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El Sermón de las Siete Palabras que interpela a Colombia: desafíos para sanar la nación
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En este Viernes Santo, los obispos de Colombia dirigen al país una reflexión de profundo calado espiritual y social a través del tradicional Sermón de las Siete Palabras, proponiendo una lectura de la pasión de Cristo que ilumina las heridas, tensiones y búsquedas de la nación.
Desde distintas regiones —desde el Pacífico hasta el centro del país— y en comunión como Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados ofrecen un mensaje que no solo invita a la contemplación, sino que interpela directamente la vida pública, las dinámicas sociales y las decisiones cotidianas de los colombianos.
Desarmar la palabra en una sociedad herida por la confrontación
Al reflexionar la primera palabra —“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”—, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, pone el foco en uno de los factores que hoy profundizan la fractura social: el uso destructivo del lenguaje.
“En nuestras sociedades […] se está volviendo muy común, casi costumbre, casi ley, el uso de la palabra oral y escrita para calumniar, insultar, confrontar de forma grosera e imprudente al otro […] sencillamente al que no me cae bien o a quien considero mi enemigo”.
Su reflexión toca un punto neurálgico del país: la normalización de la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana. Frente a ello, plantea una alternativa concreta:
“Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje y mantener la integridad de las relaciones interpersonales y sociales”.
Se trata, en palabras del Papa León XIV, de abrir paso a una palabra “desarmada y desarmante”, capaz de transformar el conflicto en posibilidad de encuentro.
La dignidad de quienes viven en los márgenes
La segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— permite a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, arzobispo electo de Bucaramanga, iluminar la realidad de exclusión que viven amplios sectores de la sociedad.
Su reflexión no evade la crudeza: habla de “vidas desarrolladas al margen de la justicia”, marcadas por la violencia, la delincuencia o la marginación estructural. Sin embargo, introduce una clave decisiva:
“Mientras en la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo”.
En un país donde muchas personas quedan atrapadas en ciclos de violencia, pobreza o estigmatización, el mensaje es profundamente contracultural: la exclusión no tiene la última palabra.
Y lo expresa con fuerza: “El paraíso consiste en permanecer con Jesús que levanta a todos los caídos y los dignifica […] ofrece las oportunidades de vida nueva que los seres humanos tantas veces nos negamos entre nosotros”.
Custodiar el corazón para reconstruir el tejido social
Desde la tercera palabra —“Ahí tienes a tu madre”—, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, propone una transformación que comienza en lo más profundo, pero que tiene consecuencias estructurales.
“Custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento […] luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”.
Su reflexión se sitúa explícitamente en el contexto colombiano:
“Como colombianos tenemos la tragedia de estar viviendo momentos sumamente conflictivos para nuestra amada patria”.
Desde ahí, plantea un camino concreto: reconstruir relaciones, sanar vínculos y generar cohesión social. No se trata solo de un cambio interior, sino de una ética relacional que atraviese comunidades, instituciones y territorios.
“Es tiempo de reconstruir el tejido social […] hacer que nuestras relaciones estén fortalecidas por el amor y no por el odio”.
El grito de las periferias: territorios que claman justicia
La cuarta palabra —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— adquiere una fuerza particular desde el Pacífico colombiano, en la voz de monseñor Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi.
Su reflexión encarna el clamor de territorios históricamente golpeados por la violencia, la pobreza y el abandono institucional:
“Hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia […] en los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.
Describe realidades concretas: precariedad en salud, falta de empleo digno, economías ilegales, presencia de actores armados y comunidades que “apenas sobreviven”.
Desde allí, eleva una denuncia y una interpelación:
“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”.
Esta palabra se convierte así en una llamada a escuchar a los territorios, a reconocer sus heridas y a asumir responsabilidades frente a su dignidad.
Una sed de justicia que no puede apagarse
La quinta palabra —“Tengo sed”— es leída por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, como un diagnóstico ético del país.
“Colombia vive también una sed profunda. Una sed de ética en sus habitantes, instituciones y gobernantes. Una sed de transparencia. Una sed de verdad. Una sed de justicia que muchas veces parece insatisfecha”.
Su análisis va más allá de la denuncia de la corrupción: señala un riesgo aún más profundo, la normalización del mal:
“El gran peligro […] no es solamente la corrupción misma, sino la resignación, cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.
En ese sentido, plantea un desafío directo: transformar esa sed en compromiso real, en responsabilidad personal y colectiva, capaz de incidir en la vida pública.
No permanecer indiferentes ante el sufrimiento social
Desde la sexta palabra —“Todo está consumado”—, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso, invita a confrontar la distancia entre la fe profesada y la realidad vivida.
“De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”.
Su reflexión recorre problemáticas concretas: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.
Y lanza un llamado claro:
“No podemos permanecer pasivos esperando que sean los otros quienes solucionen tantos problemas sociales, sin mover nuestros corazones a la misión de acercarnos y luchar también por el bienestar del otro”.
Aquí, la fe se presenta como una exigencia de acción concreta en favor del bien común.
Esperanza en medio de la incertidumbre y la violencia
Finalmente, la séptima palabra —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”— es leída por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, como una clave para afrontar el momento actual del país.
Describe un contexto marcado por “sueños truncados de paz, pactos rotos, proyectos inconclusos” y una creciente sensación de incertidumbre y miedo.
Sin embargo, propone una respuesta profundamente cristiana y social:
“El miedo no es para nosotros la opción […] cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.
Y advierte con claridad: “Renunciar a la esperanza sería conceder la victoria a la lógica de la violencia”.
En un país que ha vivido décadas de conflicto, esta afirmación se convierte en una invitación a no claudicar en la búsqueda de la paz.
Un Viernes Santo que interpela a todo el país
En este Viernes Santo, el mensaje de los obispos colombianos se presenta como una hoja de ruta espiritual y social para el país.
Desde el lenguaje hasta las estructuras, desde el corazón hasta los territorios, desde la fe hasta la acción, las siete palabras de Cristo se convierten hoy en una invitación a asumir responsabilidades concretas.
Vea a continuación las reflexiones de los obispos colombianos:
“El Dios de la paz estará con ustedes” (Filp 4, 9)
Mar 8 Sep 2026
Después del terremoto
Mié 2 Sep 2026
Jue 3 Sep 2026
Delegados de Catequesis y Animación Bíblica trazan nuevos caminos para la evangelización en Colombia
Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de distintas jurisdicciones del país se reunieron en Bogotá para reflexionar sobre nuevos caminos de iniciación cristiana, con la Sagrada Escritura como eje de los procesos catequéticos.Durante tres días, la Iglesia en Colombia puso en el centro de la reflexión una pregunta fundamental: ¿cómo hacer de la Palabra de Dios el alma de la catequesis y de los procesos de evangelización?La respuesta orientó el Encuentro Nacional de Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral 2026, realizado del 25 al 27 de agosto en las instalaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del mes del catequista.El encuentro tuvo como propósito ofrecer estrategias para fortalecer los procesos de iniciación cristiana, colocando como eje central la Palabra de Dios en la catequesis y en la Animación Bíblica de la Pastoral. También buscó profundizar en el papel de la ABP como dinamizadora de la acción evangelizadora, así como en la identidad del catequista como servidor de la Palabra.A partir de este eje, las jornadas abordaron distintos aspectos de la relación entre la Sagrada Escritura, la catequesis y la misión evangelizadora de la Iglesia.La Palabra como corazón de la catequesisEl primer día estuvo dedicado a profundizar en la Palabra de Dios como corazón de la catequesis y a comprender el significado de la Animación Bíblica de la Pastoral.Estos temas estuvieron a cargo de monseñor Jaime Cabrera Arcos, obispo de Garzón, quien presentó la Biblia como alma de toda catequesis y profundizó en la importancia de una pastoral animada por la Palabra de Dios.“La Biblia ha de ser el alma de toda catequesis”, señaló el padre Francisco Oquendo Góez, director del Departamento de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de la CEC, al explicar uno de los principales énfasis del encuentro.La reflexión también llevó a reconocer que la Animación Bíblica de la Pastoral no constituye una acción aislada, sino una manera de dinamizar la evangelización y la vida pastoral desde la Sagrada Escritura.En palabras del padre Oquendo, el desafío es hacer de la Palabra “el alma, no solamente de lo que llamamos la acción pastoral, sino de todo el proceso evangelizador, el alma de la acción misionera y el alma de la acción catequético iniciática”.Del modelo pre-sacramental a una catequesis permanenteUno de los principales desafíos identificados durante el encuentro fue avanzar de una catequesis entendida principalmente como preparación para recibir sacramentos hacia procesos permanentes de iniciación cristiana, capaces de acompañar las distintas etapas de la vida.Esta perspectiva estuvo presente en las reflexiones y testimonios de los participantes. El padre Iván Ortiz, de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy, reconoció que tradicionalmente la catequesis ha estado muy vinculada a la preparación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación.“No nos desligamos ya de pensar que es una catequesis pre sacramental”, afirmó, al explicar que el encuentro permitió ampliar esta mirada y reconocer la dimensión bautismal y permanente de la catequesis.La agenda del encuentro profundizó precisamente en esta renovación. Yolanda Valero, misionóloga y catequista, abordó el papel del catequista como servidor de la Palabra y la catequesis como experiencia de encuentro con Cristo; posteriormente, trabajó estrategias para integrar Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial.Para el padre Oquendo, este cambio implica recuperar una catequesis que acompañe procesos de fe y que esté al servicio de la iniciación cristiana.“La necesidad de hacer de la catequesis la etapa privilegiada de todo un proyecto de evangelización”, explicó, junto con el reto de pasar de un modelo escolar a uno inspirado en el catecumenado.Una catequesis que salga al encuentroLa reflexión también llevó a ampliar los espacios y destinatarios de la catequesis. Para los participantes, no se trata solamente de fortalecer los contenidos o las metodologías, sino de conectar la experiencia de fe con la realidad concreta de niños, jóvenes, adultos y sus familias.“No solamente la catequesis dentro de nuestra parroquia, nuestras instalaciones, sino ir como catequistas misioneros, eh, a las periferias, hacer una iglesia caminante, una iglesia saliente”, expresó Judith Cardozo, catequista de la Diócesis de Yopal.En esa misma línea, el padre Pedro Nel, delegado de Animación Bíblica de la Arquidiócesis de Bogotá, destacó que la catequesis necesita recuperar su dimensión misionera y su conexión con la Palabra de Dios.“No hay una catequesis con una dimensión misionera profunda si no está conectada con la Palabra de Dios”, afirmó.La programación incluyó, además, talleres regionales y espacios de trabajo para que las reflexiones pudieran proyectarse hacia las realidades concretas de las jurisdicciones.Hacer catequesis desde la BibliaEl tercer día del encuentro estuvo dedicado a una pregunta concreta: ¿cómo hacer catequesis desde la Biblia?El tema fue desarrollado por Andrea Puentes, misionóloga, quien orientó la reflexión sobre las posibilidades de construir procesos catequéticos a partir de la Sagrada Escritura. Posteriormente, María Cecilia Henao de Brigard, catequista del Buen Pastor, presentó la experiencia de trabajo con la Biblia en la Catequesis del Buen Pastor.El objetivo era avanzar de una aproximación meramente conceptual a experiencias que permitan que la Palabra sea verdaderamente escuchada, comprendida, celebrada y llevada a la vida.El padre Oquendo resumió así uno de los retos planteados: “Aprender a hacer catequesis desde las narraciones mismas de la Sagrada Escritura. Aprender a convertir un texto bíblico en una verdadera catequesis que se puede adaptar para niños a los adolescentes o adultos”.Un desafío para las Iglesias particularesEl encuentro dejó tareas para las jurisdicciones participantes: integrar la Catequesis y la Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial, fortalecer los procesos de iniciación cristiana y promover una catequesis que conduzca al encuentro personal y comunitario con Jesucristo.Las jornadas también permitieron proyectar acciones posteriores, entre ellas los encuentros regionales, el desarrollo de iniciativas como “Cada católico con su Biblia” e Instituto de Biblia, el espacio de formación digital “Ecos de la Palabra” que se desarrolla en este mes de septiembre a través de las redes sociales de la CEC y la preparación de materiales para la formación de catequistas ministros.Vea a continuación el video resumen con los principales detalles del encuentro:
Jue 3 Sep 2026
Medellín está lista para la XI Copa de la Fe: fútbol, fraternidad y misión del 7 al 11 de septiembre
Del 7 al 11 de septiembre, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica participarán en este encuentro que, además del torneo deportivo, propicia espacios de fraternidad, encuentro con las comunidades y evangelización. En esta oportunidad, serán 32 delegaciones.Un encuentro que va más allá del fútbolLa Arquidiócesis de Medellín será la sede de la XI Copa de la Fe, encuentro deportivo que reunirá durante cinco días a cerca de 900 sacerdotes provenientes de distintas jurisdicciones de Colombia y de otros países.El torneo busca generar un espacio de encuentro entre sacerdotes de diferentes territorios, teniendo el deporte como una oportunidad para fortalecer la fraternidad y compartir experiencias de vida y ministerio. A lo largo de la semana, los participantes estarán presentes no solo en escenarios deportivos, sino también en parroquias y otros espacios de la ciudad.De esta manera, la Copa de la Fe trasciende la competencia y se integra a la vida de las comunidades que acogerán a las diferentes delegaciones.El deporte como espacio para la misiónLa dimensión pastoral ha estado presente en las diferentes ediciones de la Copa de la Fe. Junto con los partidos, los sacerdotes han participado en actividades como espacios de confesión, visitas a enfermos, bendición de hogares y encuentros de evangelización.En esta edición, la presencia de los participantes en diferentes parroquias de Medellín permitirá mantener esta dinámica de encuentro con las comunidades, haciendo del deporte un lenguaje para acercarse a los fieles y compartir con ellos la experiencia del ministerio sacerdotal.Las comunidades también podrán ser parte de la CopaUno de los propósitos de esta edición será propiciar que las comunidades puedan acompañar de cerca a los sacerdotes participantes. Por ello, los partidos tendrán acceso gratuito para el público, de manera que los fieles puedan asistir a los encuentros y compartir estos espacios de fraternidad con las diferentes delegaciones.Esta invitación tiene un énfasis especial para los momentos de apertura y cierre del torneo. La inauguración, prevista para el lunes 7 de septiembre, se realizará a las 4:00 de la tarde en el Polideportivo de la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras que la clausura y premiación tendrá lugar el viernes 11 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Estadio Atanasio Girardot.Todos los partidos de la XI Copa de la Fe serán transmitidos a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Medellín, ampliando así la posibilidad de acompañar el torneo a quienes no puedan hacerlo de manera presencial.Sacerdotes de Colombia y otros paísesLa XI Copa de la Fe contará con la participación de delegaciones provenientes de diferentes regiones de Colombia, así como de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica.La presencia internacional amplía el carácter de encuentro que ha adquirido el torneo y favorece el intercambio entre sacerdotes de distintas Iglesias particulares, en torno a una experiencia que combina deporte, convivencia y misión.Una competencia con historiaEn el ámbito deportivo, la Copa de la Fe cuenta con varios equipos que han dejado su huella en las ediciones anteriores.La Diócesis de Garzón ha conquistado el título en tres oportunidades: 2016, 2023 y 2024. La Arquidiócesis de Guadalajara, México, obtuvo los campeonatos de 2018 y 2022, mientras que la Arquidiócesis de Popayán es la actual campeona, luego de ganar la edición de 2025, realizada en Armenia.La Arquidiócesis de Medellín también ha tenido una participación destacada y en diferentes ediciones ha alcanzado la instancia final del torneo.Con esta nueva edición, la Copa de la Fe seguirá consolidándose como un espacio de encuentro y fraternidad, alrededor del deporte.Vea a continuación el video promocional de la Copa de la Fe 2026:
Mar 1 Sep 2026
Papa León XIV invita a rezar en septiembre por el cuidado del agua: “un regalo universal, un derecho sin fronteras”
La intención mensual de oración del Papa llama a custodiar este don de Dios con gratitud, justicia y responsabilidad, y a defender el derecho de todos a acceder al agua sin desigualdad.En septiembre, el papa León XIV invita a la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por el cuidado del agua, para que aprendamos a custodiarla con gratitud, justicia y sobriedad, reconociendo en ella un don sagrado que sostiene la vida y que compromete a todos con la responsabilidad, la solidaridad y el cuidado de la creación. Esta propuesta del Papa coincide con el Tiempo de la Creación 2026, que se celebrará entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre y cuyo lema es “Agua Viva”.La intención es promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, a través de la iniciativa Reza con el Papa, que cada mes convoca a millones de personas a orar por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.La invitación del Santo Padre parte de una convicción profundamente arraigada en la fe cristiana: el agua es un don de Dios. Es fuente de fecundidad, frescura y esperanza; calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas. Pero, además, posee un significado especial para los cristianos, pues en el Bautismo se convierte en signo de la gracia y del amor de Dios que renuevan la vida.La cartilla preparada para acompañar esta intención recuerda precisamente el lugar central que ocupa el agua en la liturgia y en los sacramentos. En la Vigilia Pascual, por ejemplo, el agua bautismal está vinculada al misterio de Cristo Resucitado y se convierte en signo de vida nueva.Por ello, custodiar el agua es también custodiar la vida. No se trata únicamente de proteger un recurso natural indispensable, sino de reconocer que su cuidado está estrechamente relacionado con la dignidad humana, particularmente con la realidad de quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.El agua es un don, no una posesiónUno de los ejes centrales de la reflexión propuesta por la Red Mundial de Oración del Papa es reconocer que el agua no puede ser entendida únicamente desde una lógica de posesión o aprovechamiento.La cartilla lo expresa así: “El agua es don, no posesión. Es fuente de vida, no instrumento de poder”. Custodiarla con gratitud y justicia significa, por tanto, proteger a los más vulnerables, defender la dignidad humana y alabar al Creador.Esta perspectiva también recoge la enseñanza del papa Francisco en la encíclica Laudato si’, donde se advierte que el acceso al agua potable y segura constituye un derecho humano básico, fundamental y universal. El documento señala, además, que la contaminación de las fuentes hídricas y el uso desmedido del recurso afectan de manera especial a las poblaciones más pobres.La reflexión invita así a mirar una realidad marcada por la desigualdad: mientras algunas personas tienen acceso permanente y abundante al agua, otras deben recorrer grandes distancias para conseguirla o enfrentan las consecuencias de su escasez y contaminación.En la oración mensual, el papa León XIV pone rostro a esta realidad al recordar a quienes “no tienen agua limpia, que caminan kilómetros para encontrarla, que enferman por su escasez”. Y pide que los creyentes sean capaces de defender el derecho de cada hermano y hermana “a beber sin miedo, sin desigualdad”.Una responsabilidad que comienza en lo cotidianoLa intención de oración también invita a revisar la manera en que cada persona se relaciona con el agua.La cartilla propone algunas actitudes concretas para vivir esta intención: valorar el agua como don de Dios, evitar el desperdicio, unir la fe con el compromiso ecológico, educar con el ejemplo e interceder por quienes no tienen acceso a ella.Se trata de comprender que el cuidado de la casa común no es una tarea desligada de la experiencia cristiana. La fe lleva también a reconocer la responsabilidad que cada persona tiene frente a los bienes de la creación.En este sentido, la cartilla retoma una advertencia de Laudato si’ sobre el desperdicio del agua. El problema, señala, no se presenta únicamente en los países desarrollados, sino también en lugares con grandes reservas hídricas. Por eso, el cuidado del agua requiere igualmente procesos educativos y culturales que ayuden a tomar conciencia de la gravedad del desperdicio en contextos de desigualdad.A esto se suma el impacto de la contaminación y de diversas actividades humanas sobre los recursos hídricos. La cartilla advierte que estas acciones pueden deteriorar la calidad del agua, poner en riesgo las reservas subterráneas y alterar el curso de grandes ríos. Frente a estos desafíos, propone un compromiso colectivo de responsabilidad, lucidez y solidaridad para preservar condiciones de vida dignas para todos.“Peregrinos de lo esencial”La oración propuesta por el papa León XIV invita también a una transformación personal. El Papa pide que el Espíritu Santo haga de los creyentes “peregrinos de lo esencial”, capaces de vivir con sobriedad, denunciar el derroche y la contaminación y defender el derecho de cada persona al agua.Esta llamada conecta el cuidado de la creación con una actitud evangélica de sobriedad y solidaridad. Cuidar el agua supone aprender a utilizarla responsablemente, pero también mirar más allá de los propios hábitos para reconocer las necesidades de quienes no tienen garantizado este bien indispensable.De esta manera, la intención de septiembre propone un camino que une oración, conversión personal, responsabilidad social y compromiso con la vida. La invitación del pontífice es a mirar el agua con una conciencia renovada: recibirla con gratitud, utilizarla con sobriedad, protegerla con responsabilidad y defenderla con justicia, especialmente pensando en quienes sufren por no tener acceso a ella. Porque, como recuerda la cartilla, “que nuestro cuidado del agua sea un signo de amor por el Creador”.Oración por el cuidado del aguaEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Señor de la Vida,Tú nos diste el don del agua,fuente de fecundidad, frescura y esperanza.Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.Te damos gracias porque tambiénella es símbolo de tu gracia y de tu amorque nos renueva por medio del Bautismo.Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarlacon gratitud, justicia y responsabilidad.Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,olvidando que es un regalo universal,un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanasque no tienen agua limpia,que caminan kilómetros para encontrarla,que enferman por su escasez.Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,capaces de vivir con sobriedad,denunciando el derroche y la contaminación,defendiendo el derecho de cada hermano y hermanaa beber sin miedo, sin desigualdad.Haz que nuestro cuidado del aguasea signo de amor al Creadory compromiso con la vida de los más pobres,educando nuevas generaciones que valoreny protejan los recursos de la Tierra.Amén.Vea el Video del Papa:
Vie 28 Ago 2026
Mons. Ariel Lascarro Tapia será el Administrador Apostólico del Vicariato de San Andrés y Providencia
El nombramiento, realizado por el papa León XIV y dado a conocer por el Dicasterio para la Evangelización, se produce tras el traslado de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias a la Diócesis de Yopal.El papa León XIV nombró a monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué, como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, designación que fue dada a conocer por el Dicasterio para la Evangelización de la Santa Sede este 27 de agosto, tras la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.Con este nuevo encargo, monseñor Lascarro Tapia asumirá temporalmente el gobierno eclesiástico y el acompañamiento pastoral del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, mientras el Santo Padre dispone el nombramiento de su nuevo obispo, responsabilidad que ejercerá simultáneamente con su servicio pastoral al frente de la Diócesis de Magangué.Un servicio durante la sede vacanteEl Administrador Apostólico es quien recibe el encargo de gobernar temporalmente una Iglesia particular que se encuentra en sede vacante. En el ejercicio de esta misión, asume las responsabilidades propias del gobierno pastoral y administrativo de la jurisdicción, de acuerdo con las normas del derecho de la Iglesia y las disposiciones establecidas para su nombramiento.Entre sus responsabilidades se encuentran la atención a la vida pastoral de la Iglesia particular, el acompañamiento de sus comunidades, la administración de sus asuntos y la promoción de la comunión eclesial durante el período en que la sede permanece vacante.Un Vicariato directamente sujeto a la Santa SedeEl Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y tiene su sede en la ciudad de San Andrés.Esta circunscripción eclesiástica hace parte de la Provincia Eclesiástica de Cartagena. Sin embargo, por su naturaleza de Vicariato Apostólico, está directamente sujeta a la Santa Sede.Esta condición explica que, ante la vacancia de la sede, el Santo Padre haya confiado a un obispo el servicio de Administrador Apostólico para garantizar la continuidad del gobierno y de la vida pastoral de esta jurisdicción, mientras se adelanta el proceso para designar a su nuevo pastor.Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ya inició su ministerio en YopalLa sede del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia quedó vacante tras el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.El pasado 29 de junio, el papa León XIV lo nombró para esta nueva misión episcopal, después de haber estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia desde 2016.El 27 de agosto, monseñor Sanabria Arias tomó posesión canónica como obispo de Yopal, en una celebración realizada en la Catedral San José de esta ciudad, dando inicio a su ministerio episcopal al servicio de la Iglesia particular de Casanare.Monseñor Ariel Lascarro TapiaMonseñor Ariel Lascarro Tapia nació en El Carmen de Bolívar el 3 de noviembre de 1967. Fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1994 y ha desempeñado diferentes servicios pastorales y eclesiales.El 21 de noviembre de 2014 fue nombrado por el papa Francisco como obispo de Magangué, Iglesia particular a la que continúa sirviendo.