Pasar al contenido principal

obispos colombianos

Mar 24 Mar 2026

Elogio de la monogamia

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Este no es el título de una novela antigua ni de una poesía medieval, sino el subtítulo de la nota doctrinal Una Caro [una carne] sobre “el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia mutua”, firmada por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobada por León XIV tras una audiencia el pasado 21 de noviembre de 2025.Con este documento se busca dar elementos para profundizar teológicamente en este tema que, según registra el autor, no ha sido suficientemente estudiado. Está dirigido en primer lugar a obispos y teólogos, recogiendo abundantes textos y centrándose únicamente en la primera propiedad esencial del matrimonio, la unidad, que puede definirse como “la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre, o, en otras palabras, como la pertenencia mutua de ambos, que no puede compartirse con otros".La monogamia tiene un fundamento antropológico, indica el documento que el propósito unitivo de la sexualidad no se limita a asegurar la procreación, sino que contribuye a enriquecer y fortalecer la unión única y exclusiva y el sentido de pertenencia mutua, pero se eleva a la trascendencia: “La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios”, señala el documento, además "Santo Tomás sostiene que la monogamia deriva esencialmente del instinto natural, inscrita en la naturaleza de todo ser humano; por lo tanto, esta esfera prescinde de las exigencias de la fe”.No obstante, dirigiendo la mirada a los fenómenos sociales que inciden en el tema, vemos hoy situaciones ambiguas, pues "nuestra época, experimenta diversas tendencias en relación con el amor: el aumento de las tasas de divorcio, la fragilidad de las uniones, la trivialización del adulterio y la promoción del poliamor. A la luz de todo esto, cabe reconocer que las grandes narrativas colectivas (novelas, películas, canciones) siguen exaltando el mito del "gran amor" único y exclusivo. La paradoja es evidente: las prácticas sociales socavan lo que la imaginación celebra. Esto revela que el deseo de amor monógamo permanece inscrito en lo más profundo del ser humano, incluso cuando los comportamientos parecen negarlo".Vamos a las cifras de nuestro país sobre infidelidad matrimonial: Colombia es el segundo país con más situaciones de infidelidad en Latinoamérica después de Brasil (unisabana.edu.co) trayendo como consecuencia la pérdida de confianza en la pareja, convirtiéndose en la primera causa de divorcio. Encuestas al respecto anotan que 8 de cada 10 hombres y 6 de cada 10 mujeres han sido infieles en sus relaciones de pareja.Otro dato inquietante lo proporciona un estudio de la OCDE sobre el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio: Colombia ocupa el preocupante primer lugar con el 87%, seguida de Chile con el 78.1% y Costa Rica con el 74%. En los últimos lugares están: Corea con el 4,7%, Turquía con el 3,1% y Japón con el 2.4%. (OCDE. Babies Born Outside of Marriage).Como vemos, mientras nuestra Iglesia nos ayuda a profundizar en la teología de la monogamia, nuestro pueblo está muy lejos de practicarla. Es una realidad que debe interpelarnos seriamente sobre la eficacia de la pastoral familiar. Gracias a Dios, el Santo Padre ha convocado para el próximo mes de octubre a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo a un encuentro de escucha recíproca y discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para anunciar el evangelio a las familias de hoy. Concluyamos entonces con la propuesta que hace Una caro, dándonos luces sobre el trabajo a realizar: "No basta con denunciar los fracasos; partiendo de los valores que aún se conservan en el imaginario popular, debemos preparar a las generaciones para abrazar la experiencia del amor como un misterio antropológico. El mundo de las redes sociales, donde el pudor se desvanece y prolifera la violencia simbólica y sexual, demuestra la urgente necesidad de una nueva pedagogía. El amor no puede reducirse a un impulso: siempre apela a la responsabilidad y la capacidad de esperanza de toda la persona. (...) Así, la educación en la monogamia no es una restricción moral, sino una iniciación en la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez. Dirige la energía erótica hacia una sabiduría de perdurabilidad y una apertura a lo divino. La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios.Mons. Miguel Fernando González MariñoObispo de la Diócesis de El EspinalPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Lun 16 Mar 2026

Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya asume como noveno obispo de Montería: llama a la fe, la unidad y el desarrollo humano integral

En una solemne celebración eucarística realizada este sábado 14 de marzo en la Catedral San Jerónimo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya tomó posesión canónica como nuevo obispo de la Diócesis de Montería, convirtiéndose en el noveno pastor de esta Iglesia particular del departamento de Córdoba.La Eucaristía fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien en representación del Papa León XIV, dio cumplimiento al nombramiento pontificio mediante los ritos propios de la posesión episcopal.La ceremonia congregó a cientos de fieles, sacerdotes, religiosos, seminaristas y autoridades civiles del departamento, así como a doce obispos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, signo visible de la comunión episcopal que caracteriza la vida de la Iglesia. Entre ellos estuvo monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, junto con los pastores de las diócesis que conforman la Provincia Eclesiástica de Cartagena, a la que pertenece Montería.Una Iglesia que acoge a su nuevo pastorDurante las palabras de bienvenida, monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano, quien se desempeñó como administrador apostólico de Montería durante el tiempo de sede vacante, destacó el significado eclesial de este momento para la diócesis y la alegría de las comunidades al recibir a su nuevo pastor.“Hoy lo recibe un departamento pujante, una ciudad perla del Sinú, emprendedora y una diócesis madura. Hoy todo su pueblo le dice: estas tierras son suyas mientras las camine, este cielo es suyo mientras lo contemple y estos corazones son suyos porque lo acogemos como nuestro pastor”, expresó.El prelado también presentó al nuevo obispo la realidad pastoral de la diócesis: un presbiterio comprometido con su pueblo, comunidades parroquiales vivas, religiosos y religiosas que enriquecen la misión evangelizadora, así como jóvenes en camino de formación sacerdotal.Asimismo, destacó la capacidad de las comunidades para responder solidariamente ante las dificultades recientes, como las inundaciones que han afectado a diversos sectores de la región.La cercanía del Papa y la importancia de la unidadAntes de los actos de posesión canónica, el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la cercanía del papa León XIV a la Iglesia que peregrina en Montería y subrayó el significado apostólico del ministerio episcopal.“Esta asamblea eucarística convocada por el Señor Jesús lo acoge como su obispo y pastor con gratitud a Dios y profunda alegría”, afirmó monseñor Rudelli, recordando que el obispo está llamado a ser “garante de la fe, de la unidad y de la tradición que se remonta a Cristo Jesús, Pastor supremo”.El representante pontificio también evocó la solidaridad de la Iglesia con las familias afectadas por las recientes inundaciones en la región, resaltando la respuesta generosa de las comunidades y de las Iglesias hermanas del país.Asimismo, animó a la diócesis a caminar en comunión con su nuevo pastor, recordando palabras del Santo Padre según las cuales toda acción pastoral debe orientarse a que “Cristo sea conocido en la Palabra, encontrado en la oración, amado en la Eucaristía y servido en el pueblo de Dios, especialmente en los más necesitados”.“La Iglesia está para evangelizar”En su primera homilía como obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo expresó su gratitud por la nueva misión confiada por la Iglesia y manifestó su alegría por comenzar esta etapa pastoral al servicio del pueblo cordobés.“Elevo hoy mi voz a lo más alto del cielo para bendecir, agradecer y poner en las manos divinas esta nueva misión que inicio en esta mi nueva querida Diócesis de Montería”, afirmó.El nuevo obispo recordó que la identidad de la Iglesia está directamente ligada al anuncio del Evangelio.“La Iglesia ha recibido de nuestro Señor Jesucristo un encargo muy importante: ir al mundo entero y proclamar este amor. La Iglesia en el mundo está para evangelizar, para anunciar”, señaló.En este sentido, insistió en que el anuncio del Evangelio se fundamenta ante todo en el testimonio de vida: “El anuncio no es proselitismo, sino un tema de atracción, de contagio personal. El mundo necesita más testigos que predicadores”.Evangelio y compromiso con la dignidad humanaDurante su mensaje pastoral, monseñor Jaramillo también se refirió a los desafíos sociales que atraviesa Colombia, señalando que la fe y la enseñanza de la Iglesia ofrecen criterios para afrontar realidades como la violencia, la corrupción, la pobreza y los desastres naturales que afectan a muchas comunidades.En este contexto, destacó que el anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso con la dignidad humana y el bien común.“La doctrina y enseñanza de la Iglesia y la Palabra de Dios contienen elementos fundamentales para superar las dificultades y llegar al desarrollo humano integral, en donde todos podamos sentarnos en la misma mesa y tratarnos como hermanos”, expresó.El nuevo Obispo de Montería invitó así a las comunidades a seguir construyendo una sociedad más justa y fraterna desde los valores del Evangelio, promoviendo la solidaridad, la reconciliación y la esperanza en medio de los desafíos que vive el país.De Buenaventura a Montería: una nueva misión pastoralAntes de su nombramiento en Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya pastoreó la Diócesis de Buenaventura desde julio de 2017, ministerio que recordó con gratitud durante su homilía.“Vengo de la tierra del Pacífico, en donde por casi nueve años el Señor me regaló una gran comunidad que he amado profundamente y amaré siempre...Vengo con la nostalgia de los pueblos afros, indígenas, campesinos y mestizos que me permitieron ser su pastor y su servidor”, afirmó, evocando la riqueza espiritual de quienes habitan el Puerto.Al iniciar su ministerio en la llamada “Perla del Sinú”, expresó su deseo de ser un pastor cercano a su pueblo.“Le pido a Dios que me ayude a ser un pastor bueno, que vaya en busca de la oveja perdida, que cure las heridas y que pueda cargar sobre sus hombros a quienes están tristes y afligidos”.

Vie 27 Feb 2026

Obispos llaman a votar con responsabilidad y en libertad democrática durante las próximas elecciones en Colombia

En medio del ambiente preelectoral que vive el país, los obispos colombianos llaman a los ciudadanos a votar “con plena libertad, sin sobornos” y en un clima de paz durante los comicios de 2026. A través de un mensaje dirigido al Pueblo Colombiano, invitan a participar activamente en las elecciones al Congreso de la República, que se realizarán el próximo 8 de marzo, y en los comicios presidenciales del 31 de mayo, ejerciendo el voto como un deber y un derecho orientado al bien común.En este nuevo mensaje, la Conferencia Episcopal de Colombia exhorta a los ciudadanos a asumir con responsabilidad su participación democrática, recordando que el voto es una forma concreta de contribuir al futuro del país y una oportunidad para fortalecer la convivencia social y aportar a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.Discernir las propuestas con criterios éticosJunto con la invitación a participar en las urnas, los pastores llaman a los ciudadanos a analizar con responsabilidad las propuestas de los candidatos, teniendo en cuenta principios fundamentales que contribuyan al desarrollo integral de la nación.En ese sentido, invitan a discernir las distintas propuestas “a la luz de los valores humanos y cristianos”, promoviendo la defensa de la vida, la dignidad de la persona humana, el cuidado de la casa común, así como la verdad, la justicia, la libertad y la solidaridad como bases para la construcción del bien común.Este llamado busca fomentar una participación consciente e informada que fortalezca la democracia y contribuya a un ejercicio responsable de la ciudadanía.Candidatos: un llamado a la altura en el debate públicoEl mensaje de los obispos también está dirigido a quienes aspiran a cargos de elección popular. En él, reconocen su disposición de servicio al país y los invitan a promover un clima de respeto en medio de la contienda electoral.En particular, los exhortan a cultivar la amabilidad en los debates políticos y en sus intervenciones públicas, así como a renunciar a la calumnia y a cualquier tipo de estrategia desleal que afecte la transparencia del proceso electoral y la confianza ciudadana.Asimismo, piden a las instituciones del Estado continuar promoviendo la participación democrática y al Gobierno Nacional reforzar las garantías necesarias para que los comicios se desarrollen en condiciones de paz y seguridad.La política como servicio al bien comúnEn su mensaje, los obispos recuerdan que la acción política está llamada a ser una forma de servicio a la sociedad y una oportunidad para trabajar por el bien común.Por eso, expresan su deseo de que la política pueda vivirse como un compromiso auténtico con el desarrollo humano integral, orientado a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y solidaria.Invitación a las comunidades parroquialesComo parte de este llamado pastoral, la Conferencia Episcopal de Colombia ha invitado a que este mensaje sea dado a conocer entre los fieles durante las eucaristías que se celebren el domingo 1 de marzo en las parroquias del país.De este modo, los obispos animan a los fieles católicos a asumir su compromiso ciudadano con espíritu ético y sentido de responsabilidad, recordando su vocación a ser en medio de la sociedad "sal de la tierra y luz del mundo".El Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia se refiere al mensaje:

Mié 25 Feb 2026

Ordenan a un nuevo obispo para la misión en la Amazonía: monseñor John Mario Mesa Palacio, Vicario Apostólico de Leticia

Con una celebración marcada por el espíritu misionero y la gratitud, la Iglesia colombiana acompañó la ordenación episcopal del nuevo pastor para la Amazonía.Este martes 24 de febrero de 2026, en la Basílica menor de Nuestra Señora de las Misericordias de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, fue ordenado obispo monseñor John Mario Mesa Palacio, quien fue nombrado Vicario Apostólico de Leticia por el Papa León XIV el 4 de diciembre de 2025.La Eucaristía fue presidida por monseñor Mario de Jesús Álvarez, obispo de Istmina-Tadó, consagrante principal de la ordenación, y concelebrada por 22 obispos provenientes de diversas jurisdicciones del país. Entre ellos, el presidente y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa y monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, respectivamente.La celebración congregó a sacerdotes, religiosos, laicos, autoridades civiles y fieles que, junto a su familia, acompañaron al nuevo obispo en este momento significativo para la Iglesia en Colombia, particularmente para la misión evangelizadora en la Amazonía.La posesión canónica de monseñor Mesa Palacio como Vicario Apostólico de Leticia se realizará el próximo 4 de marzo en la Catedral Nuestra Señora de la Paz, en Leticia.Un acontecimiento profundamente eclesialDurante la homilía, monseñor Mario de Jesús Álvarez, también hijo del clero de Santa Rosa de Osos, subrayó el sentido apostólico de la ordenación episcopal y su significado para la vida de la Iglesia: “Esta celebración no es solo un acontecimiento local, es un acto profundamente eclesial y apostólico que manifiesta visiblemente la continuidad ininterrumpida de la Iglesia desde los apóstoles hasta nuestros días”.El obispo consagrante recordó al nuevo pastor que su misión nace de la elección de Dios y no de un proyecto personal: “No recibes una misión delegada ni una función administrativa. Recibes un don irrevocable, un sello espiritual que te incorpora al Colegio Episcopal y te hace testigo cualificado del Evangelio de Cristo”.También destacó el carácter de servicio que implica el ministerio episcopal: “Tu episcopado no es fruto de una carrera ni culminación de un proyecto personal. Es una consagración que te precede, te desborda y sobrepasa tu vida”. Y añadió: “No se trata de una dignidad que exalta, sino de un servicio que crucifica”.Un pastor para la AmazoníaDurante la celebración se destacó de manera especial la dimensión misionera del ministerio episcopal que asumirá monseñor Mesa Palacio en el Vicariato Apostólico de Leticia, un territorio marcado por grandes desafíos pastorales y sociales.Refiriéndose a esta misión, monseñor Álvarez expresó:“Te espera el Vicariato Apostólico de Leticia, tierra amazónica, donde la Iglesia vive en clave misionera pobre y servidora, marcada por la dispersión geográfica, la fragilidad social, el clamor de los pueblos originarios y el grito de la creación herida”.Y añadió que su ministerio deberá estar marcado por la cercanía con las comunidades: “Pastor que no pastorea desde la distancia, sino desde la cercanía y la compasión”.Asimismo, subrayó que el nuevo obispo está llamado a vivir su misión como signo de comunión y esperanza: “Tu episcopado deberá ser signo de comunión, de inculturación auténtica, de defensa de la dignidad humana y de cuidado responsable de la creación”.Una vocación nacida en la feTras recibir la ordenación episcopal, monseñor John Mario Mesa Palacio dirigió un mensaje cargado de gratitud y memoria agradecida por su vocación y camino sacerdotal.“Doy gracias a Dios que me dio fuerza a Cristo Jesús, nuestro Señor, quien me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio episcopal”.El nuevo Vicario Apostólico recordó la importancia de su familia y de la fe recibida en el hogar: “Fue en el seno del hogar donde aprendí a compartir la vida en comunidad…En este ambiente surgió y creció mi vocación”.También evocó una experiencia que marcó profundamente su vida vocacional, cuando siendo seminarista enfermó gravemente:“El Señor me probó con una enfermedad llamada Guillain-Barré… en cuestión de tres días me dejó cuadripléjico”. Y añadió: “Gracias a la fe mi familia oró a la Virgen de las Misericordias y por su favor caminé a los dos meses”.Un obispo con espíritu misioneroMonseñor Mesa Palacio expresó su disponibilidad para asumir la misión confiada por la Iglesia en la Amazonía colombiana: “Sin titubeos acepté con alegría y espíritu misionero la conducción pastoral y misionera de este Vicariato”.Al referirse al territorio que pastoreará, destacó su riqueza cultural y espiritual: “Territorio de misión donde viven varias comunidades indígenas, cada una con su historia, su modo de relacionarse con Dios y la creación”.Entre los desafíos pastorales que mencionó se encuentra la promoción de vocaciones y el fortalecimiento de la acción misionera: “Es necesario promover las vocaciones propias del territorio”.Asimismo, subrayó la necesidad de fortalecer el espíritu misionero en toda la Iglesia: “Estar al servicio del Reino de Dios urge misioneros alegres y entregados”.En este mismo sentido, afirmó: “Uno enviado a la misión sin espíritu misionero, no logra hacer resonar el nombre de Cristo”.Servidor del EvangelioEl nuevo obispo explicó que su ministerio estará guiado por el lema episcopal Servus Evangelii, expresión que resume su vocación de servicio: “Servus Evangelii, siervo de Dios y del Evangelio”.Con este espíritu, manifestó su deseo de continuar la obra evangelizadora en el Vicariato Apostólico de Leticia: “La obra es de Dios. Nosotros humildes servidores de su Reino”.Finalmente, encomendó su ministerio al Espíritu Santo y a la intercesión de la Virgen María: “Que la fuerza del Espíritu Santo y la intercesión de Nuestra Señora de la Paz me concedan un corazón dócil para conducir según el corazón de Dios la vida y misión del Vicariato Apostólico de Leticia”.

Mar 24 Feb 2026

El Papa León XIV nombra a monseñor Luis Augusto Campos Flórez como nuevo Arzobispo de Bucaramanga

El Papa León XIV nombró a monseñor Luis Augusto Campos Flórez como nuevo Arzobispo Metropolitano de Bucaramanga. Hasta ahora, monseñor Campos se desempeñaba como obispo de la Diócesis de Socorro y San Gil, jurisdicción que venía pastoreando desde el año 2020.Monseñor Campos Flórez sucede en esta misión episcopal a monseñor Ismael Rueda Sierra, quien estuvo al frente de la Arquidiócesis desde 2009, tras haber sido nombrado por el Papa Benedicto XVI. En mayo de 2025, monseñor Rueda alcanzó los 75 años, edad en la que, conforme al derecho canónico, los obispos diocesanos presentan al Santo Padre la renuncia a su oficio pastoral.Con este nombramiento, la Iglesia que peregrina en Bucaramanga inicia una nueva etapa pastoral entorno a su misión evangelizadora y al servicio al Pueblo de Dios en la región santandereana.Un pastor formado en Bogotá y servidor de la IglesiaMonseñor Luis Augusto Campos Flórez nació el 23 de agosto de 1958 en Bogotá, en el hogar de Justiniano Campos Archila e Isabel Flórez de Campos. Realizó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor de San José de la Arquidiócesis de Bogotá entre 1976 y 1982. Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1982 por el cardenal Aníbal Muñoz Duque, quedando incardinado en la Arquidiócesis de Bogotá.Posteriormente obtuvo la Licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, y continuó estudios filosóficos en el Instituto Católico de París.Durante su ministerio sacerdotal desempeñó diversos servicios pastorales y formativos, entre ellos vicario parroquial en Soacha, administrador parroquial, formador y profesor en el Seminario Mayor de San José, rector del mismo seminario entre 2004 y 2010, párroco y vicario episcopal territorial en Bogotá.El 12 de diciembre de 2019 fue nombrado obispo de la Diócesis de Socorro y San Gil por el Papa Francisco. Recibió la ordenación episcopal el 8 de febrero de 2020 y tomó posesión canónica de esta Iglesia particular el 22 de febrero del mismo año. Ahora, el Santo Padre lo llama a servir como Arzobispo Metropolitano de Bucaramanga.Una Iglesia con historia y dinamismo pastoralLa Arquidiócesis de Bucaramanga fue erigida inicialmente como diócesis el 17 de diciembre de 1952 por el Papa Pío XII mediante la bula Cum Sit Latior, como respuesta a la necesidad de una atención pastoral más cercana en un territorio entonces muy extenso. Posteriormente, el Papa Pablo VI la elevó a arquidiócesis el 14 de diciembre de 1974, reconociendo el crecimiento eclesial y urbano de la región.Actualmente, esta Iglesia particular cuenta con 113 parroquias —la mayoría de carácter urbano—, organizadas en tres vicarías episcopales, y cerca de 170 sacerdotes diocesanos que acompañan la vida pastoral y misionera en el área metropolitana y otras zonas del territorio arquidiocesano.A lo largo de su historia, la Arquidiócesis ha contribuido significativamente a la evangelización, la formación de la familia y de los jóvenes, así como a la atención de los más necesitados mediante iniciativas educativas, sociales y pastorales que han marcado la vida de la región.Un nuevo tiempo para la Iglesia en BucaramangaEl nombramiento de monseñor Luis Augusto Campos Flórez marca el inicio de una nueva etapa para la Arquidiócesis de Bucaramanga, llamada a continuar fortaleciendo la comunión eclesial y el dinamismo misionero, en sintonía con las orientaciones de la Iglesia universal, y desde la necesidad de promover procesos pastorales al servicio de la vida, la esperanza y el desarrollo integral de las comunidades.

Sáb 14 Feb 2026

El Papa León XIV nombra obispo de Montería a monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya

El Papa León XIV ha nombrado obispo de la Diócesis de Montería a monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, hasta ahora obispo de la Diócesis de Buenaventura. El prelado sucede en la sede cordobesa a monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, trasladado el 6 de junio de 2025 a la Diócesis de Chiquinquirá, y asumirá el gobierno pastoral de esta Iglesia particular que ha estado bajo la guía del administrador apostólico, monseñor Farly Yovany Gil Betancur, obispo de Montelíbano.Trayectoria sacerdotal y académicaMonseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya nació el 15 de agosto de 1966 en Santa Rosa de Cabal (Risaralda). Realizó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor María Inmaculada de Pereira y fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1992. Es licenciado en Educación Religiosa por la Universidad Católica de Pereira y cuenta con estudios de especialización en Gerencia de Instituciones de Educación Superior por la Universidad de Santo Tomás, en Bogotá.En la Diócesis de Pereira desempeñó diversos servicios pastorales y administrativos: vicario parroquial, párroco, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Social y de Cáritas Diocesana, ecónomo diocesano y rector del Seminario Mayor María Inmaculada. También fue rector de la Universidad Católica Popular de Risaralda y rector encargado de la Universidad Católica de Pereira, integrando distintos consejos diocesanos.Ministerio episcopal en Buenaventura y liderazgo en procesos de pazEl 30 de junio de 2017 fue nombrado obispo de Buenaventura por el Papa Francisco. Recibió la ordenación episcopal el 29 de julio de ese mismo año en la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira y tomó posesión canónica el 12 de agosto de 2017. En la Conferencia Episcopal de Colombia es miembro del Servicio Episcopal para el Perdón, la Reconciliación y la Paz.Durante su ministerio en Buenaventura, monseñor Jaramillo ha sido reconocido por su papel como mediador y facilitador en el complejo contexto de violencia urbana que afecta al puerto sobre el Pacífico colombiano. Ha impulsado diversos procesos de diálogo y el denominado “laboratorio de paz”, orientado al cese de la violencia y a la protección de los derechos humanos, en medio de un escenario marcado por la presencia de estructuras armadas y graves vulneraciones a la población civil.Aunque es propio de su misión como pastor, el compromiso de monseñor Rubén Darío Jaramillo en la construcción de paz ha trascendido el ámbito eclesial y local. En octubre del 2025, monseñor Jaramillo fue distinguido con el Premio Barakah, otorgado por la Cámara de Comercio de Bogotá y Valladolid, un reconocimiento que exalta a quienes construyen puentes a través del diálogo entre posturas contrarias. En aquel momento el prelado expresó su gratitud y afirmó que considera este reconocimiento una bendición que le anima a continuar sirviendo en el campo de la paz y la reconciliación.Una nueva etapa pastoral para la Diócesis de MonteríaLa Diócesis de Montería fue erigida el 20 de noviembre de 1954 por el Papa Pío XII, segregada de la Arquidiócesis de Cartagena. A lo largo de más de seis décadas ha contado con el servicio y pastoreo de ocho obispos.En la actualidad, este territorio diocesano enfrenta importantes desafíos. Múltiples comunidades del departamento de Córdoba han sido afectadas por la emergencia climática e invernal, con grandes impactos en viviendas, infraestructura y medios de subsistencia, especialmente en zonas rurales. A ello se suman situaciones asociadas al conflicto armado que inciden en la seguridad, el tejido social y las condiciones humanitarias de la población.La experiencia pastoral de monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya marcará el inicio de una nueva etapa para la Iglesia particular de Montería, desde la acción evangelizadora y una promoción social activa de caminos de paz, reconciliación y esperanza.

Vie 13 Feb 2026

CXX Asamblea Plenaria: carta de los obispos anima a los presbíteros a renovar su misión y ser esperanza para Colombia

Al concluir su CXX Asamblea Plenaria, el Episcopado Colombiano dirige una carta a los presbíteros del país, fruto del discernimiento realizado durante este encuentro en el que participaron también sacerdotes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas. En ella, expresan gratitud, exhortan a reavivar la identidad sacerdotal y llaman a fortalecer la comunión y la misión en un contexto que reclama sentido, verdad y esperanza.Tras días de oración, escucha y discernimiento en torno al tema “El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”, los obispos afirman que desean compartir con ellos “una palabra nacida de la fe, de la comunión y de la esperanza compartida”, en un momento eclesial marcado por la implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad y en un contexto social que interpela profundamente la misión pastoral.Gratitud y reconocimiento en medio de los desafíosLa carta recoge, en primer lugar, el mensaje enviado por el Santo Padre León XIV al inicio de la Asamblea, quien exhortó “a promover la santidad del Presbiterio, a fin de que quienes sirven como pastores puedan conformarse plenamente al corazón de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote”.A la luz de esta invitación, los obispos expresan un reconocimiento directo a los sacerdotes: “¡Gracias! Gracias por la fidelidad silenciosa, por los desvelos pastorales, por caminar con el Santo Pueblo Fiel de Dios, incluso cuando el cansancio pesa y la realidad parece ardua”.Este agradecimiento adquiere una dimensión social clara: los presbíteros, señalan, “hacen visible a Cristo Buen Pastor” mediante su presencia cercana en las comunidades, especialmente en territorios atravesados por dificultades humanas y sociales. Su ministerio, subrayan, es signo del amor de Dios en medio del pueblo.Reavivar el don y custodiar la identidadEn continuidad con el tema central de la Asamblea, los obispos llaman a volver a la fuente de la vocación: “Volvamos siempre al amor primero”. Invitan a redescubrir el encuentro fundante con Cristo que dio sentido a la consagración sacerdotal, y exhortan: “Reaviva el don de Dios que hay en ti”.La carta advierte que el ministerio no puede reducirse a la “multiplicación de tareas o la presión de los resultados”, sino que debe sostenerse en “una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí”.En este punto, el mensaje tiene una incidencia eclesial decisiva: reafirma que la identidad sacerdotal se fundamenta en la configuración con Cristo y que el sacerdocio “no es nunca fin en sí mismo, sino puente y signo que conduce a Cristo”. Esta claridad identitaria —señalan— es condición para un servicio pastoral auténtico y creíble ante la sociedad.Comunión presbiteral para una Iglesia sinodalEn el marco de la implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad, los obispos insisten en que el presbiterio debe fortalecerse como vínculo de comunión y fraternidad: “Nadie camina solo, ni tampoco nadie se ordena sacerdote para sí mismo”.Invitan a no temer “pedir ayuda cuando la necesitemos ni ofrecerla a quien la requiere”, convencidos de que la gracia actúa con mayor fuerza cuando se edifica la unidad “como piedras vivas”. Reconocen la fragilidad humana, pero afirman con esperanza: “Aunque nuestra humanidad sea frágil, Dios es fiel; su fidelidad y la nuestra engendrarán siempre futuro”.Este llamado a la comunión no se limita al ámbito interno del clero, sino que fortalece el testimonio eclesial ante el país: una Iglesia reconciliada y fraterna puede ofrecer con mayor credibilidad caminos de diálogo, esperanza y servicio.Vida donada, esperanza para el paísEn uno de los fragmentos más significativos del texto, los obispos afirman: “Nuestra vida donada es semilla de esperanza para Colombia”. Con esta expresión, vinculan directamente la renovación espiritual del presbiterio con la misión evangelizadora y social de la Iglesia en el contexto nacional.Exhortan a ser “pastores humildes, alegres y valientes que saben diseñar nuevos mapas de esperanza”, capaces de abrir caminos nuevos en la fidelidad al servicio, a la fraternidad y a la misión encomendada.La carta concluye encomendando a los sacerdotes a María, Madre de los sacerdotes, y a San José, y pidiendo que Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, renueve en cada uno la gracia del ministerio.Con esta carta, los obispos colombianos cierran la CXX Asamblea Plenaria reafirmando que el fortalecimiento del presbiterio no es solo una prioridad pastoral interna, sino una condición esencial para que la Iglesia en Colombia continúe sirviendo, con fidelidad al Evangelio, coherencia y esperanza, al pueblo de Dios y a la sociedad entera.Vea a continuación la lectura de la carta por parte de algunos obispos de distintas regiones del país:

Vie 13 Feb 2026

CXX Asamblea Plenaria: orientaciones que los obispos llevarán a sus comunidades diocesanas para fortalecer el presbiterio en clave sinodal

Este jueves 12 de febrero, el Episcopado Colombiano definió por regiones y en plenaria las líneas que llevarán a sus 78 jurisdicciones para consolidar una Iglesia sinodal que acompañe, valore y fortalezca la vida y el ministerio de los sacerdotes.En la recta final de la CXX Asamblea Plenaria, los obispos colombianos centraron su trabajo en concretar orientaciones pastorales que permitan implementar una pastoral presbiteral integral en todo el país, como fruto de la reflexión desarrollada durante la semana sobre “El presbiterio en la Iglesia sinodal”.La cuarta jornada estuvo dedicada especialmente al discernimiento por regiones y al trabajo en plenaria, con el propósito de definir líneas de acción que fortalezcan la vida espiritual, humana y pastoral del presbiterio en las 78 jurisdicciones eclesiásticas de Colombia.Gratitud por el ministerio sacerdotalLa sesión número 120 del Episcopado fue también ocasión de acción de gracias. El arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez, expresó: “Hemos podido dar gracias a Dios… y hoy lo hago extensivo a todos nuestros sacerdotes”. Añadió que los obispos regresan a sus diócesis con “el sentimiento de gratitud por todo lo que nuestros presbíteros, nuestros diáconos, hacen como colaboradores de los obispos”.En esa misma línea de reconocimiento, el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, subrayó que uno de los frutos más significativos de la Asamblea ha sido valorar “el servicio que prestan los sacerdotes en tantos lugares del país, en tantas situaciones difíciles”.Integración del ministerio en la vida de la comunidadMonseñor Tobón insistió en que la reflexión no se limitó al acompañamiento individual del sacerdote, sino que profundizó en su dimensión comunitaria. “Es muy importante ver cómo el ministerio y la vida del sacerdote se integra en una comunidad. La comunidad diocesana, la comunidad parroquial”, afirmó.Desde esa perspectiva, precisó que la pastoral presbiteral no es un ámbito aislado, sino que se concreta en la vida ordinaria de la Iglesia: “La pastoral sacerdotal es, en último término, la vida de fe, la vida de oración, la evangelización, el compromiso social que juntos, sacerdotes y comunidades vamos realizando”.Esta visión refuerza el horizonte sinodal trabajado durante la Asamblea: una Iglesia donde obispos, presbíteros y fieles caminan juntos, compartiendo responsabilidades y misión, especialmente en contextos sociales complejos.Comunión y corresponsabilidadEl obispo auxiliar de Medellín, monseñor José Mauricio Vélez, destacó que la Asamblea ayudó a profundizar en la conciencia de la comunión entre obispo y presbiterio: “¿Qué es un obispo sin sus sacerdotes? ¿Qué es un sacerdote sin su comunión con el obispo?”.Señaló que el llamado es a fortalecer la articulación y el acompañamiento, reconociendo el valor humano y vocacional de cada sacerdote, y promoviendo una fraternidad que permita afrontar los desafíos actuales desde la evangelización. “El ministerio sacerdotal, la sinodalidad, la evangelización, son un camino de esperanza, ante lo cual no podemos ser indiferentes”, afirmó.El arzobispo de Nueva Pamplona, monseñor Jorge Alberto Ossa Soto subrayó que este espacio eclesial permitirá “acrecentar la espiritualidad” y renovar el compromiso del presbiterio de “dar testimonio ante la comunidad para ser creíble”.Por su parte, el obispo de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci, expresó que las reflexiones compartidas suscitan el deseo de vivir el episcopado “en la cercanía fraterna y amistosa con los sacerdotes”, a quienes definió no solo como colaboradores, sino como “nuestra familia sacerdotal”. Invitó a “tejer vínculos de afecto, de fe, de compromiso recíproco”, para actuar siempre en armonía y comunión.Orientaciones para las iglesias particularesLa cuarta jornada dejó delineadas orientaciones que serán implementadas en las arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos, con énfasis en la formación permanente, el acompañamiento cercano y la integración del sacerdote en la vida comunitaria.En coherencia con el mensaje oficial al pueblo colombiano dado a conocer ese mismo día —en el que los obispos invitaron al país a decir no al odio y a promover el diálogo respetuoso y la participación democrática responsable—, el fortalecimiento del presbiterio se presenta como un paso esencial para que la Iglesia en Colombia continúe ofreciendo caminos de esperanza, comunión y evangelización en medio de los desafíos sociales actuales.Con este horizonte, la CXX Asamblea avanzó hacia su jornada conclusiva de este viernes 13 de febrero, dejando como fruto un compromiso renovado con la vida y el ministerio de los sacerdotes al servicio del Pueblo de Dios.Vea el resume informativo a continuación: