos todos a una dimensión trascendente de la vida. Con esos presupuestos y para mantenerlos, se eligen los mejores.+ Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Mar 6 Ago 2024

En agosto, el papa Francisco pide a la Iglesia Universal orar por los líderes políticos

Haciendo énfasis en que, sin una buena política no se puede avanzar hacia la fraternidad, el papa Francisco pide a la Iglesia Universal dedicar este mes de agosto de 2024 a orar por los líderes políticos, para que sepan escuchar la realidad, tener como prioridad a los más pobres, preocuparse por los desempleados, trabajar por el desarrollo humano integral y buscar siempre el bien común."Hablo de la POLÍTICA con mayúsculas, no la politiquería", dice el Santo Padre, recordando que "hoy la política no tiene buena fama: corrupción, escándalos, alejada del día a día de las personas".En el videomensaje, difundido a través de la Red Mundial de Oración del Papa, tambien invita a agradecer a aquellos políticos que políticos que "desempeñan su tarea con voluntad de servicio, no de poder, todos sus esfuerzos por el bien común".

Jue 4 Ago 2022

La urgencia de ser luz y levadura

La sociedad, agobiada por múltiples fenómenos y situaciones, pide que se dé un cambio, tal vez sin perspectivas muy claras ni de lo que quiere ni de lo que puede venir. Se pone en cuestión la estructura misma de la persona humana, la identidad de las instituciones, la explotación de recursos naturales, el uso eficiente del dinero público y privado, la organización y funcionalidad de la realidad política. Hay como una desesperación al no encontrar el sentido profundo de la vida, al ver la eterna inequidad social que no se logra superar y al tener que enfrentar los efectos perversos de salidas falaces como el narcotráfico y la violencia. La situación de la población, empobrecida desde varios aspectos, contrasta con el mundo ficticio del lujo en ciertos ambientes, del espectáculo y la diversión ajenos a la realidad, de las maniobras políticas y económicas que no resuelven las necesidades básicas de la gente. No hay una verdadera conciencia sobre la dignidad de cada persona, no se da el profundo respeto que se debe a la vida humana, no hay autoridad que proteja a las personas indefensas frente a la violencia y la extorsión, no tenemos la calidad educativa que requieren las nuevas generaciones, no puede admitirse que una ciudad cifre su importancia en ser un burdel, no es aceptable que jóvenes y adultos no puedan más y se lancen a vivir en la calle o atenten contra su propia vida. No podemos acostumbrarnos con indolencia a que tantas personas vivan en la pobreza, que carezcan de lo indispensable en materia de vivienda, alimentación y salud. Esa indiferencia es la que va aceptando que la vida no tiene valor y que, para mantener la comodidad, se puede interrumpir la gestación de los niños en el vientre de la madre y se puede acudir a la eutanasia mirando como una carga a los enfermos y a los ancianos. Ante esta realidad, a todos nos urge ser positivos y propositivos. No podemos quedarnos lamentando el mal, sino que debemos actuar contra él; no se puede cancelar el futuro, nuestra sociedad merece una oportunidad para salir adelante. Pero. es inútil esperar cambios y reformas sociales, si no se transforma lo esencial: el corazón de cada ser humano. No nos engañemos; las reformas necesarias para adecuar el presente a un futuro mejor, que supere la mentira, el egoísmo y la injusticia, no vendrán si no se educa la conciencia, que genera una escala de auténticos valores y nos hace capaces del encuentro, de la solidaridad y de la fraternidad. Todo el que no logre este cambio será un depredador de los demás y de la sociedad, un generador de corrupción y de crímenes, un enemigo del estado de derecho y del bien común. Debemos hacernos conscientes que nos falta, primero que todo, una verdadera reforma interior. Ahí está la misión de la Iglesia, que debe ser capaz de mostrar, ante una realidad que no responde al proyecto de Dios y ante los espejismosque vislumbran soluciones falsas, la verdad sobre la dignidad humana, sobre la responsabilidad social que pesa sobre cada ciudadano, sobre los valores indispensables y constitutivos de una nación, sobre el compromiso personal que debe superar el mundo de las apariencias y de las posiciones cómodas, sobre la esperanza que va más allá de lo terreno. Como Jesús, debemos seguir llamando a la conversión, a la reforma de la mente, a la transformación del corazón para construir el nuevo mundo que necesitamos. Ojalá veamos y actuemos antes de que sea tarde. Por tanto, nosotros, de modo personal y comunitario, debemos buscar hacer el bien, trabajar para que cada familia transmita valores y enseñe a amar, influir para que los diversos grupos e instituciones procuren mejorar la vida laboral, social, educativa y política del país. Sabemos que debemos entregar la vida en el servicio y la misión venciendo el mal, como Jesús, con el poder de la verdad, del bien y del amor. No podemos sentirnos agobiados ni derrotados, sino convocados con urgencia a trabajar por la construcción de un mundo nuevo con la fuerza del Espíritu del Señor Resucitado. Es muy honroso y urgente el llamamiento a ser luz y levadura del mundo. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Lun 13 Jun 2022

¡Segunda Vuelta!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez – El próximo domingo los colombianos nuevamente iremos a las urnas a manifestar nuestra decisión democrática. Es la segunda vuelta que se ha visto enredada, tejida de improperios, denuncias, noticias falsas, escándalos; una campaña negra, sucia, rastrera. Quizás muchos coincidan conmigo en que este tipo de contiendas electorales nunca se habían visto. Me pregunto que hay en el corazón de tantas personas desalmadas para quienes es más importante denigrar, insultar, promover pensamientos mezquinos con intenciones maquiavélicas; para aquellos que se dejan llevar por palabras salpicadas de odio, frases incendiarias y siembra de cizaña. ¿Qué nos ha ocurrido? ¿Qué le está pasando a esta sociedad? Estamos sobrepasando los límites éticos y morales, mientras cada uno busca defender su punto de vista, proclamar su verdad y presentarse incólume ante el mundo, señalando a los demás como corruptos, deshonestos y perversos. En los últimos años hemos contemplado el tipo de campañas que se han ido promoviendo en Colombia, América Latina y el mundo, con estrategias denominadas ‘políticas’, legalmente aceptadas, que se han vuelto costumbre, pero, que nada tienen que ver con la verdad, la justicia y la paz. Al contrario, son un atentado contra la paz, una burla a la verdad y una sátira a la justicia. Surgen más preguntas que respuestas: ¿Siempre ha sido así? ¿se justifica este tipo de campañas? ¿Qué beneficios personales trae consigo el denigrar del otro? ¿El fin justifica los medios? ¿Es justo devorarnos y destrozarnos? ¿En política todo se vale? No se puede pretender presentar una campaña perfecta, un candidato perfecto, un modelo de gobierno perfecto. Es de héroes reconocer los errores y superar los obstáculos, no es necesario aparentar ser sabios cuando la ignorancia ‘magna est’, mostrarnos justos cuando el corazón está dividido, revelarnos como agentes de paz cuando sembramos semillas de violencia, mostrar un rostro de tolerancia cuando no somos capaces de aceptar las diferencias, pretender ser generosos cuando nos cuesta compartir con los más pobres, decir que perdonamos cuando no somos en profundidad indulgentes. Se necesita coherencia y, desde esta columna, quisiera invitar a los candidatos y electores a serenarnos, a escucharnos y a escuchar a los otros, a pensar en el bien de la comunidad, a ir más allá de nuestros intereses, a ser sensatos reconociendo las cualidades y fortalezas de los contendores, a no tener miedo al disenso, a buscar consensos y a centrar la campaña en propuestas, en la ruta que cada candidato desea recorrer para hacer de su gobierno un sendero de paz. Ante la situación actual de post verdades, de polémicas y polarizaciones, los electores necesitamos estar más tranquilos y saber que el voto en blanco no tiene ningún efecto, por lo que es importante ‘elegir bien’, cada uno votando en conciencia, pensando en el bien común. Tomás Moro, patrono de los políticos, hombre de leyes, honesto, culto y auténtico humanista invitaba a ‘servir y a no servirse de la política’; recurría siempre al buen ejemplo como el único camino para alcanzar la transformación social y la mejor manera de poder influir en los demás. En su discurso era consciente que el gobernante, es decir, el político debe enfrentarse a tres problemas: la pasión por el poder, la corrupción y la obsesión por su imagen. Solo de esta manera se puede alcanzar la integridad de un gobernante. El Papa San Juan Pablo II decía que Tomás Moro ‘emana un mensaje de inalienable dignidad de la conciencia, de primacía de la verdad sobre el poder, de coherencia moral y de una política que tenga como fin el servicio a la persona’. En estos momentos de crisis vale la pena releer a Tomás Moro y la Carta Encíclica del Papa Francisco ‘Fratelli Tutti’, que dedica todo el capítulo quinto a reflexionar sobre ‘la mejor política’, puesta siempre al servicio del bien común. Dice el Papa: ‘pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas que permitan superar presiones e inercias viciosas’. Al llegar la segunda vuelta, no lleguemos desgastados, cansados y en medio de la zozobra, la confusión, el temor o la desconfianza; lleguemos a las urnas con una conciencia diáfana para decir ‘si’ a la democracia y asumir nuestro compromiso ciudadano con responsabilidad y dignidad. Así que todos a votar y a votar bien. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Mié 1 Jun 2022

Mons. Rueda propone ejercicio de discernimiento antes de la segunda vuelta electoral

Con tres verbos: ver, juzgar y actuar, el arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis José Rueda Aparicio, ofrece un ejercicio, a la luz de la fe, que permitirá discernir el momento que vive Colombia en materia de elecciones presidenciales para esta segunda vuelta. Acompañado de textos bíblicos, el prelado plantea varias preguntas que permitirán al ciudadano analizar y sugerir respuestas propias sobre el aporte que puede dar en la construcción de una sociedad más justa y reconciliada. Además, el ejercicio anima a leer y analizar el texto del Evangelio de Mateo 20, 25-28 y el numeral 186 de Encíclica Fratelli tutti. A partir de estos textos plantea dos grandes interrogantes: ¿Qué nos dice el texto del Evangelio y la Encíclica Fratelli tutti sobre nuestra realidad política? ¿Qué esperanzas tengo frente a las propuestas de los candidatos? [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar documento[/icon]

Mié 21 Ago 2019

Proceso electoral y participación responsable

Por: Mons. Ismael Rueda Sierra -Se disparó ya en el país, la agitación del proceso electoral para la designación de autoridades en departamentos y municipios. Experiencia a la que nos hemos ido acostumbrando en sus diversas manifestaciones por cuánto van formando parte de la cultura política y del así llamado ejercicio democrático. Cada vez tenemos que preguntarnos sobre la madurez alcanzada a medida que pasa el tiempo y las lecciones aprendidas, sea para realizar elecciones limpias y libres como para lamentar sus vicios e incoherencias. Es propio del sistema de la democracia, recurrir al voto para elegir representantes y autoridades. Desde el punto de vista del discernimiento de la Iglesia en su pensamiento social, ésta “aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica” (C.A. #46). Una consecuencia primera de estas características es que no se puede admitir la formación de grupos dirigentes tipo “élite restringida” que, por motivos ideológicos o intereses particulares, someten a cautividad el poder del Estado. Por eso se necesita que exista un Estado de derecho que tenga en alta consideración la dignidad de la persona humana, sus derechos y una clara concepción del bien común. Sin embargo, es recurrente observar, para el aseguramiento del poder, el recurso a alianzas entre grupos y partidos con tal de sumar, a como dé lugar, los resultados electorales deseados. Se ve a menudo entonces, sacrificado el anhelo de los ciudadanos de tener propuestas programáticas claras, coherentes con las reales necesidades actuales y visión de futuro, para ver a cambio ofertas que “engolosinan”, de coyuntura, que una vez asegurado el poder, tampoco se cumplen. Parece contradictorio que, en el panorama político contextual de los comicios electorales, por una parte, se vea la fragmentación y multiplicación de candidatos y grupos – en busca de avales y alianzas - y por otra, la polarización del país. ¿En este escenario, qué le espera a la anhelada unidad para construir y hacer sostenible una verdadera paz? Es deseable que los partidos organizados, que en su estructura interna deben ser democráticos, ponderados en sus análisis y propuestas, asuman la tarea de favorecer la más amplia participación y el acceso de todos los ciudadanos a las responsabilidades que definen el bien común. Es necesario por otra parte, propender por el respeto recíproco de candidatos, de la ponderada e inteligente capacidad de escucha para decantar y precisar lo que constituyen acertadas propuestas y serios programas de solución a las necesidades de los ciudadanos. Cuánto deben influir en este último aspecto los sistemas de comunicación y los medios de información como son las redes sociales, los espacios en radio y televisión y los espacios editoriales, para evitar la plaga de las “fakes news” o informaciones falsas o falseadas que tanto daño hacen a personas y grupos, lo mismo que a la seriedad y objetividad de las mejores propuestas y programas. De ahí, el manejo necesariamente ético de todos estos procesos para asegurar su trasparencia, resultados constructivos y paso adelante para vencer violencias, fanatismos y a cambio, suscitar responsable participación ciudadana, apoyados en la verdad, la solidaridad y equidad y en últimas, para favorecer condiciones de paz. Con mi fraterno saludo. + Ismael Rueda Sierra Arzobispo de Bucaramanga

Mar 28 Mayo 2019

Iglesia: Vida, paz, verdad, perdón, inclusión

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía -Lo que vivimos los colombianos en estos tiempos es decisivo para todos, para salir de conflictos y violencias, apostando juntos por la reconciliación y por un progreso que integre a los más pobres, a las nuevas generaciones, a todas las etnias y regiones, incluso a los inmigrantes. En los últimos años, con el Acuerdo de La Habana entre la guerrilla de las FARC y el Estado, con la Agenda de diálogo acordada con el ELN y con la Ley para el sometimiento colectivo a la justicia de las llamadas BACRIM (bandas criminales), se avanzó mucho y se llegó a soñar y hasta a saborear los inicios de una paz imperfecta pero posible. Se hizo un enorme sacrificio de todas las partes para ponerle cimientos jurídicos a la terminación del conflicto armado, a la ampliación de la democracia, al regreso de subversivos y excombatientes a la legalidad y al trabajo honesto, a la lucha por vías políticas. Se inició la restitución de tierras despojadas con violencia, la reparación de las víctimas, la búsqueda de desaparecidos, la reconstrucción de la verdad y de la memoria y, sobre todo, al funcionamiento de un sistema de justicia especial para la transición a la paz JEP, aportando la verdad, hacia la reparación y la reconciliación, con garantías de no repetición. Se animó a las comunidades marginadas que se dedican al cultivo de la coca, la amapola y marihuana, a hacer parte del cambio, erradicando manualmente y sustituyendo esos cultivos por producción limpia, en alianza con el Estado y el mercado mundial. Los proyectos productivos PDET ( Plan de desarrollo y emprendimiento en territorios)y PNIS (Plan nacional integral de sustitución de cultivos), se plantearon como punto de partida para construir la ciudadania y el Estado en los territorios del conflicto armado, de la droga, la minería ilegal y las economías criminales. Comunidad internacional, subversión, organizaciones ilegales, Gobierno, fuerza pública, sectores sociales, políticos y económicos le apostamos a esta buena hora de la paz de Colombia. Fueron años muy esperanzadores. La Iglesia, con el Santo Padre, el Papa Francisco, nos dio un gran apoyo, rubricado con su inolvidable visita al País. Una visita que, entre otras cosas, hizo pensar en una paz y reconciliación que unieran la nación entera, en sus generaciones, regiones, territorios y ciudades, perdiendo el miedo a soñar en grande, a volar alto, a salir de lo rastrero. Los Obispos y nuestras Iglesias Particulares, comprometidos con una salida por la vía del diálogo y los acuerdos, acompañamos a las víctimas, las mesas exploratorias y públicas de diálogo, los ceses del fuego y hostilidades, las acciones humanitarias, la animación de todos hacia el bien, precario pero esencial, de la paz nacional y completa. Un significativo grupo de Otras Iglesias, con espíritu evangélico de no violencia y de sentido del perdón y de la justicia social, se unieron también a los procesos. Otros, en cambio, como también algunos sectores radicales católicos, se montaron y aliaron contra los acuerdos y procesos, en mala hora y con una visión recortada de la relación entre vida y paz, entre transición y estado pleno de derecho, entre cárcel y justicia, entre fe y política electoral, entre ideologías de género e inclusión social. Hoy, lamentablemente, son más un rebaño electoral que una congregación de creyentes. Esta “mala hora” para una paz sufrida y esquiva, la vive hoy el país con fuertes rupturas y polarizaciones políticas, nacionales e internacionales, y ante el estupor de excombatientes en proceso de reincorporación, de poblaciones y víctimas, y de la misma comunidad internacional que la viene acompañando. Es una hora con pretensiones oscuras, con apego al pasado y miedo a la verdad, con silencios y ofensas de mezquindad entre líderes nacionales que no se hablan, se descalifican y excluyen entre sí, se ven como enemigos irreconciliables; con una enorme incertidumbre que, a su vez, reanima viejas mañas y artimañas, sometiendo la frágil paz al apetito de los corruptos, de los montajes y “falsas noticias”, y a los “dividendos” de la guerra. Lo más grave de esta “mala hora para la paz” son los asesinatos selectivos y sistemáticos de excombatientes y de personas que defienden los derechos y trabajan por la convivencia pacífica entre las etnias y poblaciones. Estos asesinatos y múltiples atentados en contra de policías, soldados, jueces y dirigentes sociales, unidos a las confrontaciones armadas con riesgo de “falsos positivos”, y a las acciones guerrilleras como secuestros, voladuras de oleoductos, amenazas y numerosos hechos delictivos, crean un clima de tensión y degradación de la seguridad en todo el pais y ante el mundo. Como Iglesia Católica tenemos una grave responsabilidad todos (fieles laicos, religiosos y pastores), de cara a la vida humana, que se garantiza con el diálogo y los acuerdos de paz, con la cultura de derechos y deberes sociales, ambientales y políticos. Tenemos el deber pastoral de propiciar el encuentro, de acompañar a las víctimas, de exigir que los acuerdos no se politicen sino que se respeten y cumplan, de orientar hacia la confesión de la verdad y el camino del perdón, de ablandar mentes y corazones intransigentes, que siguen anclados en las pesadillas del odio y la venganza. Como experta en humanidad y en cultura samaritana y solidaria, la Iglesia tiene autoridad moral para ayudar a incluir a todos en el territorio, en el bienestar, en el trabajo, en el “cuidado de la casa común”, en la cultura afectiva de esposos y familias, en la organización social y participación ciudadana. Nuestra evangelización ha de ser misionera, comunitaria, formadora, social y profética, sinodal y esponsalicia, cómo está recogida en el Plan Pastoral. Ella es parte fundamental de LA AGENDA ECLESIAL DE PAZ para Colombia, con una proyección concreta a esta hora decisiva, buena y mala hora, que vive el proceso de paz. A ello debemos ayudar, con firmeza y respeto radical por la diversidad de ideas y opciones políticas, cuidando de no dejarnos hipotecar ni atrapar por quienes reducen la fe a lo íntimo y privado, a postulados ideológicos y teologías políticas en riña con el Evangelio. + DARÍO DE JESÚS MONSALVE MEJÍA Arzobispo de Cali

Mar 18 Dic 2018

«La buena política está al servicio de la paz»

Es el título del Mensaje para la 52° Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el próximo 1 de enero de 2019, en el marco de la Solemnidad de Santa María Madre. En el texto publicado el 18 de diciembre, el Papa Francisco insiste en que “la política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”. En este sentido, el Santo Padre reitera la importancia del “compromiso por el bien común”, que “cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político”. La función y la responsabilidad política, agrega, “constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo”. Finalmente, al enfatizar que la “buena política está al servicio de la paz”, señala que este es su deseo para el año nuevo: “Paz a esta casa”, que se traduce en la paz que debe germinar en las familias, las comunidades y en el cuidado del entorno, de nuestra Casa Común. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Leer mensaje completo[/icon]