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Entrevista al Cardenal Salazar sobre temas nacionales
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El Cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, concedió recientemente una entrevista al periodista Gerardo Aristizabal para el programa 'Pregunta Yamid' de Canal 1, en la que tocó temas nacionales como el narcotráfico, la corrupción, la violencia y la pedofilia en la Iglesia, entre otros.
Presentamos transcripción de la misma.
Señor cardenal, ¿cuál es su mensaje en este nuevo año para los colombianos?
Un nuevo año siempre abre la posibilidad de sentirnos un poco más esperanzados. El mensaje fundamental es de esperanza. Una esperanza que tiene que convertirse en un deseo sincero, por parte de cada uno de nosotros, de seguir colaborando desde donde estemos, en el trabajo, en familia, para que el país siga adelante, para que alcance la paz, la justicia, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. La construcción del país es tarea de todos y cada uno de nosotros.
¿Qué diagnóstico hace usted de la situación de la Colombia actual?
Tenemos que situarnos, en primer lugar, en el panorama mundial, que no es que sea muy claro ni entregue mucha tranquilidad. Estamos viviendo una época de intranquilidad en todos los niveles, y en ese contexto se sitúa Colombia, que tiene una serie de problemas internos que son los más acuciantes y que son los que nos provocan la mayor incertidumbre y, por lo tanto, la mayor sensación de intranquilidad: el narcotráfico y la corrupción. El narcotráfico en el país se presenta como un agente perturbador y generador de violencia. Generador de todo tipo de crímenes porque, desafortunadamente, el narcotráfico no se reduce sólo al tráfico de drogas sino que con el tráfico de drogas va todo tipo de crímenes que uno se pueda imaginar, desde los más grandes crímenes hasta los mínimos.
En el tema del narcotráfico, con la reinserción de las Farc han quedado muchas zonas a merced de los carteles de las drogas.
Colombia ha tenido siempre un problema muy serio y es que el país, como geografía, es mucho más grande que el Estado. El Estado no llega a todas partes y eso significa que hay vastas zonas del país que no están sometidas al Estado de Derecho, ni al estado de represión legítima y castigo del crimen. Eso ha permitido que haya proliferado, en las periferias, una serie de bandas criminales que son las que tratan de imponer su ley y de someter a la población.
Incluso con amenazas a religiosos, como lo denunció hace poco el obispo de Santa Rosa de Osos contra varios de sus párrocos…
Eso no es nuevo, desafortunadamente, pero lo trágico es que siga presentándose, que siga habiendo este tipo de grupos criminales que intimidan a la población, que impiden el trabajo de la Iglesia, que tratan de controlar la vida de la gente. Ahí tenemos una de las fallas principales y fundamentales del país.
Dijo usted, cardenal, que otro problema es el de la corrupción
Ese es otro problema que tenemos en el país. Todos los días se destapan nuevos episodios de corrupción, y lo más grave es que no tenemos las armas jurídicas suficientes para castigar y hacer posible que se reprima la corrupción, que es rampante.
De esa rampante corrupción la gente está asqueada…
Sí, pero no pasa nada. No pasa nada. En Colombia como que hemos perdido la capacidad de protestar y de hacerlo de una manera efectiva. Permitimos que las cosas sigan y que la situación se prolongue. Por ejemplo, con las marchas de los estudiantes no creo que se haya logrado crear ese ambiente positivo de protesta. De vamos a protestar contra situaciones para logran que cambien sino que, generalmente, derivan estas marchas en actos de vandalismo, de violencia. Nos hemos acostumbrado a tener una serie de problemas serios y a soportarlos. Y seguimos adelante. Cada uno sigue en su pequeña tarea y no pensamos en el país como tal. No tenemos un sentido de responsabilidad y, por lo tanto, no tenemos un sentido de nuestra propia capacidad para ayudar a solucionar los problemas del país.
¿Somos una sociedad pasiva en lo colectivo?
Me parece que sí. Criticamos todo lo que tú quieras. Hablamos todo lo que tú quieras, pero difícilmente pasamos a una protesta efectiva que lleve a la solución de los problemas.
¿Será porque existe incredulidad en las instituciones, incluida la Iglesia católica? Hoy se ve a diario cómo la población golpea a policías cuando llegan a atender denuncias, y así en todos los aspectos…
La gente ha ido tergiversando la naturaleza del Estado. La gente no considera al Estado como algo positivo que busca el bien de la sociedad, sino que generalmente lo concibe como una fuerza represiva y explotadora. Hay un problema de credibilidad en las instituciones porque no hay confianza en el Estado. Y no hay confianza porque a lo largo de la historia, el Estado no ha llegado a todas partes, y cuando llega, no siempre llega de la debida forma porque a veces llega con medidas restrictivas, con medidas impositivas, e incluso, a causar violencia.
Eso hace que las instituciones pierdan credibilidad y no sean miradas como aquellas que promueven el bien, sino como fuentes de corrupción, de represión y de intranquilidad para el país. Eso hace que no confiemos en las instituciones y ha venido pasando, en los últimos años, con la Iglesia, desafortunadamente.
Usted hablaba de las marchas y protestas, qué piensa del plantón realizado contra el señor fiscal general
Ese tipo de protestas es importante que se dé. Eso significa que la gente se expresa, que tengan razón o no la tengan es otra cosa, pero lo importante es que sean capaces de expresar sus puntos de vista y de manifestar lo que piensan. En el caso concreto este del plantón, pues que sean capaces de organizar un plantón indica qué hay mucha gente que no está contenta con la forma como el señor fiscal general está actuando en el caso específico de Odebrecht, así haya otro fiscal Ad Hoc.
¿Ante eso qué debería hacer el fiscal?
Creo que él debe atender las razones que se le presentan permanentemente y que ponen en tela de juicio su capacidad para seguir siendo el fiscal general. Él debe mirarlas de frente y tratar de demostrar, si es el caso, que sí puede seguir siendo fiscal porque no hay algo que verdaderamente se lo impida.
Usted es uno de los cardenales más cercanos al papa Francisco, ¿Qué opina del tema de la pedofilia, que es una de sus preocupaciones?
Va a haber una reunión del 21 al 24 de febrero en Roma con los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo, precisamente, para tratar ese tema. En esa reunión voy a tener una conferencia en la que hablaré sobre la ‘Responsabilidad del Obispo’ en todo el tratamiento de abuso sexual que se presenta, se ha presentado y Dios quiera que no se vuelva a presentar en la Iglesia. Nosotros ya tenemos unas normativas claras de cómo proceder. Tal vez antes no las había con toda la precisión que en este momento existen. En el año 2011 la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una especie de guía para que cada Conferencia Episcopal hiciera una propia para el tratamiento de estos casos. Cada diócesis debe hacer su protocolo, tener una ruta de atención y estar alerta para que no se vuelvan a presentar estos casos. En el caso de que haya una denuncia poder tratarla y llegar a fondo en el castigo del culpable y también con la reparación de la Víctima. En este caso, creo que nosotros hemos avanzando y, con la ayuda del señor, esperamos que no se vuelva a presentar nunca jamás en la Iglesia un caso de abuso.
¿Qué medidas específicas ha implementado usted en Colombia para combatir la pedofilia en la Iglesia?
Hay un plan integral: acompañamiento a la víctima que denuncia, acompañamiento en el proceso que se sigue para determinar la validez de la denuncia, también para determinar la pena que debe recibir el que ha abusado. Eso lógicamente tiene que ir también a Roma. Los protocolos y rutas están plenamente establecidos para que este proceso sea lo más rápido y efectivo posible.
No solamente la Iglesia está empeñada en reprimir los abusos para evitar que se vuelvan a presentar. Tenemos toda una política del menor. El papa Francisco utilizó una frase que nosotros hemos asumido: la Iglesia tiene que ser un lugar seguro, de tal manera que en las parroquias, en los colegios, en las guarderías, en toda institución de Iglesia, nosotros podamos tener la certeza de que nadie va a correr peligro.
El papa habló de que los católicos son unos en la Iglesia y otros fuera de ella, ¿En Colombia son los católicos camanduleros y de doble moral?
Ese es un problema que se ha presentado en toda la existencia de la Iglesia y que se presenta en todos los ámbitos de la vida religiosa. No podemos garantizar que una persona, por el hecho de rezar, de ir a misa, de confesarse de vez en cuando, sea una persona coherente. La coherencia es uno de los problemas más graves que tenemos en todas partes. La gente hoy se ha acostumbrado a la incoherencia. Una cosa es lo que dicen, otra cosa es lo que hacen… una cosa es lo que piensan.
La cultura en la que vivimos tiende a fragmentar la vida de las personas. La persona puede vivir con muchas personalidades, con muchas identidades al tiempo. Una cosa es la personalidad que muestra en Facebook, otra la que presenta en Instagram, y otra cosa es la que muestra en la oficina, en la casa y en la Iglesia. Esa fragmentación de la personalidad trae un peligro gravísimo por la dificultad de que alguien así guarde coherencia.
¿Cómo analiza el mandato del presidente Duque?
Creo que tiene una excelente voluntad. Él es un hombre de bien: honesto, honrado que quiere hacer las cosas bien hechas. Otro problema es que se las dejen hacer. Tenemos un Congreso muy fragmentado, muy complejo, un país muy difícil porque los problemas nuestros son sumamente serios. Lo único que uno puede pedirle al Señor es que lo ilumine y lo fortalezca para que él pueda seguir adelante y ayude al país a avanzar en la solución de sus grandes problemas.
¿Quién estaría interesado en que al presidente Duque le vaya mal?
Hay mucha gente, mucha gente. No voy a entrar a hacer un análisis de la política en Colombia porque ese es un análisis sumamente complejo y que pisaría muchos callos que no es necesario pisar.
¿Cómo ve el tema de la consolidación en implementación de la paz?
Es un tema muy complejo porque todo lo pactado en La Habana no era tan fácil de implementar por muchos motivos, pero creo que el Gobierno está haciendo un esfuerzo serio por consolidar la paz. Pero el único problema no es la ex guerrilla de las Farc. Tenemos el ELN, tenemos el EPL, que ahora ha ido recobrando fuerzas nuevas, tenemos bandas criminales, paramilitares o, sencillamente, de narcotráfico, que hacen muy compleja la situación del país. La implementación de la paz requiere un esfuerzo de todo mundo pero que no es fácil, sobre todo teniendo el combustible del narcotráfico. Nosotros vamos a tener que luchar, durante mucho tiempo más, con toda la problemática de la violencia en Colombia.
¿Cuál es su futuro dentro de la Iglesia?
El futuro dentro de la Iglesia a nadie le debe preocupar porque nosotros no hacemos carrera. Nosotros estamos para servir. Pero yo ya renuncié como Arzobispo de Bogotá.
¿Y qué le dijo el papa Francisco?
Me dijo “quédate quieto. Mientras estés bien no hay problema”. Vamos a ver hasta cuándo estoy bien y por lo tanto hasta cuándo el papa quiere tenerme.
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.