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Domingo de Ramos

Vie 23 Mar 2018

Domingo de Ramos

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Mié 21 Mar 2018

Domingo de Ramos: Morir y resucitar con Cristo

Primera lectura: Is 50,4-7 Salmo Sal 22(21),8-9.17-18a.19-20. 23-24 (R. 2a) Segunda lectura: Flp 2,6-11 Evangelio: Mc 14,1 - 15,47 (forma larga) o Mc 15,1-39 (forma breve) Introducción Al inicio de la semana mayor, en la que la Iglesia se dedica a un tiempo de oración, silencio y meditación en los misterios de la pasión del Señor, la liturgia de la palabra, hace una antología de textos que nos ayudarán a vivir de una manera sobria y profunda, la celebración del Misterio Pascual de Cristo, no solo para conmemorar lo que Él realizó, sino, y sobre todo, para que estemos inmersos en su Misterio para morir y resucitar con Cristo (Cfr. DH 77). La clave para unir los diversos elementos que se presentan en la celebración de este día, nos dice el Directorio Homilético, está en la segunda lectura, en dónde san Pablo, en su Carta a los Filipenses, presenta el resumen de todo el Misterio Pascual (DH 77) También, el Profeta Isaías, en su tercer canto del siervo sufriente, prefigurará la imagen de Cristo y las ignominias por las que pasará en su entrega por la humanidad, llevando al pueblo de Dios a reflexionar sobre la fuerza del siervo de Dios en las horas previas a su entrega final. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Las palabras de Isaías, son de aliento para el pueblo, la representación de la figura del Siervo de Yahvé, es una manera figurada de encarnar el sufrimiento y la ignominia por las que va a pasar, no solo el pueblo, sino el descendiente de la tribu de David que se enfrentará a sus adversarios para que “lo golpeen, lo abofeteen, injurien y calumnien” (Cfr. Is 50,6.). Todas estas expresiones de violencia física, verbal y carnal, serán una prefiguración del cuerpo lacerado de Cristo en los evangelios, como lo leeremos en el relato de la pasión del evangelio de Marcos. La aclamación al salmo 21 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” será el eco del Hijo en la cruz en el dolor, sufrimiento y desánimo que puede llegar a vivir un discípulo del Señor. La súplica en medio del sufrimiento, deja una sensación de abandono, de soledad y sufrimiento; pero solo al final ese reconocimiento de hondo pesar y dolor, se suple con la súplica: “¡Confía en el Señor, pues que lo libre, que lo salve si le tiene aprecio!”. Pasar del dolor al consuelo, es una manera de experimentar la misericordia de Dios y la incansable anchura de su amor por el ser humano. Solo de esta manera el dolor de la carne sufriente de los más necesitados, se convierte en la carne de nuestro Señor, “cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad” (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, Encuentro con los obispos de Colombia, Salón del Palacio Cardenalicio, Bogotá, 7 de septiembre de 2017). Esta contemplación del sufrimiento ignominioso del Siervo Sufriente de Dios, es evocación de los rostros sufrientes de la tierra que claman por la justicia y la verdad. Rostros con nombre e identidad concretas, que nos llevan a buscar con afán, la inclusión de los descartados e ignorados, de este mundo, en medio de la cultura del descarte. El apóstol de los gentiles en su carta a los Filipenses, escribirá todo un tratado de: humildad, sencillez y entrega. En una de las páginas más bellas de los escritos de Pablo, él exaltará las virtudes del Hijo amado de Dios y su abajamiento, como enseñanza de obediencia y sumisión a la voz del Padre. Al dejar -Cristo- su condición Divina, renunciar a ella, enseña una nueva manera de ver al ser humano. El sometimiento a la muerte en cruz, es una muestra clara de la fuerza que Cristo le imprimió a su fidelidad al Padre. Pero, sin lugar a dudas, nos va a recordar que el nuevo Adán reconcilia la vida de Pecado, con el abundante don de la Gracia que nos da Cristo resucitado, “de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (Cfr. 2 Cor 5,17.). El vaciamiento total de Cristo en la cruz, es toda una paradoja de Dios entregándose al mundo, elemento fundamental en la narrativa de Pablo para hablar de la manera en que Dios se gasta por la humanidad (kenosis); el cántico va a resaltar la idea de cómo Jesús desde su condición divina, se abaja no solo en carne, sino en su manera de relacionarse, “Pero Dios quiso hacerse vulnerable y quiso salir a callejear con nosotros, quiso salir a vivir nuestra historia tal como era, quiso hacerse hombre en medio de una contratación, en medio de algo incomprensible”; (Encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados, consagradas, seminaristas y sus familias, Medellín, 9 de septiembre de 2017) hasta que se gasta el último suspiro Jesús sigue hasta el final, siendo fiel y misericordioso, asunto que Dios mismo verá agradable a sus ojos en su glorificación. La experiencia teológica adoptada por Marcos, va a tener como esencia y fuente narrativa a Pablo, el vaciamiento de Jesús en la cruz que nos relata una de las escenas más conmovedoras y reveladoras de su evangelio -la pasión del Señor-, es una prolongación de la kenosis de los textos de Pablo. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? En el texto de la pasión de Jesús, Marcos va a cuestionar al lector sobre la obediencia a la voluntad del Padre, quien amando a su Hijo lo entrega por la salvación de todo el género humano, redimiendo al pecado del mundo con la sangre de su hijo amado. El seguimiento de Jesús en Marcos no se entiende sin la experiencia de la Cruz, todo lleva a ella y de ella surge todo. Marcos es el relato de la comunidad, todo el texto está dirigido a la formación de los discípulos en el seguimiento del Señor. Es por ello que al centro del relato (de XVI capítulos), la perícopa de la transfiguración, se convertirá en la manera en que los discípulos atienden el llamado de Jesús a seguirlo en su camino hacia Jerusalén, (camino que se convertirá en la crucifixión). De esta manera, mientras el texto presenta a Pedro, Santiago y Juan, queriendo construir tres tiendas, al final del relato del encuentro de ellos con Jesús transfigurado, en la pasión encontraremos a Jesús crucificado junto a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda, como evocación de la nueva transfiguración del Señor. La cruz se convierte en la nueva tienda de exaltación del Hijo de Dios en la humanidad. La muerte de Jesús no es la última palabra del Padre, ver a su Hijo amado (Cfr. Mt 3,23.) en la cruz como a muchos colombianos, sigue siendo doloroso para Dios y para nosotros, ver su cuerpo herido, nos debe mover a “… no tener miedo de tocar la carne herida de la propia historia de su gente” (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, encuentro con los obispos de Colombia, Salón del Palacio Cardenalicio, Bogotá, 7 de septiembre de 2017), es una clara invitación a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección. El paso que sigue es convertir el luto en danza, dejar que la profecía de Isaías siga teniendo sentido en la sociedad, “Forjarán sus espadas en arados, y sus lanzas en podaderas” (Cfr. Is 2,4.). La muerte de Cristo en la cruz, es una oportunidad para que entendamos el llamado a transformar los signos de muerte existentes en nuestro país, espacios que promuevan la cultura del encuentro, la semana mayor se convierte en una manera de “… desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”, (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, gran encuentro de oración por la reconciliación nacional, Parque Las Malocas, Villavicencio, 8 de septiembre de 2017). ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad? La palabra de Dios en este domingo de pasión, nos está llamando a contemplar la carne del crucificado, en muchos colombianos y hermanos latinoamericanos que están necesitados de sanar las heridas causadas por la violencia fratricida, que ha generado miles de víctimas deseosas de reparación: “El Señor nos insta a tender puentes, limar las diferencias, desactivar los odios, renunciar a la venganza, abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno” (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, gran encuentro de oración por la reconciliación nacional, Parque Las Malocas, Villavicencio, 8 de septiembre de 2017). La palabra de Dios siga disponiendo nuestro corazón y nuestras vidas, para seguir abriendo caminos de reconciliación, amor y paz, como mensaje clave de este domingo en el que conmemoramos la entrada de Jesús a Jerusalén. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? Cristo, nuestro Señor, quien gobierna nuestros actos y nuestra vida, nos anima, en la conmemoración del domingo de ramos, a reconocer y acoger los signos propios de su entrada en Jerusalén. Cada uno de los actos que evocamos en la Palabra de Dios, hoy, tienen toda una carga simbólica; la unción en Betania es un signo de ello: Vivir la unción de nuestro bautismo, es asociarnos al reconocimiento de los poderes que hemos recibido, al inicio de nuestra vida cristiana, por el Espíritu Santo; bendecir con nuestros actos, es reavivar el sacerdocio común en la comunidad; denunciar los casos de corrupción que aquejan a nuestra sociedad, es fomentar el profetismo y asumir nuestra dimensión de ser protectores de la casa común, es revivir la actitud de reinado de Dios en nosotros y de nosotros hacia nuestro entorno. El gesto de servicio, que recordamos en la última cena, no es otra cosa que renovar la actitud de servicio a nuestro Señor, quien “(…) siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios” (Cfr. Fil 2, 6.). Cristo nos llama a no buscar acomodarnos a los títulos y reconocimientos de esta sociedad, evocando el momento de la última cena; “…esa primera noche «eucarística», en esa primera caída del sol después del gesto de servicio, Jesús abre su corazón; les entrega su testamento” (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados, consagradas, seminaristas y sus familias, Coliseo la Macarena, Medellín, 9 de septiembre de 2017). El testamento de la entrega de Señor, se convierte en una nueva comunidad humana, llamada a ser sensible y atenta a las necesidades de los más frágiles y vulnerables. El encuentro con Cristo nos anima a dejarlo todo en manos del Padre misericordioso. La escena de Jesús, orando en el Huerto de los Olivos, es un acto profundo de discernimiento; luego de haber sido nombrado Rey y acogido por los judíos, Jesús acoge con generosidad la voluntad del Padre, impulsándonos a realizar la misma actitud de docilidad y amor. La palabra de Dios, en este domingo, es un preámbulo a vivir el misterio de la Cruz que es salvación para el creyente. Por ello, el discípulo se forja en la medida en que se dispone a asumir con el maestro la experiencia de la Cruz, aunque ésta no sea fácil de comprenderla dentro de la comunidad. Que el encuentro con Jesús, en su Misterio Pascual de pasión, muerte y resurrección, se convierta para nosotros en un espacio de fortalecimiento de nuestra fe y de renovación para nuestro espíritu cristiano y, así, recordemos que: “Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él” (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados, consagradas, seminaristas y sus familias, Coliseo la Macarena, Medellín, 9 de septiembre de 2017). Cristo nos llama a vivir con amor esta semana mayor y nos invita para que este tiempo sea para todos nosotros la oportunidad de renovar permanentemente nuestro encuentro con Él.

Jue 6 Abr 2017

La Voz del Pastor 9 de abril

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Vie 18 Mar 2016

¿Qué es el Domingo de Ramos?

Con el Domingo de Ramos se abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las palmas y de la entrada de Jesús a Jerusalén y la Liturgia de la Palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos. Enlaces ¿Qué es el Domingo de Ramos? ¿Qué significado tiene la procesión? Domingo de Ramos en la Pasión del Señor Orientaciones para la homilía [icon class='fa fa-chrome' link='']Visita el sitio Web pinchando aquí[/icon]

Mar 15 Mar 2016

"El dolor puede ser salvador"

En medio del dolor que causa la injusticia, la violencia y la guerra las víctimas debemos ser capaces de ofrecer un verdadero signo de conversión a través del perdón, la reconciliación y la paz. Este es el eje central de la reflexión de este domingo del cardenal Rubén Salazar Gómez. En sintonía con la Semana Santa que comienza, el purpurado recuerda que el Señor ha venido a nuestro mundo para ser víctima de la injusticia que el ser humano es capaz de practicar. Sin embargo - explica - esta injusticia no siembra en el corazón del Señor el deseo de venganza, sino más bien el de donación y entrega a Dios por todos los sufrimientos. "Las víctimas, que son más de 7 millones en nuestro país, y que en realidad somos todos, debemos superar el dolor ofreciéndolo a Dios", manifestó el arzobispo de Bogotá. El prelado animó a romper con la espiral de violencia que genera la sed de venganza, asimismo llamó a los victimarios a reconocer su error, arrepentirse y pedir perdón. En esta misma tónica reiteró que las víctimas conviertan el dolor en un signo que lleve esperanza y que a través de ella pueden decir a nuestra sociedad que "el dolor puede ser salvador". "Contemplando a Cristo en su pasión reflexionemos a fondo sobre el sentido del dolor, la conversión y el ofrecimiento", concluyó. [icon class='fa fa-youtube fa-2x' link='']Ir a lista de reproducción[/icon]

Lun 14 Mar 2016

[Domingo de Ramos] Seamos obedientes a Dios

Después de rememorar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la Palabra de Dios nos ilumina para reconocer en el drama de la Pasión y muerte de Jesús, con toda su carga de injusticia, crueldad y traición, el supremo testimonio de obediencia al Padre. Jesús es el verdadero Siervo de Dios que fue contado entre los malhechores pero que por su obediencia ha sido glorificado. Si nosotros nos unimos a su obediencia, participaremos también de su exaltación en la gloria del Padre. [icon class='fa fa-play' link='']Evangelio: Lucas 19,28-40[/icon] [icon class='fa fa-play' link='']Primera lectura: Isaías 50,4-7[/icon] [icon class='fa fa-play' link='']Salmo de respuesta: 22(21),8-9.17-18a.19-20.23-24 (R. 2a)[/icon] [icon class='fa fa-play' link='']Segunda lectura: Filipenses 2,6-11[/icon] [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] Los signos y los textos con que inicia la Semana Mayor hablan elocuentemente de la paradoja: se camina hacia un triunfo que sólo se da a través de la humildad, más aún, del anonadamiento y la humillación: la kenosis: Per crucem ad lucem. Se proclama la gloria del “que viene como Rey, en nombre del Señor”, lo ayudan a montar como a un Soberano y alfombran el piso con sus mantos, pero su cabalgadura es un burrito. El siervo de Dios (Isaías 50) acoge la voz del Señor y no rechaza las afrentas pero no se muestra confundido porque sabe que “no quedará en la vergüenza”. Aunque podía permanecer en la gloria de su categoría divina, se sometió a la condición de los siervos y, como cualquier hombre, se sometió a nuestra limitación y por lo mismo a nuestra mortalidad: es más, a muerte afrentosa como si fuera un criminal. Pero Pablo termina el párrafo en una verdadera apoteosis: que “se doble toda rodilla y todos proclamen, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor”. A través de la lectura de la Pasión de San Lucas se presenta el drama cuya proximidad hace temblar a Jesús, pero que acepta: “Hágase tu voluntad, Padre”. Como ráfagas de luz que destellan entre el escenario de sombras, se oye la voz de Jesús cuando el Sumo Sacerdote le conjura en nombre de Dios para que diga si es el Mesías. “Tú lo has dicho… Y desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso sobre las nubes del cielo”. Esa proclamación le merece la muerte (como le sucederá después a Esteban). Su pueblo y sus autoridades piden su condena a muerte. Como dice el evangelio de Juan “Los suyos no lo recibieron”. Sus amigos y discípulos lo abandonaron. En cambio, el comandante del escuadrón de ejecución, pagano pero libre de prejuicios, exclama: “Verdaderamente este hombre era inocente.” Viene a la mente la palabra del Papa Francisco: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa.” Evangelii gaudium, 71. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] El mundo contemporáneo busca afanosamente la comodidad del momento, el éxito fácil y con poco esfuerzo, y rechaza como una maldición insoportable el dolor, el fracaso y la humillación. “En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. “ Evangelii gaudium, 62 También ahora y aquí hay quienes aclaman a Cristo pero no aceptan su misión redentora y sus consecuencias. Hoy también hay un porcentaje notable de discípulos cobardes. Hay quienes detestan que se siga oyendo el mensaje de Cristo: hay quienes están destruyendo iglesias, arrancando cruces o inventando argumentos ideológicos y leyes para apagar su recuerdo. Pero este es el mundo que hoy debe recibir el anuncio. Debemos descodificar el mensaje redentor al lenguaje de esta sociedad contemporánea. Si la Iglesia de veras es hoy presencia auténtica de Jesucristo, no faltarán los paganos o gentiles que sean capaces de reconocerlo como el ladrón arrepentido o el centurión. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] La celebración festiva y solemne del Domingo de Ramos debe suscitar una auténtica renovación de nuestra pertenencia a la comunidad de los discípulos de Jesucristo. El recuerdo de cada uno de los actores en el relato de la Pasión es un cuestionamiento a nuestra propia historia: a qué grupo nos parecemos más? Con cuál personaje nos identificamos? El acontecimiento atroz del Calvario, que para nosotros es “misterio” porque es revelación de amor del Padre, está ocurriendo hoy aquí, por la presencia eterna del Señor resucitado. [icon class='fa fa-play' link='']Recomendaciones prácticas[/icon] Motivar con tiempo la participación de la comunidad en la procesión con los ramos. Tener en cuenta que el verdadero signo de acogida y aclamación de Jesús como Hijo de Dios es con los elementos de la naturaleza (ramos, ramas). Al concluir la procesión, al llegar al altar, se omiten los ritos iniciales y se hace la Oración Colecta. Se sugiere que la proclamación de la Pasión se realice entre tres lectores, teniendo en cuenta la recomendación de la liturgia de reservar la parte propia de Cristo para que la lea el sacerdote. Conviene instruir a las fieles en que lo más importante en este día es la celebración de la Misa y, en ella, la lectura de la Pasión del Señor. Jornada jubilar diocesana de los jóvenes. En el contexto de Año de la Misericordia, en importante que en Semana Santa y en el Tiempo Pascual los pastores muestren la imagen del Padre que ha salvado y sigue salvando. Él ha mostrado misericordia con respecto a Israel, su pueblo, y aún hoy continúa mostrando su rostro misericordioso con respecto a aquellos que acogen el don de la fe en las aguas del manantial.