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evangelio del domingo

Sáb 25 Abr 2026

26 de Abril | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 10, 1-10

Jn 10, 1-10Yo soy la puerta de las ovejasLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, dijo Jesús:«En verdad, en verdad les digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:«En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».Palabra del Señor

Sáb 18 Abr 2026

19 de Abril | Lectura del Santo Evangelio según San Lucas Lc 24, 13-35

Lc 24, 13-35Lo reconocieron al partir el panLectura del santo Evangelio según san Lucas.AQUEL mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.Él les dijo:«¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?».Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».Él les dijo:«¿Qué?».Ellos le contestaron:«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fuerontambién al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».Entonces él les dijo:«¡Qué necios y torpes son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.Y se dijeron el uno al otro:«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.Palabra del Señor.

Sáb 11 Abr 2026

12 de Abril | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 20, 19-31

Jn 20, 19-31A los ocho días llegó JesúsLectura del santo Evangelio según san Juan.AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:«Paz a ustedes».Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:«Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:«Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:«Hemos visto al Señor».Pero él les contestó:«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:«Paz a ustedes».Luego dijo a Tomás:«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».Contestó Tomás:«¡Señor mío y Dios mío!».Jesús le dijo:«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.Palabra del Señor.

Sáb 4 Abr 2026

05 de Abril | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 20, 1-9

Jn 20, 1-9Él había de resucitar de entre los muertosLectura del santo Evangelio según san Juan.EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.Palabra del Señor.

Sáb 28 Mar 2026

29 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Mateo Mt 26, 14 — 27, 66

Mt 26, 14 — 27, 66Pasión de nuestro Señor JesucristoPasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?Cronista: EN aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:S. «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?».C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:S. «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».C. Él contestó:+ «Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.Uno de ustedes me va a entregarC. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:+ «En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar».C. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:S. «¿Soy yo acaso, Señor?».C. Él respondió:+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».C. Él respondió:+ «Tú lo has dicho».Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangreC. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:+ «Tomen, coman: esto es mi cuerpo».C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:+ «Beban todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre».C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebañoC. Entonces Jesús les dijo:+ Esta noche se van a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea».C. Pedro replicó:S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».C. Jesús le dijo:+ En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».C. Pedro le replicó:S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».C. Y lo mismo decían los demás discípulos.Empezó a sentir tristeza y angustiaC. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:+ «Siéntense aquí, mientras voy allá a orar».C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.Entonces les dijo:+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo».C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.Dijo a Pedro:+ «¿No han podido velar una hora conmigo? Velen y oren para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:+ «Ya pueden dormir y descansar. Miren, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya está cerca el que me entrega».Se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieronC. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:S. «Al que yo bese, ese es: préndanlo».C. Después se acercó a Jesús y le dijo:S. «¡Salve, Maestro!».C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:+ «Amigo, ¿a qué vienes?».C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.Jesús le dijo:+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».C. Entonces dijo Jesús a la gente:+ «¿Han salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.Verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del PoderC. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».C. Jesús le respondió:+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: desde ahora verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?».C. Y ellos contestaron:S. «Es reo de muerte».C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».Antes de que cante el gallo me negarás tres vecesC. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».C. Él lo negó delante de todos diciendo:S. «No sé qué quieres decir».C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».C. Otra vez negó él con juramento:S. «No conozco a ese hombre».C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:S. «No conozco a ese hombre».C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarástres veces». Y, saliendo, lloró amargamente.Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernadorC. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangreC. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:S. «He pecado entregando sangre inocente».C. Pero ellos dijeron:S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:«Y tomaron las treinta monedas de plata,el precio de uno que fue tasado,según la tasa de los hijos de Israel,y pagaron con ellas el Campo del Alfarero,como me lo había ordenado el Señor».¿Eres tú el rey de los judíos?C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».C. Jesús respondió:+ «Tú lo dices».C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:S. «¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.El gobernador preguntó:S. «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?».C. Ellos dijeron:S. «A Barrabás».C. Pilato les preguntó:S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».C. Contestaron todos:S. «Sea crucificado».C. Pilato insistió:S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».C. Pero ellos gritaban más fuerte:S. «¡Sea crucificado!».C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá ustedes!».C. Todo el pueblo contestó:S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.¡Salve, rey de los judíos!C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:S. «¡Salve, rey de los judíos!».C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.Crucificaron con él a dos bandidosC. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el reyde los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.Si eres Hijo de Dios, baja de la cruzC. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”».C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.«Elí, Elí, lemá sabaqtaní?»C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».C. (Es decir:+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:S. «Está llamando a Elías».C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.Los demás decían:S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.Todos se arrodillan, y se hace una pausa.C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.José puso en su sepulcro nuevo el cuerpo de JesúsC. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadasenfrente del sepulcro.Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como sabenC. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».C. Pilato contestó:S. «Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como saben».C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.Palabra del Señor.

Sáb 21 Mar 2026

22 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 11, 1-45

Jn 11, 1-45Yo soy la resurrección y la vidaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo:«Señor, el que tú amas está enfermo».Jesús, al oírlo, dijo:«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.Solo entonces dijo a sus discípulos:«Vamos otra vez a Judea».Los discípulos le replicaron:«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».Jesús contestó:«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».Dicho esto, añadió:«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo».Entonces le dijeron sus discípulos:«Señor, si duerme, se salvará».Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.Entonces Jesús les replicó claramente:«Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de que no hayamos estado allí, para que crean. Y ahora vamos a su encuentro».Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:«Vamos también nosotros y muramos con él».Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».Jesús le dijo:«Tu hermano resucitará».Marta respondió:«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».Jesús le dijo:«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».Ella le contestó:«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:«El Maestro está ahí y te llama».Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:«¿Dónde lo han enterrado?».Le contestaron:«Señor, ven a verlo».Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:«¡Cómo lo quería!».Pero algunos dijeron:«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:«Quiten la losa».Marta, la hermana del muerto, le dijo:«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».Jesús le replicó:«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».Entonces quitaron la losa.Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».Y dicho esto, gritó con voz potente:«Lázaro, sal afuera».El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:«Desátenlo y déjenlo andar».Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.Palabra del Señor.

Sáb 14 Mar 2026

15 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 9, 1-41

Jn 9, 1-41Él fue, se lavó, y volvió con vistaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.Y sus discípulos le preguntaron:«Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?».Jesús contestó:«Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».Unos decían:«El mismo».Otros decían:«No es él, pero se le parece».Él respondía:«Soy yo».Y le preguntaban:«¿Y cómo se te han abierto los ojos?».Él contestó:«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver».Le preguntaron:«¿Dónde está él?».Contestó:«No lo sé».Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.Él les contestó:«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».Algunos de los fariseos comentaban:«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».Otros replicaban:«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».Él contestó:«Que es un profeta».Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:«¿Es este su hijo, de quien dicen ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».Sus padres contestaron:«Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Pregúntenselo a él, que es mayor y puede explicarse».Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, pregúntenselo a él».Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:«Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».Contestó él:«Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo».Le preguntan de nuevo:«¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?».Les contestó:«Se lo he dicho ya, y no me han hecho caso; ¿para qué quieren oírlo otra vez?, ¿también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:«Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene».Replicó él:«Pues eso es lo raro: que ustedes no saben de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder».Le replicaron:«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».Y lo expulsaron.Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».Él contestó:«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».Jesús le dijo:«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».Él dijo:«Creo, Señor».Y se postró ante él.Dijo Jesús:«Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:«¿También nosotros estamos ciegos?».Jesús les contestó:«Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen “vemos”, su pecado permanece».Palabra del Señor.

Sáb 7 Mar 2026

08 de Marzo | Lectura del Santo Evangelio según San Juan Jn 4, 5-42

Jn 4, 5-42Un surtidor de agua que salta hasta la vida eternaLectura del santo Evangelio según san Juan.EN aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:«Dame de beber».Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.La samaritana le dice:«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).Jesús le contestó:«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».La mujer le dice:«Señor, si no tienes balde, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».Jesús le contestó:«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».La mujer le dice:«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».Él le dice:«Anda, llama a tu marido y vuelve».La mujer le contesta:«No tengo marido».Jesús le dice:«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».La mujer le dice:«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».Jesús le dice:«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque elPadre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».La mujer le dice:«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».Jesús le dice:«Soy yo, el que habla contigo».En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:«Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.Mientras tanto sus discípulos le insistían:«Maestro, come».Él les dijo:«Yo tengo un alimento que ustedes no conocen».Los discípulos comentaban entre ellos:«¿Le habrá traído alguien de comer?».Jesús les dice:«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo los envié a segar lo que no han trabajado. Otros trabajaron y ustedes entraron en el fruto de sus trabajos».En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».Palabra del Señor.