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evangelio san juan

Sáb 21 Mar 2026

22 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 11, 1-45

Jn 11, 1-45Yo soy la resurrección y la vidaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo:«Señor, el que tú amas está enfermo».Jesús, al oírlo, dijo:«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.Solo entonces dijo a sus discípulos:«Vamos otra vez a Judea».Los discípulos le replicaron:«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».Jesús contestó:«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».Dicho esto, añadió:«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo».Entonces le dijeron sus discípulos:«Señor, si duerme, se salvará».Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.Entonces Jesús les replicó claramente:«Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de que no hayamos estado allí, para que crean. Y ahora vamos a su encuentro».Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:«Vamos también nosotros y muramos con él».Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».Jesús le dijo:«Tu hermano resucitará».Marta respondió:«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».Jesús le dijo:«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».Ella le contestó:«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:«El Maestro está ahí y te llama».Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:«¿Dónde lo han enterrado?».Le contestaron:«Señor, ven a verlo».Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:«¡Cómo lo quería!».Pero algunos dijeron:«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:«Quiten la losa».Marta, la hermana del muerto, le dijo:«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».Jesús le replicó:«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».Entonces quitaron la losa.Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».Y dicho esto, gritó con voz potente:«Lázaro, sal afuera».El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:«Desátenlo y déjenlo andar».Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.Palabra del Señor.

Vie 20 Mar 2026

21 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 7, 40-53

Jn 7, 40-53¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?Lectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:«Este es de verdad el profeta».Otros decían:«Este es el Mesías».Pero otros decían:«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:«¿Por qué no lo han traído?».Los guardias respondieron:«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».Los fariseos les replicaron:«¿También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».Ellos le replicaron:«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».Y se volvieron cada uno a su casa.Palabra del Señor.

Jue 19 Mar 2026

20 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 7, 1-2. 10. 25-30

Jn 7, 1-2. 10. 25-30Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su horaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:«¿No es este el que intentan matar? Pues miren cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:«A mí me conocen, y conocen de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese ustedes no lo conocen; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.Palabra del Señor.

Mar 17 Mar 2026

18 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 5, 17-30

Jn 5, 17-30Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiereLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.Jesús tomó la palabra y les dijo:«En verdad, en verdad les digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para su asombro.Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.En verdad, en verdad les digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.En verdad, en verdad les digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.No los sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».Palabra del Señor.

Lun 16 Mar 2026

17 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 5, 1-16

Jn 5, 1-16Al momento aquel hombre quedó sanoLectura del santo Evangelio según san Juan.SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:«¿Quieres quedar sano?».El enfermo le contestó:«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».Jesús le dice:«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».Él les contestó:«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».Ellos le preguntaron:«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.Palabra del Señor.

Dom 15 Mar 2026

16 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 4, 43-54

Jn 4, 43-54Anda, tu hijo viveLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea.Jesús mismo había atestiguado:«Un profeta no es estimado en su propia patria».Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.Jesús le dijo:«Si no ven signos y prodigios, no creen».El funcionario insiste:«Señor, baja antes de que se muera mi niño».Jesús le contesta:«Anda, tu hijo vive».El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.Palabra del Señor.

Sáb 14 Mar 2026

15 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 9, 1-41

Jn 9, 1-41Él fue, se lavó, y volvió con vistaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.Y sus discípulos le preguntaron:«Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?».Jesús contestó:«Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».Unos decían:«El mismo».Otros decían:«No es él, pero se le parece».Él respondía:«Soy yo».Y le preguntaban:«¿Y cómo se te han abierto los ojos?».Él contestó:«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver».Le preguntaron:«¿Dónde está él?».Contestó:«No lo sé».Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.Él les contestó:«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».Algunos de los fariseos comentaban:«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».Otros replicaban:«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».Él contestó:«Que es un profeta».Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:«¿Es este su hijo, de quien dicen ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».Sus padres contestaron:«Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Pregúntenselo a él, que es mayor y puede explicarse».Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, pregúntenselo a él».Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:«Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».Contestó él:«Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo».Le preguntan de nuevo:«¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?».Les contestó:«Se lo he dicho ya, y no me han hecho caso; ¿para qué quieren oírlo otra vez?, ¿también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:«Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene».Replicó él:«Pues eso es lo raro: que ustedes no saben de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder».Le replicaron:«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».Y lo expulsaron.Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».Él contestó:«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».Jesús le dijo:«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».Él dijo:«Creo, Señor».Y se postró ante él.Dijo Jesús:«Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:«¿También nosotros estamos ciegos?».Jesús les contestó:«Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen “vemos”, su pecado permanece».Palabra del Señor.

Sáb 7 Mar 2026

08 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 4, 5-42

Jn 4, 5-42Un surtidor de agua que salta hasta la vida eternaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:«Dame de beber».Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.La samaritana le dice:«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).Jesús le contestó:«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».La mujer le dice:«Señor, si no tienes balde, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».Jesús le contestó:«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».La mujer le dice:«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».Él le dice:«Anda, llama a tu marido y vuelve».La mujer le contesta:«No tengo marido».Jesús le dice:«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».La mujer le dice:«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».Jesús le dice:«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque elPadre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».La mujer le dice:«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».Jesús le dice:«Soy yo, el que habla contigo».En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:«Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.Mientras tanto sus discípulos le insistían:«Maestro, come».Él les dijo:«Yo tengo un alimento que ustedes no conocen».Los discípulos comentaban entre ellos:«¿Le habrá traído alguien de comer?».Jesús les dice:«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo los envié a segar lo que no han trabajado. Otros trabajaron y ustedes entraron en el fruto de sus trabajos».En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».Palabra del Señor.