Vie 19 Dic 2025
Dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros»
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTODiciembre 21 de 2025Primera lectura: Is 7, 10-14Salmo: Sal 24 (23), 1b-2. 3-4ab. 5-6 (R. cf. 7c. 10c)Segunda lectura: Rm 1, 1-7Evangelio: Mt 1, 18-24I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl cumplimiento de las promesas de Dios a la humanidad se manifiesta en hechos concretos que, a menudo, superan la lógica humana. El Señor elige a una doncella que, por obra del Espíritu, concibe un hijo. De ese nacimiento virginal surge la presencia real del Emmanuel: Dios-con-nosotros, quien viene a salvar a la humanidad.El mensaje de la liturgia de hoy puede sintetizarse así:•Isaías se convierte en portavoz de la más profunda alegría cristiana: Dios está entre nosotros, hecho niño, y su cercanía nos introduce en la salvación plena.•El salmista nos invita a presentarnos con manos inocentes y corazón puro, como el niño que está por nacer. Solo así descubriremos la grandeza de las obras del Señor.•En el Evangelio, contemplamos un momento decisivo en la historia de la salvación: la anunciación a José. Siendo un hombre justo, digno de la confianza divina, acoge el mensaje recibido en sueños y actúa sin reservas, cumpliendo la voluntad del Señor.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El relato del origen de Jesucristo nos sitúa en la alegría del cumplimiento de las promesas divinas. El anuncio se dirige a un hombre justo, José, mediante un sueño, como ocurrió con los antiguos patriarcas. En ese sueño, el plan humano de José es transformado por el querer divino: ya no se trata de proceder en secreto, sino de actuar con fe y valentía para colaborar en la obra de la salvación.José reconoce en lo que ocurre una acción del Espíritu Santo y se dispone a vivir según ese designio.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Cuando Dios está cerca, la alegría se vuelve plenitud. Nos sentimos reflejados en ese niño que habita el vientre de María. Su nacimiento nos ilumina y nos llama a vivir con un corazón limpio y manos puras, agradeciendo su presencia entre nosotros.Está a punto de cumplirse el plan de salvación: un gesto de amor infinito que se manifiesta en la ternura de un niño, que vendrá a redimirnos del pecado y de nuestras resistencias a amar a los demás.Este es un tiempo propicio para reconocernos como verdaderos hijos de Dios, más allá de criterios humanos. José, el hombre justo por excelencia, inclinó el oído al Padre y cumplió sin reservas su voluntad.También nosotros estamos llamados a afinar el oído del corazón, a abrir los ojos del alma y, sin cuestionamientos, responder a lo que Dios quiere de nosotros.Es hora de mirar hacia nuestro interior, de buscar en nosotros lo que se asemeja a ese niño por nacer: su ternura, su humildad, su obediencia. Solo así podremos configurarnos con Él.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Este es el momento de revisar nuestra espiritualidad para comprender el alcance de las decisiones de Dios en favor de la humanidad. Con el anuncio del nacimiento del Hijo en nuestra carne, Dios manifiesta su inmenso amor. Nos ama tanto que quiso compartir nuestra condición humana para invitarnos a participar de su condición divina.Este es el gran reto de la vida cristiana: configurarnos con Cristo, parecernos cada vez más a Él. Somos hombres y mujeres comunes que, desde la humildad de nuestra humanidad, estamos llamados a descubrir el verdadero sentido de la vida: entregarla por el evangelio, vivir según los dones que hemos recibido y obedecer con fidelidad a la voluntad del Padre._______________________Recomendaciones prácticas:•Después del saludo puede encenderse la cuarta luz de la corona de Adviento, recitando la respectiva oración.•Este domingo resalta la figura de María y se celebra como una verdadera fiesta mariana.•Se sugiere el Prefacio de Adviento IV: María, nueva Eva, por destacar la acción de la Virgen María.•Proponer a los fieles la visita a los más necesitados de la comunidad, llevándoles una voz de esperanza y algún presente.•Promover la cena familiar después de la misa de la Vigilia de Navidad.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria a la misaLa cercanía del nacimiento del Señor en nuestra carne nos invita a vivir con mayor humildad. Comprendiendo la grandeza de su amor, gocemos de la bondad con que nos trata y, a su vez, tratemos a los demás con la ternura propia de un auténtico hijo de Dios.Monición a la liturgia de la PalabraEl Señor cumple las promesas anunciadas desde mucho tiempo atrás por el profeta Isaías. Además, conoceremos la condición necesaria para llegar al encuentro con Dios, quien nos dice que se requieren manos inocentes y un corazón puro. Escuchemos.Oración universal o de los fielesPresidente: Cada vez que nos encontramos con el Señor, descubrimos que la gloria de Dios es el hombre convertido. Por eso, nos atrevemos a decir:R/. Te damos gracias por tu amor para con nosotros.1.Por el Papa León y todos los ministros de la Iglesia, para que, imitando la vida del Señor, todas las comunidades lleguen a la santidad. Oremos.2.Por los gobernantes del mundo, para que, configurándose como discípulos de Cristo, sean hombres de paz que conduzcan a los pueblos lejos de las guerras y de las incomprensiones. Oremos.3.Por todos los miembros de la Iglesia, para que, siendo humildes como el Niño pronto a nacer, seamos fieles exponentes de la alegría cristiana. Oremos.4.Por todos los necesitados del mundo, para que seamos cada vez más conscientes de la fortaleza del perdón y de la unidad de todos los fieles. Oremos.5.Por quienes asisten a este encuentro con el Señor, para que, llenos del Espíritu Santo, nos esforcemos en parecernos cada vez más a Dios, en su expresión de cercanía para con los demás. Oremos. Oración conclusivaPadre, tú que escuchas a quienes te invocan, te damos gracias por enviarnos a tu Hijo en nuestra carne y por esperar de nosotros el ánimo de configurar nuestra vida hasta llegar a tu santidad. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo, que vive y reina entre nosotros, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.R/. Amén.