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Ordenación de monseñor Wiston Mosquera: un signo de alegría y esperanza para la Iglesia en el Chocó
Tags: primer obispo afrodescendiente de Colombia monseñor Wiston Mosquera Moreno obispo de quibdó diócesis de quibdó iglesia colombiana iglesia católica colombiana conferencia episcopal de colombia
Este sábado, 14 de septiembre, en la Catedral Metropolitana San Pedro Apóstol de la ciudad de Cali, se llevó a cabo la ordenación episcopal de monseñor Wiston Mosquera Moreno, obispo electo de la Diócesis de Quibdó. La ceremonia fue presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali.
El nuevo obispo estuvo acompañado por diez de sus hermanos en el episcopado, provenientes de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país. En representación de la Nunciatura Apostólica estuvo presente monseñor David Paul Charters. Además, a la ceremonia, cargada de símbolos litúrgicos y culturales, acudieron sus familiares, cientos de fieles, autoridades municipales y la vicepresidenta de la República de Colombia, Francia Márquez.
Monseñor Wiston había sido designado para tal misión por parte del papa Francisco el pasado 5 de julio. Su nombramiento ha significado un motivo de gratitud y celebración especial, no solo para el pueblo católico en el Valle del Cauca y en el Chocó, sino para todo el país, pues se trata del primer obispo afrodescendiente que tiene la Iglesia colombiana; además, oriundo del territorio que pastoreará. El obispo electo de Quibdó nació en el municipio de Andagoya (Medio San Juan), ubicado en el sur del departamento del Chocó, territorio que hace parte de la Diócesis de Istmina-Tadó.
Un hijo del Chocó que, como pastor, llevará el pregón de la reconciliación y la paz
Durante la homilía, monseñor Luis Fernando Rodríguez expresó su alegría por el ministerio episcopal de monseñor Wiston, quien se desempeñaba desde el año 2017 como Vicario General de la Arquidiócesis de Cali y párroco en esa misma parroquia catedral desde el 2018. Un nombramiento para que, “sin dejar de ser un hombre igual todos, salga colmado de la plenitud del Espíritu Santo para enseñar, santificar y gobernar”.
Iluminado por las lecturas de la celebración eucarística, el arzobispo de Cali describió el llamado que Dios mismo le hizo a monseñor Wiston:
“En la primera lectura, tomada del profeta Jeremías (1, 4-9), podemos identificar:
· Tres decisiones: “Te elegí, consagré y nombré profeta”.
· Dos mandatos: “A donde yo te envíe irás, y lo que yo te mande, lo dirás”.
· Y una promesa: “No les tengas miedo, que yo estoy para librarte”.
Querido padre Wiston, tu historia de vida, de ayer y de hoy, refleja el itinerario existencial de Jeremías. Desde el bautismo fuiste elegido, consagrado y designado sacerdote, profeta y rey (…) Ahora, llamado al episcopado, has sido nuevamente objeto de una elección, una consagración y una misión. Has sido designado profeta, para regresar a la tierra que te vio nacer y que espera tanto de ti, para anunciarles el amor del Padre y darles a conocer más y mejor el mensaje de su Hijo Jesucristo con la fuerza del Espíritu Santo”.
A propósito de la compleja realidad social, económica y política que vive el pueblo chocoano, monseñor Luis Fernando se refirió a lo planteado en el documento ‘Dignitas infinita’ publicado por el Dicasterio de la Fe el 8 de abril del año en curso; una declaración que da importantes luces a la Iglesia y a la sociedad sobre la dignidad humana. Le pidió a monseñor Wiston ser, en la Diócesis de Quibdó, instrumento de comunión, fraternidad, solidaridad, reconciliación y salvación, teniendo presente el mandato del Señor. Así lo explicó el Arzobispo de Cali:
“Deberás anunciar, a tiempo y a destiempo, la persona de Jesús, dador de sentido a la vida humana, pues “el Hijo de Dios, en el misterio de la Encarnación, confirmó la dignidad del cuerpo y del alma que constituyen el ser humano” (DI n. 19) (…) No puedes, y nosotros tampoco, olvidar que cuando se evangeliza, esa Buena Nueva ha de llevar a la conversión de los corazones y a descubrir en el otro, en el prójimo, la imagen viva de Dios, por lo que una misión especial que tienes en tus manos, será proclamar la dignidad de toda persona con la valentía que viene del mismo Dios que te envía; una dignidad que sea la base de la paz que está siendo tan esquiva no solo en el Chocó, sino también en Colombia y en el mundo. Por eso el lema de tu escudo episcopal, “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt. 5,9), te anime a trabajar por hacer de todos los quibdoseños y chocoanos artesanos de la paz (…) En la persona de Jesús, el Buen Pastor (Juan 10, 11-16) tienes el modelo perfecto que haz de imitar. Como él, debes ser capaz de dar la vida por las ovejas, conocerlas y buscar las que se hubieran perdido y las que no son del redil, continuando de esta manera la ingente tarea misionera que desde siglos atrás los frailes Jesuitas, Carmelitas, Capuchinos, los Claretianos, y otras comunidades religiosas masculinas y femeninas, así como los muy queridos presbíteros y diáconos diocesanos y laicos, han realizado y realizan con tanto amor”.
En nombre del episcopado colombiano, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, provincia eclesiástica de la que hace parte la Diócesis de Quibdó, le dio la bienvenida a monseñor Wiston; le expresó sus deseos de bienestar, así como frutos pastorales y espirituales en la porción del Pueblo de Dios que le confió el Santo Padre; afirmó que serán muy importantes los aportes pueda ofrecer el obispo electo de Quibdó al cuerpo colegiado para el bien de la evangelización en Colombia.
“La Iglesia particular de Quibdó recibe en usted la bendición de un nuevo pastor diocesano que llega con la insignia de ser un hombre de su tierra, llevando el pregón de la reconciliación y la paz, como ha quedado grabado en su escudo episcopal: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”” (Mt 5, 9) (…) Grandes esperanzas se ciernen sobre nuestra sociedad al contar con pastores cercanos al pueblo, sensibles al dolor de los menos favorecidos, alegres en la entrega generosa de su vida, constantes en la fe y administradores fieles y prudentes de los sagrados misterios, le deseamos todas estas virtudes y actitudes durante el ejercicio de su ministerio episcopal y una abundante cosecha de frutos espirituales y de desarrollo humano integral para su Iglesia local”.
"A esta tierra bendita...Donde Dios ha manifestado su encanto y su poder"
Tras recibir estos mensajes y al cierre de la ceremonia, monseñor Wiston Mosquera Moreno agradeció especialmente a Dios, al papa Francisco, al Nuncio Apostólico, a los obispos y presbíteros de las diferentes jurisdicciones allí presentes, las comunidades religiosas y movimientos apostólicos; además a sus familiares, de manera particular, a su madre María Jerónima Moreno, quien, a sus 99 años de edad, pudo acompañar la ceremonia de ordenación de su hijo.
Inició su mensaje destacando las bondades del territorio que lo vio nacer y de las comunidades que ahora pastoreará: “A esta tierra bendita, bañada por grandes ríos y afluentes exuberantes, bosques y fauna majestuosa y esa cultura contagiosa donde Dios ha manifestado su encanto y su poder”.
Afirmó que su misión episcopal tendrá un importante vínculo con en el trabajo por la defensa de los derechos humanos, el Derecho Internacional Humanitario y la paz que tanto necesita el Chocó y el país.
“Desde ya, pongo este ministerio recibido en las maternales y amorosas manos del Inmaculado Corazón de María, patrona de la Diócesis de Quibdó, y del patrocinio del San Francisco de Asís, para que este encargo sea fecundo para el bien de la evangelización de nuestros pueblos”.
“La mies es abundante pero los obreros son pocos”: con esta afirmación bíblica tomada de Mateo 9, el nuevo obispo manifestó su deseo de emprender en esa Iglesia particular una tarea que permita llegar con más misioneros a aquellos territorios que claman la voz de Dios en sus entornos y la guía espiritual que la Iglesia Católica les puede ofrecer. Afirmó, además que, en su caso, pese a llevar 34 años fuera del departamento, nunca se desligó de él.
Monseñor Wiston enfatizó en la importancia de trabajar por la paz y la reconciliación de manera articulada con diferentes actores en el territorio, con énfasis especial en las comunidades más vulnerables:
“Al regresar a mi departamento, ahora en calidad de obispo y pastor, en una grey como esta que se debe continuar con una labor pastoral que han venido desarrollando todos mis predecesores, con una voz clara en defensa siempre de los derechos humanos individuales y colectivos, trabajar con las distintas organizaciones sociales y las ONG que están apostando por la paz y la reconciliación en todo el pacífico colombiano; por el respeto y la dignidad de las comunidades vulneradas y de aquellas personas que están cruzando por el Tapón del Darién en la búsqueda de mejores condiciones de vida para sus familias”.
La Iglesia colombiana da un paso adelante
El obispo electo de Quibdó manifestó también que su nombramiento representa un importante paso hacia la inclusión en la Iglesia. Agregó que esto no solo es necesario a nivel eclesial, sino también desde las demás estructuras e instituciones del país, para que realmente en Colombia se pueda avanzar hacia la igualdad y el desarrollo:
“Con este paso que ha dado la Iglesia, está dando un importante paso a la inclusión en la historia de evangelización de los pueblos en el continente americano; todos sabemos que hay que seguir avanzando en esa dirección, no solo la Iglesia sino todas las instituciones en Colombia, si, efectivamente, queremos un país más incluyente, más igualitario más desarrollado y próspero y menos insensible desde las instancias del poder ante el abismal y escandaloso atraso en el que se encuentran grandes regiones del país”.
La ceremonia de posesión de monseñor Wiston Moreno en la Diócesis de Quibdó será el próximo 5 de octubre.
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Iglesia en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y sostenida en la oración
La Iglesia Católica en Colombia proyecta una pastoral vocacional más cercana, articulada y centrada en procesos de acompañamiento continuo desde la infancia, la familia y la comunidad.Esta es una de las principales conclusiones que deja el Encuentro Nacional de Delegados de Pastoral Vocacional 2026, que reunió en Bogotá a 127 animadores —60 de la vida consagrada y 67 de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país— entre el 13 y el 16 de abril, convocados por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión y el Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.El encuentro permitió identificar retos de fondo en el acompañamiento a las nuevas generaciones del país, en un contexto marcado por la hiperconectividad, la fragmentación social y la necesidad de referentes significativos.“Los jóvenes están conectados gran parte del tiempo con las redes… pero en el fondo no tienen a nadie cuando tienen una crisis, una depresión. Entonces nosotros como Iglesia tenemos que acercarnos a ellos”, advirtió la hermana Marta Ligia Acosta Muñoz, Carmelita Misionera, de la Conferencia de Religiosos de Colombia, seccional Cali.Acompañar desde antes: un cambio de enfoqueOrganizadores y participantes del encuentro coincidieron en la necesidad de replantear el enfoque de la pastoral vocacional, ampliando su alcance más allá de los jóvenes y de acciones puntuales.“Si nuestro servicio solo va dirigido a los jóvenes, estaríamos llegando demasiado tarde. También hay que acompañar a los niños y a las familias”, afirmó el padre Juan Manuel Beltrán, director del Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal de Colombia.En esa línea, se insistió en iniciar procesos desde la infancia, fortalecer el papel de la familia y articular el trabajo con otras pastorales.“Es en la familia donde se va cultivando la vocación…primero llegando a la parte humana de cada joven, para después llevarlos a la parte espiritual”, explicó la hermana Beatriz Elena Romero, de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias y delegada de pastoral vocacional en la Diócesis de Valledupar.Este cambio implica pasar de iniciativas aisladas a procesos continuos de acompañamiento humano y espiritual, con mayor capacidad de escucha y cercanía.Presencia real en la vida de los jóvenesOtro de los retos identificados es la necesidad de una mayor presencia en los espacios donde transcurre la vida de los jóvenes.“Hay que buscar a los jóvenes…la idea es llegar allí y ayudarles a conocer a Jesús para que lo sigan y permanezcan en Él”, señaló monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada.Para los participantes, más que ausencia de vocaciones, existe una necesidad de acompañamiento oportuno y cercano.“Los jóvenes están sedientos de Dios...Necesitan escuchar algo de Dios, necesitan escuchar desde nuestro testimonio de vida”, afirmó el diácono Diego Fernando Sánchez, Misionero Javeriano de Yarumal.En este contexto, el entorno digital se reconoce como un campo clave de acción, que requiere mayor presencia y creatividad pastoral.“Es un reto seguir trabajando y lanzando la red a estas nuevas plataformas…Los jóvenes están esperando respuestas a ese llamado vocacional”, expresó Jesús Aníbal, religioso de la Orden de los Ministros de los Enfermos y delegado de pastoral vocacional Colombia–Ecuador.Trabajo en red: de la iniciativa individual a la acción conjuntaEl encuentro también dejó una orientación concreta: fortalecer el trabajo articulado entre las diferentes instituciones y comunidades eclesiásticas.“Tenemos que trabajar juntos, por región, por provincia, para tener un solo pensar y ayudar a los jóvenes a conocer a Jesús”, subrayó monseñor Lascarro.Esta apuesta se traduce en la construcción de rutas compartidas de acción pastoral.“Ya creamos una ruta de trabajo mancomunado, cooperativo, que nos va a permitir verdaderamente llegar a tantos jóvenes”, explicó John Ramírez, religioso de la Congregación Hijos de la Sagrada Familia y encargado de la promoción vocacional en la delegación Colombia–Venezuela.La articulación con la pastoral juvenil, familiar y educativa fue señalada como clave para ampliar el alcance del acompañamiento vocacional.Formar a quienes acompañanAdemás de los desafíos externos, el encuentro puso sobre la mesa una necesidad interna: fortalecer la formación y el acompañamiento de los propios animadores vocacionales.“Los primeros acompañados debemos ser nosotros…dejarnos acompañar primero por el Señor y también formarnos para hacer un mejor trabajo”, reconoció Jesús Aníbal.Esto implica consolidar procesos de formación permanente, fortalecer la vida espiritual y abrirse al apoyo de distintas disciplinas.Oración y misión: fundamento y proyecciónLos participantes coincidieron en que toda pastoral vocacional parte de una convicción fundamental: la vocación es iniciativa de Dios.“No somos nosotros los que llamamos, quien llama es Dios…Necesitamos propiciar espacios de silencio para que Él toque el corazón”, recordó el padre Juan Manuel Beltrán.En este sentido, uno de los llamados centrales es a fortalecer la oración personal y comunitaria, especialmente en el marco de la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones, que se celebrará del 26 de abril al 3 de mayo en todo el país.“La oración es la que nos va a ayudar a encontrar a los jóvenes…Dios es el que llama”, reiteró monseñor Lascarro.Vea el informe audiovisual del encuentro a continuación:
Mar 21 Abr 2026
Obispos colombianos llaman a proteger la vida y desescalar el lenguaje en medio del clima electoral
Ante el actual clima electoral y las recientes denuncias de amenazas contra candidatos presidenciales, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hace un llamado urgente a proteger la vida, cuidar el lenguaje y salvaguardar la democracia como pilares fundamentales del país.A través de un comunicado, los obispos advierten que Colombia atraviesa “un momento decisivo que exige compromiso firme con la vida, la democracia y el respeto”, y subrayan que no es posible avanzar en el proceso electoral si no existen garantías reales para todos los actores políticos.En este contexto, instan a las autoridades a actuar con determinación para proteger a quienes participan en la contienda:“Hacemos un llamado a los organismos del Estado a redoblar sus esfuerzos para garantizar la integridad y la seguridad de quienes aspiran a la Presidencia de la República, así como el libre ejercicio de los derechos democráticos”.El pronunciamiento se da en un escenario marcado por alertas de posibles atentados, intimidaciones y hechos de violencia que han encendido las alarmas sobre la seguridad del proceso democrático.La violencia y el lenguaje que divide también amenazan la democraciaJunto a la preocupación por la seguridad de los candidatos, la Iglesia advierte que el tono del debate público incide directamente en la convivencia y en la estabilidad democrática.Por ello, exhorta directamente a los candidatos y sus campañas:“Promover un debate respetuoso, excluyendo toda forma de violencia verbal, estigmatización o descalificación”.Este llamado recoge la enseñanza del Papa Francisco, quien insistía en que el camino no es la confrontación destructiva, sino el encuentro:“En lugar de descalificar rápidamente al adversario, hay que afrontar un diálogo abierto y respetuoso, donde se busque alcanzar una síntesis superadora” (Encíclica Fratelli tutti, 203).La democracia se construye con palabras que unenEl mensaje de la Conferencia Episcopal plantea que el país necesita un giro en el enfoque de la campaña electoral, pasando de la confrontación a las propuestas que respondan al bien común. En esa línea, enfatiza:“La palabra pública debe ser un instrumento de construcción y no de división”.En coherencia con este llamado, los obispos en Colombia hacen eco de palabras expresadas recientemente por el Papa León XIV durante su paso por África. El pontífice ha insistido en la necesidad de reconocerse como una sola familia, incluso en medio de las diferencias:“En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que todos somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas aparentemente cerradas” (Argelia, 13 de abril de 2026).Una tarea de todosFinalmente, más allá de las decisiones institucionales o políticas, los obispos recuerdan que el momento que vive el país exige corresponsabilidad:“Cuidar la vida, cuidar la palabra y cuidar la democracia es una responsabilidad compartida”.
Mar 21 Abr 2026
Preparar, sembrar, cuidar y cosechar la paz: la ruta pastoral que propone la Conferencia Episcopal de Colombia para la Semana de la Familia 2026
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Matrimonio y Familia, presentó la cartilla “Familias Sembradoras de Paz”, un subsidio pastoral que servirá como guía para la celebración de la Semana de la Familia 2026, que se llevará a cabo del 11 al 18 de mayo en todo el país.El material, dado a conocer este lunes 20 de abril a través de un webinar, propone un camino pedagógico y espiritual que reconoce a la familia como el primer territorio de paz y sujeto activo de reconciliación y transformación social. La iniciativa se enmarca en el lema de este año: “Familia, sembradora de paz”.Durante la presentación, monseñor Miguel Fernando González Mariño, obispo de El Espinal y presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia, destacó que la familia es “el lugar privilegiado donde se cultivan los valores, costumbres y patrones de convivencia”, y subrayó que “toda apuesta por la paz duradera necesariamente pasa por el fortalecimiento de las dinámicas familiares”.En ese sentido, insistió en que la paz no surge de manera espontánea: “La paz no aparece de la nada… la paz se cultiva”. Por ello, explicó que la cartilla propone asumir la construcción de paz como un proceso de siembra que requiere tiempo, cuidado y constancia, vivido en lo cotidiano del hogar.Una propuesta pastoral con enfoque reconciliadorLa cartilla plantea una metodología basada en cinco momentos simbólicos —preparar la tierra, sembrar la semilla, regar y cuidar, crecer y fortalecer, y cosechar y compartir— que orientan encuentros familiares o comunitarios durante la semana. Cada uno de estos espacios integra reflexión bíblica, dinámicas participativas y compromisos concretos.Este itinerario busca fortalecer a las familias como espacios de sanación y reconciliación, promoviendo habilidades como la comunicación respetuosa, la escucha activa y el manejo pacífico de los conflictos, así como valores esenciales para la convivencia como el perdón, la empatía y la solidaridad.De acuerdo con el documento, “educar para la paz no es únicamente un contenido que se enseña, sino una experiencia que se vive diariamente”, en la forma en que se gestionan las diferencias, se cuida al otro y se construyen relaciones basadas en el amor y el respeto.La familia, primera escuela de pazEl padre Nelson Ortiz, director del Departamento de Matrimonio y Familia, resaltó la pertinencia del tema en el contexto actual:“Este año veíamos que era muy necesario hablar de la familia como sembradora de paz, especialmente en un mundo que vive en medio de tantas guerras”.Asimismo, recordó el llamado del Papa a vivir una “desarmada y desarmante”, invitando a las familias a renunciar a las formas cotidianas de violencia:“Cada hogar está llamado a dejar las armas de la violencia verbal, la indiferencia y el egoísmo, para convertirse en sembrador de diálogo, misericordia y paciencia”.En esta línea, la cartilla propone reconocer las heridas y conflictos que afectan la convivencia familiar, al tiempo que impulsa procesos de sanación que permitan reconstruir el tejido relacional desde el interior del hogar. La familia, señala el documento, es “la primera e insustituible educadora de la paz”, y su vivencia cotidiana tiene un impacto directo en la sociedad.Un aporte eclesial con impacto socialLa Semana de la Familia 2026 tendrá como objetivo general fortalecer a las familias como espacios de construcción de paz, promoviendo relaciones fraternas que contribuyan a la transformación de las comunidades y territorios.Entre sus objetivos específicos se destacan: reconocer la familia como espacio privilegiado para la educación en paz, desarrollar habilidades de comunicación y resolución de conflictos, fortalecer valores que favorezcan la reconciliación, e impulsar compromisos concretos de paz tanto en el hogar como en el entorno social.En coherencia con la misión de la Conferencia Episcopal de Colombia, esta iniciativa busca no solo animar la vida eclesial, sino también incidir en la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y en paz, reconociendo que “cada gesto de amor, cada palabra de reconciliación y cada esfuerzo por construir unidad en el hogar se convierte en una semilla que puede transformar la sociedad entera”.La CEC a anima a todas las parroquias, movimientos eclesiales y familias del país para que hagan uso del contenido de la cartilla, como una herramienta concreta para aprender a vivir, desde lo cotidiano, el compromiso con la paz.Vea la transmisión del webinar de la presentación de la cartilla haciendo clic aquí.
Lun 20 Abr 2026
Custodia eucarística elaborada en Colombia será llevada a la Basílica de Getsemaní en Jerusalén
Se trata de la Custodia Andina, un ostensorio destinado a la exposición del Santísimo Sacramento para la adoración eucarística que, desde Colombia, se convertirá también en signo de comunión entre pueblos y de esperanza en medio de un contexto global marcado por tensiones.La pieza fue creada en el municipio de El Carmen de Viboral, en la jurisdicción de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, por el artista Santiago Ocampo Higuita, en colaboración con artesanos y creadores de distintas regiones del país. Su elaboración tomó cerca de dos años e integró técnicas tradicionales como la fundición a la cera perdida, la filigrana de Santa Cruz de Mompox y la cerámica carmelitana, junto con recursos contemporáneos.Con 80 centímetros de altura, la custodia está inspirada en la forma de un olivo, evocando el huerto de Getsemaní, donde, según la tradición bíblica, Jesucristo oró antes de su pasión. En su centro se ubica el ostensorio, rodeado por una corona de espinas, como punto focal de la adoración eucarística.En su base, que recrea el suelo rocoso del lugar, se representan los apóstoles Pedro, Santiago y Juan dormidos, en referencia al llamado evangélico a “velar y orar”. La obra incorpora además elementos de la identidad colombiana, como el carriel y la rula antioqueña, así como figuras de la fauna nacional: tres barranqueros andinos elaborados en filigrana de plata y una base sostenida por garras de oso de anteojos. El conjunto se complementa con cerámica tradicional de El Carmen de Viboral y detalles inspirados en los tejidos ancestrales de la cultura wayuu.Más que una pieza artística, la Custodia Andina fue concebida como un objeto litúrgico para custodiar la Eucaristía en la Basílica de Getsemaní —también conocida como Basílica de las Naciones o de la Agonía—, uno de los santuarios más representativos de Tierra Santa.Su elaboración fue posible gracias a la donación de una familia antioqueña, como expresión de fe y cercanía con los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos centrales del cristianismo.Un signo de comunión y esperanza desde la Iglesia en ColombiaDesde la Diócesis de Sonsón-Rionegro, este hecho ha sido acogido como un acontecimiento significativo para la vida eclesial. El presbítero Jesús Alexander Toro, delegado de Liturgia, destacó el valor de esta obra como expresión de fe y de pertenencia:“Nos sentimos plenamente orgullosos de saber que un artista de nuestra región… hoy nos sigue representando con tanto orgullo no solo como colombianos, sino como Iglesia particular de Sonsón-Rionegro”.El sacerdote subrayó además que la custodia no solo tiene un valor artístico, sino profundamente espiritual:“Es un objeto tan valioso para el culto cristiano… Esperamos que desde allí, desde la Basílica de las Naciones, Jesús nos bendiga a todos, nos custodie y nos guarde”.Este acontecimiento es interpretado por la Iglesia como un signo concreto de comunión entre la Iglesia local y la Iglesia universal, en línea con la misión de evangelización y de construcción de unidad que anima la Conferencia Episcopal de Colombia.Arte, fe y país: una presencia colombiana en Tierra SantaLa Custodia Andina se suma a otras obras del mismo taller que han llegado a Jerusalén. En 2019, el “Cristo del Silencio” fue incorporado a las celebraciones del Viernes Santo en la Basílica del Santo Sepulcro, y en 2025, la “Virgen de Nazaret” inició un recorrido internacional como imagen peregrina.En este contexto, la nueva obra refuerza la presencia del arte sacro colombiano en Tierra Santa, proyectando la riqueza cultural, espiritual y artística del país hacia uno de los epicentros de la fe cristiana.Un mensaje de paz en medio de la incertidumbreEn medio de los conflictos que afectan actualmente a Oriente Medio, esta custodia adquiere también un significado especial. Desde Colombia, se proyecta como un signo de oración por la paz y de esperanza para las naciones.“En este momento de conflicto… la custodia aguarda para llegar en el momento en que la Tierra Santa vuelva a estar en paz. Y eso es lo que clamamos: la paz para todo el mundo, la paz para las naciones”, expresó el padre Toro.Vea a continuación el informe audiovisual: