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¿Qué implica la Pastoral Digital para la Iglesia colombiana? 'Hechos 29' dejó varias claves
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Entre el 9 y el 14 de julio se vivió en Colombia ‘Hechos 29’; un espacio de fraternidad, escucha, espiritualidad y formación, que reunió en Bogotá a 130 evangelizadores digitales provenientes de 21 países de América Latina, Estados Unidos, España e Italia. Aunque se trató de la quinta versión, es la primera vez que una Conferencia Episcopal acoge su realización; aspecto que, sin duda, representa un importante paso en el camino hacia la consolidación de la Pastoral Digital en la Iglesia colombiana.
El evento se clausuró con un festival de música y adoración al que asistieron más de 1.700 personas. Además de los evangelizadores, miembros de ministerios musicales y fieles laicos de diferentes zonas del país, que aceptaron el llamado para unirse a ‘Hechos 29’ a través de este espacio.
La Iglesia colombiana abre caminos en la misión digital
Monseñor Lucio Ruiz, Secretario del Dicasterio para la Comunicación, quien compartió con los participantes el proceso del Sínodo Digital y algunas ideas asociadas al sentido esencial de su misión bajo una mirada teológica, también sumó importantes elementos a esta reflexión. Destacó el liderazgo de la Iglesia colombiana en este propósito:
“Colombia está, de alguna manera, muy avanzada, porque ha entendido el desafío de poder habitar este nuevo espacio y, desde ahí, el desafío de ser una Iglesia misionera en salida. El hecho de que hoy esté un obispo como monseñor Juan Carlos Cárdenas representando al episcopado, que les haya dirigido a todos a la palabra de una manera tan linda; es dando y recibiendo, pidiendo y dando, es un signo muy grande. Es un signo muy grande de un camino que se va caminando con madurez, con determinación. No nos habíamos dado cuenta de esta realidad de la misión en un espacio que es nuevo, pero la Iglesia nunca le tuvo miedo a descubrir espacios nuevos en Asia, en África, en Oceanía, en América Latina”.
Por su arte, la hermana Xiskya Valladares, misionera digital y madre sinodal, compartió que ‘Hechos 29’ también se configuró como un espacio para irle dando vida a lo que se propone en el Sínodo sobre la Sinodalidad en términos de misión digital:
“La sinodalidad es caminar juntos, es escucharnos mutuamente, es corresponsabilidad, es participación, y todos esos elementos se viven en ‘Hechos 29’. Entonces es un momento en el que podemos concretar, de algún modo, esa sinodalidad”.
En cuanto a la consolidación de la Pastoral Digital en Colombia, la religiosa destacó el liderazgo de la Iglesia colombiana a partir de hechos concretos, como la creación de un equipo que desde ya impulsa la misión digital y que ha hecho posible traer ‘Hechos 29’ al país:
“Me parece que el Espíritu está inspirando muy bien, o sea, está suscitando y haciendo descubrir la necesidad de esa misión digital para para que podamos llevar el mensaje del Evangelio más allá de los que vienen a la parroquia, de lo que están ya en las catequesis; a toda esa gente que no participa de manera presencial y que muchos de ellos, al final, se integrarán en la comunidad eclesial, en la comunidad presencial”.
De igual forma, el padre Carlos David Quiva García (@padrecarlosquiva), coordinador de la Pastoral Digital de Venezuela, compartió que, para él, lo más significativo de este encuentro de evangelizadores digitales en Colombia ha sido ver el interés de los obispos, como pastores de la Iglesia, por apoyar a los evangelizadores digitales.
Frente a los pasos para seguir consolidado la evangelización digital en la Iglesia, el sacerdote comentó: “El primer paso es la integración, poderse integrar como comunidad digital, como comunidad misionera y evangelizadora. Y luego, por supuesto, el apoyo y el respaldo de sus pastores, que va junto a esa obediencia a la Iglesia. Trabajar en conjunto con nuestra Madre Iglesia, cada quien, desde sus diócesis, desde la Conferencia Episcopal; poder ir en comunión con lo que nos van orientando”.
De creadores de contenido a misioneros digitales; de la búsqueda de seguidores, a la construcción de comunidades
Una de las prioridades del encuentro fue sensibilizar y empoderar a los creadores de contenido sobre la importancia de su rol como misioneros digitales; una misión que transciende aquellas herramientas y plataformas tecnológicas que les han permitido hasta hoy tener una importante acogida e impacto; que apela mucho más a lo humano, lo cultural y lo teológico; y donde sus audiencias o seguidores deben ser consideradas verdaderas comunidades de fe.
Para alcanzar dicho propósito en ‘Hechos 29’, fue fundamental acercar a los creadores de contenido a dimensiones asociadas a la doctrina, evangelización y sinodalidad. En este sentido, la participación de representantes de la Conferencia Episcopal de Colombia, de la Arquidiócesis de Bogotá y del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano permitió enriquecer el abordaje de temas como la integración de la evangelización digital en la acción pastoral de la Iglesia, inteligencia artificial y casos de éxito de apostolados digitales. Además, la protección de menores y prevención abusos desde la realidad de estas plataformas y lenguajes.
“Las técnicas de evangelización son buenas, pero ni siquiera la más perfecta podría remplazar la acción del Espíritu Santo”, así lo indicó la consagrada y también misionera digital Verónica Brunkow, durante su charla sobre la espiritualidad del misionero digital. Recordó a los participantes que un corazón que no está fortalecido en la oración y construyendo una relación íntima con Dios, no podrá evangelizar adecuadamente. Se refirió a la importancia de entregar a Él los proyectos a los cuales sienten llamado, para que sea Dios quien los guíe.
La hermana Xiskya también mencionó que, para transcender esa creación de contenidos, es fundamental que, entre la multiplicidad de carismas y maneras de hacer las cosas, los evangelizadores digitales, busquen formas de unirse. De acuerdo con la religiosa nicaragüense, solo de esta manera podrán dar testimonio y evangelizar.
El padre Byron Cadmen Palma (@soy_un_sacerdote_millenial), compartió que para él, ser evangelizador digital consiste en “pedirle permiso a Cristo y a su Iglesia de participar de un deseo de Dios. Y segundo, darle permiso a Cristo y a su Iglesia de que ocupen mi humanidad. Como decía Santa Isabel de la Trinidad ser una naturaleza suplementaria, es decir, que Cristo venga y que encarne en mí su misión, porque es la misión de Él, su amor, su deseo de llegar a las almas y de salvarlas”.
Por su parte, el padre Oswaldo Agudelo (@manualparaneamorare) mencionó que la Iglesia Católica debe modernizarse para llegar especialmente a más jóvenes, pero que esto debe darse en sus medios, más no en sus mensajes. Mencionó que el mensaje es el mismo dado hace 2.000 años por Jesucristo.
Tocar la tierra y conmoverse ante el sufrimiento humano, para descubrir la verdadera misión al tocar las pantallas
La cuota de experiencia social y caritativa más importante para los misioneros estuvo a cargo de la Arquidiócesis de Bogotá. La jurisdicción les abrió las puertas de diferentes obras pastorales del ‘Distrito de la Misericordia’; una serie de espacios ubicados en el barrio Las Cruces de la capital colombiana, donde brindan atención y apoyo a personas de escasos recursos o en situaciones de vulnerabilidad, como habitantes de calle, enfermos, niños y niñas, presos, entre otras. El hecho significó para los creadores digitales una oportunidad única de sensibilización e inspiración, desde su faceta más humana y con una visión clara de su papel en la evangelización.
En este sentido, el sacerdote mexicano José Juan Montalvo, conocido en redes como ‘Padre Borre’ y fundador de esta iniciativa, les recordó a los misioneros que “no deben ser solo buenos con las manos para tocar las pantallas, sino que también deben ser buenos con las manos para tocar la tierra, y conmoverse con la necesidad y el sufrimiento del hermano”. También destacó que este es el primer ‘Hechos 29’ en el que se le dedica un espacio a las obras sociales, ya que es fundamental para su formación integral.
¿Qué pasos pueden empezar a dar las jurisdicciones en el camino de la misión digital?
La participación de monseñor Juan Carlos Cárdenas, obispo de Pasto, en ‘Hechos 29’ Colombia fue un signo concreto del interés y compromiso de la Iglesia colombiana, desde los mismos obispos, en la evangelización digital. Al hablar con el prelado, quien es, además, el presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, indicó cuatro pasos que se deben dar en ese camino de consolidación de la Pastoral Digital en Colombia:
1. Reconocimiento y valoración. Reconocer a los evangelizadores digitales que hay dentro de cada jurisdicción y darles el valor que se merecen, ya que están prestando un servicio y atendiendo a un llamado de Dios.
2. Generar espacios de encuentro y escucha. Son esenciales para construir confianza y establecer relaciones.
3. Acompañar para orientar. Superar los miedos de ambos lados y las estructuras para reconocer la hermandad y trabajar desde una misión común: aprovechar el continente digital para comunicar más y mejor la Buena Nueva.
4. Reflexión mutua y paciente para ir descubriendo en el discernimiento qué es lo que Dios espera de este movimiento para la Iglesia y cuál es el lugar para ella.
La hermana Xiskya compartió también tres pasos fundamentales que se deben seguir dando a nivel institucional para lograr hacer de la Iglesia colombiana, una Iglesia presente en el entorno digital:
“El trabajo tiene que ser acompañar doctrinalmente a esos misioneros dándoles formación, no solo técnica, porque la formación técnica creo que la tienen más que cubierta en general, sino una formación en evangelización (…) Y luego, formación espiritual, que tiene que ser muy orientada a la misión digital, con los riesgos espirituales que ella supone. Y, por último, creo que hay que crear encuentros, tanto litúrgicos como de convivencia. Quizás en la parte litúrgica, oraciones, el envío misionero y en la parte del de la convivencia, encuentros regionales, al estilo ‘Hechos 29’”.
Misioneros digitales: testimonios del amor de Jesucristo en la red
Varios de los evangelizadores que participaron de este encuentro, compartieron sus motivaciones a la hora de evangelizar por medio de las redes sociales. Entre ellos, la venezolana Ayram Edery (@manualparaenamorarse); mencionó que, igual que cuando una persona se enamora y quiere contar esa buena noticia a todas las personas, así mismo ella, una vez se enamoró de Dios, quiso llevar esa Buena Noticia a más personas para que también lo conocieran y se enamoraran de él:
“¿Qué me motiva? La pasión por el Señor, porque hace siete años, cuando tuve ese encuentro, no conocía nada. Yo sentí algo tan grande, un amor tan grande, que yo necesitaba contarlo”.
De igual forma, Anderson Monsalve (@soyandersonmonsalve), compartió que ‘Hechos 29’ fue un lugar de encuentro donde todos pudieron aprender de todos y así apreciar la variedad de dones, carismas y llamados que hay dentro de la Iglesia en este continente digital. Para él, cada evangelizador es un testimonio de vida que Dios pone en el mundo digital para tocar más corazones.
“La palabra que más se ha utilizado en las charlas es escucha. Yo pienso distinto a ti, tú lo haces de una manera diferente, entonces yo aprendo de ti y tú aprendes de mí, nos apoyamos. Eso es muy bonito porque es como una fraternidad, un lugar de hermandad, de escucha, de conversación, de tener un camino juntos. Es ser Iglesia y hacer Iglesia.”
Tras ‘Hechos 29’ Colombia, los misioneros digitales están aún más inspirados para llevar el mensaje de amor y misericordia de Cristo a cada rincón del continente digital. Este evento ha sentado las bases para que cada misionero comprenda su rol en la evangelización digital, enfrentando los desafíos y oportunidades que se presentarán de cara al ‘Jubileo de Misioneros Digitales e Influencers católicos’ que se llevará a cabo en julio del 2025, en Roma.
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.