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[ENTREVISTA] “El cristiano tiene una locura diferente, un sabor que es irresistible”: Paula Andrea Mora
Tags: Paula Andrea Mora papa francisco colombia jmj cracovia Jornada Mundial de la Juventud
Paula Andrea Mora, la joven colombiana que se hizo famosa por almorzar con el Papa Francisco y luego comentar que el pontífice aseguró que durante el 2017 visitará nuestro país, a través del chat de Facebook, ha compartido algunas vivencias de la experiencia que tuvo en la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016 en los últimos 8 meses.
Para Paula Andrea, Cracovia no iba a ser su primera experiencia, ya en 2013 había hecho un esfuerzo muy grande para participar en la JMJ Río. Ese sueño quedó truncado luego de haber sufrido una estafa. “Yo apliqué para el voluntariado de corto plazo y me estafaron con los tiquetes que compré, así que no pude ir a Río”, comenta.
Perseverancia y fe es una fórmula inequívoca y así lo entendió Paula Andrea, por eso para cumplir su sueño decidió que - esta vez - nadie podía robarle ese anhelo de participar de la JMJ en Cracovia.
“Cuando les comenté a mis papás lo de Polonia pusieron el grito en el cielo y era obvio (luego de lo que pasó en Río). Después de explicarles muchas veces e incluso que mi párroco hablara con ellos recién se tranquilizaron. Ya era una decisión tomada y no quería irme sin su bendición. Fue un camino bastante doloroso y difícil para poder llegar a Polonia y ser voluntaria de largo plazo, pero valió la pena”, cuenta Paula Andrea.
Su camino hacia Cracovia no comenzó ni siquiera en Río, sino hace 15 años. Impulsada por su familia sirvió en su parroquia como monaguillo, luego catequista, estuvo 10 años en la Pastoral Juvenil de Pasto, hace poco estuvo en el servicio de música de la Renovación Carismática Católica. “Al recibir el sacramento de la confirmación sentí un deseo especial para vincularme de lleno con la Iglesia”, comenta.
Paula Andrea Mora es licenciada en Inglés y Francés. Estuvo como docente de inglés en el Colegio San Francisco de Asís en Pasto. Su historia es quizás parecida a la de muchos jóvenes colombianos y del mundo que han soñado en participar de la JMJ. Paula Andrea lo consiguió y tuvo el plus de compartir con el Santo Padre. Ahora tras este terremoto peregrino retorna a su ciudad. Sin duda su vida ha cambiado, pero la actitud la mantiene y como ella bien lo dice es tiempo de descansar, retomar fuerzas y seguir.
Compartimos la entrevista que ha concedido en exclusiva para la Oficina de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC).
CEC: Al ser una de nuestras representantes en la JMJ y estar apoyando como voluntaria internacional, qué experiencias puedes destacar de la labor desarrollada?
PAM: Hay muchas experiencias que sin lugar a dudas se quedarán en mi corazón y me animarán en mí caminar de fe hasta el final. Una de ellas es el intercambio de las experiencias de fe de los integrantes del Comité Organizador Local. Todos en algún momento, tuvimos un encuentro personal con Cristo que nos movió a dejarlo todo y servirle en este servicio por los jóvenes del mundo. Todos sentimos un llamado a poner nuestros talentos a funcionar, porque son talentos que no nos pertenecen; sino que han sido regalo del mismo Dios. En muchos de mis compañeros vi mucha radicalidad y espiritualidad; ninguno perdió la alegría de ser jóvenes, solo que sabíamos que hay algo más valioso que nos hizo optar y permanecer en ese camino emprendido. El cristiano tiene una locura diferente, un sabor que es irresistible y que se conjuga cuando se encuentra con otros de la misma comunidad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia.
He servido a la Iglesia durante muchos años de mi vida y a pesar de los tropiezos y momentos difíciles, quiero seguir desgastándome por ella. No hay nada más valioso que servir al Señor.
CEC: En los últimos meses te hemos visto en el micro programa Minuto JMJ. ¿Además de este servicio qué otras labores en comunicaciones e informativas haz realizado?
PAM: El Minuto JMJ fue un proyecto de Fabíola Goulart, voluntaria de largo plazo de Brasil quien también hizo parte del COL de Río de Janeiro. Cuando yo llegué, era la primera hispano-hablante y me propusieron ser la anfitriona del programa en español. Hicimos el primer capítulo, con muchas tomas y mucho nerviosismo, les gustó, me gustó y así quedó. Desde que llegué hice parte del equipo de Relaciones Internacionales, pero estuve vinculada por 8 meses con el departamento de Comunicaciones: primero como traductora de los diferentes textos y contenidos al español, y luego como responsable del contenido en español para la página web. Asistí a ruedas de prensa, entrevisté a algunos protagonistas de anteriores ediciones de la JMJ y escribí algunos artículos para el sitio web. Fui la editora de un proyecto llamado “Tierra del Papa”, una serie de artículos en los que se “contrastaba” las experiencias y vida de San Juan Pablo II y del Papa Francisco. Hago parte también del equipo de Social Media y presenté las emisiones en vivo para Facebook, empezando el día de la fiesta de la Divina Misericordia.
CEC: Hablando a nivel pastoral. Tú eres de la diócesis de Pasto y tienes mucha experiencia en el trabajo con la pastoral juvenil. A tu juicio, ¿cuáles son las principales lecciones que deja Cracovia a los jóvenes del mundo y en particular a los colombianos?
PAM: La Jornada Mundial de la Juventud se ha convertido en el recurso más importante para la pastoral. Tuve la oportunidad de conocer de cerca el trabajo de diferentes países en su preparación camino a la Jornada. Los diferentes movimientos juveniles, delegaciones y grupos apostólicos internacionales preparaban sus catequesis y formación pastoral en torno al tema de la Jornada: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.
La Jornada es la Iglesia joven que se renueva y se recrea con la inspiración del Espíritu Santo y suscita nuevas formas, nuevas iniciativas pastorales, para que los jóvenes desarrollen un caminar catequético que no concluye con una edición de la Jornada; sino que continua y anima a los jóvenes a comprometerse con la causa del evangelio. Son innumerables los testimonios de conversión de los miles de jóvenes que participan en una Jornada o que se dejan tocar por su espíritu, que es el Espíritu de Dios. La Jornada no es solo una semana que se vive cada tres años, ese es tan solo un momento. La Jornada no acaba, porque con cada Jornada son muchos los carismas que se despiertan, para enriquecimiento de la misma Iglesia. San Juan Pablo II fue un gran conocedor de esto, su visión antropológica – cristocéntrica le permitió optar por los jóvenes, pues sabía la juventud es la protagonista de la civilización del amor.
Francisco: "Un corazón misericordioso se anima a salir de su comodidad" #Krakow2016 pic.twitter.com/gFHLnfwNxn
— JMJ Español (@jmj_es) 29 de julio de 2016
CEC: Desde el lugar que has estado, ¿cómo viste la participación de Colombia en esta jornada?
PAM: Tuve la posibilidad de encontrarme con algunos peregrinos de Colombia, en los momentos en los que salí de la oficina y recorrí las calles para participar de la fiesta. El número de colombianos fue considerable, teniendo en cuenta la lejanía, los costos y la situación económica que vivimos en Colombia. En muchos de ellos noté un deseo de vivirla de la mejor manera y aprovechar cada oportunidad para compartir con los demás y experimentar la alegría de ser cristiano.

CEC: ¿Qué ha cambiado en tu vida luego de esta experiencia?
PAM: Siento que mi fe es un poco más fuerte, aun debo recorrer mucho camino, pero la certeza de ser Iglesia y de querer servir en ella, me impulsa a sentirme bendecida por feliz; amo más a Dios y a su Iglesia.
CEC: Tu labor terminó con broche de oro. Nada menos que un almuerzo con el Papa. ¿Cómo te has sentido?
PAM: Como una hija muy amada por Dios. Me dieron la notica al día siguiente de mi cumpleaños y aunque hay mucha felicidad y al principio no me lo creía, siento que es también un compromiso muy grande. Es un llamado a ser mejor cristiana, a testificar con mi vida aquello en lo que creo y a dar razón de mi fe con mi vida, más que con mis palabras.
CEC: ¿A raíz de esta experiencia cuál es tu mensaje para todos los jóvenes colombianos?
PAM: Dios está vivo, actuante y si lo buscas, Él estará feliz de dejarse encontrar. Es más, en muchas ocasiones es Él quien sale a nuestro encuentro. Vale la pena entregarle todo a Él, porque si nuestros deseos están en sintonía con Su voluntad, Él los cumplirá; Dios nos hace soñar aquello que nos quiere dar.
Colombia necesita de jóvenes dispuestos a darse a Dios y a los demás, sin temor, porque Dios no falla jamás. Colombia necesita de jóvenes que ante tantos escenarios de horror y violencia que hemos vivido durante las últimas décadas, tracen pautas de paz, de reconciliación; pero de la paz verdadera, que es don del Espíritu Santo.
Colombia necesita las voces de esperanza que solo pueden brotar de los jóvenes que se dejan amasar por Dios; el Camino, la Verdad y la Vida.
No debemos temer en dar razón de nuestra fe, porque la Iglesia está viva y aunque muchos desean lo contrario, no podrán contra ella. El mismo Señor, en la persona de Pedro: Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y muchos otros antes de ellos, han confiado la construcción de una mejor sociedad a nosotros los jóvenes. No debemos temer a responder como María, con un Sí total. ¡Dios nos bendice!
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Iglesia en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y sostenida en la oración
La Iglesia Católica en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y centrada en procesos de acompañamiento continuo desde la infancia, la familia y la comunidad.Esta es una de las principales conclusiones que deja el Encuentro Nacional de Delegados de Pastoral Vocacional 2026, que reunió en Bogotá a 127 animadores —60 de la vida consagrada y 67 de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país— entre el 13 y el 16 de abril, convocados por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión y el Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.El encuentro permitió identificar retos de fondo en el acompañamiento a las nuevas generaciones del país, en un contexto marcado por la hiperconectividad, la fragmentación social y la necesidad de referentes significativos.“Los jóvenes están conectados gran parte del tiempo con las redes… pero en el fondo no tienen a nadie cuando tienen una crisis, una depresión. Entonces nosotros como Iglesia tenemos que acercarnos a ellos”, advirtió la hermana Marta Ligia Acosta Muñoz, Carmelita Misionera, de la Conferencia de Religiosos de Colombia, seccional Cali.Acompañar desde antes: un cambio de enfoqueOrganizadores y participantes del encuentro coincidieron en la necesidad de replantear el enfoque de la pastoral vocacional, ampliando su alcance más allá de los jóvenes y de acciones puntuales.“Si nuestro servicio solo va dirigido a los jóvenes, estaríamos llegando demasiado tarde. También hay que acompañar a los niños y a las familias”, afirmó el padre Juan Manuel Beltrán, director del Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal de Colombia.En esa línea, se insistió en iniciar procesos desde la infancia, fortalecer el papel de la familia y articular el trabajo con otras pastorales.“Es en la familia donde se va cultivando la vocación…primero llegando a la parte humana de cada joven, para después llevarlos a la parte espiritual”, explicó la hermana Beatriz Elena Romero, de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias y delegada de pastoral vocacional en la Diócesis de Valledupar.Este cambio implica pasar de iniciativas aisladas a procesos continuos de acompañamiento humano y espiritual, con mayor capacidad de escucha y cercanía.Presencia real en la vida de los jóvenesOtro de los retos identificados es la necesidad de una mayor presencia en los espacios donde transcurre la vida de los jóvenes.“Hay que buscar a los jóvenes…la idea es llegar allí y ayudarles a conocer a Jesús para que lo sigan y permanezcan en Él”, señaló monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.Para los participantes, más que ausencia de vocaciones, existe una necesidad de acompañamiento oportuno y cercano.“Los jóvenes están sedientos de Dios...Necesitan escuchar algo de Dios, necesitan escuchar desde nuestro testimonio de vida”, afirmó el diácono Diego Fernando Sánchez, Misionero Javeriano de Yarumal.En este contexto, el entorno digital se reconoce como un campo clave de acción, que requiere mayor presencia y creatividad pastoral.“Es un reto seguir trabajando y lanzando la red a estas nuevas plataformas…Los jóvenes están esperando respuestas a ese llamado vocacional”, expresó Jesús Aníbal, religioso de la Orden de los Ministros de los Enfermos y delegado de pastoral vocacional Colombia–Ecuador.Trabajo en red: de la iniciativa individual a la acción conjuntaEl encuentro también dejó una orientación concreta: fortalecer el trabajo articulado entre las diferentes instituciones y comunidades eclesiásticas.“Tenemos que trabajar juntos, por región, por provincia, para tener un solo pensar y ayudar a los jóvenes a conocer a Jesús”, subrayó monseñor Lascarro.Esta apuesta se traduce en la construcción de rutas compartidas de acción pastoral.“Ya creamos una ruta de trabajo mancomunado, cooperativo, que nos va a permitir verdaderamente llegar a tantos jóvenes”, explicó John Ramírez, religioso de la Congregación Hijos de la Sagrada Familia y encargado de la promoción vocacional en la delegación Colombia–Venezuela.La articulación con la pastoral juvenil, familiar y educativa fue señalada como clave para ampliar el alcance del acompañamiento vocacional.Formar a quienes acompañanAdemás de los desafíos externos, el encuentro puso sobre la mesa una necesidad interna: fortalecer la formación y el acompañamiento de los propios animadores vocacionales.“Los primeros acompañados debemos ser nosotros…dejarnos acompañar primero por el Señor y también formarnos para hacer un mejor trabajo”, reconoció Jesús Aníbal.Esto implica consolidar procesos de formación permanente, fortalecer la vida espiritual y abrirse al apoyo de distintas disciplinas.Oración y misión: fundamento y proyecciónLos participantes coincidieron en que toda pastoral vocacional parte de una convicción fundamental: la vocación es iniciativa de Dios.“No somos nosotros los que llamamos, quien llama es Dios…Necesitamos propiciar espacios de silencio para que Él toque el corazón”, recordó el padre Juan Manuel Beltrán.En este sentido, uno de los llamados centrales es a fortalecer la oración personal y comunitaria, especialmente en el marco de la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones, que se celebrará del 26 de abril al 3 de mayo en todo el país.“La oración es la que nos va a ayudar a encontrar a los jóvenes…Dios es el que llama”, reiteró monseñor Lascarro.Vea el informe audiovisual del encuentro a continuación:
Mar 21 Abr 2026
Obispos colombianos llaman a proteger la vida y desescalar el lenguaje en medio del clima electoral
Ante el actual clima electoral y las recientes denuncias de amenazas contra candidatos presidenciales, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hace un llamado urgente a proteger la vida, cuidar el lenguaje y salvaguardar la democracia como pilares fundamentales del país.A través de un comunicado, los obispos advierten que Colombia atraviesa “un momento decisivo que exige compromiso firme con la vida, la democracia y el respeto”, y subrayan que no es posible avanzar en el proceso electoral si no existen garantías reales para todos los actores políticos.En este contexto, instan a las autoridades a actuar con determinación para proteger a quienes participan en la contienda:“Hacemos un llamado a los organismos del Estado a redoblar sus esfuerzos para garantizar la integridad y la seguridad de quienes aspiran a la Presidencia de la República, así como el libre ejercicio de los derechos democráticos”.El pronunciamiento se da en un escenario marcado por alertas de posibles atentados, intimidaciones y hechos de violencia que han encendido las alarmas sobre la seguridad del proceso democrático.La violencia y el lenguaje que divide también amenazan la democraciaJunto a la preocupación por la seguridad de los candidatos, la Iglesia advierte que el tono del debate público incide directamente en la convivencia y en la estabilidad democrática.Por ello, exhorta directamente a los candidatos y sus campañas:“Promover un debate respetuoso, excluyendo toda forma de violencia verbal, estigmatización o descalificación”.Este llamado recoge la enseñanza del Papa Francisco, quien insistía en que el camino no es la confrontación destructiva, sino el encuentro:“En lugar de descalificar rápidamente al adversario, hay que afrontar un diálogo abierto y respetuoso, donde se busque alcanzar una síntesis superadora” (Encíclica Fratelli tutti, 203).La democracia se construye con palabras que unenEl mensaje de la Conferencia Episcopal plantea que el país necesita un giro en el enfoque de la campaña electoral, pasando de la confrontación a las propuestas que respondan al bien común. En esa línea, enfatiza:“La palabra pública debe ser un instrumento de construcción y no de división”.En coherencia con este llamado, los obispos en Colombia hacen eco de palabras expresadas recientemente por el Papa León XIV durante su paso por África. El pontífice ha insistido en la necesidad de reconocerse como una sola familia, incluso en medio de las diferencias:“En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que todos somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas aparentemente cerradas” (Argelia, 13 de abril de 2026).Una tarea de todosFinalmente, más allá de las decisiones institucionales o políticas, los obispos recuerdan que el momento que vive el país exige corresponsabilidad:“Cuidar la vida, cuidar la palabra y cuidar la democracia es una responsabilidad compartida”.
Mar 21 Abr 2026
Preparar, sembrar, cuidar y cosechar la paz: la ruta pastoral que propone la Conferencia Episcopal de Colombia para la Semana de la Familia 2026
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Matrimonio y Familia, presentó la cartilla “Familias Sembradoras de Paz”, un subsidio pastoral que servirá como guía para la celebración de la Semana de la Familia 2026, que se llevará a cabo del 11 al 18 de mayo en todo el país.El material, dado a conocer este lunes 20 de abril a través de un webinar, propone un camino pedagógico y espiritual que reconoce a la familia como el primer territorio de paz y sujeto activo de reconciliación y transformación social. La iniciativa se enmarca en el lema de este año: “Familia, sembradora de paz”.Durante la presentación, monseñor Miguel Fernando González Mariño, obispo de El Espinal y presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia, destacó que la familia es “el lugar privilegiado donde se cultivan los valores, costumbres y patrones de convivencia”, y subrayó que “toda apuesta por la paz duradera necesariamente pasa por el fortalecimiento de las dinámicas familiares”.En ese sentido, insistió en que la paz no surge de manera espontánea: “La paz no aparece de la nada… la paz se cultiva”. Por ello, explicó que la cartilla propone asumir la construcción de paz como un proceso de siembra que requiere tiempo, cuidado y constancia, vivido en lo cotidiano del hogar.Una propuesta pastoral con enfoque reconciliadorLa cartilla plantea una metodología basada en cinco momentos simbólicos —preparar la tierra, sembrar la semilla, regar y cuidar, crecer y fortalecer, y cosechar y compartir— que orientan encuentros familiares o comunitarios durante la semana. Cada uno de estos espacios integra reflexión bíblica, dinámicas participativas y compromisos concretos.Este itinerario busca fortalecer a las familias como espacios de sanación y reconciliación, promoviendo habilidades como la comunicación respetuosa, la escucha activa y el manejo pacífico de los conflictos, así como valores esenciales para la convivencia como el perdón, la empatía y la solidaridad.De acuerdo con el documento, “educar para la paz no es únicamente un contenido que se enseña, sino una experiencia que se vive diariamente”, en la forma en que se gestionan las diferencias, se cuida al otro y se construyen relaciones basadas en el amor y el respeto.La familia, primera escuela de pazEl padre Nelson Ortiz, director del Departamento de Matrimonio y Familia, resaltó la pertinencia del tema en el contexto actual:“Este año veíamos que era muy necesario hablar de la familia como sembradora de paz, especialmente en un mundo que vive en medio de tantas guerras”.Asimismo, recordó el llamado del Papa a vivir una “desarmada y desarmante”, invitando a las familias a renunciar a las formas cotidianas de violencia:“Cada hogar está llamado a dejar las armas de la violencia verbal, la indiferencia y el egoísmo, para convertirse en sembrador de diálogo, misericordia y paciencia”.En esta línea, la cartilla propone reconocer las heridas y conflictos que afectan la convivencia familiar, al tiempo que impulsa procesos de sanación que permitan reconstruir el tejido relacional desde el interior del hogar. La familia, señala el documento, es “la primera e insustituible educadora de la paz”, y su vivencia cotidiana tiene un impacto directo en la sociedad.Un aporte eclesial con impacto socialLa Semana de la Familia 2026 tendrá como objetivo general fortalecer a las familias como espacios de construcción de paz, promoviendo relaciones fraternas que contribuyan a la transformación de las comunidades y territorios.Entre sus objetivos específicos se destacan: reconocer la familia como espacio privilegiado para la educación en paz, desarrollar habilidades de comunicación y resolución de conflictos, fortalecer valores que favorezcan la reconciliación, e impulsar compromisos concretos de paz tanto en el hogar como en el entorno social.En coherencia con la misión de la Conferencia Episcopal de Colombia, esta iniciativa busca no solo animar la vida eclesial, sino también incidir en la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y en paz, reconociendo que “cada gesto de amor, cada palabra de reconciliación y cada esfuerzo por construir unidad en el hogar se convierte en una semilla que puede transformar la sociedad entera”.La CEC a anima a todas las parroquias, movimientos eclesiales y familias del país para que hagan uso del contenido de la cartilla, como una herramienta concreta para aprender a vivir, desde lo cotidiano, el compromiso con la paz.Vea la transmisión del webinar de la presentación de la cartilla haciendo clic aquí.
Lun 20 Abr 2026
Custodia eucarística elaborada en Colombia será llevada a la Basílica de Getsemaní en Jerusalén
Se trata de la Custodia Andina, un ostensorio destinado a la exposición del Santísimo Sacramento para la adoración eucarística que, desde Colombia, se convertirá también en signo de comunión entre pueblos y de esperanza en medio de un contexto global marcado por tensiones.La pieza fue creada en el municipio de El Carmen de Viboral, en la jurisdicción de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, por el artista Santiago Ocampo Higuita, en colaboración con artesanos y creadores de distintas regiones del país. Su elaboración tomó cerca de dos años e integró técnicas tradicionales como la fundición a la cera perdida, la filigrana de Santa Cruz de Mompox y la cerámica carmelitana, junto con recursos contemporáneos.Con 80 centímetros de altura, la custodia está inspirada en la forma de un olivo, evocando el huerto de Getsemaní, donde, según la tradición bíblica, Jesucristo oró antes de su pasión. En su centro se ubica el ostensorio, rodeado por una corona de espinas, como punto focal de la adoración eucarística.En su base, que recrea el suelo rocoso del lugar, se representan los apóstoles Pedro, Santiago y Juan dormidos, en referencia al llamado evangélico a “velar y orar”. La obra incorpora además elementos de la identidad colombiana, como el carriel y la rula antioqueña, así como figuras de la fauna nacional: tres barranqueros andinos elaborados en filigrana de plata y una base sostenida por garras de oso de anteojos. El conjunto se complementa con cerámica tradicional de El Carmen de Viboral y detalles inspirados en los tejidos ancestrales de la cultura wayuu.Más que una pieza artística, la Custodia Andina fue concebida como un objeto litúrgico para custodiar la Eucaristía en la Basílica de Getsemaní —también conocida como Basílica de las Naciones o de la Agonía—, uno de los santuarios más representativos de Tierra Santa.Su elaboración fue posible gracias a la donación de una familia antioqueña, como expresión de fe y cercanía con los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos centrales del cristianismo.Un signo de comunión y esperanza desde la Iglesia en ColombiaDesde la Diócesis de Sonsón-Rionegro, este hecho ha sido acogido como un acontecimiento significativo para la vida eclesial. El presbítero Jesús Alexander Toro, delegado de Liturgia, destacó el valor de esta obra como expresión de fe y de pertenencia:“Nos sentimos plenamente orgullosos de saber que un artista de nuestra región… hoy nos sigue representando con tanto orgullo no solo como colombianos, sino como Iglesia particular de Sonsón-Rionegro”.El sacerdote subrayó además que la custodia no solo tiene un valor artístico, sino profundamente espiritual:“Es un objeto tan valioso para el culto cristiano… Esperamos que desde allí, desde la Basílica de las Naciones, Jesús nos bendiga a todos, nos custodie y nos guarde”.Este acontecimiento es interpretado por la Iglesia como un signo concreto de comunión entre la Iglesia local y la Iglesia universal, en línea con la misión de evangelización y de construcción de unidad que anima la Conferencia Episcopal de Colombia.Arte, fe y país: una presencia colombiana en Tierra SantaLa Custodia Andina se suma a otras obras del mismo taller que han llegado a Jerusalén. En 2019, el “Cristo del Silencio” fue incorporado a las celebraciones del Viernes Santo en la Basílica del Santo Sepulcro, y en 2025, la “Virgen de Nazaret” inició un recorrido internacional como imagen peregrina.En este contexto, la nueva obra refuerza la presencia del arte sacro colombiano en Tierra Santa, proyectando la riqueza cultural, espiritual y artística del país hacia uno de los epicentros de la fe cristiana.Un mensaje de paz en medio de la incertidumbreEn medio de los conflictos que afectan actualmente a Oriente Medio, esta custodia adquiere también un significado especial. Desde Colombia, se proyecta como un signo de oración por la paz y de esperanza para las naciones.“En este momento de conflicto… la custodia aguarda para llegar en el momento en que la Tierra Santa vuelva a estar en paz. Y eso es lo que clamamos: la paz para todo el mundo, la paz para las naciones”, expresó el padre Toro.Vea a continuación el informe audiovisual: