SISTEMA INFORMATIVO
Líderes religiosos de Colombia renovaron su compromiso en el trabajo por la paz y el desarrollo humano integral
Tags: abu dabi V Aniversario de la Declaración de Abu Dabi diálogo interreligioso en Colombia conferencia episcopal de colombia pontificia universidad javeriana líderes religiosos en Colombia monseñor Paolo Rudelli nuncio apostólico en colombia
En el contexto de la V Jornada Internacional de la Fraternidad Humana y convocados por la Iglesia Católica a través de la Comisión Episcopal para la Promoción de la Unidad y del Diálogo (PUD) de la Conferencia Episcopal de Colombia y la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), varios líderes religiosos del país renovaron su compromiso en el trabajo por la paz y el desarrollo humano integral.
Una jornada en la que se conmemoró, de manera especial, la firma del documento sobre la “Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común” por parte del papa Francisco y del Gran Imán Al-Tayyeb. Hecho producido el 4 de febrero de 2019, en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos.
El acto conmemorativo de los cinco años de la firma de este texto, conocido como la Declaración de Abu Dabi, se desarrolló el pasado 7 de febrero en la Universidad Javeriana en Bogotá. Evento que contó con una nutrida asistencia, tanto a nivel presencial, como virtual.
En el espacio intervinieron el Nuncio Apostólico del papa Francisco en Colombia y decano del Cuerpo Diplomático, monseñor Paolo Rudelli; el Gran Rabino Alfredo Goldschmidt, representante de la comunidad judía; el Sheikh Ahmad Tayel, en nombre de la comunidad musulmana; y la doctora Loida Sardinas, reverenda de la Iglesia Episcopal de Comunión Anglicana. Las cuatro ponencias centrales estuvieron precedidas por los saludos protocolarios del presidente de la Comisión Episcopal PUD, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Yopal, y el rector de la Universidad Javeriana, padre Luis Fernando Múnera, S.J.
Monseñor Fadi Abou Chebel, O.M.M., el exarca apostólico del rito oriental maronita en Colombia, también estuvo presente en el espacio. Además, el padre Raúl Ortiz Toro, director director de los departamentos de Doctrina y Promoción de la Unidad y del Diálogo del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), encargado de la organización.
El llamado a la acción de la Declaración de Abu Dabi
Al iniciar el evento, el padre Luis Fernando Múnera Congote, S.J., se refirió a la importancia de recordar que el documento de la declaración de Abu Dabi fue concebido como una guía para conducir a las nuevas generaciones hacia una cultura de respeto recíproco, en la comprensión de la inmensa Gracia Divina que hace hermanos a todos los seres humanos.
“Sin embargo, en estos últimos cinco años hemos visto con tristeza como sigue la guerra y la violencia en muchos lugares del mundo, algunos de los que nos llegan noticias, porque de muchos ni siquiera tenemos noticia, son Ucrania y más reciente, la guerra que enfrenta a los pueblos de Israel y Palestina, y también la violencia en nuestra América Latina”, expresó el padre Múnera.
Por razones como estas, de acuerdo con el rector de la PUJ, la búsqueda de la fraternidad, la paz y la convivencia continúa siendo una urgencia de nuestro tiempo, en la que hombres y mujeres religiosos deben estar aún más comprometidos, desde la vida compartida y la espiritualidad.
Al mismo tiempo, se refirió al contenido específico de la declaración. Allí subrayó dos súplicas centrales que hicieron el papa Francisco y el Gran Imán a través de ella: intervenir y redescubrir. La primera, dirigida a ellos mismos y a los líderes del mundo, a los artífices de la política internacional y de la economía mundial.
“Intervenir para parar el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, a los conflictos, a la degradación ambiental y a la decadencia cultural y moral que el mundo vive actualmente”.
La segunda petición dirigida a los intelectuales, a los filósofos, a los hombres de religión, a los artistas, a los trabajadores de los medios de comunicación, a los hombres y mujeres de cultura de cada parte del mundo. Grupo en el que subrayó que se encuentran cada uno de los presentes en este espacio.
“Redescubrir los valores de la paz, de la justicia, del bien, de la belleza, de la fraternidad humana y de la convivencia común. Con vistas a confirmar la importancia de tales valores como ancla de salvación para todos y buscar difundirlos en todas partes”.
El padre Luis Fernando afirmó también que el contenido de este documento, nacido de un encuentro lleno de esperanza en un futuro luminoso para todos los seres humanos, debe trascender la simple mirada del texto e inspirar a la acción para lograr frutos transformadores con el mensaje. De acuerdo con el padre rector, es fundamental que tenga consecuencias y que no se quede "refundido entre el entusiasmo de las palabras que son recibidas, pero que al final pueden terminar siendo desconocidas".
“Que en los lugares a los que iremos para continuar nuestra vida ordinaria, sean un testimonio de la grandeza de la fe en Dios, que une los corazones divididos y eleva el espíritu humano. Sean un símbolo del abrazo entre Oriente y Occidente, entre el norte y el sur y entre todos los que creemos que Dios nos ha creado para conocernos, para cooperar entre nosotros y para vivir como hermanos que se aman”, puntualizó el jesuita.
Orientaciones clave para la promoción de la reconciliación, paz, justicia y desarrollo humano integral en Colombia
Por su parte, monseñor Edgar Aristizábal, recordó que muchos de los conflictos que se viven actualmente en el mundo tienen una raíz religiosa debido a la incapacidad de reconocer la diversidad con la que hemos sido creados, actitud que, de acuerdo con el Obispo de Yopal, es la base del “lamentable fundamentalismo”.
“En la declaración de Abu Dabi, de la cual estamos conmemorando el primer lustro, se llegaron a acuerdos que otros líderes religiosos han suscrito con el pasar de los años, como son: trabajar por vencer el individualismo, fortalecer los valores espíritu, luchar contra cualquier tipo de extremismo religioso, buscar la distribución equitativa de los recursos naturales, redescubrir a la familia como el núcleo de la sociedad, trabajar con las nuevas generaciones, sobre todo en lo que concierne el cuidado de la casa común, entre otros”, refirió monseñor Aristizábal.
Además, el presidente de la Comisión Episcopal para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y del Diálogo Interreligioso de la CEC, refirió que la actual Política Pública de Libertad Religiosa que tiene Colombia reconoce que las entidades religiosas son promotoras de reconciliación, paz, justicia y desarrollo humano integral. Por ello, de acuerdo con el obispo, el Estado, favorece las iniciativas que buscan estas metas.
“Por nuestra parte, desde una y otra orilla de la diversidad religiosa, continuamos incentivando en la cotidianidad de la vida las enseñanzas que sostienen nuestras convicciones. Y en medio de toda esta diversidad, convergemos en las esperanzas de un país en paz y en justicia. Ese es el motivo que nos impulsa a conmemorar y recordar los compromisos de trabajar con insistencia en estas metas”, agregó monseñor Aristizábal.
La Declaración de Abu Dabi: punto de llegada y punto de partida en la búsqueda de la fraternidad
El Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, basó su intervención en la importancia del diálogo interreligioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad, a la luz del magisterio de la Iglesia. Allí, inició recordando que, aunque la Declaración de Abu Dabi representa un hito único en la historia del diálogo interreligioso, tiene una larga prehistoria que merece ser recordada para no cometer el error de considerarlo como el fruto de una intuición improvisada, sino como una especie de catalizador que se pone como punto de llegada de un largo camino y, al mismo tiempo, como nuevo punto de partida.
En este sentido, realizó un recorrido que incluyó varios pronunciamientos y documentos previos durante los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, en medio de diversos contextos históricos. Posteriormente, se refirió a cómo Abu Dabi ha inspirado algunas nuevas pistas y cómo el principio fraternidad se ha vuelto un pilar central en el magisterio del papa Francisco.
“El Papa expresa la necesidad de acompañar a los jóvenes para que, como árboles plantados, transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno, de fraternidad”, anotó el representante del Papa Francisco en Colombia.
Reconoció también el señor Nuncio que esta declaración ha servido como base fundamental para algunas de las ideas expuestas posteriormente por el Santo Padre en diversas intervenciones y en documentos como su Encíclica Fratelli tutti - “Hermanos todos” .
“El papa Francisco, al proponer la fraternidad como fundamento de la amistad social y de la búsqueda del bien común, podríamos decir, propone la fraternidad como fundamento de una ética universal”, puntualizó monseñor Rudelli.
Una oportunidad especial para reafirmar el compromiso interreligioso en el trabajo por la paz y el desarrollo humano integral
Al cierre del evento, diez líderes religiosos provenientes del cristianismo, el judaísmo, el islamismo, el budismo y el hinduismo realizaron un acto simbólico en el que cada uno leyó un pasaje extraído de la Declaración de Abu Dabi. Al final, se unieron los más de 200 participantes presenciales con la lectura al unísono de un compromiso por la reconciliación y la paz.
Los ponentes coincidieron en hacer eco de las palabras del papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social, escrita en el año 2020 cuando expresaba que:
“Las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad. El diálogo entre personas de distintas religiones no se hace meramente por diplomacia, amabilidad o tolerancia. Como enseñaron los Obispos de India, «el objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor»”. (FT, 271).
Vea a continuación la transmisión del evento:
El Buen Pastor entra por la puerta en el aprisco de las ovejas
Lun 20 Abr 2026
Abril pascual y bautismal
Mar 14 Abr 2026
Una deuda silenciosa: los sacerdotes olvidados…
Mié 22 Abr 2026
Traducciones y adaptaciones litúrgicas indígenas
Jue 16 Abr 2026
Jue 23 Abr 2026
Iglesia en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y sostenida en la oración
La Iglesia Católica en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y centrada en procesos de acompañamiento continuo desde la infancia, la familia y la comunidad.Esta es una de las principales conclusiones que deja el Encuentro Nacional de Delegados de Pastoral Vocacional 2026, que reunió en Bogotá a 127 animadores —60 de la vida consagrada y 67 de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país— entre el 13 y el 16 de abril, convocados por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión y el Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.El encuentro permitió identificar retos de fondo en el acompañamiento a las nuevas generaciones del país, en un contexto marcado por la hiperconectividad, la fragmentación social y la necesidad de referentes significativos.“Los jóvenes están conectados gran parte del tiempo con las redes… pero en el fondo no tienen a nadie cuando tienen una crisis, una depresión. Entonces nosotros como Iglesia tenemos que acercarnos a ellos”, advirtió la hermana Marta Ligia Acosta Muñoz, Carmelita Misionera, de la Conferencia de Religiosos de Colombia, seccional Cali.Acompañar desde antes: un cambio de enfoqueOrganizadores y participantes del encuentro coincidieron en la necesidad de replantear el enfoque de la pastoral vocacional, ampliando su alcance más allá de los jóvenes y de acciones puntuales.“Si nuestro servicio solo va dirigido a los jóvenes, estaríamos llegando demasiado tarde. También hay que acompañar a los niños y a las familias”, afirmó el padre Juan Manuel Beltrán, director del Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal de Colombia.En esa línea, se insistió en iniciar procesos desde la infancia, fortalecer el papel de la familia y articular el trabajo con otras pastorales.“Es en la familia donde se va cultivando la vocación…primero llegando a la parte humana de cada joven, para después llevarlos a la parte espiritual”, explicó la hermana Beatriz Elena Romero, de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias y delegada de pastoral vocacional en la Diócesis de Valledupar.Este cambio implica pasar de iniciativas aisladas a procesos continuos de acompañamiento humano y espiritual, con mayor capacidad de escucha y cercanía.Presencia real en la vida de los jóvenesOtro de los retos identificados es la necesidad de una mayor presencia en los espacios donde transcurre la vida de los jóvenes.“Hay que buscar a los jóvenes…la idea es llegar allí y ayudarles a conocer a Jesús para que lo sigan y permanezcan en Él”, señaló monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.Para los participantes, más que ausencia de vocaciones, existe una necesidad de acompañamiento oportuno y cercano.“Los jóvenes están sedientos de Dios...Necesitan escuchar algo de Dios, necesitan escuchar desde nuestro testimonio de vida”, afirmó el diácono Diego Fernando Sánchez, Misionero Javeriano de Yarumal.En este contexto, el entorno digital se reconoce como un campo clave de acción, que requiere mayor presencia y creatividad pastoral.“Es un reto seguir trabajando y lanzando la red a estas nuevas plataformas…Los jóvenes están esperando respuestas a ese llamado vocacional”, expresó Jesús Aníbal, religioso de la Orden de los Ministros de los Enfermos y delegado de pastoral vocacional Colombia–Ecuador.Trabajo en red: de la iniciativa individual a la acción conjuntaEl encuentro también dejó una orientación concreta: fortalecer el trabajo articulado entre las diferentes instituciones y comunidades eclesiásticas.“Tenemos que trabajar juntos, por región, por provincia, para tener un solo pensar y ayudar a los jóvenes a conocer a Jesús”, subrayó monseñor Lascarro.Esta apuesta se traduce en la construcción de rutas compartidas de acción pastoral.“Ya creamos una ruta de trabajo mancomunado, cooperativo, que nos va a permitir verdaderamente llegar a tantos jóvenes”, explicó John Ramírez, religioso de la Congregación Hijos de la Sagrada Familia y encargado de la promoción vocacional en la delegación Colombia–Venezuela.La articulación con la pastoral juvenil, familiar y educativa fue señalada como clave para ampliar el alcance del acompañamiento vocacional.Formar a quienes acompañanAdemás de los desafíos externos, el encuentro puso sobre la mesa una necesidad interna: fortalecer la formación y el acompañamiento de los propios animadores vocacionales.“Los primeros acompañados debemos ser nosotros…dejarnos acompañar primero por el Señor y también formarnos para hacer un mejor trabajo”, reconoció Jesús Aníbal.Esto implica consolidar procesos de formación permanente, fortalecer la vida espiritual y abrirse al apoyo de distintas disciplinas.Oración y misión: fundamento y proyecciónLos participantes coincidieron en que toda pastoral vocacional parte de una convicción fundamental: la vocación es iniciativa de Dios.“No somos nosotros los que llamamos, quien llama es Dios…Necesitamos propiciar espacios de silencio para que Él toque el corazón”, recordó el padre Juan Manuel Beltrán.En este sentido, uno de los llamados centrales es a fortalecer la oración personal y comunitaria, especialmente en el marco de la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones, que se celebrará del 26 de abril al 3 de mayo en todo el país.“La oración es la que nos va a ayudar a encontrar a los jóvenes…Dios es el que llama”, reiteró monseñor Lascarro.Vea el informe audiovisual del encuentro a continuación:
Mar 21 Abr 2026
Obispos colombianos llaman a proteger la vida y desescalar el lenguaje en medio del clima electoral
Ante el actual clima electoral y las recientes denuncias de amenazas contra candidatos presidenciales, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hace un llamado urgente a proteger la vida, cuidar el lenguaje y salvaguardar la democracia como pilares fundamentales del país.A través de un comunicado, los obispos advierten que Colombia atraviesa “un momento decisivo que exige compromiso firme con la vida, la democracia y el respeto”, y subrayan que no es posible avanzar en el proceso electoral si no existen garantías reales para todos los actores políticos.En este contexto, instan a las autoridades a actuar con determinación para proteger a quienes participan en la contienda:“Hacemos un llamado a los organismos del Estado a redoblar sus esfuerzos para garantizar la integridad y la seguridad de quienes aspiran a la Presidencia de la República, así como el libre ejercicio de los derechos democráticos”.El pronunciamiento se da en un escenario marcado por alertas de posibles atentados, intimidaciones y hechos de violencia que han encendido las alarmas sobre la seguridad del proceso democrático.La violencia y el lenguaje que divide también amenazan la democraciaJunto a la preocupación por la seguridad de los candidatos, la Iglesia advierte que el tono del debate público incide directamente en la convivencia y en la estabilidad democrática.Por ello, exhorta directamente a los candidatos y sus campañas:“Promover un debate respetuoso, excluyendo toda forma de violencia verbal, estigmatización o descalificación”.Este llamado recoge la enseñanza del Papa Francisco, quien insistía en que el camino no es la confrontación destructiva, sino el encuentro:“En lugar de descalificar rápidamente al adversario, hay que afrontar un diálogo abierto y respetuoso, donde se busque alcanzar una síntesis superadora” (Encíclica Fratelli tutti, 203).La democracia se construye con palabras que unenEl mensaje de la Conferencia Episcopal plantea que el país necesita un giro en el enfoque de la campaña electoral, pasando de la confrontación a las propuestas que respondan al bien común. En esa línea, enfatiza:“La palabra pública debe ser un instrumento de construcción y no de división”.En coherencia con este llamado, los obispos en Colombia hacen eco de palabras expresadas recientemente por el Papa León XIV durante su paso por África. El pontífice ha insistido en la necesidad de reconocerse como una sola familia, incluso en medio de las diferencias:“En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que todos somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas aparentemente cerradas” (Argelia, 13 de abril de 2026).Una tarea de todosFinalmente, más allá de las decisiones institucionales o políticas, los obispos recuerdan que el momento que vive el país exige corresponsabilidad:“Cuidar la vida, cuidar la palabra y cuidar la democracia es una responsabilidad compartida”.
Mar 21 Abr 2026
Preparar, sembrar, cuidar y cosechar la paz: la ruta pastoral que propone la Conferencia Episcopal de Colombia para la Semana de la Familia 2026
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Matrimonio y Familia, presentó la cartilla “Familias Sembradoras de Paz”, un subsidio pastoral que servirá como guía para la celebración de la Semana de la Familia 2026, que se llevará a cabo del 11 al 18 de mayo en todo el país.El material, dado a conocer este lunes 20 de abril a través de un webinar, propone un camino pedagógico y espiritual que reconoce a la familia como el primer territorio de paz y sujeto activo de reconciliación y transformación social. La iniciativa se enmarca en el lema de este año: “Familia, sembradora de paz”.Durante la presentación, monseñor Miguel Fernando González Mariño, obispo de El Espinal y presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia, destacó que la familia es “el lugar privilegiado donde se cultivan los valores, costumbres y patrones de convivencia”, y subrayó que “toda apuesta por la paz duradera necesariamente pasa por el fortalecimiento de las dinámicas familiares”.En ese sentido, insistió en que la paz no surge de manera espontánea: “La paz no aparece de la nada… la paz se cultiva”. Por ello, explicó que la cartilla propone asumir la construcción de paz como un proceso de siembra que requiere tiempo, cuidado y constancia, vivido en lo cotidiano del hogar.Una propuesta pastoral con enfoque reconciliadorLa cartilla plantea una metodología basada en cinco momentos simbólicos —preparar la tierra, sembrar la semilla, regar y cuidar, crecer y fortalecer, y cosechar y compartir— que orientan encuentros familiares o comunitarios durante la semana. Cada uno de estos espacios integra reflexión bíblica, dinámicas participativas y compromisos concretos.Este itinerario busca fortalecer a las familias como espacios de sanación y reconciliación, promoviendo habilidades como la comunicación respetuosa, la escucha activa y el manejo pacífico de los conflictos, así como valores esenciales para la convivencia como el perdón, la empatía y la solidaridad.De acuerdo con el documento, “educar para la paz no es únicamente un contenido que se enseña, sino una experiencia que se vive diariamente”, en la forma en que se gestionan las diferencias, se cuida al otro y se construyen relaciones basadas en el amor y el respeto.La familia, primera escuela de pazEl padre Nelson Ortiz, director del Departamento de Matrimonio y Familia, resaltó la pertinencia del tema en el contexto actual:“Este año veíamos que era muy necesario hablar de la familia como sembradora de paz, especialmente en un mundo que vive en medio de tantas guerras”.Asimismo, recordó el llamado del Papa a vivir una “desarmada y desarmante”, invitando a las familias a renunciar a las formas cotidianas de violencia:“Cada hogar está llamado a dejar las armas de la violencia verbal, la indiferencia y el egoísmo, para convertirse en sembrador de diálogo, misericordia y paciencia”.En esta línea, la cartilla propone reconocer las heridas y conflictos que afectan la convivencia familiar, al tiempo que impulsa procesos de sanación que permitan reconstruir el tejido relacional desde el interior del hogar. La familia, señala el documento, es “la primera e insustituible educadora de la paz”, y su vivencia cotidiana tiene un impacto directo en la sociedad.Un aporte eclesial con impacto socialLa Semana de la Familia 2026 tendrá como objetivo general fortalecer a las familias como espacios de construcción de paz, promoviendo relaciones fraternas que contribuyan a la transformación de las comunidades y territorios.Entre sus objetivos específicos se destacan: reconocer la familia como espacio privilegiado para la educación en paz, desarrollar habilidades de comunicación y resolución de conflictos, fortalecer valores que favorezcan la reconciliación, e impulsar compromisos concretos de paz tanto en el hogar como en el entorno social.En coherencia con la misión de la Conferencia Episcopal de Colombia, esta iniciativa busca no solo animar la vida eclesial, sino también incidir en la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y en paz, reconociendo que “cada gesto de amor, cada palabra de reconciliación y cada esfuerzo por construir unidad en el hogar se convierte en una semilla que puede transformar la sociedad entera”.La CEC a anima a todas las parroquias, movimientos eclesiales y familias del país para que hagan uso del contenido de la cartilla, como una herramienta concreta para aprender a vivir, desde lo cotidiano, el compromiso con la paz.Vea la transmisión del webinar de la presentación de la cartilla haciendo clic aquí.
Lun 20 Abr 2026
Custodia eucarística elaborada en Colombia será llevada a la Basílica de Getsemaní en Jerusalén
Se trata de la Custodia Andina, un ostensorio destinado a la exposición del Santísimo Sacramento para la adoración eucarística que, desde Colombia, se convertirá también en signo de comunión entre pueblos y de esperanza en medio de un contexto global marcado por tensiones.La pieza fue creada en el municipio de El Carmen de Viboral, en la jurisdicción de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, por el artista Santiago Ocampo Higuita, en colaboración con artesanos y creadores de distintas regiones del país. Su elaboración tomó cerca de dos años e integró técnicas tradicionales como la fundición a la cera perdida, la filigrana de Santa Cruz de Mompox y la cerámica carmelitana, junto con recursos contemporáneos.Con 80 centímetros de altura, la custodia está inspirada en la forma de un olivo, evocando el huerto de Getsemaní, donde, según la tradición bíblica, Jesucristo oró antes de su pasión. En su centro se ubica el ostensorio, rodeado por una corona de espinas, como punto focal de la adoración eucarística.En su base, que recrea el suelo rocoso del lugar, se representan los apóstoles Pedro, Santiago y Juan dormidos, en referencia al llamado evangélico a “velar y orar”. La obra incorpora además elementos de la identidad colombiana, como el carriel y la rula antioqueña, así como figuras de la fauna nacional: tres barranqueros andinos elaborados en filigrana de plata y una base sostenida por garras de oso de anteojos. El conjunto se complementa con cerámica tradicional de El Carmen de Viboral y detalles inspirados en los tejidos ancestrales de la cultura wayuu.Más que una pieza artística, la Custodia Andina fue concebida como un objeto litúrgico para custodiar la Eucaristía en la Basílica de Getsemaní —también conocida como Basílica de las Naciones o de la Agonía—, uno de los santuarios más representativos de Tierra Santa.Su elaboración fue posible gracias a la donación de una familia antioqueña, como expresión de fe y cercanía con los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos centrales del cristianismo.Un signo de comunión y esperanza desde la Iglesia en ColombiaDesde la Diócesis de Sonsón-Rionegro, este hecho ha sido acogido como un acontecimiento significativo para la vida eclesial. El presbítero Jesús Alexander Toro, delegado de Liturgia, destacó el valor de esta obra como expresión de fe y de pertenencia:“Nos sentimos plenamente orgullosos de saber que un artista de nuestra región… hoy nos sigue representando con tanto orgullo no solo como colombianos, sino como Iglesia particular de Sonsón-Rionegro”.El sacerdote subrayó además que la custodia no solo tiene un valor artístico, sino profundamente espiritual:“Es un objeto tan valioso para el culto cristiano… Esperamos que desde allí, desde la Basílica de las Naciones, Jesús nos bendiga a todos, nos custodie y nos guarde”.Este acontecimiento es interpretado por la Iglesia como un signo concreto de comunión entre la Iglesia local y la Iglesia universal, en línea con la misión de evangelización y de construcción de unidad que anima la Conferencia Episcopal de Colombia.Arte, fe y país: una presencia colombiana en Tierra SantaLa Custodia Andina se suma a otras obras del mismo taller que han llegado a Jerusalén. En 2019, el “Cristo del Silencio” fue incorporado a las celebraciones del Viernes Santo en la Basílica del Santo Sepulcro, y en 2025, la “Virgen de Nazaret” inició un recorrido internacional como imagen peregrina.En este contexto, la nueva obra refuerza la presencia del arte sacro colombiano en Tierra Santa, proyectando la riqueza cultural, espiritual y artística del país hacia uno de los epicentros de la fe cristiana.Un mensaje de paz en medio de la incertidumbreEn medio de los conflictos que afectan actualmente a Oriente Medio, esta custodia adquiere también un significado especial. Desde Colombia, se proyecta como un signo de oración por la paz y de esperanza para las naciones.“En este momento de conflicto… la custodia aguarda para llegar en el momento en que la Tierra Santa vuelva a estar en paz. Y eso es lo que clamamos: la paz para todo el mundo, la paz para las naciones”, expresó el padre Toro.Vea a continuación el informe audiovisual: