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Monseñor Rueda: “Que paren las guerras, las masacres y homicidios”
Al concluir la CXII la Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis José Rueda Aparicio, concedió una entrevista a Radio Vaticano-Vatican News, donde compartió acerca de las conclusiones del trabajo que los obispos realizaron durante los cinco días de sesión.
AQUÍ la entrevista completa ⬇️
La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Colombiana concluyó con un llamado a acabar con la espiral de violencia y muerte en el país, pero también a vivir este momento con esperanza y responsabilidad, sobre todo ante las elecciones que se aproximan. Vatican News en conversación con el presidente del episcopado, monseñor Luis José Rueda Aparicio.
“Las alternativas militaristas no son las únicas y deben ir acompañadas por un compromiso de desarrollo humano integral real”. “Hay un contexto de violencia creciente fruto del narcotráfico”. “Hay mucho derramamiento de sangre, muchos muertos, muchos civiles que han perdido la vida”. “Nosotros creemos en el duro camino del diálogo, que es un arte difícil”. Estas son solo algunas ideas tomadas de la entrevista con monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia episcopal colombiana (CEC) al término de la Asamblea Plenaria, la número 112, en un país sometido por la violencia, la insurgencia, el narcotráfico, la corrupción y la pobreza.
El camino sinodal emprendido por la Iglesia fue el tema central de la plenaria, que tuvo lugar del 14 al 18 de febrero, de forma presencial, pero también lo fueron la realidad del país, que se aproxima a una serie de elecciones legislativas y presidenciales, mientras los grupos insurgentes y la criminalidad organizada no dan tregua a una población sometida por la violencia. También se habló del trabajo que lleva adelante la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) en Colombia y se anunció la campaña Dona Nobis, que busca reunir fondos para la obra evangelizadora de la Iglesia en el país.
Entrevista con monseñor Luis Rueda Aparicio, presidente del episcopado colombiano. [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]
Escucha: Palabra clave
El presidente de la CEC, ante los micrófonos de Radio Vaticano-Vatican News, nos ofrece un panorama sobre la plenaria del episcopado y los desafíos de la Iglesia y la sociedad. Comenzando por la sinodalidad, abordada por los obispos bajo el tema: “Por una iglesia sinodal, comunión, participación y misión”. ¿Cuáles han sido los puntos resaltantes en esta reflexión de los obispos?
Primero, hemos hecho un puente de comunión total y plena con el Sucesor de Pedro, con el Papa Francisco. Segundo, hemos hecho todo el esfuerzo de implementar en las diócesis y vicariatos apostólicos de nuestro país, la consulta, la escucha, sinodal en el primer momento. Pero también, teníamos que hacerla entre nosotros, como obispos, como servidores de la evangelización en Colombia. Juntarnos para poder asumir este espíritu sinodal desde nuestra propia misión y desde nuestra propia condición de servidores de la pastoral como obispos.
Elecciones: Participación y fin de la violencia
P:/ Se sabe que la Iglesia no puede estar apartada de la realidad en la que vive. Los obispos han hablado de la situación del país y han dirigido un mensaje a propósito de las próximas elecciones legislativas ¿En qué contexto se enmarcan estos comicios y cuáles son los desafíos?
R:/ Los comicios electorales que se aproximan, tanto los legislativos como las dos vueltas presidenciales, marcan un año democrático de mucha importancia para Colombia. También tenemos grandes desafíos. Hay un contexto de violencia creciente que se ha venido incrementando fruto del narcotráfico, fruto de grupos armados que han hecho presencia en Colombia y en la región. Entonces, hay mucho derramamiento de sangre, hay muchos muertos, muchos civiles que han perdido la vida y hay muchos atentados contra la vida.
Por eso, en ese contexto, nosotros hemos hecho un llamado, primero a todos los colombianos a asumir con responsabilidad este momento crucial de la democracia de Colombia. Segundo, hemos hecho un llamado a los candidatos para que asuman la responsabilidad del servicio al bien común, para que no se dejen corromper y para que no generen odios que van a generar también, como consecuencia, más guerra y más violencia entre los colombianos. Y tercero, hemos hecho un llamado a la esperanza, un llamado a sentir que este es un momento para vivirlo con responsabilidad y con esperanza.
Cese al fuego
P:/ La iglesia colombiana en más de una oportunidad se ha propuesto como mediadora, en diversos momentos críticos, convocando a un diálogo, sobre todo, con el gobierno y las partes en conflicto. Este viernes, instituciones católicas y organizaciones internacionales han pedido un alto al fuego y la protección de la población civil. Como obispos también han solicitado un encuentro con el presidente de la república, Iván Duque. ¿ Cómo se podría abrir un diálogo que mejore la situación de conflicto que existe en el país?
R:/ Los obispos de Colombia hemos hecho un llamado al cese al fuego. Hemos dicho a todos los grupos armados que están en conflicto en nuestro país que paren la guerra, que paren las masacres, que paren los homicidios, que permitan que vivamos un proceso democrático en reconciliación y paz. Pero, además, los obispos de distintas regiones del país como la zona limítrofe con Venezuela, el Catatumbo Ocaña y Arauca.
Igualmente, los de la zona del Pacífico, donde está el Departamento del Chocó, hemos llamado al gobierno nacional para que permita que entablemos diálogos. Le hemos dicho al gobierno también que no escatimen ninguna posibilidad de diálogo para que esta situación dolorosa en nuestro país, tenga una salida racional, pronta y estable.
No a la ideología de guerra
P:/ Precisamente, usted ha dicho una frase enérgica en la rueda de prensa: “No aceptamos la ideología de guerra”. Hablando también de la situación del Chocó o del Arauca, por ejemplo, hay asesinatos, narcotráfico, guerrilla, criminalidad, ocupaciones, desplazamientos y, también, una situación de militarización muy grande. En este sentido, ¿en qué consiste esa “ideología de guerra” de la que usted habla? ¿Es solamente por parte de la insurgencia o también la fuerte militarización que hay actualmente?
R:/ Hay una cadena de muerte en Colombia que lleva muchas décadas. Por un lado, el narcotráfico, que ha hecho de Colombia un lugar de producción, de consumo, de procesamiento y, también, de exportación a Europa y a Estados Unidos de la coca. Con eso, el narcotráfico compra armas y, con esas armas, se trabaja a través de los grupos, ya sea de paramilitares o guerrilleros que están haciendo mucho daño y que ponen a la población civil en medio de los fuegos, todo por adueñarse del producto del narcotráfico, pero también por adueñarse de los territorios, dónde viven los campesinos, los indígenas, los afroamericanos, los más pobres.
Por eso, nuestro llamado contundente es a parar la guerra, a respetar el derecho internacional humanitario y a quitar toda forma de conflicto para que podamos encontrarnos, reconciliarnos, soñar y trabajar por una Colombia posible, viable, reconciliada que respete la vida y en paz.
Azotados por el conflicto
P:/ ¿Usted cree que la manera de solucionar estos problemas sea solo un gran desplazamiento de fuerzas del orden, fuerzas de seguridad y de militares para detener el conflicto o existen también otras alternativas?
R:/ Sin duda que existen muchas alternativas. Lo primero es atender, escuchar a la población civil que está en estos territorios azotados por un conflicto recio, profundo, que les quita las tierras y les quita la vida. Pero, además, es necesario que haya un protagonismo de todas las comunidades. Finalmente, es muy importante que sepan que nosotros como Iglesia, los sacerdotes, la vida consagrada, los laicos, ese Pueblo de Dios que peregrina en Colombia, creemos y esperamos una posibilidad mayor de reconciliación, de encuentro. Sin duda que hay muchos caminos.
Nosotros creemos en el duro camino del diálogo, que es un arte difícil, para sentarnos a dialogar como se ha hecho en otras ocasiones, es la única posibilidad racional. Lo ha dicho el Papa Francisco: O todos somos hermanos o todos nos hundimos. Y nosotros queremos optar por un camino de fraternidad que le dé horizontes de esperanza y de vida nueva a todos colombianos, porque aquí no sobra nadie. Entonces, las alternativas militaristas no son las únicas y deben ir acompañadas por un compromiso de desarrollo humano integral real y concreto en todas las regiones.
Periodistas: servidores de la verdad
P:/ Monseñor Rueda, por último, durante la Asamblea Plenaria se celebró el Día Nacional del Periodista, el miércoles 16 de febrero. ¿Cuál es, a su juicio, la importancia de los medios de comunicación y de los periodistas en la construcción de la paz en Colombia?
R:/ Felicito a todos los periodistas, de Colombia y del mundo. Tienen una gran responsabilidad. Nos encontramos con ellos aquí en la sede de la conferencia episcopal y pudimos dialogar, como seres humanos, y a la luz del mensaje del Santo Padre, los invitamos de la verdad, a ser misioneros de la esperanza, a ser servidores de una vida posible en Colombia. Ellos saben de esa gran responsabilidad que tienen, y por eso los estamos invitando a que sean servidores para evitar toda polarización, evitar todo odio, todo rencor, para que estos comicios electorales transcurran en la verdad y que sepan que, con la comunicación en todos los medios, nos pueden ayudar a buscar el bien común de todos los colombianos.
Fuente: Radio Vaticano-Vatican News
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.