Vie 5 Nov 2021
Esta viuda pobre ha echado más que nadie
TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Noviembre 7 de 2021
Primera lectura:1R 17,10-16
Salmo: Sal 146(145),7.8-9a.9bc-10 (R. 1)
Segunda lectura: Hb 9,24-28
Evangelio: Mc 12,38-44 (forma larga) o Mc 12, 41-44 (forma breve)
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
La Palabra de Dios nos exhorta a reflexionar sobre:
• La Justicia en la tierra es la consecuencia de vivir la misericordia que viene del cielo.
• La pureza de las intenciones se refleja en la gran riqueza de acciones en favor de los hermanos, especialmente los menos favorecidos.
• El peligro para la Iglesia si se llegasen a introducir comportamientos ajenos a su naturaleza.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El Profeta Elías nos recuerda las fatales consecuencias que caen sobre la tierra cuando se adolece de la falta del sentido de la misericordia, que es el resultado de la idolatría, pues la adoración de dioses falsos sólo genera estructuras de injusticia, ya que ellos supuestamente `piden sacrificios´ especialmente de sangre que, por lo general, la aportan los más débiles y pobres. Esto genera terribles estructuras de pecado e injusticia, situación que no deja a Dios indiferente. Por esta razón el gran Profeta Elías confronta al rey de Israel por dar su apoyo al culto de los ídolos y cuya consecuencia es la agobiante sequía que cae sobre la tierra, la cual ha de ser sufrida por todos, incluido el profeta.
En medio de tanta tragedia se hace patente la acción misericordiosa de Dios que, en el salmo de hoy, nos anuncia la generosidad de Dios, que "hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos”.
En la Carta a los Hebreos se nos recuerda el gran salto cualitativo de la misericordia, que ya no consiste en hacer obras de justicia externas a la persona, sino en el don total de sí mismo a Dios y que Jesús realiza cuando asume el cruento sacrificio con el que da Gloria al Padre, llegando, así, a la cumbre de la vivencia de este don del sacerdocio, del cual Jesús es el supremo representante.
En el Evangelio de San Marcos aparecen los modelos contrastantes de comportamiento, especialmente de los representantes de las cuestiones religiosas. La figura de la viuda pobre es presentada por Jesús como el perenne modelo ideal de comportamiento para la comunidad cristiana.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El Evangelio de Marcos de este domingo nos aproxima a la última semana de la vida pública de Jesús. Es la última de las siete diatribas de Jesús, en este caso, contra los escribas, por lo que recurre a la sátira y a la ironía, ya que Jesús quiere que sus discípulos eviten este tipo de comportamientos dentro de la comunidad, pues serían un peligro para la subsistencia de la misma, porque si dichas actitudes se infiltrasen dentro de la comunidad se tomarían como expresión de la acción de Dios, lo cual afectaría gravemente su imagen y la de la Iglesia, en relación con ella misma y con el mundo. El respeto ha de ser el mismo para todos en su máximo grado, no sólo para los que tienen cargos de responsabilidad; por eso Jesús quiere abrir los ojos a sus discípulos y, en ellos, a todos nosotros.
Los escribas, eran los intérpretes oficiales de la Ley, la Torá, pues eran quienes emitían las debidas explicaciones de la ley para que se pronunciasen las sentencias de los tribunales. El Libro del Eclesiástico (Sirácida 38) habla de la actitud de los escribas y el honor que debía tributárseles. Lo que preocupa a Jesús de los escribas es que sus actitudes se podrían replicar en los discípulos:
a. Su manera de vestir, que es una expresión de petulancia y exclusión, ya que no quieren que los confundan con la gente simple e ignorante. El sumo sacerdote era considerado el representante de Dios en la tierra por lo que debía ser contemplado por todos, por eso, sus vestidos debían ser espectaculares y por eso llevaba las piedras preciosas en el pecho, signo de las tribus de Israel, y las campanillas en el borde de su vestido que servían para llamar la atención. La casta sacerdotal y, en tono menor, los escribas, se tenía por algo superior dentro de la sociedad y lo manifestaban con la fastuosidad en el vestir que llegaba a extremos teatrales de boato y extravagancia.
b. Los saludos debían ser ofrecidos con gran ritual y deferencia por parte de todos.
c. Los primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes.
d. Sus oraciones eran una comedia para convencer a todos de que Dios estaba de su parte.
Todo esto era para Jesús una comedia ridícula. Además, algunas de sus acciones eran deplorables, pues devoraban los bienes de las viudas en lugar de ser sus defensores. Por todo eso recibirán una condena mayor.
Ahora viene la parte de bella. En el templo, lugar de inmensas riquezas porque recibía dinero proveniente de todo el orbe conocido de parte de los judíos de la diáspora, aparece una viuda pobre, sin ninguna señal que reclame algún respeto en sus vestidos. Ella asistió el templo para cumplir íntegramente la ley haciendo la ofrenda de toda su vida, representada en las desvalorizadas monedas. Jesús invita a sus discípulos a observar un bello ejemplo de la verdadera grandeza: como viuda y como pobre no reclama la atención de ninguno.
Al comportarse así hace como Jesús quiere: es una verdadera discípula. Y donde los demás dan de lo superfluo, ella, en cambio, da su vida entera: lo que tenía para vivir. Para ser discípulo no basta con dar una ofrenda económica consistente, sino que se ha de poner toda la vida al servicio del diseño de Dios, entregando la vida como un don de amor a los hermanos. La viuda es una mujer dócil al impulso del espíritu. El evangelio hace notar el contraste entre los que dan de lo que les sobra y los que hacen el don de sí mismos. En San Marcos el servicio del verdadero discípulo ha de ser silencioso sin demostraciones espectaculares.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Para un comportamiento como el que pide Jesús en el Evangelio de hoy es necesario cultivar una actitud muy particular: ser castos. Esta actitud, como un gran don de Dios hay que pedirla al cielo y, además, requiere de nuestra máxima donación. Es la suprema enseñanza que nos aporta el Sumo Pontífice, el Papa Francisco, al establecer el Año de San José, del cual estamos en la recta final, y que en su documento oficial Patris Corde nos afirma:
“La tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida.
La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio”.
Rogamos para que el Padre del cielo, por su Hijo, casto y obediente, nos permita vivir la lógica de la donación total de nosotros mismos, entregados al auténtico amor, reflejado en relaciones humanas castas, prudentes y misericordiosas como Él quiere.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos, nos alegramos de tenerles hoy aquí, pues la Palabra nos interpela para que hagamos un examen sobre el estado de nuestro corazón, nuestra mente, nuestras actitudes y acciones. El ejemplo de dos viudas nos llevará de la mano para comprender la confianza plena en Dios y la donación de la entera existencia para que nuestras vidas se ajusten plenamente a su querer. Participemos con inmensa alegría de este encuentro con el Señor.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Iglesia, comunidad de los discípulos y hermanos, requiere de comportamientos apropiados, que, vividos en la fe, nos ayudarán a ser más dóciles a los impulsos del Espíritu. Que este mismo Espíritu nos haga percibir el contraste entre los que dan de lo que les sobra y los que hacen el don de sí mismos, según el Evangelio que hoy se proclama. Escuchemos con atención.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Hermanos, reunidos en nombre de Jesucristo, elevemos con afecto filial nuestra oración a Dios Nuestro Padre, para pedirle por todas las necesidades del mundo, especialmente la justicia. Digamos:
R. Padre Santo, te alabamos por tu misericordia
1. Para que la Iglesia, extendida por todas las naciones, conserve la integridad de la fe y el Papa, los obispos, sacerdotes y todos los ministros de la Iglesia, se santifiquen más cada día para bien de la humanidad y propagación del Reino de Dios. Oremos.
2. Para que todos los que van a recibir los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confirmación, obtengan una fe más viva mediante el encuentro personal con Cristo y donen sus vidas como discípulos y misioneros del Reino de Dios. Oremos.
3. Para que todos los que sufren por causa de la enfermedad, el hambre, la incomprensión y la injusticia, sean ayudados por la caridad eficaz de sus hermanos cristianos. Oremos.
4. Para que todos los aquí reunidos, conscientes de ser templos del Espíritu Santo, manifestemos con obras el Misterio de salvación que estamos celebrando. Oremos.
Se pueden añadir otras intenciones personales…
Oración conclusiva
Padre santo,
Tú conoces nuestras necesidades,
nosotros te las confiamos y sabemos que las atenderás.
benignamente dándonos el auxilio esperado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.