Mié 24 Dic 2025
Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria
NACIMIENTO DEL SEÑORMisa del díaDiciembre 25 de 2025Primera lectura: Is 52, 7-10Salmo: Sal 98 (97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R. cf. 3cd)Segunda lectura: Hb 1, 1-6Evangelio: Jn 1, 1-18I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónAntes de preparar la homilía de esta solemnidad tan gloriosa, vale la pena recordar las palabras del papa Francisco durante el Ángelus del 23 de enero de 2022: “La predicación corre este riesgo: sin la unción del Espíritu empobrece la Palabra de Dios, cae en el moralismo o en conceptos abstractos; presenta el Evangelio con desapego, como si estuviera fuera del tiempo, lejos de la realidad. Y este no es el camino. Pero una palabra en la que no palpita la fuerza del hoy no es digna de Jesús y no ayuda a la vida de la gente. Por esto quien predica, por favor, es el primero que debe experimentar el hoy de Jesús, para así poderlo comunicar en el hoy de los otros. Y si quiere dar clases, conferencias, que lo haga, pero en otro lado, no en el momento de la homilía, donde debe dar la Palabra para que sacuda los corazones”. El papa recuerda que el buen predicador debe evitar dos extremos: el moralismo, por el cual erramos al encaminar la predicación únicamente en sentido parenético del tipo: “debemos comportarnos bien”, y la abstracción, otro error que nos concentra en la complejidad de los conceptos y la formalidad del lenguaje. Su propuesta es para todos un desafío: la unción del Espíritu, a través de la preparación orante, permite experimentar el hoy de Jesús y enriquece la Palabra de Dios para que llegue con fuerza al hoy de los otros mediante la predicación orante.El hoy de Jesús es conciencia de la actualidad permanente del misterio de la Redención y de su actualización en la liturgia; por eso, por ejemplo, la noche de Navidad es la ocasión en la que –aquí y ahora– se realiza el misterio de Dios hecho hombre. Con la Carta a Tito podremos entender que la Navidad es “manifestación de la gracia de Dios Padre”, que nos ha permitido la “manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”. El hoy de Jesús no solo actualiza el misterio, sino que lo contextualiza. Hoy, más que nunca, es necesario enfatizar en la realidad de la Encarnación, la historicidad de la primera venida de Cristo –como Lucas lo quiere dejar en claro– y la prolongación de su obra de redención (en el tiempo y en el espacio) a través de la Iglesia como su Cuerpo místico. El hoy de Jesús ilumina el hoy de los otros a través de caminos concretos de profundización y acción: el nacimiento del Hijo de Dios realiza la profecía de Isaías, trascendiendo el móvil político-mesiánico para convertirlo en mesiánico-político. Él es el “príncipe de la paz sin límites” y extiende, sostiene y consolida ese principado a través de la justicia y el derecho.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de Isaías refleja perfectamente los sentimientos y anhelos de un pueblo oprimido por diversas causas. Cuando una persona o una comunidad experimentan el sufrimiento y dolor, se consuelan con la esperanza de un mejor mañana: “Vendrán tiempos mejores”, se dice. Isaías, en un contexto de sombra, oscuridad y caos que vivía el pueblo de Israel, profetiza una era mesiánica llena de luz, con elementos históricos y novedades. Lo histórico es la referencia al “trono de David y su reino”; es decir, cuando venga el Mesías se sabrá de dónde proviene, cuáles son sus raíces, sus antepasados, su pueblo, su vinculación profunda con la humanidad. No se tratará de la llegada de un personaje desencarnado (quizá un semidios).Lo novedoso es que ese Mesías trascenderá “políticamente” el método de la violencia como técnica para extender el poder y territorio. La expansión de su principado no se logrará con “vara de opresor”; no se escucharán las botas de los ejércitos que marchan con estrépito, ni quedarán las túnicas empapadas de sangre. Por el contrario, “dilatará el principado con una paz sin límites” y sostendrá su poder con justicia y derecho, como lo recordará el salmo responsorial de esta solemnidad. El Evangelio de Lucas recalca el sentido histórico del acontecimiento y el cumplimiento de la profecía de Isaías. Al respecto, debe aclararse que, si bien la historia encuentra en la cronología un fundamento evidente, los estudiosos de la Sagrada Escritura coinciden en que el evangelista no es exacto en las fechas, pues no tiene la intención de relatar cronológicamente el acontecimiento. Aunque cite nombres de reconocidos gobernantes, como el emperador Augusto y el gobernador Cirino, y aluda a hechos conocidos, como el famoso “censo de Judea” realizado después de la deposición de Arquelao, Lucas no busca fundamentar la historia en sí misma, sino mostrar que la historia entera tiene su fundamento más allá de la cronología. Ese fundamento es Cristo: el Mesías, el Hijo primogénito, el Príncipe de la paz esperado, puente entre lo divino y lo humano. Por ello, los ángeles proclamarán: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.Si Isaías profetizó la llegada del Mesías y Lucas narró su cumplimiento, Pablo, en su Carta a Tito, le da un enfoque escatológico: la primera venida es un preludio de la segunda. Entre el nacimiento y el retorno glorioso de Cristo transcurre la historia de la Iglesia, prolongación de la obra redentora del Mesías y sacramento universal de salvación. Pablo indica que, mientras el cristiano espera la manifestación definitiva de Jesucristo, debe asumir un doble compromiso: renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y, cultivar la sobriedad, la justicia y la piedad. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Escuchamos el prólogo del Evangelio según San Juan (1, 1-18), un bello himno canta la preexistencia del Verbo y su condición divina. Inicia presentando la relación del Verbo con Dios: preexistía con Dios (“en el principio era el Verbo”), estaba junto a Dios y era Él, es decir, de naturaleza divina (Jn 1, 1-2). Luego describe su relación con la creación: “Todo llegó a ser por medio de Él”. No es una criatura; toda la creación le debe su existencia, pues “sin Él nada llegó a ser de lo que llegó a ser”.El himno prosigue describiendo la relación del Verbo con la humanidad: Él es vida luminosa y luminosidad viva para la humanidad, pues la vida es la luz de los hombres. Esta luz vivificante brilla sin cesar, interpelando la libertad humana, siempre libre de preferir las tinieblas. No obstante, Él es una luz con efecto universal, pues ilumina “a todo hombre que viene a este mundo”, desplegando esa potencia desde su nacimiento (Jn 1, 9).El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros para acompañar a los peregrinos de esperanza y a los discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal. El Verbo encarnado revela al Dios a quien nadie ha visto; es el exégeta del Padre. Como escribió san Ireneo de Lyon: “Lo invisible del Hijo es el Padre y lo visible del Padre es el Hijo” (Adversus Haereses IV, 6, 6).“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Era Dios desde siempre Aquel que ahora se hace hombre: lo que era, permanece; lo que no era, lo asumió (quod erat permansit; quod non erat assumpsit).El Dios eterno tomó nuestra temporalidad para hacernos partícipes de su eternidad. El Dios incorruptible acogió nuestra corruptibilidad para hacernos partícipes de su incorruptibilidad. El Dios inmortal abrazó nuestra mortalidad para hacernos partícipes de su inmortalidad. El “Dios verdadero de Dios verdadero” hizo suya nuestra naturaleza humana para hacernos partícipes de su naturaleza divina. El Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros, hijos de la humanidad, lleguemos a ser hijos de Dios: “A todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les da potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1, 12).En Belén, el Invisible se vuelve visible; el Intangible se puede tocar; el Verbo de Dios se convierte en palabra humana. El Dios terrible del terremoto y la tempestad se manifiesta en la serenidad y la ternura de un niño; el Dios temible de la tienda y el templo se revela en la dulce sonrisa de un pequeño; el Dios al que nadie puede mirar nos mira con los ojos luminosos de un bebé. La Grandeza se ofrece en forma de pequeñez.En Belén, contemplamos al Dios con nosotros, cercano, por y para la humanidad. Allí, el Dios lejano se vuelve próximo, el diferente se hace semejante. En un frío pesebre reposa Aquel que es fuego devorador. En ese lugar contemplamos al Dios que ama a los hombres, tanto como para hacerse hombre. San Gregorio Nacianceno, padre de la Iglesia, canta este maravilloso misterio: “el Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad, representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la creatura hecha a su imagen y asume la carne, para redimir la carne; se une con un alma racional para salvar mi alma, para purificar lo semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en todo, con excepción del pecado” (Disertación 45).María, Madre de Dios, que lo acogió en su corazón y lo envolvió con su amor, nos ayude a recibir al Dios que se hizo hombre como nosotros para darnos salvación.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Contemplemos la primera venida de Cristo, que exige, por una parte, reconocer que hemos sido “llamados a la eternidad y hemos visto aparecer a la misma Verdad en una forma visible y corporal” (San León Magno, Sermón 23, 5). Contemplar esta verdad debe llevarnos, por otra parte, a un compromiso social, no solo por las circunstancias en que ocurrió el nacimiento del Mesías, sino sobre todo porque, como lo ha demostrado Lucas, los primeros testigos fueron los sencillos, en un ambiente de sencillez: María, José y los pastores. Así lo confirmará Pablo, al insistir a Tito en que, entre las dos manifestaciones del Mesías (la primera ya acontecida y la segunda aún por venir), las actitudes del cristiano deben ser las de Cristo, el Príncipe de la paz, expresadas en una trilogía de especial resonancia: sobriedad, justicia y piedad. Sobriedad para consigo mismo, justicia para con los demás y piedad para con Dios._______________________Recomendaciones prácticas:•Los sacerdotes pueden presidir o concelebrar hasta tres misas, siempre que se celebren en las horas indicadas. En las misas de Navidad puede elegirse, según se considere más oportuno, cualquiera de los tres formularios de lecturas.•Si se estima conveniente, puede organizarse al inicio de la celebración una procesión interna de niños que lleven la imagen del Niño Jesús al pesebre, donde se expone a la devoción de los fieles con dignidad, evitando la inapropiada costumbre de colocar una alcancía para recoger el “aguinaldo” del Niño.•Seguir los formularios establecidos, prefiriendo para esta celebración el Prefacio I de Navidad y la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, en la que parte “Reunidos en comunión…” es propio de Navidad.•Resaltar de manera especial el canto del “Gloria a Dios en el cielo”, sin alterar su texto litúrgico ni sustituirlo por villancicos u otros cantos. Su sola proclamación es ya una profesión de fe en el misterio de Dios.•Tener presente el signo del Credo, en el que se hace la genuflexión al recordar la encarnación del Verbo.•Puede emplearse en este día la fórmula de bendición solemne “En la Navidad del Señor” (Misal, p. 577).•Dirigir un saludo navideño a la comunidad, sencillo y con sentido pastoral, aprovechando la ocasión para felicitar a todos por el nacimiento del Salvador.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn la solemnidad del Nacimiento de nuestro Salvador hemos sido convocados para celebrar, con gozo comunitario, el misterio de la Redención. Él es el Príncipe de la paz que disipa las tinieblas de nuestras vidas y nos conduce a su luz admirable. Que la alegría que nos inspira esta gran muestra del amor de Dios por la humanidad inunde nuestra celebración eucarística y nos motive a vivir con coherencia cristiana. Participemos activamente.Monición a la liturgia de la PalabraEl profeta Isaías anuncia la llegada del Mesías como Príncipe de la paz. El evangelista san Lucas nos narra cómo aquella profecía se cumplió gracias al infinito amor del Padre eterno. Finalmente, san Pablo nos invita a que la manifestación del Señor entre nosotros, desde la noche de Navidad, nos ilumine en la espera de su segunda venida, que será su manifestación definitiva. Escuchemos con atención. Oración universal o de los fielesPresidente: Acudamos al Padre de la misericordia, que por su gran amor envió a su Hijo al mundo, y supliquémosle diciendo:R/. Príncipe de la paz, danos tu paz.1.Tú que eres “Maravilla de consejero” y has constituido a tu Iglesia como prolongación de la obra redentora de tu Hijo Jesucristo, haz que, en comunión con el papa León, los obispos y todos los demás pastores, los cristianos seamos testimonio de tu presencia en el mundo. Roguemos al Señor. 2.“Dios fuerte”, concede a los gobernantes de la tierra, especialmente a nuestras autoridades nacionales y locales, rectas intenciones de buen gobierno y compromiso por el desarrollo humano integral de los pueblos. Roguemos al Señor. 3.“Padre eterno”, te encomendamos especialmente nuestras familias, para que en esta Noche Santa y cada día de su vida sean reflejo de acogida y servicio, de reconciliación y fraternidad. Roguemos al Señor. 4.Dios de amor, ayúdanos a defender siempre el don de la vida, desde su concepción hasta su desenlace natural, de modo que con nuestros actos demos testimonio del valor inapreciable de la existencia. Roguemos al Señor. 5.Dios de todo consuelo, te pedimos por quienes atraviesan dificultades: los enfermos, los perseguidos, los maltratados, los desempleados y los que sufren hambre; fortalece nuestros corazones para que seamos generosos y solidarios con ellos. Roguemos al Señor. Oración conclusivaPadre Dios, que nos has iluminado con la claridad de tu Hijo, escucha las súplicas que por su intercesión te presentamos y concédenos el gozo de reconocerlo cada día como “Príncipe de la paz”. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.La Calenda: Pregón de NavidadLes anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegríapara todo el pueblo; escúchenla con corazón gozoso.Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio,Dios creó el cielo y la tierra e hizo al hombre a su imagen y semejanza;y miles y miles de años desde que cesó el diluvio y el Altísimo hizoresplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz; en el año 752 dela fundación de Roma; en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, en la sexta edad del mundo,hace 2022 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada, de María Virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban.