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predicacion orante domingo 15 de marzo

Vie 13 Mar 2026

“El Señor mira el corazón”

CUARTO DOMINGO DE CUARESMAMarzo 15 de 2026Primera lectura: 1S 16, 1b. 6-7. 10-13aSalmo: Sal 23 (22), 1b-3a. 3b-4. 5. 6 (R. 1b)Segunda lectura: Ef 5, 8-14Evangelio: Jn 9, 1-41 (forma larga) o Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38 (forma breve)I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEn el camino espiritual y litúrgico de la Cuaresma, la Palabra de Dios que proclamamos este domingo nos invita al encuentro con la misericordia divina, pues Jesús pone su mirada en nosotros para acompañarnos en el esfuerzo constante de pasar de las tinieblas a la luz, y así poder ver la vida y la realidad con los ojos de Dios. En el evangelio encontramos la curación de un ciego de nacimiento realizada por Jesús y el anuncio de que todos nacemos ciegos o necesitados de su acción sanadora para reconocer, en medio de la oscuridad, la luz de Dios que guía a quienes se reconocen sin vista. Es un motivo para alegrarnos en la esperanza del triunfo de Cristo, cuya celebración nos preparamos a vivir. La Palabra de Dios de este domingo nos suscita la reflexión en tres aspectos:1. El ser humano, corporal y espiritual, con vocación terrena y celestial, está llamado a ver en lo terreno e histórico, incluso en su condición corporal, un signo que lo impulsa a trascender hacia lo espiritual. De este modo, la vida física, biológica y el entorno ambiental son signos que conducen a la experiencia espiritual: de la visión física con los ojos hacia una visión mayor, orientada a la búsqueda de la verdad, del conocimiento y, en última instancia, hacia la luz plena que es Dios. Las tinieblas físicas, como la noche o la ceguera, son signos de muerte, mentira y soledad, de los cuales todos queremos liberarnos al amanecer. El lenguaje común identifica la luz con la vida y la muerte con las tinieblas, expresando simbólicamente la condición humana marcada por la contradicción entre vida y muerte, mentira y verdad, justicia e injusticia. En la oscuridad las cosas pierden forma, identidad y color, y se experimenta soledad. Por ello, en los estudios de religiones, la luz se asocia a la omnisciencia divina: Dios todo lo ve, todo lo sabe, y el ser humano busca siempre esa luz. Este enfoque antropológico y fenomenológico ayuda a comprender la Palabra de Dios de hoy.2. Ya desde el Antiguo Testamento se anuncia que Dios es luz que guía en el camino de la vida, mientras la historia humana es tiniebla en la cual todos caminamos. Para esa historia, Dios se revela como Luz. En Él no hay engaño ni mentira y se ha dado a conocer plenamente en su Hijo Jesucristo: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”, nos dice en el evangelio de hoy y en otros pasajes, en particular en el de Juan.3. El pasaje evangélico evoca el camino que recorrían quienes escuchaban a los apóstoles y se disponían a renacer por el bautismo. Muy pronto, los recién bautizados fueron llamados iluminados, como testimonia san Pablo: “En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz”. El Señor continúa fijando su mirada en quienes buscan la verdad sobre el origen, el valor y el sentido de la vida, no solo con la luz natural de la razón, sino aspirando a una luz que no provenga de sí mismos, sino de su Creador. Jesús confió a sus apóstoles la misión de atender a las personas y a la ceguera que las acompaña, para iniciar mediante el diálogo y el anuncio de su misericordia el camino hacia el nuevo y definitivo nacimiento a la fe por el bautismo.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura, se nos presenta el episodio en el que Samuel, enviado del Señor, debe buscar y ungir a uno de los hijos de Jesé como nuevo rey de Israel, tras los acontecimientos en los que Saúl decepcionó a Dios en su misión de unir y gobernar a su pueblo. Samuel, como ser humano, juzga según la apariencia, pero Dios mira la verdad del corazón y lo conduce al lugar más apartado de Belén, donde encuentra a un pastor: el elegido de Dios.En un primer momento, Samuel cree que Eliab, el hijo mayor de Jesé, es el escogido. Sin embargo, el Señor le advierte que está actuando con una mirada meramente humana, guiada por las apariencias y no por la verdad interior. Así, Samuel revisa uno a uno a los hijos de Jesé sin encontrar en ellos al que Dios quiere. Finalmente, por la indicación divina, descubre al hijo menor: David, pastor que estaba en el campo, quizá ignorado o considerado demasiado joven para esa misión. Es él a quien unge como rey, conforme al corazón de Dios. Pese a la trayectoria de Samuel —profeta, vidente, juez y guía del pueblo, que en su vocación había respondido: “Habla, Señor, porque tu siervo escucha” (1S 3, 10)—, Dios le hace comprender que aún debía aprender a ver con los ojos de Dios y no con los del hombre. Así lo hace: no es elegido el primogénito según la lógica humana, sino aquel a quien Dios, en su libertad soberana, escoge.La Escritura muestra que la experiencia espiritual de Dios como Luz comienza al descubrir que Él conoce nuestros pensamientos antes de que los expresemos (Sal 139, 4); conoce nuestro corazón desde lejos, incluso desde antes de nacer en el seno materno (Sal 139, 1-3. 15-16). Salomón lo expresa con claridad: “porque solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1R 8, 39).En el Evangelio según san Juan proclamamos hoy uno de los milagros más significativos del cuarto evangelio, que plantea el contraste entre tinieblas y luz, verdad y mentira, fe e incredulidad. Jesús fija su mirada en un ciego de nacimiento, hombre sin esperanza, sin luz, marginado, incluso en sábado, día que para él tampoco parecía traer la misericordia de Dios.Algunos atribuyen su ceguera al pecado propio o al de sus antepasados, como suele pensarse cuando se interpreta el sufrimiento como castigo. Jesús rechaza esa idea y anuncia que el mal físico no es fruto directo del pecado, sino ocasión para que se manifieste la gloria de Dios. Así, la curación simboliza la victoria de la luz sobre las tinieblas.Jesús unge con barro hecho de saliva y tierra, evocando la creación: el barro representa la naturaleza humana, la saliva la fuerza vivificante del Espíritu. Luego envía al ciego a lavarse en la piscina de Siloé, signo del bautismo. El hombre, obedeciendo, recupera la vista: comienza así una nueva creación.A partir de ese momento surgen interrogatorios. El ciego pasa de reconocer a Jesús como “un hombre”, luego como “profeta”, y finalmente como “el Mesías”. Sus padres, por temor a los fariseos, no lo apoyan; él, en cambio, da testimonio y, aunque es expulsado, ya pertenece al rebaño de Cristo, a quien confiesa como Pastor, en sintonía con el salmo responsorial: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. En contraste, los fariseos, que se creían iluminados, quedan cada vez más ciegos al rechazar la verdad.En la Carta a los Efesios, el apóstol Pablo exhorta a vivir como hijos de la luz, abandonando las obras de las tinieblas y siguiendo los caminos de la justicia. La vida cristiana implica ser nueva creatura en Cristo y actuar como Él, distinguiendo siempre entre el bien y el mal. No se trata solo de obrar rectamente en lo personal, sino también de denunciar las obras de las tinieblas y anunciar el bien que Dios quiere.Los primeros cristianos llamaban “iluminados” a los bautizados (Hb 6, 4). El bautismo es el paso de las tinieblas a la luz, la adhesión vital a Cristo, Luz del mundo. En Él aprendemos a juzgar, amar y esperar con nueva mentalidad. Aunque persistan las tinieblas en el mundo, estamos llamados a ser luz en medio de ellas.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Nos apropiamos de la Palabra cuando nos reconocemos en sus personajes: fariseos, ciegos, discípulos o simples espectadores. Todos tenemos algo de cada uno. El fariseo habita en nosotros como herencia del hombre viejo que Cristo quiere transformar. El ciego de nacimiento somos todos, pues nacemos en tinieblas y solo la acción redentora de Cristo nos devuelve la luz.La fe es conocimiento y reconocimiento: de nuestra condición de pecado y de Jesús como Luz que transforma. Esa fe se convierte en gratitud y testimonio. Impulsa a darlo a conocer con valentía, en permanente discernimiento, purificando nuestra mente de imágenes distorsionadas de Dios y de Cristo. El bautismo es nuestra piscina de Siloé.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Pidamos al Señor, como el ciego de nacimiento, que ilumine cada día nuestro camino. Quienes hemos sido bautizados le rogamos que nos conceda vivir siempre como hijos de la luz, con juicio moral claro frente a los desafíos de la vida cotidiana. El mundo y el maligno intentan confundirnos, presentando el mal como bien. Necesitamos que Cristo ilumine nuestro entendimiento y que la Iglesia mantenga viva la misión de guiar con dirección espiritual y enseñanza fiel frente a los nuevos dilemas morales.Reconozcamos y apoyemos la labor de catequistas y maestros que preparan a los catecúmenos en este tiempo de Cuaresma para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. Todos, en este tiempo santo, nos preparamos para renovar nuestras promesas bautismales, profundizando en la Palabra de Dios, en el examen de conciencia y en la reconciliación sacramental._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy se permite el uso de instrumentos musicales y la decoración con flores en el altar.•En este domingo se celebra el segundo escrutinio de preparación al bautismo de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de Iniciación Cristiana en la Vigilia Pascual, siguiendo las oraciones e intercesiones propias del Misal Romano (pp. 920-921).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Hermanos, bienvenidos a la celebración del cuarto domingo de Cuaresma. Dispongámonos con fe y devoción para acoger la Palabra de Dios y responder con decisión a la acción de su gracia, que se nos da en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. El mundo nos presenta retos a nuestra fidelidad como hijos de la luz. Confiemos en el Señor para que nos muestre el camino recto y nos fortalezca como testigos de su luz.Monición a la liturgia de la PalabraHoy la Palabra de Dios nos invita a reconocer nuestra ceguera espiritual y a llenarnos de esperanza, porque en nuestro caminar Dios ilumina nuestra conciencia y nuestro corazón hasta que complete en nosotros su obra. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos a Dios nuestro Padre por mediación de su Hijo, confiados en su amor. Respondamos:R/. Acoge, Padre, nuestra súplica.1.Por la Iglesia, para que fiel a su misión de enseñar, nos guíe siempre con la Palabra de Dios y con plena fidelidad al Maestro divino. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes, para que promuevan una educación auténtica que forme conciencias rectas y valores morales sólidos. Roguemos al Señor.3.Por todos nosotros, para que sepamos reconocer nuestros errores, corregirlos y ayudar fraternalmente a quienes lo necesitan. Roguemos al Señor.4.Por nuestra comunidad parroquial y diocesana, para que refleje en todo la luz de Cristo y viva en permanente conversión. Roguemos al Señor.5.Por los catequistas que acompañan a los catecúmenos en su camino hacia el bautismo, para que sepan guiarlos en la fe y en la entrega al Señor. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre santo, acoge las súplicas de tu pueblo y concédenos lo que con fe y esperanza te pedimos, si es conforme a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Vie 13 Mar 2026

Soy la luz del mundo

CUARTO DOMINGO DE CUARESMAMarzo 15 de 2026Primera lectura: 1S 16, 1b. 6-7. 10-13aSalmo: Sal 23 (22), 1b-3a. 3b-4. 5. 6 (R. 1b)Segunda lectura: Ef 5, 8-14Evangelio: Jn 9, 1-41 (forma larga) o Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38 (forma breve)I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEn el camino espiritual y litúrgico de la Cuaresma, la Palabra de Dios que proclamamos este domingo nos invita al encuentro con la misericordia divina, pues Jesús pone su mirada en nosotros para acompañarnos en el esfuerzo constante de pasar de las tinieblas a la luz, y así poder ver la vida y la realidad con los ojos de Dios. En el evangelio encontramos la curación de un ciego de nacimiento realizada por Jesús y el anuncio de que todos nacemos ciegos o necesitados de su acción sanadora para reconocer, en medio de la oscuridad, la luz de Dios que guía a quienes se reconocen sin vista. Es un motivo para alegrarnos en la esperanza del triunfo de Cristo, cuya celebración nos preparamos a vivir. La Palabra de Dios de este domingo nos suscita la reflexión en tres aspectos:1. El ser humano, corporal y espiritual, con vocación terrena y celestial, está llamado a ver en lo terreno e histórico, incluso en su condición corporal, un signo que lo impulsa a trascender hacia lo espiritual. De este modo, la vida física, biológica y el entorno ambiental son signos que conducen a la experiencia espiritual: de la visión física con los ojos hacia una visión mayor, orientada a la búsqueda de la verdad, del conocimiento y, en última instancia, hacia la luz plena que es Dios. Las tinieblas físicas, como la noche o la ceguera, son signos de muerte, mentira y soledad, de los cuales todos queremos liberarnos al amanecer. El lenguaje común identifica la luz con la vida y la muerte con las tinieblas, expresando simbólicamente la condición humana marcada por la contradicción entre vida y muerte, mentira y verdad, justicia e injusticia. En la oscuridad las cosas pierden forma, identidad y color, y se experimenta soledad. Por ello, en los estudios de religiones, la luz se asocia a la omnisciencia divina: Dios todo lo ve, todo lo sabe, y el ser humano busca siempre esa luz. Este enfoque antropológico y fenomenológico ayuda a comprender la Palabra de Dios de hoy.2. Ya desde el Antiguo Testamento se anuncia que Dios es luz que guía en el camino de la vida, mientras la historia humana es tiniebla en la cual todos caminamos. Para esa historia, Dios se revela como Luz. En Él no hay engaño ni mentira y se ha dado a conocer plenamente en su Hijo Jesucristo: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”, nos dice en el evangelio de hoy y en otros pasajes, en particular en el de Juan.3. El pasaje evangélico evoca el camino que recorrían quienes escuchaban a los apóstoles y se disponían a renacer por el bautismo. Muy pronto, los recién bautizados fueron llamados iluminados, como testimonia san Pablo: “En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz”. El Señor continúa fijando su mirada en quienes buscan la verdad sobre el origen, el valor y el sentido de la vida, no solo con la luz natural de la razón, sino aspirando a una luz que no provenga de sí mismos, sino de su Creador. Jesús confió a sus apóstoles la misión de atender a las personas y a la ceguera que las acompaña, para iniciar mediante el diálogo y el anuncio de su misericordia el camino hacia el nuevo y definitivo nacimiento a la fe por el bautismo.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura, se nos presenta el episodio en el que Samuel, enviado del Señor, debe buscar y ungir a uno de los hijos de Jesé como nuevo rey de Israel, tras los acontecimientos en los que Saúl decepcionó a Dios en su misión de unir y gobernar a su pueblo. Samuel, como ser humano, juzga según la apariencia, pero Dios mira la verdad del corazón y lo conduce al lugar más apartado de Belén, donde encuentra a un pastor: el elegido de Dios.En un primer momento, Samuel cree que Eliab, el hijo mayor de Jesé, es el escogido. Sin embargo, el Señor le advierte que está actuando con una mirada meramente humana, guiada por las apariencias y no por la verdad interior. Así, Samuel revisa uno a uno a los hijos de Jesé sin encontrar en ellos al que Dios quiere. Finalmente, por la indicación divina, descubre al hijo menor: David, pastor que estaba en el campo, quizá ignorado o considerado demasiado joven para esa misión. Es él a quien unge como rey, conforme al corazón de Dios. Pese a la trayectoria de Samuel —profeta, vidente, juez y guía del pueblo, que en su vocación había respondido: “Habla, Señor, porque tu siervo escucha” (1S 3, 10)—, Dios le hace comprender que aún debía aprender a ver con los ojos de Dios y no con los del hombre. Así lo hace: no es elegido el primogénito según la lógica humana, sino aquel a quien Dios, en su libertad soberana, escoge.La Escritura muestra que la experiencia espiritual de Dios como Luz comienza al descubrir que Él conoce nuestros pensamientos antes de que los expresemos (Sal 139, 4); conoce nuestro corazón desde lejos, incluso desde antes de nacer en el seno materno (Sal 139, 1-3. 15-16). Salomón lo expresa con claridad: “porque solo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1R 8, 39).En el Evangelio según san Juan proclamamos hoy uno de los milagros más significativos del cuarto evangelio, que plantea el contraste entre tinieblas y luz, verdad y mentira, fe e incredulidad. Jesús fija su mirada en un ciego de nacimiento, hombre sin esperanza, sin luz, marginado, incluso en sábado, día que para él tampoco parecía traer la misericordia de Dios.Algunos atribuyen su ceguera al pecado propio o al de sus antepasados, como suele pensarse cuando se interpreta el sufrimiento como castigo. Jesús rechaza esa idea y anuncia que el mal físico no es fruto directo del pecado, sino ocasión para que se manifieste la gloria de Dios. Así, la curación simboliza la victoria de la luz sobre las tinieblas.Jesús unge con barro hecho de saliva y tierra, evocando la creación: el barro representa la naturaleza humana, la saliva la fuerza vivificante del Espíritu. Luego envía al ciego a lavarse en la piscina de Siloé, signo del bautismo. El hombre, obedeciendo, recupera la vista: comienza así una nueva creación.A partir de ese momento surgen interrogatorios. El ciego pasa de reconocer a Jesús como “un hombre”, luego como “profeta”, y finalmente como “el Mesías”. Sus padres, por temor a los fariseos, no lo apoyan; él, en cambio, da testimonio y, aunque es expulsado, ya pertenece al rebaño de Cristo, a quien confiesa como Pastor, en sintonía con el salmo responsorial: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. En contraste, los fariseos, que se creían iluminados, quedan cada vez más ciegos al rechazar la verdad.En la Carta a los Efesios, el apóstol Pablo exhorta a vivir como hijos de la luz, abandonando las obras de las tinieblas y siguiendo los caminos de la justicia. La vida cristiana implica ser nueva creatura en Cristo y actuar como Él, distinguiendo siempre entre el bien y el mal. No se trata solo de obrar rectamente en lo personal, sino también de denunciar las obras de las tinieblas y anunciar el bien que Dios quiere.Los primeros cristianos llamaban “iluminados” a los bautizados (Hb 6, 4). El bautismo es el paso de las tinieblas a la luz, la adhesión vital a Cristo, Luz del mundo. En Él aprendemos a juzgar, amar y esperar con nueva mentalidad. Aunque persistan las tinieblas en el mundo, estamos llamados a ser luz en medio de ellas.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Nos apropiamos de la Palabra cuando nos reconocemos en sus personajes: fariseos, ciegos, discípulos o simples espectadores. Todos tenemos algo de cada uno. El fariseo habita en nosotros como herencia del hombre viejo que Cristo quiere transformar. El ciego de nacimiento somos todos, pues nacemos en tinieblas y solo la acción redentora de Cristo nos devuelve la luz.La fe es conocimiento y reconocimiento: de nuestra condición de pecado y de Jesús como Luz que transforma. Esa fe se convierte en gratitud y testimonio. Impulsa a darlo a conocer con valentía, en permanente discernimiento, purificando nuestra mente de imágenes distorsionadas de Dios y de Cristo. El bautismo es nuestra piscina de Siloé.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Pidamos al Señor, como el ciego de nacimiento, que ilumine cada día nuestro camino. Quienes hemos sido bautizados le rogamos que nos conceda vivir siempre como hijos de la luz, con juicio moral claro frente a los desafíos de la vida cotidiana. El mundo y el maligno intentan confundirnos, presentando el mal como bien. Necesitamos que Cristo ilumine nuestro entendimiento y que la Iglesia mantenga viva la misión de guiar con dirección espiritual y enseñanza fiel frente a los nuevos dilemas morales.Reconozcamos y apoyemos la labor de catequistas y maestros que preparan a los catecúmenos en este tiempo de Cuaresma para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. Todos, en este tiempo santo, nos preparamos para renovar nuestras promesas bautismales, profundizando en la Palabra de Dios, en el examen de conciencia y en la reconciliación sacramental._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy se permite el uso de instrumentos musicales y la decoración con flores en el altar.•En este domingo se celebra el segundo escrutinio de preparación al bautismo de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de Iniciación Cristiana en la Vigilia Pascual, siguiendo las oraciones e intercesiones propias del Misal Romano (pp. 920-921).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Hermanos, bienvenidos a la celebración del cuarto domingo de Cuaresma. Dispongámonos con fe y devoción para acoger la Palabra de Dios y responder con decisión a la acción de su gracia, que se nos da en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. El mundo nos presenta retos a nuestra fidelidad como hijos de la luz. Confiemos en el Señor para que nos muestre el camino recto y nos fortalezca como testigos de su luz.Monición a la liturgia de la PalabraHoy la Palabra de Dios nos invita a reconocer nuestra ceguera espiritual y a llenarnos de esperanza, porque en nuestro caminar Dios ilumina nuestra conciencia y nuestro corazón hasta que complete en nosotros su obra. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos a Dios nuestro Padre por mediación de su Hijo, confiados en su amor. Respondamos:R/. Acoge, Padre, nuestra súplica.1.Por la Iglesia, para que fiel a su misión de enseñar, nos guíe siempre con la Palabra de Dios y con plena fidelidad al Maestro divino. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes, para que promuevan una educación auténtica que forme conciencias rectas y valores morales sólidos. Roguemos al Señor.3.Por todos nosotros, para que sepamos reconocer nuestros errores, corregirlos y ayudar fraternalmente a quienes lo necesitan. Roguemos al Señor.4.Por nuestra comunidad parroquial y diocesana, para que refleje en todo la luz de Cristo y viva en permanente conversión. Roguemos al Señor.5.Por los catequistas que acompañan a los catecúmenos en su camino hacia el bautismo, para que sepan guiarlos en la fe y en la entrega al Señor. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre santo, acoge las súplicas de tu pueblo y concédenos lo que con fe y esperanza te pedimos, si es conforme a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.