Vie 16 Ene 2026
Éste es el Elegido de Dios
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOEnero 18 de 2026Primera lectura: Is 49, 3. 5-6Salmo: Sal 40 (39), 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 (R. cf. 8a-9a)Segunda lectura: 1Co 1, 1-3Evangelio: Jn 1, 29-34I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa respuesta al salmo de hoy “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, recuerda la disposición de quien es llamado por el Señor a cumplir una misión dentro del plan que Dios tiene para la humanidad y para el mundo. Él elige a personas concretas para que sean testigos de ese proyecto en la historia.La primera lectura nos presenta al Siervo de Yahvé, elegido por Dios con una misión específica: ser luz de las naciones para que su salvación llegue hasta los confines de la tierra.La segunda lectura recuerda a los cristianos de Corinto que todos son llamados por Dios a llevar una vida comprometida con los valores del Reino.En cuanto al evangelio, recordamos las palabras del papa Francisco en el Ángelus del 19 de enero de 2020: “Este segundo domingo del Tiempo Ordinario supone una continuación a la Epifanía y la fiesta del Bautismo de Jesús. El pasaje evangélico (cf. Jn 1, 29-34) nos habla aún de la manifestación de Jesús. En efecto, después de haber sido bautizado en el río Jordán, Jesús fue consagrado por el Espíritu Santo que se posó sobre Él y fue proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre celestial (cf. Mt 3, 16-17 y siguientes). El evangelista Juan, a diferencia de los otros tres, no describe el evento, sino que nos propone el testimonio de Juan el Bautista. Fue el primer testigo de Cristo. Dios lo había llamado y preparado para esto”.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La primera lectura de hoy corresponde a un fragmento del segundo cántico del Siervo de Yahvé, a quien se le confía una misión que se cumple en medio del sufrimiento y de la persecución. Aunque su tarea consiste en reunir a las tribus de Jacob, es decir, al pueblo de Israel, se considera poco, y por ello se le encomienda ser luz de las naciones. Así, su misión adquiere un carácter universal.En la segunda lectura, Pablo ratifica su título de apóstol: ha sido llamado por Dios y su ministerio consiste en anunciar a su Señor y conducir a los elegidos a la comunión con Él. Luego se dirige a los destinatarios como a la “Iglesia de Dios de Corinto”. Esta comunidad no está sola: es parte de la gran asamblea convocada por Dios, a la que pertenecen hombres y mujeres de cualquier raza o nación, “consagrados a Cristo Jesús con una vocación santa” e invocando el nombre de Jesús en todas partes. En el último versículo aparece el habitual saludo de gracia y paz con que Pablo se dirige a la mayoría de las comunidades. Esta lectura es el inicio de la carta que escucharemos durante varios domingos.El evangelio transmite el testimonio de Juan el Bautista, quien presenta la identidad de Jesús con dos afirmaciones: “Es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29) y “el Espíritu ha descendido y se ha posado sobre él, por eso bautizará con el Espíritu Santo” (v. 33). Como Cordero de Dios, Jesús se ofrecerá en sacrificio, igual que los corderos pascuales sacrificados por Israel. Él asume la condición humana y ofrece su vida en la cruz como entrega voluntaria y servicio de amor a la humanidad, porque ha sido ungido y confirmado por el Espíritu Santo. El evangelista no narra el bautismo de Jesús, sino que alude a él mediante el testimonio de Juan el Bautista, quien no solo ve descender al Espíritu Santo, sino que le atribuye una misión precisa: bautizar en el Espíritu, acción propia de Dios, que derrama su Espíritu sobre la humanidad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Palabra de Dios hoy nos recuerda que el origen de toda vocación está en Dios: Él es quien elige, llama y confía una misión. La vocación solo se entiende a la luz de Dios. Esta conciencia nos lleva a reconocer que el Señor llama al hombre para dar testimonio de su amor y de su salvación ofrecida a todos. En el centro del llamado está la santidad: somos llamados a ser santos, lo cual implica acoger la propuesta liberadora de Jesús y vivir de acuerdo con los valores del Reino.Es fundamental recordar que la Iglesia es la comunidad de los “llamados a la santidad”. Está formada por “todos los que invocan, en cualquier lugar, el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, sin distinción de color de piel, condiciones sociales, ideas políticas o diferencias culturales. En la Iglesia todos somos uno en Cristo, llamados a vivir en amor y unidad.Tampoco debemos olvidar que, como discípulos misioneros, hemos sido llamados a vivir en santidad y a luchar contra el pecado, que siempre busca apartarnos de la comunión con Dios y con los demás. Pero en esta lucha contamos con la fuerza del Espíritu Santo, quien nos anima a vivir en plenitud.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Para acoger la Palabra de Dios en nuestra vida, preguntémonos:•¿Soy consciente de la llamada que Dios me hace hoy?•¿De qué manera respondo a esa llamada?•¿Cómo entiendo la vocación a la santidad y cómo debo vivirla?•¿Doy testimonio de Jesús confiando en la fuerza del Espíritu Santo que habita en mí?II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Después de haber celebrado, en este nuevo año litúrgico, los domingos de Adviento, la Navidad, la Epifanía y el Bautismo del Señor, iniciamos hoy los domingos del Tiempo Ordinario. Serán treinta y cuatro domingos con sus correspondientes semanas, que nos conducirán, en su primera parte, a la Cuaresma y la Pascua, y en la segunda parte hasta el final del año litúrgico. Dispongámonos a participar con fe en la Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de Dios que hoy escuchamos nos invita a situar la vocación en el marco del plan divino. Dios tiene un proyecto de vida plena para la humanidad y elige a personas concretas como testigos de ese proyecto en la historia. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Hermanos, dirijamos al Padre todopoderoso nuestra súplica confiada por nuestras necesidades y por las del mundo entero.R/. Escucha, Padre, la oración de tu Iglesia.1.Por la Iglesia universal, para que, guiada por la fuerza del Espíritu Santo, sea siempre testimonio de santidad para todos los hombres. Roguemos al Señor.2.Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y por todo el pueblo encomendado a su cuidado, para que lo alimenten con los sacramentos que renuevan la fe y la santidad. Roguemos al Señor.3.Por nuestros gobernantes y los de todo el mundo, para que en sus decisiones busquen siempre el bien común, la paz y el desarrollo de los pueblos. Roguemos al Señor.4.Por los enfermos y por quienes sufren, para que encuentren en nosotros consuelo y ayuda en sus necesidades. Roguemos al Señor.5.Por nosotros, reunidos alrededor del altar del Señor, para que, alimentados con su Palabra, su Cuerpo y su sangre, reafirmemos nuestra vocación a la santidad. Roguemos al Señor.Oración conclusivaEscucha, Padre, la oración de tu Iglesia suplicante y concédenos en tu misericordia lo que no podemos esperar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.