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predicación orante

Sáb 3 Ene 2026

Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría

EPIFANÍA DEL SEÑOREnero 04 de 2026Primera lectura: Is 60, 1-6Salmo: Sal 72 (71), 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R. cf. 11)Segunda lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6Evangelio: Mt 2, 1-12I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Epifanía revela que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, ha venido para todos los pueblos. Su manifestación universal es el cumplimiento de una esperanza antigua: la salvación está destinada a toda la humanidad.Los magos representan a todas las naciones que, al encontrar a Cristo, inician un camino nuevo: ya no guiados por estrellas, sino por la luz interior del Salvador que transforma el rumbo de sus vidas.Cada Eucaristía es una epifanía, una manifestación del Señor: Él se hace presente en signos humildes. Llevemos su luz y respondamos a la invitación de vivir según un camino nuevo, el de la conversión.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La solemnidad de la Epifanía del Señor es la fiesta de todos los pueblos. El Niño nacido en Belén ha sido revelado como el Dios hecho hombre para nuestra salvación. Esta salvación, que brota de la pequeña ciudad de David, está destinada a todos los tiempos y lugares.El evangelio de Mateo narra la visita de los magos, sabios venidos de Oriente, que encontraron al Niño con María, su madre, y lo adoraron. Este gesto anticipa lo que ocurrirá con el Cristo resucitado: los que estaban lejos buscan al Señor y lo encuentran; en cambio, quienes estaban cerca, conocían las Escrituras y sabían dónde debía nacer el Mesías, permanecen indiferentes.Los magos descubrieron en la creación las señales que los condujeron al Salvador. Su búsqueda simboliza a quienes, aun sin conocer plenamente la fe, son guiados por la sed de verdad y justicia hasta encontrar a Dios. Su camino recuerda que nadie está excluido de la posibilidad de hallarlo.En una humilde casa de Belén, los magos se postran, lo adoran y le ofrecen dones simbólicos: oro, para reconocerlo como Rey; incienso, como homenaje a su divinidad; y mirra, signo profético de su pasión y muerte. En ellos vemos representadas a todas las naciones llamadas a reconocer a Cristo como Salvador.Los magos son las primicias de los pueblos gentiles. También nosotros, que no pertenecemos al antiguo Israel, hemos sido incorporados a la nueva alianza. Éramos lejanos, pero en Cristo nos hemos vuelto cercanos.La Epifanía es una invitación a mirar más allá de nuestras fronteras, a descubrir cómo Dios se manifiesta en caminos inesperados y a acoger con gozo la salvación ofrecida a todos. El Señor sigue revelándose, y nosotros, como los magos, estamos llamados a levantarnos, ponernos en camino y adorarlo con fe y humildad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Epifanía nos invita a levantar la mirada y no quedarnos atrapados en la oscuridad del miedo ni en la pasividad de lo establecido. La luz de Dios se manifiesta en la historia concreta de los pueblos, en medio de sus luchas y esperanzas. La profecía de Isaías presenta a Jerusalén resplandeciente, no por méritos propios, sino porque ha sido iluminada por la gloria del Señor: imagen de la Iglesia llamada a irradiar esperanza en medio de una humanidad herida.San Pablo recuerda que los gentiles – antes considerados extranjeros– son también herederos de la promesa. El evangelio confirma esta apertura universal: los magos, venidos de lejos, representan a quienes buscan sinceramente a Dios y encuentran la verdad en la humildad de un Niño.Dios sigue manifestándose hoy: en las grietas de nuestra historia, en las preguntas de los no creyentes, en gestos de justicia que brotan incluso en medio de la corrupción. Estamos llamados a ser como la estrella que guía, anunciando con nuestra vida que la luz ha venido al mundo.La Epifanía nos invita a abrirnos al otro, a reconocer la dignidad de todo ser humano como portador de una promesa. Que como Iglesia no nos encerremos, sino que iluminemos; que como los magos sigamos buscando, caminando y adorando con humildad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, luz que disipa nuestras sombras, venimos ante ti como los magos, guiados por una esperanza que no se apaga y que no queremos dejarnos arrebatar. En medio de un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y la confusión, te pedimos que renueves en nosotros el deseo de buscarte con corazón sincero. Que no nos acostumbremos a la oscuridad ni aceptemos un cristianismo sin misión. Haznos capaces de verte en lo pequeño y lo frágil, en el rostro de quienes sufren y en las preguntas de quienes aún no te conocen.Concédenos una fe inquieta, que se pone en camino y no teme salir de sí para encontrarte en las fronteras. Que nuestra vida refleje tu luz, no con palabras vacías, sino con gestos concretos de compasión, acogida y justicia.Tú que te revelaste a los pueblos como Salvador, haznos testigos de tu amor. Que nuestro encuentro contigo se traduzca en una vida entregada, en una Iglesia que abra caminos, acompañe búsquedas, adore con humildad y que sea un “hospital de campaña” donde muchos hallen sanación. Haz de nosotros estrellas que guíen a otros hacia ti. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•En la Epifanía conviene resaltar que el personaje central es Cristo y su misterio de salvación, más que la figura de los reyes magos.•Se puede preparar la procesión con los dones, presentando también ofrendas para los pobres y necesitados.•Encender una luz junto al pesebre puede ser un signo pedagógico.•Tener presente que hay un formulario distinto para la misa de la vigilia y la del día. El Prefacio es propio de la Epifanía (MR, p. 367).•Puede emplearse la fórmula de bendición solemne: En la Epifanía del Señor, (MR, p. 578).•Se recomienda utilizar la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, con la inclusión del “Reunidos en comunión…”, propio de esta solemnidad.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa ¡La gloria del Señor inunda la tierra! Hoy, en la solemnidad de la Epifanía, celebramos el misterio de la Encarnación que se revela a todos los pueblos y llena de su luz a toda la creación. Como los magos, dejémonos guiar por la estrella de la Palabra de Dios para reconocer y adorar al Señor que ha nacido por nosotros, luz de las naciones y esperanza de un mundo necesitado de sentido y salvación. Que esta santa misa sea para nosotros una manifestación viva de su presencia en medio de su pueblo.Monición a la liturgia de la PalabraEn la solemnidad, la Palabra proclama que Jesús ha venido como luz para todos. Isaías anuncia que Jerusalén resplandece con la gloria de Dios y que las naciones acuden a ella con alegría. San Pablo afirma que, en Cristo, los gentiles también son herederos de la promesa. El Evangelio de Mateo presenta a los magos, sabios extranjeros que buscan y adoran al Niño. Esta manifestación universal nos invita a reconocer cómo Dios se revela más allá de nuestras fronteras y a compartir su luz con el mundo.Oración universal o de los fielesPresidente: Hermanos, en este día en que el Señor se ha manifestado como luz para los pueblos, elevemos nuestra oración diciendo con fe:R/. Ilumina, Señor, a toda la tierra.1.Por la Iglesia, en sus antiguas raíces y en sus nuevas comunidades, para que acoja a quienes buscan a Dios y muestre en el Niño de Belén la luz verdadera de la humanidad. Oremos al Señor.2.Por los presbíteros, misioneros y catequistas, para que anuncien con alegría y fidelidad a Cristo, luz del mundo, a quienes aún no conocen el evangelio. Oremos al Señor.3.Por los hombres y mujeres de la cultura, la ciencia y el pensamiento, para que, como los magos, descubran en la creación y en la historia los signos que los conduzcan a Dios. Oremos al Señor.4.Por los que sufren, por quienes han perdido la esperanza o buscan sentido a su vida, para que encuentren en Cristo, el Hijo de María, la luz que disipa toda oscuridad. Oremos al Señor.5.Por todos los bautizados de nuestra comunidad parroquial, para que, adorando hoy al Niño Dios, anhelen un día contemplarlo en la gloria eterna.Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, que revelaste tu salvación a todas las naciones y condujiste a los sabios de Oriente a la luz de tu Hijo, escucha nuestras súplicas y haz que, guiados por tu gracia, lleguemos a contemplarte un día en la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Mar 30 Dic 2025

Y le pusieron el nombre de Jesús

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOSEnero 01 de 2026Primera lectura: Nm 6, 22-27Salmo: Sal 67 (66), 2-3. 5.6 y 8 (R. 2a)Segunda lectura: Ga 4, 4-7Evangelio: Lc 2, 16-21I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl 1º de enero celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, ocho días después del nacimiento de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Desde 1968, por iniciativa del papa Pablo VI, este día coincide con la Jornada Mundial de Oración por la Paz, con el propósito de que el inicio del nuevo año esté marcado por un compromiso con la paz, tanto en la vida personal como en la convivencia social y política.Las lecturas bíblicas de esta solemnidad subrayan al Hijo de Dios hecho hombre y en el “nombre” del Señor. La primera lectura presenta la solemne bendición que los sacerdotes pronunciaban sobre los israelitas en las grandes fiestas religiosas. En la segunda lectura, san Pablo resume en la adopción filial la obra de salvación realizada por Cristo, en la cual la figura de María aparece íntimamente vinculada. El evangelio concluye con la imposición del nombre de Jesús, mientras María medita en silencio en su corazón el misterio de su Hijo, don singular de Dios. La Virgen nos da a su Hijo, nos muestra su rostro, Príncipe de la paz. Que ella nos ayude a permanecer en la luz de ese rostro que brilla sobre nosotros (cf. Nm 6, 25) (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Las creaturas revelan algo del Creador. El ser humano, como creatura de Dios, manifiesta algo de Él. Donde mejor encontramos la revelación de Dios es en su Hijo hecho hombre. En Jesús, pequeño y frágil, contemplamos no a un Dios poderoso, sino a un Dios tierno. La ternura divina se hace palpable en Jesús.El ángel había anunciado a los pastores que, en Belén, ciudad de David, había nacido el Salvador, y les dio como señal a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cf. Lc 2, 11-12). Ellos fueron a toda prisa y encontraron a María, a José, y al Niño. Así, los pastores, considerados en aquella época como gente de mala fama, fueron los primeros en ver el rostro de Dios en el pequeño Jesús. Desde entonces se vislumbra que Él no vino por los santos, sino por los pecadores. El nombre expresa su identidad y su misión: ser nuestro Salvador.Lucas habla de la maternidad de María a partir del Hijo, el “niño envuelto en pañales”, porque es Él –el Verbo de Dios (Jn 1, 14)– el centro del acontecimiento y quien hace que la maternidad de María sea “divina”.María es verdadera Madre de Dios en virtud de su relación total con Cristo. Por tanto, al glorificar al Hijo se honra a la Madre, y al honrar a la Madre se glorifica al Hijo. El título de “Madre de Dios”, que hoy resalta la liturgia, subraya la misión única de la Virgen en la historia de la salvación, fundamento del culto y la devoción que el pueblo cristiano le profesa.María no recibió el don de Dios para guardarlo para sí, sino para entregarlo al mundo: en su virginidad fecunda, Dios concedió a los hombres los bienes de la salvación eterna (cf. Oración colecta).2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Hoy escuchamos nuevamente la bendición sacerdotal de Aarón y pedimos al Señor que bendiga el nuevo año. Ante las lógicas de guerra, solo Dios puede transformar el corazón humano y asegurar esperanza y paz a la humanidad.Es bueno iniciar el nuevo año recorriendo con decisión la senda de la paz. Acogemos el clamor de las víctimas de la guerra y oramos para que la paz anunciada por los ángeles a los pastores llegue a todos los rincones del mundo: “Super terram pax in hominibus bonae voluntatis” (Lc 2, 14). Con nuestra oración queremos ayudar a cada persona y a cada pueblo, en especial a quienes tienen responsabilidades de gobierno, a avanzar con decisión por el camino de la paz (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).Gracias a María, el Hijo de Dios, “nacido de mujer” (Ga 4, 4), vino al mundo como verdadero hombre, en la plenitud de los tiempos. Esa plenitud abarca el pasado y las esperas mesiánicas, y al mismo tiempo señala la plenitud absoluta: en el Verbo hecho carne, Dios pronunció su Palabra definitiva. En el umbral de un nuevo año resuena la invitación a caminar con alegría hacia la luz del “sol que nace de lo alto” (Lc 1, 78). En la perspectiva cristiana, todo tiempo está habitado por Dios: no hay futuro fuera de Cristo ni plenitud más allá de Él.María, Madre nuestra, intercede continuamente por nosotros. Nos lleva de la mano hacia su Hijo, lo entrega como lo ofreció a los pastores en Belén y, en el Gólgota, a toda la humanidad. Ella, que dio la vida terrena al Hijo de Dios, sigue comunicando la vida divina que es Jesús mismo y su Espíritu Santo. Por eso es madre de todo hombre que nace a la gracia y se la invoca como Madre de la Iglesia.Desde 1968, el 1 de enero se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de Oración por la Paz. La paz es don de Dios, como se proclama en la primera lectura: “Que el Señor (…) te conceda la paz” (Nm 6, 26). Es el don mesiánico por excelencia, fruto de la caridad de Cristo; es nuestra reconciliación con Dios. También es un valor humano que debe realizarse en lo social y lo político, pero tiene sus raíces en el misterio de Cristo (cf. Gaudium et spes, 77-90).“La paz no es solo ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Esto es la paz. Sin embargo, hacer callar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar comienzo a un camino que conduce a alcanzar la paz en sus diferentes aspectos. Pienso en los conflictos que aún ensangrientan demasiadas zonas del planeta, en las tensiones en las familias y en las comunidades –¡en cuántas familias, en cuántas comunidades, incluso parroquiales, existe la guerra!–, así como en los contrastes encendidos en nuestras ciudades y en nuestros países entre grupos de diversas extracciones culturales, étnicas y religiosas. Tenemos que convencernos, no obstante toda apariencia contraria, que la concordia es siempre posible, a todo nivel y en toda situación. No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz. No hay futuro sin paz” (Papa Francisco, Ángelus, 4 de enero de 2015).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, en este primer día del año civil aún respiramos el aire de la Navidad. El Evangelio nos conduce a la gruta de Belén, humilde y fría, que el Padre escogió para tu nacimiento a través de María y José. Como los pastores, que dejaron sus rebaños y corrieron para ver lo anunciado por el ángel, también nos acercamos hoy con el corazón y la mente a ese lugar, para contemplar tu pequeñez y tu grandeza, tu ternura y tu misericordia, tu fragilidad y tu fortaleza, tu humanidad y tu divinidad. Jesús, tu nombre, dado por el ángel y confirmado en la circuncisión, es para nosotros fuente de salvación. Ante él se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra. Es el nombre que trae paz, hace temblar al mal y nos libra de todo peligro.Gracias, Jesús, por hacerte cercano, por habitar entre nosotros y en nosotros; por hacerte carne en el seno de María, en el pan eucarístico y en el hermano que camina a nuestro lado. Gracias porque en cada corazón renuevas tu presencia para que quienes nos rodean experimenten tu amor y ternura.Gracias también por tu Madre Santísima que nos acerca a ti y nos conduce al Padre. Que su intercesión maternal nos mantenga siempre unidos a ti. Haz que cada día de este nuevo año lo vivamos contigo y para ti, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo, que viven y reinan por los siglos de los siglos. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de Oración por la Paz: en este día no se permite celebrar otra misa, ni siquiera la exequial; sin embargo, a juicio del ordinario del lugar, se puede celebrar la misa por la paz.•Tener en cuenta el mensaje del Papa para la Jornada Mundial por la Paz, a fin de motivar especialmente la oración por la paz del mundo.•Utilizar la bendición solemne del Misal para el primer día del año.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, bienvenidos a esta celebración en el primer día del año civil. En medio de este hermoso Tiempo de Navidad, contemplamos a María, Madre de Dios, que intercede ante el Padre y ante su Hijo por nosotros pecadores, y que, unida al clamor de la humanidad, suplica el don de la paz. Como Ella, dispongamos el corazón para acoger las bendiciones que el Padre quiere regalarnos hoy y en cada día de este nuevo año. Participemos con alegría y devoción.Monición a la liturgia de la Palabra En la primera lectura, del libro de los Números, escucharemos la solemne bendición: “El Señor te bendiga, te proteja, te ilumine, te conceda la paz”. En el salmo, suplicaremos juntos: “Que Dios tenga piedad y nos bendiga”. En la segunda lectura, de la Carta a los Gálatas, se nos recordará que, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo para que recibiéramos la adopción filial. Finalmente, en el evangelio, los pastores corren a ver a Jesús y regresan alabando a Dios. Abramos el corazón para que esta Palabra toque nuestras vidas, y escuchemos con fe y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Al Autor y a la Fuente de toda bendición, elevemos nuestras súplicas por nosotros y por toda la humanidad, diciendo con confianza:R/. Padre Dios, ten piedad y bendícenos.1.Padre Dios, te pedimos por el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, es decir, por todos los discípulos de tu Hijo, para que llevemos al mundo el anuncio de la paz y de salvación en Jesucristo. Oremos.2.Padre Dios, te pedimos por los gobernantes de nuestros pueblos y naciones, para que, procurando el bien común, construyan la paz y trabajen por el progreso integral y el bienestar de todos. Oremos.3.Padre Dios, te encomendamos a quienes sufren a causa de la guerra y la violencia, para que sean consolados por ti y transformados en artesanos de paz y de reconciliación. Oremos.4.Padre Dios, ponemos en tus manos cada día de este nuevo año, para que, dóciles a tus inspiraciones, recibamos y compartamos con nuestros hermanos las bendiciones que tú nos concedes. Oremos.5.Padre Dios, te pedimos por quienes participamos en esta celebración, para que, como María, seamos dóciles a tu Palabra y permitamos que tu obra se cumpla en nosotros, viviendo siempre en tu paz. Oremos.Oración conclusivaPadre Dios, acoge estas súplicas y todas las que guardamos en nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Sáb 27 Dic 2025

Y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''

LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉDiciembre 28 de 2025Primera lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14Salmo: Sal 128 (127), 1bc-2. 3. 4-5 (R. cf. 1bc)Segunda lectura: Col 3, 12-21Evangelio: Mt 2, 13-15. 19-23I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa fiesta de la Sagrada Familia no es solo una celebración de la vida doméstica, sino una profunda afirmación del misterio de la Encarnación. En ella contemplamos cómo Dios se hizo hombre y vivió en una familia común, revelando la grandeza de lo cotidiano y lo humano.Jesús no creció apartado del mundo ni en condiciones extraordinarias. Vivió una infancia normal en Nazaret, aprendiendo de sus padres, compartiendo con otros niños y asimilando el lenguaje, la cultura y las costumbres de su pueblo. Su humanidad se forjó en el calor de una familia sencilla y trabajadora.Las parábolas de Jesús reflejan su experiencia de vida en familia y comunidad. Conocía el valor de lo sencillo: sembradores, amas de casa, obreros, comerciantes. Antes de anunciarlo, vivió el evangelio en lo cotidiano, descubriendo la belleza escondida en la vida diaria y enseñando que todo puede ser santificado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Cada año, en el domingo dentro de la Octava de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Esta celebración no es solo una exaltación de la vida familiar, sino también una contemplación profunda del misterio de la Encarnación vivido en lo concreto de una familia humana.El Evangelio de Mateo nos presenta a la familia de Nazaret como una familia refugiada. José recibe en sueños la advertencia divina de huir con María y el Niño a Egipto para escapar de la violencia de Herodes. La vida del Hijo de Dios comienza marcada por la inseguridad, el exilio y la precariedad. El Verbo se hizo carne no en la estabilidad, sino en la fragilidad de quienes deben dejarlo todo para sobrevivir. ¡Cuántos niños hoy en el mundo y en nuestro continente nacen bajo la amenaza de muerte por diversas circunstancias!Mateo insiste en que todo esto ocurre “para que se cumplieran las Escrituras”. Jesús, el verdadero Hijo, revive la historia de Israel: así como el pueblo fue llamado de Egipto, también Él lo será. La Encarnación se revela, entonces, como una solidaridad radical de Dios con su pueblo sufriente. Jesús no solo asume la carne humana, sino también la historia, el desarraigo y el dolor de los excluidos.Al regresar y establecerse en Nazaret, el evangelista subraya otro cumplimiento profético: Jesús será llamado “Nazareno”. Este título evoca también el vástago prometido, el brote nuevo surgido del tronco de Jesé. La Sagrada Familia es, así, el espacio donde florece la esperanza mesiánica, donde la fragilidad se convierte en semilla de salvación.La fiesta de la Sagrada Familia no solo recuerda el drama del exilio vivido por Jesús, María y José en Egipto, sino que ofrece, a través de la liturgia, una rica catequesis sobre la vida familiar. Las lecturas bíblicas del día transmiten consejos prácticos y espirituales que iluminan la vocación familiar desde la fe.La Carta a los Colosenses propone exhortaciones a esposas, esposos, hijos y padres, subrayando que todos los miembros de la familia están llamados a vivir una existencia nueva en Cristo, guiados por el Espíritu. Destaca la importancia de relaciones familiares marcadas por el amor, el respeto mutuo y la responsabilidad.El libro del Sirácide o Eclesiástico —escrito en Jerusalén entre los siglos III y II a.C.— ofrece una colección de proverbios destinados a educar a las nuevas generaciones. Sus consejos insisten en el respeto y la honra debidos a los padres. Honrar al padre y a la madre no solo es una exigencia del Decálogo, sino también fuente de bendición: expía pecados, enriquece espiritualmente y garantiza una vida larga y plena. Incluso en la vejez, cuando los padres pueden perder capacidades, la indulgencia y el cuidado hacia ellos son obras agradables a Dios.El Salmo 127 completa esta visión con una imagen ideal de la familia bendecida por Dios: el padre que teme al Señor, la esposa como vid fecunda y los hijos como brotes de olivo. La familia aparece, entonces, como lugar de bendición cuando se vive en fidelidad a Dios.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Sagrada Familia: germen de esperanza en la historiaLa Encarnación no termina en el pesebre: continúa en la vida escondida de la Sagrada Familia, donde Dios se hace cercano en lo cotidiano, en lo frágil, en lo humano. Mateo nos muestra que en José, María y Jesús se cumplen las promesas de las Escrituras. No con espectáculo, sino en el silencio de una casa, en la obediencia de la fe, en el amor que sostiene en medio de la adversidad.La Sagrada Familia conoce el miedo, el exilio, la pobreza. Huyen a Egipto porque la vida del Niño está amenazada. Son migrantes, desplazados. En ellos se refleja la experiencia de millones de familias colombianas y latinoamericanas que, aún hoy, deben dejarlo todo por la violencia, el hambre o la falta de oportunidades. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, Dios actúa.“De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11, 1); esta palabra se cumple en Jesús, pero también ilumina nuestra historia. Dios no se desentiende del sufrimiento: lo transforma. La Sagrada Familia es la prueba viva de que, incluso en el dolor, la esperanza puede brotar. En cada casa humilde, en cada madre que resiste, en cada padre que protege, en cada niño que sueña, Dios está presente.Nuestras familias enfrentan muchos desafíos: rupturas, injusticias, incertidumbres. Pero si acogen la Palabra y se dejan modelar por la fe, pueden convertirse en santuarios donde Dios habita. Como en Nazaret, el amor escondido construye futuro.La Sagrada Familia no es un modelo inalcanzable, sino una invitación concreta: a confiar cuando todo tiembla, a obedecer cuando no se entiende, a permanecer cuando todo invita a huir. Es un retoño, un brote nuevo, que florece en medio de la sequía.En nuestra tierra herida, la Sagrada Familia nos recuerda que lo pequeño, lo sencillo y lo fiel es el lugar donde nace la salvación. Allí, en lo cotidiano, el Señor sigue encarnándose. Y eso es motivo de esperanza.Celebrar esta fiesta es redescubrir que Dios habita nuestras historias concretas, incluso las más difíciles, y que el amor vivido en familia puede ser signo del Reino que ya germina.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, Hijo del Dios viviente, nacido en el silencio de Belén y acogido en el amor de María y José, mira nuestras familias con ternura. Tú que viviste el exilio y la sencillez, visita hoy nuestros hogares con tu paz. Haz germinar, en medio de nuestras pruebas, la alegría que no decepciona. Libéranos del miedo, renueva nuestros vínculos y fortalece la fe en tu presencia viva. Allí donde una familia cree en Dios, renace la esperanza. Que nuestras casas sean signo de tu amor fiel. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Puede elaborarse una cartelera de felicitaciones a la familia, en la que se propongan algunos valores para motivar su vivencia en la noche de Año Nuevo.•Seleccionar cantos alusivos a la familia tanto para la entrada a la celebración como para el momento de la comunión.•Es recomendable hacer en este día la bendición especial de las familias, según lo prescrito en el Bendicional (p. 37, nn. 63-64 ss.).•La parroquia, junto con su equipo pastoral, puede preparar una oración a la familia, impresa en una estampa de la Sagrada Familia, para que sea recitada en la noche de Año Nuevo.•Conviene programar, de acuerdo con las necesidades de la comunidad, jornadas de oración y acción de gracias con motivo del fin del año e inicio del nuevo.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaHoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, la familia singular formada por María, José y Jesús. Esta celebración nos invita también a reflexionar sobre nuestras propias familias. Cada uno de nosotros, al participar en esta santa misa, debería dar gracias a Dios por habernos regalado un padre, una madre, hermanos y hermanas. Son, en verdad, un don precioso. Nuestra vida crece en plenitud porque somos amados y cuidados por padres que no elegimos, pero que nos fueron dados por Dios, y a quienes debemos amar y respetar. Participemos con gozo de esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn este domingo, dentro de la Octava de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Las lecturas fueron escogidas para ayudarnos a reflexionar sobre este misterio. El Evangelio según san Mateo narra la huida a Egipto y nos muestra las dificultades afrontadas por la Sagrada Familia. El libro del Eclesiástico, en la primera lectura, ofrece valiosos consejos acerca de la relación entre padres e hijos. El Salmo presenta, en un cuadro ideal, a la familia de quien teme al Señor y camina en sus caminos. Finalmente, el apóstol san Pablo nos entrega enseñanzas fundamentales para la vida familiar y comunitaria. Escuchemos con atención la Palabra de Dios.Oración universal o de los fielesPresidente: En la fiesta de la Familia de Nazaret, invoquemos a Dios, nuestro Padre, para que proteja e ilumine a todas las familias del mundo, diciendo con alegría:R/. Señor, bendice nuestras familias.1.Para que la santa Iglesia, nuestra madre, sea reflejo de una verdadera familia, donde se aprenda a amar, perdonar y acoger. Oremos al Señor.2.Para que en todas las familias de nuestro tiempo crezca el amor por la verdad y se despierte el hambre y la sed del Dios vivo. Oremos al Señor.3.Para que las familias cristianas de la tierra vivan la celebración de la Pascua como la gran fiesta de todos sus miembros, al estilo del hogar de Nazaret. Oremos al Señor.4.Para que padres e hijos construyan hogares de paz, verdaderas iglesias domésticas, donde reine la fe y el amor. Oremos al Señor.5.Para que nuestros hermanos que ya fueron llamados por Dios y creyeron en el nombre de su Hijo reciban de Él plenitud de sus promesas. Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios, que en Jesús, María y José nos diste la imagen viva de tu eterna comunión de amor, colma con tu gracia y sabiduría a todas las familias del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

Mié 24 Dic 2025

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria

NACIMIENTO DEL SEÑORMisa del díaDiciembre 25 de 2025Primera lectura: Is 52, 7-10Salmo: Sal 98 (97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R. cf. 3cd)Segunda lectura: Hb 1, 1-6Evangelio: Jn 1, 1-18I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónAntes de preparar la homilía de esta solemnidad tan gloriosa, vale la pena recordar las palabras del papa Francisco durante el Ángelus del 23 de enero de 2022: “La predicación corre este riesgo: sin la unción del Espíritu empobrece la Palabra de Dios, cae en el moralismo o en conceptos abstractos; presenta el Evangelio con desapego, como si estuviera fuera del tiempo, lejos de la realidad. Y este no es el camino. Pero una palabra en la que no palpita la fuerza del hoy no es digna de Jesús y no ayuda a la vida de la gente. Por esto quien predica, por favor, es el primero que debe experimentar el hoy de Jesús, para así poderlo comunicar en el hoy de los otros. Y si quiere dar clases, conferencias, que lo haga, pero en otro lado, no en el momento de la homilía, donde debe dar la Palabra para que sacuda los corazones”. El papa recuerda que el buen predicador debe evitar dos extremos: el moralismo, por el cual erramos al encaminar la predicación únicamente en sentido parenético del tipo: “debemos comportarnos bien”, y la abstracción, otro error que nos concentra en la complejidad de los conceptos y la formalidad del lenguaje. Su propuesta es para todos un desafío: la unción del Espíritu, a través de la preparación orante, permite experimentar el hoy de Jesús y enriquece la Palabra de Dios para que llegue con fuerza al hoy de los otros mediante la predicación orante.El hoy de Jesús es conciencia de la actualidad permanente del misterio de la Redención y de su actualización en la liturgia; por eso, por ejemplo, la noche de Navidad es la ocasión en la que –aquí y ahora– se realiza el misterio de Dios hecho hombre. Con la Carta a Tito podremos entender que la Navidad es “manifestación de la gracia de Dios Padre”, que nos ha permitido la “manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”. El hoy de Jesús no solo actualiza el misterio, sino que lo contextualiza. Hoy, más que nunca, es necesario enfatizar en la realidad de la Encarnación, la historicidad de la primera venida de Cristo –como Lucas lo quiere dejar en claro– y la prolongación de su obra de redención (en el tiempo y en el espacio) a través de la Iglesia como su Cuerpo místico. El hoy de Jesús ilumina el hoy de los otros a través de caminos concretos de profundización y acción: el nacimiento del Hijo de Dios realiza la profecía de Isaías, trascendiendo el móvil político-mesiánico para convertirlo en mesiánico-político. Él es el “príncipe de la paz sin límites” y extiende, sostiene y consolida ese principado a través de la justicia y el derecho.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de Isaías refleja perfectamente los sentimientos y anhelos de un pueblo oprimido por diversas causas. Cuando una persona o una comunidad experimentan el sufrimiento y dolor, se consuelan con la esperanza de un mejor mañana: “Vendrán tiempos mejores”, se dice. Isaías, en un contexto de sombra, oscuridad y caos que vivía el pueblo de Israel, profetiza una era mesiánica llena de luz, con elementos históricos y novedades. Lo histórico es la referencia al “trono de David y su reino”; es decir, cuando venga el Mesías se sabrá de dónde proviene, cuáles son sus raíces, sus antepasados, su pueblo, su vinculación profunda con la humanidad. No se tratará de la llegada de un personaje desencarnado (quizá un semidios).Lo novedoso es que ese Mesías trascenderá “políticamente” el método de la violencia como técnica para extender el poder y territorio. La expansión de su principado no se logrará con “vara de opresor”; no se escucharán las botas de los ejércitos que marchan con estrépito, ni quedarán las túnicas empapadas de sangre. Por el contrario, “dilatará el principado con una paz sin límites” y sostendrá su poder con justicia y derecho, como lo recordará el salmo responsorial de esta solemnidad. El Evangelio de Lucas recalca el sentido histórico del acontecimiento y el cumplimiento de la profecía de Isaías. Al respecto, debe aclararse que, si bien la historia encuentra en la cronología un fundamento evidente, los estudiosos de la Sagrada Escritura coinciden en que el evangelista no es exacto en las fechas, pues no tiene la intención de relatar cronológicamente el acontecimiento. Aunque cite nombres de reconocidos gobernantes, como el emperador Augusto y el gobernador Cirino, y aluda a hechos conocidos, como el famoso “censo de Judea” realizado después de la deposición de Arquelao, Lucas no busca fundamentar la historia en sí misma, sino mostrar que la historia entera tiene su fundamento más allá de la cronología. Ese fundamento es Cristo: el Mesías, el Hijo primogénito, el Príncipe de la paz esperado, puente entre lo divino y lo humano. Por ello, los ángeles proclamarán: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.Si Isaías profetizó la llegada del Mesías y Lucas narró su cumplimiento, Pablo, en su Carta a Tito, le da un enfoque escatológico: la primera venida es un preludio de la segunda. Entre el nacimiento y el retorno glorioso de Cristo transcurre la historia de la Iglesia, prolongación de la obra redentora del Mesías y sacramento universal de salvación. Pablo indica que, mientras el cristiano espera la manifestación definitiva de Jesucristo, debe asumir un doble compromiso: renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y, cultivar la sobriedad, la justicia y la piedad. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Escuchamos el prólogo del Evangelio según San Juan (1, 1-18), un bello himno canta la preexistencia del Verbo y su condición divina. Inicia presentando la relación del Verbo con Dios: preexistía con Dios (“en el principio era el Verbo”), estaba junto a Dios y era Él, es decir, de naturaleza divina (Jn 1, 1-2). Luego describe su relación con la creación: “Todo llegó a ser por medio de Él”. No es una criatura; toda la creación le debe su existencia, pues “sin Él nada llegó a ser de lo que llegó a ser”.El himno prosigue describiendo la relación del Verbo con la humanidad: Él es vida luminosa y luminosidad viva para la humanidad, pues la vida es la luz de los hombres. Esta luz vivificante brilla sin cesar, interpelando la libertad humana, siempre libre de preferir las tinieblas. No obstante, Él es una luz con efecto universal, pues ilumina “a todo hombre que viene a este mundo”, desplegando esa potencia desde su nacimiento (Jn 1, 9).El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros para acompañar a los peregrinos de esperanza y a los discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal. El Verbo encarnado revela al Dios a quien nadie ha visto; es el exégeta del Padre. Como escribió san Ireneo de Lyon: “Lo invisible del Hijo es el Padre y lo visible del Padre es el Hijo” (Adversus Haereses IV, 6, 6).“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Era Dios desde siempre Aquel que ahora se hace hombre: lo que era, permanece; lo que no era, lo asumió (quod erat permansit; quod non erat assumpsit).El Dios eterno tomó nuestra temporalidad para hacernos partícipes de su eternidad. El Dios incorruptible acogió nuestra corruptibilidad para hacernos partícipes de su incorruptibilidad. El Dios inmortal abrazó nuestra mortalidad para hacernos partícipes de su inmortalidad. El “Dios verdadero de Dios verdadero” hizo suya nuestra naturaleza humana para hacernos partícipes de su naturaleza divina. El Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros, hijos de la humanidad, lleguemos a ser hijos de Dios: “A todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les da potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1, 12).En Belén, el Invisible se vuelve visible; el Intangible se puede tocar; el Verbo de Dios se convierte en palabra humana. El Dios terrible del terremoto y la tempestad se manifiesta en la serenidad y la ternura de un niño; el Dios temible de la tienda y el templo se revela en la dulce sonrisa de un pequeño; el Dios al que nadie puede mirar nos mira con los ojos luminosos de un bebé. La Grandeza se ofrece en forma de pequeñez.En Belén, contemplamos al Dios con nosotros, cercano, por y para la humanidad. Allí, el Dios lejano se vuelve próximo, el diferente se hace semejante. En un frío pesebre reposa Aquel que es fuego devorador. En ese lugar contemplamos al Dios que ama a los hombres, tanto como para hacerse hombre. San Gregorio Nacianceno, padre de la Iglesia, canta este maravilloso misterio: “el Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad, representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la creatura hecha a su imagen y asume la carne, para redimir la carne; se une con un alma racional para salvar mi alma, para purificar lo semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en todo, con excepción del pecado” (Disertación 45).María, Madre de Dios, que lo acogió en su corazón y lo envolvió con su amor, nos ayude a recibir al Dios que se hizo hombre como nosotros para darnos salvación.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Contemplemos la primera venida de Cristo, que exige, por una parte, reconocer que hemos sido “llamados a la eternidad y hemos visto aparecer a la misma Verdad en una forma visible y corporal” (San León Magno, Sermón 23, 5). Contemplar esta verdad debe llevarnos, por otra parte, a un compromiso social, no solo por las circunstancias en que ocurrió el nacimiento del Mesías, sino sobre todo porque, como lo ha demostrado Lucas, los primeros testigos fueron los sencillos, en un ambiente de sencillez: María, José y los pastores. Así lo confirmará Pablo, al insistir a Tito en que, entre las dos manifestaciones del Mesías (la primera ya acontecida y la segunda aún por venir), las actitudes del cristiano deben ser las de Cristo, el Príncipe de la paz, expresadas en una trilogía de especial resonancia: sobriedad, justicia y piedad. Sobriedad para consigo mismo, justicia para con los demás y piedad para con Dios._______________________Recomendaciones prácticas:•Los sacerdotes pueden presidir o concelebrar hasta tres misas, siempre que se celebren en las horas indicadas. En las misas de Navidad puede elegirse, según se considere más oportuno, cualquiera de los tres formularios de lecturas.•Si se estima conveniente, puede organizarse al inicio de la celebración una procesión interna de niños que lleven la imagen del Niño Jesús al pesebre, donde se expone a la devoción de los fieles con dignidad, evitando la inapropiada costumbre de colocar una alcancía para recoger el “aguinaldo” del Niño.•Seguir los formularios establecidos, prefiriendo para esta celebración el Prefacio I de Navidad y la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, en la que parte “Reunidos en comunión…” es propio de Navidad.•Resaltar de manera especial el canto del “Gloria a Dios en el cielo”, sin alterar su texto litúrgico ni sustituirlo por villancicos u otros cantos. Su sola proclamación es ya una profesión de fe en el misterio de Dios.•Tener presente el signo del Credo, en el que se hace la genuflexión al recordar la encarnación del Verbo.•Puede emplearse en este día la fórmula de bendición solemne “En la Navidad del Señor” (Misal, p. 577).•Dirigir un saludo navideño a la comunidad, sencillo y con sentido pastoral, aprovechando la ocasión para felicitar a todos por el nacimiento del Salvador.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn la solemnidad del Nacimiento de nuestro Salvador hemos sido convocados para celebrar, con gozo comunitario, el misterio de la Redención. Él es el Príncipe de la paz que disipa las tinieblas de nuestras vidas y nos conduce a su luz admirable. Que la alegría que nos inspira esta gran muestra del amor de Dios por la humanidad inunde nuestra celebración eucarística y nos motive a vivir con coherencia cristiana. Participemos activamente.Monición a la liturgia de la PalabraEl profeta Isaías anuncia la llegada del Mesías como Príncipe de la paz. El evangelista san Lucas nos narra cómo aquella profecía se cumplió gracias al infinito amor del Padre eterno. Finalmente, san Pablo nos invita a que la manifestación del Señor entre nosotros, desde la noche de Navidad, nos ilumine en la espera de su segunda venida, que será su manifestación definitiva. Escuchemos con atención. Oración universal o de los fielesPresidente: Acudamos al Padre de la misericordia, que por su gran amor envió a su Hijo al mundo, y supliquémosle diciendo:R/. Príncipe de la paz, danos tu paz.1.Tú que eres “Maravilla de consejero” y has constituido a tu Iglesia como prolongación de la obra redentora de tu Hijo Jesucristo, haz que, en comunión con el papa León, los obispos y todos los demás pastores, los cristianos seamos testimonio de tu presencia en el mundo. Roguemos al Señor. 2.“Dios fuerte”, concede a los gobernantes de la tierra, especialmente a nuestras autoridades nacionales y locales, rectas intenciones de buen gobierno y compromiso por el desarrollo humano integral de los pueblos. Roguemos al Señor. 3.“Padre eterno”, te encomendamos especialmente nuestras familias, para que en esta Noche Santa y cada día de su vida sean reflejo de acogida y servicio, de reconciliación y fraternidad. Roguemos al Señor. 4.Dios de amor, ayúdanos a defender siempre el don de la vida, desde su concepción hasta su desenlace natural, de modo que con nuestros actos demos testimonio del valor inapreciable de la existencia. Roguemos al Señor. 5.Dios de todo consuelo, te pedimos por quienes atraviesan dificultades: los enfermos, los perseguidos, los maltratados, los desempleados y los que sufren hambre; fortalece nuestros corazones para que seamos generosos y solidarios con ellos. Roguemos al Señor. Oración conclusivaPadre Dios, que nos has iluminado con la claridad de tu Hijo, escucha las súplicas que por su intercesión te presentamos y concédenos el gozo de reconocerlo cada día como “Príncipe de la paz”. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.La Calenda: Pregón de NavidadLes anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegríapara todo el pueblo; escúchenla con corazón gozoso.Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio,Dios creó el cielo y la tierra e hizo al hombre a su imagen y semejanza;y miles y miles de años desde que cesó el diluvio y el Altísimo hizoresplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz; en el año 752 dela fundación de Roma; en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, en la sexta edad del mundo,hace 2022 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada, de María Virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban.

Vie 19 Dic 2025

Dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros»

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTODiciembre 21 de 2025Primera lectura: Is 7, 10-14Salmo: Sal 24 (23), 1b-2. 3-4ab. 5-6 (R. cf. 7c. 10c)Segunda lectura: Rm 1, 1-7Evangelio: Mt 1, 18-24I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl cumplimiento de las promesas de Dios a la humanidad se manifiesta en hechos concretos que, a menudo, superan la lógica humana. El Señor elige a una doncella que, por obra del Espíritu, concibe un hijo. De ese nacimiento virginal surge la presencia real del Emmanuel: Dios-con-nosotros, quien viene a salvar a la humanidad.El mensaje de la liturgia de hoy puede sintetizarse así:•Isaías se convierte en portavoz de la más profunda alegría cristiana: Dios está entre nosotros, hecho niño, y su cercanía nos introduce en la salvación plena.•El salmista nos invita a presentarnos con manos inocentes y corazón puro, como el niño que está por nacer. Solo así descubriremos la grandeza de las obras del Señor.•En el Evangelio, contemplamos un momento decisivo en la historia de la salvación: la anunciación a José. Siendo un hombre justo, digno de la confianza divina, acoge el mensaje recibido en sueños y actúa sin reservas, cumpliendo la voluntad del Señor.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El relato del origen de Jesucristo nos sitúa en la alegría del cumplimiento de las promesas divinas. El anuncio se dirige a un hombre justo, José, mediante un sueño, como ocurrió con los antiguos patriarcas. En ese sueño, el plan humano de José es transformado por el querer divino: ya no se trata de proceder en secreto, sino de actuar con fe y valentía para colaborar en la obra de la salvación.José reconoce en lo que ocurre una acción del Espíritu Santo y se dispone a vivir según ese designio.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Cuando Dios está cerca, la alegría se vuelve plenitud. Nos sentimos reflejados en ese niño que habita el vientre de María. Su nacimiento nos ilumina y nos llama a vivir con un corazón limpio y manos puras, agradeciendo su presencia entre nosotros.Está a punto de cumplirse el plan de salvación: un gesto de amor infinito que se manifiesta en la ternura de un niño, que vendrá a redimirnos del pecado y de nuestras resistencias a amar a los demás.Este es un tiempo propicio para reconocernos como verdaderos hijos de Dios, más allá de criterios humanos. José, el hombre justo por excelencia, inclinó el oído al Padre y cumplió sin reservas su voluntad.También nosotros estamos llamados a afinar el oído del corazón, a abrir los ojos del alma y, sin cuestionamientos, responder a lo que Dios quiere de nosotros.Es hora de mirar hacia nuestro interior, de buscar en nosotros lo que se asemeja a ese niño por nacer: su ternura, su humildad, su obediencia. Solo así podremos configurarnos con Él.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Este es el momento de revisar nuestra espiritualidad para comprender el alcance de las decisiones de Dios en favor de la humanidad. Con el anuncio del nacimiento del Hijo en nuestra carne, Dios manifiesta su inmenso amor. Nos ama tanto que quiso compartir nuestra condición humana para invitarnos a participar de su condición divina.Este es el gran reto de la vida cristiana: configurarnos con Cristo, parecernos cada vez más a Él. Somos hombres y mujeres comunes que, desde la humildad de nuestra humanidad, estamos llamados a descubrir el verdadero sentido de la vida: entregarla por el evangelio, vivir según los dones que hemos recibido y obedecer con fidelidad a la voluntad del Padre._______________________Recomendaciones prácticas:•Después del saludo puede encenderse la cuarta luz de la corona de Adviento, recitando la respectiva oración.•Este domingo resalta la figura de María y se celebra como una verdadera fiesta mariana.•Se sugiere el Prefacio de Adviento IV: María, nueva Eva, por destacar la acción de la Virgen María.•Proponer a los fieles la visita a los más necesitados de la comunidad, llevándoles una voz de esperanza y algún presente.•Promover la cena familiar después de la misa de la Vigilia de Navidad.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria a la misaLa cercanía del nacimiento del Señor en nuestra carne nos invita a vivir con mayor humildad. Comprendiendo la grandeza de su amor, gocemos de la bondad con que nos trata y, a su vez, tratemos a los demás con la ternura propia de un auténtico hijo de Dios.Monición a la liturgia de la PalabraEl Señor cumple las promesas anunciadas desde mucho tiempo atrás por el profeta Isaías. Además, conoceremos la condición necesaria para llegar al encuentro con Dios, quien nos dice que se requieren manos inocentes y un corazón puro. Escuchemos.Oración universal o de los fielesPresidente: Cada vez que nos encontramos con el Señor, descubrimos que la gloria de Dios es el hombre convertido. Por eso, nos atrevemos a decir:R/. Te damos gracias por tu amor para con nosotros.1.Por el Papa León y todos los ministros de la Iglesia, para que, imitando la vida del Señor, todas las comunidades lleguen a la santidad. Oremos.2.Por los gobernantes del mundo, para que, configurándose como discípulos de Cristo, sean hombres de paz que conduzcan a los pueblos lejos de las guerras y de las incomprensiones. Oremos.3.Por todos los miembros de la Iglesia, para que, siendo humildes como el Niño pronto a nacer, seamos fieles exponentes de la alegría cristiana. Oremos.4.Por todos los necesitados del mundo, para que seamos cada vez más conscientes de la fortaleza del perdón y de la unidad de todos los fieles. Oremos.5.Por quienes asisten a este encuentro con el Señor, para que, llenos del Espíritu Santo, nos esforcemos en parecernos cada vez más a Dios, en su expresión de cercanía para con los demás. Oremos. Oración conclusivaPadre, tú que escuchas a quienes te invocan, te damos gracias por enviarnos a tu Hijo en nuestra carne y por esperar de nosotros el ánimo de configurar nuestra vida hasta llegar a tu santidad. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo, que vive y reina entre nosotros, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.R/. Amén.

Vie 12 Dic 2025

Entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Gaudete)Diciembre 14 de 2025Primera lectura: Is 35, 1-6a. 10Salmo: Sal 146 (145), 6c-7. 8-9a. 9bc-10 (R. cf. Is 35, 4)Segunda lectura: St 5, 7-10Evangelio: Mt 11, 2-11I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducción“Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito: estad siempre alegres. El Señor está cerca”. Esta antífona de entrada presenta la clave de este domingo: la alegría. Estar siempre alegres es una consigna del tiempo de Adviento que debe acompañarnos durante todo el año. En esta espera vigilante tenemos la certeza de que el Señor está cerca de su pueblo; Él viene en persona y nos salvará. Hoy, los cristianos de este momento histórico debemos prepararnos para recibirlo. Su llegada es un acontecimiento de gran importancia para la humanidad, pues es la respuesta a quienes se preguntan por su venida y su significado. El Mesías hace brotar la justicia, cancela la deuda por nuestros pecados, consuela a los tristes y sana el sufrimiento de la humanidad. En Cristo debemos poner la mirada y toda nuestra confianza.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La Palabra de Dios nos anuncia, en la primera lectura del profeta Isaías, la alegría de la creación, porque con la llegada del Mesías será renovada y contemplará la gloria y la belleza de nuestro Dios. Quienes se encuentren cansados y abatidos por el sufrimiento recibirán la fuerza del Señor que robustece las manos y las rodillas. Él nos llama a ser fuertes, venciendo la cobardía y el temor. La venida del Señor es motivo de alegría, porque trae la salvación, cancela la deuda del pecado y sana de manera integral nuestra vida.El salmo 146 es una profunda oración a Dios que se muestra misericordioso con los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, el huérfano y la viuda; sana toda enfermedad y sufrimiento. Por eso esperamos con anhelo su venida. La segunda lectura, tomada de la Carta del apóstol Santiago, nos invita a tener paciencia y a mantenernos firmes, porque la venida del Señor está cerca.El Evangelio de San Mateo, presenta la expectativa ante la inminente llegada del Mesías. La pregunta de Juan el Bautista –“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”– expresa el anhelo por su pronta manifestación. La respuesta de Jesús confirma que Él es el Mesías, pues sus palabras y milagros sanan la vida humana, herida por la injusticia, la enfermedad y el pecado de un pueblo sumido en el abandono.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En el tercer domingo del tiempo de Adviento, la Palabra de Dios nos invita a continuar nuestro camino de preparación para la llegada de Cristo, en clave de esperanza, alegría y fe.Esperemos la venida de Cristo con esperanza, porque al renovar su nacimiento en la humildad de nuestra carne, vemos cumplida la promesa de Dios Padre, que nunca se ha olvidado de la humanidad que sufre enfermedad, injusticia y abandono. Llenos de esperanza, como los israelitas, busquemos a Jesús, encontrémonos con Él y acojamos la salvación que concede a quien lo busca con sincero corazón. Pongamos nuestra confianza en Cristo, porque es misericordioso con los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, el huérfano y la viuda; Él sana la vida de toda enfermedad y sufrimiento.Esperemos la venida de Cristo con alegría, porque su llegada renueva y transforma todo. En ciertos momentos de nuestra vida experimentamos cansancio, tristeza, abatimiento y temor ante las tormentas del mal, la guerra, la injusticia, la enfermedad y el abandono. Cuando desgastamos nuestra vida solo en acumular bienes y olvidamos a Dios, descubrimos que al final no encontramos la verdadera felicidad: nada de eso permanece, solo Dios se mantiene. Él es quien da sentido a la vida y nos concede la salvación, porque es misericordioso con todos.Esperemos la venida de Cristo fortalecidos por la fe, don de Dios que nos ayuda a encontrar la respuesta a nuestros interrogantes y sufrimientos. Cristo está entre nosotros; dejémonos encontrar por Él para descubrir el sentido de nuestra existencia. En Cristo se cumplen las promesas de Dios, porque su presencia en medio de nosotros sana nuestras heridas, nos da nuevas fuerzas y nos impulsa a construir su Reino que transforma la vida de la humanidad aquí y ahora.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor, Padre Santo, con la fuerza del Espíritu Santo, permite que muchos hombres y mujeres de hoy, afectados por el pecado, las angustias, los temores y los sufrimientos, que sienten cansancio, abandono y están perdiendo la esperanza, sean consolados y fortalecidos. Ven, Señor, que te esperamos; permite que, al renovar el nacimiento de tu amado Hijo Jesucristo, nos acerquemos a Él, que, movido por la misericordia, sane las heridas del odio y la enfermedad; y sane, de manera integral, nuestra vida humana. Señor, permite que nuestros corazones se abran a tu amor para recibirte con alegría, porque solo tú nos das la salvación, la alegría y la paz. Que quienes te seguimos seamos testigos de esperanza, capaces de decir al mundo: “Eres Tú, Señor, el que tenía que venir al mundo”._______________________Recomendaciones prácticas:•Motivar a que cada familia construya su pesebre y que, en torno a él, se viva la alegría de acoger la Buena Noticia de la salvación. •Programar el rezo de la novena de Navidad garantiza una celebración de piedad popular con mayor participación y un alto nivel de comprensión que deja frutos de compromiso evangelizador en las personas, familias y comunidades. Se seguirá la novena de aguinaldo propuesta por la Conferencia Episcopal.•Después del saludo, puede encenderse la tercera luz de la corona de Adviento, recitando la respectiva oración.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misaHermanos, en el tercer domingo de Adviento nos hemos congregado en la casa del Señor para celebrar la Eucaristía, animados por la espera gozosa de su venida. Traigamos al altar nuestra acción de gracias por todo lo que el Señor nos concede; oremos por la paz del mundo, por quienes sufren a causa de la pobreza y la enfermedad, por las familias y las necesidades de nuestra comunidad. Que el Señor nos conceda la alegría en este tiempo en que esperamos su venida. Participemos con fe en esta celebración.Monición a la liturgia de la Palabra“Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito: estad siempre alegres. El Señor está cerca”. Escuchemos al Señor que hoy, en su Palabra, nos anuncia que Él mismo viene en persona y nos salvará, hará brotar la justicia y cancelará nuestra condena. Su venida es motivo de alegría para la creación entera y la humanidad, porque por su misericordia hace justicia al huérfano y a la viuda, abre los ojos al ciego, robustece las manos y las rodillas vacilantes, nos llama a mantenernos firmes, sin temor. Las palabras y los milagros que Jesús hace con los pequeños de Dios que sufren son signo de que ya el Señor está en medio de su pueblo, Dios ha cumplido su promesa, estemos alegres y agradecidos con Dios. Escuchemos con atención la Palabra de Dios.Oración universal o de los fielesPresidente: Amados hermanos, con alegría y confiados en la misericordia de Dios, que es bueno con todos, presentemos a Él nuestras súplicas diciendo:R/: Ven, Señor, que te esperamos.1.Oremos a Dios, Padre misericordioso, por el Papa León, los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y fieles laicos, para que seamos testigos de la alegría y la esperanza en un mundo que, con sus gozos y angustias, espera al Señor que trae la salvación. Roguemos al Señor.2.Oremos a Dios para que, al renovar la venida de su Hijo Jesucristo al mundo, renovemos en nosotros el amor, busquemos el perdón y la justicia, y así construyamos la paz que tanto necesitamos. Roguemos al Señor.3.Oremos por nuestra comunidad parroquial, sus instituciones, sectores y familias, para que la venida del Señor, ya cercana, nos una en la esperanza y la alegría, y nos impulse a trabajar unidos por el bien común, la paz y la justicia. Roguemos al Señor.4.Oremos por nuestro país, por sus gobernantes, las autoridades civiles y militares, y todos los ciudadanos, para que nos esforcemos en promover el respeto, la unidad y la paz, trabajando por el desarrollo justo y la dignidad de todos los colombianos. Roguemos al Señor.5.Oremos por todos nosotros, para que nos preparemos con alegría para el nacimiento de Cristo, seamos testigos de la esperanza y la misericordia, y nos dispongamos a ayudar a los pobres, los desplazados y quienes sufren. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre, en la alegría que nos brinda el Adviento, acoge en tus manos estas plegarias y permite que, día a día, nuestra vida se asemeje a lo que tú esperas de tu pueblo. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Vie 5 Dic 2025

MUESTREN LOS FRUTOS DE UNA SINCERA CONVERSIÓN

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTODiciembre 07 de 2025Primera lectura: Is 11, 1-10Salmo: Sal 72 (71), 1bc-2. 7-8. 12-13. 17 (R. cf. 7)Segunda lectura: Rm 15, 4-9Evangelio: Mt 3, 1-12I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónContinuamos avanzando en este tiempo de Adviento, caminando juntos en vigilante espera, aguardando la llegada del Mesías, gran promesa de Dios, la cual está a punto de cumplirse. Nosotros, hoy, al igual que el pueblo de Israel, contemplamos la gran figura de Juan el Bautista, voz que anuncia con gran vigor la llegada inminente del Mesías; en Él vuelve a resonar el pregón del profeta Isaías: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”. Juan es la voz que anuncia la esperanza, porque del tronco viejo de Jesé brota un renuevo, el Mesías, ungido con el Espíritu del Señor. En el desierto, lugar de silencio y soledad, resuena la llamada a la conversión, paso necesario para acoger el Reino de Dios que ya llega con el Mesías.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura, el profeta Isaías anuncia al pueblo de Israel la esperanza, porque se acerca el día de la llegada de Cristo, renuevo del tronco envejecido de Jesé, quien será ungido con la fuerza del Espíritu del Señor. Este será un gran acontecimiento que traerá la paz y la justicia transformando la vida de los hombres y la creación entera. El Salmo 72 (71) es una plegaria para que, con la llegada de Jesús, florezcan la equidad y la paz, y se salve la vida del pobre, del afligido y del indigente que claman justicia divina. La segunda lectura de san Pablo a los Romanos presenta la paciencia y el consuelo que brindan las escrituras para que mantengamos viva la esperanza en el Señor, fuente de todo consuelo, y para que nos acojamos mutuamente, como Cristo nos acogió para gloria de Dios. El Evangelio de san Mateo presenta el momento en que Juan el Bautista inicia su misión profética en el desierto, lugar de soledad y silencio, haciendo una llamada radical a la conversión que implica el bautismo y que permitirá el fruto nuevo de la renovación de la humanidad. A partir de la conversión, la persona se dispone a acoger con gozo al Mesías, quien bautizará con agua y Espíritu Santo, facilitando así la renovación para recibir el Reino de Dios que llegará con Él.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Palabra de Dios nos invita a entrar en vigilante espera para recibir al Mesías, ungido con la fuerza y los dones del Espíritu Santo, quien viene a instaurar el Reino de Dios. Son varias las acciones que debemos realizar para acoger a Cristo en nuestra historia, en nuestra comunidad y en nuestro corazónEn primer lugar, levantar la mirada llena de esperanza, porque el Mesías es una persona, un acontecimiento trascendental en el plan salvador, en el cumplimiento pleno de las promesas divinas que renuevan todo.En segundo lugar, debemos abrir el oído y el corazón para escuchar la voz del profeta Juan el Bautista que clama: “Allanen el sendero, conviértanse de todo corazón”. Esto exige sacar de nuestra vida el pecado para dar el fruto que Dios espera: la paz y la justicia que renuevan las relaciones entre los hombres, con la creación y con Dios. De esta manera, se transforma el mundo en que vivimos.En tercer lugar, necesitamos sosegar la ansiedad y las falsas inquietudes producidas por el afán consumista de la sociedad actual; para ello, es necesario entrar en el silencio para descubrir el sentido de la presencia de Cristo en nuestra vida y en la vida del mundo. Esa presencia da sentido y respuesta a nuestras inquietudes, temores y anhelos más profundos.Continuemos este camino de Adviento que nos lleva a renovar el acontecimiento de la primera venida de Jesucristo, Salvador, viviendo este tiempo en coherencia de vida cristiana.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Te presentamos, Señor, nuestra comunidad que vive los gozos y las angustias propias de nuestro tiempo. Acompaña, Señor, a tus hijos que caminan juntos en la fe y la esperanza de ver un mundo mejor, donde se trabaje por la paz, la justicia y el respeto a la vida. Padre misericordioso, abre nuestros oídos y nuestro corazón para que escuchemos tu voz, que nos alienta y guía en la espera gozosa de la llegada de tu Hijo, Jesucristo, que viene a instaurar tu Reino.Danos perseverancia para que, mientras aguardamos tu venida, podamos trabajar para que muchos hermanos levanten su mirada y contemplen la presencia de Jesucristo que camina con su pueblo en el hoy del mundo. Que el llamado a la conversión nos lleve a sanar las heridas de la guerra, a ser más solidarios con el pobre, el desvalido y el enfermo, y, sobre todo, a reconciliarnos con nuestros hermanos._______________________Recomendaciones prácticas:•Después del saludo, puede encenderse la segunda luz de la corona de Adviento, recitando la respectiva oración.•Desde este domingo, motívese a la preparación del pesebre, acompañada de la consiguiente catequesis sobre su sentido teológico y pastoral.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Queridos hermanos, en este segundo domingo de Adviento nos hemos congregado para participar con fe y alegría en la celebración de la Eucaristía. Pongamos en el altar nuestra acción de gracias y nuestra esperanza en la venida del Señor, en la humildad de nuestra carne. Entreguemos también en sus manos a las familias y los niños, para que en este tiempo fortalezcan los lazos de amor y fe. Participemos con recogimiento en esta celebración.Monición a la liturgia de la Palabra“Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora” (Sal 129, 5-6). Escuchemos al Señor, que hoy nos habla al corazón y nos anima a esperar con gozo la llegada del Mesías y el Reino de Dios, que trae consigo los dones de la justicia y la paz, con los cuales podemos contribuir a transformar el mundo. Para vivir estos acontecimientos necesitamos convertirnos y dejar de obrar el mal; solo así podremos ver a Cristo caminando con nosotros. Solo en Él tenemos vida nueva.Oración universal o de los fielesPresidente: Padre misericordioso, llenos de fe te presentamos nuestra oración comunitaria, confiados en que nos concederás aquello que te pedimos. Respondamos diciendo:R/. Ven, Señor, que te esperamos.1.Señor, te rogamos por la Iglesia, por sus ministros, consagrados y fieles laicos, para que demos testimonio al mundo de la esperanza en tu venida y trabajemos por la paz y la justicia que transformen el mundo. Oremos.2.Señor, te rogamos que mires con misericordia al mundo, a sus gobernantes y a cada uno de nosotros, para que construyamos la paz mediante el diálogo, la reconciliación y la justicia, respetando la dignidad de la vida humana. Oremos.3.Señor, te rogamos que bendigas a las familias que durante estos días se congregan en el calor del hogar, para que se fortalezcan en la unidad, el perdón y la fe, y sean promotoras de vida y de los valores que edifican a la sociedad. Oremos.4.Señor, te rogamos por las personas enfermas, pobres, migrantes y quienes están alejados de ti, para que encuentren ayuda en nosotros y recobren la esperanza. Oremos.5.Señor, te rogamos que acerques a tu corazón a quienes aún no han vivido el jubileo, para que, movidos por la fe, vivan la conversión de sus pecados y alcancen la indulgencia y la gracia del perdón. Oremos.Oración conclusivaAcoge, Padre misericordioso, la oración que tu Iglesia te presenta por medio de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.R/. Amén.

Vie 28 Nov 2025

Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTONoviembre 30 de 2025Primera lectura: Is 2, 1-5Salmo: Sal 122 (121), 1bc-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R. cf. 1bc)Segunda lectura: Rm 13, 11-14aEvangelio: Mt 24, 37-44I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónHoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Así como hay que atravesar una puerta para entrar a una casa y acceder a sus espacios, el Adviento es la puerta de entrada para vivir con mayor profundidad el misterio de los tiempos litúrgicos.El Señor, en su infinita misericordia, nos ilumina con sus promesas en este tiempo de Adviento, promesas que se asemejan a faros encendidos en medio de la oscuridad, iluminando el sendero que recorremos como hijos suyos. Caminar a la luz de Yahvé y revestirnos de la luz de Cristo implica una transformación que solo puede darse bajo la guía del Espíritu Santo.La vigilancia, actitud propia de este tiempo litúrgico y de nuestro caminar por la vida, nos interpela y nos invita a confrontar nuestra vida a la luz del Espíritu. Se nos llama a no ceder terreno a los “ladrones” que, al acecho, buscan el descuido para irrumpir y arrebatarnos lo más valioso.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos permite contemplar la casa de Yahvé, que se eleva por encima de los montes para enseñar el camino justo a quienes se acercan a ella. Es figura de Aquel que fue exaltado y se llamó a sí mismo la Palabra.Las palabras del profeta resuenan con fuerza y esperanza inextinguible: “una nación no levantará la espada contra otra, y no se adiestrarán más para la guerra”. Estas palabras se hacen actuales en la oración de quienes claman cada día por la paz.Desde la antigüedad, el Señor nos ofrece la promesa de un mundo sin guerras ni enemistades. Pero para que esa promesa se cumpla, nos da una clave: caminar a la luz del Señor, reconocer los signos de luz en nuestras vidas y en las de los demás.Pablo, por su parte, describe al ser humano como adormecido, incapaz de comprender el tiempo que está viviendo. Por eso exclama con urgencia: “¡Es hora de despertar!” No mañana ni más adelante. ¡Ahora!Estamos llamados a hacer visibles las obras de la luz, obras que se convertirán en guía para otros que aún viven en la oscuridad de sus deseos y egoísmos.El evangelio nos presenta dos imágenes que nos invitan a vivir en vigilancia. La primera recuerda los tiempos de Noé, cuando muchos, despreocupados, no percibieron la inminencia del diluvio. No darse cuenta es como vivir ciegos, dormidos o indiferentes.La segunda imagen es la del dueño de casa, que ignora cuándo llegará el ladrón. Si lo supiera, estaría preparado. Jesús nos invita a estar atentos, porque todo acontecerá cuando menos lo esperemos.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Cada nuevo año litúrgico inicia con un Adviento siempre actual y lleno de esperanza para el cristiano. Es un tiempo que nos invita a profundizar en el misterio de Cristo, a acercarnos más, a mirar con mayor claridad y a vivir con mayor vigilancia.El Adviento nos llama a recorrer senderos: algunos por primera vez, otros de manera más profunda y definitiva. Todos, sin embargo, caminos de paz, unidad, esperanza y perdón. Esta travesía hacia la casa del Señor implica una transformación personal.La luz de Cristo nos seduce y configura, y aquello que en nosotros era causa de división –con Dios, con los otros o con nosotros mismos– se transforma por la gracia del Espíritu en comunión, en verdad y en vida nueva.¿Cuántas guerras, no solo políticas, nos pide hoy el Señor que desarmemos? ¿Cuántas armas hemos usado para atacar o defendernos que hoy debemos dejar?Despojarnos de aquello que nos hiere y daña es signo auténtico de Adviento. Por eso, una señal de que vivimos este tiempo con autenticidad será nuestra orientación clara hacia la construcción de la paz.San Anselmo nos exhorta así: “¡Oh hombre, lleno de miseria y debilidad! Sal un momento de tus ocupaciones habituales; ensimísmate en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos.Arroja lejos de ti tus preocupaciones agobiadoras, aparta tus trabajosas inquietudes.Busca a Dios un momento, descansa en su presencia. Entra en el santuario de tu alma y búscalo en el silencio de tu soledad.¡Oh corazón mío!, di con todas tus fuerzas: ‘Busco tu rostro, Señor; busco tu rostro’” (Proslogion, cap. I).Este tiempo que comienza nos invita a abrir nuestro corazón para comprender lo incomprensible: el misterio de un Dios hecho niño, la humildad del pesebre, el escándalo de la cruz.Solo si vivimos este tiempo alejados del ruido, de la superficialidad y de las distracciones del mundo, podremos descubrir al Señor que viene a nuestro encuentro en lo cotidiano, en quien sufre, en quien pide ayuda, en quien camina a nuestro lado.Adviento es, pues, un llamado a vivir con una espiritualidad sensible, con una fe que ve más allá de las apariencias y se prepara para el Adviento definitivo.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?“Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe”.La vigilancia debe ser el signo distintivo del cristiano en este tiempo. Actuar a la luz de las promesas de Dios, confiar en su misericordia, ser constructores de paz y permitir que Cristo se transfigure en nosotros es señal de que caminamos hacia su casa.La esperanza de la salvación definitiva ilumina nuestro camino. Nuestra oración, confiada en las promesas de Dios, y nuestro deseo sincero de revestirnos del evangelio nos animan a clamar por una paz verdadera y duradera.OraciónSeñor, al comenzar este tiempo santo, abrimos nuestros corazones para que tu luz disipe toda tiniebla, tu gracia nos transforme y sean derribadas todas las armas que han sembrado enemistad entre hermanos.Que durante estos domingos nuestra vida se configure cada vez más con la tuya; que podamos comprender el misterio de tu primera venida y estar atentos a tu venida definitiva.Que nuestra mirada permanezca fija en ti, único Dios verdadero, para que nada ni nadie tenga poder para desviar nuestro corazón de tu camino.Que en nuestras familias, todos unánimes, podamos decir:¡Ven, Señor Jesús!_______________________Recomendaciones prácticas:•Para preparar una buena homilía, los sacerdotes, además de la Lectio Divina en un contexto de oración, pueden leer los numerales 93-96 de la Introducción del Leccionario de la Misa.•Bendecir la corona de Adviento, precedida de una catequesis sobre su sentido litúrgico. Para ello, recurra al Bendicional, nn. 1235-1242.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaUna vez más, el camino de la fe nos invita a vivir con alegría el tiempo de Adviento, iniciando un nuevo año litúrgico. Es tiempo de preparar nuestra vida para el advenimiento definitivo del Señor Jesús.La vigilancia, la luz, su Palabra y sus promesas señalarán el camino que cada creyente debe recorrer para estar preparado y disponible para su encuentro definitivo con el Señor. Que esta Eucaristía nos acerque más a ese acontecimiento de esperanza.Monición a la liturgia de la PalabraLa riqueza de la Palabra en este primer domingo de Adviento nos sumerge en la grandeza de un Dios que camina con su pueblo, escucha su clamor y quiere conceder la paz a sus hijos. A la vez, nos interpela sobre nuestra actitud de vigilancia ante la inminente venida del Reino de Dios.Oración universal o de los fielesPresidente: Dios nos invita a volver a su casa y a construir senderos de paz. Confiados en su fidelidad, elevemos nuestra oración, seguros de que cumplirá sus promesas.R/. Instaura tu paz entre nosotros, Señor.1.Por el Papa León, para que su ministerio apostólico nos inspire a desarmar nuestros corazones y a vivir con la esperanza del Adviento. Oremos.2.Por la Iglesia, que se prepara para celebrar la Navidad, para que viva este tiempo con entrega profunda y permanezca vigilante ante la venida del Señor. Oremos.3.Por nuestros gobernantes, para que, dejando atrás las guerras, vuelvan su mirada hacia los más vulnerables y promuevan planes justos y solidarios. Oremos.4.Por todos los cristianos que hoy comienzan a vivir este tiempo de gracia, para que, dejando de lado el ruido y la dispersión, se revistan de Cristo y hagan visible el Reino con sus obras cotidianas. Oremos.5.Por quienes han perdido la esperanza y viven en la oscuridad, para que este Adviento, como luz resplandeciente, disipe sus tinieblas y renazca en ellos la alegría. Oremos.Oración conclusivaDios de infinita bondad, escucha las súplicas que, al comenzar este tiempo de Adviento, te dirigimos. Que tu Palabra ilumine nuestro camino y despierte nuestro corazón para vivir siempre en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.