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Para que sean plenamente uno (Jn 17,23)
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Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo - Carta Pastoral - Saludo fraterno a los Señores Obispos de la Provincia Eclesiástica recién conformada por el Santo Padre, el Papa Francisco. Saludo cordial a los hermanos Sacerdotes de la Provincia. Saludo de Pastor a los Religiosos (as), Seminaristas, Laicos. Saludo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que conforman la nueva Provincia Eclesiástica de Florencia con identidad amazónica.
“Para que sean plenamente uno”. Así se expresa Jesús en su oración conocida como la oración sacerdotal (Cf Jn 17). Nuestra tarea es: desde la diversidad orar, evangelizar, trabajar, impulsar…, la unidad. Escuchemos el sentir de la Iglesia: “Para promover una acción pastoral común en varias Diócesis vecinas, según las circunstancias de las personas y de los lugares, y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos, las Iglesias Particulares se agruparán en Provincias Eclesiásticas delimitadas territorialmente” (Código de Derecho Canónico, 431, 1).
La biodiversidad amazónica, nos da píe para pensar también en la diversidad cultural que se ha gestado en este bello territorio de la amazonia colombiana. Esta diversidad nos enseña que todos tenemos derecho a existir y a ser diferentes. La diversidad para la Iglesia no puede ser un problema, todo lo contrario, es una bendición, así lo expresaba precisamente San Pablo: “Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común” (1Cor 12,4-7).
“Para que sean plenamente uno”. Ser uno. Sentir el gozo de la diversidad, pero luchando por la unidad, éste es el querer de la Iglesia en cabeza del Papa Francisco. Éste tiene que ser el sentir y el gozo de nosotros los Obispos de: Florencia, Mocoa - Sibundoy, San Vicente del Caguán, Leticia, Puerto Leguízamo - Solano, Inírida y Mitú. Ser uno, sentir el gozo de la hermandad en la fe, éste debe ser el gozo y la alegría de quienes entregamos la vida en la misión evangelizadora de la amazonia colombiana. Ser uno, sentir la alegría de hacer parte de la agenda del Papa y de la Iglesia universal tiene que ser la fuerza que nos impulsa a trabajar por la unidad en este bello territorio en el cual queremos seguir sembrando la semilla del Reino de Dios, con limpieza y trasparencia de corazón, con honestidad y rectitud, con respeto y responsabilidad.
“Para que sean plenamente uno”. De verdad y de todo corazón, queremos decirles a los diversos pueblos que conforman nuestra amazonia, con absoluta libertad queremos seguir proponiéndoles el Evangelio como el camino para la unidad. Escuchemos al Papa Benedicto en Aparecida:
“La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este continente expresada en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos” (Discurso inaugural, mayo 23 de 2007).
“La Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción; la atracción testimonial de este gozo que anuncia Jesucristo. Ese testimonio que nace de la alegría asumida y luego transformada en anuncio. Es la alegría fundante. Sin este gozo, sin esta alegría, no se puede fundar una Iglesia, una comunidad cristiana. Es una alegría apostólica, que se irradia, que se expande” (Francisco, en la Misa de acción de gracias, por la canonización de San José de Anchieta, el evangelizador de Brasil, abril 24 de 2014). Alegría, gozo, fiesta…, son expresiones que, de muchos sacerdotes, religiosos (as), laicos y muchas otras personas se han escuchado por la creación de la nueva Provincia Eclesiástica. Esta es la alegría que invito a todos mis hermanos misioneros y evangelizadores a compartir con todos los pobladores de nuestra región amazónica. Alegría que hemos de vivir de cara a la Iglesia universal.
Hermanos, todos: Indígenas, afro - descendientes, campesinos, colonos, empresarios, dirigentes, políticos, líderes sociales, partidos políticos…, sintámonos convocados por el evangelio a cuidar nuestra “casa común”. Esta maravillosa casa, Dios nos la ha entregado para que la administremos con “fidelidad y prudencia” (Cf Lc 12,32-48). No nos cansemos de trabajar por nuestra “casa común”, ella es “nuestra hermana”, escuchemos al Papa: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a despojarla” (Cf Laudato Si, 2). Entre todos démonos a la tarea de trabajar buscando siempre el bien común y no nuestros intereses personales inspirados en la avaricia, la ambición y el deseo de poder.
Como nueva Provincia Eclesiástica, con rostro amazónico, tenemos la enorme tarea de escuchar la voz de Dios que siempre nos habla y se manifiesta sobre todo a través de los más pobres e invisibles. Nos insiste precisamente Francisco: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio" (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20).
Como Iglesia con rostro amazónico, tenemos que sentirnos todos convocados a escuchar la voz de Dios que nos dice: “He visto el sufrimiento de mi pueblo…” (Cf Ex 3,7-9), y desde ese sufrimiento, leer el querer de Dios en cada una de nuestras Jurisdicciones que hacen parte de nuestra Provincia. Como Iglesia y junto con toda la sociedad, debemos discernir, a la luz de la Palabra y a la luz de cada momento histórico la voluntad de Dios para los pueblos amazónicos. Como Iglesia debemos actuar, así: “hacer amanecer la palabra en las obras” (Petición de los indígenas en el pre - sínodo. Bogotá, agosto, 13-14, 2019).
Como Provincia Eclesiástica tenemos el reto de hacer realidad las ideas que tantas personas han soñado, cuando empezaron a gestar la identidad territorial de la Iglesia en la amazonia. Debemos pasar de las ideas, las emociones y los sentimientos a lo real. Nuestra gran misión será acompañar a todas las comunidades insertas en la amazonia, sin distinción de credo, raza o clase social, pero sí, con identidad. Somos Iglesia y como tal nuestro gran desafío es la unidad: “Para que sean plenamente uno”. Nuestro camino evangelizador y nuestro acompañamiento a los pueblos, comunidades y ciudades de la amazonia, debe estar inspirado en la oración constante. Jesús mismo nos enseña que nuestra oración debe ser universal. Decir: “Padre Nuestro”, es sentir el gozo y la alegría de ser hermanos. Nuestra misión exige compromiso, sacrificio, entrega… Nuestra tarea misionera en la amazonia colombiana, la debemos seguir inspirando en la gracia y en la bendición de Dios, como la han realizado nuestros antepasados. Como Iglesia, conocemos la realidad y los grandes desafíos de hoy, sin embargo, no podemos ser profetas de la desesperanza y la destrucción; como Iglesia, hagamos el esfuerzo y tengamos la convicción y la virtud de ser sobre todo profetas de la esperanza. La obra es de Dios. Es Él quien nos ha llamado a ser parte de esta Iglesia que peregrina en este “instante vital” en la amazonia. Si Dios nos ha puesto aquí, es porque conoce nuestro corazón y sabe que nuestra misión será, realizar con fe, amor y entusiasmo, su santa voluntad.
Ciertamente, tenemos enormes retos: Abogar por el cuidado de la casa común; la conservación del bioma amazónico; acompañar y hacer seguimiento a todo los proyectos de desarrollo en nuestro territorio; propiciar ambientes fraternos y de paz, donde se garantice la vida como don de Dios y como valor esencial que da fundamento a todos los demás derechos; luchar por la conservación de los bosques tropicales, allí está la vida, de éstos depende gran parte de la vida del planeta, ésta es una enorme tarea que tiene repercusión nacional, pero también global, recordemos el siguiente principio: “Somos un todo y todo está interconectado”. Nuestro compromiso tiene que ser al estilo del evangelio, recordemos la Palabra: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). La vida es un todo. Tenemos la enorme tarea de impulsar la conservación y la buena utilización del agua, el medio ambiente, la biodiversidad… Hemos de propiciar e impulsar con fuerza evangelizadora el sentido sacro de la vida, desde que nace hasta que termina como obra de Dios. La vida es un don de Dios.
Somos Iglesia con rostro amazónico y como tal es justo y necesario aprovechar este bello momento histórico para agradecer de corazón a tantos Misioneros y Misioneras, que han hecho su aporte generoso, para que hoy seamos lo que somos. Gratitud inmensa a tantos hombres y mujeres, religiosos, (as) y laicos que con rectitud y honestidad de corazón han gastado sus vidas en estas bellas tierras de la amazonia colombiana. Gratitud a la Iglesia como un todo: “La presencia significativa de la Iglesia católica, sus compromisos y avances de esta institución social y religiosa, más allá de sus intenciones evangélicas y catequizadoras, ha sido una fuerza poderosa que ha caminado y construido sociedad y cultura con el pueblo y ha sido profundamente solidaria con sus esperanzas, angustias, temores y alegrías” (Gabriel Perdomo. Historiador de la Universidad de la Amazonia, julio 24 de 2019).
Hoy somos Provincia Eclesiástica de Florencia, Iglesia con rostro amazónico; es un momento histórico valiosísimo, significativo y oportuno para detenernos a admirar a quienes como Obispos han sembrado y gestado el Reino de Dios en este vasto territorio de la amazonia. Hoy y siempre, como Iglesia y como sociedad civil, queremos admirar también a tantos sacerdotes que han entregado su ser por el bien de todos y la salvación integral de quienes han hecho y seguimos haciendo parte de la amazonia. Este es un momento significativo para valorar el enorme potencial vocacional que posee la Iglesia en la amazonia colombiana. Estimados sacerdotes, vivamos con alegría nuestra identidad sacerdotal. Ciertamente reconocemos un valioso avance en vocaciones nativas, pero necesitamos fortalecer nuestra identidad vocacional. Esto lo lograremos en la medida que como consagrados vivamos con alegría, gozo y fuerza espiritual nuestro ministerio. Somos para Dios y desde Dios somos para los demás. Nuestro ministerio ha comenzado en la mañana de nuestra ordenación y terminará en la tarde de nuestro funeral. Nuestra misión es hacer el bien sin mirar a quien, con Santa Teresita podríamos decir: “Quiero pasar el cielo haciendo mucho bien sobre la tierra”. Con quiénes estemos y dónde estemos seamos lo que prometimos ser. El mundo nos necesita sacerdotes, existencialmente sacerdotes.
Como Provincia Eclesiástica, es digno y justo, agradecer y admirar, la Vida Consagrada. En la amazonia, han ofrendado la vida muchísimas religiosas. A ellas admiración infinita, por su entrega generosa. Una religiosa, con su bondad, con su generosidad, con su ser y presencia misma…, nos está diciendo que un mundo mejor sí es posible. Como Iglesia con rostro amazónico les ofrecemos nuestro cariño y afecto. Una petición de corazón y con sentido de admiración: le pedimos a las madres Generales y Consejeras, por favor, en sus procesos de reestructuración, miren las periferias de la amazonia, las queremos, las necesitamos. Estimadas religiosas, ustedes son para nuestras comunidades y pueblos la presencia del mismo Dios que asume el rostro femenino, para realizar su obra evangelizadora, unida a la promoción humana integral. Muchas gracias por su entrega generosa.
Estimados laicos a ustedes también nuestra gratitud y admiración. Ustedes son el número más grande y significativo de la Iglesia, con ustedes y para ustedes queremos seguir siendo Iglesia. Queridos laicos integrantes de las diferentes culturas que conforman nuestra Iglesia amazónica, están cordialmente invitados para que juntos: pastores y pueblo santo, caminemos hacia la unidad. “Seamos plenamente uno” (Cf Jn 17,23). Unidos somos más. La unidad debe estar por encima de cualquier conflicto. La unidad desde Dios y entre nosotros, será quien le dé consistencia a nuestra naciente Provincia Eclesiástica.
Un aspecto más que decir: como Iglesia con rostro amazónico, tenemos una gran responsabilidad. Junto con el Papa Francisco y con toda la Iglesia, sigamos buscando, “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en la amazonia colombiana. Hagamos equipo, trabajemos unidos, caminemos juntos. La amazonia es diversa, pluri - étnica y pluri - religiosa…, todo esto nos exige el sabernos ubicar en un nuevo contexto evangelizador, quizás aún, nos exija cambios estructurales y luchar contra los nuevos colonialismos. No sintamos miedo, Dios siempre nos acompaña, Jesús resucitado sigue actuando entre nosotros y como a los discípulos en el día de la resurrección también a nosotros nos dice: “¡La paz esté con ustedes!” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor” (Jn 20,19-20). Tenemos un imperativo moral y ético para asumir hoy como mandato de Dios y de la Iglesia. Escuchemos a Francisco: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos” (Laudato Si, 14).
El compromiso ético de la Iglesia en la amazonia, pasa por el compromiso y el servicio a una causa común, donde luchemos por la protección del ecosistema, la fauna, las aguas y desde luego por los derechos de sus pobladores. El Papa Francisco, nos convoca a una responsabilidad individual, es válido entonces, a manera de conversión, revisar nuestro estilo de vida. Pero también se nos invita a una responsabilidad colectiva, por eso, adquiere sentido una Provincia Eclesiástica; eso implica que al “caminar juntos” hagamos, tanto a la Iglesia, como al Estado y al mundo entero, propuestas realizables y proyectos en común que nos ayuden a ser parte de la solución y no parte el problema.
Como Iglesia con rostro amazónico, comencemos desde ya un gran debate social positivo y propositivo. Impulsemos una pedagogía social, en donde tengamos en cuenta el actual avance de los Medios de comunicación y las redes sociales. Aprovechemos las autopistas acuáticas que nos comunican, junto con todos los demás medios que nos ha traído la modernidad y hagamos de nuestra amazonia un solo corazón, luchando por unir incluso a los pueblos vecinos que nos circundan, aunque pertenezcan a otro país. La amazonia es una sola, la vida es una sola, el interés por hacer el bien es uno solo, el evangelio es uno solo. Dios es uno. A través de Jesús, el Señor, Dios Padre, nos sigue diciendo: “Sean plenamente uno”.
La amazonia es un gran patrimonio, que muchos, por su afán de lucro, no alcanzan a descubrir su enorme valor. Como Iglesia sigamos impulsando un proceso de “alfabetización”, que llegue a esferas nacionales e internacionales y digamos, que la amazonia es un enorme patrimonio, al que debemos cuidar, si queremos preservar la vida en el planeta. No podemos desconocer la diversidad, pero desde la diversidad luchemos por la unidad. Tomemos conciencia y en la medida de lo posible contémosle al mundo que la amazonia es el gran “termostato que regula la vida de nuestro planeta”.
“He venido a sanar a quienes tienen destrozado el corazón” (Cf Lc 4,19), así define san Lucas la misión de Jesús. El mundo está herido. Como seres humanos vivimos constantemente heridos. El planeta también está herido. Es urgente renunciar a la “cultura del todo vale” y esto con fines meramente lucrativos. Impulsados por la teología de la creación es necesario generar entre nosotros la “cultura del regalo, de la gracia, del sentido de la providencia”. Dios nos ha regalado el mundo para que en él construyamos y promovamos un desarrollo humano sostenible, que partiendo de la diversidad nos impulse a la unidad. Enorme tarea: desde la diversidad buscar la unidad.
Como Iglesia con rostro amazónico, no podemos perder el puesto de ser los abanderados de la educación. A través de la pedagogía y la didáctica, aprovechando todos los medios sociales de comunicación y a través de las redes sociales, con estrategias formativas, podemos seguir llegando al corazón de las personas en la amazonia e insistir en la protección de la casa común. Recurramos a las entidades que poseen la misión de investigar sobre el tema amazónico para que compartan con nosotros sus conocimientos y así con certeza y sensatez sepamos dar razones por el cuidado de nuestro planeta.
A manera de conclusión, como Iglesia con rostro amazónico no se nos puede olvidar que la “Iglesia existe para evangelizar” (EG, 14), y evangelizar es hacer que Dios llegue al corazón de cada persona y de cada comunidad. Todo lo que hemos hecho como Iglesia y todo aquello que proyectemos realizar, mirémoslo bajo la óptica de las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Que sea la caridad, la virtud central que nos impulse a obrar siempre. Tengamos en cuenta el valioso principio que nos enseña San Agustín: “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”.
Con el Papa Francisco, vamos todos a soñar con una Iglesia amazónica viva y fresca que siga impulsando la evangelización en el territorio amazónico con decidido amor por el evangelio y la casa común. Escuchemos al Santo Padre: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la auto presión” (EG, 27). Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos de la esperanza en la amazonia colombiana.
Encomendamos nuestra Provincia Eclesiástica al patrocinio de San José, el hombre justo y trabajador, el hombre que por mandato divino tuvo el privilegio de cuidar, educar y acompañar el proceso de crecimiento del Hijo de Dios. San José el hombre manso y humilde de corazón, nos ayude a ser prudentes, pero severos en el cuidado de la creación. María, nuestra Madre y esposa de José, nos ayude a descubrir el camino que hemos de hacer como Iglesia, en el hoy de nuestra historia.
+ Omar de Jesús Mejía Giraldo
Arzobispo de Florencia
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Vida nueva en Jesucristo Resucitado
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Con gran alegría y gozo vivimos la Resurrección del Señor, después de un tiempo de gracia en el que hemos caminado en el perdón y la reconciliación, que nos ha dispuesto a recibir el don de la paz, que nos trae Jesucristo Resucitado, para tener una vida nueva en Él: “por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4). Esto nos permite vivir transformados en Cristo y comunicarlo a otros como experiencia de fe, cimiento de nuestra vida cristiana tal como lo señaló San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados” (1Cor 15, 17).La Resurrección de Jesucristo es la revelación suprema, la roca firme sobre la que está cimentada nuestra fe y esperanza, la manifestación decisiva para decirle al mundo que no reina el mal, ni el odio, ni la venganza, sino que reina Jesucristo Resucitado que ha venido a traernos amor, perdón, reconciliación, con el don de la paz y una vida renovada en Él, para tener vida eterna. La Resurrección de Cristo es esperanza verdadera y firme para el ser humano, que muchas veces camina vacío, en el mal y la violencia que conducen a la muerte. Realmente Jesucristo ha Resucitado, tal como lo atestiguan los evangelistas: “ustedes no teman; sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho” (Mt 28, 5 - 6). Él es la fuente de la verdadera vida, la luz que ilumina las tinieblas, el camino que nos lleva a la vida eter¬na a participar de la Gloria de Dios.Nuestro caminar diario tiene que conducirnos a un encuentro personal con Jesucristo vivo y Resucitado, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 3, 20). Ahora Resucitado vive y tiene en su poder las llaves de la muerte y del abismo, para levantarnos del pecado mediante el perdón, devolvernos la gracia que nos renueva desde dentro con una vida nueva y convertirnos en misioneros transmitiendo todo lo que nos ha enseñado, según el mandato entregado a los discípulos: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20). Esta misión guía nuestro trabajo pastoral en este año de gracia del Señor.Así lo entendieron los primeros creyentes que vieron a Jesucristo y lo palparon Resucitado, Pedro, Tomás que al principio no creyó que había Resucitado, los apóstoles y los discípulos, al verlo, comprendieron perfectamente que su misión consistía en ser testigos de la Resurrección de Cristo, porque de este acontecimiento único y sorprendente dependería la fe en Él y la difusión de su mensaje de salvación. También nosotros en el momento presente de nuestra fe, somos confirmados en el Resucitado, para llevar a cabo la misma misión de Cristo que ha venido a traer perdón, reconciliación y paz. La fe apostólica que recibimos por la predicación de la Iglesia, es la que transmitimos a los demás hermanos.La primera palabra de Jesús para los discípulos fue de paz y solo esa palabra fue suficiente para que se llenarán de alegría y todos los miedos, dudas e incertidumbres que tenían quedaran atrás y se convirtieran en fuente de esperanza para la Iglesia y la humanidad. Un mensaje de paz que contiene la misericordia y el perdón del Padre Celestial. Con este mensaje los discí¬pulos fueron enviados a anunciar la misericordia y el perdón: “a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados” (Jn 20, 23), dejando la paz a todos, porque no puede existir paz más intensa en el corazón que sentirse perdonado. Esa realidad renueva toda la vida, para que sigamos adelante cumpliendo el mandato misionero de comunicar a Jesucristo Resucitado.Dejemos a un lado nuestros odios, resentimientos, rencores y venganzas que causan división y producen violencia y muerte. Oremos por nuestros enemigos, perdonemos de corazón a quien nos ha ofendido y pidamos perdón por las ofensas que hemos hecho a nuestros hermanos. Dios hace nuevas todas las cosas, no temamos, no tengamos preocupación alguna, pongámonos en las manos del Padre que perdona. La Eucaristía que vivimos con fervor es nuestro alimento, es la esperanza y la fortaleza que nos conforta en la tribulación; una vez fortalecidos, queremos transmitir esa vida nueva con mucho entusiasmo a nuestros hermanos, a nuestra familia, para que todos tengan vida nueva en Jesucristo Resucitado.La esperanza en la Resurrección debe ser fuente de consuelo, de paz y fortaleza ante las dificultades, ante el sufrimiento físico o moral, cuando surgen las contrariedades, los problemas familiares, cuando vivimos momentos de cruz, de dolor, de enfermedad y de muerte. Un cristiano no puede vivir como aquel que ni cree, ni espera. Porque Jesucristo ha Resucitado, nosotros creemos y esperamos en la vida eterna, en la que viviremos dichosos con Cristo y con todos los santos. Necesitamos esforzarnos constantemente para estar más cerca de Jesús. Tenemos esta posibilidad gracias a su Resurrección. La comunión que recibimos en cada Eucaristía nos renueva interiormente, nos transforma en Cristo, hasta llegar a decir con San Pablo “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).Los animo a que sigamos adelante en ambiente de alegría pascual y gozo por la Resurrección del Señor, con la esperanza que un día llegaremos a ser resucitados con Cristo. Que la oración pascual nos ayude a seguir a Jesús Resucitado con un corazón abierto a su gracia y a dar frutos de fe, esperanza y caridad para con los más necesitados y siempre puestos en las manos de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestra esperanza. También, bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, que nos protegen. Felices Pascuas para todos.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 24 Mar 2026
Elogio de la monogamia
Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Este no es el título de una novela antigua ni de una poesía medieval, sino el subtítulo de la nota doctrinal Una Caro [una carne] sobre “el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia mutua”, firmada por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobada por León XIV tras una audiencia el pasado 21 de noviembre de 2025.Con este documento se busca dar elementos para profundizar teológicamente en este tema que, según registra el autor, no ha sido suficientemente estudiado. Está dirigido en primer lugar a obispos y teólogos, recogiendo abundantes textos y centrándose únicamente en la primera propiedad esencial del matrimonio, la unidad, que puede definirse como “la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre, o, en otras palabras, como la pertenencia mutua de ambos, que no puede compartirse con otros".La monogamia tiene un fundamento antropológico, indica el documento que el propósito unitivo de la sexualidad no se limita a asegurar la procreación, sino que contribuye a enriquecer y fortalecer la unión única y exclusiva y el sentido de pertenencia mutua, pero se eleva a la trascendencia: “La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios”, señala el documento, además "Santo Tomás sostiene que la monogamia deriva esencialmente del instinto natural, inscrita en la naturaleza de todo ser humano; por lo tanto, esta esfera prescinde de las exigencias de la fe”.No obstante, dirigiendo la mirada a los fenómenos sociales que inciden en el tema, vemos hoy situaciones ambiguas, pues "nuestra época, experimenta diversas tendencias en relación con el amor: el aumento de las tasas de divorcio, la fragilidad de las uniones, la trivialización del adulterio y la promoción del poliamor. A la luz de todo esto, cabe reconocer que las grandes narrativas colectivas (novelas, películas, canciones) siguen exaltando el mito del "gran amor" único y exclusivo. La paradoja es evidente: las prácticas sociales socavan lo que la imaginación celebra. Esto revela que el deseo de amor monógamo permanece inscrito en lo más profundo del ser humano, incluso cuando los comportamientos parecen negarlo".Vamos a las cifras de nuestro país sobre infidelidad matrimonial: Colombia es el segundo país con más situaciones de infidelidad en Latinoamérica después de Brasil (unisabana.edu.co) trayendo como consecuencia la pérdida de confianza en la pareja, convirtiéndose en la primera causa de divorcio. Encuestas al respecto anotan que 8 de cada 10 hombres y 6 de cada 10 mujeres han sido infieles en sus relaciones de pareja.Otro dato inquietante lo proporciona un estudio de la OCDE sobre el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio: Colombia ocupa el preocupante primer lugar con el 87%, seguida de Chile con el 78.1% y Costa Rica con el 74%. En los últimos lugares están: Corea con el 4,7%, Turquía con el 3,1% y Japón con el 2.4%. (OCDE. Babies Born Outside of Marriage).Como vemos, mientras nuestra Iglesia nos ayuda a profundizar en la teología de la monogamia, nuestro pueblo está muy lejos de practicarla. Es una realidad que debe interpelarnos seriamente sobre la eficacia de la pastoral familiar. Gracias a Dios, el Santo Padre ha convocado para el próximo mes de octubre a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo a un encuentro de escucha recíproca y discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para anunciar el evangelio a las familias de hoy. Concluyamos entonces con la propuesta que hace Una caro, dándonos luces sobre el trabajo a realizar: "No basta con denunciar los fracasos; partiendo de los valores que aún se conservan en el imaginario popular, debemos preparar a las generaciones para abrazar la experiencia del amor como un misterio antropológico. El mundo de las redes sociales, donde el pudor se desvanece y prolifera la violencia simbólica y sexual, demuestra la urgente necesidad de una nueva pedagogía. El amor no puede reducirse a un impulso: siempre apela a la responsabilidad y la capacidad de esperanza de toda la persona. (...) Así, la educación en la monogamia no es una restricción moral, sino una iniciación en la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez. Dirige la energía erótica hacia una sabiduría de perdurabilidad y una apertura a lo divino. La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios.Mons. Miguel Fernando González MariñoObispo de la Diócesis de El EspinalPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
Vie 20 Mar 2026
San José, modelo siempre nuevo de filiación y paternidad
Por Mons. Félix Ramírez Barajas - La experiencia humana hunde sus raíces en la profunda experiencia de ser hijo, un espacio vital donde se aprende a amar la vida recibida y, por tanto, el amor de entrega de quien ha engendrado.Nuestra realidad social, con la amenaza de tantas ideologías, quiere imponernos nuevos prototipos de paternidad y por ende de familia, en contra de la iniciativa divina, son sobre todo “ideologías de confusión” (Babel). Es un ambiente de insatisfacción y subversión de los valores, cambiando e imponiendo lo que en realidad es contrario a la ley divina y a la ley natural.Cuando se pierde el sentido de Dios, de trascendencia y de verdadera identidad en lo antropológico y en lo espiritual, se quiere, malévolamente, redefinir lo que significa la paternidad y aun la maternidad, dando rasgos e identidades muy desde el libre pensar y actuar de modo individualista de muchos que, en aras al respeto a su nueva identidad y manera de pensar, reclaman derechos sin cumplir deberes.Hoy estos son desafíos para la evangelización y la pastoral, pues cada vez más aparecen “areópagos” en donde no siempre son lugares para discutir sobre temas filosóficos y teológicos, sino donde hay desinformación, y discusiones sobre identidades fruto de sentimientos reprimidos o de diversas patologías. Allí el evangelizador y la familia tiene que llegar con la “parresia” propia de quien esta convencido del actuar de Dios en medio de los ambientes como Babel, Sodoma y Gomorra, Nínive, Corinto, etc.En este mes de marzo contemplemos, con serenidad la figura de San José, una hermosa luz en medio de realidades oscuras, de los trampolines del relativismo moral, de corrientes subjetivas, del rechazo al plan de Dios y de muchas otras formas de actuar en medio de incoherencias. Pero también en ambientes de Fé, de comunidad, de familia, de Iglesia donde el Resucitado, como a los apóstoles, nos dice la paz esté con ustedes. Recobremos la paz que dá el Señor y que también los santos como San José el justo, experimentó con su vivencia de hijo y a la vez de Padre.San José, nos enseña a vivir la experiencia filial con fe y dependencia de la paternidad de Dios. En la Sagrada Escritura, se nos presenta como un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios (Mt 1, 19-20). Atento como María y en actitud de escucha, es obediente, como el verdadero hijo que va reconociendo que a Dios Padre hay que responderle en la humildad y hasta en el silencio que se convierte en elocuente actitud filial. Solo en esa experiencia vital de sentirse hijo, san José es prototipo de Padre, así tal cual como nos lo refiere el evangelio de san Mateo 1, 18, 25.Como padre, San José es un modelo de valores y virtudes digno de ser imitado por todo creyente y especialmente por los padres y madres de familia. El Papa Francisco nos recordaba que "nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente" (Amoris Laetitia, 121). San José nos muestra que la paternidad como don de Dios para él va mucho más allá de lo humano, pues se trata de ser imitador del gran amor y paternidad del mismo Dios.Las cortas alusiones que hace la Sagrada Escritura sobre San José, son suficientes para mostrar a San José como ejemplo de la paternidad, como cuando se preocupa por el bienestar de María y Jesús (Mt 1, 19; Lc 2, 4-5).En síntesis, aprendamos de San José:1. “A vivir la filiación como un don y una vocación que requiere escucha y respuesta a la llamada de Dios. Invitamos a las familias a reflexionar sobre la importancia de la filiación y a cultivar una relación profunda con Dios, Padre.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).2. “San José nos muestra que la paternidad es una vocación que requiere escucha, obediencia y servicio. Invitamos a los padres a reflexionar sobre su papel en la familia y a buscar formas de servir a sus hijos y a su comunidad.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).3. San José y María nos ofrecen un modelo de familia como escuela de amor y entrega. Invitamos a las familias a reflexionar sobre cómo pueden cultivar el amor y la entrega en su hogar, y a buscar formas de ser una fuente de amor y esperanza para el mundo.4- Con San José, aprendamos a escuchar a Dios, a descubrir su voluntad y a caminar en Sinodalidad.BibliografíaConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 9 de febrero). Mensaje de los Obispos al Pueblo de Dios. CXVI Asamblea Plenaria: "Cristo Jesús, Nuestra Esperanza" [Comunicado]. https://www.cec.org.co/sites/default/files/2024-02/COMUNICADO%20OBISPOS%20COLOMBIANOS_ASAMBLEA%20PLENARIA_CXVI.pdConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 16 de junio). San José: Modelo de paternidad. Mensaje con motivo del Día del Padre. https://www.cec.org.co/Mons. Félix María Ramírez BarajasObispo de Málaga-SoatáMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
Lun 16 Mar 2026
Nueva edición para Colombia del Misal Romano
Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - En la Ultima Cena que Jesús celebró con sus discípulos, les dio el mandato de “hacer su memoria”. Así instituyó un sacramento que no es sólo un recuerdo de él, sino un acto que lo hace presente y produce la gracia de su Pascua en aquellos que creen y lo siguen. Desde entonces la Iglesia se congrega y vive a partir de la Eucaristía. La celebración de este don incomparable fue dando origen a la configuración de unos ritos litúrgicos. La primera noticia sobre esta estructuración litúrgica la tenemos en San Justino; sabemos que después San Gregorio Magno hizo una reforma; luego San Pío V, siguiendo las disposiciones del Concilio de Trento, configura el Misal Romano. Otros Papas, a lo largo de los siglos, procurando actualizar o perfeccionar los ritos, introdujeron algunos cambios.El Concilio Vaticano II, en la Constitución “Sacrosanctum Concilium”, estableció que convenía que el culto divino se renovase y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Acatando esa disposición San Pablo VI aprobó el 3 de abril de 1969 el nuevo Misal Romano, que se hizo efectivo en 1970. Así los Papas, como dice Benedicto XVI, han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico…apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía”. El Misal de San Pablo VI tuvo una segunda edición con algunos elementos nuevos en 1975. Después, San Juan Pablo II, para actualizar el Misal de acuerdo con reformas litúrgicas posteriores y con el nuevo Código de Derecho Canónico, aprobó una tercera edición que se promulgó en la Pascua del año 2002.De esta edición se ha hecho una traducción al español propia para Colombia, debidamente aprobada por el Dicasterio para el Culto Divino, que ha tenido varias reimpresiones. Ahora, como es normal, al agotarse y deteriorarse los ejemplares existentes, se reimprime de nuevo y se aprovecha para una actualización y algunos ajustes de traducción. Comenzaremos a celebrar con esta nueva edición a partir de la Misa Crismal, el próximo 26 de marzo. Es un paso importante, pues ante la escasez de misales se estaban utilizando textos aprobados para España y otros países. Por eso, invito a todas las parroquias, las capellanías y casas religiosas que lo adquieran cuanto antes para que unifiquemos la celebración de la Eucaristía en toda la Arquidiócesis y en Colombia.No se trata de un nuevo Misal como han dicho, sin conocimiento de causa, algunos medios de comunicación. Es el mismo Misal en el que se incluyen las fiestas litúrgicas y las memorias de los santos canonizados después de la edición anterior; es así como ahora encontraremos, por ejemplo, la eucología propia para la celebración de San Juan Pablo II y Santa Laura Montoya. Para unificar el lenguaje, se ha aprobado ya definitivamente el uso del pronombre “ustedes”, en lugar de “vosotros”, en la fórmula de la consagración. De otra parte, se adiciona el nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas. Espero que acojamos todos sin dificultad esta nueva edición del Misal y que aprovechemos la ocasión para vivir con más fe y más provecho espiritual el misterio eucarístico.En este sentido, recomiendo vivamente que estudiemos de nuevo la “Instrucción General del Misal Romano”, que está en las primeras páginas, ya que contiene muchas informaciones y orientaciones que aportan mayor precisión y sentido a diversos elementos de la celebración de la Eucaristía, subraya más ampliamente la naturaleza y la dignidad de la sagrada liturgia en la vida de la Iglesia, especifica mejor el oficio de los ministros y de la asamblea, motiva a utilizar las diversas formas de celebrar la Misa, trae importantes anotaciones sobre la disposición del lugar sagrado y de los objetos que se utilizan en la celebración. Podría ser la ocasión también para repasar otros documentos muy importantes: la Encíclica Ecclesia de Eucaristía de San Juan Pablo II, la Instrucción Redemptionis Sacramentum y la Exhortación Sacramentum Caritatis del Papa Benedicto XVI, la Carta Desiderio Desideravi del Papa Francisco.Sobre todo, pienso que debemos continuar en un compromiso serio de cuidar la liturgia y de llevar a los fieles a una activa, consciente y fructuosa participación en ella. Como enseñaba San Juan Pablo II: “Existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia”. Que especialmente este tiempo de Cuaresma nos lleve en cada Eucaristía a vivir la fe en la centralidad del misterio pascual de Cristo para que tengamos en él una fuente inagotable de la vida nueva del Evangelio, un llamamiento permanente a la fraternidad y un decidido impulso a realizar nuestra misión en el mundo. + Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín