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iglesia colombiana

Jue 13 Feb 2025

El Jubileo también le entregó un importante mensaje de esperanza y paz a los militares y policías en Colombia

Del 8 al 9 de febrero se celebró en Roma el Jubileo de las Fuerzas Armadas, Policía y Cuerpos de Seguridad, y Colombia allí estuvo representada por cerca de 40 personas, animadas por monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, obispo castrense. Participaron 31 miembros de las fuerzas armadas y de policía, 6 sacerdotes que ejercen su capellanía en cada una de las fuerzas, y 2 seminaristas del Seminario Mayor Castrense que actualmente están estudiando en Roma.Durante estos días, miembros de academias, militares, obispos castrenses, y capellanes de todo el mundo desfilaron por las emblemáticas calles de Roma para atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro del Vaticano.Previo al encuentro con el Papa, celebraron una Eucaristía en la Basílica de San Pedro, presidida por monseñor Ochoa. Allí, pidieron por la paz de Colombia y por todos los integrantes de las fuerzas. Además se reunieron con el Agregado Militar del Ejército Nacional y el representante de la Policía Nacional en Italia para fortalecer lazos de fraternidad. Peregrinaron por lugares representativos de la ciudad, lo que les permitió vivir un encuentro profundo con la historia y la fe de la Iglesia.Este Jubileo culminó con una Santa Misa presidida por el papa Francisco en la Basílica de San Pedro a la que asistieron unos 40.000 fieles. En su homilía, el pontífice destacó el valor de los uniformados en la lucha contra la criminalidad y las diversas formas de violencia, en la salvaguarda de la creación, en la defensa de la vida y en la promoción de la paz. Les pidió no cultivar “el espíritu de guerra”, sino estar “del lado de la legalidad y de la justicia”, ayudando a que el bien venza siempre al mal.El Santo Padre también reconoció la misión de los capellanes en el acompañamiento a las fuerzas. Afirmó que estos sacerdotes “no prestan su servicio para bendecir perversas acciones de guerra”, sino para animarlos a remar mar adentro y sostenerlos en la misión que llevan adelante cada día mediante apoyo moral y espiritual, ayudándoles “a desempeñar sus cargos a la luz del Evangelio y al servicio del bien”.En esa misma Eucaristía presidida por el Papa Francisco, el Teniente Coronel Jhon Jairo Carmona Arias, de la Policía Nacional de Colombia, tuvo el honor de leer una de las peticiones en representación de los presentes, destacando la importancia de este evento para el fortalecimiento de la espiritualidad y el servicio en las fuerzas del orden.La destacada participación de la delegación colombia en este encuentro jubilar reafirma la importancia de la fe en la vida militar y policial, promoviendo una vocación de servicio inspirada en el Evangelio, como tanto lo necesita el país.Para conocer más detalles, visite la página web del Obispado Castrense de Colombia.Vea a continuación el informe audiovisual:

Mar 11 Feb 2025

Con la celebración del Jubileo de la Vida Consagrada, la Iglesia colombiana inició sus Jubileos Diocesanos

Entre el 1 y el 2 de febrero, en el contexto de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos de Colombia celebraron el Jubileo de la Vida Consagrada. Mediante encuentros llenos de fe, alegría y compromiso, las jurisdicciones eclesiásticas convocaron a religiosos, religiosas, miembros de institutos seculares y asociaciones de vida apostólica presentes en sus territorios, para reconocer, agradecer y animar su misión.En un país que sigue buscando superar la violencia, el conflicto armado y la desigualdad, quienes han consagrado su vida a Dios, se han convertido en un signo concreto de fe y esperanza para comunidades urbanas y rurales, a través de diferentes servicios pastorales, entre ellos: acompañamiento espiritual, educación, acogida en albergues, alimentación en comedores comunitarios, apoyo y liderazgo en pastorales sociales, parroquias, entre otros.“Allí donde el conflicto arrecia, allí está la presencia de la Iglesia a través de la vida consagrada de los sacerdotes, de los párrocos tejiendo unidad, tejiendo esperanza, construyendo la posibilidad de que Colombia encuentre caminos de reconciliación y de paz. Por eso la gran importancia de la vida consagrada es estar allí, junto al pueblo, no huir, estar allí con los sufrimientos, tocando con las manos al Salvador de la humanidad”, expresó el cardenal Luis José Rueda Aparicio, durante la celebración del Jubileo de la Vida Consagrada en la Arquidiócesis de Bogotá.Justamente en la capital colombiana, cerca de mil consagrados se reunieron para celebrar esta “fiesta de la esperanza” en una Eucaristía presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de la capital, y concelebrada por los obispos auxiliares, monseñor Alejandro Díaz y monseñor Edwin Vanegas.Durante la homilía, el Pupurado animó a los presentes a “cultivar la acción del Espíritu Santo en sus vidas” y a “tocar con sus manos la presencia de Cristo en los pequeños y grandes acontecimientos de la vida cotidiana”.En medio de la jornada, también se llevaron a cabo espacios testimoniales que reafirmaron, aún más, la importancia de esta misión en la ciudad-región:“La ciudad-región tiene la gracia de la abundancia de carismas y ministerios de hombres y mujeres en silencio, trabajando con un testimonio cercano al pueblo de Dios. Es reconocer la obra del Espíritu Santo en los barrios, en las veredas, en los municipios que conforman el Distrito Capital y que nos hace posible caminar en fraternidad, buscando la paz, llenándonos de esperanza y buscando la santidad en Cristo Jesús”, agregó el Cardenal.Por su parte, fray Rafael Diago Guarnizo, OP, secretario general de la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) reconoció que, aunque este acompañamiento se da en medio de luces y sombras, muchas veces, es silencioso.“Es un trabajo silencioso. No aparecemos en el tiempo, no aparecemos en el espectador, ni mucho menos en nosotros. Diarios de circulación nacional. El trabajo de religiosas y religiosas es un trabajo a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, aquel que, caminando la Galilea de una forma muy tranquila, pero muy comprometido con los pobres, demuestra el seguir dando esperanza y seguir construyendo el Reino de los cielos”, así lo expresó el Secretario de la CRC.Entre tantos rostros e historias valientes que tiene la vida consagrada en Colombia, especialmente en periferias geográficas y existenciales, están los del departamento del Guainía, una porción de la Amazonía colombiana, donde poco ha llegado la institucionalidad y el desarrollo aún sigue siendo un ideal. Allí está ubicado el Vicariato Apostólico de Inírida; pastoreados por monseñor Joselito Carreño Quiñonez, religiosos y religiosas de diversas congregaciones, superan barreras humanitarias, culturales, económicas y geográficas para llevar el consuelo de Cristo a comunidades, principalmente indígenas, que han sido históricamente marginadas.“Ser partícipes de una misión siempre es para el corazón una experiencia enriquecedora. Nos permite vivir la misericordia de Dios, no solo leerla en el Evangelio, sino encarnarla en medio de las necesidades, el dolor y la alegría de las necesidades, el dolor y la alegría de las comunidades que acompañamos”, así lo describe la hermana Danitza Armenta, religiosa de la congregación Hijos de la Llama de Amor de los Sagrados Corazones de Jesús, José y María, una de las religiosas allí presentes.Durante este Año Santo, el papa Francisco ha pedido a los consagrados ser“Peregrinos de Esperanza, por el camino de la paz’”. En ese contexto, el presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica de la Conferencia Episcopal de Colombia, afirmó que esta invitación es una luz en medio de la incertidumbre y la desesperanza que parecen ganar terreno en el país. Reafirmó los llamados hechos por el Dicasterio para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.Según datos de la Conferencia de Religiosos, Colombia cuenta con 243 comunidades religiosas, de las cuales cerca de 160 han sido fundadas en el país. Aunque la vida consagrada enfrenta desafíos, como la reducción de vocaciones, la Iglesia confía en que este Jubileo y las actividades que se continuarán desarrollando durante este Año Santo 2025, inspiren a más jóvenes a optar por una vida dedicada a Cristo.“Ojalá que este Jubileo invite a muchos jóvenes a preguntarse por este estilo de vida. Con nuestro testimonio de entrega, servicio y alegría, queremos mostrar el rostro auténtico de la vida religiosa”, enfatiza la hermana Cecilia del Socorro Aristizábal, vicepresidenta de la Conferencia de Religiosos de Colombia.Sobre la misión que está llamada a continuar día tras día la vida consagrada en Colombia y en otros países del continente, donde también se afrontan realidades socio-políticas complejas, la hermana Gloria Liliana Franco Echeverri, presidente de la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR), expresó que se trata de hacer realidad signos de esperanza concretos: “Yo siempre pienso que la esperanza es algo germinal, muy parecido a la semilla, que por eso la esperanza se cultiva. Entonces la llamada es estar, incluso en las pequeñas comunidades, en los lugares de base, en las fronteras, en las cruces. Construir un puente, hacer una escuela, dar una clase, curar un enfermo, visitar una persona. Y hay lugares en donde tenemos que recrearnos la esperanza y ayudarnos unos a otros a con la gente, con la esperanza, que no es ni ingenuidad ni negación de la religión. La esperanza está en la pascua, es certeza de que nuestro Dios triunfó sobre la fe y que por eso tenemos muchísimos motivos para creer también nosotros en la vida siempre, la vida siempre es más fuerte que la muerte”.El gran Jubileo de la Vida Consagrada en Roma se celebrará del 8 al 9 de octubre de 2025, en el marco del Año Santo de la Esperanza.A continuación, vea el resumen audiovisual de este importante acontecimiento:

Mar 11 Feb 2025

Sean mis testigos (Hech 1, 8)

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Nuestro lema pastoral para este año 2025, en la Diócesis de Cúcuta, es el mandato del Señor, cuando estaba con los discípulos antes de la Ascensión al cielo y deja instrucciones para continuar la obra misionera, diciendo: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo, Él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra” (Hech 1, 8). Este mandato lo tomamos hoy en la Iglesia en salida misionera para ir a todos los pueblos a hacer discípulos misioneros del Señor: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20).Para asumir con fervor espiritual este mandato misionero es necesario tener un encuentro con Jesucristo, pues vamos en salida misionera a transmitir no una idea de Dios, sino una experiencia con Jesucristo que está vivo, de quien experimentamos su perdón y su amor misericordioso. El Papa Francisco así nos lo recuerda cuando afirma: “¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!” Entonces, lo que ocurre es que, en definitiva, ‘lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos’ (1Jn 1, 3) (Evangeli Gaudium 264), porque es una gran noticia que no podemos dejar para nosotros mismos, sino que deseamos que sea conocida por todos en el mundo, de la que nosotros somos sus testigos.Es posible sostenerse en la vida siendo testigos de Jesucristo, si estamos en plena unidad con Él, mediante el estado de gracia en el que nos esforzamos en permane-cer, auxiliados por la oración contemplativa que nos permite entrar en comunión con el Señor de corazón a corazón, para experimentar la gracia de Dios, que nos lleva por caminos de santidad. El Papa Francisco nos lo recuerda cuando afirma: “La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para esto urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás” (EG 264).Para entender profundamente el mandato del Señor para ser sus testigos, se hace necesario un encuentro personal con Jesucristo, que es el amor sin límites que nos salva. Nuestro Señor Jesucristo entregó su vida en la cruz por todos nosotros, mostrándonos cuánto nos ama. Un discípulo misionero tiene que experimentar el amor de Dios que salva y por eso el corazón, ardiendo de fervor por la evangelización, suscita en el misionero el deseo vehemente de anunciar al Señor por todas partes. Así lo expresa el Papa Francisco: “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más” (EG 264). No es posible anunciar a Jesucristo con la vida, si no se ha experimentado su amor misericordioso, que perdona y salva.Es por esto que el misionero tiene que ser un contemplativo de Jesucristo Crucificado, que en gracia de Dios comunique el Evangelio, que es camino, verdad y vida que nos lleva hasta el Padre y con el cual se identifica cada día. Sin la gracia de Dios, sin la oración, sin el alimento de la Eucaristía diaria, no es posible ser un verdadero discípulo misionero del Señor. Se podrán hacer muchas actividades, pero no se comunica con valentía la persona de Jesucristo y su Evangelio. Así lo expresa el Documento de Aparecida: “El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús - Camino, abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús - Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias am-biciones, y nos identifica con Jesús - Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros ‘tenga vida en Él’” (137).La espiritualidad misionera centrada en Jesucristo, hace que el discípulo viva desde dentro su condición de cristiano, que produce el fervor por la misión, es decir, por vivir en anuncio constante del Evangelio con la vida entregada a Dios y con las palabras que brotan de un corazón en gracia, para ser sus testigos. Aparecida nos lo enseña cuando afirma: “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre. Es un ‘si’ que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo Camino, Verdad y Vida” (DA 136), para seguirlo radicalmente asumiendo la propia cruz, unida a la cruz del Señor, cumpliendo con el mandato misionero de ser sus testigos por todos los confines de la tierra.Hoy recibimos con la alegría de los hijos de Dios el mandato del Señor: Sean mis testigos (Cf Hech 1, 8) y de rodillas frente al Santísimo Sacramento, mirando y contemplando el Crucificado, abrimos nuestro corazón a la gracia de Dios, dejando que Él nos contemple, reconociendo su mirada de amor para con nosotros, recibiendo su perdón y comunicando este encuentro con Jesucristo en salida misionera, por todos los confines de nuestra Diócesis. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, alcancen del Señor la gracia de sentirnos todos los días llamados y enviados por el Señor a ser testigos de su cruz y resurrección.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 11 Feb 2025

Obispos colombianos lamentan el fallecimiento de monseñor Fabio de Jesús Morales Grisales, Obispo Emérito de Mocoa-Sinbundoy

Este lunes, 10 de febrero, a los 90 años de edad, falleció monseñor Fabio de Jesús Morales Grisales, CSsR, obispo emérito de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy.La Conferencia Episcopal de Colombia se une en oración por el eterno descanso de nuestro Pastor, quien fue el primer obispo de esa jurisdicción eclesiástica ubicada en el departamento del Putumayo, tras ser elevada a diócesis en 1999 por el Santo Padre Juan Pablo II. A María Santísima encomendamos a monseñor Fabio de Jesús, para que lo presente a Dios nuestro Señor y le sea concedido el descanso eterno.Biografía:Monseñor Fabio de Jesús Morales Grisales, nació el 27 de julio de 1934 en el municipio de Neira, ubicado en el departamento de Caldas. Realizó los estudios de secundaria en el Seminario Redentorista de Sevilla (Valle). Los estudios de Filosofía y Teología los adelantó en el Seminario Mayor de Cuenca (Ecuador).Emitió su profesión solemne en la Congregación del Santísimo Redentor el 15 de agosto de 1954 y el 4 de octubre de 1959 fue ordenado sacerdote en Cuenca.En el ejercicio del ministerio sacerdotal desempeñó los siguientes cargos:- Profesor de Teología en el Seminario de los Redentoristas en Bogotá.- Director del Seminario Redentorista en Servitá y en Piedecuesta (Santander).- Profesor de la Historia Eclesiástica en la Pontificia Universidad Javeriana, en la Universidad Católica San Buenaventura y en el Seminario Arquidiocesano de Bogotá.- Superior de la comunidad de Redentoristas en Manizales.- Profesor en el Seminario Arquidiocesano de Manizales.- Superior y rector del Santuario “Basílica Nuestro Señor de los Milagros” en Buga.- En 1981 fue elegido Superior Provincial de los Padres Redentoristas en Colombia. En este cargo fue reelegido dos veces completando nueve años.- En 1991 es Superior de la comunidad y Rector del Santuario “Basílica Nuestro Señor de los Milagros”.El 29 de abril de 1991 fue nombrado por Su Santidad Juan Pablo II, Vicario Apostólico de Sibundoy, como obispo titular de Budua. El 15 de junio del mismo año recibió su consagración episcopal.El 24 de noviembre de 1999, cuando fue creada la Nueva Diócesis de Mocoa-Sibundoy, el Santo Padre Juan Pablo II lo nombró como su primer Obispo hasta 2003.El 18 de octubre de 2003 Su Santidad el Papa Juan Pablo II aceptó su renuncia al cargo episcopal encomendado.Falleció el 10 de febrero de 2025.

Vie 7 Feb 2025

Siete llamados urgentes de los obispos colombianos, al cierre de su CXVIII Asamblea: “No podemos seguir aplazando la búsqueda de la unidad”

Al concluir su CXVIII Asamblea Plenaria, celebrada del 3 al 7 de febrero en Bogotá bajo el lema "En esperanza, por una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa", los obispos colombianos convocan a todos los actores de la sociedad a trabajar juntos en una misión que -afirman- no se puede aplazar más: la construcción de un país cimentado en los valores, la verdad y el bien común, “por encima de intereses egoístas o partidistas”. Unidad y reconciliación: imperativos para ColombiaEn su mensaje, los obispos subrayan que es imperativo apostar por la reconciliación y promover un proyecto de país que priorice la paz con justicia social, la participación y el compromiso de todos."Cada acción de bien se debe convertir en una pedagogía cotidiana de paz que detenga la fuerza del mal y sume al propósito de la unidad y la paz", afirman, recordando que esta es la lógica del amor, basada en hechos y no en palabras.El coraje de la sociedad civil y el llamado a no dejar a nadie atrásEl mensaje también resalta el papel fundamental de la sociedad civil en la transformación del país. "Colombia tiene el deber de avanzar, y será fundamental el coraje y la determinación de la sociedad civil", señalan los obispos. Hacen un llamado a superar el individualismo y a priorizar el bien común, recordando que "Dios sigue manifestándose a través de los pobres y de los acontecimientos de la historia humana". Los prelados no pasan por alto las graves crisis humanitarias que afectan al país, como la situación en el Catatumbo, el drama de los migrantes, los desplazados y las víctimas de la violencia."Los marginados y las víctimas muestran permanentemente las heridas de nuestras relaciones fallidas", recordaron que "la mejor política es la que garantiza la dignidad de todos, la paz y el bien común".Una Iglesia en conversión: caminar juntos hacia un horizonte comúnInspirados por la sinodalidad, tema que transversalizó su CXVIII Asamblea Plenaria, los obispos reconocen que la Iglesia también está llamada a convertirse y a alimentar las relaciones en todos los ámbitos. Citando el Documento Final del Sínodo, afirman que todos sus miembros deben "alimentar las relaciones: con el Señor, entre los hombres y las mujeres, en las familias, en las comunidades, entre los cristianos, entre los grupos sociales, entre las religiones y con la creación".Este camino de conversión -afirman- implica revisar qué se está haciendo mal como Iglesia, como país y de manera personal. En este sentido, invitaron a "caminar juntos", sin discriminaciones, recordando que "todos estamos en la misma barca en dirección hacia un horizonte común", como lo ha señalado el Papa Francisco.La esperanza activa como motor de cambioEn el contexto del Año Jubilar 2025 que celebra la Iglesia y que tiene como horizonte la esperanza, los obispos colombianos resaltaron que la esperanza no es una actitud pasiva, sino la suma de acciones positivas en el presente, especialmente frente a una crisis nacional agravada por el narcotráfico, la minería ilegal y la corrupción."Actuamos como sembradores de esperanza si estamos movidos por la búsqueda de la justicia y hacemos solo y siempre el bien", afirmaron.Llamado a la responsabilidad ciudadana y a una nueva generación de líderesLos obispos hicieron un llamado a la "valentía de la responsabilidad ciudadana", instando a los colombianos a poner el bien del país por encima de intereses egoístas o partidistas, y para encontrar nuevas maneras en este propósito, resaltaron el protagonismo de los jóvenes."Necesitamos formar una nueva generación de líderes que, con capacidad de escucha, se pongan al servicio del proyecto común de país", señalaron, citando la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco.El papel esencial de las mujeres en la construcción de la pazEl mensaje también destaca el papel crucial de las mujeres en la contención de la guerra y las violencias. "Ellas constituyen la mayor fuerza en la contención de la guerra y de las violencias; su sensibilidad por la vida y lo humano crea un marco de posibilidad para Colombia", afirmaron los obispos. En este sentido, las alentaron de manera especial, a liderar la defensa y promoción de la vida, así como iniciativas que conduzcan al perdón, la reconciliación y la paz.Unidos en oración por la renovación de ColombiaFinalmente, los obispos invitan a todos los creyentes a unirse en oración por la renovación del país. "Queremos juntos 'dar razón de la esperanza'", concluyen, recordando que la Santísima Virgen María, como escuela de esperanza, debe inspirar la renovación de la Iglesia y el propósito de una nación reconciliada y en paz.Con este mensaje, los obispos colombianos reafirman su compromiso con la construcción de un país más justo, solidario y en paz, e instan a todos los colombianos a sumarse a este propósito desde la esperanza y la acción concreta. Vea el mensaje leído por el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Germán Medina Acosta:

Jue 6 Feb 2025

Para vivir la sinodalidad, obispos colombianos se comprometen con el fortalecimiento de la comunión eclesial y la formación misionera

Al llegar a la cuarta jornada de trabajo en su Asamblea Plenaria 118, los obispos y administradores diocesanos colombianos dedicaron su reflexión y trabajo a dos temas esenciales para la vivencia efectiva de la sinodalidad en la Iglesia (propósito que ha inspirado este encuentro): la conversión de los vínculos y la formación de discípulos misioneros. Orientados por el Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y partiendo de la realidad de sus jurisdicciones eclesiásticas, los prelados definieron nuevos caminos y compromisos en estas dimensiones.La jornada inició con una Eucaristía presidida por monseñor Héctor Cubillos Peña, obispo de Zipaquirá, concelebrada por los Vicarios Apostólicos de Trinidad y de Puerto Leguízamo-Solano: monseñor Héctor Javier Pizarro y monseñor Joaquín Humberto Pinzón. Durante su homilía, monseñor Cubillos recordó a sus hermanos en el episcopado que su principal misión es “ser testigos y mensajeros del Señor”. Recordó el llamado que les ha hecho el Papa Francisco para este Año Jubilar: “permanecer anclados en la Jerusalén del cielo. Y de esta manera, anhelarla, buscarla y querer alcanzarla a través del camino sinodal, que es el camino de Jesús”.Posteriormente, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, ambos padres sinodales, fueron los encargados de exponer las ideas centrales de los temas a trabajar en el ámbito de la sinodalidad. Posteriormente, por regiones, los pastores desarrollaron talleres grupales de profundización. De allí, surgieron varios compromisos concretos, algunos de ellos pueden ser conocidos a través del informativo 'Así va la Asamblea'.Frente a la conversión de los vínculos, monseñor Tobón explicó que, aunque la expresión puede resultar algo extraña, se refiere a cómo logra la Iglesia vivir mejor la comunión eclesial, la fraternidad y la profunda unidad que debe existir entre todos sus miembros. Propició la reflexión desde tres niveles de vinculación: como Iglesia colombiana, con las demás Iglesias locales y con la Iglesia universal. El Arzobispo de Medellín comentó que ese relacionamiento y trabajo sinodal entre diferentes niveles de la Iglesia debe ser visto como intercambio de dones, "aquí nunca es uno que da y otro que recibe, sino siempre son dos que reciben de la gracia del Señor y de la unidad, de la comunión de la Iglesia", enfatizó.En cuanto a realidades de la Iglesia colombiana que se pueden aprovechar en esa conversión de los vínculos señaló las potencialidades que tiene la Conferencia Episcopal de Colombia como órgano colegiado e institución, el trabajo articulado que adelantan las provincias eclesiásticas y las pequeñas comunidades, que van surgiendo cada vez más."La Conferencia Episcopal de Colombia es una de las primeras conferencias que se establecen en el mundo, una conferencia que ha venido trabajando constantemente, que se ha venido consolidando en sus servicios. También muy importante el trabajo en las provincias eclesiásticas, cómo cada grupo de obispos por departamento o por región, intercambian sus experiencias y buscan juntos lo que se debe hacer; se ayudan con personal y con recursos para hacer las cosas. Pero lo que más ayuda es el buen espíritu, la disponibilidad, la fraternidad, la amistad. No solamente entre los obispos, también entre los sacerdotes, en las parroquias, entre los laicos. Hoy tenemos ya en casi todas las parroquias, por ejemplo, consejos parroquiales. ¿Y eso qué significa? Un grupo de laicos pensando en su parroquia, ayudándole al párroco a hacer una parroquia más viva. Tenemos las pequeñas comunidades, ese es un milagro del Espíritu; un grupo de bautizados escuchan la palabra y se forman en la fe, crecen en la fraternidad y se proyectan apostólicamente. La Iglesia realmente no podría existir sin todos estos recursos de comunión y de fraternidad".Por su parte, el cardenal Rueda expresó que en la formación de discípulos misioneros es "donde se juega la sinodalidad". Explicó que tiene que ver con la espiritualidad, con la organización para el discipulado y con la proyección misionera y misericordiosa de todos los bautizados; que implica que no sean solo destinatarios sino protagonistas y mensajeros de la Buena Nueva en diferentes niveles, por su condición bautismal. Frente a su implementación en la realidad de la Iglesia colombiana, el purpurado precisó:"Esto significa que debemos apostarle en todas las parroquias, en todas las iglesias particulares, a la formación. Y eso requiere inversión de recursos, de tiempo y de personas, de personas cualificadas, de personas formadas. Eso nos exige a nosotros los obispos, formarnos para poder pasar de una Iglesia de conservación a una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa, pero, además, quiero decirles que esto desafía también la formación de los ministros ordenados, porque si tenemos seminaristas, diáconos, presbíteros y obispos bien formados, que tienen en su corazón lo que es el corazón de la sinodalidad, que es la espiritualidad de comunión y la condición de pueblo de Dios en camino, entonces seremos los primeros promotores de la formación de todos los bautizados en el pueblo de Dios".Vea otros detalles y compromisos en el Informativo del Episcopado Colombiano:

Mié 5 Feb 2025

Conversión de los procesos en la Iglesia colombiana a la luz de la sinodalidad: tema central de la tercera jornada en la CXVIII Asamblea del Episcopado

Los obispos colombianos centraron la tercera jornada de trabajo en su CXVIII Asamblea Plenaria en la profundización sobre la conversión de los procesos evangelizadores y administrativos en la Iglesia. Lo planteado en la tercera parte del Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, inspiró su discernimiento. Monseñor José Miguel Gómez, arzobispo de Manizales y padre sinodal, realizó la presentación central del tema. Los obispos también desarrollaron actividades de análisis y construcción de ideas a nivel grupal desde la experiencia de sus Iglesias particulares.La jornada inició con la celebración de la Eucaristía presidida por monseñor José Clavijo Méndez, obispo de Sincelejo, concelebrada por monseñor Juan Manuel Toro, obispo de Girardota, y por monseñor Fadi Abou Chebel. En su homilía, monseñor Clavijo convocó a sus hermanos obispos a acudir a la “metodología de la esperanza” durante esta asamblea; la describió como la posibilidad de “leer el presente a la luz del pasado, que es un pasado de salvación, para encontrar la veta que abre las puertas del futuro”. Expresó que la conversión de los procesos y estructuras, implica disponerse a la novedad y al cambio con fe y esperanza en el Señor; aprendiendo a discernir en su diálogo qué es lo esencial y qué es lo que deben buscar en el presente, junto a los demás miembros de la Iglesia.Entérese de todos los detalles e ideas planteadas durante este miércoles 5 de febrero a través del informativo del Episcopado Colombiano:

Mié 5 Feb 2025

Obispos colombianos piden a las instituciones enfocarse en brindar respuestas efectivas a las comunidades que padecen la crisis humanitaria

Reunidos en su CXVIII Asamblea Plenaria, los obispos colombianos se pronunciaron a propósito de la compleja situación política y social que vive el país; hicieron un llamado a las autoridades, las instituciones y la sociedad civil a "no dejarnos distraer por coyunturas" y atender de manera articulada los problemas más profundos y urgentes de la nación, especialmente la crisis humanitaria que afecta a tantas comunidades, entre ellas, las presentes en la región del Catatumbo.“Nos interpela el clamor y el sufrimiento de las personas y las comunidades, que están siendo gravemente afectadas”.En el pronunciamiento los obispos también pidieron atención urgente para los migrantes, desplazados, confinados y retornados, víctimas de la creciente violencia en las zonas rurales del país.Llamado al Gobierno NacionalLa Conferencia Episcopal de Colombia exhortó al Gobierno Nacional y a todas las instituciones del Estado a trabajar de manera conjunta para lograr soluciones efectivas, focalizándose en el bien de la nación para alcanzar el país unido y en paz que tanto se anhela.Esperanza en las comunidadesPese a la gravedad del panorama, los obispos hiciern un llamado a mantener la esperanza y fortalecer las iniciativas que están surgiendo desde las comunidades para enfrentar la crisis.Lectura del pronunciamiento por el Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Múnera Correa: