Vie 9 Ene 2026
Este es mi Hijo amado, en quien me complazco
BAUTISMO DEL SEÑOREnero 11 de 2026Primera lectura: Is 42, 1-4. 6-7Salmo: Sal 29 (28), 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R. 11b)Segunda lectura: Hch 10, 34-38Evangelio: Mt 3, 13-17I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCon la fiesta del Bautismo de Jesús cerramos el Tiempo de Navidad e iniciamos el Tiempo Ordinario. El Tiempo de Navidad es propicio para contemplar la infancia de Jesús y, el Tiempo Ordinario es ocasión para meditar en lo que llamamos “la vida pública” de Jesús: lo que hizo y dijo durante sus tres años de ministerio, anunciando el Reino con obras y palabras, como lo recuerda Pedro en la segunda lectura: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”.Esta fiesta es una manifestación, revelación o epifanía de Dios, estrechamente vinculada a su pequeñez en la gruta de Belén y a la revelación al inicio de su ministerio en las bodas de Caná, cuando transforma el agua en vino.Una frase contundente en el evangelio de hoy es la voz del Padre, que se hace oír desde la nube: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Esta voz ya había sido anunciada por Isaías y hoy la escuchamos en la primera lectura: “Mira a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Es la voz del Señor que resuena sobre las aguas, sobre las aguas torrenciales, como proclamamos en el Salmo 28.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El versículo 13 afirma: “Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él”. Presenta un contexto geográfico y teológico: Jesús viene desde Galilea, región marginal, hacia el Jordán, lugar simbólico de paso y renovación para Israel (cf. Jos 3). Su decisión de ser bautizado muestra su solidaridad con la humanidad pecadora, aunque Él no tenga pecado.El versículo 14 dice: “Pero Juan trató de disuadirlo, diciendo: ‘Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’”. Aquí se reconoce la superioridad espiritual de Jesús. Además, el texto subraya la humildad de Jesús y la comprensión profética de Juan.En el versículo 15: “Jesús le respondió: ‘Deja que así sea ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia.’ Entonces Juan consintió”, la palabra “justicia” en Mateo se refiere a la voluntad de Dios. Jesús se somete al plan divino, mostrando obediencia y dando ejemplo. No se bautiza por necesidad personal, sino para manifestar su misión y revelar su identidad.El versículo 16 relata: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él”. Es la gran teofanía trinitaria: el cielo se abre (símbolo de revelación), el Espíritu desciende (unción mesiánica), y se prepara la voz del Padre. La paloma es símbolo de paz, pureza y del Espíritu Santo, y remite al diluvio (Gn 8), donde anuncia un nuevo comienzo.Finalmente, el versículo 17: “Y una voz del cielo decía: ‘Este es mi Hijo amado; en Él me complazco’”. La voz del Padre confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios, evocando el Salmo 2, 7 (“Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”) e Isaías 42, 1 (“Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma”). Se combinan así las imágenes del Mesías rey y del Siervo sufriente, anticipando la misión redentora de Jesús.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?“Este es mi Hijo amado” (v. 17). Así como Jesús es proclamado Hijo, cada bautizado es adoptado como hijo o hija de Dios (cf. Ga 4, 4-7). El bautismo no es solo un rito, sino una nueva identidad: somos parte de la familia de Dios.Jesús, sin pecado, se une a los pecadores en el Jordán. El bautismo nos llama a vivir en solidaridad, especialmente con los más necesitados. Ser bautizado implica compromiso con la justicia, la misericordia y la fraternidad.“Vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma” (v. 16). En el bautismo, recibimos el Espíritu Santo, que nos fortalece para vivir como discípulos. El Espíritu guía, consuela y capacita para la misión.“Conviene que cumplamos toda justicia” (v. 15). Jesús se somete al plan del Padre. También el bautizado está llamado a discernir y cumplir la voluntad de Dios. Esto implica vida de oración, escucha y fidelidad.El bautismo de Jesús marca el inicio de su ministerio público. El bautismo no es meta, sino punto de partida: cada bautizado es enviado a ser luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16). Nos convierte en discípulos misioneros, llamados a anunciar el evangelio con la vida.En síntesis, este pasaje invita a redescubrir la vocación cristiana: no somos simples creyentes, sino hijos amados, llenos del Espíritu y enviados al mundo. Recordar nuestro bautismo es recordar quiénes somos y para qué vivimos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, hoy te contemplamos en el Jordán. Has bajado desde las montañas de Nazaret hasta los valles del río, para ser bautizado por tu primo y precursor, Juan el Bautista.No te contentaste con descender de los cielos y asumir nuestra naturaleza humana; también te anonadaste poniéndote en la fila de los pecadores que esperaban el bautismo de conversión. Tú no tenías pecado, pero lo hiciste porque eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos devuelve la vida, la gracia, el amor y la plenitud. Gracias, Jesús, por cargar sobre tus espaldas nuestro pecado y por liberarnos de sus cadenas. Atravesaste el Jordán, saliendo de la tierra prometida y entrando en territorio pagano, para ser bautizado por Juan y significar la entrada al verdadero Reino. Israel pasó por el Jordán para dejar atrás la esclavitud de Egipto e ingresar como pueblo libre a la tierra prometida.Cuando recibiste el bautismo, se abrieron los cielos. Antes estaban cerrados por causa del pecado; ahora tú viniste a habitar entre nosotros para que podamos habitar contigo en los cielos nuevos y en la tierra nueva, en la Jerusalén celestial, en la casa del Padre. Gracias por abrirnos los cielos de tu ternura y misericordia. Gracias, Jesús, por descender hasta nosotros para que podamos ascender contigo al Padre. Querido Jesús, para subir contigo al Padre, primero debemos bajar contigo al Jordán. Ayúdanos a dejar atrás orgullos, autosuficiencias y falsas seguridades, para ser purificados en las aguas y transformados en hijos dóciles y obedientes, en quienes el Padre se complace.Queremos sumergirnos contigo en el Jordán, en las aguas de tu amor y misericordia, para ser lavados, purificados y transformados. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Si no hay bautismos, se recomienda utilizar una de las fórmulas del rito para la bendición y aspersión del agua, en memoria del Bautismo, que sustituye el acto penitencial al comienzo de la misa (cf. Misal, Apéndice I, Formulario II, p. 1143).•Esta fiesta tiene esquema propio de celebración, incluido el Prefacio.•Propiciar un momento de silencio, después de la comunión, para dar gracias al Padre por la presencia de Jesús en la Eucaristía y en nuestras vidas.•Hoy finaliza el Tiempo de Navidad y desde mañana lunes comienza la primera parte del Tiempo Ordinario, que se prolonga hasta el martes 17 de febrero.•Liturgia de las Horas: Tomo III, Salterio de la 1ª semana.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, en la fiesta del Bautismo de Jesús nos hemos reunido para recibir de manos del Padre a su Hijo, que se nos ofrece en la Palabra y en la Eucaristía. Con un corazón complacido en Dios, participemos con alegría y gratitud.Monición a la liturgia de la Palabra El Padre quiere mostrarnos cuánto nos ama en su Hijo, y nos lo entrega para que, por Él, con Él y en Él, seamos hijos amados en quienes se complace. Acojamos al Hijo a través de la Palabra que se nos proclamará. Escuchemos con gusto y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Con la confianza de los hijos amados, presentemos nuestras súplicas al Padre por nosotros, la Iglesia y todo el mundo. Respondemos:R/. Por tu Hijo Amado, en quien te complaces, escúchanos, Padre santo.1.Padre Dios, bendice a los laicos y ministros de tu Iglesia, para que, guiados por el Espíritu Santo, anuncien a Cristo con valentía y sean signo de unidad y salvación. Oremos.2.Padre Dios, ilumina a los gobernantes y líderes, para que trabajen con justicia y humildad, promoviendo la paz, la dignidad humana y el bien común. Oremos.3.Padre Dios, fortalece a todos los bautizados para que, recordando nuestra identidad de hijos tuyos, vivamos con fidelidad y demos testimonio del evangelio. Oremos.4.Padre Dios, acompaña a nuestra comunidad parroquial, para que, animada por el Espíritu, crezca en fraternidad, solidaridad y compromiso con los más necesitados. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, que en el bautismo de tu Hijo revelaste tu amor, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.