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Día Internacional de Trabajo: Pandemia ¿precariedad laboral?
Tags: día del trabajo dignidad del trabajo derechos humanos monseñor héctor fabio henao Pastoral Social Iglesia San José
El día del trabajo ante todo es una fecha que nos lleva a exaltar el sentido profundo del trabajo humano como un don de Dios en medio de una sociedad que lo ha mercantilizado todo y en la cual el trabajo digno no alcanza a ser una realidad plena para todos los niveles de la sociedad. Es una fecha para renovar el compromiso por un reconocimiento de toda la sociedad sobre la dignidad del trabajo, del trabajador y del mundo del trabajo. Una fecha para reiterar el reconocimiento del legítimo derecho a la asociación y a la participación de los trabajadores.
Esta celebración se hace en medio de circunstancias que impone la pandemia del CORONAVIRUS y que hace que miles de trabajadores y sus familias no conozcan el trabajo digno sino condiciones marcadas por la baja calidad en el empleo, de inestabilidad e ingresos precarios. De allí la importancia de dar a esta fecha un sentido tal que nos permita profundizar en el valor del trabajo y en la forma como este nos coloca en una relación profunda con la obra de la creación.
Ante todo, el trabajo es una bendición de Dios que permite al ser humano cooperar en la obra de la creación, desarrollarse plenamente, conformar una familia, construir comunidad y aportar a la sociedad en términos de fraternidad y de solidaridad.
Esta reflexión nos lleva hacia la pregunta por la forma como viven los hombres y mujeres del mundo del trabajo, especialmente aquellos que se encuentran en condiciones de precariedad laboral. Las cifras son impresionantes: según el DANE el 48.2% de los colombianos trabajan en situación de informalidad, estamos hablando de más de 10.000.000 de trabajadores que están en muy alto riesgo por el efecto del aislamiento social que estamos viviendo por la pandemia. Ante esta grave realidad, la urgencia que emerge con especial fuerza en este momento, es garantizar condiciones para quienes tienen que llevar el sustento a sus familias y asegurar su propio desarrollo humano en una época marcada por incertidumbre a todo nivel.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó un estudio preliminar del impacto del COVID -19 en trabajadores y trabajadoras, en el que señala tres efectos:
Sobre la cantidad de los empleos; aumento del desempleo y del subempleo -reducción de horas de trabajo.
Sobre la calidad de los empleos: caída de los salarios y empeoramiento en acceso a la protección social.
Sobre grupos de trabajadores vulnerables a “cambios en el mercado laboral”, tales como jóvenes, mujeres y migrantes. Y estiman un aumento del desempleo mundial de entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”) en este 2020.
En Colombia se calcula que 22 millones de trabajadores se han visto afectados por las normas del aislamiento social como medida de prevención de la expansión del Coronavirus.
No podemos olvidar que “la Iglesia está convencida de que el trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia del ser humano en la tierra” (S.S. Juan Pablo II, Laborm Excersens, 4) y por lo tanto no es un accidente el que la población en grandes masas tenga que entrar en el mundo de la informalidad laboral. Estamos hablando de una dimensión fundamental del ser humano.
La realidad de que solo uno de cada cuatro colombianos tiene garantizado el acceso a los sistemas de pensión se constituye en un reto para el desarrollo humano en nuestro país y, al mismo tiempo, un clamor a la solidaridad para que se tomen medidas prontas para resolverlo.
La paradoja del crecimiento económico junto a estos niveles de informalidad laboral hace un llamado a revisar la forma como se ha planteado el desarrollo de manera que este tenga rostro humano y responda a las necesidades de la población. Estamos hablando de millones de trabajadores detrás de los cuales se encuentran sus familias. Son hermanos y hermanas nuestras que tienen aspiraciones, proyectos de vida y en muchos casos una profesión que han adquirido con mucho esfuerzo personal y familiar. En ese grupo encontramos principalmente mujeres, jóvenes y desde otro lado un grupo grande de personas con un nivel de educación precario.
Este hecho nos llama a profundizar en el deber de nuestra sociedad de fortalecer los mecanismos para que se reconozca planamente la dignidad del trabajo, del trabajador y del mundo del trabajo para superar las condiciones de discriminación que viven muchos de nuestros hermanos y hermanas trabajadores, particularmente aquellos que se ven obligados a recurrir a la informalidad para poder obtener el sustento para ellos y sus familias.
Uno de los fenómenos que más afecta a la dignidad del trabajo y de los trabajadores es justamente el despojo de tierras que ha empujado a miles de familias hacia la informalidad e incluso hacia la miseria. Quienes han perdido su tierra han perdido también la fuente de su trabajo y sustento familiar. Este es un drama cuya solución ha sido determinada por la ley pero que sigue siendo un desafío para el país. Garantizar la restitución de las tierras es un acto de reconocimiento a gentes que, en muchos casos, han labrado sus vidas en el trabajo cotidiano de la agricultura y la pesca. Hoy se impone hacer seguimiento y apoyar las iniciativas de restitución de las tierras y las iniciativas legislativas que puedan poner fin a la situación de quienes obtienen su sustento en medio de la informalidad laboral.
En esta ocasión, Colombia se coloca ante uno de los desafíos más grandes porque tiene que armonizar las condiciones y derechos de trabajadores y trabajadoras ante las metas de libre comercio. Se trata de un tema muy sensible porque indudablemente el libre comercio debe realizarse en condiciones que favorezcan el desarrollo de las personas en la sociedad.
Ante estas realidades hay que reconocer que muchas personas movidas por su fe se han convertido en apóstoles misioneros en el mundo del trabajo. A quienes se encuentran en este apostolado tan valioso les mueve el brindar un testimonio evangélico y evangelizador en los ambientes obreros, campesinos, profesionales, empresariales a todos los niveles. Saben que Jesucristo garantiza la liberación integral más allá de las fronteras culturales, raciales o de cualquier orden y se proponen llevar el mensaje de la dignidad del trabajo y de los trabajadores a todos los niveles de la sociedad. Ellos hacen presente el aprecio de la Iglesia por los movimientos de trabajadores y por la solidaridad entre los hombres y mujeres del mundo del trabajo. La pastoral del mundo del trabajo es presencia de la Iglesia en el camino de la dignificación del trabajo, el trabajador y el mundo del trabajo.
El 1 de mayo, jornada de fiesta y de solidaridad y fraternidad en el mundo del trabajo, recuerda que los trabajadores son «artífices principales de las transformaciones prodigiosas que el mundo conoce hoy» (Concilio Vaticano II, Mensaje a los trabajadores). El 1 de mayo la Iglesia recuerda su reconocimiento y aprecio por el derecho de los trabajadores a organizarse y a participar en la vida y en las transformaciones de la sociedad mediante sus propuestas.
En esta fecha la Iglesia recuerda a San José Obrero, modelo del mundo del trabajo y recuerda que Jesucristo es el “Hijo del carpintero” y ora por todos los trabajadores y trabajadoras del mundo sin olvidar a quienes no tienen un trabajo de calidad. Igualmente es una fecha especial para dar gracias a Dios por la misión y entrega de quienes se dedican al servicio de sus hermanos y hermanas trabajadores desde la obra evangelizadora de la Iglesia.
El 1 de mayo es un momento para dar gracias por quienes trabajan y orar para que el Señor bendiga sus esfuerzos y fatigas y les permita alcanzar los niveles de justicia y de dignificación que anhelan.
Por: Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria
Director Secretariado Nacional de Pastoral Social
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Lun 15 Dic 2025
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Lun 19 Ene 2026
Escuchar para salvar vidas: la respuesta pastoral de la Arquidiócesis de Ibagué ante crisis de salud mental
Frente a la persistente crisis de salud mental en Colombia —con 28.290 intentos de suicidio registrados solo entre enero y septiembre de 2025, según el Instituto Nacional de Salud—, la Arquidiócesis de Ibagué ha presentado una respuesta sólida y anticipada. Desde 2020, el programa “Salvando Vidas”, liderado por monseñor Orlando Roa Barbosa, se ha consolidado como un modelo pionero de acompañamiento integral para personas con ansiedad, depresión e ideación suicida. Ha ofrecido escucha, refugio y una ruta de esperanza a más de cinco mil personas al integrar la acción pastoral, la atención psicosocial y el apoyo comunitario.El nacimiento de “Salvando Vidas”El programa “Salvando Vidas” fue creado en octubre de 2020, en plena pandemia, como una apuesta pastoral para ofrecer un espacio permanente de escucha y acompañamiento a personas mayores de 15 años que atraviesan crisis emocionales, psicológicas y espirituales profundas. Desde entonces, el centro ha atendido a más de cinco mil beneficiarios de distintos contextos socio-económicos.Su gestación estuvo marcada por la preocupación personal y pastoral del arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa Barbosa, desde que el Papa Francisco le encomendó la misión de pastorear esta porción de Iglesia en el departamento del Tolima. Realidades como las altas tasas de suicidio en la ciudad, particularmente en lugares como el Puente de la Variante, popularmente como “el puente de la muerte”, fueron claves para trazar esta prioridad.En ese proceso, el Arzobispo encontró una aliada clave en María Andrea Vargas, empresaria y coach, con quien estructuró y puso en marcha el programa y quien hoy lo dirige.En palabras de monseñor Roa Barbosa:“El tema que más me tocó fue el de la salud mental. Aquí en Ibagué tenemos un puente donde muchas personas han sacrificado su vida. Fue entonces cuando conocí a María Andrea Vargas, una empresaria y coach con una sensibilidad especial por este tema. Juntos empezamos a soñar y a construir ‘Salvando Vidas’, y hoy ella lo lidera con compromiso y profesionalismo.”Esta alianza entre la Arquidiócesis y una líder laica permitió que el programa naciera con una mirada interdisciplinaria: profundamente pastoral, pero también estructurada y orientada a resultados verificables en términos de acompañamiento y prevención.La visión del ArzobispoMonseñor Orlando Roa ha subrayado que la motivación última del programa no son las cifras, sino la dignidad de cada persona:“Con una vida que se haya salvado, se justifica toda la inversión que hayamos hecho.”Esta convicción sitúa a “Salvando Vidas” como una expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso de la Iglesia con la protección de la vida.¿Cómo funciona el programa?“Salvando Vidas” opera desde un centro de escucha ubicado en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá de Ibagué, donde las personas encuentran un espacio de atención personalizada, confidencial y respetuosa. El acompañamiento es pastoral y humano, basado en la escucha activa y el discernimiento de las necesidades de cada caso.Cuando durante el proceso de escucha se identifica que la persona requiere apoyo psicológico especializado, el equipo remite al usuario a la Fundación para la Salud de la Arquidiócesis de Ibagué, donde cuenta con el acompañamiento de psicólogos profesionales. Esta articulación permite ofrecer una atención integral que combina las dimensiones espiritual, emocional y clínica, adaptada a la complejidad de cada situación.Este modelo ha fortalecido la credibilidad del programa tanto dentro de la Iglesia como ante instituciones civiles y sociales de la región.Junto a los momentos de escucha, “Salvando Vidas” también dedica tiempo al fortalecimiento de la espiritualidad. Jornadas de oración, adoración y alabanza con la “Banda Salvando Vidas” buscan cultivar también la fe y la esperanza de beneficiarios y voluntarios.La Escuela “Salvando Vidas”: formar para acompañarComo parte de su estrategia de sostenibilidad y expansión, se creó la Escuela “Salvando Vidas”, un espacio de formación dirigido a agentes pastorales, laicos, religiosos y profesionales interesados en el cuidado de la salud mental desde una perspectiva humana y cristiana.La escuela ofrece módulos sobre escucha activa, acompañamiento en crisis, prevención del suicidio, discernimiento pastoral y autocuidado de quienes acompañan. Su objetivo no es solo atender casos, sino multiplicar capacidades en parroquias y comunidades para que la cultura del cuidado y la escucha se extienda más allá del centro de escucha.Muchos de los actuales voluntarios y acompañantes se han formado en este programa, lo que ha permitido garantizar criterios comunes, calidad en la atención y una mirada integral que une fe, humanidad y responsabilidad social.Café “Salvando Vidas”: un grano, una vidaEl café “Salvando Vidas” nació como una estrategia de sostenibilidad del programa ante el crecimiento de la demanda de atención. El impacto que ha tenido el centro de escucha y los demás programas de la iniciativa, ha implicado mayores compromisos y la necesidad de contar con recursos estables para ampliar cobertura e incluso proyectar instalaciones propias más amplias.En este contexto, y aprovechando que el Tolima es una zona productora de café de alta calidad, el programa impulsó un café de especialidad producido en una finca del municipio de Prado.Jacqueline Sierra Hernández, quien fue beneficiaria del programa y hoy hace parte del equipo de promoción, divulgación y venta del café, explica que más allá de la venta, el café se ha convertido en una herramienta para vincular a empresas y personas al propósito de “Salvando Vidas”.Sobre su proyección, Jacqueline añade:“Dentro de las estrategias para este 2026 queremos tener embajadores de la marca Salvando Vidas, no solo en Colombia sino en el mundo. Que la gente sepa que es un café con propósito: que además de vivir una experiencia sensorial con una deliciosa taza de café, su apoyo permite que otra persona reciba orientación y acompañamiento espiritual y emocional.”El valor de la escucha: testimonios desde adentro y mirada episcopalEl padre José Burgos, párroco de Nuestra Señora de Chiquinquirá, quien ha acompañado el proceso desde sus inicios, destaca el rasgo distintivo del programa:“La gente llega con caras tristes, decepcionados de la vida. Y aquí encuentran algo muy escaso hoy: tiempo. Alguien que los escucha, que no mira una pantalla, y que los va llevando a una experiencia con Dios y con la comunidad”.Esta insistencia en la escucha no es solo una intuición local. El propio arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa, ha señalado que la salud mental ha sido un tema abordado de manera reiterada entre los obispos colombianos, conscientes de que la Iglesia debe responder con mayor cercanía y acompañamiento a este desafío contemporáneo. Según el prelado, en asambleas se ha reflexionado sobre la necesidad de fortalecer espacios de escucha, prevenir el sufrimiento psíquico y articular mejor la acción pastoral con apoyos profesionales y comunitarios.Por su parte, el padre José Gregorio Sánchez comparte su experiencia personal, en la que recuerda que los presbíteros también necesitan ser escuchados y acompañados:“Siempre he dicho que soy hijo de ‘Salvando Vidas’. Llegué en un momento difícil al programa y encontré escucha, oración y acompañamiento…Esta es una obra que nos recuerda que cada persona tiene nombre, historia y que su vida es sagrada.”Relevancia social y eclesialMás que una iniciativa local, “Salvando Vidas” representa una forma concreta en que la Iglesia colombiana asume su responsabilidad pastoral y social frente a uno de los desafíos más complejos de nuestro tiempo. En una sociedad marcada por el aislamiento y la fragilidad emocional, este programa muestra que la escucha, el acompañamiento y la cercanía pueden salvar vidas y reconstruir esperanzaCon el inicio de 2026, la experiencia de Ibagué se presenta como un referente y un llamado para que otras jurisdicciones e instituciones fortalezcan acciones de cuidado integral de la salud mental y protección de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual:
Jue 15 Ene 2026
Papa León XIV designa a monseñor Luis Manuel Alí Herrera como Vicario en Santa María la Mayor
El Papa León XIV nombró a monseñor Luis Manuel Alí Herrera, obispo colombiano y actual Secretario de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, como Vicario del Arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de Roma y uno de los santuarios marianos más importantes de la Iglesia Católica.El nombramiento se realizó este jueves 15 de enero, conforme al artículo 4 §1 del Estatuto vigente del Capitolo Liberiano, organismo que rige la vida litúrgica, pastoral y espiritual de la basílica. En su nueva función, monseñor Alí Herrera colaborará estrechamente con el cardenal Rolandas Makrickas, Arcipreste de Santa María la Mayor desde julio de 2025, en la coordinación de la actividad de los canónigos y en la atención pastoral de la comunidad vinculada al templo. Asimismo, podrá actuar en representación del Arcipreste en caso de ausencia o impedimento.Continuidad en la protección de menoresLa Santa Sede confirmó que, de manera simultánea, monseñor Alí Herrera continuará desempeñándose como Secretario de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, cargo que ocupa desde marzo de 2024. Este organismo, creado por el Papa Francisco, tiene como misión asesorar al Santo Padre y promover en toda la Iglesia políticas y buenas prácticas para la prevención y atención de abusos contra menores y personas vulnerables.Relevancia de Santa María la MayorLa Basílica Papal de Santa María la Mayor es el santuario mariano más antiguo de Occidente. Fundada en el siglo IV, conserva elementos de su arquitectura paleocristiana y alberga importantes tesoros de la tradición cristiana, entre ellos la venerada imagen de la Salus Populi Romani, ante la cual los Papas suelen orar antes y después de sus viajes apostólicos.Por su carácter extraterritorial y su peso histórico y espiritual, la basílica ocupa un lugar central tanto en la liturgia universal como en la vida eclesial y diplomática de la Santa Sede.Un lugar de especial significado también para el Papa FranciscoAdemás de su relevancia histórica y espiritual, Santa María la Mayor ha adquirido en los últimos años un significado particular en el pontificado del Papa Francisco. El Santo Padre dispuso que, tras su muerte, fuera sepultado en esta basílica y no en las Grutas Vaticanas, como ha sido la costumbre de los pontífices durante más de un siglo. Su tumba se encuentra en la Capilla Paulina de Santa María la Mayor y se caracteriza por su sencillez: una lápida sobria con su nombre papal en latín, “Franciscus”.¿Quién es monseñor Luis Manuel Alí Herrera?Monseñor Luis Manuel Alí Herrera nació en Barranquilla el 2 de mayo de 1967. Es licenciado en Teología y Psicología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y fue ordenado sacerdote en 1992. En 2015 fue nombrado Obispo Auxiliar de Bogotá por el Papa Francisco.Entre 2021 y 2024 se desempeñó como Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia. Desde 2015 ha estado vinculado a la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, primero como miembro y, desde 2024, como su Secretario. En agosto de 2025 fue designado también miembro del Dicasterio para el Clero.Significado del nombramiento para Colombia y la Iglesia universalLa nueva misión encomendada a monseñor Alí Herrera como Vicario del Arcipreste de Santa María la Mayor constituye un reconocimiento a su trayectoria pastoral y a su compromiso con la vida eclesial. Además, refuerza la presencia de un pastor colombiano en una de las sedes más simbólicas de la Iglesia universal, vinculando la tradición milenaria de la basílica con los desafíos pastorales contemporáneos.
Mié 14 Ene 2026
“Reza con el Papa”: León XIV invita a orar con la Palabra de Dios y a renovar la comunión en 2026
La Red Mundial de Oración del Papa presentó la campaña “Reza con el Papa”, una nueva iniciativa que da continuidad a "El Video del Papa" y que invita a los fieles de todo el mundo a unirse cada mes en oración con el Santo Padre, en torno a las intenciones que él propone para los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.En este mes de enero de 2026, el Papa León XIV inaugura esta propuesta con la intención de oración: “Orar con la Palabra de Dios”, exhortando a redescubrir la fuerza transformadora de la Sagrada Escritura, esa Palabra en la que —como él mismo señala— “encontramos la luz que guía nuestros pasos”.Una red de comunión real en tiempos de divisiónLa iniciativa fue presentada el pasado 7 de enero en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, en un encuentro promovido por el Dicasterio para la Comunicación y la Red Mundial de Oración del Papa. Desde la capilla de San Pellegrino, en el Vaticano, el Papa León XIV grabó el primer video y audio de esta nueva etapa, disponibles en inglés, italiano y español, con el propósito de crear una auténtica red de comunión espiritual que trascienda lo virtual y llegue al corazón de cada persona.Durante la presentación, el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, subrayó que “la oración ayuda a devolver la unidad a lo que está dividido” y destacó que Reza con el Papa propone un tiempo distinto al de la inmediatez digital: un espacio protegido, lento y profundo, donde la oración se convierte en verdadero instrumento de comunión y de encuentro.La oración, fuente de esperanzaEn el video y el audio correspondientes a la intención de enero, el Papa León XIV invita a los fieles a redescubrir la oración con la Palabra de Dios como fuente de esperanza y renovación espiritual. En un mundo marcado por la fragmentación, la violencia y las guerras, el Pontífice recuerda que la oración compartida permite reconstruir vínculos y abrir caminos de reconciliación.“La oración íntima y universal del Papa se ofrece de un modo nuevo, sobrio y potente, como un punto de encuentro para millones de personas”, afirmó Ruffini, quien insistió en que esta red no es solo digital, sino profundamente real, porque se teje desde la fe vivida en lo cotidiano.Intenciones mensuales para los desafíos del mundo y de la IglesiaA lo largo de 2026, Reza con el Papa propondrá una intención de oración distinta cada mes, abordando tanto los grandes desafíos de la humanidad —como la paz, el desarme y la justicia— como los retos propios de la Iglesia, entre ellos la evangelización y la vida comunitaria.Esta iniciativa se sitúa en continuidad con El Video del Papa, impulsado hace diez años por el Papa Francisco y que ha alcanzado más de 260 millones de visualizaciones en los cinco continentes, consolidándose como una herramienta eficaz de animación espiritual y compromiso solidario.Rezar juntos es construir una redAl reflexionar sobre el sentido profundo de esta propuesta, Paolo Ruffini recordó que, frente a una cultura digital marcada por la monetización y la atención fugaz, Reza con el Papa propone recuperar lo esencial: dirigirnos juntos a Dios y redescubrir la comunión que une a la Iglesia y a la humanidad entera.En esta misma línea, el director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, padre Cristóbal Fones, explicó que la iniciativa quiere ser “una puerta abierta” para que cualquier persona, esté donde esté, pueda unirse a la intención de oración del Santo Padre desde una perspectiva sinodal. Esta dimensión se expresa también en testimonios de fieles de distintas partes del mundo, que muestran cómo la oración compartida se convierte en un puente entre culturas y realidades diversas.Apartarse del ruido para escuchar la PalabraFinalmente, se destacó que el Papa León XIV ha manifestado personalmente su cercanía e interés por esta iniciativa, grabando ya los videos de los próximos meses e invitando a los fieles, también a través de sus redes sociales, a sustraerse al scrolling constante para dedicar un tiempo a la oración.Reza con el Papa se presenta así como una invitación concreta a hacer una pausa, abrir el corazón a la Palabra de Dios y unirse, mes a mes, a la oración del Santo Padre, construyendo una red de fe, esperanza y comunión que transforma la vida personal y el mundo.Para ver el video en español, haz clic en "Mirar en YouTube"
Mar 13 Ene 2026
Obispo de Arauca rechaza estigmatizaciones y llama a un uso responsable de la palabra en el debate público
El obispo de la Diócesis de Arauca, monseñor Jaime Cristóbal Abril González, expresó su profunda preocupación y rechazo frente a recientes afirmaciones de un precandidato a la Presidencia de la República difundidas en redes sociales, en las que se generaliza de manera ofensiva a la población del departamento de Arauca y, de forma particular, a los sacerdotes que ejercen su ministerio pastoral en esta región, asociándolos con un grupo armado ilegal.En un mensaje pastoral dirigido el 11 de enero a la comunidad araucana y a la opinión pública, el Obispo calificó este tipo de señalamientos como “injustos, irrespetuosos, profundamente ofensivos y alejados de la verdad”, al considerar que estigmatizan a toda una población que, por el contrario, ha sido víctima histórica del conflicto armado y no responsable de la violencia que padece.Monseñor Abril subrayó que la compleja y dolorosa realidad del pueblo araucano exige solidaridad, comprensión y acciones efectivas de apoyo, y no afirmaciones que, además de herir la dignidad de las personas, pueden incrementar los riesgos contra su vida e integridad. En este sentido, advirtió que la estigmatización no aporta soluciones y puede profundizar la polarización y la violencia en un territorio ya marcado por el sufrimiento.El obispo recordó, además, que la Iglesia en Arauca ha sido también víctima directa del conflicto armado, mencionando el martirio del beato Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, el asesinato de sacerdotes y laicos comprometidos, así como el desplazamiento forzado de agentes pastorales por amenazas. Estos hechos, señaló, han llevado incluso al Estado colombiano a reconocer al clero de la Diócesis de Arauca como víctima del conflicto.En su mensaje, monseñor Jaime Cristóbal expresó su cercanía y solidaridad con todos los sectores de la sociedad araucana que se han visto afectados por estas afirmaciones, y dirigió un reconocimiento especial a los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral que continúan sirviendo “con entrega y valentía” en medio de contextos de violencia e inseguridad, animándolos a perseverar en su misión evangelizadora y de servicio al pueblo.Como Iglesia particular, reafirmó el compromiso pastoral con la paz, la reconciliación, la defensa de la vida y la dignidad humana, promoviendo el diálogo y rechazando toda forma de violencia, desde una postura evangélica y de imparcialidad frente a los actores políticos y sociales.Finalmente, el Obispo de Arauca hizo un llamado, especialmente a quienes participan en el ámbito político, a ejercer el uso de la palabra con responsabilidad ética, respeto y apego a la verdad, evitando discursos que fomenten el odio, la estigmatización, la polarización o la violencia. Encomendó este propósito a la oración constante por la paz, recordando la bienaventuranza de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).