SISTEMA INFORMATIVO
El derecho humano al agua bajo amenaza
Tags: día del agua recurso natural monseñor fernando chica la fao
Por: Mons. Fernando Chica Arellano - A finales del año 2020 el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street como el petróleo, el oro o cualquier otra mercancía. En realidad, no cotiza el agua en sí misma, sino sus derechos de uso. Y la compraventa no se refiere al uso en el momento actual, sino para el futuro, buscando así garantizar (para el comprador) el acceso al agua en un plazo determinado, por ejemplo, ante períodos de sequía.
Basta esta somera explicación para darse cuenta de que esta decisión introduce un bien básico, como es el agua, en el mundo de los mercados bursátiles, abiertos a corporaciones financieras, que nada tienen que ver con la gerencia y el uso del agua. Aunque se intenta justificar la medida afirmando que puede mejorar la tutela, el consumo y la conservación de un recurso escaso, lo cierto es que se plantean numerosas dudas, bastantes sospechas y algunas amenazas, en la medida en que esta dinámica abre las puertas a la acción de los especuladores. Conviene, pues, que consideremos esta cuestión, analizándola con cierto detenimiento e iluminándola desde la Doctrina Social de la Iglesia.
Sin agua no hay vida
Digamos, de entrada, que el agua está en el epicentro del desarrollo sostenible y es trascendental para el progreso socioeconómico, la energía y la producción de alimentos, los ecosistemas saludables, y la supervivencia misma de los seres humanos y otras especies animales y vegetales. El agua también forma parte esencial de la adaptación al cambio climático, y es el vínculo crucial entre la sociedad y el medioambiente.
Por eso, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dice que “el uso del agua y de los servicios conexos debe ser orientado a la satisfacción de las necesidades de todos y, sobre todo, de las personas que viven en pobreza. Un limitado acceso al agua potable incide sobre el bienestar de un enorme número de personas y es, las más de las veces, causa de enfermedades, sufrimientos, conflictos, pobreza y, además, de muerte” (n. 484). En consecuencia, “el agua, por su propia naturaleza, no puede ser tratada como una simple mercancía más; su uso debe ser racional y solidario. Su distribución entra, tradicionalmente, entre las responsabilidades de entes públicos, porque el agua ha sido siempre considerada como un bien público, característica que debe ser mantenida si la gestión es confiada al sector privado” (n. 485).
Siendo este precioso elemento imprescindible para la vida, lamentablemente, hoy su exigüidad afecta al 40% de la población mundial y más de 2.000 millones de personas no tienen acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Los expertos consideran que para el año 2025 la escasez de agua podría afectar a dos tercios de los habitantes del planeta y según la ONU más de 700 millones de personas en el mundo podrían verse forzadas a desplazarse debido a la penuria de agua de aquí a 2030.
La bolsa y la vida
Habiendo recordado así la importancia del agua, digamos una palabra acerca de la economía financiera. En el año 2018 la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publicaron, conjuntamente, el documento Oeconomicae et Pecuniariae Quaestiones. Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero. En su número 5 leemos: “La reciente crisis financiera era una oportunidad para desarrollar una nueva economía más atenta a los principios éticos y a la nueva regulación de la actividad financiera, neutralizando los aspectos depredadores y especulativos y dando valor al servicio a la economía real”. A pesar de algunos intentos, “parece volver a estar en auge un egoísmo miope y limitado a corto plazo, el cual, prescindiendo del bien común, excluye de su horizonte la preocupación, no sólo de crear, sino también de difundir riqueza y eliminar las desigualdades, hoy tan pronunciadas”.
Un poco más adelante, el mismo documento añade: “La finalidad especulativa, especialmente en el campo económico financiero, amenaza hoy con suplantar a todos los otros objetivos principales en los que se concreta la libertad humana” (n. 17). El caso de la cotización del agua en el mercado financiero de futuros muestra que las advertencias arriba indicadas no estaban alejadas de la realidad.
Más recientemente, en 2020, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publicó el documento “Aqua fons vitae”. Orientaciones sobre el Agua, símbolo del grito del pobre y del grito de la Tierra. Allí, citando un texto previo del Pontificio Consejo ‘Justicia y Paz’, critica “una concepción excesivamente mercantil del agua que corre el riesgo de considerarla equivocadamente como una mercancía más, planificando incluso inversiones económicas de acuerdo con el criterio de la ganancia por la ganancia” (n. 29). Y continúa: “Hay que reconocer que cualquier intento de reflejar el valor económico del agua mediante un sistema de mercado o por medio de un costo no es suficiente para obtener el derecho universal de beber agua potable” (n. 30). Después, tras citar a San Juan Pablo II, Aqua fons vitae recuerda que “el pensamiento social católico siempre ha hecho hincapié en el hecho que la defensa y la preservación de ciertos bienes comunes, como los entornos naturales y humanos, no se puede dejar en manos solamente de las fuerzas del mercado, ya que tocan las necesidades humanas fundamentales que escapan a la lógica pura del mercado” (n. 31).
La ONU y el agua
Por su importancia vital para el ser humano, el Derecho al Agua fue reconocido en la ONU como derecho humano en 1977. En el año 2002, la Observación General número 15 de la ONU dejó bien claro que “el agua debe ser tratada como un bien social y cultural, y no fundamentalmente como un bien económico” y añade que “el agua es un recurso natural limitado y un bien público fundamental para la vida y la salud” (1) . Este recurso, por tanto, no es una mercancía que pueda ser privatizada, comercializada o dejada a la total gestión de intereses particulares. En 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible reconoció que el agua es esencial para el progreso de las personas y los pueblos, indicándolo de forma explícita en el Objetivo n. 6 que contempla: “Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”.
Tres años más tarde, la Asamblea General de la ONU aprobó la “Declaración universal sobre los derechos de los campesinos”, negociada previamente por el Consejo de Derechos Humanos. En ella se advierte sin ambigüedades: “Los Estados protegerán el derecho al agua de los campesinos y otras personas que viven en las zonas rurales frente a los actos de terceros que puedan socavarlo” (art. 21.5). El Relator especial de la ONU sobre el Derecho al agua y el saneamiento, Pedro Arrojo Agudo, que define poéticamente el agua como “el alma azul de la vida en este nuestro mundo”, considera que con ese primordial recurso natural en el mercado de futuros “el riesgo es que los grandes actores de la agricultura y la industria y los servicios a gran escala sean los únicos que puedan comprarla, marginando e impactando a los sectores vulnerables de la economía, como campesinos a pequeña escala” (2).
Posición de la Santa Sede
El Papa Francisco, en Laudato Si’, ya nos alerta sobre el problema que supone la escasez del agua, así como acerca de los peligros de su mercantilización y control de parte de unos pocos. En el n. 28 de esa encíclica, el Santo Padre considera el agua dulce “indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”, así como para “sectores sanitarios, agropecuarios e industriales” y reconoce que hoy “en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término”. En un número posterior, Su Santidad previene de “la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado”, mientras que “en realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos” (LS n. 30).
Finalmente, en LS n. 31 lanza la voz de alarma sobre “la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua… si no se actúa con urgencia” y considera que “los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo”.
En su reciente encíclica Fratelli tutti, el Obispo de Roma ha vuelto sobre el argumento de forma nítida, exhortando a “pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (n. 116). Desde esos principios se puede concluir que “el desarrollo no debe orientarse a la acumulación creciente de unos pocos, sino que tiene que asegurar los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las Naciones y de los pueblos. El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente, puesto que quien se apropia algo es solo para administrarlo en bien de todos” (FT n. 122).
Por el bien de todos, especialmente de los pobres
Algunos defienden la inclusión del agua en el mercado de futuros argumentando que así se consigue mayor eficiencia en el uso del recurso. Esto es una falacia, ya que lo que realmente se logra es abrir la posibilidad de que esté disponible al mejor postor, condenando por defecto a las personas y los territorios que no tengan los recursos económicos suficientes.
Para el Relator especial de la ONU sobre el Derecho al agua y el saneamiento, Pedro Arrojo, los mercados de futuro son “espacios propicios para promover estrategias financieras especulativas sobre recursos vitales, como es el caso del agua, la energía o la alimentación, generando oportunidades de negocio sobre la base de graves afecciones a los más vulnerables y a las generaciones futuras” y añade que “el agua ya está bajo una amenaza extrema por una población en crecimiento, una demanda creciente y una contaminación grave de la agricultura y la industria minera en el contexto del impacto cada vez mayor del cambio climático. Me preocupa mucho que el agua ahora se trate como el oro, el petróleo y otros productos básicos que se negocian en el mercado de futuros de Wall Street” (3).
De hecho, la especulación con los alimentos en el mercado de futuros de Chicago fue la causa determinante de la crisis alimentaria de 2008, crisis que incrementó en un 20% el número de hambrientos en el mundo. En pocos meses el precio del trigo en el mercado internacional se quintuplicó, mientras el maíz y el arroz duplicaban su precio y en tres años los precios de los alimentos subieron de media el 80%. Como consecuencia de ello, el número de hambrientos creció en 250 millones, lo que provocó revueltas callejeras en más de 60 países y la caída de diversos gobiernos.
Fue una clara ilustración de que la especulación bursátil con recursos vitales como el agua y los alimentos pone en peligro la Seguridad Mundial. Pero más importante que todo es que esta decisión no aguantaría jamás la mirada a los ojos de nuestros hermanos pobres, sedientos, hambrientos, desvalidos…
Escuchar el grito y alzar la voz
Para los cristianos, el agua y los demás recursos naturales limitados del planeta son dones divinos que no pueden ser tratados como meras mercancías, ni se debe especular con ellos. Hemos de aprender a escuchar el grito de los empobrecidos que, como Jesús en la cruz, claman diciendo: “Tengo sed” (Jn 19, 28). Siglos antes, Dios había hecho esta promesa por boca del profeta Isaías: “¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero” (Is 55, 1). Y, haciéndose eco de esta buena noticia, el Señor Jesús afirmó con rotundidad: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba” (Jn 7, 37). Esto lo dijo, solemnemente, en el templo de Jerusalén.
Hoy el templo del mundo está siendo profanado y transformado en un gran mercado de valores, donde todo se negocia y comercializa: el alimento, el agua, los bosques, el aire, la biodiversidad, los sentimientos, las ideas, nuestros órganos vitales, la vida misma. A todo se le asigna un precio y es objeto de tráfico, de especulación. Si se reflexiona atentamente, los elementos mencionados anteriormente no son simples productos adquiribles o meros artículos desechables. No se trata de mercancías, de piezas descartables, sino de bienes vitales y sagrados a los que no se les puede asignar un precio porque su valor es incalculable. Son dádivas divinas, revestidas de dignidad inviolable. Son dones del Creador, salidos de sus manos para satisfacer las necesidades de todas sus criaturas y no pueden ser apropiados, ni vendidos para saciar la avaricia de unos pocos.
Ha llegado la hora de salir al encuentro de los marginados para colmar sus carencias más perentorias antes de que el mercantilismo bursátil termine destruyendo la dignidad, los valores y la vida de los indigentes y postergados. Lo que realmente se requiere está en las antípodas del mercado de futuros. Necesitamos un gran debate mundial sobre el futuro del agua que culmine en el desarrollo de un instrumento jurídico vinculante que ampare el derecho al agua para todos, en particular para los menesterosos, los marginados, las regiones desfavorecidas u olvidadas de nuestro mundo.
Desde 1993, por decisión de Naciones Unidas, cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua. Esta jornada nos ofrece una gran oportunidad para iniciar este proceso. La pandemia mundial ha subrayado todavía más el inmenso valor de este elemento tan decisivo para la preservación del planeta y la supervivencia humana y de otras especies. En la actual coyuntura una de las cosas que se ha puesto de relieve mayormente es que el agua es un factor sustancial para frenar el coronavirus, así como muchas otras enfermedades infecciosas. Sin embargo, esta cruel crisis sanitaria ha evidenciado aún más la gran desigualdad existente en el acceso y disfrute de este valioso recurso.
Los pobres no pueden esperar. Imploran con su clamor que este bien vital no se mercantilice, que no se despilfarre, que no se contamine y que se comparta y use de manera sustentable, equitativa y solidaria. Ellos nos invitan asimismo a pensar no solo en el hoy, sino, sobre todo, en el mañana, que ha de ser luminoso y justo para todos y no únicamente para unos pocos. Valoremos el agua realmente. El agua es vida y la vida no se puede tasar, comercializar o banalizar convirtiéndola en un trivial producto financiero.
Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA
Notas a pie de página
1. El texto se puede consultar en: https://agua.org.mx/biblioteca/observacion-general-15-onu-derecho-al-agua-2002/#:~:text=El%20agua%20es%20un%20recurso,realizaci%C3%B3n%20de%20otros%20derechos%20humanos
2. El texto se puede consultar en: http://www.oacnudh.org/agua-mercado-de-futuros-atrae-a-inversionistas-y-desafia-los-derechos-humanos-basicos-experto-de-la-onu/
3. El texto puede encontrarse en: https://news.un.org/es/story/2020/12/148543
El Buen Pastor entra por la puerta en el aprisco de las ovejas
Lun 20 Abr 2026
Abril pascual y bautismal
Mar 14 Abr 2026
Una deuda silenciosa: los sacerdotes olvidados…
Mié 22 Abr 2026
Traducciones y adaptaciones litúrgicas indígenas
Jue 16 Abr 2026
Lun 6 Abr 2026
Vida nueva en Jesucristo Resucitado
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Con gran alegría y gozo vivimos la Resurrección del Señor, después de un tiempo de gracia en el que hemos caminado en el perdón y la reconciliación, que nos ha dispuesto a recibir el don de la paz, que nos trae Jesucristo Resucitado, para tener una vida nueva en Él: “por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4). Esto nos permite vivir transformados en Cristo y comunicarlo a otros como experiencia de fe, cimiento de nuestra vida cristiana tal como lo señaló San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados” (1Cor 15, 17).La Resurrección de Jesucristo es la revelación suprema, la roca firme sobre la que está cimentada nuestra fe y esperanza, la manifestación decisiva para decirle al mundo que no reina el mal, ni el odio, ni la venganza, sino que reina Jesucristo Resucitado que ha venido a traernos amor, perdón, reconciliación, con el don de la paz y una vida renovada en Él, para tener vida eterna. La Resurrección de Cristo es esperanza verdadera y firme para el ser humano, que muchas veces camina vacío, en el mal y la violencia que conducen a la muerte. Realmente Jesucristo ha Resucitado, tal como lo atestiguan los evangelistas: “ustedes no teman; sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho” (Mt 28, 5 - 6). Él es la fuente de la verdadera vida, la luz que ilumina las tinieblas, el camino que nos lleva a la vida eter¬na a participar de la Gloria de Dios.Nuestro caminar diario tiene que conducirnos a un encuentro personal con Jesucristo vivo y Resucitado, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 3, 20). Ahora Resucitado vive y tiene en su poder las llaves de la muerte y del abismo, para levantarnos del pecado mediante el perdón, devolvernos la gracia que nos renueva desde dentro con una vida nueva y convertirnos en misioneros transmitiendo todo lo que nos ha enseñado, según el mandato entregado a los discípulos: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20). Esta misión guía nuestro trabajo pastoral en este año de gracia del Señor.Así lo entendieron los primeros creyentes que vieron a Jesucristo y lo palparon Resucitado, Pedro, Tomás que al principio no creyó que había Resucitado, los apóstoles y los discípulos, al verlo, comprendieron perfectamente que su misión consistía en ser testigos de la Resurrección de Cristo, porque de este acontecimiento único y sorprendente dependería la fe en Él y la difusión de su mensaje de salvación. También nosotros en el momento presente de nuestra fe, somos confirmados en el Resucitado, para llevar a cabo la misma misión de Cristo que ha venido a traer perdón, reconciliación y paz. La fe apostólica que recibimos por la predicación de la Iglesia, es la que transmitimos a los demás hermanos.La primera palabra de Jesús para los discípulos fue de paz y solo esa palabra fue suficiente para que se llenarán de alegría y todos los miedos, dudas e incertidumbres que tenían quedaran atrás y se convirtieran en fuente de esperanza para la Iglesia y la humanidad. Un mensaje de paz que contiene la misericordia y el perdón del Padre Celestial. Con este mensaje los discí¬pulos fueron enviados a anunciar la misericordia y el perdón: “a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados” (Jn 20, 23), dejando la paz a todos, porque no puede existir paz más intensa en el corazón que sentirse perdonado. Esa realidad renueva toda la vida, para que sigamos adelante cumpliendo el mandato misionero de comunicar a Jesucristo Resucitado.Dejemos a un lado nuestros odios, resentimientos, rencores y venganzas que causan división y producen violencia y muerte. Oremos por nuestros enemigos, perdonemos de corazón a quien nos ha ofendido y pidamos perdón por las ofensas que hemos hecho a nuestros hermanos. Dios hace nuevas todas las cosas, no temamos, no tengamos preocupación alguna, pongámonos en las manos del Padre que perdona. La Eucaristía que vivimos con fervor es nuestro alimento, es la esperanza y la fortaleza que nos conforta en la tribulación; una vez fortalecidos, queremos transmitir esa vida nueva con mucho entusiasmo a nuestros hermanos, a nuestra familia, para que todos tengan vida nueva en Jesucristo Resucitado.La esperanza en la Resurrección debe ser fuente de consuelo, de paz y fortaleza ante las dificultades, ante el sufrimiento físico o moral, cuando surgen las contrariedades, los problemas familiares, cuando vivimos momentos de cruz, de dolor, de enfermedad y de muerte. Un cristiano no puede vivir como aquel que ni cree, ni espera. Porque Jesucristo ha Resucitado, nosotros creemos y esperamos en la vida eterna, en la que viviremos dichosos con Cristo y con todos los santos. Necesitamos esforzarnos constantemente para estar más cerca de Jesús. Tenemos esta posibilidad gracias a su Resurrección. La comunión que recibimos en cada Eucaristía nos renueva interiormente, nos transforma en Cristo, hasta llegar a decir con San Pablo “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).Los animo a que sigamos adelante en ambiente de alegría pascual y gozo por la Resurrección del Señor, con la esperanza que un día llegaremos a ser resucitados con Cristo. Que la oración pascual nos ayude a seguir a Jesús Resucitado con un corazón abierto a su gracia y a dar frutos de fe, esperanza y caridad para con los más necesitados y siempre puestos en las manos de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestra esperanza. También, bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, que nos protegen. Felices Pascuas para todos.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 24 Mar 2026
Elogio de la monogamia
Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Este no es el título de una novela antigua ni de una poesía medieval, sino el subtítulo de la nota doctrinal Una Caro [una carne] sobre “el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia mutua”, firmada por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobada por León XIV tras una audiencia el pasado 21 de noviembre de 2025.Con este documento se busca dar elementos para profundizar teológicamente en este tema que, según registra el autor, no ha sido suficientemente estudiado. Está dirigido en primer lugar a obispos y teólogos, recogiendo abundantes textos y centrándose únicamente en la primera propiedad esencial del matrimonio, la unidad, que puede definirse como “la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre, o, en otras palabras, como la pertenencia mutua de ambos, que no puede compartirse con otros".La monogamia tiene un fundamento antropológico, indica el documento que el propósito unitivo de la sexualidad no se limita a asegurar la procreación, sino que contribuye a enriquecer y fortalecer la unión única y exclusiva y el sentido de pertenencia mutua, pero se eleva a la trascendencia: “La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios”, señala el documento, además "Santo Tomás sostiene que la monogamia deriva esencialmente del instinto natural, inscrita en la naturaleza de todo ser humano; por lo tanto, esta esfera prescinde de las exigencias de la fe”.No obstante, dirigiendo la mirada a los fenómenos sociales que inciden en el tema, vemos hoy situaciones ambiguas, pues "nuestra época, experimenta diversas tendencias en relación con el amor: el aumento de las tasas de divorcio, la fragilidad de las uniones, la trivialización del adulterio y la promoción del poliamor. A la luz de todo esto, cabe reconocer que las grandes narrativas colectivas (novelas, películas, canciones) siguen exaltando el mito del "gran amor" único y exclusivo. La paradoja es evidente: las prácticas sociales socavan lo que la imaginación celebra. Esto revela que el deseo de amor monógamo permanece inscrito en lo más profundo del ser humano, incluso cuando los comportamientos parecen negarlo".Vamos a las cifras de nuestro país sobre infidelidad matrimonial: Colombia es el segundo país con más situaciones de infidelidad en Latinoamérica después de Brasil (unisabana.edu.co) trayendo como consecuencia la pérdida de confianza en la pareja, convirtiéndose en la primera causa de divorcio. Encuestas al respecto anotan que 8 de cada 10 hombres y 6 de cada 10 mujeres han sido infieles en sus relaciones de pareja.Otro dato inquietante lo proporciona un estudio de la OCDE sobre el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio: Colombia ocupa el preocupante primer lugar con el 87%, seguida de Chile con el 78.1% y Costa Rica con el 74%. En los últimos lugares están: Corea con el 4,7%, Turquía con el 3,1% y Japón con el 2.4%. (OCDE. Babies Born Outside of Marriage).Como vemos, mientras nuestra Iglesia nos ayuda a profundizar en la teología de la monogamia, nuestro pueblo está muy lejos de practicarla. Es una realidad que debe interpelarnos seriamente sobre la eficacia de la pastoral familiar. Gracias a Dios, el Santo Padre ha convocado para el próximo mes de octubre a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo a un encuentro de escucha recíproca y discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para anunciar el evangelio a las familias de hoy. Concluyamos entonces con la propuesta que hace Una caro, dándonos luces sobre el trabajo a realizar: "No basta con denunciar los fracasos; partiendo de los valores que aún se conservan en el imaginario popular, debemos preparar a las generaciones para abrazar la experiencia del amor como un misterio antropológico. El mundo de las redes sociales, donde el pudor se desvanece y prolifera la violencia simbólica y sexual, demuestra la urgente necesidad de una nueva pedagogía. El amor no puede reducirse a un impulso: siempre apela a la responsabilidad y la capacidad de esperanza de toda la persona. (...) Así, la educación en la monogamia no es una restricción moral, sino una iniciación en la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez. Dirige la energía erótica hacia una sabiduría de perdurabilidad y una apertura a lo divino. La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios.Mons. Miguel Fernando González MariñoObispo de la Diócesis de El EspinalPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
Vie 20 Mar 2026
San José, modelo siempre nuevo de filiación y paternidad
Por Mons. Félix Ramírez Barajas - La experiencia humana hunde sus raíces en la profunda experiencia de ser hijo, un espacio vital donde se aprende a amar la vida recibida y, por tanto, el amor de entrega de quien ha engendrado.Nuestra realidad social, con la amenaza de tantas ideologías, quiere imponernos nuevos prototipos de paternidad y por ende de familia, en contra de la iniciativa divina, son sobre todo “ideologías de confusión” (Babel). Es un ambiente de insatisfacción y subversión de los valores, cambiando e imponiendo lo que en realidad es contrario a la ley divina y a la ley natural.Cuando se pierde el sentido de Dios, de trascendencia y de verdadera identidad en lo antropológico y en lo espiritual, se quiere, malévolamente, redefinir lo que significa la paternidad y aun la maternidad, dando rasgos e identidades muy desde el libre pensar y actuar de modo individualista de muchos que, en aras al respeto a su nueva identidad y manera de pensar, reclaman derechos sin cumplir deberes.Hoy estos son desafíos para la evangelización y la pastoral, pues cada vez más aparecen “areópagos” en donde no siempre son lugares para discutir sobre temas filosóficos y teológicos, sino donde hay desinformación, y discusiones sobre identidades fruto de sentimientos reprimidos o de diversas patologías. Allí el evangelizador y la familia tiene que llegar con la “parresia” propia de quien esta convencido del actuar de Dios en medio de los ambientes como Babel, Sodoma y Gomorra, Nínive, Corinto, etc.En este mes de marzo contemplemos, con serenidad la figura de San José, una hermosa luz en medio de realidades oscuras, de los trampolines del relativismo moral, de corrientes subjetivas, del rechazo al plan de Dios y de muchas otras formas de actuar en medio de incoherencias. Pero también en ambientes de Fé, de comunidad, de familia, de Iglesia donde el Resucitado, como a los apóstoles, nos dice la paz esté con ustedes. Recobremos la paz que dá el Señor y que también los santos como San José el justo, experimentó con su vivencia de hijo y a la vez de Padre.San José, nos enseña a vivir la experiencia filial con fe y dependencia de la paternidad de Dios. En la Sagrada Escritura, se nos presenta como un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios (Mt 1, 19-20). Atento como María y en actitud de escucha, es obediente, como el verdadero hijo que va reconociendo que a Dios Padre hay que responderle en la humildad y hasta en el silencio que se convierte en elocuente actitud filial. Solo en esa experiencia vital de sentirse hijo, san José es prototipo de Padre, así tal cual como nos lo refiere el evangelio de san Mateo 1, 18, 25.Como padre, San José es un modelo de valores y virtudes digno de ser imitado por todo creyente y especialmente por los padres y madres de familia. El Papa Francisco nos recordaba que "nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente" (Amoris Laetitia, 121). San José nos muestra que la paternidad como don de Dios para él va mucho más allá de lo humano, pues se trata de ser imitador del gran amor y paternidad del mismo Dios.Las cortas alusiones que hace la Sagrada Escritura sobre San José, son suficientes para mostrar a San José como ejemplo de la paternidad, como cuando se preocupa por el bienestar de María y Jesús (Mt 1, 19; Lc 2, 4-5).En síntesis, aprendamos de San José:1. “A vivir la filiación como un don y una vocación que requiere escucha y respuesta a la llamada de Dios. Invitamos a las familias a reflexionar sobre la importancia de la filiación y a cultivar una relación profunda con Dios, Padre.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).2. “San José nos muestra que la paternidad es una vocación que requiere escucha, obediencia y servicio. Invitamos a los padres a reflexionar sobre su papel en la familia y a buscar formas de servir a sus hijos y a su comunidad.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).3. San José y María nos ofrecen un modelo de familia como escuela de amor y entrega. Invitamos a las familias a reflexionar sobre cómo pueden cultivar el amor y la entrega en su hogar, y a buscar formas de ser una fuente de amor y esperanza para el mundo.4- Con San José, aprendamos a escuchar a Dios, a descubrir su voluntad y a caminar en Sinodalidad.BibliografíaConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 9 de febrero). Mensaje de los Obispos al Pueblo de Dios. CXVI Asamblea Plenaria: "Cristo Jesús, Nuestra Esperanza" [Comunicado]. https://www.cec.org.co/sites/default/files/2024-02/COMUNICADO%20OBISPOS%20COLOMBIANOS_ASAMBLEA%20PLENARIA_CXVI.pdConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 16 de junio). San José: Modelo de paternidad. Mensaje con motivo del Día del Padre. https://www.cec.org.co/Mons. Félix María Ramírez BarajasObispo de Málaga-SoatáMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
Lun 16 Mar 2026
Nueva edición para Colombia del Misal Romano
Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - En la Ultima Cena que Jesús celebró con sus discípulos, les dio el mandato de “hacer su memoria”. Así instituyó un sacramento que no es sólo un recuerdo de él, sino un acto que lo hace presente y produce la gracia de su Pascua en aquellos que creen y lo siguen. Desde entonces la Iglesia se congrega y vive a partir de la Eucaristía. La celebración de este don incomparable fue dando origen a la configuración de unos ritos litúrgicos. La primera noticia sobre esta estructuración litúrgica la tenemos en San Justino; sabemos que después San Gregorio Magno hizo una reforma; luego San Pío V, siguiendo las disposiciones del Concilio de Trento, configura el Misal Romano. Otros Papas, a lo largo de los siglos, procurando actualizar o perfeccionar los ritos, introdujeron algunos cambios.El Concilio Vaticano II, en la Constitución “Sacrosanctum Concilium”, estableció que convenía que el culto divino se renovase y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Acatando esa disposición San Pablo VI aprobó el 3 de abril de 1969 el nuevo Misal Romano, que se hizo efectivo en 1970. Así los Papas, como dice Benedicto XVI, han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico…apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía”. El Misal de San Pablo VI tuvo una segunda edición con algunos elementos nuevos en 1975. Después, San Juan Pablo II, para actualizar el Misal de acuerdo con reformas litúrgicas posteriores y con el nuevo Código de Derecho Canónico, aprobó una tercera edición que se promulgó en la Pascua del año 2002.De esta edición se ha hecho una traducción al español propia para Colombia, debidamente aprobada por el Dicasterio para el Culto Divino, que ha tenido varias reimpresiones. Ahora, como es normal, al agotarse y deteriorarse los ejemplares existentes, se reimprime de nuevo y se aprovecha para una actualización y algunos ajustes de traducción. Comenzaremos a celebrar con esta nueva edición a partir de la Misa Crismal, el próximo 26 de marzo. Es un paso importante, pues ante la escasez de misales se estaban utilizando textos aprobados para España y otros países. Por eso, invito a todas las parroquias, las capellanías y casas religiosas que lo adquieran cuanto antes para que unifiquemos la celebración de la Eucaristía en toda la Arquidiócesis y en Colombia.No se trata de un nuevo Misal como han dicho, sin conocimiento de causa, algunos medios de comunicación. Es el mismo Misal en el que se incluyen las fiestas litúrgicas y las memorias de los santos canonizados después de la edición anterior; es así como ahora encontraremos, por ejemplo, la eucología propia para la celebración de San Juan Pablo II y Santa Laura Montoya. Para unificar el lenguaje, se ha aprobado ya definitivamente el uso del pronombre “ustedes”, en lugar de “vosotros”, en la fórmula de la consagración. De otra parte, se adiciona el nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas. Espero que acojamos todos sin dificultad esta nueva edición del Misal y que aprovechemos la ocasión para vivir con más fe y más provecho espiritual el misterio eucarístico.En este sentido, recomiendo vivamente que estudiemos de nuevo la “Instrucción General del Misal Romano”, que está en las primeras páginas, ya que contiene muchas informaciones y orientaciones que aportan mayor precisión y sentido a diversos elementos de la celebración de la Eucaristía, subraya más ampliamente la naturaleza y la dignidad de la sagrada liturgia en la vida de la Iglesia, especifica mejor el oficio de los ministros y de la asamblea, motiva a utilizar las diversas formas de celebrar la Misa, trae importantes anotaciones sobre la disposición del lugar sagrado y de los objetos que se utilizan en la celebración. Podría ser la ocasión también para repasar otros documentos muy importantes: la Encíclica Ecclesia de Eucaristía de San Juan Pablo II, la Instrucción Redemptionis Sacramentum y la Exhortación Sacramentum Caritatis del Papa Benedicto XVI, la Carta Desiderio Desideravi del Papa Francisco.Sobre todo, pienso que debemos continuar en un compromiso serio de cuidar la liturgia y de llevar a los fieles a una activa, consciente y fructuosa participación en ella. Como enseñaba San Juan Pablo II: “Existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia”. Que especialmente este tiempo de Cuaresma nos lleve en cada Eucaristía a vivir la fe en la centralidad del misterio pascual de Cristo para que tengamos en él una fuente inagotable de la vida nueva del Evangelio, un llamamiento permanente a la fraternidad y un decidido impulso a realizar nuestra misión en el mundo. + Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín