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El Sermón de las Siete Palabras que interpela a Colombia: desafíos para sanar la nación
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En este Viernes Santo, los obispos de Colombia dirigen al país una reflexión de profundo calado espiritual y social a través del tradicional Sermón de las Siete Palabras, proponiendo una lectura de la pasión de Cristo que ilumina las heridas, tensiones y búsquedas de la nación.
Desde distintas regiones —desde el Pacífico hasta el centro del país— y en comunión como Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados ofrecen un mensaje que no solo invita a la contemplación, sino que interpela directamente la vida pública, las dinámicas sociales y las decisiones cotidianas de los colombianos.
Desarmar la palabra en una sociedad herida por la confrontación
Al reflexionar la primera palabra —“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”—, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, pone el foco en uno de los factores que hoy profundizan la fractura social: el uso destructivo del lenguaje.
“En nuestras sociedades […] se está volviendo muy común, casi costumbre, casi ley, el uso de la palabra oral y escrita para calumniar, insultar, confrontar de forma grosera e imprudente al otro […] sencillamente al que no me cae bien o a quien considero mi enemigo”.
Su reflexión toca un punto neurálgico del país: la normalización de la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana. Frente a ello, plantea una alternativa concreta:
“Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje y mantener la integridad de las relaciones interpersonales y sociales”.
Se trata, en palabras del Papa León XIV, de abrir paso a una palabra “desarmada y desarmante”, capaz de transformar el conflicto en posibilidad de encuentro.
La dignidad de quienes viven en los márgenes
La segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— permite a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, arzobispo electo de Bucaramanga, iluminar la realidad de exclusión que viven amplios sectores de la sociedad.
Su reflexión no evade la crudeza: habla de “vidas desarrolladas al margen de la justicia”, marcadas por la violencia, la delincuencia o la marginación estructural. Sin embargo, introduce una clave decisiva:
“Mientras en la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo”.
En un país donde muchas personas quedan atrapadas en ciclos de violencia, pobreza o estigmatización, el mensaje es profundamente contracultural: la exclusión no tiene la última palabra.
Y lo expresa con fuerza: “El paraíso consiste en permanecer con Jesús que levanta a todos los caídos y los dignifica […] ofrece las oportunidades de vida nueva que los seres humanos tantas veces nos negamos entre nosotros”.
Custodiar el corazón para reconstruir el tejido social
Desde la tercera palabra —“Ahí tienes a tu madre”—, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, propone una transformación que comienza en lo más profundo, pero que tiene consecuencias estructurales.
“Custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento […] luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”.
Su reflexión se sitúa explícitamente en el contexto colombiano:
“Como colombianos tenemos la tragedia de estar viviendo momentos sumamente conflictivos para nuestra amada patria”.
Desde ahí, plantea un camino concreto: reconstruir relaciones, sanar vínculos y generar cohesión social. No se trata solo de un cambio interior, sino de una ética relacional que atraviese comunidades, instituciones y territorios.
“Es tiempo de reconstruir el tejido social […] hacer que nuestras relaciones estén fortalecidas por el amor y no por el odio”.
El grito de las periferias: territorios que claman justicia
La cuarta palabra —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— adquiere una fuerza particular desde el Pacífico colombiano, en la voz de monseñor Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi.
Su reflexión encarna el clamor de territorios históricamente golpeados por la violencia, la pobreza y el abandono institucional:
“Hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia […] en los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.
Describe realidades concretas: precariedad en salud, falta de empleo digno, economías ilegales, presencia de actores armados y comunidades que “apenas sobreviven”.
Desde allí, eleva una denuncia y una interpelación:
“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”.
Esta palabra se convierte así en una llamada a escuchar a los territorios, a reconocer sus heridas y a asumir responsabilidades frente a su dignidad.
Una sed de justicia que no puede apagarse
La quinta palabra —“Tengo sed”— es leída por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, como un diagnóstico ético del país.
“Colombia vive también una sed profunda. Una sed de ética en sus habitantes, instituciones y gobernantes. Una sed de transparencia. Una sed de verdad. Una sed de justicia que muchas veces parece insatisfecha”.
Su análisis va más allá de la denuncia de la corrupción: señala un riesgo aún más profundo, la normalización del mal:
“El gran peligro […] no es solamente la corrupción misma, sino la resignación, cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.
En ese sentido, plantea un desafío directo: transformar esa sed en compromiso real, en responsabilidad personal y colectiva, capaz de incidir en la vida pública.
No permanecer indiferentes ante el sufrimiento social
Desde la sexta palabra —“Todo está consumado”—, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso, invita a confrontar la distancia entre la fe profesada y la realidad vivida.
“De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”.
Su reflexión recorre problemáticas concretas: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.
Y lanza un llamado claro:
“No podemos permanecer pasivos esperando que sean los otros quienes solucionen tantos problemas sociales, sin mover nuestros corazones a la misión de acercarnos y luchar también por el bienestar del otro”.
Aquí, la fe se presenta como una exigencia de acción concreta en favor del bien común.
Esperanza en medio de la incertidumbre y la violencia
Finalmente, la séptima palabra —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”— es leída por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, como una clave para afrontar el momento actual del país.
Describe un contexto marcado por “sueños truncados de paz, pactos rotos, proyectos inconclusos” y una creciente sensación de incertidumbre y miedo.
Sin embargo, propone una respuesta profundamente cristiana y social:
“El miedo no es para nosotros la opción […] cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.
Y advierte con claridad: “Renunciar a la esperanza sería conceder la victoria a la lógica de la violencia”.
En un país que ha vivido décadas de conflicto, esta afirmación se convierte en una invitación a no claudicar en la búsqueda de la paz.
Un Viernes Santo que interpela a todo el país
En este Viernes Santo, el mensaje de los obispos colombianos se presenta como una hoja de ruta espiritual y social para el país.
Desde el lenguaje hasta las estructuras, desde el corazón hasta los territorios, desde la fe hasta la acción, las siete palabras de Cristo se convierten hoy en una invitación a asumir responsabilidades concretas.
Vea a continuación las reflexiones de los obispos colombianos:
Vie 27 Mar 2026
"Cristo camina hoy con el pueblo colombiano": el viacrucis 2026 invita a mirar el dolor del país con esperanza activa
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Doctrina, presenta el texto para la meditación del viacrucis en esta Semana Santa 2026, una guía que, bajo el lema “Cristo camina hoy con el pueblo colombiano”, propone a las comunidades de fe contemplar la pasión de Jesús desde las realidades concretas del país, marcadas por el sufrimiento, pero también por la esperanza y la posibilidad de transformación.Este material, esperado cada año por parroquias, jurisdicciones eclesiásticas y fieles en todo el territorio nacional para la celebración del Viernes Santo, ofrece una lectura contextualizada del camino de la cruz, conectando cada estación con situaciones actuales como la violencia, la pobreza, el desplazamiento, la exclusión y la búsqueda de justicia y paz.Un viacrucis encarnado en la realidad del paísDesde su introducción, el texto plantea una clave de lectura clara: Cristo no es ajeno a la historia de Colombia, sino que camina con su pueblo, carga sus heridas y se hace presente en quienes más sufren.“Queremos descubrir hoy tu rostro en los rostros heridos de nuestro país”, propone la oración inicial, que invita a reconocer a Jesús en los pobres, en las víctimas de la violencia, en quienes resisten y esperan.A lo largo de las estaciones, esta mirada se profundiza con una lectura pastoral y social que interpela directamente la realidad nacional. En la primera estación, por ejemplo, la condena injusta de Jesús se vincula con las múltiples formas de injusticia presentes en Colombia: líderes sociales silenciados, inocentes estigmatizados y comunidades olvidadas.La cruz que Cristo carga se traduce en “violencia, pobreza, desigualdad, desplazamiento, miedo y exclusión social”, realidades que afectan especialmente a los más vulnerables.Dolor, memoria y compromisoEl texto no se limita a la contemplación del sufrimiento, sino que propone una lectura que invita al compromiso personal y comunitario. Cada estación incluye oraciones, reflexiones y compromisos concretos orientados a la conversión de las relaciones humanas, el cuidado de la dignidad y la construcción de paz.En este sentido, el viacrucis resalta la necesidad de no acostumbrarse al dolor ni a la injusticia, y de asumir una actitud activa frente a las realidades que generan sufrimiento. Así lo expresa en varias meditaciones que llaman a “no pasar de largo ante el dolor del hermano” y a transformar el lenguaje, las actitudes y las acciones cotidianas.De manera especial, el documento hace un fuerte énfasis en la memoria de las víctimas. En estaciones como la crucifixión y la muerte de Jesús, se recuerda que Cristo sigue siendo crucificado en cada vida truncada, en cada asesinato, en cada desaparecido y en cada víctima olvidada del país.Asimismo, se subraya la importancia de dignificar el dolor, generar espacios de duelo y reconocer la verdad como camino hacia la reconciliación.Una mirada a Colombia desde el EvangelioEste viacrucis 2026 propone una lectura creyente de la realidad nacional, en la que las caídas de Jesús evocan las caídas del país: procesos de paz frustrados, promesas incumplidas y heridas que no terminan de cerrar.Sin embargo, lejos de una visión fatalista, el texto insiste en la esperanza. La resurrección, última estación del camino, se presenta como una invitación a creer que la muerte no tiene la última palabra y que es posible construir un futuro distinto.“La resurrección no significa olvidar el dolor, sino creer que la injusticia no es destino”, afirma una de las reflexiones finales, que invita a trabajar por la verdad, la reconciliación y la paz incluso en medio de la adversidad.Una invitación a ser constructores de vida nuevaEl subsidio concluye con una oración que recoge el sentido de todo el itinerario espiritual: poner en manos de Dios la historia herida del país y comprometerse a ser “constructores de vida, defensores de la dignidad humana y artesanos de verdad, justicia y reconciliación”.De esta manera, la Conferencia Episcopal de Colombia ofrece no solo un subsidio litúrgico, sino una herramienta pastoral que busca iluminar la realidad nacional desde el Evangelio y movilizar a las comunidades hacia una vivencia de la fe comprometida con la transformación social.
Jue 26 Mar 2026
Siervas de Cristo Sacerdote proyectan su carisma al mundo digital: 'Abriendo fronteras desde la humanidad sacerdotal'
En un contexto marcado por nuevos desafíos pastorales y humanos para el ministerio sacerdotal, la Congregación de las Siervas de Cristo Sacerdote ha decidido abrir nuevos caminos de acompañamiento y reflexión desde el mundo digital. Se trata del proyecto “Abriendo Fronteras desde la Humanidad Sacerdotal”, una iniciativa que propone espacios permanentes de diálogo, escucha y formación en torno a la vida y misión de los sacerdotes.El proyecto será presentado públicamente el 28 de mayo de 2026, día en que la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y desde esa fecha pondrá en marcha una plataforma pastoral que busca trascender fronteras geográficas para acompañar, desde distintas dimensiones, la realidad de quienes ejercen el ministerio presbiteral.Un foro digital para acompañar la humanidad del sacerdoteLa iniciativa se articula como un foro digital abierto a la comunidad, aunque con especial atención a los sacerdotes, y se desarrollará a través de tres espacios permanentes: un webinar mensual, un podcast semanal y un chat multimedia disponible las 24 horas.El propósito es propiciar una reflexión amplia sobre la humanidad sacerdotal, reconociendo que los ministros ordenados viven su vocación en medio de las realidades, tensiones y esperanzas propias del tiempo presente.Según explica la hermana Ana Inés Rincón Barbosa, religiosa de la congregación, la propuesta nace del deseo de mantener vivo el carisma recibido por su fundadora y proyectarlo hacia los nuevos lenguajes de la evangelización.“El carisma que recibió nuestra fundadora es sacerdotal mariano. La esencia de nuestra misión es velar por los ministros para dar gloria a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Como tenemos la responsabilidad de que este carisma no muera, sino que trascienda, vimos la oportunidad de aprovechar la digitalidad”, señala.Desde esa convicción, la comunidad religiosa decidió crear un espacio que permita acompañar a los sacerdotes más allá de las fronteras físicas, generando redes de apoyo y reflexión a través de los medios digitales.Una comunidad digital de oración, escucha y formaciónLa propuesta no se limita a la difusión de contenidos. A través de los diferentes formatos, el proyecto busca ofrecer también espacios de escucha y orientación, con la participación de sacerdotes, profesionales y especialistas que puedan aportar en procesos de acompañamiento espiritual y humano.Para la hermana Sandra Patricia Fajardo, integrante de la congregación, el objetivo es fortalecer la conciencia del valor del ministerio sacerdotal y promover una mayor cercanía entre los fieles y quienes ejercen este servicio en la Iglesia.“Nuestro carisma es acompañar y dar la vida por la santificación de los sacerdotes. Por eso hemos decidido donar nuestro tiempo y los vínculos que hemos construido con profesionales y sacerdotes, para dignificar cada vez más el ministerio sacerdotal”, afirma.Desde esta perspectiva, el proyecto también invita a los fieles a redescubrir la importancia de orar por los sacerdotes y acompañarlos en su misión, reconociendo el papel que desempeñan en la vida sacramental y pastoral de las comunidades.“Queremos ser una comunidad digital que no se limita a un horario, a un idioma o a una cultura, sino que por medio de las plataformas podamos sentir cada vez más ese corazón de Cristo Sacerdote”, añade la religiosa.Una iniciativa valiente en el mundo digitalPara diversos líderes eclesiales, este tipo de propuestas representan un paso significativo en la búsqueda de nuevas formas de presencia pastoral en el entorno digital.Monseñor Astolfo Ricardo Moreno Salamanca, vicario episcopal territorial del Espíritu Santo de la Arquidiócesis de Bogotá, también reconocido por ser misionero digital, destacó el valor de esta iniciativa y su aporte a la vida de la Iglesia.“Me parece una iniciativa valiente, una iniciativa audaz. Ellas salen de su zona de confort y se lanzan a un mundo que quizá no les resulta familiar inicialmente, pero lo quieren hacer de la mejor manera”, señaló.El sacerdote subrayó además que el proyecto se encuentra profundamente vinculado con el carisma propio de la congregación.“La misión de las Siervas de Cristo Sacerdote es acompañar y glorificar el sacerdocio de Cristo en la Iglesia. Por tanto, esta iniciativa no es algo marginal, sino que nace del corazón mismo de su vocación”, explicó.En ese sentido, invitó especialmente a los sacerdotes a acercarse a estos espacios, que pueden convertirse en oportunidades de formación, consuelo y orientación en distintos momentos de la vida ministerial.Un camino que se abre desde ColombiaA través de su página web y de plataformas como Spotify, YouTube, Zoom y redes sociales, “Abriendo Fronteras desde la Humanidad Sacerdotal” ofrecerá contenidos y espacios de interacción que permitan fortalecer la comprensión del ministerio sacerdotal y promover una cultura de cercanía y apoyo en torno a quienes lo ejercen.De esta manera, desde el carisma de una congregación religiosa fundada en Colombia, se siguen explorando nuevas formas de acompañar el sacerdocio y fortalecer la comunión de la Iglesia también en el continente digital.Vea el informe audiovisual a continuación:
Mié 25 Mar 2026
El Papa León XIV expresa condolencias a Colombia por tragedia aérea en Puerto Leguízamo
El Papa León XIV expresó su profundo pesar y cercanía espiritual con las víctimas del accidente aéreo ocurrido el pasado 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó al menos 68 personas fallecidas y decenas de heridos. El mensaje fue transmitido por la Nunciatura Apostólica en Colombia, a través de una carta dirigida a monseñor José Roberto Ospina Leongómez, obispo emérito de Buga y administrador apostólico del Obispado Castrense.Por medio del cardenal Pietro Parolin, el Santo Padre se unió "con profundo dolor” al sufrimiento de las familias que han perdido a sus seres queridos y encomendó a Dios el eterno descanso de los fallecidos. Asimismo, manifestó su cercanía con los heridos y con quienes participan en las labores de atención, impartiendo su bendición como signo de consuelo y esperanza en medio de esta tragedia.El siniestro, en el que, según han informado las autoridades, viajaban 125 personas —entre ellas tres pelotones de soldados—, ha suscitado una respuesta inmediata de la Iglesia en el territorio, marcada por la oración, la solidaridad y el acompañamiento pastoral.Desde el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano y el Obispado Castrense de Colombia se ha expresado la cercanía de la Iglesia con las víctimas, sus familias y las Fuerzas Militares, elevando súplicas por los sobrevivientes, por el eterno descanso de quienes han partido y por la fortaleza de quienes enfrentan este momento de dolor. En sus mensajes, han subrayado la esperanza cristiana que sostiene en medio de la prueba y la certeza de que Dios acompaña a los corazones quebrantados.Como signo concreto de este acompañamiento, durante estos días se han celebrado Eucaristías tanto en el territorio del vicariato como en el ámbito castrense, en memoria de las víctimas y en oración por sus familias.La comunicación del Papa León XIV se suma a las múltiples manifestaciones de solidaridad que ha suscitado esta tragedia en el país, mientras continúan las acciones de atención a los heridos y acompañamiento a las familias de las víctimas.
Mar 24 Mar 2026
Episcopados de Colombia y Ecuador piden acciones urgentes para superar tensiones fronterizas que afectan a las comunidades
En un mensaje pastoral conjunto, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hacen un llamado “respetuoso, fraterno y apremiante” a los gobiernos de ambos países para que, con sentido humanitario, dispongan las acciones necesarias que permitan superar las tensiones actuales y restablecer la convivencia en la frontera.El texto, dirigido a los presidentes Gustavo Francisco Petro Urrego y Daniel Noboa Azín, así como a sus respectivas cancillerías, insiste en la urgencia de privilegiar el diálogo y de adoptar decisiones que protejan la vida, la dignidad y el bienestar de las comunidades afectadas.Una voz pastoral ante la crisis humanitariaDesde su misión de acompañamiento a los pueblos, los obispos expresan su “dolor y creciente preocupación” por la crisis humanitaria que padecen las poblaciones en ambos lados de la frontera, subrayando que esta situación golpea directamente a las familias y comunidades.En ese sentido, reiteran que, incluso en medio de las diferencias, debe primar siempre el cuidado y la defensa de la vida y la dignidad humana, como fundamento de toda acción social y política.Tender puentes, no profundizar distanciasEl mensaje pone en el centro la historia compartida entre Colombia y Ecuador, recordando los lazos fraternos que han permitido construir dinámicas de cooperación e intercambio en la frontera.Frente al contexto actual, los episcopados invitan a reconstruir ese “puente humano” entre las naciones, apelando al diálogo respetuoso y paciente como camino para fortalecer la hermandad, el perdón y la reconciliación.Las comunidades, en el centroLa Iglesia exhorta a las autoridades a intensificar los esfuerzos de diálogo y a garantizar que las decisiones adoptadas prioricen la dignidad y el bienestar de las familias y comunidades fronterizas, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad.En el contexto del tiempo litúrgico en el que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, los obispos expresan su esperanza en una pronta reapertura de las fronteras como signo concreto de reconciliación y de superación de la crisis.Este llamado, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC (Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia) y por el cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, OFM (Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana), reafirma la opción pastoral de la Iglesia de ponerse del lado de las personas, especialmente de quienes sufren las consecuencias de las tensiones entre los Estados.Esperanza que se hace camino en el territorioEn sintonía con este llamado, diversas iniciativas pastorales comienzan a surgir en la frontera como signos concretos de reconciliación. Es el caso del Viacrucis Binacional por la Paz, la Reconciliación y el Progreso de los Pueblos, convocado por las diócesis de Ipiales y Tulcán, junto con las Cáritas de ambos países y otras organizaciones aliadas.La jornada se realizará el viernes 27 de marzo a las 3:30 p.m. en el puente internacional entre Tufiño y Chiles, y busca promover la hermandad, la defensa de la vida, el trabajo y la esperanza, en medio de los desafíos sociales y de seguridad que afectan la convivencia y la dignidad de las comunidades fronterizas.Esta iniciativa se presenta como un signo de fe y unidad que recoge, desde el territorio, el llamado de la Iglesia a tender puentes, fortalecer la fraternidad y acompañar a las poblaciones que hoy claman por caminos de paz.