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Iglesia

Vie 16 Feb 2018

Bienaventurados los que trabajan por la paz (Mt 5, 9)

Por: Ismael José González Guzmán - Somos muchos los colombianos que durante años crecimos en medio de esa cultura violenta que sembró la guerra y los distintos conflictos sociales. No tuvimos la oportunidad de experimentar una cultura de paz, porque no fuimos formados para ella. Sin embargo, hoy que tenemos la posibilidad de construir una historia diferente en Colombia: ¿Nos negaremos a vivir en paz?, ¿vamos a perpetuarle a las próximas generaciones ese discurso de odio, resentimiento y venganza que heredamos de la violencia? O por el contrario, ¿estaremos en la capacidad de abrir el corazón y dejarnos reconciliar? El papa Francisco en su visita al país, nos recordó que todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso (cf. Misa en Villavicencio, septiembre 8 de 2017). No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. En definitiva, una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de todos, tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de variadas formas de violencia (Evangelii Gaudium, 219). En medio de esta iniciativa por avivar una cultura de paz, la política juega un papel fundamental, porque se necesitan leyes justas que puedan garantizar la armonía y ayudar a superar los conflictos que han desgarrado al país por décadas; leyes que no nazcan de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia. Sólo así se sana una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad y siempre la deja a las puertas de nuevas crisis. No olvidemos que la inequidad es la raíz de los males sociales (cf. Evangelii Gaudium, 202). Bajo esta realidad, el Episcopado colombiano nos invitó en diciembre de 2017, a dar “un nuevo paso” hacia la construcción de un país que sea patria y casa para todos, recordándonos que Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro con esperanza. Particularmente en estos comicios electorales que se avecinan. Grosso modo, los Obispos nos invitaron a: 1) Involucrarnos en el proceso electoral, para derrotar la indiferencia y el abstencionismo; 2) Reforzar con el voto el comportamiento ético de nuestra sociedad y a acabar con la corrupción; 3) Exigir campañas transparentes y que favorezcan la unidad; 4) Analizar cuidadosamente la trayectoria y las propuestas de los candidatos; 5) Pensar en las necesidades más urgentes de nuestra nación; 6) Elegir a quienes les duela la realidad de los colombianos; y 7) Asegurar el país sobre valores fundamentales y proteger su institucionalidad. Más allá de nuestras diferencias, –como nos dijo el papa Francisco– todos somos parte de algo grande que nos une y nos trasciende; somos parte de este maravilloso País. No permitamos que la historia de desigualdad social, corrupción y violencia, se siga repitiendo. Gracias a esto, tenemos una Colombia escondida detrás de las montañas, que sufre por la ausencia del Estado, que no cuenta con oportunidades y que día a día, en medio de condiciones de precariedad, lucha por sobrevivir. Estos son los frutos que nos ha dejado la clase politiquera del país, aquella que reemplaza la vocación de servicio y la paz, por la avidez del dinero, dejándonos como herencia un estado profundo de inequidad. Aprovechemos esta cuaresma y preparémonos con la oración, el ayuno y las obras de caridad, no sólo para vivir plenamente la pascua, sino también, para discernir y votar por aquellos que, su quehacer político esté inspirado en los valores del evangelio. Es decir, que trabajen por la justicia, la paz, la reconciliación, el perdón, que defiendan la vida y la familia, entre otras cosas. No olvidemos que, si queremos construir esa cultura de paz, debemos tener voluntad para dar urgentemente un paso en la dirección que propone esta reflexión. Ismael José González Guzmán Director Ejecutivo del Centro Estratégico de Investigación, Discernimiento y Proyección Pastoral Conferencia Episcopal de Colombia ismaelgonzalez@cec.org.co Twitter: @ismagonzalez / @cenestrategico

Mié 14 Feb 2018

Parroquia y situación nacional

Por: Mons. Libardo Ramírez Gómez - Temas de la reciente Asamblea de la Conferencia Episcopal de Colombia (5 al 9-02-18), fueron “Parroquia en el corazón de la Nueva Evangelización”, y “mirada a la actual situación nacional”. Se reflexionó sobre esa institución eclesial, con origen en los mismos inicios de la Iglesia, que ha sido piedra estructural en su organización, en todas las épocas anclada en la situación circundante en un país, llamada a dar valioso aporte a su vida nacional. Fueron días de trabajo intenso del Episcopado, en búsqueda de ideas motoras de una pastoral eficaz, que encauce labores concretas que lleven a los mejores resultados. Se echó una mirada sobre el nombre mismo de “parroquia”, y su historial a lo largo de los siglos, como “casa del pueblo”. Jesús, cumplida su misión de entregar lo básico de su Buena Nueva, una vez ofrecido al Padre su propio sacrificio con la subsiguiente Resurrección, al despedirse de sus Apóstoles los envío a llevar adelante la obra iniciada por Él, y llevar su enseñanza “a todas las naciones” (Mc. 16,15), les dio grandes poderes (Lc. 10,16 y 22,19 Jn. 20,23), pero, en lo organizativo, solo estableció el primado de Simón al quien llamó “Pedro”, constituyéndolo como “piedra” sobre la cual edifica su Iglesia, y le confía las llaves de la dirección de ella (Mt.16, 18-19). Al despedirse, el Señor, ordena a los Apóstoles volver a Jerusalén, y, allí, recibir al Espíritu Santo que les iría iluminando detalles organizativos (Hech. 1,7-8). Cumplida esa gran promesa, en Pentecostés, los directivos de la Iglesia, con Pedro a la cabeza, fueron dando pasos en el servicio de los pobres (Hech.6), y dan prescripciones a los fieles que se van organizando en pequeñas comunidades (Hech. 2,42-47 y 4,32-35). A través de los siglos, la Iglesia fue organizándose en lo territorial según las necesidades y asistencia del Espíritu Santo. Fue así como, surge la figura de la “parroquia”, más de lleno hacia el Siglo IV, como parte de una Diócesis encomendada a un Presbítero. Más definida aún quedó en tiempo de Carlo Magno (742-814), y, en la época del feudalismo, vino a adquirir el estilo de “feudo”, con desfiguración de su objetivo espiritual y pastoral. En medio del mismo ambiente feudal de Europa hubo edificantes pastores de almas, dedicados a las tareas propias de un Párroco, atento a sus fieles como ovejas puestas bajo su cuidado. Después vinieron órdenes como las dadas en el Concilio de Trento de crear parroquias con funciones bien definidas. En el primer Código de Derecho Canónico (1917), quedó definido el lineamiento de una parroquia, y en el Código actual (de 1983), aparece su figura con el sentido de “comunidad eclesial” destinada a agrupar a los fieles, prestándoles servicios espirituales, en ambiente comunitario. Se pidió dejar el sentido de “beneficio” para explotación del Párroco, por el más pastoral de “servicio” al pueblo de Dios. Los Papas de los últimos decenios han dado señalamiento de parroquia ideal “en salida” y no encerrada (Papa Francisco), que sean de verdad “casa del pueblo”, fontana de bondades inspiradas en el Mandamiento del Amor (Jn. 13,34). Hubo, en la Asamblea, profundización en magistrales exposiciones de prestantes Prelados, y dialogo abierto sobre procesos de avances parroquiales de actualización para servir a la Colombia de hoy en los aspectos que le son propios, con proyección hacia lo social, lo económico y político, con reclamo del deber ciudadano de participación, en forma consciente y libre, en próximos comicios electorales. Lo anterior inspiró el Mensaje final, con llamado a corregir, a la luz del Evangelio, tantas fallas que le impiden el progreso y la paz. Que la parroquia, debidamente renovada, cumpla su misión, y se corrijan desfiguraciones, para que contribuya a un mundo más amable y fraterno, como “casa para familia humana”. Libardo Ramírez Gómez E-mail: monlibardoramirez@hotmail.com

Lun 12 Feb 2018

Trabajo en equipo y servicio, pilares en la gestión del nuevo Secretario Adjunto del SPEC

Tras su nombramiento como Secretario Adjunto del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), el 5 de julio de 2017, durante la 103 Asamblea Plenaria, el sacerdote Farly Yiovany Gil Betancur, asumió este lunes 12 de febrero de 2018 el nuevo servicio a la Iglesia católica. El presbítero ordenado, el 21 de noviembre del 2000, para la Diócesis de Santa Rosa de Osos, destaca su empeño en “ser un facilitador de procesos humanos, cristianos, vocacionales”, desde el trabajo en equipo. El padre Farly Yiovany Gil Betancur fue Vicario Parroquial en Angostura (Antioquia) y en la Merced - Yarumal. Por cuatro años fue prefecto del Seminario Menor de Santa Rosa de Osos, posteriormente acompañó el grado propedéutico. Estudió Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Javeriana y a su regreso fue formador en el Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos. A partir de mayo del 2011 asumió la rectoría de esta casa de formación hasta el 16 de diciembre del 2017. Entrevista: Padre Farly Yiovany Gil Betancur, Sec. Adjunto SPEC.

Lun 12 Feb 2018

Jóvenes de la región nororiente sueñan con una pastoral articulada y activa

Con el propósito de evaluar y planear el trabajo de las comisiones de pastoral juvenil diocesana de la regional nororiental, se llevó a cabo en la ciudad de Bucaramanga el III Encuentro Regional de formación, donde participaron delegados de las diez jurisdicciones que hacen parte de esta zona del país. Según lo expresó el sacerdote Jesús Antonio Cárdenas, delegado pastoral juvenil de la arquidiócesis de Bucaramanga, este encuentro sirvió para “mantener la comunión, lazos de fraternidad, compartir las experiencias y ante todo llevar un trabajo planeado y organizado en beneficio de los jóvenes, atendiendo el llamado del Papa Francisco que nos invita a soñar, a no perder la alegría y a tener esperanza". Para Mario José Cárdenas, delegado de la diócesis de Ocaña, este encuentro le enfrenta a un gran reto y es el “ayudar y articular los esfuerzos para que los jóvenes vivan ese camino a ese proyecto de vida y vocación que tiene Dios para cada uno de ellos”. Hacen parte de la regional nororiental las jurisdicciones de: Arauca, Tibú, Cúcuta, Ocaña, Nueva Pamplona, Málaga-Soatá, Socorro y San Gil, Barrancabermeja, Vélez y Bucaramanga.

Vie 9 Feb 2018

Cardenal invita a superar la “autoreferencialidad” para construir un país reconciliado

En su homilía durante la celebración eucarística de cierre de la Centésima Cuarta Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, el Cardenal Rubén Salazar, Arzobispo de Bogotá y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), invitó a los colombianos a superar la “autoreferencialidad”, el estar solo centrados en sí mismos, pues esta actitud “nos aísla del mundo que nos rodea y entonces no escuchamos a Dios, nos volvemos absolutamente incapaces de escuchar la Palabra del Señor, que se vuelve un lenguaje vacío que no nos dice nada, no entra en el corazón para transformarlo. Y esa incapacidad de escuchar a Dios, nos lleva a la incapacidad de descubrirlo presente en el mundo”. En el contexto actual de “violencia, polarización, de un país que no sabe con claridad para donde va”, es fundamental, enfatizó el cardenal, “escuchar al Señor, escuchando los acontecimientos y las personas”. Si somos capaces de proclamar su presencia, agregó, “entonces vamos a contribuir realmente a que en Colombia haya un poco más de tolerancia, de respeto, de capacidad de darnos la mano, de reconciliarnos”. En este sentido, manifestó que es “triste constatar cuánto nos cuesta la reconciliación en el país”, ante lo que destacó la urgencia de “dejar a un lado nuestros propósitos personales y grupales para pensar en un programa de nación que nos permita vivir en paz”. Escuche la homilía completa aquí:

Jue 8 Feb 2018

Insistencia, perseverancia y mucha humildad, claves de una buena Oración: Mons. Marín López

Durante su homilía que abrió la cuarta jornada de la CV Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, el Arzobispo de Popayán Monseñor Iván Marín López habló de la importancia de la oración en la vida de la parroquia. Inspirado en el evangelio de este juéves 8 de febrero que presenta la historia de la cananea que le pide a Jesús echar el demonio de su hija, el Arzobispo comento que “en la Iglesia todos, pero especialmente Obispos y Sacerdotes, necesitamos mantener fija la mirada en el rostro del señor y pedirle como la cananéa, llevando las angustias de nuestro pueblo, de nuestras comunidades, de los campesinos, de tantas víctimas, como esta madre, que llevaba en su corazón esa carga de dolor y que sabía que en el señor encontraría una respuesta.” Considerando que esta cananéa se sentía necesitada, agregó: “cuantas necesidades están en el corazón del Obispo, del Sacerdote, que ama, conoce sus comunidades”. Como ejemplo positivo, Monseñor López destacó la oración en su forma más perseverante. “¿En cuantos templos tenemos esta oración permanente, las 24 horas, todo el día?”. En esta oración, la petición, como la de la mujer cananea, tiene que ser hecha con mucha fe, absolutamente convencidos que el señor puede; con mucha insistencia, con perseverancia, con mucha humildad. “Estas son las caracteristicas de una buena oración”, agregó. También destacó la importancia de la oración en la vida del beato parroco mártir de Armero, Pedro María Ramírez. “Un amor profundo, casi una contemplación cara a cara con cristo eucaristía: este encuentro con él vitaliza, da fuerza y audacia, para poder dar testimonio. Miramos entonces también nosotros, como la cananea, con oración ferviente, constante y humilde al señor”, recomendó el Arzobisbo de Popayán, teniendo en cuenta “el desafío inmenso que nuestras comunidades tienen para ser firmes en la fé”.

Jue 8 Feb 2018

La parroquia, espacio vital para la vida cristiana de nuestro pueblo

Tras cuatro días de reflexión sobre la realidad de la parroquia, desafíos y oportunidades en el contexto actual, los obispos de Colombia han destacado la centralidad de esta institución en la acción evangelizadora de la Iglesia Católica. Al respecto, Monseñor Juan Carlos Cárdenas, Obispo Auxiliar de Cali y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones y Tecnologías de la Conferencia Episcopal de Colombia, precisó que las reflexiones desarrolladas durante la Asamblea han permitido “entender que la parroquia sigue siendo ese espacio vital, fundamental, en el que se juega la vida cristiana de nuestro pueblo y que necesita ser siempre repensada para ponerla a la altura de los retos, dificultades, necesidades y oportunidades que nos presenta la época a la que asistimos”. En este sentido, el obispo de la Diócesis de Ocaña, Gabriel Ángel Villa Vahos, destacó la importancia del compromiso tanto de los ministros como de los fieles laicos en la renovación de la parroquia, que afirmó Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, obispo de la Diócesis de Florencia, debe partir de una conversión propia. “Orar más para amar más; actuar con fe; vivir la experiencia de transmitir la fe; discernir continuamente y para ello necesitamos vincular mucho más a los laicos, tenemos que tomar enserio la creación de los consejos diocesanos y parroquiales de laicos y finalmente una voz de esperanza: animarnos, darnos fortaleza y esperanza cristiana”. Finalmente, Monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, Obispo San José del Guaviare, invitó a los párrocos y ministros en general a “recuperar la pasión por Cristo y por el Evangelio, porque si eso se da nuestras parroquias serán verdaderas comunidades donde se anuncia la Palabra, se vive el amor y la misión resulta como algo espontáneo, como fruto de todo lo que vive nuestra alma y nuestro ser”. Encuentre aquí testimonios de obispos sobre el tema de la Asamblea: Las Parroquias.

Mié 7 Feb 2018

La riqueza de la Guajira sigue postrada ante la corrupción

"Para nadie es un secreto la ingobernabilidad total que se vive en esta región del país. Situación que dificulta los procesos de desarrollo del departamento de la Guajira y que prende las alarmas para que los ciudadanos en esta época preelectoral, voten a conciencia y escuchen la voz de la Iglesia", así lo manifesto el obispo de Riohacha, Monseñor Héctor Salah Zuleta. Recordemos que, en los últimos años, siete gobernadores de la Guajira han tenido problemas judiciales quedando inhabilitados. Situación que tiene paralizado el departamento, por la falta de autoridad competente y honesta. Se suma a esta calamidad política la falta de agua por las sequías en la región y por ende la escasez de alimentos para sus habitantes. La ruta de mafias y la corrupción desbordada que ha permeado a dirigentes locales y a autoridades, más factores culturales que ponen lo ilegal como modelo y la falta de presencia del Estado, son ingredientes de postración que vive este departamento. Sin embargo, la Iglesia allí presente por medio la diócesis de Riohacha, creada hace 30 años, le apunta a los procesos educativos y a la evangelización en esta región con la presencia y apoyo también de comunidades religiosas. Rioacha, un pequeño Miami La Iglesia denuncia, evangeliza, alerta y por supuesto trabaja con la educación en estratos 0,1 y 2, dirigidos por educadores laicos, sacerdotes y religiosas. Educación directa de 15.000 niños en colegios públicos, pero con la calidad de instituciones privadas. El futuro está a través de la educación. Es definitivamente la esperanza de un renacer de esta región, tan hermosa y potencialmente turística, con tanta riqueza, es además la meca de energías renovables. “Podría ser Rioacha, por ejemplo, un pequeño Miami”, afirma monseñor Héctor Salah Zuleta, obispo de Riohacha. En las homilías, monseñor Salah recalca puntualmente todos los vicios que se manejan entorno a los procesos electorales, habla a la comunidad sin tapujos y advierte de la corrupción que se mueve en torno a las elecciones que se aproximan. Perseverar, denunciar, orar y evangelizar, aunque los procesos sean lentos, son las premisas de la Iglesia representadas por la diócesis de Riohacha en este departamento regido por altos índices de corrupción, alianzas de autoridades, políticos y grupos ilegales. Veamos, a continuación, la entrevista completa con monseñor Héctor Salah Zuleta, quien ratifica esta realidad: Fuente: Oficina de comunicaciones Arquidiócesis de Bogotá