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“El sínodo derrotó los prejuicios y las ideologías, como lo había anticipado el Papa”: P. Raúl Ortiz Toro
Tags: XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos Informe de síntesis de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos conferencia episcopal de colombia iglesia católica colombiana Padre Raúl Ortiz Toro sínodo sobre la sinodalidad
Tras la celebración eucarística de clausura de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos desarrollada en Roma durante todo este mes de octubre, presidida por el papa Francisco el domingo 29 de octubre en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, los padres y madres sinodales iniciaron sus viajes de regreso a las comunidades eclesiales de pertenencia, llevando consigo grandes expectativas y tareas a realizar durante este periodo de preparación que culminará con la segunda sesión, en octubre de 2024.
El día anterior había sido presentado el informe de síntesis de la primera sesión, documento que en versión oficial por ahora solo está disponible en italiano, a partir del cual se han generado algunas inquietudes y en el que todos los miembros del Pueblo de Dios estamos llamados a profundizar.
Para iniciar esta camino de discernimiento y retroalimentación, el Departamento de Comunicaciones del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano entrevistó al padre Raúl Ortiz Toro, director del Departamento de Doctrina, sobre algunos aspectos que permiten comprender no solo las propuestas del documento final titulado “Una Iglesia sinodal en misión”, sino, en general, los principales temas tratados durante la XVI Asamblea General.
Padre Raúl, ¿Cree que ya finalizada esta primera sesión de la Asamblea Sinodal se han disipado los temores y tensiones que la antecedieron?
Efectivamente. Sin embargo, recuerdo aquel adagio: “calumniad, calumniad, que algo queda”; es decir, lamento mucho que los profetas de calamidades hayan logrado hacer mella en tantas personas inocentes que desconocen la teología o el derecho canónico al punto de sembrarles desazón y desconsuelo. El mismo Papa Francisco lo advirtió cuando contó que habiendo llamado a unas monjitas, estas le expresaron que tenían miedo del Sínodo porque habían escuchado que allí iban a “cambiar la doctrina”, lo cual no ha pasado para nada. Es lamentable que haya tantos prejuicios, pero a la vez es esperanzador, porque esto quiere decir que los temores eran infundados y que, en verdad, el Espíritu Santo fue el protagonista.
La prensa, que no es nada ingenua, gozó con los que prejuiciosamente anticipaban un cisma, e hizo uso de los detractores del Sínodo que se detuvieron en temas de tono disciplinar, que ahora vemos que no fueron centrales o ni siquiera fueron abordados, como la ordenación de mujeres, el levantamiento del celibato sacerdotal y la bendición de parejas homosexuales. Sabían, pero sin embargo lo callaron, que el Sínodo es un órgano de participación eclesial de carácter consultivo y no deliberativo; y sabían, además, que el sínodo alemán había sido un proceso con una metodología y resultados distinto a lo propuesto por Francisco en el Sínodo sobre la Sinodalidad, dos caminos diferentes, pero tendenciosamente los equipararon como si se tratara de una misma cosa. Esta experiencia debe enseñarnos que la altura de una discusión se basa en la sensatez de los argumentos y no en los prejuicios infundados. En conclusión, el sínodo derrotó los prejuicios y las ideologías como lo había anticipado el Papa.
¿Qué pasará ahora mientras llega la segunda sesión del Sínodo en octubre de 2024?
Hemos entrado a una nueva etapa de discernimiento en perspectiva de retroalimentación. De la consulta a las Iglesias locales entre 2021 y 2022 salieron grandes intuiciones que fueron recogidas en las síntesis nacionales y continentales, que se vieron a su vez reflejadas en el Documento de Trabajo del Sínodo. Durante la Asamblea, las madres y los padres sinodales escucharon la voz del Espíritu Santo, a través de la conversación espiritual, que es un método que no es nuevo en la Iglesia, pero que sí es novedoso en su aplicación durante un Sínodo. Sumado a esto, el silencio fue un protagonista especial que permitió hacer síntesis interior. La espiritualidad de la sinodalidad con base en la escucha en un doble pero único sentido, es decir, del Espíritu Santo y del santo pueblo fiel de Dios, es una riqueza grande que debemos explorar y profundizar en nuestras comunidades eclesiales locales. Para ello, la síntesis de esta primera sesión de la Asamblea Sinodal ha logrado identificar unos temas que en nuestras Iglesias Particulares seguramente se trabajarán con la metodología de conversación espiritual durante este año antes de la segunda sesión.
¿Cuáles son, entonces, esos temas nucleares para el discernimiento?
El documento está organizado de manera tripartita externa e internamente. Es decir, hay 20 temas agrupados en tres grandes bloques y luego cada uno de esos 20 capítulos está desarrollado en tres partes. Los tres grandes bloques son, el primero, el que se refiere a la teología y a la espiritualidad de la sinodalidad, como sentando unas bases argumentativas, pero vivenciales, de lo que se necesita para lograr ser “Una Iglesia sinodal en misión”, que es el nombre que le han dado a esta síntesis. El segundo, es un bloque que se detiene a pensar en las personas, en los sujetos del sentido de la fe (sensus fidei), es decir, todos los miembros del pueblo de Dios en la dinámica de sinodalidad-colegialidad episcopal-primado petrino, desde una perspectiva de comunión para la misión. Finalmente, el tercer bloque trata el tema de los procesos y de las instituciones, y la necesidad de que sean cada vez más sinodales, esto es, que promuevan y faciliten la corresponsabilidad, el liderazgo compartido en la Iglesia.
¿Y esto no es demasiado teórico y quizá reiterativo?
Es necesaria teología; es la sana doctrina según el principio de Tradición que nos legó san Vicente de Lérins en el siglo V: lo que se ha creído siempre, en todos los lugares y por todos. Estas bases iluminan entonces la distribución tripartita interna de cada uno de los 20 temas que han sido tratados así: convergencias, cuestiones que se deben afrontar y propuestas; podríamos decir que esta es la parte práctica; precisamente, aquí es donde se ve que el Sínodo es un órgano consultivo y no fue convocado para cambiar la doctrina. Entonces, por ejemplo, tomemos el tema tercero que es la iniciación cristiana: las convergencias son los principios basilares del tipo: “la celebración de la Eucaristía, sobre todo el domingo, es la primera y fundamental forma en la que el pueblo de Dios se reúne y encuentra” (3 e); en consecuencia, una cuestión que se debería afrontar es que “el sacramento del bautismo no puede ser entendido de manera aislada, al margen de la lógica de la iniciación cristiana, ni tampoco de manera individualista” (3 g); por ello, una propuesta es que “si la Eucaristía da forma a la sinodalidad, el primer paso es obrar en consecuencia con la gracia a través de un estilo celebrativo a la altura del don y con una auténtica fraternidad. La liturgia, celebrada con autenticidad, es la primera y fundamental escuela de discipulado y fraternidad” (3 k). Ningún buen católico podrá resistirse a este tipo de reflexión a la vez tan concreta como trascendente.
¿Cómo se aterriza cada convergencia, cuestión y propuesta del documento final al discernimiento comunitario?
Lo primero es que el documento debe ser leído en el contexto de una espiritualidad de la sinodalidad que tiene de base la conversión permanente, sincera y progresiva, en el ámbito personal y evangelizador. Los principales detractores del Sínodo sobre la Sinodalidad no son los que hablan prejuiciosamente de la metodología o el contenido de la Asamblea sinodal, sino aquellos que no están convencidos de que los tiempos nos desafían a ser una “Iglesia sinodal en misión”, en salida a las periferias. Son las resistencias más peligrosas, las de la inactividad. Se me viene a la cabeza una frase del papa Pío XII que habló en 1950 de “la herejía de la acción”, una acción que no se basa en la ayuda de la gracia y no busca la santidad. Pero ahora podríamos parafrasear al papa Pacelli porque el clericalismo que ha denunciado Francisco ha llevado, más bien, a una “herejía de la inacción”. En algunas comunidades eclesiales la fe dormita porque los agentes de evangelización están cansados, parece que llevaran un peso encima desde hace dos mil años. Por ejemplo, hace poco, en un encuentro ecuménico internacional, la cantidad de jóvenes saliendo a misión – que nosotros llamamos ad gentes – nos dejó atónitos a la vez que preocupados, no solo por la cantidad, sino porque ninguno era católico.
Padre, creo que aún no me ha respondido la pregunta…
Bueno, estaba haciendo un preámbulo, que hace parte de la respuesta: si no hay pasión por evangelizar, ni conciencia de la vocación misionera, la sinodalidad pasará a la historia como una buena idea más, sin mayor trascendencia. ¿Cómo se aterriza, entonces? En primer lugar, aparece el liderazgo de las Conferencias Episcopales; a ellas se les ha pedido que reflexionen sobre varios asuntos, por ejemplo, instituir comisiones de estudio sobre cuestiones discutidas, profundizar las relaciones con las conferencias de la vida religiosa, buscar caminos para la inculturación de la liturgia, usar un lenguaje más cercano en sus documentos, promover las pequeñas comunidades, establecer métodos para rendición de cuentas, recordar la obligatoriedad de los consejos episcopales y de pastoral, y una larga lista.
Creo que las Conferencias Episcopales estudiarán los 20 capítulos de la síntesis y decidirán qué es necesario discernir a nivel parroquial, diocesano, nacional o continental, por supuesto con apoyo de los organismos de participación y corresponsabilidad según cada nivel. Algo muy concreto es que las Iglesias Particulares deberían convertir en hábito el discernimiento a través de la metodología de conversación espiritual, con las herramientas de la escucha y el silencio, haciendo uso del documento síntesis del Sínodo y la experiencia de esta primera sesión que acaba de terminar. En ello, el liderazgo de nuestros obispos, presbíteros, religiosos, religiosas, laicos y laicas es fundamental.
¿Quizá el tema que va a ser más cuestionado sea el número 15 que trata del “Discernimiento eclesial y cuestiones abiertas”?
Como lo decía hace un momento algunas personas se van más por las ramas que por el tronco. Ese capítulo, seguramente, será tratado y discernido sinodalmente por el pueblo de Dios, colegialmente por los obispos y, en últimas, definido por el primado petrino. Los participantes en el Sínodo han asegurado que hablando de estas cuestiones se dieron cuenta de lo importante que es escuchar y hacer silencio para entender los argumentos de los demás (cf. 15 a) sobre todo en temas “controvertidos” como los efectos antropológicos de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, la tensión entre no violencia y legítima defensa, las problemáticas relativas a los ministerios en la Iglesia, los temas que se conectan con la corporeidad y la sexualidad, y otros (cf. 15 b) como la identidad de género y la orientación sexual, el final de la vida, y las situaciones matrimoniales difíciles (cf. 15 g). Algo interesante es que justo en este tema, la síntesis recuerda que la Iglesia ya se ha manifestado en su magisterio sobre tales cuestiones que aguardan a ser “traducidas a iniciativas pastorales apropiadas” (15 g). Esto me parece muy iluminador porque la tendencia que algunos grupos tienen a la reivindicación es suscitada por la marginación; pero si a la persona se le integra en la comunidad de fe, el afecto suscita la conciencia. Es la pedagogía de Jesús con Zaqueo: lo integra y esta acogida le abre los ojos, reconoce sus injusticias y se convierte.
¿Podría dar un ejemplo concreto respecto del ya cuestionado tema 15?
Voy a poner el ejemplo de las personas con orientación sexual diversa porque es uno de los temas por ahora más visibles y controvertidos: la Iglesia tiene sobre este asunto un magisterio muy claro, pero ha costado trabajo aterrizarlo en prácticas pastorales concretas. La diversidad sexual existe, está ahí, como la diversidad religiosa también, no podemos tapar el sol con las manos. Si el Catecismo desde 1992, en el numeral 2358, afirma que las personas con tendencias homosexuales cargan sobre sus hombros “una auténtica prueba” y que “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza”, además de evitárseles “todo signo de discriminación”, ¿cuántas son las parroquias o comunidades que después de tres décadas han considerado al menos implementar una pastoral adecuada para ellas? Las hay, pero son poquísimas. Acoger, formar, exigir, no se trata de hacer lobby por un tema, eso no, sino de ser consecuentes.
El Catecismo es claro al enseñar que a las personas homosexuales se les debe ayudar a realizar en sus vidas la voluntad de Dios, a educar la libertad interior y a que descubran a Jesús como solidario en medio de las dificultades de su condición; solo así puede presentárseles la propuesta del llamado a la castidad que todos hemos recibido. Sin embargo, generalmente saltamos a lo segundo – “sean castos” –, sin haber hecho lo primero – una escuela de acogida y formación cristiana y humana. Volviendo al caso, la reivindicación de quienes solicitan, por ejemplo, la “bendición de una pareja homosexual”, es más bien una reacción de quien nunca ha recibido algo más que señalamientos: si a esa misma pareja se le acoge, se le brinda formación cristiana, se le integra en la comunidad, estoy casi seguro de que nunca exigirá una bendición de su unión, porque el solo hecho de ser acogido ya será asimilado como una bendición.
¿Qué novedades cree que puede haber en este año antes de la segunda sesión del Sínodo?
Me ha llamado la atención que la síntesis nos pide promover, antes de la segunda sesión, iniciativas que permitan un “discernimiento común sobre cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas”, con base en la Palabra de Dios, en las enseñanzas de la Iglesia, en la reflexión teológica y en la experiencia sinodal (15 k). No por ser controvertidas son prohibidas; es mejor tratar estos temas y darles claridad, sobre todo en un contexto como el actual en que todo es cuestionado. Este es otro punto que debe dar tranquilidad a quienes ven con sospecha el Sínodo porque se deja en claro que las fuentes de la Revelación son la Palabra de Dios, escrita y transmitida, interpretada por el magisterio eclesial, con ayuda de los teólogos y el sensus fidei fidelium, es decir, el sentido de fe que tienen los fieles del pueblo de Dios, entre los que se encuentran aquellos estigmatizados por diversas razones: su pobreza, su condición sexual, su discapacidad, su estatus migratorio, etc.
Una gran novedad es que se pide conformar una comisión intercontinental de teólogos y canonistas para estudiar las implicaciones canónicas de la sinodalidad y, al mismo tiempo, se solicita un estudio preliminar para la revisión del Código de Derecho Canónico. Otra novedad es que se invita a que en las iglesias locales haya formación para algunos ministerios como la escucha, la resolución pacífica de conflictos, la misión digital, el acompañamiento a los matrimonios y la práctica del método de conversación espiritual. Además, se recuerda que las parejas que viven “situaciones afectivas y conyugales complejas” (sobre todo los casados por la Iglesia, divorciados por lo civil y vueltos a casar) pueden ser integradas en diversos servicios eclesiales como por ejemplo los organismos de participación, tales como un consejo pastoral parroquial (18 f). Muy seguramente también asistamos, en este año, a la confección de un martirologio ecuménico y quizá la convocación de un sínodo ecuménico, según las propuestas.
¿Y alguna novedad en la renovación de estructuras?
A propósito, una iniciativa que ya veíamos venir, particularmente después de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, realizada en 2021, es la de empezar a pensar, eso sí sin cuestionar la existencia y permanencia de las Conferencias Episcopales, en la creación de Asambleas Eclesiales de carácter permanente, en el orden continental y nacional, con participación de todos los miembros del Pueblo de Dios, que se reúnan bien sea antes o después de las asambleas episcopales (19 m). También la síntesis invita a que en este año se tenga en cuenta en los proyectos pastorales la rendición de cuentas como buena práctica de transparencia en la administración de los bienes (11 k), así como la vinculación serena y bien pensada de sacerdotes que dejaron el ministerio presbiteral para que asuman algunos oficios pastorales discretos (11 l). Especial mención merece la petición de inclusión de mujeres en los organismos de participación eclesial donde se toman decisiones (9 m), la equidad de salarios, que puedan ser jueces en todo tipo de procesos y la continuidad de la investigación teológica y pastoral sobre su acceso al ministerio del diaconado (9 n).
A propósito, ¿Qué dijo el Sínodo sobre el diaconado femenino? Quizá uno de los temas más álgidos…
Algo que debe quedar claro es que la propuesta sinodal versa sobre la ministerialidad en la Iglesia y no sobre la ordenación presbiteral de las mujeres. Son dos cosas distintas y la discusión sobre el diaconado femenino se enmarca en la primera y no en la segunda. Debemos partir de lo que dice el documento Lumen Gentium, a propósito de que existe una relación intrínseca y profunda, pero también una diferencia esencial y no solo de grado, entre los ministerios bautismales y el ministerio ordenado. Me parece importante lo que ha resaltado el Sínodo acerca de la urgente necesidad de desmontar el clericalismo tanto en los presbíteros como en los laicos. Esto explica un tanto el por qué un sector reclama el acceso de la mujer a la ordenación sacerdotal: piensan que en este mundo de luchas por la equidad de género sería inconcebible sostener que un hombre tenga un privilegio y una mujer no. Pero esta lectura es propiamente mundana, en el sentido que el Papa le ha dado a esta palabra. La solución no es que la mujer acceda al presbiterado como privilegio, pues este separa al ministro de la comunidad y perpetúa el clericalismo, sino que el hombre ejerza el presbiterado como un servicio, pues este sí permite la equidad. Solo el servicio nos permite a hombres y mujeres ser las manos y el corazón de Jesús, mientras el privilegio nos separa por géneros.
Ahora bien, las reflexiones sobre el diaconado femenino no van encaminadas al acceso de las mujeres al presbiterado sino al ejercicio del ministerio bautismal. El Sínodo ha expresado que el diaconado permanente fue restablecido a partir del Vaticano II como grado propio y permanente de la jerarquía, pero antes no era así. Hay que decir que, al menos en la historia de la teología, este no es un tema tabú, porque lo que sale de la investigación es que el diaconado femenino estuvo presente en la Iglesia primitiva en el contexto de la praxis bautismal, cuando se necesitaban servidoras de la comunidad para la inmersión de las mujeres adultas en el agua de regeneración; a eso puede referirse, por ejemplo, san Pablo (Rom 16, 1) a propósito de la diaconisa Febe.
Pero volviendo al asunto, podríamos decir que el Papa Francisco ya ha restituido este tipo de diaconado (servicio) como ministerio bautismal sin necesidad de ubicarlo en el orden jerárquico. Esto ha sido posible desde hace un par de años gracias al acceso de las mujeres a los ministerios instituidos, reconocidos públicamente, es decir, el lectorado y el acolitado, además del ministerio de catequista. Así, a medida que se incluye más a la mujer en los ministerios bautismales, en las instancias de gobierno – como pasa ahora en varios dicasterios vaticanos – y en los organismos de participación de las iglesias locales, va cediendo el ánimo reivindicativo como síntoma de exclusión y así nadie puede acusar a la Iglesia de discriminación. A propósito, el Sínodo ha pedido que los diáconos permanentes no se limiten al servicio litúrgico, sino que se enfoquen principalmente en el servicio de caridad. De aquí que resulte muy necesaria y urgente la formación en la sinodalidad, iniciando por nosotros, los que hacemos parte del ministerio ordenado.
Precisamente, no sé si está de acuerdo, en que es importante que las nuevas generaciones de presbíteros y diáconos permanentes sean más “empáticas” con el tema sinodal…
Totalmente de acuerdo; por ello considero que el tema más urgente en el contexto que estamos viviendo en la Iglesia es el número 14 que versa sobre la formación con énfasis sinodal, no solo para todos los bautizados sino, específicamente, para los que optan por el sacerdocio ministerial. Además, este tema no solo está en dicho capítulo sino que aparece transversal en todo el documento; al respecto, las cinco propuestas (14 k,l,m,n,o) son todo un desafío para los obispos, los rectores de seminarios y la pastoral vocacional y sacerdotal ya que se pide una revisión de la reciente Ratio Fundamentalis, que es como la carta constitucional o la bitácora que rige los procesos de formación hacia el presbiterado y el diaconado permanente. Además, se pide que para la segunda sesión se haga una evaluación de la recepción y asimilación del proceso sinodal en estos itinerarios de formación.
Esta propuesta me parece muy pertinente porque si los ministros ordenados no están permeados de la espiritualidad y la teología del Pueblo de Dios, que es la base de la sinodalidad, será difícil lograr esta renovación en la Iglesia. Esto supone seguir avanzando en la “desacademización” de la formación, es decir, que el camino hacia el presbiterado no sea simplemente matricularse en unas materias y vivir herméticamente en un recinto, lo que no pocas veces ha ocasionado ambientes artificiales y aislados de las comunidades cristianas que ocasionan inmadurez afectiva y relacional. Los llamados Seminarios Conciliares lo son porque fueron el magnífico resultado del Concilio de Trento; pero desde que San Carlos Borromeo fundó el primer seminario no han pasado más de 500 años, entonces, ¿cómo se formaron las generaciones de sacerdotes durante los anteriores 15 siglos? Debemos dirigir la mirada a las experiencias significativas y efectivas de esas épocas y a los actuales cambios socioculturales y pensar en Seminarios Sinodales que no se rijan por contenidos académicos sino por el encuentro personal con Jesucristo en las comunidades eclesiales, de tal modo que se permita una mayor inserción en el pueblo de Dios desde los inicios. Pero esto es un tema que no podemos agotar en una pregunta.
¿Algo más que agregar Padre Raúl?
Habría muchos otros temas por tratar, pero por ahora esto es suficiente. Pienso que este Sínodo nos confirma una vez más que la Iglesia está dirigida por el Espíritu Santo. Cuando estudiamos la historia de este misterio divino, no solo como institución humana, encontramos unos momentos especiales en los que se renueva Pentecostés, por ejemplo, la época apostólica y patrística con sus respectivos concilios, el surgimiento del monacato y de las órdenes mendicantes, la Reforma Católica de Trento y sus gloriosas consecuencias, ¡La pérdida de los Estados Pontificios! (que permitió la separación entre el poder político y el servicio eclesial), el Concilio Vaticano II y el actual Proceso Sinodal. No debemos tener la mirada y los oídos tan cerrados a la voz del Espíritu; la Iglesia tiene más de dos mil años, cuenta con la asistencia del Espíritu Santo y es de revelación divina que “el poder del infierno nunca prevalecerá contra ella”.
A continuación, compartimos la versión oficial del documento de síntesis:

La Esperanza en Jesucristo no defrauda
Lun 9 Mar 2026
La Iglesia hace política
Mar 3 Mar 2026
Vie 6 Mar 2026
Secretariado Nacional de Pastoral Social propone guía con claves para vivir el Evangelio durante las elecciones de 2026 en Colombia
Ante el inicio del calendario electoral este 8 de marzo en Colombia, el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana presentó la cartilla “Vivamos el Evangelio participando conscientemente en la política 2026”, un subsidio pastoral que busca orientar a las comunidades —especialmente a los católicos— para participar de manera informada y responsable en los comicios que se adelantarán en este 2026.La publicación surge como propuesta concreta ante un contexto nacional marcado por la polarización política, la desinformación y la desconfianza hacia las instituciones. Frente a este panorama, la Iglesia propone un camino de formación que ayude a los ciudadanos a discernir su voto consciente y responsable, desde los valores del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.El material está pensado como una herramienta pedagógica para parroquias, comunidades, familias, grupos juveniles y espacios educativos, con el fin de promover una reflexión crítica sobre la realidad social y fortalecer una participación política comprometida con la dignidad humana y el bien común.El voto consciente: una responsabilidad moral y socialUno de los ejes centrales de la cartilla es la invitación a comprender el voto como un acto profundamente ético. Según el documento, la participación electoral no es un gesto aislado, sino una decisión que influye directamente en la vida social, económica y política del país.En esta línea, el texto recuerda que la participación política constituye una responsabilidad moral cuando está orientada al bien común, tal como lo ha reiterado el pontificado del Papa León XIV.Desde esta perspectiva, el documento propone varias claves para ejercer un voto consciente:-Informarse de manera seria y responsable sobre candidatos y propuestas.-Analizar la coherencia entre el discurso político y la trayectoria pública.-Evaluar las propuestas legislativas y su impacto social.-Rechazar la compra de votos y cualquier forma de presión electoral.-No dejarse llevar por campañas de odio, desinformación o calumnia.El subsidio pastoral subraya además que un voto auténticamente responsable debe ser libre, informado, responsable y orientado al servicio, recordando que elegir gobernantes es también una forma concreta de asumir corresponsabilidad por el futuro del país.El Magisterio de la Iglesia: fe y compromiso con la vida públicaLa cartilla también recupera enseñanzas del Magisterio de la Iglesia para iluminar la participación política de los cristianos. En este sentido, recuerda que el compromiso social y político forma parte de la vocación cristiana.Siguiendo la enseñanza de san Juan Pablo II, el documento afirma que el cristiano no puede abdicar de su responsabilidad en la vida política, pues la construcción del bien común exige ciudadanos formados, informados y comprometidos.Por ello, propone tres deberes fundamentales para la participación responsable:-Formarse para comprender la realidad social y discernir a la luz del Evangelio.-Informarse con veracidad, analizando críticamente la realidad y las propuestas políticas.-Participar activamente en la vida social y política, promoviendo el bien común desde la propia vocación y responsabilidad ciudadana.Además, el texto advierte sobre el impacto negativo de la corrupción, que debilita las instituciones democráticas y genera desconfianza en la ciudadanía.La voz del Papa León XIV en tiempos electoralesLa cartilla recoge también varias enseñanzas del Papa León XIV que iluminan la responsabilidad política de los creyentes.El Santo Padre ha insistido en que los ciudadanos están llamados a “sanar las raíces profundas de los males del mundo”, promoviendo políticas capaces de transformar estructuralmente problemas como la pobreza, la inequidad, la corrupción y la violencia.En esta misma línea, el Papa recuerda que la opción preferencial por los pobres debe orientar también el discernimiento electoral. Por ello, el documento invita a preguntarse:-¿Qué propuestas ofrecen los candidatos frente a la pobreza?-¿Cómo promoverán el acceso a la educación, la salud y el trabajo digno?-¿Sus políticas favorecen la equidad y la justicia social?Asimismo, en su mensaje de Cuaresma, el Pontífice ha exhortado a “desarmar el lenguaje” en el debate público, evitando insultos, rumores y campañas de odio que debilitan la convivencia democrática.Una invitación a orar y discernir antes de votarAdemás de ofrecer criterios formativos, la cartilla invita a vivir el proceso electoral desde la espiritualidad, proponiendo una oración especial para antes de las elecciones, en la que se pide a Dios el don del discernimiento para elegir líderes que promuevan la justicia y la paz.En ella se expresa, entre otras peticiones:“Te pedimos, Señor, el don del discernimiento, para que elijamos líderes que escuchen tu Palabra, vivan en tu amor y caminen por la senda de tu verdad, guiando a nuestro país hacia un Reino de paz y justicia”.La oración también invita a reconocer la dignidad de todas las personas y a escuchar el clamor de quienes sufren violencia, pobreza o exclusión, recordando que el compromiso político debe estar siempre orientado al servicio de los más vulnerables.Un compromiso por la paz electoralFinalmente, el documento propone a las comunidades asumir un compromiso por la paz electoral, que incluye promover un voto libre y responsable, rechazar toda forma de violencia política, no difundir desinformación y defender la dignidad de cada persona incluso en medio del desacuerdo.De esta manera, la cartilla “Vivamos el Evangelio participando conscientemente en la política 2026” se presenta como una invitación a integrar la fe con la vida pública, promoviendo una participación política que contribuya a fortalecer la democracia y a construir una sociedad más justa, solidaria y reconciliada.Descargue aquí la cartilla completa: "Vivamos el Evangelio participando conscientemente en la política"Vea el mensaje del Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana sobre esta cartilla:
Vie 6 Mar 2026
En marzo, el Papa León XIV invita a rezar por el desarme y la paz: llama a transformar el corazón y las relaciones entre los pueblos
En medio de un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas y una creciente carrera armamentista, el Papa León XIV ha invitado a los católicos de todo el mundo a unir su oración durante marzo de 2026 por el desarme y la paz.La intención de oración, difundida a través de la Red Mundial de Oración del Papa y del tradicional Video del Papa, propone rezar para que las naciones renuncien a la violencia y opten por el diálogo, la diplomacia y la reconciliación, al tiempo que exhorta a cada persona a “desarmar” su propio corazón del odio, el rencor y la indiferencia.Esta convocatoria espiritual, que se inscribe en la misión universal de la Iglesia de promover la fraternidad entre los pueblos, invita a transformar la oración en compromiso cotidiano por la paz.Un llamado urgente ante la espiral de violenciaAl presentar la intención de oración, el Santo Padre recordó que la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.En su mensaje, advierte que los conflictos actuales y las tensiones internacionales ponen en riesgo la vida de millones de personas, especialmente de las poblaciones más vulnerables, y podrían prolongarse durante años si no se elige con decisión el camino de la reconciliación.Por ello, el Pontífice anima a los creyentes a pedir a Dios que ilumine a los líderes del mundo para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista y promover una convivencia basada en la justicia, la solidaridad y el respeto entre las naciones.Desarmar también el corazónMás allá del ámbito político o diplomático, el mensaje del Papa pone el foco en una dimensión profundamente humana y espiritual: la paz comienza en el interior de cada persona.En la oración difundida para este mes, el Santo Padre pide a Dios que desarme los corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan convertirse en instrumentos de reconciliación.“La verdadera seguridad —señala el Pontífice— no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos”.Así, la paz no se presenta como un ideal abstracto, sino como una tarea concreta que se construye cada día en las relaciones familiares, comunitarias y sociales.Orar y actuar por una paz posibleEl Papa León XIV recuerda que cada gesto de reconciliación, cada palabra amable y cada decisión orientada al diálogo pueden convertirse en semillas de un mundo nuevo.Por ello, invita a los creyentes a hacer de la oración una fuerza capaz de transformar la historia, comprometiéndose a ser constructores de una paz cotidiana en sus familias, comunidades y entornos sociales.De este modo, la intención de oración de marzo se convierte en una invitación universal a renovar el compromiso por una humanidad reconciliada, donde el diálogo prevalezca sobre la violencia y la fraternidad sobre la lógica de la guerra.Vea Video del Papa a continuación:Oración por el desarme y la pazEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Señor de la Vida,que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza,creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra,para la fraternidad, no para la destrucción.Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con vosotros”,concédenos el don de tu pazy la fortaleza para hacerla realidad en la historia.Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo,rogando que las naciones renuncien a las armasy elijan el camino del diálogo y la diplomacia.Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia,para que podamos ser instrumentos de reconciliación.Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridadno nace del control que alimenta el miedo,sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.Señor, ilumina a los líderes de las naciones,para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte,detener la carrera armamentista,y poner en el centro la vida de los más vulnerables.Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.Espíritu Santo,haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana:en nuestro corazón, nuestras familias,nuestras comunidades y nuestras ciudades.Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliacióny cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.Amén.
Jue 5 Mar 2026
Monseñor John Mario Mesa Palacio inicia su servicio pastoral en Leticia con un llamado a formar discípulos misioneros
La Iglesia que peregrina en la Amazonía colombiana vivió este 4 de marzo un momento significativo con la posesión canónica de monseñor John Mario Mesa Palacio como Vicario Apostólico de Leticia, durante una solemne Eucaristía celebrada en la Catedral Nuestra Señora de la Paz, en la capital del departamento del Amazonas.La celebración fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien, en nombre del Papa León XIV, acompañó el inicio del ministerio pastoral del nuevo vicario apostólico en esta jurisdicción misionera de la Iglesia en Colombia.La ceremonia congregó a 19 obispos, como signo de comunión episcopal, entre ellos los pastores de las jurisdicciones que integran la Provincia Eclesiástica de Florencia. En representación de la presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia participó su vicepresidente, monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos. También asistieron sacerdotes, comunidades religiosas, autoridades civiles y militares, representantes de comunidades indígenas y cientos de fieles que quisieron acompañar este momento de gracia para la Iglesia amazónica.Gratitud por 25 años de servicio pastoralAl iniciar la celebración, el Vicario Apostólico Emérito de Leticia, monseñor José de Jesús Quintero Díaz, quien pastoreó esta Iglesia particular desde febrero de 2001, expresó su acción de gracias por el camino recorrido y destacó la continuidad de la misión evangelizadora.“El Buen Pastor sigue amando a los hermanos de esta jurisdicción eclesiástica y ese amor se manifiesta en la sucesión apostólica que hoy vivimos”, afirmó, al agradecer a Dios por haberle permitido servir durante más de dos décadas a esta Iglesia local.Monseñor Quintero animó a la comunidad eclesial del Vicariato a acompañar con esperanza al nuevo pastor y a continuar el camino de evangelización “con paz, optimismo y alegría”, confiando la misión al Señor, “el Divino Misionero”.Un acontecimiento de alegría para la Iglesia en ColombiaDurante su homilía, el Nuncio Apostólico destacó que la llegada del nuevo Vicario Apostólico constituye un acontecimiento significativo no solo para el Vicariato de Leticia, sino para toda la Iglesia en el país.“Este acontecimiento no se limita a ser ocasión festiva para este Vicariato, sino que lo es también para la Iglesia que peregrina en Colombia”, señaló monseñor Rudelli.El representante del Santo Padre agradeció el servicio pastoral de monseñor Quintero Díaz durante los 25 años que pastoreó ese vicariato.Asimismo, subrayó la importancia de la comunión entre las Iglesias particulares, recordando los históricos vínculos entre el Vicariato Apostólico de Leticia y la Diócesis de Santa Rosa de Osos, relación fortalecida desde 1989 por disposición del Juan Pablo II en el contexto de los territorios de misión.Monseñor Rudelli invitó al nuevo Vicario a ejercer su ministerio como un auténtico servicio pastoral:“El ministerio episcopal sea verdaderamente una tarea del amor: apacentar la grey que el Señor hoy le confía”, expresó, evocando la tradición espiritual de la Iglesia.También resaltó el papel del Vicariato dentro del camino pastoral de la Amazonía, impulsado especialmente tras el Sínodo para la Amazonía de 2019, que anima a fortalecer la misión evangelizadora en esta región.Un ministerio marcado por la misión y la cercaníaTras recibir oficialmente la posesión canónica, monseñor John Mario Mesa Palacio dirigió su primer mensaje como Vicario Apostólico de Leticia, en el que destacó que la esencia de la Iglesia es anunciar el Evangelio y formar verdaderos discípulos de Cristo.“El Señor nos llama a todos a la santidad. Desde el bautismo gozamos de la misma dignidad de hijos de Dios y somos llamados a participar en la misión de acompañar, pastorear y conducir al pueblo santo de Dios”, afirmó.El nuevo Vicario recordó que la vocación cristiana debe cultivarse con generosidad y acompañamiento, especialmente en contextos donde escasean las vocaciones, e insistió en la importancia de animar a los jóvenes a responder al llamado de Dios.“La Iglesia no está llamada simplemente a llenar registros de bautizados, sino a formar discípulos que conozcan, amen y sigan a Jesucristo”, señaló.En su intervención también subrayó la dimensión misionera de su servicio pastoral, recordando que el mandato de Cristo sigue vigente: “Vayan a todos los pueblos y anuncien la Buena Nueva del Evangelio”.Caminar juntos en una Iglesia sinodalMonseñor Mesa Palacio anunció que su ministerio estará marcado por la cercanía, el trabajo misionero y la sinodalidad, entendida como el caminar conjunto del pueblo de Dios.“Caminaremos juntos, viviendo la sinodalidad como un proceso de diálogo, escucha y discernimiento para descubrir lo que el Señor quiere para esta Iglesia particular”, afirmó.Asimismo, destacó la importancia de la cercanía pastoral en tres dimensiones fundamentales: con Dios, con los hermanos en el ministerio y con el pueblo de Dios, especialmente con los más sencillos y con las comunidades indígenas presentes en el territorio amazónico.“Qué bonito es ver acercarse a su pastor a los más humildes, a las comunidades indígenas, a las autoridades y a todo el pueblo de Dios”, expresó.El nuevo Vicario Apostólico manifestó además que asume esta misión con alegría y confianza en la acción del Espíritu Santo:“Lo asumo con decisión y con gozo, apoyado en Cristo, el Buen Pastor, y en la protección de Nuestra Señora, la Divina Pastora”.Un nuevo capítulo para la misión en la AmazoníaEl inicio del ministerio de monseñor John Mario Mesa Palacio representa, así, un impulso para fortalecer la evangelización, la comunión eclesial y la presencia pastoral de la Iglesia en la Amazonía colombiana, en comunión con el Santo Padre y con toda la Iglesia que peregrina en Colombia.
Jue 5 Mar 2026
Iglesia llama a garantizar la vida y el voto libre ante riesgos electorales en Colombia
Ante las alertas sobre violencia y presiones al electorado en distintas regiones del país, la Iglesia Católica en Colombia hizo un llamado urgente a proteger la vida de los ciudadanos y garantizar el ejercicio libre del voto en las elecciones al Congreso de la República que se realizarán el próximo 8 de marzo.El pronunciamiento fue hecho a través de monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal de Colombia para las Relaciones Iglesia-Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien advirtió que diversos municipios del país enfrentan situaciones críticas que pueden afectar el normal desarrollo del proceso democrático.Sus declaraciones se dan en un contexto marcado por las recientes alertas de la Misión de Observación Electoral, que en su undécimo informe de seguimiento al proceso electoral de 2026 advirtió un aumento en los municipios con riesgo electoral por violencia y posibles irregularidades de cara a los comicios legislativos.Aumentan los municipios en riesgo electoralDe acuerdo con el informe de la MOE, 185 municipios del país presentan riesgo electoral consolidado, debido a la coincidencia de factores asociados a violencia y posibles irregularidades en el proceso democrático. Esta cifra representa un incremento frente a los 170 municipios que habían sido identificados en febrero en el primer mapa de riesgos para las elecciones nacionales de 2026.El documento señala además que 94 municipios se encuentran en riesgo extremo, lo que supone desafíos significativos para garantizar condiciones adecuadas de participación ciudadana durante la jornada electoral.Entre las regiones que generan mayor preocupación se encuentran los departamentos del Cauca y Antioquia, donde 21 y 20 municipios, respectivamente, han sido clasificados con ese riesgo extremo, lo que llevó a la organización a pedir a las autoridades una articulación institucional urgente para proteger el ejercicio del voto.Riesgos en territorios afectados por la violenciaEn este contexto, monseñor Henao advirtió que los mapas de riesgo muestran territorios donde la violencia, las amenazas y la presión sobre los ciudadanos pueden distorsionar la voluntad democrática.Según explicó, en varios municipios del país se han reportado coacciones a las comunidades, compra de votos y presiones para influir en la participación electoral, situaciones que afectan directamente la libertad de los ciudadanos para decidir en las urnas.El sacerdote señaló que una parte importante de estos territorios coincide con zonas donde se elegirán representantes de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, creadas para garantizar representación política a comunidades afectadas por el conflicto armado.“Un hecho muy importante en la historia del país, pero que no puede ser de ninguna manera distorsionado por la violencia y por las amenazas”, afirmó.Llamado a proteger la vida y el votoAnte este panorama, el Delegado de la Conferencia Episcopal hizo un llamado a todos los sectores de la sociedad a crear condiciones que permitan una participación democrática segura y libre.“Es muy importante en este momento hacer un llamado a toda la ciudadanía para que creemos condiciones de manera que el voto sea respetado y la vida de las personas sea plenamente garantizada”, expresó.El representante de la Iglesia Católica indicó que este llamado ha sido reiterado también en diálogo con la Defensoría del Pueblo, insistiendo en la necesidad de garantizar la seguridad de candidatos, líderes sociales y ciudadanos durante el proceso electoral.Un debate sin odio ni desinformaciónAdemás de las preocupaciones por la seguridad, la Iglesia hizo un llamado a que el debate político se desarrolle en un ambiente de respeto, evitando el lenguaje de odio y la desinformación.Monseñor Henao subrayó la importancia de promover un lenguaje constructivo que permita a los ciudadanos conocer las propuestas de los candidatos sin campañas de desprestigio o información falsa que distorsione el debate democrático.Llamado a los actores armadosEl delegado episcopal dirigió también un mensaje a los actores armados presentes en distintas regiones del país, pidiéndoles respetar el derecho fundamental de las comunidades a participar en las elecciones.“El voto es un derecho fundamental que debe ser respetado y garantizado en todo el territorio nacional”, afirmó.Asimismo, instó a quienes ya han manifestado su intención de respetar la jornada electoral a traducir ese compromiso en acciones concretas que permitan a la ciudadanía ejercer su derecho al voto sin presiones ni amenazas.Un momento clave para la democraciaFinalmente, monseñor Henao invitó a los colombianos a vivir este momento electoral con esperanza y compromiso ciudadano:“Este es un momento muy vivo de la democracia en Colombia que nos invita a participar activamente y hacer realidad los grandes principios que conducen hacia la paz y la reconciliación”.Vea a continuación el pronunciamiento del Delegado de la Conferencia Episcopal de Colombia: