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“El sínodo derrotó los prejuicios y las ideologías, como lo había anticipado el Papa”: P. Raúl Ortiz Toro
Tags: XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos Informe de síntesis de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos conferencia episcopal de colombia iglesia católica colombiana Padre Raúl Ortiz Toro sínodo sobre la sinodalidad
Tras la celebración eucarística de clausura de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos desarrollada en Roma durante todo este mes de octubre, presidida por el papa Francisco el domingo 29 de octubre en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, los padres y madres sinodales iniciaron sus viajes de regreso a las comunidades eclesiales de pertenencia, llevando consigo grandes expectativas y tareas a realizar durante este periodo de preparación que culminará con la segunda sesión, en octubre de 2024.
El día anterior había sido presentado el informe de síntesis de la primera sesión, documento que en versión oficial por ahora solo está disponible en italiano, a partir del cual se han generado algunas inquietudes y en el que todos los miembros del Pueblo de Dios estamos llamados a profundizar.
Para iniciar esta camino de discernimiento y retroalimentación, el Departamento de Comunicaciones del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano entrevistó al padre Raúl Ortiz Toro, director del Departamento de Doctrina, sobre algunos aspectos que permiten comprender no solo las propuestas del documento final titulado “Una Iglesia sinodal en misión”, sino, en general, los principales temas tratados durante la XVI Asamblea General.
Padre Raúl, ¿Cree que ya finalizada esta primera sesión de la Asamblea Sinodal se han disipado los temores y tensiones que la antecedieron?
Efectivamente. Sin embargo, recuerdo aquel adagio: “calumniad, calumniad, que algo queda”; es decir, lamento mucho que los profetas de calamidades hayan logrado hacer mella en tantas personas inocentes que desconocen la teología o el derecho canónico al punto de sembrarles desazón y desconsuelo. El mismo Papa Francisco lo advirtió cuando contó que habiendo llamado a unas monjitas, estas le expresaron que tenían miedo del Sínodo porque habían escuchado que allí iban a “cambiar la doctrina”, lo cual no ha pasado para nada. Es lamentable que haya tantos prejuicios, pero a la vez es esperanzador, porque esto quiere decir que los temores eran infundados y que, en verdad, el Espíritu Santo fue el protagonista.
La prensa, que no es nada ingenua, gozó con los que prejuiciosamente anticipaban un cisma, e hizo uso de los detractores del Sínodo que se detuvieron en temas de tono disciplinar, que ahora vemos que no fueron centrales o ni siquiera fueron abordados, como la ordenación de mujeres, el levantamiento del celibato sacerdotal y la bendición de parejas homosexuales. Sabían, pero sin embargo lo callaron, que el Sínodo es un órgano de participación eclesial de carácter consultivo y no deliberativo; y sabían, además, que el sínodo alemán había sido un proceso con una metodología y resultados distinto a lo propuesto por Francisco en el Sínodo sobre la Sinodalidad, dos caminos diferentes, pero tendenciosamente los equipararon como si se tratara de una misma cosa. Esta experiencia debe enseñarnos que la altura de una discusión se basa en la sensatez de los argumentos y no en los prejuicios infundados. En conclusión, el sínodo derrotó los prejuicios y las ideologías como lo había anticipado el Papa.
¿Qué pasará ahora mientras llega la segunda sesión del Sínodo en octubre de 2024?
Hemos entrado a una nueva etapa de discernimiento en perspectiva de retroalimentación. De la consulta a las Iglesias locales entre 2021 y 2022 salieron grandes intuiciones que fueron recogidas en las síntesis nacionales y continentales, que se vieron a su vez reflejadas en el Documento de Trabajo del Sínodo. Durante la Asamblea, las madres y los padres sinodales escucharon la voz del Espíritu Santo, a través de la conversación espiritual, que es un método que no es nuevo en la Iglesia, pero que sí es novedoso en su aplicación durante un Sínodo. Sumado a esto, el silencio fue un protagonista especial que permitió hacer síntesis interior. La espiritualidad de la sinodalidad con base en la escucha en un doble pero único sentido, es decir, del Espíritu Santo y del santo pueblo fiel de Dios, es una riqueza grande que debemos explorar y profundizar en nuestras comunidades eclesiales locales. Para ello, la síntesis de esta primera sesión de la Asamblea Sinodal ha logrado identificar unos temas que en nuestras Iglesias Particulares seguramente se trabajarán con la metodología de conversación espiritual durante este año antes de la segunda sesión.
¿Cuáles son, entonces, esos temas nucleares para el discernimiento?
El documento está organizado de manera tripartita externa e internamente. Es decir, hay 20 temas agrupados en tres grandes bloques y luego cada uno de esos 20 capítulos está desarrollado en tres partes. Los tres grandes bloques son, el primero, el que se refiere a la teología y a la espiritualidad de la sinodalidad, como sentando unas bases argumentativas, pero vivenciales, de lo que se necesita para lograr ser “Una Iglesia sinodal en misión”, que es el nombre que le han dado a esta síntesis. El segundo, es un bloque que se detiene a pensar en las personas, en los sujetos del sentido de la fe (sensus fidei), es decir, todos los miembros del pueblo de Dios en la dinámica de sinodalidad-colegialidad episcopal-primado petrino, desde una perspectiva de comunión para la misión. Finalmente, el tercer bloque trata el tema de los procesos y de las instituciones, y la necesidad de que sean cada vez más sinodales, esto es, que promuevan y faciliten la corresponsabilidad, el liderazgo compartido en la Iglesia.
¿Y esto no es demasiado teórico y quizá reiterativo?
Es necesaria teología; es la sana doctrina según el principio de Tradición que nos legó san Vicente de Lérins en el siglo V: lo que se ha creído siempre, en todos los lugares y por todos. Estas bases iluminan entonces la distribución tripartita interna de cada uno de los 20 temas que han sido tratados así: convergencias, cuestiones que se deben afrontar y propuestas; podríamos decir que esta es la parte práctica; precisamente, aquí es donde se ve que el Sínodo es un órgano consultivo y no fue convocado para cambiar la doctrina. Entonces, por ejemplo, tomemos el tema tercero que es la iniciación cristiana: las convergencias son los principios basilares del tipo: “la celebración de la Eucaristía, sobre todo el domingo, es la primera y fundamental forma en la que el pueblo de Dios se reúne y encuentra” (3 e); en consecuencia, una cuestión que se debería afrontar es que “el sacramento del bautismo no puede ser entendido de manera aislada, al margen de la lógica de la iniciación cristiana, ni tampoco de manera individualista” (3 g); por ello, una propuesta es que “si la Eucaristía da forma a la sinodalidad, el primer paso es obrar en consecuencia con la gracia a través de un estilo celebrativo a la altura del don y con una auténtica fraternidad. La liturgia, celebrada con autenticidad, es la primera y fundamental escuela de discipulado y fraternidad” (3 k). Ningún buen católico podrá resistirse a este tipo de reflexión a la vez tan concreta como trascendente.
¿Cómo se aterriza cada convergencia, cuestión y propuesta del documento final al discernimiento comunitario?
Lo primero es que el documento debe ser leído en el contexto de una espiritualidad de la sinodalidad que tiene de base la conversión permanente, sincera y progresiva, en el ámbito personal y evangelizador. Los principales detractores del Sínodo sobre la Sinodalidad no son los que hablan prejuiciosamente de la metodología o el contenido de la Asamblea sinodal, sino aquellos que no están convencidos de que los tiempos nos desafían a ser una “Iglesia sinodal en misión”, en salida a las periferias. Son las resistencias más peligrosas, las de la inactividad. Se me viene a la cabeza una frase del papa Pío XII que habló en 1950 de “la herejía de la acción”, una acción que no se basa en la ayuda de la gracia y no busca la santidad. Pero ahora podríamos parafrasear al papa Pacelli porque el clericalismo que ha denunciado Francisco ha llevado, más bien, a una “herejía de la inacción”. En algunas comunidades eclesiales la fe dormita porque los agentes de evangelización están cansados, parece que llevaran un peso encima desde hace dos mil años. Por ejemplo, hace poco, en un encuentro ecuménico internacional, la cantidad de jóvenes saliendo a misión – que nosotros llamamos ad gentes – nos dejó atónitos a la vez que preocupados, no solo por la cantidad, sino porque ninguno era católico.
Padre, creo que aún no me ha respondido la pregunta…
Bueno, estaba haciendo un preámbulo, que hace parte de la respuesta: si no hay pasión por evangelizar, ni conciencia de la vocación misionera, la sinodalidad pasará a la historia como una buena idea más, sin mayor trascendencia. ¿Cómo se aterriza, entonces? En primer lugar, aparece el liderazgo de las Conferencias Episcopales; a ellas se les ha pedido que reflexionen sobre varios asuntos, por ejemplo, instituir comisiones de estudio sobre cuestiones discutidas, profundizar las relaciones con las conferencias de la vida religiosa, buscar caminos para la inculturación de la liturgia, usar un lenguaje más cercano en sus documentos, promover las pequeñas comunidades, establecer métodos para rendición de cuentas, recordar la obligatoriedad de los consejos episcopales y de pastoral, y una larga lista.
Creo que las Conferencias Episcopales estudiarán los 20 capítulos de la síntesis y decidirán qué es necesario discernir a nivel parroquial, diocesano, nacional o continental, por supuesto con apoyo de los organismos de participación y corresponsabilidad según cada nivel. Algo muy concreto es que las Iglesias Particulares deberían convertir en hábito el discernimiento a través de la metodología de conversación espiritual, con las herramientas de la escucha y el silencio, haciendo uso del documento síntesis del Sínodo y la experiencia de esta primera sesión que acaba de terminar. En ello, el liderazgo de nuestros obispos, presbíteros, religiosos, religiosas, laicos y laicas es fundamental.
¿Quizá el tema que va a ser más cuestionado sea el número 15 que trata del “Discernimiento eclesial y cuestiones abiertas”?
Como lo decía hace un momento algunas personas se van más por las ramas que por el tronco. Ese capítulo, seguramente, será tratado y discernido sinodalmente por el pueblo de Dios, colegialmente por los obispos y, en últimas, definido por el primado petrino. Los participantes en el Sínodo han asegurado que hablando de estas cuestiones se dieron cuenta de lo importante que es escuchar y hacer silencio para entender los argumentos de los demás (cf. 15 a) sobre todo en temas “controvertidos” como los efectos antropológicos de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, la tensión entre no violencia y legítima defensa, las problemáticas relativas a los ministerios en la Iglesia, los temas que se conectan con la corporeidad y la sexualidad, y otros (cf. 15 b) como la identidad de género y la orientación sexual, el final de la vida, y las situaciones matrimoniales difíciles (cf. 15 g). Algo interesante es que justo en este tema, la síntesis recuerda que la Iglesia ya se ha manifestado en su magisterio sobre tales cuestiones que aguardan a ser “traducidas a iniciativas pastorales apropiadas” (15 g). Esto me parece muy iluminador porque la tendencia que algunos grupos tienen a la reivindicación es suscitada por la marginación; pero si a la persona se le integra en la comunidad de fe, el afecto suscita la conciencia. Es la pedagogía de Jesús con Zaqueo: lo integra y esta acogida le abre los ojos, reconoce sus injusticias y se convierte.
¿Podría dar un ejemplo concreto respecto del ya cuestionado tema 15?
Voy a poner el ejemplo de las personas con orientación sexual diversa porque es uno de los temas por ahora más visibles y controvertidos: la Iglesia tiene sobre este asunto un magisterio muy claro, pero ha costado trabajo aterrizarlo en prácticas pastorales concretas. La diversidad sexual existe, está ahí, como la diversidad religiosa también, no podemos tapar el sol con las manos. Si el Catecismo desde 1992, en el numeral 2358, afirma que las personas con tendencias homosexuales cargan sobre sus hombros “una auténtica prueba” y que “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza”, además de evitárseles “todo signo de discriminación”, ¿cuántas son las parroquias o comunidades que después de tres décadas han considerado al menos implementar una pastoral adecuada para ellas? Las hay, pero son poquísimas. Acoger, formar, exigir, no se trata de hacer lobby por un tema, eso no, sino de ser consecuentes.
El Catecismo es claro al enseñar que a las personas homosexuales se les debe ayudar a realizar en sus vidas la voluntad de Dios, a educar la libertad interior y a que descubran a Jesús como solidario en medio de las dificultades de su condición; solo así puede presentárseles la propuesta del llamado a la castidad que todos hemos recibido. Sin embargo, generalmente saltamos a lo segundo – “sean castos” –, sin haber hecho lo primero – una escuela de acogida y formación cristiana y humana. Volviendo al caso, la reivindicación de quienes solicitan, por ejemplo, la “bendición de una pareja homosexual”, es más bien una reacción de quien nunca ha recibido algo más que señalamientos: si a esa misma pareja se le acoge, se le brinda formación cristiana, se le integra en la comunidad, estoy casi seguro de que nunca exigirá una bendición de su unión, porque el solo hecho de ser acogido ya será asimilado como una bendición.
¿Qué novedades cree que puede haber en este año antes de la segunda sesión del Sínodo?
Me ha llamado la atención que la síntesis nos pide promover, antes de la segunda sesión, iniciativas que permitan un “discernimiento común sobre cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas”, con base en la Palabra de Dios, en las enseñanzas de la Iglesia, en la reflexión teológica y en la experiencia sinodal (15 k). No por ser controvertidas son prohibidas; es mejor tratar estos temas y darles claridad, sobre todo en un contexto como el actual en que todo es cuestionado. Este es otro punto que debe dar tranquilidad a quienes ven con sospecha el Sínodo porque se deja en claro que las fuentes de la Revelación son la Palabra de Dios, escrita y transmitida, interpretada por el magisterio eclesial, con ayuda de los teólogos y el sensus fidei fidelium, es decir, el sentido de fe que tienen los fieles del pueblo de Dios, entre los que se encuentran aquellos estigmatizados por diversas razones: su pobreza, su condición sexual, su discapacidad, su estatus migratorio, etc.
Una gran novedad es que se pide conformar una comisión intercontinental de teólogos y canonistas para estudiar las implicaciones canónicas de la sinodalidad y, al mismo tiempo, se solicita un estudio preliminar para la revisión del Código de Derecho Canónico. Otra novedad es que se invita a que en las iglesias locales haya formación para algunos ministerios como la escucha, la resolución pacífica de conflictos, la misión digital, el acompañamiento a los matrimonios y la práctica del método de conversación espiritual. Además, se recuerda que las parejas que viven “situaciones afectivas y conyugales complejas” (sobre todo los casados por la Iglesia, divorciados por lo civil y vueltos a casar) pueden ser integradas en diversos servicios eclesiales como por ejemplo los organismos de participación, tales como un consejo pastoral parroquial (18 f). Muy seguramente también asistamos, en este año, a la confección de un martirologio ecuménico y quizá la convocación de un sínodo ecuménico, según las propuestas.
¿Y alguna novedad en la renovación de estructuras?
A propósito, una iniciativa que ya veíamos venir, particularmente después de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, realizada en 2021, es la de empezar a pensar, eso sí sin cuestionar la existencia y permanencia de las Conferencias Episcopales, en la creación de Asambleas Eclesiales de carácter permanente, en el orden continental y nacional, con participación de todos los miembros del Pueblo de Dios, que se reúnan bien sea antes o después de las asambleas episcopales (19 m). También la síntesis invita a que en este año se tenga en cuenta en los proyectos pastorales la rendición de cuentas como buena práctica de transparencia en la administración de los bienes (11 k), así como la vinculación serena y bien pensada de sacerdotes que dejaron el ministerio presbiteral para que asuman algunos oficios pastorales discretos (11 l). Especial mención merece la petición de inclusión de mujeres en los organismos de participación eclesial donde se toman decisiones (9 m), la equidad de salarios, que puedan ser jueces en todo tipo de procesos y la continuidad de la investigación teológica y pastoral sobre su acceso al ministerio del diaconado (9 n).
A propósito, ¿Qué dijo el Sínodo sobre el diaconado femenino? Quizá uno de los temas más álgidos…
Algo que debe quedar claro es que la propuesta sinodal versa sobre la ministerialidad en la Iglesia y no sobre la ordenación presbiteral de las mujeres. Son dos cosas distintas y la discusión sobre el diaconado femenino se enmarca en la primera y no en la segunda. Debemos partir de lo que dice el documento Lumen Gentium, a propósito de que existe una relación intrínseca y profunda, pero también una diferencia esencial y no solo de grado, entre los ministerios bautismales y el ministerio ordenado. Me parece importante lo que ha resaltado el Sínodo acerca de la urgente necesidad de desmontar el clericalismo tanto en los presbíteros como en los laicos. Esto explica un tanto el por qué un sector reclama el acceso de la mujer a la ordenación sacerdotal: piensan que en este mundo de luchas por la equidad de género sería inconcebible sostener que un hombre tenga un privilegio y una mujer no. Pero esta lectura es propiamente mundana, en el sentido que el Papa le ha dado a esta palabra. La solución no es que la mujer acceda al presbiterado como privilegio, pues este separa al ministro de la comunidad y perpetúa el clericalismo, sino que el hombre ejerza el presbiterado como un servicio, pues este sí permite la equidad. Solo el servicio nos permite a hombres y mujeres ser las manos y el corazón de Jesús, mientras el privilegio nos separa por géneros.
Ahora bien, las reflexiones sobre el diaconado femenino no van encaminadas al acceso de las mujeres al presbiterado sino al ejercicio del ministerio bautismal. El Sínodo ha expresado que el diaconado permanente fue restablecido a partir del Vaticano II como grado propio y permanente de la jerarquía, pero antes no era así. Hay que decir que, al menos en la historia de la teología, este no es un tema tabú, porque lo que sale de la investigación es que el diaconado femenino estuvo presente en la Iglesia primitiva en el contexto de la praxis bautismal, cuando se necesitaban servidoras de la comunidad para la inmersión de las mujeres adultas en el agua de regeneración; a eso puede referirse, por ejemplo, san Pablo (Rom 16, 1) a propósito de la diaconisa Febe.
Pero volviendo al asunto, podríamos decir que el Papa Francisco ya ha restituido este tipo de diaconado (servicio) como ministerio bautismal sin necesidad de ubicarlo en el orden jerárquico. Esto ha sido posible desde hace un par de años gracias al acceso de las mujeres a los ministerios instituidos, reconocidos públicamente, es decir, el lectorado y el acolitado, además del ministerio de catequista. Así, a medida que se incluye más a la mujer en los ministerios bautismales, en las instancias de gobierno – como pasa ahora en varios dicasterios vaticanos – y en los organismos de participación de las iglesias locales, va cediendo el ánimo reivindicativo como síntoma de exclusión y así nadie puede acusar a la Iglesia de discriminación. A propósito, el Sínodo ha pedido que los diáconos permanentes no se limiten al servicio litúrgico, sino que se enfoquen principalmente en el servicio de caridad. De aquí que resulte muy necesaria y urgente la formación en la sinodalidad, iniciando por nosotros, los que hacemos parte del ministerio ordenado.
Precisamente, no sé si está de acuerdo, en que es importante que las nuevas generaciones de presbíteros y diáconos permanentes sean más “empáticas” con el tema sinodal…
Totalmente de acuerdo; por ello considero que el tema más urgente en el contexto que estamos viviendo en la Iglesia es el número 14 que versa sobre la formación con énfasis sinodal, no solo para todos los bautizados sino, específicamente, para los que optan por el sacerdocio ministerial. Además, este tema no solo está en dicho capítulo sino que aparece transversal en todo el documento; al respecto, las cinco propuestas (14 k,l,m,n,o) son todo un desafío para los obispos, los rectores de seminarios y la pastoral vocacional y sacerdotal ya que se pide una revisión de la reciente Ratio Fundamentalis, que es como la carta constitucional o la bitácora que rige los procesos de formación hacia el presbiterado y el diaconado permanente. Además, se pide que para la segunda sesión se haga una evaluación de la recepción y asimilación del proceso sinodal en estos itinerarios de formación.
Esta propuesta me parece muy pertinente porque si los ministros ordenados no están permeados de la espiritualidad y la teología del Pueblo de Dios, que es la base de la sinodalidad, será difícil lograr esta renovación en la Iglesia. Esto supone seguir avanzando en la “desacademización” de la formación, es decir, que el camino hacia el presbiterado no sea simplemente matricularse en unas materias y vivir herméticamente en un recinto, lo que no pocas veces ha ocasionado ambientes artificiales y aislados de las comunidades cristianas que ocasionan inmadurez afectiva y relacional. Los llamados Seminarios Conciliares lo son porque fueron el magnífico resultado del Concilio de Trento; pero desde que San Carlos Borromeo fundó el primer seminario no han pasado más de 500 años, entonces, ¿cómo se formaron las generaciones de sacerdotes durante los anteriores 15 siglos? Debemos dirigir la mirada a las experiencias significativas y efectivas de esas épocas y a los actuales cambios socioculturales y pensar en Seminarios Sinodales que no se rijan por contenidos académicos sino por el encuentro personal con Jesucristo en las comunidades eclesiales, de tal modo que se permita una mayor inserción en el pueblo de Dios desde los inicios. Pero esto es un tema que no podemos agotar en una pregunta.
¿Algo más que agregar Padre Raúl?
Habría muchos otros temas por tratar, pero por ahora esto es suficiente. Pienso que este Sínodo nos confirma una vez más que la Iglesia está dirigida por el Espíritu Santo. Cuando estudiamos la historia de este misterio divino, no solo como institución humana, encontramos unos momentos especiales en los que se renueva Pentecostés, por ejemplo, la época apostólica y patrística con sus respectivos concilios, el surgimiento del monacato y de las órdenes mendicantes, la Reforma Católica de Trento y sus gloriosas consecuencias, ¡La pérdida de los Estados Pontificios! (que permitió la separación entre el poder político y el servicio eclesial), el Concilio Vaticano II y el actual Proceso Sinodal. No debemos tener la mirada y los oídos tan cerrados a la voz del Espíritu; la Iglesia tiene más de dos mil años, cuenta con la asistencia del Espíritu Santo y es de revelación divina que “el poder del infierno nunca prevalecerá contra ella”.
A continuación, compartimos la versión oficial del documento de síntesis:

“El Dios de la paz estará con ustedes” (Filp 4, 9)
Mar 8 Sep 2026
Después del terremoto
Mié 2 Sep 2026
Jue 3 Sep 2026
Delegados de Catequesis y Animación Bíblica trazan nuevos caminos para la evangelización en Colombia
Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de distintas jurisdicciones del país se reunieron en Bogotá para reflexionar sobre nuevos caminos de iniciación cristiana, con la Sagrada Escritura como eje de los procesos catequéticos.Durante tres días, la Iglesia en Colombia puso en el centro de la reflexión una pregunta fundamental: ¿cómo hacer de la Palabra de Dios el alma de la catequesis y de los procesos de evangelización?La respuesta orientó el Encuentro Nacional de Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral 2026, realizado del 25 al 27 de agosto en las instalaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del mes del catequista.El encuentro tuvo como propósito ofrecer estrategias para fortalecer los procesos de iniciación cristiana, colocando como eje central la Palabra de Dios en la catequesis y en la Animación Bíblica de la Pastoral. También buscó profundizar en el papel de la ABP como dinamizadora de la acción evangelizadora, así como en la identidad del catequista como servidor de la Palabra.A partir de este eje, las jornadas abordaron distintos aspectos de la relación entre la Sagrada Escritura, la catequesis y la misión evangelizadora de la Iglesia.La Palabra como corazón de la catequesisEl primer día estuvo dedicado a profundizar en la Palabra de Dios como corazón de la catequesis y a comprender el significado de la Animación Bíblica de la Pastoral.Estos temas estuvieron a cargo de monseñor Jaime Cabrera Arcos, obispo de Garzón, quien presentó la Biblia como alma de toda catequesis y profundizó en la importancia de una pastoral animada por la Palabra de Dios.“La Biblia ha de ser el alma de toda catequesis”, señaló el padre Francisco Oquendo Góez, director del Departamento de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de la CEC, al explicar uno de los principales énfasis del encuentro.La reflexión también llevó a reconocer que la Animación Bíblica de la Pastoral no constituye una acción aislada, sino una manera de dinamizar la evangelización y la vida pastoral desde la Sagrada Escritura.En palabras del padre Oquendo, el desafío es hacer de la Palabra “el alma, no solamente de lo que llamamos la acción pastoral, sino de todo el proceso evangelizador, el alma de la acción misionera y el alma de la acción catequético iniciática”.Del modelo pre-sacramental a una catequesis permanenteUno de los principales desafíos identificados durante el encuentro fue avanzar de una catequesis entendida principalmente como preparación para recibir sacramentos hacia procesos permanentes de iniciación cristiana, capaces de acompañar las distintas etapas de la vida.Esta perspectiva estuvo presente en las reflexiones y testimonios de los participantes. El padre Iván Ortiz, de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy, reconoció que tradicionalmente la catequesis ha estado muy vinculada a la preparación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación.“No nos desligamos ya de pensar que es una catequesis pre sacramental”, afirmó, al explicar que el encuentro permitió ampliar esta mirada y reconocer la dimensión bautismal y permanente de la catequesis.La agenda del encuentro profundizó precisamente en esta renovación. Yolanda Valero, misionóloga y catequista, abordó el papel del catequista como servidor de la Palabra y la catequesis como experiencia de encuentro con Cristo; posteriormente, trabajó estrategias para integrar Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial.Para el padre Oquendo, este cambio implica recuperar una catequesis que acompañe procesos de fe y que esté al servicio de la iniciación cristiana.“La necesidad de hacer de la catequesis la etapa privilegiada de todo un proyecto de evangelización”, explicó, junto con el reto de pasar de un modelo escolar a uno inspirado en el catecumenado.Una catequesis que salga al encuentroLa reflexión también llevó a ampliar los espacios y destinatarios de la catequesis. Para los participantes, no se trata solamente de fortalecer los contenidos o las metodologías, sino de conectar la experiencia de fe con la realidad concreta de niños, jóvenes, adultos y sus familias.“No solamente la catequesis dentro de nuestra parroquia, nuestras instalaciones, sino ir como catequistas misioneros, eh, a las periferias, hacer una iglesia caminante, una iglesia saliente”, expresó Judith Cardozo, catequista de la Diócesis de Yopal.En esa misma línea, el padre Pedro Nel, delegado de Animación Bíblica de la Arquidiócesis de Bogotá, destacó que la catequesis necesita recuperar su dimensión misionera y su conexión con la Palabra de Dios.“No hay una catequesis con una dimensión misionera profunda si no está conectada con la Palabra de Dios”, afirmó.La programación incluyó, además, talleres regionales y espacios de trabajo para que las reflexiones pudieran proyectarse hacia las realidades concretas de las jurisdicciones.Hacer catequesis desde la BibliaEl tercer día del encuentro estuvo dedicado a una pregunta concreta: ¿cómo hacer catequesis desde la Biblia?El tema fue desarrollado por Andrea Puentes, misionóloga, quien orientó la reflexión sobre las posibilidades de construir procesos catequéticos a partir de la Sagrada Escritura. Posteriormente, María Cecilia Henao de Brigard, catequista del Buen Pastor, presentó la experiencia de trabajo con la Biblia en la Catequesis del Buen Pastor.El objetivo era avanzar de una aproximación meramente conceptual a experiencias que permitan que la Palabra sea verdaderamente escuchada, comprendida, celebrada y llevada a la vida.El padre Oquendo resumió así uno de los retos planteados: “Aprender a hacer catequesis desde las narraciones mismas de la Sagrada Escritura. Aprender a convertir un texto bíblico en una verdadera catequesis que se puede adaptar para niños a los adolescentes o adultos”.Un desafío para las Iglesias particularesEl encuentro dejó tareas para las jurisdicciones participantes: integrar la Catequesis y la Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial, fortalecer los procesos de iniciación cristiana y promover una catequesis que conduzca al encuentro personal y comunitario con Jesucristo.Las jornadas también permitieron proyectar acciones posteriores, entre ellas los encuentros regionales, el desarrollo de iniciativas como “Cada católico con su Biblia” e Instituto de Biblia, el espacio de formación digital “Ecos de la Palabra” que se desarrolla en este mes de septiembre a través de las redes sociales de la CEC y la preparación de materiales para la formación de catequistas ministros.Vea a continuación el video resumen con los principales detalles del encuentro:
Jue 3 Sep 2026
Medellín está lista para la XI Copa de la Fe: fútbol, fraternidad y misión del 7 al 11 de septiembre
Del 7 al 11 de septiembre, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica participarán en este encuentro que, además del torneo deportivo, propicia espacios de fraternidad, encuentro con las comunidades y evangelización. En esta oportunidad, serán 32 delegaciones.Un encuentro que va más allá del fútbolLa Arquidiócesis de Medellín será la sede de la XI Copa de la Fe, encuentro deportivo que reunirá durante cinco días a cerca de 900 sacerdotes provenientes de distintas jurisdicciones de Colombia y de otros países.El torneo busca generar un espacio de encuentro entre sacerdotes de diferentes territorios, teniendo el deporte como una oportunidad para fortalecer la fraternidad y compartir experiencias de vida y ministerio. A lo largo de la semana, los participantes estarán presentes no solo en escenarios deportivos, sino también en parroquias y otros espacios de la ciudad.De esta manera, la Copa de la Fe trasciende la competencia y se integra a la vida de las comunidades que acogerán a las diferentes delegaciones.El deporte como espacio para la misiónLa dimensión pastoral ha estado presente en las diferentes ediciones de la Copa de la Fe. Junto con los partidos, los sacerdotes han participado en actividades como espacios de confesión, visitas a enfermos, bendición de hogares y encuentros de evangelización.En esta edición, la presencia de los participantes en diferentes parroquias de Medellín permitirá mantener esta dinámica de encuentro con las comunidades, haciendo del deporte un lenguaje para acercarse a los fieles y compartir con ellos la experiencia del ministerio sacerdotal.Las comunidades también podrán ser parte de la CopaUno de los propósitos de esta edición será propiciar que las comunidades puedan acompañar de cerca a los sacerdotes participantes. Por ello, los partidos tendrán acceso gratuito para el público, de manera que los fieles puedan asistir a los encuentros y compartir estos espacios de fraternidad con las diferentes delegaciones.Esta invitación tiene un énfasis especial para los momentos de apertura y cierre del torneo. La inauguración, prevista para el lunes 7 de septiembre, se realizará a las 4:00 de la tarde en el Polideportivo de la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras que la clausura y premiación tendrá lugar el viernes 11 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Estadio Atanasio Girardot.Todos los partidos de la XI Copa de la Fe serán transmitidos a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Medellín, ampliando así la posibilidad de acompañar el torneo a quienes no puedan hacerlo de manera presencial.Sacerdotes de Colombia y otros paísesLa XI Copa de la Fe contará con la participación de delegaciones provenientes de diferentes regiones de Colombia, así como de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica.La presencia internacional amplía el carácter de encuentro que ha adquirido el torneo y favorece el intercambio entre sacerdotes de distintas Iglesias particulares, en torno a una experiencia que combina deporte, convivencia y misión.Una competencia con historiaEn el ámbito deportivo, la Copa de la Fe cuenta con varios equipos que han dejado su huella en las ediciones anteriores.La Diócesis de Garzón ha conquistado el título en tres oportunidades: 2016, 2023 y 2024. La Arquidiócesis de Guadalajara, México, obtuvo los campeonatos de 2018 y 2022, mientras que la Arquidiócesis de Popayán es la actual campeona, luego de ganar la edición de 2025, realizada en Armenia.La Arquidiócesis de Medellín también ha tenido una participación destacada y en diferentes ediciones ha alcanzado la instancia final del torneo.Con esta nueva edición, la Copa de la Fe seguirá consolidándose como un espacio de encuentro y fraternidad, alrededor del deporte.Vea a continuación el video promocional de la Copa de la Fe 2026:
Mar 1 Sep 2026
Papa León XIV invita a rezar en septiembre por el cuidado del agua: “un regalo universal, un derecho sin fronteras”
La intención mensual de oración del Papa llama a custodiar este don de Dios con gratitud, justicia y responsabilidad, y a defender el derecho de todos a acceder al agua sin desigualdad.En septiembre, el papa León XIV invita a la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por el cuidado del agua, para que aprendamos a custodiarla con gratitud, justicia y sobriedad, reconociendo en ella un don sagrado que sostiene la vida y que compromete a todos con la responsabilidad, la solidaridad y el cuidado de la creación. Esta propuesta del Papa coincide con el Tiempo de la Creación 2026, que se celebrará entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre y cuyo lema es “Agua Viva”.La intención es promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, a través de la iniciativa Reza con el Papa, que cada mes convoca a millones de personas a orar por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.La invitación del Santo Padre parte de una convicción profundamente arraigada en la fe cristiana: el agua es un don de Dios. Es fuente de fecundidad, frescura y esperanza; calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas. Pero, además, posee un significado especial para los cristianos, pues en el Bautismo se convierte en signo de la gracia y del amor de Dios que renuevan la vida.La cartilla preparada para acompañar esta intención recuerda precisamente el lugar central que ocupa el agua en la liturgia y en los sacramentos. En la Vigilia Pascual, por ejemplo, el agua bautismal está vinculada al misterio de Cristo Resucitado y se convierte en signo de vida nueva.Por ello, custodiar el agua es también custodiar la vida. No se trata únicamente de proteger un recurso natural indispensable, sino de reconocer que su cuidado está estrechamente relacionado con la dignidad humana, particularmente con la realidad de quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.El agua es un don, no una posesiónUno de los ejes centrales de la reflexión propuesta por la Red Mundial de Oración del Papa es reconocer que el agua no puede ser entendida únicamente desde una lógica de posesión o aprovechamiento.La cartilla lo expresa así: “El agua es don, no posesión. Es fuente de vida, no instrumento de poder”. Custodiarla con gratitud y justicia significa, por tanto, proteger a los más vulnerables, defender la dignidad humana y alabar al Creador.Esta perspectiva también recoge la enseñanza del papa Francisco en la encíclica Laudato si’, donde se advierte que el acceso al agua potable y segura constituye un derecho humano básico, fundamental y universal. El documento señala, además, que la contaminación de las fuentes hídricas y el uso desmedido del recurso afectan de manera especial a las poblaciones más pobres.La reflexión invita así a mirar una realidad marcada por la desigualdad: mientras algunas personas tienen acceso permanente y abundante al agua, otras deben recorrer grandes distancias para conseguirla o enfrentan las consecuencias de su escasez y contaminación.En la oración mensual, el papa León XIV pone rostro a esta realidad al recordar a quienes “no tienen agua limpia, que caminan kilómetros para encontrarla, que enferman por su escasez”. Y pide que los creyentes sean capaces de defender el derecho de cada hermano y hermana “a beber sin miedo, sin desigualdad”.Una responsabilidad que comienza en lo cotidianoLa intención de oración también invita a revisar la manera en que cada persona se relaciona con el agua.La cartilla propone algunas actitudes concretas para vivir esta intención: valorar el agua como don de Dios, evitar el desperdicio, unir la fe con el compromiso ecológico, educar con el ejemplo e interceder por quienes no tienen acceso a ella.Se trata de comprender que el cuidado de la casa común no es una tarea desligada de la experiencia cristiana. La fe lleva también a reconocer la responsabilidad que cada persona tiene frente a los bienes de la creación.En este sentido, la cartilla retoma una advertencia de Laudato si’ sobre el desperdicio del agua. El problema, señala, no se presenta únicamente en los países desarrollados, sino también en lugares con grandes reservas hídricas. Por eso, el cuidado del agua requiere igualmente procesos educativos y culturales que ayuden a tomar conciencia de la gravedad del desperdicio en contextos de desigualdad.A esto se suma el impacto de la contaminación y de diversas actividades humanas sobre los recursos hídricos. La cartilla advierte que estas acciones pueden deteriorar la calidad del agua, poner en riesgo las reservas subterráneas y alterar el curso de grandes ríos. Frente a estos desafíos, propone un compromiso colectivo de responsabilidad, lucidez y solidaridad para preservar condiciones de vida dignas para todos.“Peregrinos de lo esencial”La oración propuesta por el papa León XIV invita también a una transformación personal. El Papa pide que el Espíritu Santo haga de los creyentes “peregrinos de lo esencial”, capaces de vivir con sobriedad, denunciar el derroche y la contaminación y defender el derecho de cada persona al agua.Esta llamada conecta el cuidado de la creación con una actitud evangélica de sobriedad y solidaridad. Cuidar el agua supone aprender a utilizarla responsablemente, pero también mirar más allá de los propios hábitos para reconocer las necesidades de quienes no tienen garantizado este bien indispensable.De esta manera, la intención de septiembre propone un camino que une oración, conversión personal, responsabilidad social y compromiso con la vida. La invitación del pontífice es a mirar el agua con una conciencia renovada: recibirla con gratitud, utilizarla con sobriedad, protegerla con responsabilidad y defenderla con justicia, especialmente pensando en quienes sufren por no tener acceso a ella. Porque, como recuerda la cartilla, “que nuestro cuidado del agua sea un signo de amor por el Creador”.Oración por el cuidado del aguaEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Señor de la Vida,Tú nos diste el don del agua,fuente de fecundidad, frescura y esperanza.Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.Te damos gracias porque tambiénella es símbolo de tu gracia y de tu amorque nos renueva por medio del Bautismo.Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarlacon gratitud, justicia y responsabilidad.Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,olvidando que es un regalo universal,un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanasque no tienen agua limpia,que caminan kilómetros para encontrarla,que enferman por su escasez.Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,capaces de vivir con sobriedad,denunciando el derroche y la contaminación,defendiendo el derecho de cada hermano y hermanaa beber sin miedo, sin desigualdad.Haz que nuestro cuidado del aguasea signo de amor al Creadory compromiso con la vida de los más pobres,educando nuevas generaciones que valoreny protejan los recursos de la Tierra.Amén.Vea el Video del Papa:
Vie 28 Ago 2026
Mons. Ariel Lascarro Tapia será el Administrador Apostólico del Vicariato de San Andrés y Providencia
El nombramiento, realizado por el papa León XIV y dado a conocer por el Dicasterio para la Evangelización, se produce tras el traslado de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias a la Diócesis de Yopal.El papa León XIV nombró a monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué, como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, designación que fue dada a conocer por el Dicasterio para la Evangelización de la Santa Sede este 27 de agosto, tras la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.Con este nuevo encargo, monseñor Lascarro Tapia asumirá temporalmente el gobierno eclesiástico y el acompañamiento pastoral del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, mientras el Santo Padre dispone el nombramiento de su nuevo obispo, responsabilidad que ejercerá simultáneamente con su servicio pastoral al frente de la Diócesis de Magangué.Un servicio durante la sede vacanteEl Administrador Apostólico es quien recibe el encargo de gobernar temporalmente una Iglesia particular que se encuentra en sede vacante. En el ejercicio de esta misión, asume las responsabilidades propias del gobierno pastoral y administrativo de la jurisdicción, de acuerdo con las normas del derecho de la Iglesia y las disposiciones establecidas para su nombramiento.Entre sus responsabilidades se encuentran la atención a la vida pastoral de la Iglesia particular, el acompañamiento de sus comunidades, la administración de sus asuntos y la promoción de la comunión eclesial durante el período en que la sede permanece vacante.Un Vicariato directamente sujeto a la Santa SedeEl Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y tiene su sede en la ciudad de San Andrés.Esta circunscripción eclesiástica hace parte de la Provincia Eclesiástica de Cartagena. Sin embargo, por su naturaleza de Vicariato Apostólico, está directamente sujeta a la Santa Sede.Esta condición explica que, ante la vacancia de la sede, el Santo Padre haya confiado a un obispo el servicio de Administrador Apostólico para garantizar la continuidad del gobierno y de la vida pastoral de esta jurisdicción, mientras se adelanta el proceso para designar a su nuevo pastor.Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ya inició su ministerio en YopalLa sede del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia quedó vacante tras el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.El pasado 29 de junio, el papa León XIV lo nombró para esta nueva misión episcopal, después de haber estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia desde 2016.El 27 de agosto, monseñor Sanabria Arias tomó posesión canónica como obispo de Yopal, en una celebración realizada en la Catedral San José de esta ciudad, dando inicio a su ministerio episcopal al servicio de la Iglesia particular de Casanare.Monseñor Ariel Lascarro TapiaMonseñor Ariel Lascarro Tapia nació en El Carmen de Bolívar el 3 de noviembre de 1967. Fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1994 y ha desempeñado diferentes servicios pastorales y eclesiales.El 21 de noviembre de 2014 fue nombrado por el papa Francisco como obispo de Magangué, Iglesia particular a la que continúa sirviendo.