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Episcopado al día

Vie 13 Feb 2026

Nuncio Apostólico llama a custodiar la unidad y fortalecer la escucha en el presbiterio colombiano

Este viernes 13 de febrero, al celebrar la Eucaristía de la última jornada en la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, exhortó a los obispos a resistir la fragmentación, permanecer cerca del Maestro y construir la unidad del Pueblo de Dios desde la escucha sincera y el don de la vida.En el marco de la reflexión que los obispos han venido desarrollando durante esta semana, el representante del Papa León XIV centró el mensaje de su homilía en dos ejes fundamentales para la vida de la Iglesia y del presbiterio: la unidad y la escucha.La Eucaristía fue concelebrada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, y por monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla.Custodiar la unidad en medio de las tensionesInspirándose en el gesto del profeta que rasga el manto en doce pedazos y en la imagen de la túnica inconsútil de Cristo, el Nuncio Apostólico en Colombia invitó a los obispos a reflexionar sobre la fragilidad y la responsabilidad de custodiar la unidad eclesial.“Es fácil, a veces cuando hay tensiones —y siempre las hay en las comunidades, también en nuestros presbiterios—, cortar pedazos, repartir campos de acción”, afirmó. Reconoció que en la vida pastoral es necesario distribuir responsabilidades, pero advirtió que existe “un cuidado profundo por la unidad que es parte de nuestro ministerio”.En ese contexto, exhortó a “resistir la tentación de quedarnos con los pedazos buenos y desechar a los que no lo son”, subrayando que la unidad no se construye excluyendo, sino integrando.El Nuncio presentó a Cristo como modelo: en la Eucaristía, Jesús también se “parte”, pero lo hace para congregar. “Estamos celebrando la Eucaristía, que es un pan partido… pero para construir una unidad”. Y añadió: “Jesús construye la unidad aceptando ser partido entre los suyos”.Esta dinámica —explicó— se refleja en la vida ministerial, marcada por múltiples tareas y demandas, en las que el pastor, como Cristo, “parte su vida” entre la formación comunitaria y el acompañamiento personal.Escuchar para poder hablarEl segundo eje de la homilía fue la escucha, a partir del pasaje evangélico de la curación del sordomudo. El Nuncio recordó que no se puede hablar bien si antes no se ha aprendido a escuchar: “Todos nosotros hemos aprendido a hablar porque hemos escuchado la palabra de otros”.La escucha, precisó, comienza por la Palabra de Dios. El gesto de Jesús al abrir los oídos del enfermo es, dijo, “como un acto de una nueva creación”. Y añadió: “Todos nosotros podemos aprender a hablar si aprendemos a escuchar la Palabra de Dios, y podemos también aprender a hablarnos los unos a los otros si aprendemos a escucharnos”.En sintonía con el camino sinodal promovido por el Papa, señaló que esta escucha es auténtica cuando se realiza con la mirada puesta en lo alto: “Es verdadera si tenemos esa mirada hacia lo alto”, desde donde se recibe el Espíritu que hace posible una palabra “verdadera, sincera, fecunda y creadora”.Permanecer cerca del MaestroEn el contexto de la reflexión sobre la pastoral presbiteral, monseñor Rudelli invitó a los obispos a reconocerse, ante todo, como discípulos. “Parte de nuestro ministerio es ayudarnos todos a quedarnos cerca del Maestro, cerca del único Maestro, cerca del único que puede de verdad ser nuestro formador”.Aludiendo a la misión de acompañar a los sacerdotes, subrayó que, así como Jesús tomaba aparte a quienes necesitaban un encuentro personal, también el obispo está llamado a cercanía concreta con sus presbíteros: a “tomar a solas un sacerdote, hablar con él” y ayudarle a abrir los oídos del corazón.Finalmente, elevó una súplica para que los pastores sean instrumentos de la acción sanadora de Cristo: “Pidámosle al Señor que nos abra nuestros oídos, que nos ayude a ser instrumentos de esa cercanía sanadora de Jesús”, de modo que, junto con los presbíteros, puedan “construir la unidad del Pueblo de Dios” y permanecer en escucha de la Palabra que salva.Con esta celebración eucarística, los obispos colombianos encomendaron a Dios el discernimiento final de la Asamblea, confiando en que la unidad custodiada y la escucha profunda sigan siendo el fundamento de una pastoral presbiteral integral al servicio de la Iglesia y del país.

Jue 12 Feb 2026

Obispos colombianos llaman a la reconciliación, al diálogo y a la participación democrática responsable

En la recta final de la CXX Asamblea Plenaria, el Episcopado Colombiano emite un mensaje al pueblo colombiano en el que invita a la conversión, al diálogo y a la participación responsable en la vida democrática; al tiempo que reafirma su compromiso con los más vulnerables y convoca a la solidaridad ante la emergencia invernal.Con una exhortación clara a rechazar el odio y a construir caminos de unidad, los obispos católicos de Colombia dieron a conocer el mensaje oficial al pueblo colombiano en el marco de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado que han venido celebrando desde el 9 de febrero en Bogotá.El texto, inspirado en la carta a los Efesios —“De los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad” (Ef 2, 14)—, sitúa la reflexión en el contexto de un mundo marcado por “luchas de poder generadas por múltiples factores que terminan afectando sobre todo a los frágiles y pobres de la tierra”. Frente a esta realidad, los obispos advierten que cuando el odio conduce las decisiones humanas, “la humanidad desemboca dramáticamente en la desesperanza y la muerte”.Por ello, hacen un llamado directo a la sociedad colombiana: “Hermanas y hermanos colombianos, digamos no al odio que separa. Dejémonos reconciliar por Cristo, que hace posible la unidad entre los pueblos, derribando el muro que divide y acrecienta la enemistad”.Conversión y reconciliación en tiempo de CuaresmaAl acercarse el inicio de la Cuaresma 2026, el Episcopado invita a dar “auténticos pasos de conversión” y a acoger el llamado de Cristo “a volver a la amistad, a darnos la mano y a buscar la unión”. En esta perspectiva, la reconciliación no se plantea como un discurso abstracto, sino como un camino concreto de sanación personal y social.Los obispos expresan su deseo de seguir contribuyendo “al perdón, la reconciliación y la paz en el país”, e invitan a todos los colombianos a “tender puentes en medio de las diferencias y posturas opuestas que nos separan”, promoviendo el encuentro, la escucha y el reconocimiento mutuo como miembros de una misma familia.En el mensaje subrayan que este propósito exige “reconocer y respetar al otro en su dignidad como hijo de Dios” y sanar los corazones y las relaciones “impregnándolos del espíritu de misericordia”.Cercanía a los sacerdotes y cuidado de su vida integralEn el marco de esta Asamblea, los obispos reflexionaron sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes en Colombia. Al respecto, expresan su gratitud por la presencia de los presbíteros en todo el territorio nacional, “acompañando y nutriendo la fe, la esperanza y la caridad de las comunidades que se les han confiado”.Reafirman que “la formación y el acompañamiento de los sacerdotes es uno de los primeros deberes del Obispo” y manifiestan su compromiso de seguir atentos a su “salud integral para que puedan ejercer su ministerio en la verdad con renovada entrega y alegría”.Llamado directo a distintos sectores del paísEn un tono pastoral y profético, el mensaje dirige exhortaciones específicas a diversos sectores de la sociedad.A todo el pueblo colombiano lo invita a “ser artesano de paz y testigo de esperanza”.A los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a cultivar la amistad con Jesucristo, que los hace capaces de ser felices “amando como Él los ama, cuidando la creación y construyendo el país que sueñan”.A las familias, definidas como “escuelas fundamentales de las virtudes sociales”, les pide no cansarse de amar y de servir a la vida.A las instituciones del Estado las anima a continuar promoviendo el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de los deberes ciudadanos y la valoración de la democracia y de las instituciones que la sustentan.Al Gobierno Nacional le solicitan “fortalecer el diálogo con todos los actores de la vida social para promover de manera eficaz la reconciliación y superar la fragmentación radical en la vida social y política”.En el contexto de los próximos comicios electorales, exhortan a quienes aspiran a altos cargos públicos a “evitar la violencia verbal y a proponer caminos veraces” que permitan avanzar en el desarrollo auténtico del país, la reconciliación y la paz.Asimismo, llaman a los empresarios a promover la participación de las comunidades y la distribución equitativa de la riqueza; a los medios de comunicación y creadores de contenido digital, a ejercer con responsabilidad ética la transmisión de la verdad y a “buscar caminos compartidos que contribuyan a desarmar la palabra y a fortalecer un clima nacional y territorial de no violencia”.A quienes fomentan economías ilícitas y ejercen violencia armada, les piden “salir del círculo de muerte que atenta contra la vida humana y pone en alto riesgo la salud del planeta”.Finalmente, los obispos colombianos convocan a todos los ciudadanos a participar activamente y en paz en las próximas elecciones, ejerciendo el derecho al voto “con plena libertad y conciencia, sin sobornos”, como forma concreta de contribuir al país que se necesita y se sueña.Solidaridad con los afectados por la emergencia climática: Comunicación Cristiana de BienesEl mensaje concluye reafirmando la cercanía de la Iglesia con las poblaciones más vulnerables y, de manera particular, con los afectados por el fenómeno meteorológico del frente frío.Los obispos convocan a todas las parroquias y comunidades eclesiales a iniciar desde este próximo domingo 15 de febrero la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, promoviendo iniciativas en favor de las familias damnificadas, para que su generosidad sea “un signo de esperanza en medio de la tragedia”. Generalmente, esta colecta promovida anualente por la Iglesia en favor de los más vulnerables inicia el primer domingo de Cuaresma.Finalmente, la Asamblea encomienda el país a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia, y reitera su compromiso de seguir caminando junto al pueblo colombiano en la búsqueda de la reconciliación, la justicia y la paz.La CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano finalizará este viernes 13 de febrero.Vea a continuación la lectura del comunicado realizada por el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Jue 12 Feb 2026

“Desde el corazón al ministerio”: la CXX Asamblea perfila orientaciones para una pastoral presbiteral integral

En su tercer día, la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano profundizó en la vida interior como fundamento del ministerio y avanzó en la definición de lineamientos concretos para fortalecer la identidad, la fraternidad y la misión de los presbíteros en el país, en medio de los desafíos sociales y eclesiales actuales.Este miércoles 11 de febrero, la jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien encomendó de manera especial a los enfermos del país, en el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, celebrada por la Iglesia universal bajo el lema: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Concelebraron monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, y monseñor Óscar José Vélez, CMF, obispo de Valledupar.Un llamado a la vida interiorEn su homilía, monseñor Tobón centró su reflexión en la enseñanza de Jesús: “Nada hay en el exterior que manche al hombre; la maldad que sale del corazón es lo que mancha”, subrayando que el corazón es el núcleo donde se juega la autenticidad de la vida cristiana y sacerdotal.“El corazón es el centro profundo. Es el templo donde habita el Espíritu Santo”, afirmó, advirtiendo que cuando la fe se reduce a esquemas mentales o posturas ideológicas puede derivar en intelectualismo, polarizaciones o fanatismos que esterilizan la misión.En coherencia con el tema central de la Asamblea —“El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”—, el Arzobispo de Medellín invitó a examinar cuatro dimensiones fundamentales desde la interioridad: la fe, la oración, la vida fraterna y la acción apostólica. Señaló que cuando se pierde el contacto interior con el Espíritu, el ministerio corre el riesgo de convertirse en “agitación, descoordinación, proselitismo y finalmente frustración”, dando paso al activismo y al desgaste.Por el contrario, explicó, cuando la vida brota del encuentro profundo con Dios, florecen los frutos del Espíritu y la santidad se entiende no como apariencia moral, sino como “la alegría interior de la misericordia de Dios”.Orientaciones para una pastoral presbiteral integralTras la celebración eucarística, el trabajo central del día se concentró en la definición de orientaciones que servirán como fruto concreto de esta Asamblea para la implementación de una pastoral presbiteral integral.Durante la mañana, obispos y sacerdotes —representando a las 14 provincias eclesiásticas que agrupan 78 jurisdicciones del país— trabajaron en grupos por provincias, revisando un documento base y aportando desde las realidades específicas de cada región. En la tarde, los obispos profundizaron las propuestas en sesión plenaria.El padre Richard Nieto González, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, subrayó que el propósito es que el documento que salga como fruto de este encuentro se convierta en una herramienta práctica para las Iglesias particulares:“La idea es que salga de aquí un documento de trabajo que luego pueda leerse y aplicarse en las distintas diócesis y arquidiócesis de Colombia…Y que realmente ayude a los otros presbíteros que no participaron de este encuentro”.El padre Wilmer Fabián Suárez Vargas, vicario general en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, resaltó el valor del encuentro como experiencia de comunión y fortalecimiento vocacional, especialmente para quienes ejercen su misión en los territorios más apartados. Explicó que estos espacios también renuevan la esperanza y sostienen la misión:“Donde hay un sacerdote está la voz de la esperanza…Hay situaciones de activismo, de cansancio, pero en ese activismo se puede también descansar y reposar en la presencia de Dios”.Identidad, formación y cultura del cuidadoVarias de las intervenciones de los arzobispos participantes coincidieron en que la renovación del presbiterio pasa por fortalecer la identidad ministerial y la formación integral.Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, advirtió que en un mundo digital y en territorios marcados por el conflicto armado es urgente cultivar la interioridad: “Si no hay silencio, no hay vida interior…La casa donde habita Dios es mi propia interioridad”.Por su parte, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, subrayó la necesidad de recuperar la conciencia del ministerio y responder a los contextos regionales: “Se necesita ante todo lograr que los clérigos recuperemos la identidad del ministerio que se nos ha encomendado”. Destacó, además, la importancia de formar la conciencia administrativa de los presbíteros: “Para saber manejar con justicia y con corazón de pobres los bienes de la Iglesia”.En la misma línea, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, insistió en la urgencia de acompañar de manera integral la formación inicial y permanente: “No podemos poner el énfasis en una faceta más que en otra…Tenemos que tener presentes todas las dimensiones para dar una formación integral de nuestros sacerdotes”.Las orientaciones que se perfilan contemplan fortalecer la identidad sacerdotal, la fraternidad, la cercanía al obispo y al pueblo de Dios, y consolidar una auténtica cultura del cuidado que prevenga abusos y promueva ambientes sanos.Este miércoles fue también el último día de participación de los sacerdotes delegados por las jurisdicciones para acompañar a los obispos; a partir de ahora, los prelados continuarán el trabajo durante las jornadas finales para consolidar las conclusiones que marcarán la ruta pastoral del presbiterio en Colombia.Iglesia solidaria ante la emergencia invernalAunque reunidos en Bogotá, los obispos permanecen profundamente conectados con la realidad de los territorios que pastorean. La emergencia invernal ha dejado pérdidas humanas y materiales significativas en distintas regiones del país. Solo en el departamento de Córdoba se reportan cerca de 120.000 personas afectadas, además de daños en viviendas, cultivos, vías, escuelas y medios de subsistencia.En este contexto, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y oración que fue acogido por la Asamblea como un llamado a intensificar la solidaridad.Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó el alcance universal de este gesto del Santo Padre: “Es un mensaje alentador, un mensaje del sucesor de San Pedro que nos dice su cercanía en la oración…Cuando un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás miembros del cuerpo participan”.El representante del Papa resaltó la importancia de que este mensaje haya sido escuchado no solo en Colombia, sino en distintos lugares del mundo: “Es un signo de cercanía, una palabra de aliento, una palabra de no sentirse solos…Seguramente este mensaje hoy no lo han escuchado solo en Colombia, lo han escuchado un poco en todo el mundo”.Añadió que la solidaridad debe expresarse tanto en el plano espiritual como en acciones concretas: “Es un momento en donde tratar de mostrar nuestra solidaridad en el plan concreto…Pero también en el plan de una cercanía espiritual, de acompañar con la oración en este momento de dificultad”.Desde las diócesis más afectadas, la Iglesia ha venido articulando esfuerzos pastorales y sociales para acompañar a las comunidades damnificadas. Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, expresó: “No podemos dejar solos a nuestros hermanos damnificados…Vienen situaciones de crisis muy fuertes, económicas y sanitarias, y tenemos que seguir con corazón generoso”.Por su parte, el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., destacó que la Iglesia ya se encuentra movilizada a través de sus parroquias, pastorales sociales, bancos de alimentos y comités parroquiales, pero también subrayó la importancia de seguir convocando la solidaridad y de organizar la ayuda para que llegue efectivamente a quienes más lo necesitan: “Que ampliemos la caridad y la generosidad…Que nos unamos todas las parroquias, todas las comunidades, todas las instituciones…Y apoyemos también a través especialmente de nuestros bancos de alimentos en todo el país, una campaña solidaria de alimentos no perecederos”.En este marco, hizo un llamado a fortalecer la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2026, impulsada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social que se desarrollará en el contexto cercano de la Cuaresma, como un instrumento concreto para canalizar la solidaridad nacional en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país: “Aprovechemos este tiempo propicio de Cuaresma, de caridad…Para que más allá de nuestras diferencias, pongamos en el corazón de nuestra preocupación a todos nuestros hermanos y hermanas que están experimentando un sufrimiento muy grande”. Retomando el lema de este año, concluyó: “La satisfacción del fiel es hacer el bien”.De esta manera, mientras los obispos avanzan en la definición de orientaciones para fortalecer la vida y misión de los presbíteros, la Asamblea reafirma también su compromiso con el acompañamiento cercano y organizado a las comunidades que hoy enfrentan la dureza de la emergencia invernal en el país.Vea a continuación el resumen informativo del tercer día en la CXX Asamblea:

Mié 11 Feb 2026

Espiritualidad, cuidado y corresponsabilidad: claves del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano

La reflexión sobre la vida espiritual, el cuidado integral de los presbíteros y la corresponsabilidad pastoral entre obispos, sacerdotes y laicos marcó el desarrollo de la agenda del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano. La jornada de este martes 10 de febrero combinó momentos celebrativos, ponencias académicas y espacios de diálogo sinodal, orientados a fortalecer una pastoral presbiteral integral y contextualizada en la realidad del país.Una Eucaristía centrada en el discernimiento y el cuidado mutuoLa jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, quien en su homilía invitó a los participantes a caminar juntos en discernimiento, cuidado mutuo y fidelidad a la misión esencial del Evangelio. El prelado subrayó la centralidad de la vida espiritual y del acompañamiento integral de los presbíteros, destacando el altar como lugar de identidad sacerdotal, de encuentro con Dios y de comunión con todo el Pueblo de Dios.Monseñor Rueda advirtió, además, sobre la tentación de dejarse absorber por múltiples actividades o mediaciones —incluidos los escenarios digitales— que pueden diluir el encuentro personal con Cristo, recordando que ninguna de ellas puede sustituir la relación viva con Él ni el servicio pastoral a los más vulnerables.Ponencias: espiritualidad, salud mental y administración responsableDurante la mañana, la Asamblea profundizó en tres ejes fundamentales para la vida presbiteral: la vida espiritual, la vida afectiva y la salud mental, y la relación del presbítero con la administración de los bienes.En este marco, el padre Stefano Guarinelli, sacerdote diocesano italiano y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, ofreció una reflexión centrada en la amistad como dimensión esencial de la vida espiritual y afectiva del sacerdote. “Nuestra afectividad depende mucho de esa relación con Dios, y si esa relación es como una caja vacía, no merece la pena vivir así”, afirmó, al tiempo que subrayó la importancia de relaciones humanas sanas que ayuden a no deshumanizar el ministerio presbiteral.Desde una mirada psicológica y pastoral, el padre Jesús Hernán Alzate Duque, sacerdote eudista, y la doctora Yolima Ortiz, directora del programa de Psicología de Uniminuto Virtual, presentaron avances de una investigación sobre desgaste por empatía y salud mental en sacerdotes. Ortiz explicó que, aunque la mayoría de los presbíteros no presentan síntomas clínicos, “sí encontramos desgaste por empatía, producto de acompañar constantemente situaciones difíciles en un contexto social tan complejo como el colombiano”.“La carga emocional es muy alta —señaló—, y cuidar a nuestros sacerdotes es también cuidar a las comunidades, porque el impacto del ministerio sacerdotal en la sociedad es muy alto, incluso entre quienes no son creyentes”.Por su parte, el padre Alzate insistió en la necesidad del autocuidado y de reconocer la vulnerabilidad como parte del ministerio: “Los sacerdotes también lloran. Escuchar hoy implica un contagio emocional constante, y en contextos de violencia esto se intensifica. Por eso necesitamos estrategias reales de acompañamiento”.En la dimensión administrativa, monseñor Darío Gómez Zuluaga, director del Instituto Pastoral del Clero de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, abordó la relación del presbítero con el dinero y la gestión de los bienes temporales. “Si un sacerdote no tiene una relación adecuada con el dinero, se afecta su credibilidad, su identidad como ministro y la sinodalidad misma de la Iglesia”, afirmó, subrayando la importancia de una formación permanente que promueva transparencia, sostenibilidad y coherencia evangélica.La voz de los laicos: valoración y desafíos del ministerio presbiteralUno de los momentos más significativos de la jornada fue el panel “El estado laical y su valoración del ministerio presbiteral”, moderado por monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Estado Laical. Inspirado en la reciente Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro, el espacio permitió escuchar la voz de los laicos sobre la vida y misión de los sacerdotes.Germán Marroquín, laico de la Diócesis de Neiva y ex pastor evangélico, destacó el valor del diálogo vivido: “Fue un momento de comunión y sinodalidad donde pudimos decirles a los obispos que los sacerdotes necesitan cercanía, escucha y menos carga laboral. No deben ser vistos como trabajadores, sino como hijos que necesitan ser acompañados”.Desde la Arquidiócesis de Tunja, Claudia Patricia Guerrero subrayó el valor irremplazable del sacerdocio: “El sacerdote es otro Cristo, es quien nos conduce a Él. Por eso necesitamos orar más por los sacerdotes, apoyarlos más y hacer equipo con ellos, cuidando la doctrina, la liturgia y la vida espiritual de la Iglesia”.Moisés Padilla, laico de la Arquidiócesis de Bucaramanga, puso el acento en la coherencia y la comunión: “El sacerdocio es una vocación de servicio. No se puede concebir un sacerdote aislado. La unidad entre obispos y presbíteros es clave para enfrentar los desafíos actuales, especialmente el trabajo con jóvenes y familias”.Una mirada pastoral desde los territoriosLas reflexiones del día también resonaron en la experiencia de los pastores en contextos concretos. Monseñor Franklin Valenzuela, obispo de Tumaco, quien participa por primera vez en una Asamblea Plenaria, valoró los aportes recibidos: “Hemos reflexionado sobre el cansancio y el desánimo en la vida sacerdotal, y sobre la importancia de una buena administración para fortalecer la evangelización. En regiones como Tumaco, con pocos sacerdotes y en medio del conflicto armado, estos temas son fundamentales”.En la misma línea, monseñor José Saúl Grisales, obispo de Ipiales, insistió en la paternidad episcopal como clave del acompañamiento: “Los sacerdotes son seres humanos que necesitan cuidado, cercanía y escucha. Recordar que los obispos somos padres nos ayuda a acompañar procesos de madurez y a recuperar el encanto de la vida ministerial”.Desde la experiencia pastoral en el Pacífico colombiano, el padre Arnulfo Moreno, vicario general del Vicariato Apostólico de Guapi, destacó el énfasis de la Asamblea en el cuidado integral: “No podemos descuidar nuestra vida espiritual, afectiva ni nuestras relaciones sanas. Y también debemos ser transparentes en la administración de los bienes, agradeciendo que los obispos piensen en su clero como una verdadera familia”.Hacia una pastoral presbiteral integralLa jornada concluyó con una segunda ponencia del padre Stefano Guarinelli, centrada en las “Claves teológico-pastorales para una Pastoral Presbiteral Integral”, que recogió y articuló los diversos aportes del día. Las reflexiones dejaron en evidencia la necesidad de seguir construyendo, desde la escucha, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo, caminos que fortalezcan la vida y misión de los presbíteros al servicio del Pueblo de Dios.Vea a continuación la nueva emisión del informativo 'Así va la Asamblea':

Mar 10 Feb 2026

Con diagnóstico de la vida sacerdotal en Colombia y un trabajo de proyección pastoral por regiones inició la CXX Asamblea del Episcopado

Con un ejercicio de análisis de la realidad del presbiterio en Colombia y un trabajo de discernimiento pastoral por regiones, inició este 9 de febrero la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano.La primera jornada estuvo marcada por la escucha, la reflexión conjunta y la búsqueda de orientaciones que fortalezcan la vida y el ministerio sacerdotal, en medio de los desafíos sociales, culturales y eclesiales que vive el país.La Eucaristía: el ministerio ordenado en clave comunitaria y misioneraLa jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien en su homilía subrayó que el ministerio ordenado tiene una forma radicalmente comunitaria. Recordó que ningún presbítero vive su misión de manera aislada, sino en comunión con otros, caminando juntos en corresponsabilidad pastoral.Retomando el Documento de Aparecida, monseñor Villa Vahos insistió en que la Iglesia está llamada a pasar de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera, y afirmó que el verdadero templo es la vida humana. En este sentido, hizo un llamado a cuidar la dignidad de cada persona, especialmente en una Colombia marcada por la violencia y el sufrimiento, fortaleciendo la fraternidad presbiteral, la fidelidad a la llamada recibida y una formación permanente que sostenga la misión evangelizadora.Esperanza, cuidado y fidelidad en clave de comuniónDurante la instalación oficial de la Asamblea, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, invitó a ser una Iglesia capaz de ofrecer esperanza y orientación ética en medio de las violencias, exclusiones y sufrimientos que vive el país.El Arzobispo de Cartagena insistió en la necesidad de reavivar la esperanza en los presbiterios como vínculos de comunión para vivir la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión. Asimismo, reiteró el compromiso de la Iglesia colombiana con la opción preferencial por los pobres, la cultura del cuidado, la prevención de abusos y la atención prioritaria a las víctimas.Un diagnóstico a la luz de la realidad y de la PalabraDurante la plenaria, la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada presentó un diagnóstico sobre la situación de los presbíteros en Colombia y otros contextos del mundo, a partir de dos encuestas aplicadas desde noviembre de 2025 a sacerdotes y obispos del país.El padre Juan Manuel Beltrán Urrea, sacerdote de la Diócesis de Zipaquirá y miembro del Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada, explicó que este ejercicio permitió identificar “lo que alegra la vida de los sacerdotes, lo que la entristece, lo que preocupa y lo que hoy necesitan”, ofreciendo elementos concretos para orientar la pastoral presbiteral.Según los resultados, la vida espiritual, la oración, el servicio pastoral y las relaciones fraternas aparecen como fuentes centrales de sentido y motivación; mientras que la soledad, el aislamiento, las presiones del contexto y las fragilidad humana emergen como desafíos que requieren acompañamiento y formación permanente.Contextos que impactan y que interpelan a la misiónAl profundizar en la lectura pastoral de este diagnóstico, monseñor Luis Augusto Campos Flórez, obispo de Socorro y San Gil y presidente de la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada, subrayó que los presbíteros viven su ministerio en medio de “un contexto amplio y complejo: cultural, relacional, de profundas transformaciones en el campo religioso y, en el caso de Colombia, marcado por la conflictividad, las tensiones y las polarizaciones”.Señaló que esta realidad impacta la vida de los presbiterios, pero también representa una oportunidad para incidir evangélicamente en ella. En este sentido, destacó que uno de los propósitos centrales de la Asamblea es “identificar líneas claras para la formación permanente de los sacerdotes”, a la luz de la Palabra de Dios y de los aportes recogidos en las encuestas.Desde una lectura bíblica inspirada en san Pablo, monseñor Campos recordó que la vocación sacerdotal es, ante todo, un don: “No es un proyecto propio ni una conquista personal, es un don del Señor para ser donado, vivido en actitud de entrega”. Al mismo tiempo, afirmó que los ministros ordenados están llamados a acoger “el Espíritu de fortaleza y de ánimo que el Señor nos regala”, para vivir la misión con fidelidad y alegría.Trabajo por regiones: escuchar, compartir y proyectarEn horas de la tarde, la Asamblea avanzó en un trabajo por grupos regionales, integrados por dos provincias eclesiásticas cada uno. Tres preguntas orientaron este ejercicio: los asuntos vitales que más preocupan en los presbiterios, las experiencias que han dado buenos frutos y las iniciativas que podrían implementarse en las jurisdicciones.El padre Juan Manuel Muñoz Guerra, vicario general de la Diócesis de Magangué, destacó que este espacio permitió identificar como asunto central “el fortalecimiento de la vida espiritual del sacerdote”, así como la necesidad de una formación permanente que incluya la dirección espiritual en todas las etapas de la vida ministerial. También subrayó la importancia de acompañar situaciones de soledad y aislamiento, y de cuidar la salud física y mental de los presbíteros.Desde la Arquidiócesis de Florencia, el padre Ariel Torres Hansen, delegado de la Pastoral Sacerdotal, afirmó que uno de los grandes retos compartidos es crecer en la fraternidad sacerdotal: “En la medida en que caminamos todos hacia el corazón de Cristo, nos vamos encontrando entre nosotros y nos descubrimos hermanos”.Por su parte, el padre Andrés Felipe Suárez Cubillos, delegado de Pastoral Presbiteral de la Arquidiócesis de Ibagué, destacó la cercanía del obispo como un elemento clave que dinamiza la vida presbiteral y su proyección hacia las comunidades.Un camino que apenas comienzaLa primera jornada de la CXX Asamblea Plenaria dejó claro que el diagnóstico presentado no es un punto de llegada, sino un punto de partida. A lo largo de la semana, los obispos profundizarán estas reflexiones para delinear orientaciones pastorales que ayuden a construir presbiterios más sinodales, fraternos y misioneros, capaces de vivir el ministerio ordenado con fidelidad, alegría y esperanza al servicio del pueblo de Dios en Colombia.Vea a continuación el resumen informativo del primer día de la CXX Asamblea Plenaria:

Lun 9 Feb 2026

Obispos colombianos inician la CXX Asamblea reafirmando su compromiso con los pobres, la paz y la cultura del cuidado

Este 9 de ferbrero, durante la instalación oficial de la CXX Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., invitó a caminar como una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa, capaz de ofrecer esperanza y orientación ética en un contexto marcado por diversas formas de violencia, exclusión y sufrimiento.Una Iglesia llamada a ser testigo de una paz desarmadaInspirado en el magisterio del Papa León XIV, monseñor Múnera recordó que la paz que brota de Jesucristo resucitado no responde a la lógica de la violencia ni de la imposición, sino al poder transformador de la bondad. “La bondad es desarmante”, afirmó, al evocar el estilo de Jesús, cuya lucha fue desarmada incluso en medio de contextos históricos, políticos y sociales adversos.En este horizonte, señaló que la Iglesia en Colombia está llamada a ser profeta y testigo de esta novedad, escuchando el dolor ajeno y ayudando a liberar a la sociedad del engaño de la violencia, para que la paz de Cristo se traduzca en justicia, reconciliación y dignidad humana.Amor hacia los pobres y cultura del cuidadoOtro de los ejes centrales del mensaje fue la opción preferencial por los pobres, entendida como una experiencia profundamente evangélica. Citando al Papa León XIV, el presidente de la CEC recordó que “los más pobres no son meros objetos de compasión sino maestros del Evangelio”, y que servirlos no es un gesto de superioridad, sino un encuentro entre iguales donde Cristo mismo se revela y es adorado.Desde esta misma convicción, monseñor Múnera situó el compromiso de la Iglesia con la cultura del cuidado, la prevención de abusos y la atención integral a las víctimas. Señaló que esta tarea hace parte de la misión y razón de ser de la Iglesia, llamada a proteger la dignidad de toda persona, especialmente de quienes han sido heridos, excluidos o vulnerados.En este contexto, manifestó que la Iglesia en Colombia ha venido fortaleciendo procesos de formación, prevención y acompañamiento en todas las jurisdicciones eclesiásticas, así como dedicando tiempo, personas competentes y esfuerzos institucionales para responder con responsabilidad y coherencia a los desafíos pastorales y jurídicos que plantea esta realidad. Estas acciones —indicó— se desarrollan en el marco del respeto al ordenamiento jurídico del país y de los derechos de todas las personas involucradas, como expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso con el bien común.Al citar palabras recientes del Papa León XIV, recordó que “no podemos cerrar los ojos ni los corazones a la crisis ocasionada por los abusos sexuales”, y que muchas veces el dolor de las víctimas se ha visto agravado por no haber sido acogidas ni escuchadas. Estas palabras, afirmó, comprometen a la Iglesia colombiana a perseverar en la prevención, el trato adecuado de cada caso y la atención prioritaria a las víctimas, empeñándose en ser creíble ante una sociedad que reclama coherencia de vida y acciones eficaces frente a toda forma de injusticia.Reavivar la esperanza en los presbiteriosEn coherencia con el tema central de esta CXX Asamblea Plenaria, monseñor Francisco Múnera destacó que buena parte de las reflexiones de la semana estarán orientadas a reavivar la esperanza en los presbiterios del país, entendidos como vínculos de comunión para vivir la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión.Recordando la enseñanza del Concilio Vaticano II, recientemente evocada por el Papa León XIV, subrayó que “la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes”, e invitó a fortalecer el acompañamiento pastoral para que los presbíteros puedan vivir su vocación con alegría, gratitud y responsabilidad, dando testimonio de que es posible ser sacerdotes felices en el seguimiento de Cristo.Un mensaje con proyección al paísEl mensaje de instalación concluyó confiando los trabajos de la Asamblea a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y de San José, y elevando una oración por los frutos pastorales de este encuentro, en favor de la reconciliación, la paz y el amor concreto y eficaz hacia los pobres, los débiles y los sufrientes.Con este llamado, la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano se abre como un espacio de discernimiento pastoral que busca iluminar, desde la fe y la responsabilidad ética, el servicio de la Iglesia al país y su aporte a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y esperanzada.

Vie 6 Feb 2026

La CXX Asamblea reunirá a obispos y sacerdotes para reflexionar sobre la vida y la misión del presbiterio en Colombia

Del 9 al 13 de febrero, los obispos de la Iglesia Católica en Colombia se darán cita en Bogotá para celebrar la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, el primer encuentro oficial de trabajo pastoral del 2026.El tema central de esta Asamblea será “El presbiterio en la Iglesia sinodal”, un eje que orientará la elaboración de criterios y orientaciones para una pastoral sacerdotal que responda, de manera comunitaria y misionera, a los desafíos actuales de la vida y el ministerio de los presbíteros en el país.El presbiterio, en el centro de la reflexión episcopalDe acuerdo con monseñor Germán Medina Acosta, secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia, poner en el centro de esta Asamblea la vida y el ministerio de los sacerdotes permite reconocer su servicio cotidiano a las comunidades y resalta la importancia de acompañarlos de manera integral, en el marco del camino sinodal que vive la Iglesia universal.La reflexión partirá de una convicción clara: vivir el ministerio sacerdotal en una Iglesia sinodal solo es posible desde una experiencia profundamente comunitaria, donde el “nosotros” prevalezca sobre el “yo”, y donde cada presbítero viva su vocación inserto en un único Cuerpo y participando del único sacerdocio de Cristo.Una Asamblea con una experiencia inédita de trabajo compartidoDe manera particular en esta asamblea, los obispos estarán acompañados, durante los tres primeros días del encuentro, por un sacerdote de sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas. Algunos asistirán junto a delegados de pastoral sacerdotal, otros con sus vicarios generales o vicarios de pastoral.Esta experiencia buscará fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y el discernimiento pastoral compartido, enriqueciendo la reflexión episcopal desde la escucha directa de quienes viven cotidianamente la realidad del ministerio presbiteral en los territorios.Continuidad y renovación en la reflexión sobre el ministerio ordenadoAunque no es la primera vez que los obispos de Colombia trabajarán sobre la vida y el ministerio de los presbíteros, esta CXX Asamblea lo hará desde una perspectiva renovada y sinodal. Asambleas anteriores abordaron temas como la misión del obispo frente a sus sacerdotes (2001), la formación afectiva de los presbíteros y religiosos (2010) y la vivencia de la identidad, comunión y misión de los ministros ordenados (2016).En esta ocasión, el énfasis estará puesto en el presbiterio como familia sacerdotal, buscando ofrecer orientaciones que ayuden a los obispos y a las instancias de pastoral presbiteral a acompañar a los sacerdotes en su crecimiento humano, espiritual y ministerial, especialmente frente a desafíos como el cansancio, la rutina, o la pérdida del sentido vocacional.Formación previa para obispos recientemente nombradosOtra de las novedades de este encuentro será que 18 obispos nombrados desde marzo de 2023 participarán, los días 7 y 8 de febrero, en un curso de formación previo a la Asamblea Plenaria, orientado a fortalecer las dimensiones pastoral e institucional de su ministerio episcopal.Un espacio de discernimiento pastoral y lectura de la realidad nacionalEn este encuentro participarán 80 obispos activos y 5 obispos eméritos, reflejo de la diversidad y riqueza del Episcopado Colombiano. Además del tema central, los obispos dedicarán espacios a la reflexión sobre la realidad social, humanitaria y política del país, desde su responsabilidad pastoral y su llamado a ofrecer una voz profética en favor del bien común y de las comunidades que acompañan.El trabajo metodológico incluirá sesiones plenarias, ponencias, trabajo en grupos por provincias y por temas específicos, en coherencia con el llamado a vivir una Iglesia cada vez más participativa, corresponsable y misionera.‘Así va la Asamblea’: entérese de lo más destacado de cada jornadaLa Conferencia Episcopal de Colombia compartirá el desarrollo de este encuentro a través de su especial ‘Así va la Asamblea’, con informativos audiovisuales diarios, notas periodísticas y galerías fotográficas, que estarán disponibles a través de la página web, los perfiles Facebook e Instagram institucional, el canal de YouTube y en canal de difusión en WhatsApp. Vea la primera entrega informativa a continuación de 'Así va la Asamblea':

Vie 30 Ene 2026

La Diócesis de Vélez inicia una nueva etapa pastoral con la posesión de su tercer obispo: Mons. José Camilo Arbeláez Montoya

Este 29 de enero, en la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya tomó posesión canónica como tercer obispo de la Diócesis de Vélez. En la ceremonia estuvo presente el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien dio lectura pública a las bulas pontificias emitidas por el Santo Padre que oficializan su nombramiento y autoridad pastoral.La celebración contó con la presencia de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Bucaramanga, de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, anterior obispo de Vélez, así como de otros prelados provenientes de diversas diócesis del país. También participaron sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, fieles laicos y autoridades civiles, militares y académicas de la región.Una diócesis que acoge a su nuevo pastorAl inicio de la ceremonia, el presbítero José Ricardo Santos Rodríguez, administrador diocesano durante el tiempo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo y presentó el rostro actual de la Iglesia particular de Vélez, próxima a cumplir 23 años de erección canónica. Recordó que la diócesis está conformada por 33 parroquias, atendidas por 36 sacerdotes organizados en cuatro arciprestazgos, y subrayó el compromiso del presbiterio y de los laicos de caminar en comunión y sinodalidad.“Hoy elevamos nuestra gratitud a Dios y junto al salmista decimos: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Gracias, monseñor, por su sí a Dios”, expresó, al tiempo que aseguró al nuevo obispo la colaboración y cercanía del presbiterio y de las comunidades para continuar el camino evangelizador iniciado por sus antecesores.La cercanía del Papa y el sentido del ministerio episcopalPrevio a la lectura de las bulas (cartas apostólicas), el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la bendición del Santo Padre al pueblo de Dios que peregrina en Vélez, destacando la solicitud pastoral del Papa por esta joven diócesis. Calificó la posesión canónica como “un acontecimiento solemne en la historia diocesana”, al acoger a un pastor que, con la plenitud del sacerdocio, es llamado a ser “prolongación personal de Cristo Buen Pastor”.Monseñor Rudelli invitó al nuevo obispo a vivir su ministerio desde la fidelidad a la vocación, recordando palabras recientes del Papa León XIV: toda vocación nace del encuentro personal con Cristo y se sostiene en la memoria viva de esa llamada. Subrayó que el obispo, antes de guiar al rebaño, permanece siempre discípulo del Maestro, llamado a apacentar con gozo, a promover la unidad y a servir en comunión con toda la Iglesia.Enseñar, santificar y gobernar desde el amorEn su primera homilía como obispo de Vélez, monseñor José Camilo Arbeláez expresó su gratitud al Santo Padre por la confianza recibida, al Nuncio Apostólico por su cercanía y a quienes lo acompañaron durante el tiempo de vacancia. Dirigiéndose al presbiterio y al pueblo fiel, manifestó su plena disponibilidad para compartir las tareas de la evangelización y caminar junto a la comunidad.Inspirado en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, recordó que el ministerio episcopal se comprende como “el oficio del amor”, según san Agustín, y se concreta en las tres tareas fundamentales de enseñar, santificar y gobernar. Señaló que el obispo está llamado a ser el primer predicador del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida, viviendo en profunda comunión con la Palabra de Dios, de la cual es servidor.Al referirse a la santidad como fundamento del ministerio pastoral, afirmó que esta no es un ideal opcional, sino una necesidad para la Iglesia y para el mundo de hoy. Citando a diversos santos y maestros espirituales, insistió en que la autoridad moral del obispo brota de su vida de oración, de la caridad y de la coherencia entre fe y vida.Un gobierno pastoral al servicio de los más vulnerablesMonseñor Arbeláez subrayó que el gobierno pastoral no es un honor, sino un servicio, inspirado en el modelo de Jesucristo, Buen Pastor. En este contexto, afirmó que su misión tendrá como prioridad la atención a los pobres, a quienes sufren y a los marginados, en sintonía con el magisterio reciente del Papa. Destacó la importancia de ejercer el ministerio con mansedumbre, paciencia, capacidad de escucha y cercanía, promoviendo la corresponsabilidad de sacerdotes, religiosos y laicos.Asimismo, evocó la imagen bíblica del pastor que guía y protege con la vara y el cayado, señalando que la Iglesia está llamada a custodiar la fe y, al mismo tiempo, a acompañar con misericordia los caminos difíciles de las personas y de las comunidades.Una Iglesia llamada a vivir en PentecostésEl nuevo obispo explicó el sentido de su lema episcopal, “Ven, Espíritu Santo”, como una súplica permanente para que la acción del Espíritu renueve la vida y la misión de la diócesis. Recordó que no hay evangelización sin el Espíritu Santo y expresó su deseo de promover una experiencia constante de Pentecostés en la Iglesia particular de Vélez, abierta a los dones, carismas y frutos que edifican la comunión.Monseñor José Camilo hizo referencia a la identidad cultural y rural de la región veleña, resaltando la fortaleza y la esperanza de un pueblo que, aun en medio de dificultades naturales y sociales, se levanta y camina con alegría. Invitó a que la diócesis sea “una Iglesia viva, que respire el aroma de Cristo y anuncie la resurrección con la fuerza del Espíritu Santo”.Bajo el amparo de Nuestra Señora de las NievesAl concluir, monseñor José Camilo Arbeláez confió su ministerio episcopal a la intercesión de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la diócesis, así como a san José y a san Francisco de Sales, maestro de la caridad pastoral. Pidió la oración de los fieles para vivir esta nueva misión con humildad, entrega y fidelidad al Evangelio.