Pasar al contenido principal

Opinión

Mar 20 Ago 2024

Caminar con Jesucristo en el anuncio del Evangelio

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - En el desarrollo del Proceso de Evangelización de la Diócesis de Cúcuta, este mes de agosto lo dedicamos a la fiesta diocesana, para hacer memoria de los Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral y fieles, que han hecho historia de salvación caminando desde Cristo en el anuncio del Evangelio, comprometidos por llevar la Palabra de Dios a todos los confines de la Diócesis, cumpliendo con el mandato misionero que el Señor nos ha dejado: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19-20).La certeza que nos da Jesús de estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos, ha acompañado a la Iglesia durante más de dos milenios, y a nuestra Diócesis durante 68 años de trabajo evangelizador y se ha avivado ahora en nuestros corazones con el compromiso misionero de todos los evangelizadores, quienes, ahora estamos al frente de esta misión que realizamos en el nombre del Señor.La fuerza inspiradora para seguir en salida misionera predicando el Evangelio la recibimos del mismo Jesucristo, con quien queremos tener un encuentro personal, para salir a anunciar aquello que hemos visto y oído y lo experimentamos en nuestra vida transformada por la gracia de Dios, conscientes que el Evangelio es la propuesta del Señor, que está con nosotros cada día de nuestra vida en el esfuerzode traer al redil a las ovejas que se encuentran perdidas. Para esto tenemos que renovar el corazón, porque el programa ya está en la persona de Jesucristo. Así nos lo enseña san Juan Pablo II: “No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (Novo Millennio Ineunte 29).Todos los evangelizadores tenemos la tarea de centrar nuestra vida en Jesucristo y caminar con Él en las personas más pobres, necesitadas y alejadas. Se hace necesario el anuncio del Evangelio en la vida diaria, persona a persona, en medio de la informalidad del diario vivir, así lo propone el Papa Francisco cuando nos dice: “Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, la plaza, el trabajo, o en un camino” (Evangelii Gaudium 127).Al celebrar la fiesta diocesana a lo largo de este mes, se trata de fortalecer en cada uno el compromiso misionero, que comienza en su ambiente familiar y luego pasa a otros escenarios de la vida diaria, pero también nos comprometemos con el estado permanente de misión que estamos viviendo en los sectores de cada una de las parroquias, visitando constantemente a los iniciados en la fe, con el fin de darles a todos el contenido fundamental de la evangelización como nos lo enseña el Papa Francisco: “En la evangelización se trata de recordar siempre el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender” (EG 127).El anuncio fundamental de la evangelización tenemos que profundizarlo cada día en la oración contemplativa, de rodillas frente al Santísimo Sacramento, mirando y contemplando el Crucificado. Sin la oración el trabajo que se realiza se convierte en acción social y activismo desgastante. Con el poder de la oración nuestro quehacer pastoral es anuncio de Jesucristo. El Papa Francisco así lo insiste en su magisterio cuando afirma: “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales y pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga” (EG 262).Como bautizados seguimos comprometidos en la Diócesis de Cúcuta con la iniciación cristiana de muchos bautizados para fortalecerlos en la fe, esperanza y caridad y hacerlos discípulos del Señor y misioneros en la Iglesia, para gloria de Dios y salvación nuestra y de nuestros hermanos; que lleguemos a decir juntos: Tú eres el Cristo, condúcenos al Padre. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, alcancen del Señor todas las gracias y bendiciones necesarias, para vivir la misión evangelizadora en nuestra Iglesia Particular en salida misionera, caminando con Cristo en el anuncio del Evangelio.+José Libardo Garcés Monsalve Obispo de Cúcuta

Mar 6 Ago 2024

“El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús” (Santo Cura de Ars)

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - El mes de agosto está mar­cado desde sus comienzos para hacer una reflexión en torno al sacerdocio ministerial, con motivo del recuerdo que ha­cemos del Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos y de los sacerdotes. Un sacerdote en quien sus palabras, sus gestos, su estilo de vida, todo su ser, lleva el testi­monio de Cristo al corazón de la Iglesia y a todo el pueblo de Dios.San Juan María Vianney nació en una familia de campesinos pro­fundamente cristiana, creció en un hogar donde reinaban la unidad y la caridad hacia el pobre, donde se vivía la fe, aún en medio de las dificultades por la oposición hacia la fe cristiana. En Francia llega el momento en que pasa la tormen­ta que obstaculizaba el anuncio del Evangelio y se pudo retomar la vida eclesial. Las cuatro déca­das del ministerio del Santo Cura de Ars, fueron tiempos de nueva evangelización y de reconstruc­ción del corazón de muchas per­sonas y familias que volvieron a Dios.Con motivo de esta memoria que hacemos en este mes del Santo Cura de Ars, volvemos la mira­da y la reflexión sobre el minis­terio pastoral de los sacerdotes, teniendo en mente la llamada del Papa Francisco a una conversión pastoral: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no pue­de dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una ‘simple adminis­tración’. Constituyámonos en to­das las regiones de la tierra en un ‘estado permanente de misión’” (Evangelii Gaudium 25).Hoy vivimos el mi­nisterio sacerdotal en medio de dificul­tades y obstáculos, como los que afrontó el Santo Cura de Ars, quien supo atraer a muchos hacia Dios en la práctica cons­tante del Sacramento de la confesión, que fue su método pas­toral más eficaz, junto con una oración profundamente contem­plativa por su pueblo y la Euca­ristía celebrada cada día para re­cibir la fortaleza, para afrontar su tarea evangelizadora con alegría, en medio de las dificultades que afrontaba diariamente.Con el Sacramento de la Confe­sión que administró con constan­cia, anunció el Evangelio de la misericordia de manera nueva y renovada, recuperando en los fie­les el deseo de acudir al Señor a pedir perdón cada vez que el pe­cado y el mal invaden la vida y el corazón de los creyentes. El Santo Cura de Ars con su modo de aten­der a los fieles en confesión dejó plasmada la certeza del perdón de Dios sin límites para quien se acer­ca arrepentido. El Papa Francisco así nos lo enseña cuando afirma: “Dios no se cansa nunca de per­donar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su miseri­cordia. Aquel que nos invitó a per­donar setenta veces siete (Mt 18, 22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Na­die podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor in­finito e inquebranta­ble” (EG 3).Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote ha instituido el sacerdo­cio ministerial para hacerse pre­sente en la Eucaristía y alimentar al pueblo de Dios con su cuerpo y con su sangre y también para re­conciliar a toda la humanidad con el Padre misericordioso, median­te el Sacramento de la Confesión. El Santo Cura de Ars, meditando sobre el ministerio sacerdotal nos dice que: “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, es una frase que define lo esencial de la misión y santidad del sacerdote, que con­vertida en oración contemplativa nos invita a reconocer con grati­tud a Dios el don tan grande que representan los sacerdotes, para la Iglesia y para las comunidades parroquiales, quienes recibien­do el llamado del Señor y dando una respuesta generosa a su plan de salvación, cada día repiten las palabras y los gestos de nuestro Señor Jesucristo para que pastores y fieles tengan el pan de la Palabra y de la Eucaristía que es el camino a la vida eterna.Un sacerdote al estilo de Jesús, a ejemplo del Santo Cura de Ars, animador de una comunidad pa­rroquial es capaz de renovar y convertir una parroquia, en una comunidad de discípulos misione­ros al servicio del Evangelio. Así lo expresa Aparecida cuando afir­ma: “La renovación de la parro­quia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La pri­mera exigencia es que el Párroco sea un auténtico discípulo de Je­sucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede reno­var una parroquia. Pero, al mis­mo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (Documento de Aparecida 201).Que la intercesión del Santo Cura de Ars, de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, alcancen del Señor mu­chas bendiciones y gracias que ayuden a todos los sacerdotes a vivir en fidelidad a Cristo y a la Iglesia y a todos los fieles, a seguir unidos en oración y colaboración con sus sacerdotes en las comunidades parroquiales, para que jun­tos podamos hacer profesión de fe, diciendo: Tú eres el Cristo, condúcenos al Padre y vayamos en salida misionera a iniciar nuevos cristianos y reiniciar a los que se han alejado, mediante el proce­so evangelizador que nos invita al encuentro con Jesucristo. +José Libardo Garcés Monsalve Obispo de Cúcuta

Mar 6 Ago 2024

La parroquia en una Iglesia sinodal

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - El 23 de agosto de 2024 se celebra la fiesta litúrgica de Santa Rosa Lima. En la arquidiócesis de Cali contamos con la parroquia dedicada a esta venerable santa latinoamericana, erigida como parroquia por Mons. Heladio Posidio Perlaza Ramírez, el 19 de abril de 1924. Esto quiere decir que este año estamos celebrando el 100º aniversario de su creación.Con ocasión de tan importante aniversario, la Penitenciaría Apostólica, en nombre del Papa Francisco, ha otorgado el privilegio de obtener la indulgencia plenaria a las personas que cumplan los requisitos de la confesión, la oración por el Papa, la profesión de fe y la comunión, unido a obras de misericordia, y visiten personalmente este hermoso templo en el centro de Cali.Aprovechando el centenario de esta parroquia, he considerado oportuno proponer unas reflexiones entorno de la parroquia y los retos tiene en los tiempos actuales.El Documento de Aparecida, fruto de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en la ciudad de Aparecida, Brasil, en mayo del 2007, abordó el tema de la parroquia. Aquí resalto los dos siguientes números, que describen el ser de la parroquia y a la vez la dimensión sinodal que hemos querido implementar en nuestra Arquidiócesis.“170. Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión.Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América Latina y El Caribe, es el de una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de que sean de verdad espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supra parroquiales y a las realidades circundantes.172. La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión. Desde la parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch. 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de la Palabra que el Espíritu suscita e inspira”.Sin duda que las parroquias son estructuras que no pasan de moda, y serán en todo momento referentes espirituales con profundas implicaciones sociales. Pero no sobra, a manera de evaluación, que nos hagamos varias preguntas:¿El modelo de una parroquia creada hace cien años, por ejemplo, podrá seguir vigente en los tiempos actuales?¿Será que la afirmación, “porque siempre se ha hecho así”, será valida en los tiempos que vivimos?¿Qué papel juegan en las parroquias los fieles laicos, con sus dones y carismas?¿Por qué puede darse la impresión de que los movimientos apostólicos e iniciativas pastorales recientes captan más fieles que las parroquias? ¿Qué ofrecen ellos que los fieles no encuentran en las parroquias?¿Qué planes de pastoral tienen las parroquias para que el anuncio de Cristo, que debe ser el centro de su acción, llegue a todos?En situaciones de recrudecimiento de la violencia, la pobreza y la inequidad, ¿qué deben hacer parroquias para ser pertinentes y a la vez ser centros de comunión y de reconciliación comunitaria?¿Cuál es la dimensión misionera de las parroquias, o serán parroquias de sostenimiento?¿Cómo hacer para que haya un sano equilibrio entre las dimensiones pastoral y administrativa?Y, finalmente, ¿cómo acoger la invitación reiterada que hace el Papa para que nuestras parroquias sean parroquias sinodales?Una cosa es cierta, las parroquias son sinodales o no lo serán. Los Obispos colombianos hemos reflexionado en varias ocasiones sobre este tema y en la asamblea de febrero de 2023 abordamos el tema “organismos diocesanos y parroquiales de participación sinodal” donde se resaltan el Consejo de pastoral (cc. 536 del Código de Derecho Canónico) y el Consejo de asuntos económicos (c. 537).Estos son organismos pensados como ayuda al párroco en el ejercicio del ministerio parroquial, y la participación amplia de los fieles, religiosos y religiosas, en la acción pastoral que se lleva a cabo.Cuando los párrocos logran conformar estos equipos de trabajo, sin duda que la misión se facilita, se hace más ligera y también se amplía a límites no pensados, pues surgen aportes creativos, iluminados por el Espíritu Santo, que permiten que la parroquias puedan responder a los enormes desafíos de los tiempos actuales entre los cuales vale la pena destacar: la pérdida de fe, el secularismo, el relativismo ético y moral, las crisis institucionales que se anidan en las mentes de muchos, la crisis de valores, las crisis en las familias y un exacerbado subjetivismo que está llevando a muchos a pensar que no necesitan de Dios, o hacen a un Dios a su medida.Existen también otros factores que deben ser tenidos en cuenta cuando de hablar de la parroquia, de su ser y de su hacer se trata. Simplemente dejo estas reflexiones para que en los distintos grupos se hable de la parroquia que se quiere y se necesita, y más cuando estamos en la recta final de la elaboración de nuestro plan de pastoral arquidiocesano.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mié 31 Jul 2024

Recuperar la inocencia

Por Mons. Miguel Fernando González - Al buscar en Internet el término “inocencia” podemos encontrarnos desde series de Netflix, hasta libros, videos, artículos, blogs, etc., de los más diversos valores y tendencias. Sin embargo, en la gran tradición cristiana, la palabra “inocencia” nos remite inmediatamente a esa cualidad que se refiere a la limpieza de corazón y pureza del alma. Esa condición de inocente, indica que uno no es culpable de pecado. El problema es que se tiende a pensar que es una cualidad reducida a los primeros años de la vida y que por ser propia de la infancia se debe ir superando –acabando– a medida que la persona crece. Gran error. Error que muy bien aprovechan las ideologías que están de moda, las cuales hasta hace unos pocos años se dirigían a un público adulto y poco a poco se han venido enfocando a los más jóvenes y últimamente a los más pequeños, porque son más vulnerables y absurdamente, poco protegidos.No hay que confundir inocencia con ignorancia, ni con infantilismo. La inocencia es un don que recibimos con el bautismo, por el que somos liberados del pecado original y además es elevada a la santidad con la gracia del sacramento, por tanto, es un don que hay que cuidar. Y ahí está el punto crítico que debemos promover en la familia. La inocencia es arrebatada cuando se van asumiendo en el hogar palabras, gestos, chistes, aficiones, películas, música, canciones o diversiones que invitan al lenguaje del doble sentido, a la palabra o mirada maliciosa, al trato violento y abusivo que agrede y quita la paz. Y todo eso sucede en primer lugar en el ambiente familiar. En general, muchos padres y madres no están pendientes de custodiar la inocencia de los niños y muchos no están atentos a protegerlos de la agresividad con que actúa hoy el ambiente. La hipersexualización de la educación infantil, siguiendo agendas internacionales que la promueven, busca dar a conocer a los más pequeños unos contenidos que no corresponden a su edad, incitándolos no solo a pensar cosas que por su etapa de desarrollo no les interesarían, sino a tener sensaciones que los llevan a adicciones desde la más tierna edad.No es casual toda la perversa carga ideológica en la inauguración de los Olímpicos de París, puesta en un espectáculo que se supone es para ver en familia, en el que incluso uno de los “artistas” era una menor de edad, indicando que ese depravado mundo también es para los niños. Muchos padres son conscientes de esta situación, pero finalmente no asumen una actitud protectora de sus hijos, por la sencilla razón de sentirse sin autoridad moral sobre el tema, no precisamente porque lo acepten, sino porque ya están confundidos y tal vez algo contaminados y no saben qué decir o prefieren callar y eso es muy grave.A los niños hoy les faltan referentes que les transmitan valores y seguridad. Los padres son los primeros educadores de sus hijos, por derecho natural y esa educación se refiere fundamentalmente a los valores más esenciales de la persona, aquellos que le servirán para toda la vida. Por lo tanto, lo que digan o callen los padres marcará la formación en la salvaguardia de la inocencia de los hijos.Pero resulta que la inocencia lejos de ser un defecto a superar, es una condición necesaria para poder madurar. Repito: madurez no implica perder la inocencia sino todo lo contrario, porque es la inocencia la que nos permite ver el mundo con mirada limpia, sin prejuicios ni corrupciones. Permite tener una correcta percepción del mundo, de las otras personas, de uno mismo y por supuesto, de Dios; no en vano, dijo Jesús: “bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios”.La buena noticia es que la inocencia se puede recuperar. Así que, lo que en la infancia habíamos recibido, por la virtud podemos –y debemos– mantener. Es por eso que la inocencia es un don y una tarea. Si animamos a nuestras familias a recuperar la inocencia perdida, sabiendo que sí es posible lograrlo, con la ayuda de Dios, seguramente daremos luz y esperanza a muchas familias y ayudaremos a proteger a muchos niños y niñas. No podemos olvidar que es justamente en el ambiente familiar donde sucede el mayor porcentaje de abuso de menores. “Pongamos de moda” la pureza, el pudor, el buen gusto, la decencia en el hablar y el vestir, quitémosle esa fama ridícula y burlesca que se le ha dado a la inocencia y exaltemos lo verdadero, lo bueno y lo bello de la vida diaria en el trato familiar, porque es allí donde en primer lugar se pone en práctica el Evangelio de Cristo. La inocencia salvará al mundo desde la familia.+Miguel Fernando González MariñoObispo de El Espinal y Administrador Apostólico de GarzónPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Vie 12 Jul 2024

Los retiros espirituales

Por Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Me gusta en ocasiones partir de lo que el Catecismo de la Iglesia católica nos ofrece como orientaciones en la vida de fe.“El Espíritu Santo, cuya unción impregna todo nuestro ser, es el Maestro interior de la oración cristiana. Es el artífice de la tradición viva de la oración. Ciertamente hay tantos caminos en la oración como orantes, pero es el mismo Espíritu el que actúa en todos y con todo. En la comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración en la Iglesia” (Catecismo, 2672).Es tradicional que en el mes de julio, en nuestra Arquidiócesis, todo el clero dedique un espacio de su tiempo para realizar los retiros espirituales anuales. Desde ya agradezco a todos los presbíteros que se han dispuesto e inscrito para estas jornadas especiales de espiritualidad, e invito a todas sus comunidades en las parroquias e instituciones, a que se unan espiritualmente a sus párrocos y servidores, orando por ellos, con la seguridad de que ellos en sus casas de retiros, van a orar también por todos. Lo hacemos en las eucaristías que celebramos.Aprovecho esta ocasión de los retiros del clero, para proponer unas ideas en torno de lo que son y deben ser los retiros espirituales en la Iglesia y los frutos que se han de esperar de estos valiosos ejercicios de fe.Lo hago porque se ha vuelto muy común la realización de retiros animados y organizados por distintos grupos y movimientos apostólicos, parroquias, comunidades religiosas, etc. Como Pastor, guía, maestro y liturgo de la diócesis, les comparto, estas líneas que espero les sean útiles.El texto de referencia que he tomado del Catecismo de la Iglesia católica, nos ofrece lo sustantivo de lo que deben ser los retiros, y la forma de hacerlos.La experiencia de los retiros espirituales ha de marcar de una manera concreta la vida de los ejercitantes. Lo primero es que es una experiencia de Dios, de encuentro personal con Él, de dejarse tocar y transformar por Él. Eso significa “la unción que impregna todo el ser”. De hecho, ya por el bautismo y la confirmación, somos templos, morada donde habita Dios. En definitiva, somos seres espirituales, llamados a vivir, como diría San Pablo en la carta a los Gálatas en el capítulo 5º, personas que viven no según la carne sino según el Espíritu.Hay variados métodos y formas de hacer los retiros espirituales, pero en la Iglesia, es necesario dar claridad sobre qué son estos retiros y formas de hacerlos. No se pueden convertir en jornadas de terapia y sanación, ni como lugares para solucionar los múltiples problemas que se puedan tener. Los retiros espirituales deben ser un momento de gracia en donde cada uno sea valiente para poner la mirada primero en Dios, invocando la ayuda del Espíritu Santo, y luego dentro de cada uno.Los retiros no deben quedarse solo en emociones que pasan. Los retiros deben permitir descubrir y discernir lo que Dios está diciendo a cada uno. El discernimiento es don que hay que pedir. “Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual” (Gaudete et exsultate, 166).Pero los retiros espirituales, para aquellos que se han alejado o enfriado en su relación con Dios, los tienen que llevar a comenzar un camino de cambio profundo, convencidos de que el milagro esperado no viene de un momento a otro, sino que hace parte de un compromiso perseverante.El Papa Francisco, en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, prende las alarmas sobre los riesgos que pueden darse en la Iglesia respecto de los frutos de los retiros espirituales. Él los presenta como una invitación para los que los animan y acompañan. Por ejemplo, en el número 57 afirma:“Todavía hay cristianos que se empeñan en seguir otro camino: el de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor. Se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. En esto algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo”.Valoremos los retiros espirituales, con la esperanza de que sean espacios de silencio, de conversión y de comunión con Dios y con la Iglesia.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Jue 11 Jul 2024

María, Madre de la Iglesia Evangelizadora

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Durante el mes de julio celebramos con alegría dos advocaciones de la Virgen muy queridas por todos: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y Nuestra Señora del Carmen. En nuestra Diócesis de Cúcuta veneramos con fervor a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, cuya réplica tenemos en la Basílica Menor. La devoción a la Virgen en todas sus advocaciones nos debe llevar a renovar el compromiso evangelizador en nuestra Iglesia Particular, que nos invita constantemente a hacer la voluntad de Dios desde las palabras que ella pronunció: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra” (Lc 1, 38) y en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5).Hacer lo que el Señor nos dice, es cumplir cada día con la voluntad de Dios a ejemplo de María, tal como lo oramos varias veces al día en el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mt 6, 10), en actitud de oración contemplativa, en una vida entera dedicada a la búsqueda de Dios. Así nos lo enseñó el Concilio Vaticano II: “La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de ‘hijos en el Hijo’ nos es dada en la Virgen María quien, por su fe (cf. Lc 1, 45) y obediencia a la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra de Dios y de las acciones de Jesús (Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor” (Lumen Gentium 53).María al ser la discípula más perfecta del Señor, también es la gran misionera, se pone en camino para visitar a su prima santa Isabel, en actitud de caridad que va al encuentro de quien la necesita y siempre nos señala a Nuestro Señor Jesucristo, pidiéndonos hacer lo que Él nos diga. En este momento de salida misionera en nuestra Diócesis, tenemos en María un modelo para ir en camino a transmitir la fe a los alejados. Así lo expresa el Papa Francisco cuando afirma: “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1, 14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Evangelii Gaudium 284).María, Madre de la Iglesia evangelizadora nos convoca a seguir anunciando a Jesucristo en las periferias físicas y existenciales de nuestra Iglesia Particular. Estamos llamados a peregrinar en su fiesta a la Basílica Menor de nuestra Diócesis, para encontrar allí la fortaleza que nos da el Señor. Un santuario mariano tiene que ser fuente de evangelización, fuente del anuncio de Jesucristo, así lo expresa el Papa Francisco: “Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. A través de las distintas advocaciones marianas, ligadas generalmente a los santuarios, comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio y entra a formar parte de su identidad histórica” (EG 286).En la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá veneramos a María que nos enseña a ser evangelizadores comprometidos con el anuncio del Reino de Dios.No puede quedarse el amor a María, Madre de la Iglesia evangelizadora, en una simple devoción superficial. Nuestra peregrinación al santuario de la Virgen nos tiene que ayudar a mirar a Jesucristo en quien tenemos puesta nuestra fe.El Papa Francisco nos lo enseña cuando afirma: “Es en los santuarios marianos, donde puede percibirse como María reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo para mirarla y dejarse mirar por ella. Allí encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida” (EG 286).La Santísima Virgen María nos quiere cristianos semejantes a Ella en la vida de oración, de recogimiento interior, de contacto continuo y unión íntima con el Señor y de entrega permanente a la Voluntad de Dios. El corazón de María siempre fue un santuario reservado solo a Dios, donde ninguna criatura humana le robó el corazón, reinando solo el amor y el fervor por la gloria de Dios y colaborando con la entrega de su vida a la salvación de toda la humanidad, en total unión con su Hijo Jesucristo. Así lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “Al pronunciar el Fiat de la Anunciación y al dar su consentimiento al misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico” (CIC 973).Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y en todas las circunstancias de la vida, aún en los momentos de cruz, tengamos siempre presente el llamado de María: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5) y hagamos con el Apóstol Pedro profesión de fe diciendo: “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29).Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la Madre de la Iglesia evangelizadora, alcancen de Nuestro Señor Jesucristo muchas gracias y bendiciones para vivir el proceso evangelizador de nuestra Diócesis en salida misionera.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mié 26 Jun 2024

“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18)

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en el desarrollo de nuestro Proceso Evangelizador de la Diócesis de Cúcuta, con el lema “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29), que el evangelista Mateo complementa con la respuesta de Jesús a Pedro: “Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos. Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16, 17-18). Siendo esta Palabra de Jesús una verdad fundamental de nuestra fe, sobre la cual se basa la certeza que Jesucristo fundó la Iglesia y eligió a Pedro y a sus sucesores como piedra angular de la misma, “Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19). Esto es lo que le da fuerza y solidez a la fe y por eso proclamamos con fervor que nuestra Iglesia es apostólica.En el Apóstol Pedro, columna de la Iglesia, tenemos un testigo de Jesucristo, cuya profesión de fe, es manifestación de su deseo constante de entregar toda su vida a la voluntad de Dios. En la respuesta que dio a Jesús cuando fue interrogado sobre quién era Él para los apóstoles, está contenida toda la misión del Señor a quien seguimos como camino, verdad y vida, cuando cada uno de nosotros hace profesión de fe en Él, pronunciando con Pedro: “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29), inspirándonos a responder debidamente a la vocación recibida en la vida sacerdotal, religiosa, matrimonial y familiar.Pedro fue elegido por el Señor para la misión de ser el primero entre los apóstoles, él es la piedra sobre la cual se edificó la Iglesia, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16, 18), quien junto con los demás apóstoles y luego con los sucesores garantizan la apostolicidad de la Iglesia, que llega hoy hasta el Papa Francisco, que en este momento es Pedro, para cada uno de los creyentes en Cristo, en comunión con todos los obispos.Próximamente celebramos con toda la Iglesia la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con esta celebración estamos llamados a renovar nuestra comunión con la Iglesia universal en la persona del Papa Francisco, en quien los católicos tenemos una roca firme de nuestra fe, porque Jesucristo quiso edificar su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. En sus enseñanzas y escritos encontramos magisterio firme, para hacer frente a los oleajes de confusión doctrinal que hoy en día aparecen en muchos ambientes que desorientan a los cristianos.En el Papa, los obispos y los sacerdotes fieles, es decir, en todos aquellos que reconocen la autoridad del Romano Pontífice, siguen su Magisterio y transmiten sus enseñanzas; encontramos al mismo Cristo, Buen Pastor, que guía a sus ovejas a la salvación eterna. Escuchemos su voz, sigamos sus huellas, imitemos su ejemplo de amor, santidad y entrega incondicional para el bien de toda la humanidad y la Iglesia.Los católicos en comunión con Pedro, tenemos la misión de defender y proclamar la fe católica, en obediencia al Papa, dando testimonio de unidad y comunión en los distintos ambientes en los que cada uno se encuentra a nivel familiar, parroquial, laboral y social. Así lo expresa Aparecida cuando dice: “No hay discipulado sin comunión. Ante la tentación muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas. Afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella ‘nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La Fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión. Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podemos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los apóstoles y con el Papa” (Documento de Aparecida 156).Esta verdad viene reforzada con el testimonio de vida de los últimos Papas que hemos tenido, quienes han mantenido la fe, la esperanza, la paz y la comunión, aún en medio de muchos sufrimientos y momentos de cruz en el cumplimiento de su misión apostólica, recibiendo del Espíritu Santo la fortaleza para no temer subirse a la Cruz con Cristo, en las contrariedades de cada día que trae predicar y defender el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, en comunión con toda la Iglesia, con la certeza que el poder del infierno no derrotará a la Iglesia (Cf Mt 16, 18) porque está unida a la roca firme que es Nuestro Señor Jesucristo.Al celebrar a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, nos unimos a la jornada del Óbolo de San Pedro y oramos particularmente por las intenciones del Papa Francisco, de modo que en todo momento reciba la gracia del Espíritu Santo, que lo llene de sabiduría para continuar conduciendo a la Iglesia e iluminando todas las realidades del mundo con la luz del Evangelio y trabajando por la comunión y la unidad de toda la Iglesia. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José nos ayuden a decir con Pedro: “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29), para vivir en comunión con Jesucristo y con la Iglesia universal, unidos al Papa Francisco, hoy Pedro, piedra firme de la Iglesia para nosotros.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 11 Jun 2024

La familia defiende y protege la vida

Mons. José Libardo Garcés Monsalve - En el desarrollo de nuestro Proceso de Evangelización en la Diócesis de Cúcuta, en este mes de junio estamos convocados a reflexionar sobre la familia y la vida, con el propósito de tomar conciencia del llamado de Dios a cada hogar para defender, proteger y custodiar la vida humana, como base esencial para construir persona y sociedad desde las virtudes del Evangelio, que a la vez tiene su base en el sacramento del matrimonio. Experimentamos cómo la sociedad se va deteriorando en muchos ambientes y esto tiene su raíz en el deterioro de la vida familiar, que está surgiendo desde distintas ideologías y maneras de concebir el matrimonio y la familia, de espaldas a Dios.Frente a los desafíos que se plantean hoy para la familia, la llamada constante que nos hace Dios en su Palabra es a edificar la vida del hogar sobre la roca firme de Jesucristo, para recibir de Él la fuerza para afrontar los desafíos y tareas en la misión que ha recibido de Dios de custodiar la vida humana. Aparecida al respecto afirma: “El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, también posee una altísima dignidad que no podemos pisotear y que estamos llamados a respetar y a promover. La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin relativismos” (Documento de Aparecida 464).Esta enseñanza del magisterio de la Iglesia ratifica toda la doctrina en defensa de la vida, que le sale al paso a las ideologías que presentan el aborto, la eutanasia y demás atentados contra la vida y la dignidad de la persona humana como norma de comportamiento. Frente a esto tenemos que fortalecer la familia que protege la vida como regalo gratuito de Dios. Al respecto Aparecida nos enseña lo siguiente: “La familia cristiana está fundada en el sacramento del matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Desde esta alianza de amor, se despliegan la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad, y el compromiso de dos por una sociedad mejor” (DA 433).La familia cristiana se convierte en roca firme sobre la que se edifica la sociedad, pues en ella se aprende la relación sana de padre, madre, esposos, hijos y hermanos, para salir a la sociedad a construir el ritmo de las relaciones interpersonales sanas. En este sentido Aparecida afirma que: “La familia es uno de los tesoros más importantes de los pueblos y es patrimonio de la humanidad entera. En nuestra condición de discípulos misioneros, estamos llamados a trabajar para que la familia asuma su ser y su misión, en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia” (DA 432), y pueda ser artífice de la transformación de la sociedad desde los valores del Evangelio.La Cruz hace parte de la vida humana y también de la vida familiar, en esto tenemos que aprender de la Santísima Virgen María, a estar junto a la Cruz del Señor, a veces con dolor, pero de pie y con la esperanza en Jesús que no defrauda, porque “los dolores y las angustias se experimentan en comunión con la Cruz del Señor, y el abrazo con Él permite sobrellevar los peores momentos. En los días amargos de la familia hay unión con Jesús abandonado que puede evitar una ruptura. Las familias alcanzan poco a poco, con la gracia del Espíritu Santo, su santidad a través de la vida matrimonial, participando también en el misterio de la Cruz de Cristo, que transforma las dificultades y sufrimientos en una ofrenda de amor” (Amoris Laetitia 317).Esta enseñanza del Papa Francisco es muy consoladora, porque muchos matrimonios y familias rompen sus relaciones en la primera dificultad o crisis que experimentan, olvidando que con la gracia de Dios recibida en el sacramento del matrimonio y renovada día a día en la Eucaristía, se puede perseverar en la misión recibida hasta el final. En nuestro camino cristiano encontramos matrimonios que han perseverado en su amor fiel durante muchos años, conscientes que su vida conyugal ha tenido momentos de cruz e incertidumbre, pero con la certeza de que el Señor está siempre presente todos los días hasta el final de sus vidas.Los desafíos son grandes porque no es fácil hacer frente en el momento actual, a todas las situaciones de adversidad por las que atraviesan las familias, sin embargo, cuando tenemos conciencia que Jesucristo ilumina y unifica la vida familiar, podemos seguir adelante, abiertos a la gracia de Dios y al don que viene de lo alto que nos fortalece, alienta, nos llena de esperanza y nos da la certeza que “Dios ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza” (DA 119).Convoco a todas las familias a encontrar unos minutos cada día para estar unidos ante el Señor, rogar por las necesidades familiares, orar por los miembros del hogar que están pasando situaciones difíciles, pedirle la gracia de la caridad y del amor conyugal, darle gracias a Dios todos los días por la vida y todo lo que acontece en la familia.Pongamos la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, para que juntos en el hogar hagan profesión de fe proclamando “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29).En unión de oraciones,reciban mi bendición+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta