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Predicación Orante de la Palabra

Vie 21 Nov 2025

Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino

TRIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSOLEMNIDAD NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSONOVIEMBRE 23 DE 2025Primera lectura: 2S 5,1-3Salmo: 122(121),1-2.4-5 (R. cf. 1)Segunda lectura: Col 1,12-20Evangelio: Lc 23,35-43.I.Orientaciones para la PredicaciónEl Reinado de la EsperanzaIntroducción“Mientras haya vida hay esperanza” (Dum vita spes est), decía el poeta Virgilio en sus Eneidas (Liber II). El reinado de Jesucristo es sin duda, el reino de la vida y por lo mismo el reino de la esperanza permanente. El Resucitado ha vencido la muerte y, por lo tanto, la potencia de las imposibilidades, de la desesperanza. Este Domingo último del tiempo ordinario y del año litúrgico que como Iglesia hemos celebrado, nos evoca el nuevo comienzo. En el movimiento de Dios como principio y fin de todo, nada termina, todo vuelve a ser nuevo. Su reinado es la actuación continua de su poder salvador en la comunidad creyente y en la humanidad entera. La palabra de este día tiene la potencia de la esperanza cristina que permite la continuidad de la vida, que evoca el paroxismo de proclividad, es decir, la fuerza intensa que mueve al hombre siempre hacia Dios.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El segundo libro de Samuel nos presenta una escena muy corta, pero llena de significación. El reinado de Saúl ha terminado, todos sus partidarios han sido exterminados y comienza para David la época de reinar. Ahora todas las tribus se han reunido para aceptar al nuevo rey, cuando antes, sólo una lo había hecho (Judá). Ciertamente, cuando los poderíos se vuelven inservibles, la tendencia es acomodarse a la única opción. No se acepta la propuesta Divina, ya que no se considera realmente proveniente de Dios, sino porque las otras tendencias ya no funcionan. Esta totalidad del pueblo que se reúne para aceptar a David como rey, lo han hecho posteriormente a la decadencia de Saul. La esperanza está ahora puesta en lo que Dios ha establecido, así debería ser, y no simplemente porque las posibilidades se han terminado. David aparece como un rey necesario para el nuevo comienzo: será pastor y príncipe. Tendrá el cuidado de su pueblo y al mismo tiempo el poder de quien sucede en su puesto al anterior rey. Aceptarlo, implica entonces, dejarse guiar y gobernar por quien Dios ha establecido con nuevo pacto. Jesús, el rey pastor, está figurado en este David, un rey no muy aceptado, pero que es la mejor propuesta de Dios para las esperanzas del mundo.El salmo 122 evoca la alegría de la subida al monte del Señor, a su casa y al palacio de David. El segundo verso de este salmo habla de la casa de David, como familia continuadora del gobierno. En la casa de David está la promesa de un reino sin fin, de una continuidad de la bendición de Dios. Por eso, la justicia impartida desde los tronos será permanente. Es la justicia para el pobre, el indigente, el huérfano, la viuda y todo aquel que no tiene protector (salmo 71). La alegría de llegar a la casa del Señor para recibir su cuidado, se vuelve inigualable.La carta a los Colosenses le pone un acento soteriológico al ser cristianos. Nuestra condición como creyentes es una capacidad dada. No se trata del esfuerzo personal, sino del don dado por Dios. La herencia compartida es en la luz; El reino de las tinieblas ha sido vencido, es un poderío más que ha perdido su continuidad cuando las aguas bautismales nos han sacado de su dominio. Cristo, imagen de Dios, cabeza de la Iglesia, principio y fin de todo, el resucitado, tiene todas las características necesarias para haber hecho esta gran obra salvífica, pero es en la cruz, derramando su sangre, como nos ha salvado. El trono del rey salvador, la cruz, es el lugar de la nueva justicia, la de la misericordia, es el lugar donde el nuevo David redime de los pecados. ¡Ave crux, spes unica! No hay más esperanza que la cruz sobre la que el redentor devuelve la salud. Es allí donde la agonía se vuelve oportunidad.El evangelio de Lucas sintetiza todo este itinerario de la palabra. La cruz, la agonía, el momento final. Todos estos elementos hacen pensar en que todo ha terminado. No hay nada más. Pero la disputa entre los malhechores, vuelve a ser imagen de la guerra entre el bien y el mal. Jesús, el crucificado, abre desde el sufrimiento de la cruz, la delicia del paraíso. Decía san Ambrosio: “Él es crucificado en nosotros, a fin de que nuestros pecados sean purificados por él” (De Paenitencia II,9). La batalla contra las tinieblas, en la cruz, genera que uno sea trasladado al reino de la luz. Aquel que ha reconocido que Jesús, crucificado con él, es quien llega con su reinado, ese entra en su esplendor. La esperanza de la cruz se ha abierto. El reinado del crucificado ha abierto las puertas eternas. Todo es posible para quien, a pesar de su sufrimiento, mira al Crucifijo y reconoce que Él puede abrir nuevas puertas, nuevas posibilidades, nuevas vidas. La Esperanza está en la vida, pero, sobre todo, en la vida plena que Jesús nos da. El reino de la esperanza sólo está en Él.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La mirada en Jesús, el Rey del universo, coloca a toda la Iglesia en el camino de la esperanza. El vencedor de la muerte tiene las llaves que abren toda posibilidad incluso para aquel que cree que su única alternativa esta en su presente, en su desgracia o en sus éxitos. El llamado es a mirar al crucificado y su corona como la opción más real y certera de Dios para nuestra salvación. No hay otro nombre por el que seamos salvados, más que en Jesús (Hch. 4,12). Él es el nuevo David ungido, el Gólgota es el nuevo Hebrón donde el rey consagrado es aceptado o rechazado. ¡Qué gran esperanza hay en Jesús! Es necesario que Cristo se presente, no como alternativa, sino como opción única y fundamental de la vida del creyente, que se debate en los reinos pasajeros de este mundo y sus múltiples opciones. Descubrir a Jesús rey y aceptarlo llena la vida, transforma las realidades, abre la Esperanza.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Necesitamos sinceridad de corazón para reconocer que las tendencias del mundo son pasajeras. Ver el reinado de Dios no cómo una opción, sino como el plan de Dios establecido para siempre, que no miente, porque es reino de verdad; que no destruye, porque es reino de vida; que no condena, porque es reino de justicia; que no atormenta, porque es reino de paz.“El reino de Dios está dentro de ustedes” (Lc 17,21). No se puede reflejar el reino sin la plena consciencia de que está ya establecido dentro de mí. Se manifiesta en el gozo, la justicia y la paz (Rom 14,17). Las virtudes humanas y las teologales vividas con conciencia, no sólo muestran el reino de Dios, sino que lo hacen presente.Señor Jesús, nos presentamos frente a tu cruz, donde te consagras rey de gloria, te reconocemos como pastor y príncipe de nuestras vidas. Acuérdate de nosotros pecadores, danos hoy tu reino, paraíso de paz. Amén.II. MONICIÓN INTRODUCTORIA DE LA MISA Y ORACION DE LOS FIELESIntroductoria de la Misa¡Viva Cristo Rey! Este grito de alabanza nos motiva esta Eucaristía, para celebrar la presencia del Reino de Dios entre nosotros. Cristo es el Reino de Dios, es quien mejor refleja el resplandor de la gloria. Celebremos que Dios está reinando en nuestras vidas, y que reinará en las intenciones que traemos como Iglesia, de la cual Él es la cabeza. En la comunión de los hermanos cantemos, oremos y recibamos sacramentalmente al rey de reyes.A la liturgia de la PalabraEs el momento de la escucha atenta de la Palabra de Dios. Esta palabra nos explica cómo el reinado de Dios es esperanza para todo el que lo acoge con alegría. Por eso, reunidos como el pueblo de Israel en Hebrón, aceptemos al rey y como el malhechor crucificado, escuchemos la palabra de salvación que nos traslada de las tinieblas a la luz.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Queridos hermanos, la esperanza del reino se manifiesta en la oración suplicante, que aguarda el cumplimiento de las promesas de Dios en la vida. Oremos con fe diciendo:R. Venga tu reino Señor.1.Padre santo, que has puesto a Cristo como cabeza de la Iglesia; concede al Papa, los obispos, sacerdotes y religiosos, anunciar con alegría, el Evangelio del reino para que todos los hombres se salven, roguemos al Señor.2.Padre Eterno, que los gobernantes de las naciones reconozcan la autoridad recibida de lo alto, para que puedan establecer la justicia y la paz, roguemos al Señor.3.Padre de bondad, te rogamos por todos los hombres y mujeres de este tiempo que aún no han conocido tu amor y tu misericordia, para que el testimonio de los creyentes y su caridad constante les abran nuevas esperanzas, roguemos al Señor.4.Padre misericordioso, te suplicamos por nosotros aquí reunidos en comunidad orante; danos la gracia de vivir en gozo, justicia y paz para dar al mundo la esperanza de tu reino, roguemos al Señor.Oración conclusiva Padre celestial, acoge compasivo las preces de tu pueblo que confía en ti. No permitas que las dificultades de este mundo, opaquen las esperanzas de alcanzar de ti, cuanto conviene. Por Jesucristo nuestro Señor.R. Amén.

Vie 14 Nov 2025

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIONOVIEMBRE 16 DE 2025Primera lectura: Ml 3,19-20aSalmo: 98(97),5-6.7-8.9 (R. cf. 9)Segunda lectura: 2Ts 3,7-12Evangelio: Lc 21,5-19.I.Orientaciones para la PredicaciónLa Esperanza de la salvaciónIntroducciónLa esperanza no puede surgir más que en medio de la crisis. El punto de partida de ella, no es un falso optimismo que mira la vida con la idea de que todo simplemente va a estar bien. El mensaje de la Palabra de Dios de este penúltimo domingo del año litúrgico nos impulsa a la comprensión de la esperanza como fuerza de salvación. Ciertamente, ella no va desligada de la fe y de la caridad como virtudes complementarias, sino que se alimenta y al mismo tiempo, les aporta. La esperanza de la salvación, porque la salvación es una esperanza, no anima al cristiano a una ilusión de que nada le va a pasar, al contrario, está ofrecida para que en medio de las cosas que suceden él se entienda como salvado, como quien, a pesar de todo, permanece en pie sin ser derrotado. 1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El profeta Malaquías, unos cien años después de que el pueblo había regresado del destierro, denuncias la infidelidad de quienes ahora, acomodados y poco piadosos, se habían olvidado de la ley de Dios y de su templo. Dios ha decidido retirar su cuidado a este pueblo que no ha comprendido su historia. Peor aún, no ha aprendido nada de lo vivido en el pasado ni en el presente. Parece que las experiencias críticas de sus antepasados no dicen nada a este pueblo, que habiendo sido nuevamente liberados, han caído en el pecado. Es aquí donde, Malaquías (Mi Mensajero), en el capítulo tercero del que hemos escuchado unos pocos versículos, lanza una sentencia de juicio: Dios purificará a su pueblo. De esta acción de limpieza, permanecerá un remanente, un pequeño pueblo piadoso que tendrá como guía “el libro memorial” (3,16), que es la palabra de Dios. Este libro de memorias le recordará no sólo su pecado, sino cómo Dios salva a su pueblo. He aquí la fuerza que tienen los versículos que hemos proclamado. Los salvados son aquellos que temen al Señor. Los justos tienen una esperanza de salvación posterior a la crisis e incluso en medio de ella. Ella sirve para refinar la existencia de quien es fiel a Dios. Sólo puede haber esperanza si hay fidelidad, es decir, constancia.El salmista nos introduce en la mirada real de Dios. Dios llega para regir la tierra con justicia y rectitud. No cabe duda que el poder de Dios restaura, renueva. Sólo destruye el mal, pero potencia el bien. Este salmo es un preámbulo a la solemnidad del próximo domingo, en el que la realeza de Cristo se manifestará en su esplendor. Tañer y aclamar son las acciones del pueblo, que se suman al retumbar, aplaudir de lo que contiene el mar y la tierra. Hombre y cosmos saben quién es el Señor que sostiene todo. San Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, impulsa el apagamiento de la vida cristiana de sus contemporáneos. La demora del regreso del Señor, no puede ser motivo ni de desánimo, ni tampoco de descuido. No se puede anhelar la presencia del Señor (Parusía) con una esperanza inactiva. La porfía como la desidia son enemigas de la esperanza. La esperanza cristina implica la acción. No es un opio momentáneo ni un simple deseo. La mejor forma de aguardar al Señor es viviendo la existencia y no en un sentimiento de “desistencia”, o lo que es lo mismo, unas ganas de no vivir, de no ser, de no hacer. La salvación sólo se logra en el resistir, en la resiliencia capaz de soportar la crisis, en la permanencia y la constancia. Ningún momento difícil puede detener nuestra vida y sus quehaceres. El creyente sabe que Dios viene y por eso no detiene nada, sino que continúa hasta que se realice su redención.El Evangelista Lucas, por su parte, nos pone el mismo lenguaje esperanzador y como lo hemos dicho, más allá de una mirada positiva de la vida. Todos los fenómenos universales de magnitud catastrófica, pueden llegar a ser una oportunidad de confusión. Así reacciona el instinto humano ante cualquier eventualidad fortuita. Sin embargo, el creyente tiene la serenidad del Dios de su salvación; analiza las circunstancias, trata de comprender sus causas, mira sus consecuencias, pero, sobre todo, encuentra en ello una finalidad transformadora. Como el pueblo de Malaquías, podemos pensar que Dios no actúa, y siempre esperamos que Dios detenga todo fenómeno de maldad humana o de la naturaleza, pero no queremos que Dios intervenga en el corazón. Que Dios detenga las catástrofes, pero que no actúe en la vida. De frente a toda crisis posible, el creyente asume sólo el último mensaje del texto de hoy: “Con su perseverancia salvarán sus vidas”. El verbo “ktaomai” usado por Lucas, significa ganar, poseer, adquirir. Lo cual indica el resultado de un esfuerzo. La esperanza de la salvación es el resultado del esfuerzo paciente de quien no se deja confundir. La vida que se gana es la “psyché”, es decir, la capacidad de mantener la consciencia, el aliento vital, el deseo de continuar. Son necesarios los hombres con esperanza de vivir y continuar. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?El mensaje escatológico de este domingo, como siempre, resplandece en las realidades del mundo de hoy. Podríamos pensar que el anuncio del fin es simplemente una noticia catastrófica que tienen como finalidad convertir con la fuerza del temor. Por el contrario, encontramos que el Evangelio, que es Cristo, es al final, la meta más certera de la vida del creyente. Él es la finalidad misma de nuestro itinerario de fe. Por eso, nuestra esperanza es Jesucristo. En él se cumplen las promesas, pero al mismo tiempo se encuentra la salvación definitiva. La vida misma de Jesús es una paradoja que se realiza entre la vida y la muerte, entre la alegría y la tristeza, entre el dolor y el consuelo. Jesucristo es la garantía de una vida auténticamente ganada. La ganancia de la vida no está en el mundo, sino en Dios. El problema no es ganar la vida, el problema es para quién la ganamos.El mensaje esperanzador, a punto de terminar este año litúrgico, no se difumina en un año jubilar, sino que se renueva. Comprender con mayor fuerza que la esperanza es al mismo tiempo una paradoja. Que las tragedias humanas son un llamado a revisar la vida, a permitir que ella se purifique, a disponer el corazón. La conversión será entonces, fruto de la esperanza en la salvación y no como miedo al desastre. En esperanza fuimos salvados (Rom 8,24), no fuimos salvados en el miedo. El llamado definitivo que Dios nos hace es a mirar hacia la redención. No existe nada de Dios que no proceda del amor. Incluso, en la tragedia humana, el amor esperanzador posibilita la continuidad. El mundo puede acabar, pero la vida permanece y se vuelve eterna en Cristo.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Dios no tiene principio ni fin. Es la garantía de que en él todo comienza y en él todo termina. Te escuchamos Señor, en medio de nuestro pecado, de nuestro desorden, de nuestra maldad. Queremos permanecer en ti. Que nada nos separe de tu amor, que ninguna adversidad o amenaza nos difumine la esperanza de tu salvación. Necesitamos ser mensajeros de buenas nuevas. Que ni lo negativo ni un exceso de positividad nos hagan perder la auténtica esperanza.El cristiano ha sido salvado en la esperanza, para ser esperanza en el mundo. Su capacidad de ver la realidad con los ojos de Cristo, genera infinidad de posibilidades que, hacen de la vida un espacio para la salvación de Dios. No puede haber palabra de condena en un salvado, menos, palabra de resignación. Es necesaria la palabra de la esperanza que oriente la existencia propia y ajena; Orienta, trascendiendo el mundo. Y aunque el mundo de tambalee, el que tiene esperanza pisa tierra firme.Recomendaciones prácticas:-Jornada Mundial de los Pobres.-Jubileo de los Pobres.-22 – 23 de noviembre. Jubileo de los Coros y CoralesI.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa ¡Es domingo, es día de fiesta! Estamos reunidos en comunidad de fe para celebrar el sacramento de la fe, que fortalece la caridad y nos abre a la esperanza. Celebremos, reconociendo que aquí está presente Cristo, en la comunión de los hermanos y en la comunión Eucarística. Que las realidades que nos conmueven a diario, se vuelvan la única súplica y alabanza a Cristo, que está a la puerta y llama, para cenar con nosotros.Monición a la Liturgia de la Palabra En este día la escucha de la palabra de Dios requiere mayor atención. Dios trae buenas noticias de salvación y espera nuestra respuesta de renovación, pues lo que escucharemos, en medio de palabras de juicio y destrucción, la última palabra es la que debe anidarse en el corazón: “Si perseveran se salvarán”. Escuchemos y meditemos.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Queridos hermanos, confiemos nuestras peticiones a Dios, nuestro refugio y digamos con esperanza:R. Oh Señor, escucha y ten piedad1.Padre Santo, te pedimos por la Iglesia, cuerpo de Cristo, para que el mensaje de la esperanza que anuncia día a día, sea aceptado en el corazón de los hombres que Dios quiere que se salven, roguemos al Señor.2.Padre Eterno, te suplicamos por los que dirigen las naciones, especialmente por nuestro gobierno nacional, para que ni el temor, ni la violencia sean medios de lograr la paz y la reconciliación, roguemos al Señor.3.Padre de bondad, te rogamos por todos los hombres que han perdido la esperanza en medio de sus tragedias, para que, a la luz de la palabra y la predicación de sus cercanos, encuentren sosiego y ayuda, roguemos al Señor.4.Padre de amor, te pedimos por todos los pobres que hoy se encuentran alejados de ti, para suscites en nuestros corazones el deseo y la prontitud para servirles, roguemos al Señor.5.Padre omnipotente, te pedimos por todos aquellos que sirven a tu Iglesia con el canto, que la celebración del Jubileo de los Coros y Corales sea una oportunidad para afianzar su ministerio, roguemos al Señor.6.Padre misericordioso, te pedimos por esta comunidad, congregada por tu amor, para que mantenga la esperanza de haber recibido la Palabra de salvación y la vivan intensamente, roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre fiel y bondadoso, escucha atentamente las oraciones de tu pueblo; que la esperanza de alcanzar lo que piden, esté confiada a recibir lo que sea de provecho salvífico. Por Jesucristo nuestro Señor.R. Amén.

Vie 7 Nov 2025

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIODEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁNNOVIEMBRE 9 DE 2025Primera lectura: Ez 47,1-2.8-9.12Salmo: 46(45),2-3.5-6.8-9 (R. 5)Segunda lectura: 1Co 3,9c-11.16-17Evangelio: Jn 2,13-22.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEl celo por la casa de Dios, la purificación del santuario santo y Cristo como el nuevo templo de Dios, cuyo cuerpo es la Iglesia son algunas ideas que resaltan en el evangelio escuchado, en la celebración de la dedicación de la basílica de Letrán, donde la cátedra de Pedro sirve como principio visible y garante de la unidad de toda la Iglesia.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Jesús muestra celo amoroso y amor celoso por la casa de Dios, tal como lo habían hecho profetas como Isaías (56,7), Jeremías (7,14) y Malaquías (3,1). Se presenta a sí mismo como el nuevo templo de Dios, es decir, el lugar donde Dios puede encontrado, escuchado, donde Dios se revela. La relación entre el Divino y el humano se da ahora en Jesús, Verbo de Dios humanado, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre.El Cordero de Dios, el nuevo templo de Dios, echa fuera las ovejas, víctimas del sacrificio en el antiguo culto. Él es el sacrificio por excelencia, único capaz de garantizar vida redimida y redención viva, de manera que los animales ya son inútiles. “Destruid este templo y en tres días lo levantare”; “él hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2,19.21). El templo era el santuario de la presencia divina, pero es Cristo ahora la presencia de Dios, la morada de Dios con los hombres.El templo era el lugar en el cual se encontraban Dios y el hombre; pero es Cristo el verdadero templo, en el cual Dios y el hombre están en comunión. El templo era considerado la puerta del cielo, pero es Cristo la verdadera puerta del cielo.El templo era pensado como manantial de vida bendita y bendición viva. Es la enseñanza de Ezequiel, quien ve salir debajo del umbral del templo agua en dirección a oriente, la cual impregnaba de vida fecunda y fecundidad viva todo lo que tocaba, renovando la creación (Ez 47,1-2. 8-9: primera lectura). Ahora es Cristo la fuente de vida abundante y abundancia bendita para el pueblo de Dios.El templo era concebido como el centro y el fundamento del mundo; ahora es Cristo, templo nuevo, el fundamento y centro de la humanidad nueva, del mundo nuevo. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Cristo es el nuevo templo y el cuerpo de Cristo es la Iglesia, de manera que ella es el lugar de la presencia de Dios en el mundo: “¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros” (1Cor 3,16-17: segunda lectura). Como escribió san Agustín: “el templo de Dios, es decir, de la Trinidad, es la santa Iglesia” (Enchirid., 56,15).El celo purificador, restaurador y perfeccionador de Cristo hacia el templo ha de inspirarnos celo por la Iglesia, “casa de Dios, columna y fundamento de la verdad” (1Tim 3,15), a quien Cristo amó y por la cual se entregó, “para presentársela resplandeciente, sin mancha ni arruga, ni cosa parecida, sino santa e inmaculada” (Ef 5,27). También nosotros estamos llamados a amar a la Iglesia y a entregarnos por ella con el amor que dona y la donación que ama, para que sea como la quiere el Señor.El divino Maestro instituye su única Iglesia sobre la roca de Pedro, garantizándole que “las puertas de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Para que su Iglesia subsista por siempre encomienda a Pedro y sus sucesores la misión de confirmar en la fe a sus hermanos (Lc 22,31-32) y el pastoreo de su grey: “apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17).De ahí la importancia de la dedicación de la basílica de Letrán, la catedral del Papa, sucesor de Pedro, quien “preside la asamblea universal de la caridad, protege las diferencias legítimas y simultáneamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de dañarla (LG 13). El obispo de Roma, principio y fundamento de la unidad de la Iglesia (LG 23) es el garante de la sinodalidad” y de la “unidad en la diversidad”, “tiene un papel único en la salvaguardia del depósito de la fe y de las costumbres”. Todo proceso sinodal articula “la implicación de todos” (el pueblo de Dios), el ministerio de algunos (Colegio episcopal) y la presidencia de uno (el Sucesor de Pedro)” (Sínodo de la sinodalidad 131-132. 136).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?El Señor nos conceda celo ardiente por su Iglesia, para edificarla en comunión, participación y misión, bajo el pastoreo del Papa, Sucesor de Pedro, cuya cátedra celebramos en la dedicación de la basílica de Letrán.Que en comunión con el Papa avancemos en sinodalidad misionera y misionariedad esperanzadora de manera que la Iglesia sea un signo de esperanza para el mundo de hoy.II.Moniciones y Oración Universal o de los FielesMonición introductoria de la Misa Como asamblea litúrgica nos unimos a toda la Iglesia para celebrar la dedicación de la basílica de Letrán, un gesto de comunión con el sucesor de Pedro y con toda la Iglesia. Participemos festiva y activamente.Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra inspirada nos induce a contemplar a Cristo como el nuevo templo de Dios, lugar del encuentro del humano con el Divino y manantial de gracias incesantes.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos a Dios nuestras súplicas respondiendo: Jesús, esposo de la Iglesia, escúchanos.1.Padre Santo, escucha nuestra oración por el Papa, Sucesor de Pedro; sostenlo en su servicio a la unidad de la Iglesia.2.Padre eterno, concede prudencia a nuestros gobernantes, para que dirijan el camino de los pueblos por sendas de paz y justicia3.Padre compasivo, mira con misericordia a los que sufren, para que encuentren en la Iglesia una tienda de campaña que les brinda la medicina de Dios4.Padre santo, bendice a tu pueblo santo, para que, en comunión con toda la Iglesia, pastoreada por el Sucesor de Pedro, sea un signo de esperanza para el mundo de hoyOración conclusivaEscucha, Padre, la oración de tu pueblo, que confía en tu bondad y espera en tus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor.R. Amén.

Vie 31 Oct 2025

Yo soy el camino, Y La verdad y la vida

TRIGÉSIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOCONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOSNOVIEMBRE 2 DE 2025Primera lectura: Lam 3, 17-26Salmo: Sal 129, 1b-2. 3-4. 5-6. 7. 8 (R.: 1b; cf. 5)Segunda lectura: Rom 6, 3-9Evangelio: Jn 14, 1-6I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEl Dios de la Palabra nos invita hoy a contemplar el misterio de la muerte a la luz de la experiencia de la fe en el Resucitado para fortalecernos en la esperanza de compartir con Él y con nuestros hermanos la vida eterna. Las tres lecturas y el salmo ofrecen a los creyentes la posibilidad de recorrer un itinerario que integra la zozobra que todos los seres humanos experimentamos ante la muerte, la oración confiada en Dios, la valoración de los bienes que nos llegan por el bautismo como posibilidad de ser injertados en la vida de Cristo y la certeza de que con Él tenemos acceso a la vida plena junto al Padre.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La primera lectura y el evangelio están redactadas en situaciones de muerte experimentadas por los lectores y, en el caso del evangelio, también por los discípulos de Jesús. La terrible tragedia de la invasión babilónica, la toma de Jerusalén, la destrucción del Templo y la deportación de los líderes del pueblo significó para los creyentes del Antiguo Testamento un paso por la muerte, el oscurecimiento de la esperanza y el dominio del desconsuelo. El poeta que compuso las líneas que hoy leemos las escribió conmovido por la tragedia que sacudió a la nación y que acarreó también el derrumbamiento de todas las convicciones que los había mantenido unidos. Parece ser un individuo que ha soportado los rigores de la guerra y que brinda una estupenda reflexión sobre el sentido del sufrimiento asumido a la luz de la fe.No hay en las palabras del libro de las Lamentaciones ninguna referencia a las acciones del creyente, ni a su pecado ni a su arrepentimiento; solo a su dolor profundo. Lo peor de la situación son las consecuencias de la situación que experimenta el orante: se agotaron su fuerza y su esperanza. En ese momento del mayor fracaso humano, florece el reconocimiento de que la misericordia del Señor es más fuerte que el sufrimiento. La fidelidad y la bondad del Señor iluminan la experiencia dramática de la destrucción y la muerte a gran escala. Por eso exhorta a confiar y esperar en silencio la salvación que llega como don de Dios.También los discípulos de Jesús, en el relato de Juan, experimentaban el desconcierto y la angustia ante las palabras que estaba pronunciando el Maestro. Este fragmento hace parte del Discurso de la despedida en el que Jesús les anuncia la inminencia de su muerte. En el contexto de la Última cena, los anuncios de la traición de Judas y de la negación de Pedro han ido minando la seguridad que ellos sentían al estar con Jesús. Si en el propio grupo de los seguidores más cercanos anidaban la negación y la traición, ¿qué futuro cabría al grupo? ¿Acaso todos ellos eran como Pedro y Judas? Es comprensible que tambaleara su esperanza.La exhortación que les dirige Jesús no desconoce la angustia que experimentan los discípulos, pero los invita a superarla aferrados a la confianza en Él. El pensamiento de Jesús está en la casa del Padre, maravillosa imagen para representar la universalidad del amor familiar de Dios. La muerte de Jesús no implicará una separación de los discípulos ni mucho menos el abandono de su misión. Con su partida se activará de una forma más evidente la posibilidad que de salvación que Dios abre a toda la humanidad.Una de las grandes revelaciones que hace Jesús en el cuarto evangelio es la última frase del diálogo con Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí». En las acciones y en las palabras de Jesús encontramos los creyentes la forma de acceder al Padre. Él es la Palabra definitiva pronunciada por Dios para ofrecernos la redención. La adhesión al proyecto de vida de Jesús, y no nuestros supuestos méritos o bondad, nos brinda la certeza de la salvación.Es imposible alcanzar la salvación con nuestros solos esfuerzos humanos. La reflexión que nos ofrece la segunda lectura sobre nuestra condición de bautizados enfatiza en la acción de la gracia en la vida del creyente. El bautismo genera una adhesión tan real del con la persona de Cristo que lo conduce a participar sacramentalmente del Misterio pascual del Señor. En el bautismo el cristiano fue sepultado con Cristo y su proyecto (cuerpo) de pecado fue destruido, de modo que quedó libre del dominio del pecado y puede vivir ahora para Dios, con la libertad de los hijos. Quien ha muerto al pecado es ahora libre para vivir los valores más elevados de la justicia y la fraternidad. De esa manera, la esperanza cristiana es fruto de la gracia transformadora que hemos recibido en el bautismo.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Conmemorar a nuestros fieles difuntos en este Jubileo de la esperanza es una ocasión propicia para renovar los motivos de esperanza cristiana. La muerte generada por la acción del pecado constituye una barrera infranqueable para vivir la vida nueva que nos ofrece Jesús. Nuestras solas acciones, buenas obras y actos de piedad tienen un alcance limitado. Siendo necesarias, no conducen por sí mismas a la salvación: la expresan y fortalecen su d en el creyente. Sólo el dinamismo de la gracia que se comunica en el bautismo derrota definitivamente las consecuencias mortales del pecado.Por eso los autores de las lecturas de hoy pueden repetir con el salmista: “el Señor no lleva cuentas de nuestros delitos”, “de Él procede el perdón” y la vida nueva. Claro que en nuestra vida no reinan ya los efectos corrosivos del pecado. En nosotros los bautizados domina ahora la gracia y la justicia; de ahí que nos resulte espontáneo rechazar el mal y vivir el bien, al estilo de Jesús. Pero esta irradiación de vida nueva solo es posible si reconocemos, como el autor de las Lamentaciones, que “El Señor es bondadoso con quienes lo buscan” y que vale la pena “esperar en silencio la salvación que viene de Él”.Destinados a vivir la vida del resucitado, la existencia de los cristianos se convierte en testimonio elocuente de la confianza mayor que nos habita. No seguimos una doctrina filosófica ni un sistema legal o una ética meramente humana. Hemos experimentado en nuestras vidas la fuerza de la resurrección de Jesús, del perdón de Dios y de su gracia bienhechora. Así, en nuestra naturaleza humana frágil y sujeta al dolor y a la muerte material, se manifiesta la inagotable misericordia del Dios que transforma la muerte en vida plena. De ese modo, la vida cristiana está firmemente anclada en el misterio de muerte y resurrección de Jesús. Mientras caminamos en el claroscuro de la historia, sabemos bien hacia dónde vamos: Cristo es nuestra meta.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, tú conoces bien nuestro corazón lleno de dudas y temores, principalmente ante la amenaza de la muerte, pues también tú experimentaste la angustia en Getsemaní. Siembra en nuestros corazones la misma confianza que tuviste en el Padre. No permitas que el dolor sepulte nuestra esperanza. Haz, más bien, que tu palabra mueva nuestras vidas hacia la certeza de que nunca nos abandonas y de que cuando más te necesitamos estás a nuestro lado, aunque nuestros ojos ensombrecidos no nos permitan percibir tu acción.Padre Dios, danos la conciencia plena de saber que el bautismo nos ha hecho creaturas totalmente tuyas para que podamos vivir el dinamismo de la vida nueva irradiando fraternidad, haciéndonos testigos de tu misericordia salvadora. Que tu Espíritu llene totalmente nuestra vida; de ese modo nuestra antigua condición marcada por el egoísmo y el odio quedará superada por la gracia que nos hace hombres nuevos. Haznos centinelas de la vida plena y definitiva a la que toda la humanidad está invitada en virtud de los efectos de la resurrección de Jesucristo tu Hijo.I.MONICIONES Y ORACIÓN DE LOS FIELESMonición introductoria:Hoy es un día para traer en el corazón a todos nuestros seres queridos, familiares, amigos y conocidos que han experimentado ya la muerte, y cuya ausencia se hace sentir en nuestras vidas. Antecedida esta Conmemoración de los fieles difuntos por la Solemnidad de todos los santos que tuvimos ayer, se convierte en ocasión para celebrar a Aquel que nos asocia a la muerte y resurrección de su Hijo Jesús. Dispongámonos para que en esta eucaristía el Espíritu del Señor renueve nuestra esperanza en su gracia salvadora y nuestro compromiso de hacer real la vida nueva que nos viene de Él.Monición a la Palabra de Dios:Las lecturas que vamos a escuchar a continuación nos ayudan a remontar la experiencia de dolor y desconsuelo que genera la muerte, hacia la confianza plena en Aquel que resucitó a su Hijo de la muerte y nos hace partícipes de su vida sin fin en la intimidad de su casa. En cuanto bautizados estamos invitados a continuar viviendo como creaturas ya redimidas por el Señor y a irradiar en nuestra vida la invitación que Dios dirige a toda la humanidad para seguir a Cristo, camino, verdad y vida. Acojamos la Palabra del Señor.Oración Universal o de los FielesPresidente: Habiendo experimentado en nuestra vida la fuerza de la resurrección de Jesús y siendo testigos de la esperanza de gozar para siempre con Él, dirijamos llenos de confianza nuestra oración al Padre. Digamos con esperanza:R. Dios de la vida, escúchanos.1.Por la Iglesia, y en particular por sus ministros, para que sean testigos creíbles del evangelio que anuncian, sean pastores cercanos a la grey y su mensaje traiga a la humanidad una esperanza cada vez más firme en la victoria sobre la muerte, oremos...2.Por los gobernantes de las naciones, que busquen con sinceridad y sin cesar soluciones a los problemas de salud y de alimentación de modo que los pueblos tengan posibilidades de vida más digna, oremos…3.Por las naciones en guerra y todos aquellos pueblos en los que se multiplica la muerte y el terror, que las sociedades avancen en la comprensión, la equidad y la fraternidad, y sea posible el entendimiento entre todas las naciones de la tierra, oremos…4.Por todos nuestros queridos hermanos difuntos, para que vivan siempre en el eterno descanso y en la gozosa fiesta de tu Casa paterna, y el recuerdo de su vida acreciente en nosotros la fe en tu Hijo, oremos...5.Por toda nuestra comunidad, para que en esta conmemoración de nuestros hermanos difuntos se acreciente nuestra esperanza en Ti y conciencia bautismal y misionera, oremos...Oración conclusivaPadre, tú que escuchas nuestra oración, ayúdanos a ser testigos de Jesús tu Hijo para que con su ayuda venzamos el pecado y la muerte, y seamos así testigos de tu presencia entre nosotros. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.R. Amén.

Vie 24 Oct 2025

Porque todo el que se enaltece sera humillado y el que se humilla sera enaltecido

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 26 DE 2025Primera lectura: Sir 35,12-14.16-18Salmo: 34(33),2-3.17-18.19 y 23 (R. 7a)Segunda lectura: 2Tm 4,6-8.16-18Evangelio: Lc 18,9-14.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa palabra escuchada propone la humildad orante y la oración humilde como actitud distintiva de la vida cristiana. Además, presenta la llamada a la esperanza kerigmática y el kerigma esperanzador, tan necesarios en nuestros tiempos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El evangelio presenta a dos hombres en el templo de Dios, dedicados a la plegaria, parte integrante de la religión, pues es una manera privilegiada de ligarse y religarse al Señor, viviendo con él la intimidad comunional y la comunión íntima.Los dos hombres oran en el mismo lugar y se dirigen al mismo Dios, pero no de la misma manera. El fariseo saca a relucir su aristocracia moral y espiritual, su orgullo de casta, su superioridad sobre los otros. El nombre “fariseo” significa “separado”, porque se apartaban de los demás para observar la pureza cultual y garantizarse la santificación en la vida cotidiana. La intención era buena y el mismo apóstol Pablo era fariseo. Pero al fariseo del evangelio se le condena su prepotencia arrogante, arrogancia orgullosa, orgullo pretensioso, pretensión despreciadora en su relación con los otros.El riesgo de toda aristocracia espiritual es exaltar la supuesta virtud humana, por encima de la fe que confía en la misericordia divina y perder la empatía solidaria y la solidaridad empática con los demás, por mirarlos de arriba abajo desde un vano pedestal, rompiendo el vínculo universal con la condición humana.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El discípulo de Cristo está llamado a superar la lógica competitiva que necesita compararse con los defectos de los demás, para sentirse superior. La oración ha de oler a humildad simple, simplicidad sencilla, sencillez modesta, modestia mansa, mansedumbre amorosa.La humildad no es desestimarse, ni esconder los talentos recibidos, ni sustraerse a la participación, ni rehuir la misión. Consiste en renunciar a juzgar a los demás, encarcelándolos en su pasado o en su pecado; al contrario, el cristiano está llamado a la esperanza que mira y admira la novedad que Dios está llevando a cabo en la vida propia y de los demás.El fariseo cumple la ley justa, pero vuelve a casa sin ser justificado. Su falta, que contamina sus mejores intenciones, consiste en despreciar y juzgar al resto de los hombres, usurpando una función divina, concediendo justicia a sí mismo y negándola a los demás.El publicano no se compara con los demás, conoce y reconoce su pecado, pero espera en la misericordia amorosa y el amor misericordioso de Dios.El fariseo es un hombre de tantas palabras y pocas actitudes, mientras el publicano lo es de tantas actitudes y pocas palabras. El fariseo, lleno de sí, desprecia al otro; el publicano se reconoce vacío dentro de sí y siente necesidad del Otro. El fariseo no pide misericordia, porque considera que merece la justificación; el publicano clama misericordia, porque se sabe lejos de la santificación. El fariseo alza su voz, tan alto como su vanidad; el publicano no se atreve a alzar los ojos, actitud que expresa su gran humildad. El fariseo no ve sus propios pecados, porque está muy ocupado observando los de los demás; el publicano no mira los pecados ajenos, porque está muy ocupado reconociendo los propios.El fariseo enumera sus buenas obras, para que ninguno dude de su bondad; el publicano golpea su pecho, para que nadie dude de su responsabilidad. El fariseo vuelve a casa no justificado, porque Dios rechaza la actitud del prepotente; el publicano torna a casa justificado, porque Dios se complace en la actitud del penitente.La actitud de orgullo despreciador y desprecio orgulloso del fariseo es un serio obstáculo para el progreso espiritual, para la comunión, la participación y la misión. No sólo la vida de comunidad, sino la dimensión sinodal de la Iglesia se ven amenazadas por esta actitud que desprecia al otro irrespetándolo e irrespeta al otro despreciándolo.A la mirada del fariseo le falta lo que sobra a la mirada del publicano: esperanza. El fariseo mira a los demás con desesperanza, convencido de que no hay un futuro diverso para ellos, los considera irremediablemente perdidos. El publicano se mira a sí mismo con esperanza, no la espera que se apoya en los propios méritos o capacidades, sino en el amor poderoso y el poder amoroso de Dios.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?El Señor, manso y humilde de corazón, sostenga la esperanza en la misericordia divina, ayude a todos a hacer experiencia de ser amados porque perdonados y perdonados porque amados, para que se conviertan en multiplicadores de la esperanza misericordiosa y la misericordia esperanzadora.El Dios misericordioso conceda la mirada clara de la esperanza que ve en el otro lo que Dios ve, mucho más que su pecado, de manera que acogiendo a los demás, las comunidades crezcan en comunión, participación y misión y así caminemos en sinodalidad hacia los senderos que indica la esperanza.Abracemos a los demás con el corazón, sin juicios ni prejuicios, para caminar con ellos humildemente los senderos de la oración y la perfección cristianas, pues sólo así seremos reflejo de Cristo humilde y signos de esperanza para nuestro mundo.La Virgen Madre, humilde sierva del Señor, nos ayude a cultivar la humildad que edifica y a mantenernos lejos de la soberbia que destruye, a vivir la verdad humilde y la humildad verdadera, pues como escribió san Agustín: “simulatio humilitatis maior superbia est”, que significa “la simulación de la humildad es la más grande soberbia”. Recomendaciones prácticas:-31 de octubre – 02 de noviembre. Jubileo del Mundo EducativoII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunimos como Iglesia de Dios para celebrar al Señor resucitado, entrando en su templo con las actitudes del publicano, las cuales favorecen nuestra relación con Dios y con los hermanos. Participemos activamente con alegría.Monición a la Liturgia de la Palabra La divina Palabra propone la humildad como actitud del orante, que concede eficacia a la plegaria y alcanza raudales de gracia para quienes invocan al Señor.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Con corazón humilde, dirijamos nuestras oraciones a Dios, diciendo: Dios misericordioso, escúchanos.1.Atiende Señor la oración de tu pueblo por todos sus pastores, el Papa, obispos, presbíteros y diáconos, para que sirvan con la humildad del publicano.2.Escucha, oh, Dios, la súplica de tu pueblo por todos sus gobernantes, para que con humildad busquen el bien común, y sirvan a los más pobres y excluidos.3.Con la humildad del publicano, oramos Señor los necesitados, enfermos, ancianos solos, víctimas del conflicto y todos los que peregrinan en el dolor, para que nuestra caridad los sostenga y acompañe4.Mira, Señor, al pueblo reunido en esta asamblea eucarística, que con humildad se reconoce pecador e implora tu infinita misericordia.5.Señor, mira con bondad a los educadores y por la participación en el Jubileo del Mundo Educativo, concédeles la sabiduría para enseñar tu mensaje de amor.Oración conclusivaEscucha, Padre, la oración que tu pueblo eleva humildemente hacia ti, con la confianza y la esperanza de ser escuchado. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 17 Oct 2025

Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche

VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOJORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONESOCTUBRE 19 DE 2025Primera lectura: Éx 17,8-13Salmo: 121(120),1-2.3-4.5-6.7-8 (R. cf. 2)Segunda lectura: 2Tm 3,14 - 4,2 Evangelio: Lc 18,1-8.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEste domingo XXIX del tiempo ordinario se nos presenta en el Evangelio la figura de una viuda y un juez que dice no creer y no es justo, que vive en el espíritu de la impiedad. Nos encontramos en el capítulo 18 del evangelista Lucas y vemos allí la instrucción de Jesús a sus discípulos en el camino de Galilea a Jerusalén sobre la necesidad de la ORACIÓN, con una característica fundamental: la perseverancia, el no cansarse en el camino.Esta parábola que es propia de Lucas refleja la persecución y dificultades que vivían los cristianos y las incoherencias en el sistema judicial, podemos aventurarnos en la comprensión del texto y encontrar que muy posiblemente en aquella época los jueces no gozaban de buena reputación por sus comportamientos inicuos y estos no sólo no defenderán la causa de los más vulnerables, sino que la tacharán de subversión, rebelión, terrorismo y peligro para la nación y para la estabilidad social.Aparece una viuda, prototipo del abandono y de las masas de empobrecidos de la época que, debido a todas las injusticias vividas, tienen poca esperanza en la justicia que puede impartir el sistema judicial. La viuda clama justicia insistentemente frente a un juez que guarda silencio y se demora en su sentencia, pero al final actúa y quizás por conveniencia.El evangelista deja notar en las palabras de Jesús que, para quienes se sienten vulnerables ante la falta de justicia, es el mismo Dios el primero en interesarse por su causa de opresión y para esto invita a ser perseverantes en la oración.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». Y el Señor añadió: «Fíjense en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El texto me invita a tener una oración perseverante en todo momento de la vida; pues Dios, en su tiempo (Kairos), nos da lo que realmente necesitamos. Pese a las muchas injusticias que existen desde siempre en la historia de la humanidad, la actitud de todo discípulo misionero es apoyar su confianza plenamente en Dios, y esperar de Él la justicia y paz duraderas.El peligro que amenaza la oración es el cansancio y la monotonía, como Iglesia que caminamos juntos debemos mantener firme la cuerda de la oración que nos une a Él, así seremos auténticos testigos del evangelio ante el mundo.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Para la oración, invito a recitar el salmo que la liturgia de este domingo nos regala:Levanto mis ojos a los montes:¿de dónde me vendrá el auxilio?El auxilio me viene del Señor,que hizo el cielo y la tierra.No permitirá que resbale tu pie,tu guardián no duerme;no duerme ni reposael guardián de Israel.El Señor te guarda a su sombra,está a tu derecha;de día el sol no te hará daño,ni la luna de noche.El Señor te guarda de todo mal,él guarda tu alma;el Señor guarda tus entradas y salidas,ahora y por siempre. Para la contemplación, repitamos una frase del Evangelio que nos ayuda a Interiorizar el mensaje:«Dios hará justicia a sus elegidos que claman ante Él»II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Como Misioneros de la Esperanza entre los pueblos, nos acercamos hoy al altar de Dios para ofrecerle nuestra vida al servicio de LA MISIÓN.Al celebrar el Domingo Mundial de las Misiones DOMUND, venimos a nutrirnos del banquete pascual que nos da la fuerza para ir jubilosos a todos los lugares de la tierra a llevar el Evangelio de la Esperanza, que tanto necesita el mundo de hoy.Acompañados de la Santísima Virgen María, Reina de las Misiones, seguimos asumiendo con empeño el mandato misionero para que la buena noticia llegue hasta los confines de la tierra.Participemos con fervor.Monición a la Liturgia de la Palabra Los discípulos misioneros escuchamos con atención la Palabra de Dios, que es la voz de Dios iluminando nuestro camino y conduciendo nuestros pasos. Hoy, particularmente, el Señor nos invita en su Palabra a dar el paso decisivo a LA MISIÓN, que nos compromete con la justicia, nos alienta a ser constructores de paz y, por supuesto, nos hace testigos de la esperanza.Que esta Palabra proclamada sea bálsamo y alimento que nos de la fuerza para asumir con decisión, determinación y valentía LA MISIÓN de Dios y su invitación a ser misioneros de la esperanza entre los pueblos.Escuchemos con atención.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad y pidamos que asista a todos los bautizados en la tarea de ser Misioneros de la Esperanza entre los pueblos y digámosle:R. Te rogamos, óyenos.1.Por la Iglesia extendida por toda la tierra, para que lleve sin cesar el mensaje del Evangelio a todos los pueblos y trabaje incansablemente por conseguir la unidad de la fe y la caridad, Oremos. 2.Por el papa Francisco y todos los Obispos, para que iluminados por el Espíritu Santo y dóciles a sus inspiraciones, guíen al pueblo cristiano según el querer de Cristo. Oremos3.Por los misioneros del mundo entero, para que anuncien la Palabra de Dios con valentía, con creatividad, con la fuerza del Espíritu Santo, con alegría y con mucha paz. Oremos4.Por quienes han sido enviados a proclamar el Evangelio, para que con su palabra y ejemplo animen a sus hermanos en la fe y los congreguen para participar de la Eucaristía. Oremos5.Por quienes participamos en esta Eucaristía del DOMUND, para que comprometidos con la oración, el sacrificio y la ofrenda, ayudemos a que el Evangelio sea extendido hasta los confines de la tierra. Oremos. Oración conclusivaPadre de Bondad, acoge nuestras oraciones en favor de tu Iglesia,para que, comprometidos en el anuncio del Evangelio a todas las gentes, caminemos juntos por las sendas de la comunión, la participación y la misión. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.  

Vie 10 Oct 2025

Levántate, Vete; Tu Fe Te Ha Salvado

VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 12 DE 2025Primera lectura: 2R 5,14-17Salmo: 98(97),1.2-3ab.3cd-4Segunda lectura: 2Tm 2,8-13Evangelio: Lc 17,11-19.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn la primera lectura de 2 Reyes 5, 14-17, encontramos a Naamán, un hombre lleno de lepra, quien encuentra la sanación no solo al seguir el mandato de Dios, sino también a través de su fe y humildad. Él es un extranjero, pero la misericordia de Dios se extiende hacia él, mostrándonos que la gracia de Dios está destinada a todos los que se acercan a Él con fe.En el Evangelio, escuchamos la historia de los diez leprosos sanados por Jesús en Lucas 17, 11-19. Solo uno regresa para dar gracias, y Jesús alaba su fe. Este acto de gratitud, especialmente de un samaritano, nos recuerda la importancia de reconocer la gracia de Dios en nuestras vidas, de hacer memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos como nos dice San Pablo en su Carta a Timoteo.Al reflexionar sobre estos pasajes, consideremos el poder de la fe, la obediencia y el agradecimiento en nuestras propias vidas. Acerquémonos a la Palabra de Dios con corazones abiertos, deseosos de escuchar la voz de Dios y ser sanados, tal como lo fueron Naamán y los diez leprosos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El viaje de Jesús a Jerusalén traza el itinerario espiritual de discípulo. Ahora comienza la tercera y última etapa, que lleva a Jericó, que había sido, en el Antiguo Testamento, la puerta hacia la tierra prometida (Josué 6). Pero ¿quién tiene manos inocentes y puro corazón para subir al monte del Señor? (Salmo 24, 3). Jesús hace posible que nosotros, quizás leprosos, subamos al monte del Señor. Jesús es el samaritano que viene a nuestro encuentro, a quienes estamos excluidos de la gloria, para hacerse cargo de nuestra lepra.“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Esta invocación es el punto al cual Lucas quiere llevar al lector: es la oración que, como discípulos, nos asocia a Jesús, en su mismo viaje, al interior del cual quedamos curados de la lepra.La salvación que ninguno puede alcanzar por si solo (“Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”, Hch 16, 31) ya fue dada a todos los diez hombres leprosos que vinieron al encuentro de Jesús. En efecto, se encuentran en el mismo camino de aquel que vino a buscarlos a todos. Pero por ahora uno solo tiene la fe y encuentra al Salvador. Aún nueve sobre diez no saben que su vida ha sido condenada por la muerte, viven y mueren todavía como leprosos.“Mientras iban, quedaron limpios”. Quedamos limpios por la obediencia a su Palabra. La condición no es ser justos y estar limpios para seguir a Jesús: la salvación es consecuencia del seguimiento. Por eso nosotros pecadores y leprosos podemos recorrer el camino de Jesús.“Uno de ellos viendo que estaba curado se volvió alabando a Dios”. El único que vuelve a dar gracias es enviado para dar a todos la buena noticia: Jesús, por su cruz y resurrección, limpia la lepra del pecado de las personas. Este anuncio del leproso curado nos lleva a descubrir y aceptar el don de la salvación en Jesús. Esta salvación realmente se convierte en don cuando encuentra manos que lo acogen y corazón para alegrarse de ella.“tu fe te ha salvado”. Estas palabras son las mismas que Jesús dirige, también en Lucas, a la pecadora (7, 50), a la hemorroisa (8, 48) y al ciego (18, 42). En la dinámica del Reino los últimos serán primeros. Lo que ellos hacen en su encuentro con Él describe las características de la fe que salva. La salvación, aunque ya se ha dado a todos, es efectiva solamente si es acogida con fe. Esta consiste en darse cuenta del don y volverse al donante.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por miedo al contagio los leprosos eran excluidos de la vida social y del culto. Cuando se curaban, solo los sacerdotes podían verificar la curación y certificarla oficialmente (Lv 13-14). Los evangelios guardan la memoria de algunas curaciones de este tipo realizadas por Jesús.El hecho de que sea un samaritano quien recibe la curación indica que la misión de Jesús y los apóstoles traspasan las fronteras. Todos los pueblos son invitados a acercarse al Señor para pedir y obtener su purificación-salvación. No necesitan bañarse en un río extranjero como Naamán en Siria, pueden usar las aguas que están en su tierra como fuente bautismal. Siguiendo los pasos del leproso samaritano curado por Jesús, muchos otros regresarán para dar gracias.Los textos de Lucas 17, 11-19 y 2 Reyes 5, 14-17, nos revelan, entonces, que la salvación es un don gratuito de Dios, pero que requiere de un encuentro personal y una respuesta decidida hacia Él. Tanto Naamán como el leproso samaritano representan a quienes, en su humildad, reconocen que la verdadera sanación, física y espiritual, proviene de Dios. Sin embargo, el Evangelio da un paso más: la salvación plena se encuentra en Cristo Jesús. Solo el samaritano vuelve para postrarse a sus pies, reconociendo en Él no solo al sanador, sino al Salvador. Esta vuelta a Jesús es el camino esencial para recibir la vida nueva que Dios nos ofrece.Solo cuando nuestras acciones y decisiones personales y comunitarias están ancladas en Jesús podemos experimentar una transformación auténtica. Así como el leproso samaritano encuentra en Cristo la salvación al rendirse a Él con gratitud, nuestra sociedad está llamada a reconocer en Jesús el único camino para sanar nuestras heridas, reconciliar nuestras diferencias y construir un futuro lleno de esperanza. La salvación no es solo sanación momentánea; es vida eterna y verdadera comunión con Dios, a la que solo llegamos al seguir fielmente al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Palabra de Dios suscita nuestra oración y por eso, en este momento de Oratio, pedimos al Señor aquello que queremos alcanzar a partir de la reflexión que hemos hecho.“Señor Jesús, tú que recorres nuestros caminos, como lo hiciste de Galilea a Jerusalén, nos encuentras en nuestras heridas, enfermedades y desesperanzas. Nos miras con amor y nos invitas a confiar en tu palabra, como lo hiciste con los diez leprosos que clamaron por misericordia.Hoy venimos a ti, Señor, con el corazón humilde, reconociendo que tú eres nuestra única esperanza de salvación. Sana nuestras vidas, purifica nuestros corazones y haznos testigos de tu amor. Danos la gracia de no solo recibir tus dones, sino de regresar siempre a ti con gratitud, proclamando que solo en ti está la verdadera vida. Haznos conscientes de que la salvación no es solo un acto de sanación física, sino la plenitud de la vida en comunión contigo. Haz que nuestra vida sea un continuo regreso a tu presencia, buscando siempre tu rostro y proclamando al mundo que Tú eres el Señor, el Salvador, y el único camino hacia la vida eterna”. II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos encontramos reunidos como comunidad de fe para celebrar el gran misterio del amor de Dios, quien siempre está dispuesto a acogernos, sanarnos y guiarnos por el camino de la vida eterna. Este momento de encuentro es una invitación a abrir el corazón al Señor, reconociendo que, aunque enfrentemos pruebas y dificultades, Él nunca deja de actuar en nuestra historia con misericordia y fidelidad como lo hizo con Naamán y los diez leprosos.Hoy venimos a alabar a Dios, a renovar nuestra confianza en Él y a dejarnos transformar por su gracia. Que esta celebración sea para cada uno un tiempo de encuentro con Cristo, quien nos llama a vivir con gratitud, fe y esperanza, confiando en que Él es nuestra salvación y nuestro guía en el camino de la vida. Participemos con alegría, abriendo nuestra vida al amor del Señor que nos renueva y fortalece.Monición a la Liturgia de la Palabra Dispongamos nuestro corazón para escuchar con atención la Palabra de Dios que hoy nos habla de fe, obediencia y gratitud. En el pasaje del segundo libro de los Reyes, contemplamos a Naamán, quien por su fe y humildad es sanado de la lepra, reconociendo a Dios como el único Señor.En la segunda lectura escucharemos el testimonio de un anciano apóstol, San Pablo, ahora prisionero por la fe, que hace un bello himno a Cristo, muerto y resucitado, de cuyo destino participan, desde ya, todos los cristianos. Esta certeza es el fundamento de nuestra fe y esperanza.En el Evangelio de Lucas, Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta a su gracia: de los diez leprosos curados, solo uno regresa para agradecer, mostrando que la salvación plena se encuentra en seguir a Cristo con un corazón agradecido. Que esta Palabra de Dios hoy sea motivación para nuestra vida cristiana, fortaleza y consuelo en el caminar de nuestra historia.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos y hermanas: Elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que quiere la salvación de todos, incluso de aquellos que no lo invocan ni le agradecen, y supliquemos diciendo:R. Dios omnipotente, ven en nuestro auxilio1.Para que nuestro obispo N., los presbíteros y los diáconos acojan sin distinciones ni prejuicios a los más rechazados y que se acercan a ellos. Oremos al Señor.2.Para que los médicos, capellanes y enfermeros que atienden a los enfermos, que han perdido toda esperanza, reciban como recompensa la vida eterna. Oremos al Señor.3.Para que los leprosos y los enfermos incurables encuentren en cada persona que los sirve un hermano y una hermana en Cristo. Oremos al Señor.4.Para que Jesús, que sufre en los enfermos, los consuele y fortalezca con la gracia de su presencia y les dé fidelidad hasta el final. Oremos al Señor.5.Para que cada uno de nosotros, cuando esté enfermo, sepa mostrarse agradecido con quienes lo cuidan y dar gracias a Dios, que es la fuente de todos los bienes. Oremos al Señor.Oración conclusivaDios, nuestro Padre, que enviaste a tu Hijo amado para sanarnos de todo mal, danos un corazón agradecido que sepa darte gloria y alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.  

Vie 3 Oct 2025

Auméntanos la fe

VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 05 DE 2025Primera lectura: Ha 1,2-3; 2,2-4Salmo: 95(94),1-2.6-7ab.7c-9Segunda lectura: 2Tm 1,6-8.13-14Evangelio: Lc 17,5-10.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa primera lectura y el Evangelio, mirados en su conjunto, son una preciosa clave de lectura para entender el mensaje de la Palabra del domingo, y, en esta ocasión, ambos textos reflejan una dimensión esencial de la fe: la confianza en Dios a pesar de las dificultades y el aparente silencio divino.El texto de Habacuc expresa la angustia del profeta ante la violencia y el sufrimiento en su entorno. Habacuc clama a Dios por justicia, y Dios responde con una visión que requiere paciencia: "El justo vivirá por su fe". Aquí se destaca la confianza persistente en medio de la incertidumbre presente en muchos momentos de la vida.Por su parte el Evangelio de Lucas resalta que la fe, aunque pequeña como un grano de mostaza, tiene un poder inmenso cuando se vive con auténtica confianza y humildad. Jesús también llama a los discípulos a un servicio desinteresado y lleno de gratitud, reflejando la disposición de esperar y confiar plenamente en los planes de Dios.Ambos textos enseñan que la fe no es solo creer, sino mantenerse firmes, confiando en la acción de Dios en medio de los desafíos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el pasaje del Evangelio, los apóstoles le piden a Jesús: "Auméntanos la fe". Jesús responde con una enseñanza sorprendente: incluso una fe tan pequeña como un grano de mostaza tiene un poder inmenso, capaz de mover una morera y plantarla en el mar. Luego, utiliza la parábola del siervo para ilustrar la actitud de humildad en el servicio a Dios. Un siervo no busca reconocimiento por hacer lo que le corresponde; de igual manera, los discípulos deben cumplir su misión sin esperar recompensas, conscientes de que todo lo hacen por gracia divina. ¿Hay alguna relación entre las dos partes del Evangelio de hoy? ¡Claro que sí! Lo exponemos enseguida.Los apóstoles se sienten inadecuados para la tarea que se les ha confiado porque perciben que su fe es insuficiente. Sin embargo, la fe no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Es una experiencia personal de adhesión, no a una doctrina, sino a una persona: Cristo. Por eso, la fe es el punto de partida de la misión. Además, debe pedirse como se pide el pan cotidiano o el perdón. Después de la oración "Enséñanos a orar" (Lc 1,1-4), esta es la plegaria esencial del creyente, especialmente del apóstol: "Auméntanos la fe". Es decir, "haz que nos unamos cada día más a Cristo vivo y resucitado". En efecto, todo es posible para quien cree, porque nada es imposible para Dios.“La fe como un grano de mostaza”. La fe se compara con una pequeña semilla que posee una fuerza vital inmensa. Aunque nadie imaginaría que algo tan diminuto contenga tanta vida, cuando se siembra en el terreno adecuado produce frutos sorprendentes. Así es la fe: una fuerza vital que brota de la adhesión a Cristo. San Pablo lo expresó de manera conmovedora: "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Flp 4,13). En la fe, nuestra fragilidad se llena del poder de Dios. Creer implica dejar de confiar en nosotros mismos y permitir que sea Él quien actúe.Esa fe, adhesión a Cristo, nos capacita para ser “siervos”. No se trata de ser "siervos inútiles", como dicen algunas traducciones que pueden prestarse a malentendidos en nuestro contexto, sino siervos según el ejemplo de Cristo. Esto significa que no vivimos la misión para obtener beneficios personales o utilidades, sino que servimos gratuitamente, porque le pertenecemos a Cristo y nos identificamos con su servicio. La fe es el origen del servicio del apóstol; nace de una experiencia personal de adhesión a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros."Hemos hecho lo que debíamos hacer". No se trata de cumplir por mera obligación o de convertirnos en simples funcionarios de la liturgia, sino de vivir el encuentro con Cristo que transforma nuestras acciones. Este encuentro nos llena de un amor que nos hace libres y apasionados por la misión, por servir a Dios y a los hermanos. Los fieles perciben cuando nuestras celebraciones están impregnadas de esta pasión por Cristo. Es esa fe viva la que da sentido a nuestro servicio, haciendo que cada acción sea expresión de amor y entrega.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La vida personal, la vida de la Iglesia y la vida del mundo ponen a menudo a prueba la fe. ¿Cómo es posible que Dios, siendo bueno, justo y todopoderoso, tolere tantas injusticias y violencias, tantos males y sufrimientos? ¿Está sordo a los gritos desgarradores de auxilio que se elevan desde todas partes? ¿Por qué parece tan indiferente ante todo lo que sucede? Estas preguntas no son nuevas, ya que aparecen en casi todas las páginas del salterio: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza" (Salmo 21, 2-3).En la cruz, Jesucristo, "con oraciones y lágrimas", se dirige a su Padre, "quien podía salvarlo de la muerte" (Hb 5, 7). Que preguntas como estas surjan dolorosamente en el corazón de los creyentes no tiene nada de extraño ni de anormal. Al igual que el profeta Habacuc, cuyo texto leemos hoy, necesitamos atrevernos a interpelar a Dios. Él no responde directamente a las preguntas que el profeta le plantea, ni intenta justificar las razones de su aparente silencio o indiferencia. Lo que le dice es algo mucho más profundo y esencial que cualquier respuesta inmediata que pudiera dar: "No duden de mi fidelidad. El justo vivirá por su fe".Una fe así es capaz de mover o superar montañas de dificultades y pruebas porque, siempre y en todo, el cristiano tiene una confianza inquebrantable en que Dios intervendrá en el momento oportuno, en la ocasión más favorable para quienes le son fieles. Esta fidelidad es la de los servidores felices, satisfechos y agradecidos por haber sido dignos de servirle en su presencia (cf. Plegaria Eucarística II). No piden nada más. Se abandonan a Él, confiando en que reconocerá que han hecho lo que debían, recordando que Jesús, su Señor y Maestro, está "en medio de ellos como el que sirve".No recibieron "un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de moderación", para "no avergonzarse de dar testimonio" del Evangelio que han recibido como depósito. Tienen la misión de guardar y anunciar con su vida "la sana doctrina con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ellos".3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Palabra de Dios suscita nuestra oración y por eso, en este momento de Oratio, pedimos al Señor aquello que queremos alcanzar a partir de la reflexión que hemos hecho.Digámosle al Señor con confianza: “Señor, te pido un espíritu firme y valiente para no ceder al miedo, un corazón lleno de amor auténtico para servir como tú nos enseñaste, y la sabiduría necesaria para discernir lo correcto y actuar con prudencia. Ayúdame a custodiar tu Evangelio con fidelidad, siendo testigo de tu verdad y amor en el mundo. Que tu Espíritu Santo me guíe en cada paso, para que mis palabras y acciones sean reflejo de tu gracia y salvación. Amén.Recomendaciones prácticas:-8 – 9 de octubre. Jubileo de la Vida Consagrada-11 – 12 de octubre. Jubileo de la Espiritualidad MarianaII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy, al participar en esta santa Misa, abramos nuestros corazones para recibir la Palabra de Dios que guía nuestro camino. Permitamos que el Espíritu Santo nos inspire a vivir una fe auténtica y humilde, sirviendo con amor y gratitud. Que cada acto de nuestra vida refleje la confianza en que Dios está con nosotros, transformando nuestras pequeñas acciones en grandes testimonios de su amor y misericordia.Invitamos a todos a unirse activamente en esta celebración, escuchando atentamente las lecturas, participando en las oraciones y recibiendo con fe los sacramentos que nos acercan más a Cristo. Que esta Misa sea una fuente de esperanza, renovación espiritual y fortalecimiento de nuestra comunidad de fe.Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos llama en este día a tener una fe profunda y confiada en Dios, una fe capaz de superar cualquier dificultad.En el Evangelio según San Lucas, los apóstoles le piden al Señor: “Auméntanos la fe”. Jesús responde con una enseñanza poderosa: una fe pequeña como un grano de mostaza puede mover montañas. Esto nos invita a confiar plenamente en el Señor, sabiendo que su fuerza actúa en nuestra debilidad.En la primera lectura del profeta Habacuc, en sintonía con el Evangelio, escuchamos el clamor del profeta ante el sufrimiento y las injusticias. Dios responde con una promesa de fidelidad: “El justo vivirá por su fe”. Estas palabras nos animan a perseverar con confianza, incluso en los momentos más oscuros, porque Dios siempre cumple sus promesas.La segunda lectura es una exhortación dirigida por Pablo a Timoteo, que lo invita a retornar constantemente a la fuente de su compromiso al servicio del Evangelio. Este llamado no solo es para él, sino que todo cristiano puede hacerlo suyo al reflexionar sobre su Bautismo, momento en el que recibió el Espíritu de fortaleza, caridad y moderación. Así, está llamado a custodiar 'la buena doctrina' y dar testimonio fiel de ella.Dispongamos nuestro corazón para escuchar la Palabra de Dios, dejando que ella ilumine nuestra vida y renueve nuestro compromiso de caminar con fe junto a Cristo, nuestro Maestro y Señor.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos y hermanas: con el ardor de la fe que el Señor nos ha dado, una fe capaz de obrar milagros, dirijamos nuestras súplicas con humildad por la Iglesia y por el mundo, diciendo con confianza:R. Bendice, Señor, a tu pueblo1.Por la santa Iglesia de Dios, para que anuncie la fe que conduce a la salvación y revele a la humanidad los misterios del Reino, oremos al Señor.2.Por aquellos que han recibido el Espíritu Santo, el don de Dios otorgado a los Apóstoles, para que den buen testimonio de Jesús con sus vidas, oremos al Señor. 3.Por los justos que claman al Señor contra toda violencia y opresión, para que su voz sea escuchada, oremos al Señor.4.Por los hombres y las mujeres del mundo entero que no son respetados en su dignidad, para que encuentren quien defienda sus derechos, oremos al Señor.5.Por nuestros agentes pastorales para que sirvan a Dios con alegría, en su casa, en el trabajo y en todas partes, oremos al Señor.6.Por todos los consagrados que participarán en el Jubileo de la Vida Consagrada y de la Espiritualidad Mariana, para que siguiendo el ejemplo de María perseveren en su Sí al Señor.Oración conclusivaSeñor, nuestro Dios y nuestro Padre, que enviaste a tu Hijo Jesucristo como servidor en medio de la humanidad, danos su Espíritu y aumenta en nosotros la fe, para que seamos fieles en nuestro servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.