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Actualidad

Mar 17 Feb 2026

Cuaresma 2026: el Papa León XIV exhorta a redescubrir la escucha y el ayuno como prácticas esenciales de conversión

En esta Cuaresma 2026, el Papa León XIV invita a la Iglesia a redescubrir la escucha y el ayuno como caminos concretos de conversión. Así lo expresa en su mensaje titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, publicado el pasado 13 de febrero por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.En el texto, el Santo Padre subraya que la Cuaresma es el tiempo en que la Iglesia invita a “poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”, para que la fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes cotidianas. Todo camino de conversión —afirma— comienza cuando el creyente se deja alcanzar por la Palabra de Dios y la acoge con docilidad, pues existe un vínculo profundo entre el don de la Palabra, la hospitalidad interior que se le ofrece y la transformación que ella realiza.Escuchar: abrir espacio a Dios y al clamor de los oprimidosEl Papa León centra la primera parte del mensaje en la importancia de la escucha. La presenta como el primer signo del deseo de entrar en relación con el otro y recuerda que Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, se manifiesta como quien ha visto la opresión de su pueblo y ha oído su clamor (cf. Ex 3,7).En este sentido, explica que la escucha de la Palabra en la liturgia educa para una escucha más verdadera de la realidad. En medio de múltiples voces que atraviesan la vida personal y social, las Sagradas Escrituras permiten reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. La condición de los pobres —advierte— constituye un grito que interpela la vida de las personas, las sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia.Ayunar: educar el deseo y desarmar el lenguajeEn la segunda parte del mensaje, el Santo Padre presenta el ayuno como práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra. Lo describe como un ejercicio ascético antiguo e insustituible que, al implicar el cuerpo, ayuda a discernir lo esencial y a mantener despierta el hambre y la sed de justicia, orientándolas hacia la oración y la responsabilidad con el prójimo.Citando a san Agustín, el pontífice explica que el ayuno ensancha el corazón y lo hace capaz de la plenitud prometida. No obstante, advierte que para conservar su verdad evangélica debe vivirse con fe y humildad, arraigado en la comunión con el Señor y evitando cualquier forma de orgullo.En este marco, propone una forma concreta de abstinencia: renunciar a las palabras que hieren. Invita a “desarmar el lenguaje”, evitando juicios inmediatos, calumnias y expresiones que dañan al prójimo, y a cultivar la amabilidad en la familia, el trabajo, las redes sociales, los debates políticos, los medios de comunicación y las comunidades cristianas. De este modo —señala— las palabras de odio podrán dar paso a palabras de esperanza y paz.Una conversión también comunitariaEl mensaje subraya, finalmente, la dimensión comunitaria de la Cuaresma. A partir del relato del libro de Nehemías (cf. Ne 9,1-3), el Papa recuerda que el pueblo se reunió para escuchar la Ley y practicar el ayuno, renovando la alianza con Dios. De igual manera, exhorta a parroquias, familias y comunidades a recorrer un camino compartido en el que la escucha de la Palabra, del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común.En este horizonte, la conversión no concierne únicamente a la conciencia individual, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo y a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad, tanto en la Iglesia como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.Al concluir, el Papa León XIV anima a pedir la gracia de una Cuaresma que haga más atento el oído a Dios y a los más necesitados, y de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Asimismo, invita a que las comunidades cristianas sean lugares donde el grito de quienes sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, contribuyendo así a edificar la civilización del amor.

Sáb 14 Feb 2026

El Papa León XIV nombra obispo de Montería a monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya

El Papa León XIV ha nombrado obispo de la Diócesis de Montería a monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, hasta ahora obispo de la Diócesis de Buenaventura. El prelado sucede en la sede cordobesa a monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, trasladado el 6 de junio de 2025 a la Diócesis de Chiquinquirá, y asumirá el gobierno pastoral de esta Iglesia particular que ha estado bajo la guía del administrador apostólico, monseñor Farly Yovany Gil Betancur, obispo de Montelíbano.Trayectoria sacerdotal y académicaMonseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya nació el 15 de agosto de 1966 en Santa Rosa de Cabal (Risaralda). Realizó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor María Inmaculada de Pereira y fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1992. Es licenciado en Educación Religiosa por la Universidad Católica de Pereira y cuenta con estudios de especialización en Gerencia de Instituciones de Educación Superior por la Universidad de Santo Tomás, en Bogotá.En la Diócesis de Pereira desempeñó diversos servicios pastorales y administrativos: vicario parroquial, párroco, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Social y de Cáritas Diocesana, ecónomo diocesano y rector del Seminario Mayor María Inmaculada. También fue rector de la Universidad Católica Popular de Risaralda y rector encargado de la Universidad Católica de Pereira, integrando distintos consejos diocesanos.Ministerio episcopal en Buenaventura y liderazgo en procesos de pazEl 30 de junio de 2017 fue nombrado obispo de Buenaventura por el Papa Francisco. Recibió la ordenación episcopal el 29 de julio de ese mismo año en la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira y tomó posesión canónica el 12 de agosto de 2017. En la Conferencia Episcopal de Colombia es miembro del Servicio Episcopal para el Perdón, la Reconciliación y la Paz.Durante su ministerio en Buenaventura, monseñor Jaramillo ha sido reconocido por su papel como mediador y facilitador en el complejo contexto de violencia urbana que afecta al puerto sobre el Pacífico colombiano. Ha impulsado diversos procesos de diálogo y el denominado “laboratorio de paz”, orientado al cese de la violencia y a la protección de los derechos humanos, en medio de un escenario marcado por la presencia de estructuras armadas y graves vulneraciones a la población civil.Aunque es propio de su misión como pastor, el compromiso de monseñor Rubén Darío Jaramillo en la construcción de paz ha trascendido el ámbito eclesial y local. En octubre del 2025, monseñor Jaramillo fue distinguido con el Premio Barakah, otorgado por la Cámara de Comercio de Bogotá y Valladolid, un reconocimiento que exalta a quienes construyen puentes a través del diálogo entre posturas contrarias. En aquel momento el prelado expresó su gratitud y afirmó que considera este reconocimiento una bendición que le anima a continuar sirviendo en el campo de la paz y la reconciliación.Una nueva etapa pastoral para la Diócesis de MonteríaLa Diócesis de Montería fue erigida el 20 de noviembre de 1954 por el Papa Pío XII, segregada de la Arquidiócesis de Cartagena. A lo largo de más de seis décadas ha contado con el servicio y pastoreo de ocho obispos.En la actualidad, este territorio diocesano enfrenta importantes desafíos. Múltiples comunidades del departamento de Córdoba han sido afectadas por la emergencia climática e invernal, con grandes impactos en viviendas, infraestructura y medios de subsistencia, especialmente en zonas rurales. A ello se suman situaciones asociadas al conflicto armado que inciden en la seguridad, el tejido social y las condiciones humanitarias de la población.La experiencia pastoral de monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya marcará el inicio de una nueva etapa para la Iglesia particular de Montería, desde la acción evangelizadora y una promoción social activa de caminos de paz, reconciliación y esperanza.

Vie 13 Feb 2026

CXX Asamblea Plenaria: carta de los obispos anima a los presbíteros a renovar su misión y ser esperanza para Colombia

Al concluir su CXX Asamblea Plenaria, el Episcopado Colombiano dirige una carta a los presbíteros del país, fruto del discernimiento realizado durante este encuentro en el que participaron también sacerdotes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas. En ella, expresan gratitud, exhortan a reavivar la identidad sacerdotal y llaman a fortalecer la comunión y la misión en un contexto que reclama sentido, verdad y esperanza.Tras días de oración, escucha y discernimiento en torno al tema “El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”, los obispos afirman que desean compartir con ellos “una palabra nacida de la fe, de la comunión y de la esperanza compartida”, en un momento eclesial marcado por la implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad y en un contexto social que interpela profundamente la misión pastoral.Gratitud y reconocimiento en medio de los desafíosLa carta recoge, en primer lugar, el mensaje enviado por el Santo Padre León XIV al inicio de la Asamblea, quien exhortó “a promover la santidad del Presbiterio, a fin de que quienes sirven como pastores puedan conformarse plenamente al corazón de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote”.A la luz de esta invitación, los obispos expresan un reconocimiento directo a los sacerdotes: “¡Gracias! Gracias por la fidelidad silenciosa, por los desvelos pastorales, por caminar con el Santo Pueblo Fiel de Dios, incluso cuando el cansancio pesa y la realidad parece ardua”.Este agradecimiento adquiere una dimensión social clara: los presbíteros, señalan, “hacen visible a Cristo Buen Pastor” mediante su presencia cercana en las comunidades, especialmente en territorios atravesados por dificultades humanas y sociales. Su ministerio, subrayan, es signo del amor de Dios en medio del pueblo.Reavivar el don y custodiar la identidadEn continuidad con el tema central de la Asamblea, los obispos llaman a volver a la fuente de la vocación: “Volvamos siempre al amor primero”. Invitan a redescubrir el encuentro fundante con Cristo que dio sentido a la consagración sacerdotal, y exhortan: “Reaviva el don de Dios que hay en ti”.La carta advierte que el ministerio no puede reducirse a la “multiplicación de tareas o la presión de los resultados”, sino que debe sostenerse en “una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí”.En este punto, el mensaje tiene una incidencia eclesial decisiva: reafirma que la identidad sacerdotal se fundamenta en la configuración con Cristo y que el sacerdocio “no es nunca fin en sí mismo, sino puente y signo que conduce a Cristo”. Esta claridad identitaria —señalan— es condición para un servicio pastoral auténtico y creíble ante la sociedad.Comunión presbiteral para una Iglesia sinodalEn el marco de la implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad, los obispos insisten en que el presbiterio debe fortalecerse como vínculo de comunión y fraternidad: “Nadie camina solo, ni tampoco nadie se ordena sacerdote para sí mismo”.Invitan a no temer “pedir ayuda cuando la necesitemos ni ofrecerla a quien la requiere”, convencidos de que la gracia actúa con mayor fuerza cuando se edifica la unidad “como piedras vivas”. Reconocen la fragilidad humana, pero afirman con esperanza: “Aunque nuestra humanidad sea frágil, Dios es fiel; su fidelidad y la nuestra engendrarán siempre futuro”.Este llamado a la comunión no se limita al ámbito interno del clero, sino que fortalece el testimonio eclesial ante el país: una Iglesia reconciliada y fraterna puede ofrecer con mayor credibilidad caminos de diálogo, esperanza y servicio.Vida donada, esperanza para el paísEn uno de los fragmentos más significativos del texto, los obispos afirman: “Nuestra vida donada es semilla de esperanza para Colombia”. Con esta expresión, vinculan directamente la renovación espiritual del presbiterio con la misión evangelizadora y social de la Iglesia en el contexto nacional.Exhortan a ser “pastores humildes, alegres y valientes que saben diseñar nuevos mapas de esperanza”, capaces de abrir caminos nuevos en la fidelidad al servicio, a la fraternidad y a la misión encomendada.La carta concluye encomendando a los sacerdotes a María, Madre de los sacerdotes, y a San José, y pidiendo que Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, renueve en cada uno la gracia del ministerio.Con esta carta, los obispos colombianos cierran la CXX Asamblea Plenaria reafirmando que el fortalecimiento del presbiterio no es solo una prioridad pastoral interna, sino una condición esencial para que la Iglesia en Colombia continúe sirviendo, con fidelidad al Evangelio, coherencia y esperanza, al pueblo de Dios y a la sociedad entera.Vea a continuación la lectura de la carta por parte de algunos obispos de distintas regiones del país:

Vie 13 Feb 2026

CXX Asamblea Plenaria: orientaciones que los obispos llevarán a sus comunidades diocesanas para fortalecer el presbiterio en clave sinodal

Este jueves 12 de febrero, el Episcopado Colombiano definió por regiones y en plenaria las líneas que llevarán a sus 78 jurisdicciones para consolidar una Iglesia sinodal que acompañe, valore y fortalezca la vida y el ministerio de los sacerdotes.En la recta final de la CXX Asamblea Plenaria, los obispos colombianos centraron su trabajo en concretar orientaciones pastorales que permitan implementar una pastoral presbiteral integral en todo el país, como fruto de la reflexión desarrollada durante la semana sobre “El presbiterio en la Iglesia sinodal”.La cuarta jornada estuvo dedicada especialmente al discernimiento por regiones y al trabajo en plenaria, con el propósito de definir líneas de acción que fortalezcan la vida espiritual, humana y pastoral del presbiterio en las 78 jurisdicciones eclesiásticas de Colombia.Gratitud por el ministerio sacerdotalLa sesión número 120 del Episcopado fue también ocasión de acción de gracias. El arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez, expresó: “Hemos podido dar gracias a Dios… y hoy lo hago extensivo a todos nuestros sacerdotes”. Añadió que los obispos regresan a sus diócesis con “el sentimiento de gratitud por todo lo que nuestros presbíteros, nuestros diáconos, hacen como colaboradores de los obispos”.En esa misma línea de reconocimiento, el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, subrayó que uno de los frutos más significativos de la Asamblea ha sido valorar “el servicio que prestan los sacerdotes en tantos lugares del país, en tantas situaciones difíciles”.Integración del ministerio en la vida de la comunidadMonseñor Tobón insistió en que la reflexión no se limitó al acompañamiento individual del sacerdote, sino que profundizó en su dimensión comunitaria. “Es muy importante ver cómo el ministerio y la vida del sacerdote se integra en una comunidad. La comunidad diocesana, la comunidad parroquial”, afirmó.Desde esa perspectiva, precisó que la pastoral presbiteral no es un ámbito aislado, sino que se concreta en la vida ordinaria de la Iglesia: “La pastoral sacerdotal es, en último término, la vida de fe, la vida de oración, la evangelización, el compromiso social que juntos, sacerdotes y comunidades vamos realizando”.Esta visión refuerza el horizonte sinodal trabajado durante la Asamblea: una Iglesia donde obispos, presbíteros y fieles caminan juntos, compartiendo responsabilidades y misión, especialmente en contextos sociales complejos.Comunión y corresponsabilidadEl obispo auxiliar de Medellín, monseñor José Mauricio Vélez, destacó que la Asamblea ayudó a profundizar en la conciencia de la comunión entre obispo y presbiterio: “¿Qué es un obispo sin sus sacerdotes? ¿Qué es un sacerdote sin su comunión con el obispo?”.Señaló que el llamado es a fortalecer la articulación y el acompañamiento, reconociendo el valor humano y vocacional de cada sacerdote, y promoviendo una fraternidad que permita afrontar los desafíos actuales desde la evangelización. “El ministerio sacerdotal, la sinodalidad, la evangelización, son un camino de esperanza, ante lo cual no podemos ser indiferentes”, afirmó.El arzobispo de Nueva Pamplona, monseñor Jorge Alberto Ossa Soto subrayó que este espacio eclesial permitirá “acrecentar la espiritualidad” y renovar el compromiso del presbiterio de “dar testimonio ante la comunidad para ser creíble”.Por su parte, el obispo de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci, expresó que las reflexiones compartidas suscitan el deseo de vivir el episcopado “en la cercanía fraterna y amistosa con los sacerdotes”, a quienes definió no solo como colaboradores, sino como “nuestra familia sacerdotal”. Invitó a “tejer vínculos de afecto, de fe, de compromiso recíproco”, para actuar siempre en armonía y comunión.Orientaciones para las iglesias particularesLa cuarta jornada dejó delineadas orientaciones que serán implementadas en las arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos, con énfasis en la formación permanente, el acompañamiento cercano y la integración del sacerdote en la vida comunitaria.En coherencia con el mensaje oficial al pueblo colombiano dado a conocer ese mismo día —en el que los obispos invitaron al país a decir no al odio y a promover el diálogo respetuoso y la participación democrática responsable—, el fortalecimiento del presbiterio se presenta como un paso esencial para que la Iglesia en Colombia continúe ofreciendo caminos de esperanza, comunión y evangelización en medio de los desafíos sociales actuales.Con este horizonte, la CXX Asamblea avanzó hacia su jornada conclusiva de este viernes 13 de febrero, dejando como fruto un compromiso renovado con la vida y el ministerio de los sacerdotes al servicio del Pueblo de Dios.Vea el resume informativo a continuación:

Vie 13 Feb 2026

Nuncio Apostólico llama a custodiar la unidad y fortalecer la escucha en el presbiterio colombiano

Este viernes 13 de febrero, al celebrar la Eucaristía de la última jornada en la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, exhortó a los obispos a resistir la fragmentación, permanecer cerca del Maestro y construir la unidad del Pueblo de Dios desde la escucha sincera y el don de la vida.En el marco de la reflexión que los obispos han venido desarrollando durante esta semana, el representante del Papa León XIV centró el mensaje de su homilía en dos ejes fundamentales para la vida de la Iglesia y del presbiterio: la unidad y la escucha.La Eucaristía fue concelebrada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, y por monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla.Custodiar la unidad en medio de las tensionesInspirándose en el gesto del profeta que rasga el manto en doce pedazos y en la imagen de la túnica inconsútil de Cristo, el Nuncio Apostólico en Colombia invitó a los obispos a reflexionar sobre la fragilidad y la responsabilidad de custodiar la unidad eclesial.“Es fácil, a veces cuando hay tensiones —y siempre las hay en las comunidades, también en nuestros presbiterios—, cortar pedazos, repartir campos de acción”, afirmó. Reconoció que en la vida pastoral es necesario distribuir responsabilidades, pero advirtió que existe “un cuidado profundo por la unidad que es parte de nuestro ministerio”.En ese contexto, exhortó a “resistir la tentación de quedarnos con los pedazos buenos y desechar a los que no lo son”, subrayando que la unidad no se construye excluyendo, sino integrando.El Nuncio presentó a Cristo como modelo: en la Eucaristía, Jesús también se “parte”, pero lo hace para congregar. “Estamos celebrando la Eucaristía, que es un pan partido… pero para construir una unidad”. Y añadió: “Jesús construye la unidad aceptando ser partido entre los suyos”.Esta dinámica —explicó— se refleja en la vida ministerial, marcada por múltiples tareas y demandas, en las que el pastor, como Cristo, “parte su vida” entre la formación comunitaria y el acompañamiento personal.Escuchar para poder hablarEl segundo eje de la homilía fue la escucha, a partir del pasaje evangélico de la curación del sordomudo. El Nuncio recordó que no se puede hablar bien si antes no se ha aprendido a escuchar: “Todos nosotros hemos aprendido a hablar porque hemos escuchado la palabra de otros”.La escucha, precisó, comienza por la Palabra de Dios. El gesto de Jesús al abrir los oídos del enfermo es, dijo, “como un acto de una nueva creación”. Y añadió: “Todos nosotros podemos aprender a hablar si aprendemos a escuchar la Palabra de Dios, y podemos también aprender a hablarnos los unos a los otros si aprendemos a escucharnos”.En sintonía con el camino sinodal promovido por el Papa, señaló que esta escucha es auténtica cuando se realiza con la mirada puesta en lo alto: “Es verdadera si tenemos esa mirada hacia lo alto”, desde donde se recibe el Espíritu que hace posible una palabra “verdadera, sincera, fecunda y creadora”.Permanecer cerca del MaestroEn el contexto de la reflexión sobre la pastoral presbiteral, monseñor Rudelli invitó a los obispos a reconocerse, ante todo, como discípulos. “Parte de nuestro ministerio es ayudarnos todos a quedarnos cerca del Maestro, cerca del único Maestro, cerca del único que puede de verdad ser nuestro formador”.Aludiendo a la misión de acompañar a los sacerdotes, subrayó que, así como Jesús tomaba aparte a quienes necesitaban un encuentro personal, también el obispo está llamado a cercanía concreta con sus presbíteros: a “tomar a solas un sacerdote, hablar con él” y ayudarle a abrir los oídos del corazón.Finalmente, elevó una súplica para que los pastores sean instrumentos de la acción sanadora de Cristo: “Pidámosle al Señor que nos abra nuestros oídos, que nos ayude a ser instrumentos de esa cercanía sanadora de Jesús”, de modo que, junto con los presbíteros, puedan “construir la unidad del Pueblo de Dios” y permanecer en escucha de la Palabra que salva.Con esta celebración eucarística, los obispos colombianos encomendaron a Dios el discernimiento final de la Asamblea, confiando en que la unidad custodiada y la escucha profunda sigan siendo el fundamento de una pastoral presbiteral integral al servicio de la Iglesia y del país.

Jue 12 Feb 2026

Obispos colombianos llaman a la reconciliación, al diálogo y a la participación democrática responsable

En la recta final de la CXX Asamblea Plenaria, el Episcopado Colombiano emite un mensaje al pueblo colombiano en el que invita a la conversión, al diálogo y a la participación responsable en la vida democrática; al tiempo que reafirma su compromiso con los más vulnerables y convoca a la solidaridad ante la emergencia invernal.Con una exhortación clara a rechazar el odio y a construir caminos de unidad, los obispos católicos de Colombia dieron a conocer el mensaje oficial al pueblo colombiano en el marco de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado que han venido celebrando desde el 9 de febrero en Bogotá.El texto, inspirado en la carta a los Efesios —“De los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad” (Ef 2, 14)—, sitúa la reflexión en el contexto de un mundo marcado por “luchas de poder generadas por múltiples factores que terminan afectando sobre todo a los frágiles y pobres de la tierra”. Frente a esta realidad, los obispos advierten que cuando el odio conduce las decisiones humanas, “la humanidad desemboca dramáticamente en la desesperanza y la muerte”.Por ello, hacen un llamado directo a la sociedad colombiana: “Hermanas y hermanos colombianos, digamos no al odio que separa. Dejémonos reconciliar por Cristo, que hace posible la unidad entre los pueblos, derribando el muro que divide y acrecienta la enemistad”.Conversión y reconciliación en tiempo de CuaresmaAl acercarse el inicio de la Cuaresma 2026, el Episcopado invita a dar “auténticos pasos de conversión” y a acoger el llamado de Cristo “a volver a la amistad, a darnos la mano y a buscar la unión”. En esta perspectiva, la reconciliación no se plantea como un discurso abstracto, sino como un camino concreto de sanación personal y social.Los obispos expresan su deseo de seguir contribuyendo “al perdón, la reconciliación y la paz en el país”, e invitan a todos los colombianos a “tender puentes en medio de las diferencias y posturas opuestas que nos separan”, promoviendo el encuentro, la escucha y el reconocimiento mutuo como miembros de una misma familia.En el mensaje subrayan que este propósito exige “reconocer y respetar al otro en su dignidad como hijo de Dios” y sanar los corazones y las relaciones “impregnándolos del espíritu de misericordia”.Cercanía a los sacerdotes y cuidado de su vida integralEn el marco de esta Asamblea, los obispos reflexionaron sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes en Colombia. Al respecto, expresan su gratitud por la presencia de los presbíteros en todo el territorio nacional, “acompañando y nutriendo la fe, la esperanza y la caridad de las comunidades que se les han confiado”.Reafirman que “la formación y el acompañamiento de los sacerdotes es uno de los primeros deberes del Obispo” y manifiestan su compromiso de seguir atentos a su “salud integral para que puedan ejercer su ministerio en la verdad con renovada entrega y alegría”.Llamado directo a distintos sectores del paísEn un tono pastoral y profético, el mensaje dirige exhortaciones específicas a diversos sectores de la sociedad.A todo el pueblo colombiano lo invita a “ser artesano de paz y testigo de esperanza”.A los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a cultivar la amistad con Jesucristo, que los hace capaces de ser felices “amando como Él los ama, cuidando la creación y construyendo el país que sueñan”.A las familias, definidas como “escuelas fundamentales de las virtudes sociales”, les pide no cansarse de amar y de servir a la vida.A las instituciones del Estado las anima a continuar promoviendo el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de los deberes ciudadanos y la valoración de la democracia y de las instituciones que la sustentan.Al Gobierno Nacional le solicitan “fortalecer el diálogo con todos los actores de la vida social para promover de manera eficaz la reconciliación y superar la fragmentación radical en la vida social y política”.En el contexto de los próximos comicios electorales, exhortan a quienes aspiran a altos cargos públicos a “evitar la violencia verbal y a proponer caminos veraces” que permitan avanzar en el desarrollo auténtico del país, la reconciliación y la paz.Asimismo, llaman a los empresarios a promover la participación de las comunidades y la distribución equitativa de la riqueza; a los medios de comunicación y creadores de contenido digital, a ejercer con responsabilidad ética la transmisión de la verdad y a “buscar caminos compartidos que contribuyan a desarmar la palabra y a fortalecer un clima nacional y territorial de no violencia”.A quienes fomentan economías ilícitas y ejercen violencia armada, les piden “salir del círculo de muerte que atenta contra la vida humana y pone en alto riesgo la salud del planeta”.Finalmente, los obispos colombianos convocan a todos los ciudadanos a participar activamente y en paz en las próximas elecciones, ejerciendo el derecho al voto “con plena libertad y conciencia, sin sobornos”, como forma concreta de contribuir al país que se necesita y se sueña.Solidaridad con los afectados por la emergencia climática: Comunicación Cristiana de BienesEl mensaje concluye reafirmando la cercanía de la Iglesia con las poblaciones más vulnerables y, de manera particular, con los afectados por el fenómeno meteorológico del frente frío.Los obispos convocan a todas las parroquias y comunidades eclesiales a iniciar desde este próximo domingo 15 de febrero la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, promoviendo iniciativas en favor de las familias damnificadas, para que su generosidad sea “un signo de esperanza en medio de la tragedia”. Generalmente, esta colecta promovida anualente por la Iglesia en favor de los más vulnerables inicia el primer domingo de Cuaresma.Finalmente, la Asamblea encomienda el país a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia, y reitera su compromiso de seguir caminando junto al pueblo colombiano en la búsqueda de la reconciliación, la justicia y la paz.La CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano finalizará este viernes 13 de febrero.Vea a continuación la lectura del comunicado realizada por el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Jue 12 Feb 2026

“Desde el corazón al ministerio”: la CXX Asamblea perfila orientaciones para una pastoral presbiteral integral

En su tercer día, la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano profundizó en la vida interior como fundamento del ministerio y avanzó en la definición de lineamientos concretos para fortalecer la identidad, la fraternidad y la misión de los presbíteros en el país, en medio de los desafíos sociales y eclesiales actuales.Este miércoles 11 de febrero, la jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien encomendó de manera especial a los enfermos del país, en el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, celebrada por la Iglesia universal bajo el lema: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Concelebraron monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, y monseñor Óscar José Vélez, CMF, obispo de Valledupar.Un llamado a la vida interiorEn su homilía, monseñor Tobón centró su reflexión en la enseñanza de Jesús: “Nada hay en el exterior que manche al hombre; la maldad que sale del corazón es lo que mancha”, subrayando que el corazón es el núcleo donde se juega la autenticidad de la vida cristiana y sacerdotal.“El corazón es el centro profundo. Es el templo donde habita el Espíritu Santo”, afirmó, advirtiendo que cuando la fe se reduce a esquemas mentales o posturas ideológicas puede derivar en intelectualismo, polarizaciones o fanatismos que esterilizan la misión.En coherencia con el tema central de la Asamblea —“El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”—, el Arzobispo de Medellín invitó a examinar cuatro dimensiones fundamentales desde la interioridad: la fe, la oración, la vida fraterna y la acción apostólica. Señaló que cuando se pierde el contacto interior con el Espíritu, el ministerio corre el riesgo de convertirse en “agitación, descoordinación, proselitismo y finalmente frustración”, dando paso al activismo y al desgaste.Por el contrario, explicó, cuando la vida brota del encuentro profundo con Dios, florecen los frutos del Espíritu y la santidad se entiende no como apariencia moral, sino como “la alegría interior de la misericordia de Dios”.Orientaciones para una pastoral presbiteral integralTras la celebración eucarística, el trabajo central del día se concentró en la definición de orientaciones que servirán como fruto concreto de esta Asamblea para la implementación de una pastoral presbiteral integral.Durante la mañana, obispos y sacerdotes —representando a las 14 provincias eclesiásticas que agrupan 78 jurisdicciones del país— trabajaron en grupos por provincias, revisando un documento base y aportando desde las realidades específicas de cada región. En la tarde, los obispos profundizaron las propuestas en sesión plenaria.El padre Richard Nieto González, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, subrayó que el propósito es que el documento que salga como fruto de este encuentro se convierta en una herramienta práctica para las Iglesias particulares:“La idea es que salga de aquí un documento de trabajo que luego pueda leerse y aplicarse en las distintas diócesis y arquidiócesis de Colombia…Y que realmente ayude a los otros presbíteros que no participaron de este encuentro”.El padre Wilmer Fabián Suárez Vargas, vicario general en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, resaltó el valor del encuentro como experiencia de comunión y fortalecimiento vocacional, especialmente para quienes ejercen su misión en los territorios más apartados. Explicó que estos espacios también renuevan la esperanza y sostienen la misión:“Donde hay un sacerdote está la voz de la esperanza…Hay situaciones de activismo, de cansancio, pero en ese activismo se puede también descansar y reposar en la presencia de Dios”.Identidad, formación y cultura del cuidadoVarias de las intervenciones de los arzobispos participantes coincidieron en que la renovación del presbiterio pasa por fortalecer la identidad ministerial y la formación integral.Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, advirtió que en un mundo digital y en territorios marcados por el conflicto armado es urgente cultivar la interioridad: “Si no hay silencio, no hay vida interior…La casa donde habita Dios es mi propia interioridad”.Por su parte, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, subrayó la necesidad de recuperar la conciencia del ministerio y responder a los contextos regionales: “Se necesita ante todo lograr que los clérigos recuperemos la identidad del ministerio que se nos ha encomendado”. Destacó, además, la importancia de formar la conciencia administrativa de los presbíteros: “Para saber manejar con justicia y con corazón de pobres los bienes de la Iglesia”.En la misma línea, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, insistió en la urgencia de acompañar de manera integral la formación inicial y permanente: “No podemos poner el énfasis en una faceta más que en otra…Tenemos que tener presentes todas las dimensiones para dar una formación integral de nuestros sacerdotes”.Las orientaciones que se perfilan contemplan fortalecer la identidad sacerdotal, la fraternidad, la cercanía al obispo y al pueblo de Dios, y consolidar una auténtica cultura del cuidado que prevenga abusos y promueva ambientes sanos.Este miércoles fue también el último día de participación de los sacerdotes delegados por las jurisdicciones para acompañar a los obispos; a partir de ahora, los prelados continuarán el trabajo durante las jornadas finales para consolidar las conclusiones que marcarán la ruta pastoral del presbiterio en Colombia.Iglesia solidaria ante la emergencia invernalAunque reunidos en Bogotá, los obispos permanecen profundamente conectados con la realidad de los territorios que pastorean. La emergencia invernal ha dejado pérdidas humanas y materiales significativas en distintas regiones del país. Solo en el departamento de Córdoba se reportan cerca de 120.000 personas afectadas, además de daños en viviendas, cultivos, vías, escuelas y medios de subsistencia.En este contexto, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y oración que fue acogido por la Asamblea como un llamado a intensificar la solidaridad.Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó el alcance universal de este gesto del Santo Padre: “Es un mensaje alentador, un mensaje del sucesor de San Pedro que nos dice su cercanía en la oración…Cuando un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás miembros del cuerpo participan”.El representante del Papa resaltó la importancia de que este mensaje haya sido escuchado no solo en Colombia, sino en distintos lugares del mundo: “Es un signo de cercanía, una palabra de aliento, una palabra de no sentirse solos…Seguramente este mensaje hoy no lo han escuchado solo en Colombia, lo han escuchado un poco en todo el mundo”.Añadió que la solidaridad debe expresarse tanto en el plano espiritual como en acciones concretas: “Es un momento en donde tratar de mostrar nuestra solidaridad en el plan concreto…Pero también en el plan de una cercanía espiritual, de acompañar con la oración en este momento de dificultad”.Desde las diócesis más afectadas, la Iglesia ha venido articulando esfuerzos pastorales y sociales para acompañar a las comunidades damnificadas. Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, expresó: “No podemos dejar solos a nuestros hermanos damnificados…Vienen situaciones de crisis muy fuertes, económicas y sanitarias, y tenemos que seguir con corazón generoso”.Por su parte, el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., destacó que la Iglesia ya se encuentra movilizada a través de sus parroquias, pastorales sociales, bancos de alimentos y comités parroquiales, pero también subrayó la importancia de seguir convocando la solidaridad y de organizar la ayuda para que llegue efectivamente a quienes más lo necesitan: “Que ampliemos la caridad y la generosidad…Que nos unamos todas las parroquias, todas las comunidades, todas las instituciones…Y apoyemos también a través especialmente de nuestros bancos de alimentos en todo el país, una campaña solidaria de alimentos no perecederos”.En este marco, hizo un llamado a fortalecer la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2026, impulsada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social que se desarrollará en el contexto cercano de la Cuaresma, como un instrumento concreto para canalizar la solidaridad nacional en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país: “Aprovechemos este tiempo propicio de Cuaresma, de caridad…Para que más allá de nuestras diferencias, pongamos en el corazón de nuestra preocupación a todos nuestros hermanos y hermanas que están experimentando un sufrimiento muy grande”. Retomando el lema de este año, concluyó: “La satisfacción del fiel es hacer el bien”.De esta manera, mientras los obispos avanzan en la definición de orientaciones para fortalecer la vida y misión de los presbíteros, la Asamblea reafirma también su compromiso con el acompañamiento cercano y organizado a las comunidades que hoy enfrentan la dureza de la emergencia invernal en el país.Vea a continuación el resumen informativo del tercer día en la CXX Asamblea:

Mié 11 Feb 2026

Espiritualidad, cuidado y corresponsabilidad: claves del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano

La reflexión sobre la vida espiritual, el cuidado integral de los presbíteros y la corresponsabilidad pastoral entre obispos, sacerdotes y laicos marcó el desarrollo de la agenda del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano. La jornada de este martes 10 de febrero combinó momentos celebrativos, ponencias académicas y espacios de diálogo sinodal, orientados a fortalecer una pastoral presbiteral integral y contextualizada en la realidad del país.Una Eucaristía centrada en el discernimiento y el cuidado mutuoLa jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, quien en su homilía invitó a los participantes a caminar juntos en discernimiento, cuidado mutuo y fidelidad a la misión esencial del Evangelio. El prelado subrayó la centralidad de la vida espiritual y del acompañamiento integral de los presbíteros, destacando el altar como lugar de identidad sacerdotal, de encuentro con Dios y de comunión con todo el Pueblo de Dios.Monseñor Rueda advirtió, además, sobre la tentación de dejarse absorber por múltiples actividades o mediaciones —incluidos los escenarios digitales— que pueden diluir el encuentro personal con Cristo, recordando que ninguna de ellas puede sustituir la relación viva con Él ni el servicio pastoral a los más vulnerables.Ponencias: espiritualidad, salud mental y administración responsableDurante la mañana, la Asamblea profundizó en tres ejes fundamentales para la vida presbiteral: la vida espiritual, la vida afectiva y la salud mental, y la relación del presbítero con la administración de los bienes.En este marco, el padre Stefano Guarinelli, sacerdote diocesano italiano y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, ofreció una reflexión centrada en la amistad como dimensión esencial de la vida espiritual y afectiva del sacerdote. “Nuestra afectividad depende mucho de esa relación con Dios, y si esa relación es como una caja vacía, no merece la pena vivir así”, afirmó, al tiempo que subrayó la importancia de relaciones humanas sanas que ayuden a no deshumanizar el ministerio presbiteral.Desde una mirada psicológica y pastoral, el padre Jesús Hernán Alzate Duque, sacerdote eudista, y la doctora Yolima Ortiz, directora del programa de Psicología de Uniminuto Virtual, presentaron avances de una investigación sobre desgaste por empatía y salud mental en sacerdotes. Ortiz explicó que, aunque la mayoría de los presbíteros no presentan síntomas clínicos, “sí encontramos desgaste por empatía, producto de acompañar constantemente situaciones difíciles en un contexto social tan complejo como el colombiano”.“La carga emocional es muy alta —señaló—, y cuidar a nuestros sacerdotes es también cuidar a las comunidades, porque el impacto del ministerio sacerdotal en la sociedad es muy alto, incluso entre quienes no son creyentes”.Por su parte, el padre Alzate insistió en la necesidad del autocuidado y de reconocer la vulnerabilidad como parte del ministerio: “Los sacerdotes también lloran. Escuchar hoy implica un contagio emocional constante, y en contextos de violencia esto se intensifica. Por eso necesitamos estrategias reales de acompañamiento”.En la dimensión administrativa, monseñor Darío Gómez Zuluaga, director del Instituto Pastoral del Clero de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, abordó la relación del presbítero con el dinero y la gestión de los bienes temporales. “Si un sacerdote no tiene una relación adecuada con el dinero, se afecta su credibilidad, su identidad como ministro y la sinodalidad misma de la Iglesia”, afirmó, subrayando la importancia de una formación permanente que promueva transparencia, sostenibilidad y coherencia evangélica.La voz de los laicos: valoración y desafíos del ministerio presbiteralUno de los momentos más significativos de la jornada fue el panel “El estado laical y su valoración del ministerio presbiteral”, moderado por monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Estado Laical. Inspirado en la reciente Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro, el espacio permitió escuchar la voz de los laicos sobre la vida y misión de los sacerdotes.Germán Marroquín, laico de la Diócesis de Neiva y ex pastor evangélico, destacó el valor del diálogo vivido: “Fue un momento de comunión y sinodalidad donde pudimos decirles a los obispos que los sacerdotes necesitan cercanía, escucha y menos carga laboral. No deben ser vistos como trabajadores, sino como hijos que necesitan ser acompañados”.Desde la Arquidiócesis de Tunja, Claudia Patricia Guerrero subrayó el valor irremplazable del sacerdocio: “El sacerdote es otro Cristo, es quien nos conduce a Él. Por eso necesitamos orar más por los sacerdotes, apoyarlos más y hacer equipo con ellos, cuidando la doctrina, la liturgia y la vida espiritual de la Iglesia”.Moisés Padilla, laico de la Arquidiócesis de Bucaramanga, puso el acento en la coherencia y la comunión: “El sacerdocio es una vocación de servicio. No se puede concebir un sacerdote aislado. La unidad entre obispos y presbíteros es clave para enfrentar los desafíos actuales, especialmente el trabajo con jóvenes y familias”.Una mirada pastoral desde los territoriosLas reflexiones del día también resonaron en la experiencia de los pastores en contextos concretos. Monseñor Franklin Valenzuela, obispo de Tumaco, quien participa por primera vez en una Asamblea Plenaria, valoró los aportes recibidos: “Hemos reflexionado sobre el cansancio y el desánimo en la vida sacerdotal, y sobre la importancia de una buena administración para fortalecer la evangelización. En regiones como Tumaco, con pocos sacerdotes y en medio del conflicto armado, estos temas son fundamentales”.En la misma línea, monseñor José Saúl Grisales, obispo de Ipiales, insistió en la paternidad episcopal como clave del acompañamiento: “Los sacerdotes son seres humanos que necesitan cuidado, cercanía y escucha. Recordar que los obispos somos padres nos ayuda a acompañar procesos de madurez y a recuperar el encanto de la vida ministerial”.Desde la experiencia pastoral en el Pacífico colombiano, el padre Arnulfo Moreno, vicario general del Vicariato Apostólico de Guapi, destacó el énfasis de la Asamblea en el cuidado integral: “No podemos descuidar nuestra vida espiritual, afectiva ni nuestras relaciones sanas. Y también debemos ser transparentes en la administración de los bienes, agradeciendo que los obispos piensen en su clero como una verdadera familia”.Hacia una pastoral presbiteral integralLa jornada concluyó con una segunda ponencia del padre Stefano Guarinelli, centrada en las “Claves teológico-pastorales para una Pastoral Presbiteral Integral”, que recogió y articuló los diversos aportes del día. Las reflexiones dejaron en evidencia la necesidad de seguir construyendo, desde la escucha, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo, caminos que fortalezcan la vida y misión de los presbíteros al servicio del Pueblo de Dios.Vea a continuación la nueva emisión del informativo 'Así va la Asamblea':