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Lectio Dominical

Jue 11 Feb 2021

“Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo”

SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Febrero 14 de 2021 Primera Lectura: Lv 13,1-2.44-46 Salmo: 32(31),1-2.5.11 (R. 7b) Segunda Lectura: 1Co 10,31 - 11,1 Evangelio: Mc 1,40-45 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Las lecturas están fuertemente relacionas con el tema central de la pureza e impureza, no obstante, se podrían abordar en perspectivas diversas: La impureza ritual en la Biblia; la purificación del creyente; o imitar el ejemplo: “seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo” (1 Co 11,1). Este último tema es el que aquí se presentará. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El texto de la primera lectura forma parte de la sección sobre la pureza e impureza (cap. 11-16) que va unida a la sección de la ley de la santidad (cap. 17-26). Aquí encontramos los aspectos negativos y positivos de la exigencia divina; así se hace de las leyes de pureza e impureza unas exigencias de santidad. Las reglas de la impureza se basan en prohibiciones muy antiguas, se considera puro lo que permite acercarse a Dios, e impuro es aquello que impide la realización del culto o excluye de él. En este sentido se habla de pureza ritual, aunque no es la única que conoció Israel, pues los profetas insistirán en la pureza de corazón. La impureza se manifiesta en diversas formas, pero una manera típica de hablar de la impureza era la “lepra”; ella manifiesta la condición de impureza. El término hebreo que se usa para lepra posee un significado amplio, se aplica a diversas enfermedades de la piel y al enmohecimiento de las ropas y paredes; pero siempre en el contexto de impureza. Aunque hay que señalar que la impureza de suyo no señala una clasificación moral sino un estado de aptitud o ineptitud para participar del culto y de la vida comunitaria. La impureza involucra al hombre en su totalidad, afecta la parte física por ello se manifiesta como enfermedad, también influye en la esfera espiritual o religiosa, por tal motivo es el sacerdote del Antiguo Testamento, quien juega un rol importante en declarar tanto la “enfermedad” como la “curación y los sacrificios o medios de purificación”; todo ello toca indudablemente la dimensión social, el “enfermo” o “leproso” queda excluido de la convivencia comunitaria, debe “andar harapiento, despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro! ¡Impuro!”. Puesto que la impureza tiene relación con la santidad, y reconociendo que la santidad pasa por el perdón que Dios da, este tema viene soportado por el salmo 31, uno de los siete salmos penitenciales (Cf. Sal 6; 31; 38; 51;102; 130; y 143); es una pieza de enseñanza que muestra la felicidad de quien ha sido perdonado por Dios; el sufrimiento del pecado, de la impureza y sus afecciones en lo físico, lo espiritual y social, desaparecen para dar lugar a una explosión de sentimientos positivos. Es una lección de sabiduría para la comunidad; reconocer el pecado y “confesar al Señor la culpa” es el camino al perdón, a la alegría. Paragonando algunas expresiones de Jesús, se diría que hay más gozo en el perdón que el declarar impuro algo. El evangelio inserta la curación de este leproso en la correría de Jesús por Galilea, “vamos a otra parte, a los poblados vecinos, para predicar también allí, para esto he venido” (Mc 1,38), después de narrar este milagro, Marcos informa que “después de algunos días, Jesús regresó a Cafarnaúm” (Mc 2,1). El marco es la situación de marginación que vive un leproso en la connotación de impureza propio de la concepción del Antiguo Testamento. Se esperaría el grito: ¡Impuro! ¡Impuro! pero, al contrario, quizás por lo que ha oído este hombre de Jesús, la voz que resuena es: “Si quieres, puedes purificarme”. El texto centra su atención en la acción de “limpiar”, pues bien, en tan corto pasaje se encuentra cuatro veces la raíz del verbo griego khatarizō - “purificar”. Aparecería aquí el proceso de la novedad que involucra las acciones del “impuro” y de quien purifica, Jesús: El necesitado debe “acercarse”, “suplicar” y cumplir con lo que prescribe la Ley; que se complementa después con el testimonio que da. De parte de Jesús tenemos que él siente lástima o compasión, el termino griego es el famoso splagchnizomai, “compadecerse o tener misericordia”; se trata de un amor que conmueve desde la profundidad de las vísceras, lo que permite que Jesús se acerque, “extendió la mano y lo tocó”; Jesús rompe el esquema de marginación y exclusión del “impuro”, con sus gestos denuncia el formalismo de las practicas rituales, colocando el acento en la integralidad de la persona, en la transformación del corazón y la creación de una nueva relacionalidad comunitaria. El pasaje de la segunda lectura es la conclusión de la sección concerniente a lo inmolado a los ídolos (1 Co 8 – 11,1). Los cristianos de Corinto se hallan en el dilema si pueden comer la carne sacrificada a los ídolos sin caer en idolatría. Pablo responde con el principio que el cristiano es libre, pero la caridad le exige respetar la opinión o conciencia de los otros y no provocar escándalo. Concluye con soluciones prácticas, no siempre vale el principio “todo me está permitido” (1 Co 10,23). Para proceder correctamente hay que imitar a Pablo como él imita a Cristo; en concreto, no ha de buscar su propio interés (v.24), sino que todo sea para la gloria de Dios (v. 31) y buscando el bien de la mayoría a fin de que se salven (v. 33). La Gloria de Dios y la salvación de los demás imponen renuncias y comportamientos al cristiano de manera que estos fines se realicen. La llamada imitatio Pauli, consiste en que él se presenta ente sus comunidades como ejemplo a imitar, no solo en este texto sino en muchos otros; aquí su imitación conduce a la imitatio Christi que llevará a una especie de sistema jerárquico de imitación: Dios – Cristo – Pablo – comunidades cristianas – Otras comunidades. Pablo se muestra ejemplar ante la libertad cristiana, esta libertad no debe ser escandalo para nadie, sino que su uso es para la gloria de Dios. Esta actitud de libertad es reflejo de la libertad con que Jesús asumió su vida y su entrega en provecho o salvación de los demás y la Gloria de Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Imitatio Pauli, Imitatio Christi: “seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo” El cristiano está llamado a ser novedad en medio del mundo, a ser “sal y luz” del mundo. El paradigma es imitar a Cristo, y para hacerlo posible hay un sin número de hombres y mujeres que bajo la acción del Espíritu Santo han encontrado formas elocuentes y del todo novedosas de imitar a Cristo. Un Pablo que vive su vida cristiana con libertad, pero sumo respeto en la caridad hacia todos, un evangelizador incansable como Jesús, pastor que siempre se conmovía por sus ovejas. Pienso en una Madre Teresa de Calcuta, mujer que rompió paradigmas y extendía su mano para tocar todo tipo de enfermos, más que con su mano en verdad con su amor cristiano. Un Francisco, Papa de la radicalidad del encuentro con Jesús y la vivencia del evangelio, no teme encontrarse, saludar, escuchar incluso a los que la sociedad hoy rotula como “impuros”; dirá “¿Quién soy yo para condenarlos?” Y con su gesto de lo que él ha llamado cultura del encuentro produce más gozo y conversión que los rótulos que descalifican y excluyen a aquellas ovejas que Jesús ha venido a buscar; pues él fue claro: “No necesitan medico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a la conversión a justos sino a los pecadores” (Mt 5,32). Imitar a Jesús implica tener la audacia que él tuvo para dar Gloria a Dios y buscar la salvación de los demás, no su interés sino el bien de la mayoría. Hay que salir del rigorismo que excluye y margina la persona humana, no podemos seguir colocando rótulos de “impuro y puro”, hay que vivir como Jesús sin miedo a romper esquemas de exclusión y con un verdadero sentimiento de amor hacia el otro incorporarlo en la dimensión de la comunidad que se siente perdonada por Dios y vive la experiencia de ser Pueblo de Dios. La nueva lepra de hoy se manifiesta de mil formas, sin querer ser exhaustivos, pienso en las condiciones sexuales, en las enfermedades desconocidas que no entran bajo el control absoluto del hombre, la lepra de hoy es la exclusión social por color político o económico que polariza la comunidad. La lepra de hoy es la corrupción generalizada que condena a la vida harapienta a la inmensa mayoría, porque unos pocos solo piensan en su propio interés y no en los demás. La pandemia y sus efectos son una lepra. El coronavirus ha tocado la persona humana y quienes son tocados por este “mal leproso” han vivido y viven en carne propia lo que es ser tildado de “impuro”, sienten en su vida como los afecta en su condición física, espiritual y social. Son excluidos de toda relación, condenados a la soledad y a la miseria de “no seres humanos”; su enfermedad y muerte son “una desgracia” que con decisiones antihumanas hay que deshacerse de cualquier evidencia. Los excluimos de cualquier relación humana, aunque siguen en medio de nosotros, son marginados, los hacemos vivir solos y excluidos como si “moraran fuera del campamento”. Imitar a Cristo, sentir amor auténtico por el otro, no tener miedo de tocar, querer el bien para quienes han sido afectados, recuperar valientemente nuestras relaciones de comunidad humana y cristiana. Nuestra vida va más allá del temor, vivimos y morimos en Cristo. Esta realidad nos ofrece un ambiente propicio para vivir la imitación de Cristo, recuperar la dimensión religiosa y social por encima de prohibiciones absurdas como si se fuera dueño y señor de la vida. Que nuestra fe no se quede en un intimismo que aísla y encapsula en un ambiente egoísta y exclusivamente personal. Aquí hay que dar testimonio, ser ejemplo e imitar a Cristo. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor que nuestra vivencia cristiana sea autentica como tu vida, que no tengamos miedo de vivir el encuentro con los más excluidos de la sociedad e integrarlos en esta historia de salvación. Que cada uno sepa acercarse, suplicar, vivir lo mandado por tu Ley y dar vivo testimonio del encuentro íntimo contigo. Míranos, Señor, siente tu conmovedor amor, tiende tu mano, tócanos, limpia nuestra impureza y haz que seamos imitadores de tu gran amor. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos esta es nuestra casa, con frecuencia somos invitados a vivir nuestra vida en estos espacios, pero puede darse que no nos sintamos en nuestro ambiente; así que recordemos que en la casa de Dios no somos extraños como en tierra extranjera; aquí en verdad somos ciudadanos del Reino, estamos en nuestra propiedad. Construyamos comunidad, acerquémonos a Jesús, vivamos un profundo encuentro con él, dejémonos tocar por amor, y como respuesta en todas las dimensiones de nuestra vida: Imitemos a Cristo. Monición a la Liturgia de la Palabra Hermanos vamos a escuchar la Palabra de Dios, ella siempre nos sorprende con la novedad, pero hoy, de manera especial, nos invita a abrir nuestros oídos y escuchar lo que ha vivido el pueblo de Dios, para que aprendamos a Imitar al Señor y no nos quedemos en nuestros estrechos esquemas de condenación. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Señor Dios, que has dispuesto la historia de la salvación para que el hombre aprenda a hacerlo todo para Gloria de Dios y salvación de la humanidad, escucha la oración de tus hijos que imploran tu bendición. Diciendo: R. Bendice a tu pueblo Señor 1. Padre Bueno, te pedimos por tu Iglesia, especialmente por nuestros pastores y nuestro párroco para que en sus enseñanzas nos muestren el verdadero camino para Imitar a Cristo el Salvador. 2. Padre Generoso, te suplicamos por quienes tienen el poder de autoridad en nuestra comunidad para que sepan interpretar los signos de los tiempos, y con sus decisiones den Gloria a Dios y busquen siempre la salvación de la humanidad. 3. Padre Misericordioso, te pedimos por la humanidad rotulada como “impura”, mírala con tu misericordia, absuélvela de su culpa y reintégrala a la vida espiritual y social. 4. Padre amoroso, te pedimos por los enfermos y por todos los que sufren para que vivan unidos a ti y ofrezcan su fidelidad, sufrimientos y oraciones por la evangelización del mundo. 5. Padre Buen Pastor, te pedimos por esta asamblea que es tu rebaño, tiene necesidad de tus cuidados amorosos, líbranos de caer en el escándalo, más bien enséñanos y danos la gracia de aprender en todo a Imitar a Cristo el Señor. En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales Oración conclusiva Oh Dios, acoge favorablemente las súplicas que te hemos presentado, e incluso aquellas que han quedado en el secreto del corazón, y concedeos vernos beneficiados de tu bendición. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.

Jue 4 Feb 2021

Curó a muchos enfermos de diversos males

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Febrero 7 de 2021 Primera Lectura: Jb 7,1-4.6-7 Salmo: 147(146),1-2.3-4. 5-6 (R. cf. 3) Segunda Lectura: 1Co 9,16-19.22-23 Evangelio: Mc 1,29-39 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Desde las lecturas que se nos ofrecen para este domingo, tres temas emergen para nuestra reflexión: • El sentido y la brevedad de la vida humana sometida al trabajo y a la enfermedad. • Los oficios desarrollados por el hombre y su respectiva recompensa, donde entra la dimensión infrahumana y trascendente del valor del trabajo y su “paga”. • El sentido que Jesús (su mensaje en acción: la evangelización) da a la vida humana. Este tema es el que abordaremos a continuación. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El texto de la primera lectura forma parte del primer ciclo de conversaciones entre Job y sus amigos (cap. 3-14); Job ha exteriorizado su confusión y desahogo por la situación, más que difícil, que está viviendo; sus amigos han intentado ayudarlo condenando injustamente a Job en una pretendida defensa de Dios, donde “Dios premia a los buenos y castiga a los malos”. Job responde a su amigo Elifaz (6,1 - 7,21) reiterando su confesión de inocencia, al tiempo que describe los grandes sufrimientos, y concluye haciendo una lectura sobre el sentido de la vida humana, donde el principio de premio y castigo de buenos y malos es insuficiente para comprenderla, porque la vida desde la experiencia vivida no es vista más que como un “servicio”, un “jornal”, “una sombra”, “un soplo”, un “consumirse sin esperanza”, una “fatiga” que se alarga inexplicablemente. El tema dominante de la primera lectura es un desgarrador lamento sobre la fugacidad de la vida humana que se muestra frágil, sufriente. ¿Qué puede cambiar este desgarrador sentido de la vida humana? El salmo 147 (146) es una primera respuesta. Es un himno de alabanza a Dios, estructurado en tres secciones mediante claras invitaciones a la alabanza (vv. 1.7.12); la primera sección que es la que se ha proclamado, invita a alabar al Señor porque es el protector de los humildes; se celebra el poder y la bondad de Dios que es grande y poderoso, y que muestra su poder con las acciones que realiza, pues después de la tragedia de la deportación reconstruye la ciudad y la vida destrozada del pueblo. La narración del evangelio presenta las curaciones en la jornada de Cafarnaúm y una síntesis del recorrido de Jesús por Galilea. Tres partes: 1. La curación de la suegra de Pedro, en su casa, destacando la presencia de los discípulos que han sido llamados - Pedro, Andrés, Santiago y Juan (vv. 29-31); 2. Un resumen de la actividad de Jesús: curaciones y exorcismos (vv. 32-34) 3. Otras acciones de Jesús: Oración y predicación. Pero, el evangelio nos dice algo más que el mero recuerdo histórico. Aquí aparece la irrupción de Jesús en la historia concreta del hombre, pues él “salió” para prestar su servicio a la vida humana. El texto se estructura a partir del verbo “salir” y las acciones complementarías de este salir; esta insistencia debe notar que Jesús salió del Padre y vino al mundo para dar sentido a esta existencia. “Salió” de la sinagoga para “acercarse” y entrar en “contacto” con los necesitados, con el hombre sumido en la enfermedad y la realidad que le hace experimentar la existencia humana como desgarradora; Jesús se “levantó” y “salió” para entrar en relación con Dios, salió para “hacer oración”; definitivamente, la acción de Jesús se resume en que él “salió” para “recorrer” y “predicar”, es decir, llevar la Buena Nueva; y ésta se realiza con gestos concretos sirviendo al hombre sumido en su lamento, él salió para “curar” y “expulsar a los demonios”. Así, el mensaje del evangelio, Jesús Hijo de Dios, es la respuesta definitiva al desgarrador lamento sobre la fugacidad de la vida humana. Pablo, en la segunda lectura, bien que el texto pertenece a la reflexión sobre los derechos de los apóstoles o de quienes anuncian el evangelio, se encuadra en el sentido de la vida. Pablo proclama el evangelio sin buscar salario alguno, porque su gozo, ganancia, paga, es haberse encontrado con el Resucitado; su paga es “precisamente dar a conocer el Evangelio”, él tiene claro por qé hace las cosas que hace, “hago todo esto por el Evangelio, para participar de sus bienes”. El Evangelio es Jesús, su mensaje, y por él hace todo. Predicar es un encargo u oficio que lo exige todo y da sentido a todo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Jesús da sentido a la vida humana. El hombre afligido conoce su miseria; la reflexión de Job es solidaria de la humanidad entera que sufre, que se resigna a morir, pero que en medio de su angustia percibe que la existencia humana tiene una misión, un servicio que realizar. La dimensión trascendente confiere a la vida del ser humano un sentido de gran valor. Encontrarse con Jesús y su mensaje todo se transforma; Jesús no deja las cosas iguales. Esta no es una idea o frase de cajón, sino que es la inexplicable respuesta que Dios ha dado a la humanidad. Nada más provechoso que abrir el corazón y conocer a Jesús. Les pasó a los discípulos que él llamó a su caminar, a Pablo, a la suegra de Pedro que se levanta y se pone a servirles; les pasó a ellos, y les ha pasado a millones de personas a lo largo y ancho del mundo y de la historia. Y hoy pasa aquí contigo y conmigo. La apertura de corazón para alabar a Dios introduce una dinámica nueva en la existencia, la oración crea un espacio de confianza e intimidad transformante, solo debemos repetir el gesto de Jesús, “salir e ir a un lugar solitario” para encontrarnos con Dios en la oración. El lugar solitario es cualquier lugar, mejor aún, el lugar solitario es el corazón, en ese ambiente debe nacer la oración. La vida mirada desde la oración adquiere valor, vista desde la mera condición humana no es más que lamento desgarrador. Jesús “salió” del Padre y vino a nuestro encuentro para dar sentido a nuestra existencia; su acción transforma las realidades que desgarran la vida humana; la muerte, el mal, el sufrimiento, el dolor, los mismos amarres del demonio son nada ante el Señor. Como él mismo le responde a Pedro, “para esto he salido”; él ha salido, es decir, se ha encarnado, para ser la respuesta última y completa a la realidad del ser humano. La humanidad tiene necesidad de conocer a Jesús, y Jesús tiene deseos de ir al encuentro de toda la humanidad; lo expresaba Pedro en el evangelio “todo el mundo te busca”; ojalá esta sea la realidad de hoy. Para que este encuentro entre Jesús y la humanidad acontezca, hoy, se necesitan hombres y mujeres que, como la suegra de Pedro, Pablo y los otros discípulos, entiendan que después de conocer al Señor solo hay una respuesta: ¡Servirlo!, “se puso a servirles” o como lo entiende Pablo, predicar, evangelizar, “es que me han encargado este oficio”. Jesús nos enseña a vivir la “cultura del encuentro”. Él salió del lugar del culto (sinagoga) y entró en el lugar de la existencia cotidiana (casa), y en sus actitudes se vive la cultura del encuentro, pues “se acercó” y “tocó”. Hoy corresponde a sus seguidores seguir repitiendo estas actitudes; ir al encuentro del otro, especialmente del enfermo y los marginados, como dice el Papa Francisco, ir y tocar la carne de Cristo en los enfermos. Se necesitan evangelizadores convencidos del poder y amor de Dios. Evangelizadores que hagan todo por el Evangelio. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, que nuestra oración sea una alabanza por todo el amor que tú nos has manifestado; que cada momento vivido sepamos usarlo para tener un mayor e íntimo encuentro contigo, encuentro que transforme nuestra vida y nuestra manera de ver la vida, encuentro que nos lleva a ser evangelizadores, a darlo todo con entrega total por el Evangelio. Que el mundo te conozca y te sirva, no de palabras sino de obras concretas en bien de los más necesitados. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos el Señor nos convoca, una vez más en su glorioso día, para vivir este encuentro intimo con él, y nos invita a dejar en sus manos el sentido de nuestra vida, especialmente abandonar en su amor los dolores y sufrimientos que aquejan nuestra existencia; pero al mismo tiempo confiar a él nuestro compromiso evangelizador que da sentido a nuestra existencia y que, transforma la vida de los demás. Trayendo, pues, nuestras tristezas y alegrías participemos con fe en esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra Las realidades que a diario vivimos nos cuestionan sobre el sentido de la vida humana, nos preguntamos ¿qué da sentido a esta fugacidad de la existencia humana? Las lecturas nos mostrarán que este interrogante se ha planteado desde muy antiguo, y que muchos creyentes, en la vivencia de su fe, y en la búsqueda de sentido, han encontrado respuestas sorprendentes. Escuchemos con fe. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Elevemos hermanos nuestra oración a Dios, para que con su gracia acoja nuestras súplicas, dé sentido a nuestra existencia y nos ayude a servirlo con santidad y justicia todos los días de nuestra vida. R. Santifica a tu pueblo Señor 1. Oh Dios, custodia a tu Iglesia, protege al Papa Francisco y asiste a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Colombia para que, viviendo el encuentro con Cristo, ayuden a su rebaño a vivir las dinámicas de la Nueva Evangelización. 2. Oh Dios, ilumina a los legisladores y gobernadores para que, viviendo el encuentro con Cristo, tomen decisiones y acciones que busquen siempre el bien común. 3. Oh Dios, socorre y consuela a tu pueblo conservándolo en la paz y concede la gracia del encuentro con Cristo, para que cada uno sea un verdadero evangelizador para los demás, haciendo todo por el Evangelio. 4. Oh Dios, esta asamblea te alaba y te bendice al reconocer que solo tú con tu providente amor das sentido a nuestra existencia, acoge favorablemente nuestra humilde oración y concédenos un ferviente espíritu evangelizador. En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales Oración conclusiva Acoge, Padre bueno las plegarias que tus hijos te han presentado con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén

Vie 29 Ene 2021

El pueblo que andaba en tinieblas vio la luz de un gran día

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Enero 31 de 2021 Primera Lectura: Dt 18,15-20 Salmo: 95(94),1-2.6-7ab. 7c-9 Segunda Lectura: 1Co 7,32-35 Evangelio: Mc 1,21-28 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La Palabra de Dios que se nos ofrece para este domingo, sugiere tres temas que pueden orientar la reflexión: • La elección del profeta que comunica la Palabra de Dios, aparece libre de contaminarse con otros dioses e ideas que confunden y desvían al pueblo. • El hombre y mujer que se consagran a Dios pueden hacerlo en la libertad de dedicarse tiempo completo al servicio del Señor, o de sentirse divididos frente a los deberes con el mundo. • La autoridad de Jesús quien, con gestos y palabras, expulsa al demonio inmundo que se encuentra dentro de la sinagoga y que lo reconoce como el santo de Dios. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la primera lectura del Libro del Deuteronomio, Yahveh Dios habla al pueblo de Israel a través de Moisés sobre las disposiciones de quienes han de ejercer la vocación profética. Dios pondrá sus palabras en la boca del profeta y le comunicará sus mandatos. Dios juzgará al profeta por su obediencia en la comunicación de su palabra al pueblo, pero si el profeta no es fiel a sus palabras y se desvía hablando en nombre de otros dioses, será reo de muerte. El apóstol San Pablo recomienda y forma a la comunidad de Corinto en la libertad de preocupaciones del mundo para servir al Señor en santidad de cuerpo y espíritu, procurando el trato digno y asiduo con el Señor, sin división. Distingue entre el hombre y la mujer casados o no casados, pues, quien está casado está dividido, ya que se preocupa de las cosas del mundo; mientras, quien no está casado es más libre de estas preocupaciones para servir al Señor. Todo bautizado es un profeta que, discerniendo su vocación, dedica su tiempo al servicio del Señor sin ataduras, ni compromisos con las cosas del mundo que lo dividen, distraen y le quitan tiempo para dedicarse a las cosas del Señor. En el Evangelio, Jesús llega a Cafarnaúm con los apóstoles y comienza a enseñar el sábado. En la sinagoga hay un hombre de espíritu inmundo que lo reconoce como el Santo de Dios. Cuando Jesús expulsa el espíritu inmundo del hombre, la gente estupefacta y sorprendida percibe en Él una doctrina nueva, expuesta con autoridad; en efecto, manda los espíritus inmundos y le obedecen. Jesucristo, el Profeta por antonomasia, sorprende porque su autoridad es totalmente coherente entre lo que dice (palabras) y lo que hace (gestos). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Palabra de Dios interroga nuestra vocación como sacerdotes, profetas, religiosos, religiosas, laicos, esposos, esposas y laicos en la misión de anunciar y denunciar la verdad a nuestro pueblo. Advierte sobre la necesidad de no acomodarnos a la Palabra de Dios por nuestra condición o elección que hayamos hecho. Igualmente, la Palabra nos advierte sobre las doctrinas atractivas y mundanas que nos pueden confundir y alejar de la recta doctrina. Hay que permanecer fiel al Dios único y verdadero, manifestado en su Hijo Jesucristo. La autoridad con que nosotros hablamos debe proceder de la humildad y caridad en el servicio a los demás, las palabras convencen, pero el testimonio arrastra. La autoridad, es la coherencia de una vida que testimonia a Jesucristo, más que con nuestras palabras, con la vida ofrecida en servicio a los demás, especialmente a los enfermos, pobres y más vulnerables de nuestra sociedad. No todo quien va al templo tiene garantizada la salvación, pues los espíritus inmundos también acuden a las celebraciones litúrgicas, van a misa, comulgan y reconocen a Dios. Cuidado con sentirnos seguros de nosotros mismos; pretender medir nuestra conversión por los actos externos, el número de obras de caridad o creer que la gracia de Dios la podemos adquirir o comprar mediante la fuerza del mérito propio. Hay que evitar el espíritu mundano que nos lleva a caer en la falsedad, la hipocresía y la doblez de corazón, creyéndonos justificados. Igualmente, la Palabra invita a renovar nuestro compromiso profético adquirido en el bautismo, que nos advierte sobre el cuidado de no emigrar hacia dioses falsos que engañan y nos separan de la recta doctrina de la salvación. La sociedad moderna está llena de sutiles y variadas formas de espíritus inmundos, de ofertas esotéricas, sectas y nuevos movimientos religiosos, que tergiversan la recta enseñanza de la Iglesia y nos pueden desviar hacia caminos tortuosos de engaño y perdición. Hay que cultivar nuestra formación en la fe, mediante la catequesis, la fe, el amor y el servicio en nuestros grupos y comunidades parroquiales. La Palabra de Dios de este domingo, nos invita a vivir al servicio de la palabra de Dios y de la Iglesia de acuerdo con la vocación a la que hemos sido llamados, ejerciendo todos la dimensión real, profética y sacerdotal que hemos recibido en el bautismo. En las palabras que el Papa Francisco dirigió, en su visita a Colombia, durante el encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados, consagradas, seminaristas y sus familias, resaltamos algunas ideas que explicitan la temática que nos invita a reflexionar la Palabra de Dios en este domingo: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo, el gozo de evangelizar”… “Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es ¨subir de categoría¨, apegarse a intereses materiales, que llegan incluso a la torpeza del afán de lucro” ... “Con los gestos y palabras de Jesús, que expresan amor a los cercanos y búsqueda de los alejados; ternura y firmeza en la denuncia del pecado y el anuncio del Evangelio… ¿cuántas veces escuchamos hombres y mujeres consagrados que parece que, en vez de administrar gozo, alegría, crecimiento, vida, administran desgracias, y se la pasan lamentándose de las desgracias de este mundo? Es la esterilidad, de quien es incapaz de tocar la carne sufriente de Jesús”. (Encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados seminaristas y sus familias, Coliseo La Macarena, Medellín, 9 de septiembre de 2017 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La presencia de Jesucristo en la sinagoga sorprende por la autoridad con que ejerce su palabra y la coherencia con que actúa. Al paso de Jesucristo por nuestras vidas, no debemos ser indiferentes, sino que nos debe ayudar a construir el mundo, dando la prioridad a Él, y creciendo en el servicio a los demás de acuerdo con nuestra vocación de consagrados. El encuentro con Jesucristo vivo, hace que sus gestos y palabras estimulen nuestra misión y el servicio a los demás con caridad y verdad, para ayudar en la sanación de tantas formas inadecuadas de fe que nos pueden perder y confundir en el camino que conducen a la auténtica salvación, aun estando dentro de la Iglesia. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos hermanos a esta celebración Eucarística dominical, donde nos encontramos reunidos alrededor del altar, convocados por el amor de Dios y la autoridad de Jesús, quien nos llama a hacer real la voluntad de Dios en nuestras vidas, Pidámosle al Señor que podamos vivir su Palabra conforme él nos la presenta. Iniciemos esta celebración con mucha alegría de encontrarnos como hijos de Dios. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra que Dios nos dirige hoy, en principio, lo hace a través de los profetas, quienes son los portadores de ella, pero en el Evangelio vemos que ya es Jesús quien, con autoridad amorosa, se hace Palabra y se muestra como el Mesías esperado. Escuchemos Oración Universal o de los Fieles Presidente: Invoquemos a Jesús, para que el Padre misericordioso escuche las peticiones y necesidades de nuestro mundo, convertidas en plegarias. Digamos: R. Escúchanos, Padre de Misericordia 1. Por la santa Iglesia reunida aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo, para que sus obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos tengan la valentía de predicar el Evangelio en todo tiempo y lugar. Oremos 2. Por los jefes de las naciones, para que su autoridad no sea respuesta a deseos personales, sino que esté al servicio de los más necesitados y sus obras logren el bienestar de los pueblos. Oremos 3. Por los padres de familia para que, a través de su autoridad en el hogar, recibida a través del sacramento del matrimonio, se dediquen a amar y ser amados a ejemplo de Cristo. Oremos 4. Por nuestra comunidad parroquial, para que la Palabra de Dios pueda ser vivida y testimoniada por todos los que hagan parte de ella. Oremos 5. Por todos nosotros presentes en esta Eucaristía, para que cada día la Palabra de Dios ilumine y oriente nuestra vida. Oremos Oración conclusiva Dios nuestro, Escucha las peticiones que estos tus hijos te dirigen con fe y esperanza. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén

Jue 21 Ene 2021

Somos llamados a la conversión universal que traspasa las fronteras

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Enero 24 de 2021 Primera Lectura: Jon 3,1-5.10 Salmo: 25(24),4-5ab.6+7bc.8-9 (R. cf. 18) Segunda Lectura: 1Co 7,29-31 Evangelio: Mc 1,14-20 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La Palabra de Dios, en este domingo, nos invita a la reflexionar y profundizar sobre: • Somos llamados a la conversión universal que traspasa las fronteras. El profeta Jonás, en efecto, se resiste a obedecer a Dios, quien lo envía a un pueblo pagano a predicar la conversión de sus pecados e idolatrías, un pueblo que no es judío, por lo tanto, diferente a su cultura, religiosidad y costumbres. • La invitación al desapego a los bienes materiales y a asumir una actitud de indiferencia hacia los antivalores que presenta el mundo temporal. • El llamado que Jesucristo hace a los primeros apóstoles a seguirlo, dejándolo todo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Jonás, después de atravesar la etapa de discernimiento y resistencia de su vocación, acepta la misión que Dios le encomienda: predicar la conversión a un pueblo pagano. El profeta obedece en contra de su voluntad. El autor sagrado pone al Señor en ¨actitud de arrepentimiento¨, frente a la reacción del pueblo, que escucha, obedece y se convierte. El pueblo ninivita asume gestos propios de conversión: escucha, ayuna, deja de obrar el mal, se viste de saco; son señales de arrepentimiento. El Apóstol San Pablo, frente a la inminente llegada del Señor y la brevedad del tiempo, recomienda unas actitudes de desapego y relativización hacía los valores de este mundo que son pasajeros: los que tienen mujer, los que lloran, los que están alegres y los que disfrutan la vida, les recomienda vivir en una actitud de indiferencia, frente a los sentimientos, sufrimientos y alegrías del mundo. El Evangelista san Marcos, en continuidad con el llamado a la conversión del pueblo ninivita en el primer testamento, muestra a Jesús quien invita all arrepentimiento de los pecados y a caminar en la presencia de Dios. Sin embargo, el Evangelio observa un plus, que modifica y cualifica el esquema anterior del profetismo veterotestamentario. En efecto, en Jesucristo, Dios cualifica y altera el resultado de la conversión a través del llamado y elección de los primeros apóstoles, es decir, haciendo presente la vocación y el Reino de Dios no solo en el pueblo ninivita, sino dentro de cada uno; no solo en los pecadores y humildes de manera genérica, sino en la persona de cada apóstol o discípulo que decide dejarlo todo para comenzar una nueva vida en el Señor. Así, la vocación del apóstol y el discípulo se convierte en sí misma, en un llamado de conversión. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Palabra pone al ministro que es un discípulo de Jesucristo, a reflexionar sobre la misión y el llamado a la conversión, mediante el testimonio de su vida. Cuando se leen estos tres testimonios de Jonás, san Pablo y el de nuestro Señor Jesucristo, interroga el mismo testimonio sacerdotal. El profeta anuncia y denuncia la Palabra de Dios en la vida personal, comunitaria, en la Iglesia y en el mundo actual. Invita a la conversión mediante la confesión y reparación de los pecados propios y del pueblo, y empuja a ofrecer, como miembro de la Iglesia, el perdón, el amor y la reconciliación de Dios consigo mismo, con los hermanos, con la comunidad y con la creación entera. La Palabra de Dios sugiere revisar el contenido de la predicación, el mensaje de salvación, las injusticias que se ven y, que quizá, se omiten por temor a sufrir las consecuencias de un anuncio profético. Pone a pensar, cómo la Palabra que se anuncia y se denuncia, se convierte para el sacerdote mismo, no solo en palabra externa, sino en tarea y compromiso de vivir con convicción, siendo testigo de una realidad que involucra y no deja pasar indiferente al ministro que la proclama. Finalmente, la Palaba entusiasma a ser testigo, discípulo amado, que, con la palabra y el testimonio de conversión, ayuda a construir el Reino de Dios. Como pueblo de Dios, y comunidad en formación, la Palabra sugiere considerar tres dimensiones: 1. Nuestra vocación de hijos de Dios, a través del Sacramento del Bautismo, nos constituye en sacerdotes, profetas y reyes. Esta vocación profética hace que la Palabra de Dios penetre en nuestro corazón, anuncie y denuncie lo que hay que cambiar en nuestra vida personal, para generar dinámicas de conversión que partan desde nuestra realidad. 2. El contenido del mensaje profético es el Reino de Dios manifestado en Jesucristo. Dios que se encarna para nuestra salvación y cuyo Reino se inaugura cuando nos abrimos a la conversión, nos pide despojándonos de todo aquello que no nos ayuda a caminar en la presencia del Señor. 3. Dios manifestado en Jesucristo, nos elige para ser un pueblo santo, que inicia a caminar desde el llamado a la conversión personal para seguirlo en el cuerpo que es la Iglesia; nos invita a desprendernos de todo aquello que no nos ayuda a construir el Reino de Dios en nuestras vidas. Dios que es Padre, lleno de ternura y misericordia, lento a la ira y rico en clemencia para los que lo invocan, nos motiva a reconocer con humildad que siendo pecadores, podemos caminar en su presencia para ser acompañados y ayudados en nuestro diario acontecer 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El encuentro con Jesucristo cambia y transforma nuestra existencia de una condición pecadora a una renovación permanente de nuestra vida. Jesús nos llama, nos convierte, nos convoca, nos elige para le sirvamos y caminemos en su presencia, para hacernos discípulos misioneros que llevemos su palabra por doquier y nos envía a dejarlo todo para seguirlo y hacer comunidad saliendo al encuentro de todas las personas que Él pone en el camino de nuestra existencia. El encuentro con Jesucristo vivo nos convierte en testigos de su amor. Las palabras del Papa Francisco en su visita a Colombia nos ayudan a reflexionar en este camino de conversión. En efecto, nos animó no solo a dar el primer paso para la paz y la reconciliación, sino a seguir caminando y dando pasos de verdadera conversión con la verdad, la justicia el amor y la reconciliación: “La palabra de Jesús tiene algo especial que no deja indiferente a nadie; su Palabra tiene poder para convertir corazones, cambiar planes y proyectos. Es una Palabra probada en la acción, no es una conclusión de escritorio, de acuerdos fríos y alejados del dolor de la gente, por eso es una Palabra que sirve tanto para la seguridad de la orilla como para la fragilidad del mar”. (Homilía, Parque Simón Bolívar, Bogotá, 7 de septiembre 2017). II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos hermanos a nuestra Eucaristía, encuentro con Jesús en el Pan de la Palabra que nos orienta y exhorta, y el Pan del cuerpo y la sangre de Jesucristo, banquete de Amor que nos alimenta y fortalece. Para que nuestra vida sea coherente con la propuesta de Jesús es necesario abrir nuestro corazón para tener comportamientos y actitudes de conversión de mentalidad y de conducta, siempre en respuesta a la Palabra que hemos recibido. Con la alegría de participar en esta celebración y puestos en pie, iniciemos cantando. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios en este domingo nos muestra que, tanto para el profeta, como para Jesús, la conversión de vida es fundamental para alcanzar el Reino de Dios. Urge la conversión de la mente y del corazón para que pueda haber un cambio de vida. Debemos reconocer que existe pecado y que tenemos que alcanzar el arrepentimiento para lograr el perdón de Dios. Estemos siempre dispuestos a responder al llamado de Cristo. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Animados por el mismo Espíritu de Jesús, presentemos al Padre misericordioso las peticiones y necesidades de nuestro mundo, convertidas en plegarias. Unámonos diciendo: R. Muéstranos Señor, tus caminos 1. Oremos por el Papa Francisco, la Iglesia, sacerdotes, diáconos y laicos comprometidos, para que sean portadores y den testimonio de la Buena Nueva a todos los pueblos. 2. Oremos por nuestros gobernantes, para que, fortalecidos por el Padre e iluminados por el Espíritu Santo, administren con justicia y equidad los bienes puestos para el servicio de todos y logren la unidad y la paz para sus pueblos. 3. Oremos por los que sufren hambre, miseria, los enfermos y desempleados, los presos, los abandonados, especialmente de nuestra comunidad parroquial, para que puedan sentir la misericordia, el perdón y el amor sanador de Dios que los acompaña. 4. Oremos por los jóvenes de Colombia para que, perseverando en la fe, puedan encontrar nuevos caminos que les permitan ser anunciadores de la Buena Nueva a través de sus vidas. 5. Oremos por los que estamos celebrando esta Eucaristía y nuestras familias para que sintamos la necesidad de conversión en nuestras vidas y actuemos de acuerdo con el Evangelio. Oración conclusiva Padre bueno y misericordioso, Escucha las oraciones que tus hijos te dirigen con fe y esperanza, te las presentamos por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén

Vie 15 Ene 2021

El hombre responde al llamado de Dios a través de la obediencia a su Palabra

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Enero 17 de 2021 Primera Lectura: 1S 3,3b-10.19 Salmo: 40(39),2+4ab.7. 8-9.10 (R. cf. 8a.9a) Segunda Lectura: 1Co 6,13c-15a. 17-20 Evangelio: Jn 1,35-42 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La Palabra de Dios de este domingo nos presenta: • A Dios quien, a lo largo de la historia, siempre ha llamado a personas concretas para que cooperen en su misión de salvar a la humanidad. • El hombre responde al llamado de Dios a través de la obediencia a su Palabra. • Cuando Dios llama, prepara a su elegido y lo envía en su nombre, a predicar el Evangelio 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La Palabra de Dios afirma que Dios, a largo de la historia, llama a personas concretas para que le colaboren en su proyecto de salvación universal. Es el caso del llamado de Dios a Samuel en la primera lectura, y del llamado de Jesús a Juan y Andrés, en el relato del Evangelio. Samuel es ayudado por el sacerdote Elí, que le enseñó cómo responder al Señor. Juan y Andrés eran discípulos de Juan el Bautista, él les muestra al Cordero de Dios. De lo anterior, podemos deducir que la experiencia de la vocación, viene mediada por personas, que el mismo Dios pone en el camino, para que indiquen el camino que lleva hacia Él. La Palabra de Dios también nos muestra que para que la vocación llegue a buen término es necesario estar atentos a la voz de Dios para corresponderle con prontitud. Sólo quien escucha a Dios puede responderle debidamente. Al final de la primera lectura la Palabra nos dice que Samuel crecía y que el Señor estaba con él. También al final del relato del Evangelio se nos muestra que los dos discípulos fueron con Jesús, vieron dónde vivía y se quedaron con Él. Todos estos detalles van estrechamente unidos en la experiencia vocacional de cada persona. Además, la Palabra confirma la alegría que sienten aquellos que son llamados por Dios. Es un gozo profundo que llega al corazón y que no se olvida, marca la vida y la divide en dos etapas: el antes del llamado de Dios y el a partir del llamado de Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Palabra de Dios, propuesta para hoy, nos dice que Dios nos llama con nombre propio para algo grande. Cada persona es llamada continuamente por Dios. El primer y permanente llamado es siempre a estar con Jesús, a ser sus amigos, a disfrutar de su compañía, a conocerle y amarle cada vez más. La Palabra pide un corazón dócil y humilde como el de Samuel, para poder experimentar profundamente el llamado de Dios. Juan y Andrés también seguían con rectitud de corazón a Juan Bautista, estaban fascinados por el ejemplo de su santidad, austeridad y veracidad, ellos, como Samuel, experimentaron la llamada divina en sus vidas. Samuel dijo a Dios: Habla Señor que tu siervo escucha. Juan y Andrés dijeron al Señor: ¿Maestro dónde vives? Esto indica que a Dios se le responde con sinceridad. Es necesario escuchar a Dios y obedecerlo. Todos tenemos vocación, todos somos llamados por Dios a vivir con Él y para Él. Quien escucha el llamado de Dios y lo sigue goza de la compañía de Dios y crece en gracia y sabiduría. Es lo que dice la primera lectura cuando afirma que “Samuel crecía, y el Señor estaba con él”. La experiencia personal de ser llamado por Dios marca definitivamente el corazón, la persona es sellada profundamente por el amor de Dios, es algo que no se olvida y que se recuerda con detalles y con fascinación. Así lo vivieron Juan y Andrés. Al respecto el evangelista nos dice que “fueron con Él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde”. Cuando se recuerdan con fuerza los detalles, por ejemplo, la hora en que Juan y Andrés estuvieron con Jesús en su casa, cuando el corazón y la memoria retienen con fuerza natural estas cosas, es porque esa experiencia ha tocado el alma y la ha transformado, sucedió algo grande que cambió la vida, que le dio sentido, que la llenó de gozo, los ojos del alma son iluminados con el resplandor de la verdad y ya no se tiene miedo ni duda alguna. Se ve claro por dónde ir, a quién seguir. La Palabra nos recuerda que Dios ha llamado a muchas personas a colaborar en su misión. La vocación es el llamado de Dios a su servicio. El Concilio Vaticano II afirma que todos somos llamados a la santidad, esta es la vocación fundamental que brota del bautismo. San Juan Pablo II nos dijo que todos estamos llamados a la santidad y a la misión, que “el verdadero misionero es el santo” (RM 90). El Papa Francisco nos pide con insistencia ser “callejeros de la fe”, ser una Iglesia en salida misionera. Para lograrlo es necesario dejarse “captar” por Jesús, dejarse cautivar por Él, abrirle espacio en nuestra vida, dejarnos amar, perdonar y transformar por su misericordia infinita. Es indispensable seguirlo y estar con Él. Son maravillosas las palabras de EG 120 que nos animan a ser auténticos misioneros desde el encuentro sencillo y profundo con Jesús: «Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos “discípulos” y “misioneros”, sino que somos siempre “discípulos misioneros”. Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: “¡Hemos encontrado al Mesías!” (Jn 1,41)». Jesús nos pide abrir el corazón para escucharlo. Samuel estaba en el Templo. Es necesario ir al Templo al encuentro con Dios, visitarlo y adorarlo en el Sagrario, participar fructuosamente de la Eucaristía que es la fuente y la meta de toda la vida cristiana; es Cristo mismo quien nos alimenta con su propio Cuerpo y Sangre. No nos dejemos robar la alegría de encontrarnos con Cristo en la Eucaristía, no nos dejemos robar la alegría de escuchar a Cristo en la lectura orante de la Palabra, tanto de modo personal como comunitario. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Todo encuentro con Jesucristo transforma la vida, es un encuentro espiritual que orienta totalmente la vida hacia Dios y hacia el servicio a los demás. La misión es la consecuencia lógica que brota del encuentro con Cristo. La escucha atenta de la Palabra de Dios, siempre genera un compromiso misionero. El Papa Francisco nos dice que tenemos que ser cristianos que salimos a la calle, que abandonemos el confort y las propias seguridades para comunicar a los demás el amor de Cristo que hemos recibido. El corazón del espíritu misionero es el amor a Jesucristo. Para amar a Cristo es necesario habituarse a estar en su presencia para escucharlo, seguirlo y obedecerlo. En todas las circunstancias y etapas de la vida necesitamos escuchar a Dios, nunca dejemos de ser discípulos, de lo contrario no seremos misioneros del Señor. Cristo pide familias que sean escuelas de santidad, a ejemplo de la familia de santa Teresita del Niño Jesús. Siempre debemos promover una atención pastoral de calidad para los niños. De allí lo fundamental que es acompañar y animar a los padres de familia a ser los primeros y constantes catequistas de sus hijos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos encontramos unidos para vivir el encuentro con el Señor Jesús, el Cordero de Dios, para reconocerlo, escucharlo y anunciarlo con voz de júbilo. Dispongámonos a celebrar con fe y esperanza. Monición a la Liturgia de la Palabra En los pasajes de la Palabra que vamos a escuchar encontraremos cómo nuestra relación con Dios es profunda, él nos llama, nos recuerda que somos su templo y que nos invita a buscarlo y reconocerlo como el Cordero de Dios que nos motiva a ir y ver dónde mora. Escuchemos con atención y recogimiento. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Reunidos para celebrar el Día del Señor, plenitud de la revelación del amor de Dios Padre, presentamos nuestras oraciones, diciendo: R. Señor Jesús, escucha y ten piedad 1. Oremos por nuestra Iglesia colombiana y por la Iglesia universal, para que, unida al Papa Francisco en la caridad, siga comunicando con valentía la presencia de Jesús que nos llama a seguirlo y ser sembradores de esperanza, justicia y paz. Roguemos al Señor. 2. Oremos por nuestros pastores, obispos, sacerdotes, diáconos e integrantes de las comunidades de vida apostólica y vida religiosa para que, imitando la prudencia, la mansedumbre y la bondad de Jesús, hagan crecer en la fe, la caridad y la esperanza a cuantos les han sido encomendados. Roguemos al Señor. 3. Oremos por los gobernantes de las naciones y las autoridades civiles y militares, para que, movidos por el espíritu de servicio, construyan con sabiduría y honestidad caminos de unidad y de reconciliación. Roguemos al Señor 4. Oremos por las familias, para que, con caridad, modestia y castidad, permanezcan unidas en el gozo de la fe y alienten el entusiasmo por una vida de amor a Dios y amor entre esposos y hermanos. Roguemos al Señor. 5. Oremos por los enfermos, presos y secuestrados, para que Cristo los sane, les conceda la libertad, los colme de esperanza de vida, y premie y glorifique a quienes han muerto en su misericordia. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Señor, acoge las oraciones que confiados te presentamos por mediación de Jesucristo, quien vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén

Lun 4 Ene 2021

'Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo'

EL BAUTISMO DEL SEÑOR Enero 10 de 2021 Primera Lectura: Is 42,1-4.6-7 Salmo: 29(28), 1a+2.3ac-4.3b+9b-10 Segunda Lectura: Hch 10,34-38 Evangelio: Mc 1,7-11 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Hoy, “festividad del Bautismo del Señor”, conmemoramos el momento en que Juan el Bautista sumerge en el Río Jordán a Jesús, de quien decía: • Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo; • Sobre el que desciende el Espíritu Santo con su voz: Tú eres mi Hijo amado, el predilecto. • Celebramos al Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La Palabra de Dios en este domingo, del Bautismo del Señor, con el que se culmina el ciclo de la Navidad, nos ofrece, mediante el profeta Isaías, el tema del llamado al servidor y a los hijos de Dios, el llamado de la justicia divina: “te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones;” llamado al servidor de Dios “para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas;” llamado en el que se presenta a la persona del Señor Jesucristo, anunciado como el mensajero de la paz. El salmo28 (29) nos lleva a sentir la acción de la gloria de Dios mediante la naturaleza. Gloria que se manifiesta sublime en el bautismo del Señor Jesús. Él asume su misión y toma el camino de todos los que desean vivir una vida humana plena y fiel, de acuerdo con su Plan de Salvación, con el proyecto de fe y de amor. San Pedro, nos recuerda cómo Jesús de Nazaret, fue “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él;” de quien Juan había dicho: “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”, y a quien Jesús le pide que lo bautizara en las aguas del Jordán. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La venida del Verbo del Padre al mundo fue anunciada por los profetas y al llegar el momento de su Bautismo proclamada por el Padre altísimo, mediante el Espíritu. Bautismo con el que se convierte en el pionero de todos los que creen en Dios y de los que sienten la necesidad de vivir en una situación de conversión permanente para nacer de lo alto. En el bautismo, Jesús el Hijo nos une al Padre. En Jesús, somos hijos e hijas amados del Padre, quien nos ofrece la presencia de su Espíritu. La voz del Padre nos invita a oírlo, a reconocer a su Hijo Jesús y a seguirlo con admiración e ilusión, para que con Él disfrutemos la buena noticia de su paternidad y la llevemos a quienes más lo necesitan: los pecadores. El Bautismo del Señor Jesús nos coloca ante la realidad del llamado a la vida, a la vida humano divina, histórica y trascendente. Nos recuerda que antes de ser concebidos humanamente, ya estábamos en Dios desde el comienzo y, luego, nacimos a la vida natural y, regenerados con el agua del bautismo, empezamos a participar de la vida nueva, de ungidos por el Espíritu con y junto a Jesús, en enviado del Padre. El Espíritu desciende sobre el Señor Jesús y empieza su vida y su manifestación divina, como Hijo de Dios y ungido por el Espíritu. Vida pública del anuncio y la realización del Reino. Se deja escuchar la voz del cielo que proclama al Hijo amado y Siervo, muy unido al Padre y entregado del todo a la humanidad. Este momento es el recuerdo y mucho más, el acontecimiento que de una vez y para siempre nos lleva a la humanidad creada por Dios a participar del reencuentro y celebrar el que nos haya hecho hijos de Dios y a hallar la novedad para la humanidad entera. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El agua del bautismo nos hace renacer y al ser consagrados a Dios Padre empezamos a participar de su vida. Esta nuestra vocación humano divina, divino humana, es manifestación de la entrañable misericordia de Dios. Jesús es nuestra medida y la máxima manifestación del amor del Padre, por lo mismo, nuestra primera misión es identificarnos con Él. Identificándonos e incorporándonos con Jesús, en el amor, en la misericordia, en el servicio y en el encontrarle sentido a nuestra vida. El Espíritu de Jesús realiza en nosotros la transformación que, pese a nuestro pecado, a todos los males, a todas las resistencias, nos va configurando a imagen de Cristo. El papa Francisco al iniciar la bula de convocación del jubileo extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus, expresa: Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible, y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, «rico en misericordia» (Ef. 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6), no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr. Jn. 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona, revela la misericordia de Dios. Y en entrevista al papa, de Andrea Tornielli, sobre la misma, titulada ‘La mirada de Francisco’, dice: la misericordia siempre será más grande que cualquier pecado, nadie puede poner un límite al amor de Dios que todo lo perdona.” Unidos a Jesús por el bautismo, tenemos la dicha de sentir que somos hijos muy amados del Padre. El bautismo nos recuerda que Dios quiso estar con nosotros, ser uno con y en nosotros. Con el Bautismo tomamos conciencia del sentido de nuestra vida, de la misericordia de Dios y de la misión que el Padre nos ha confiado por medio de su Hijo amado. Comencemos por sentirnos muy amados de Dios y capaces de vencer las contrariedades que cotidianamente se nos presentan. Dejemos que su Espíritu transforme nuestros corazones, para hacer realidad el proyecto del Padre. La presencia del Espíritu del Señor, hace que en los momentos de dificultades y de duda recordemos que nuestro bautismo nos hace de aquí, de la tierra, y de allá, del cielo. Que sintamos que somos hijos muy amados del Padre y que en Él se vive inmensamente feliz y que su mirada y su voz nos repite que somos hijos del Padre que más nos ama. Que vivamos nuestra filiación divina con naturalidad y que nos sintamos hijos en casa de la familia más valiosa: familia humano divina Por el bautismo Jesús de Nazaret fue sumergido en el Jordán, ungido por el Espíritu y presentado por el Padre, mi Hijo amado, en ti me complazco. Este Don del bautismo nos sumerge en las fuentes del Espíritu, para que emprendamos el nuevo camino de identificación y construcción de la obra del Reino, que culmina en la plenitud de todo en Cristo. Desde aquel día vivimos en el Señor Jesucristo, que vive en cada uno de nosotros y en nuestras familias y con quien ante los ojos del Padre podemos exclamar: ¡soy hijo de Dios! ¡Soy hijo en el Hijo! Desde aquel día su Espíritu nos ha consagrado y guía profundamente, de modo especial, para que nuestros pensamientos, palabras y obras sean inspirados por Él, nuestro vivir nos acerque más a Él con quien constituimos familia de Dios, por sobre nuestras resistencias y nuestras negatividades a ver y escuchar. Además, como Juan Bautista, cada uno de nosotros puede ser un instrumento a disposición de la voz del Padre y del Hijo, guiados por el Espíritu, para que quienes están en nuestro entorno escuchen la voz de lo alto, se acerquen al Hijo amado de Dios Padre y conozcan cómo con Él crecemos y nunca menguamos, para que creyendo tengamos vida eterna. En el Señor Jesús, nosotros escuchamos la voz del profeta que llama a los sedientos a acercarse al agua, a los hambrientos y sedientes de justicia a declararse felices y a escuchar la voz del Padre: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto. Llamado, que en Colombia tuvimos la dicha de escuchar en la voz de esperanza y solidaridad del papa Francisco: “No se dejen robar la esperanza y la alegría”, Mensaje a los jóvenes que lo esperaban en su llegada a la Nunciatura, en Bogotá; y, luego, en la plaza de Bolívar, “Vuelen alto y atrévanse a soñar a lo grande”; y, en la celebración del Ángelus en la ciudad de Cartagena, al término de su visita, nos dijo a todos: “Trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad.” Por eso, pidámosle al Señor Jesús que siempre tengamos hambre y sed de su palabra, el deseo profundo de vivir unidos a Él, guiados por el Espíritu y haciendo el bien, siendo sal y luz del mundo. Que su palabra y la Eucaristía que celebramos nos haga compartir su misión, que lo escuchemos de tal modo que nuestro corazón arda en celo por la salvación de la humanidad, que unidos vayamos conformando nuestra vida y realidad con el proyecto del Padre; y que el Espíritu que habita en nosotros nos haga inconformes con cuanto hay en el mundo de negativo y falto de fe y amor y sedientos de la presencia y el amor de Dios. Al celebrar la fiesta del bautismo del Señor Jesús agradezcamos especialmente nuestro bautismo, que nos da a conocer nuestra identidad más profunda y nuestra vocación: abrir con alegría nuestro corazón para escuchar su Evangelio; dejar que su Espíritu nos unja y llene nuestras vidas del amor divino; y sentir la presencia divina que nos acompaña cada día en el camino de vida que nos propone, que nos promete y que nos compromete. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos como familia humana acompañada de la presencia del Espíritu Santo, para celebrar el acontecimiento del Bautismos del Señor Jesús, dispongámonos para la escucha de la Palabra que nos orienta y para participar de la mesa del encuentro con Él que nos fortalece para nuestro caminar en la fe. Participemos con fe y esperanza. Monición a la Liturgia de la Palabra La lectura de la Palabra que nos lleva al encuentro del Bautismo de Jesús y a escuchar, con el corazón, el mensaje de vida y esperanza, nos renovará la alegría de sabernos creaturas y familia de Dios. Escuchemos con esperanza. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos al Padre eterno nuestra oración y, puesto que creemos que el Señor Jesús, Hijo del Padre, guiado por el Espíritu, fue al Jordán para ser bautizado por Juan, supliquémosle con la confianza de hijos. R. Por el amor a tu Hijo, escúchanos Señor 1. Por la santa Iglesia, para que, ungida por el Espíritu, sea consagrada en la unidad y de testimonio del amor del Padre a toda la humanidad. Oremos. 2. Por los cristianos todos y, especialmente, por los que son perseguidos a causa de la fe, para que el Espíritu del Hijo amado del Padre, los mantenga firmes en la fe y en la verdad por encima de todos los abusos e injusticias. Oremos. 3. Por los padres y madres de familia y por los que defienden la vida en todas sus manifestaciones, para que unidos compartamos y defendamos la belleza de ser hermanos en todos los momentos y circunstancias de la vida. Oremos. 4. Por nuestra comunidad y por todas las Iglesias, para que, con la luz de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, se reavive el don del Espíritu y confiese a Jesucristo, el Hijo amado del Padre, en quien somos hermanos. Oremos. 5. Por nosotros, bautizados, renacidos del agua y del Espíritu, para que vivamos el presente, con la alegría de la promesa, hasta el fin de los tiempos. Oremos. En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales Oración conclusiva Acoge, Señor, nuestras súplicas confiadas que te presentamos por mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Quien vive y reina por los siglos de los siglos R. Amén.

Jue 31 Dic 2020

'¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?'

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Enero 3 de 2021 Primera Lectura: Is 60,1-6 Salmo: 72(71),1-2.7-8.10b-11.12-13 (R. cf. 11) Segunda Lectura: Ef 3,2-3a.5-6 Evangelio: Mt 2,1-12 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La Palabra de Dios en esta solemnidad de la Epifanía, nos ofrece estas ideas significativas para nuestra reflexión: • La epifanía, manifestación del salvador al mundo. • Dios viene a salvar a toda la humanidad. • La epifanía del Señor, continuación del acontecimiento luminoso de la navidad. 1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Hoy la Iglesia celebra la Epifanía del Señor, fiesta se enmarca dentro de las celebraciones de la navidad y los primeros días del nuevo año 2021. Reconocer a Jesús como el Hijo de Dios presente en la historia de los hombres, nos alienta en la fe a postrarnos, como los tres sabios de oriente, para adorarlo, porque sabemos que Él es nuestro salvador, además, de ofrecerle nuestros dones, que no son ni oro, ni incienso, ni mirra, pero sí nuestros buenos propósitos de cambio, de servicio a los más necesitados, de la esperanza de vida nueva. Dejemos que la Palabra de Dios de este día, nos impregne del gozo y la alegría de la manifestación gloriosa del salvador. La primera lectura tomada del profeta Isaías 60,1-6 describe la salvación de Jerusalén, como una luz que disipa la oscuridad de la muerte a la que está sometida toda la tierra, “Mira: las tinieblas cubren la tierra…” Cfr. Is 60,2; sin embargo, Dios se presenta como el nuevo amanecer, “sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti…” Cfr. Is 60,2; la presencia de Dios ilumina a todos los hombres, su resplandor guía a las naciones de la tierra. Jerusalén vera con alegría como todos acuden a ella para traer sus dones “Levanta la vista en torno y mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti…trayendo incienso y oro” Cfr. Is 60,6. En el salmo 72 (71), el salmista hace una descripción del Reino de Dios, este será un reino de justicia y rectitud, en el que los pueblos de la tierra, venidos de todas partes del mundo llegarán a postrarse y le ofrecerán sus dones al gran “Rey”, a quien hoy reconocemos como a Jesús, el Salvador. El apóstol Pablo en la carta a los Efesios 3,2.3ª.5-6, describe el plan que Dios tiene para salvar a los todos hombres, no solo al pueblo de la alianza, sino también, a los gentiles, "que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo" Cfr. 3,6, todos somos herederos de la promesa de salvación. La historia nos cuenta las luchas y la tenacidad del apóstol Pablo, para convencer a la Iglesia de los orígenes, para que comprendiera y se abriera a la misión universal de la salvación. El Evangelio de Mt 2,1-12, nos revela el primer encuentro de Jesús con el mundo gentil. Los tres sabios que vienen desde lejos guiados por una estrella, están seguros en su interior a quien están buscado; al llegar donde estaba Jesús, María y José, reconocieron en el niño al enviado de Dios, “Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre y cayendo de rodillas lo adoraron…” Cfr. Mt 2,10-11. La fe y la bondad de los gentiles que reconocen en el niño Jesús al Mesías, contrasta con la dureza y crueldad de sus compatriotas que no lo quisieron reconocer, ni lo aceptaron. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La escena que hoy nos describe el Evangelio, trae a la memoria la admiración que sentíamos cuando éramos niños a la hora de preparar el pesebre para la celebración de la navidad, la manera como muchos de nuestros padres nos enseñaron a contemplar el misterio del nacimiento del Señor, la ubicación de la estrella sobre la casita del niño Jesús, la construcción de un camino sobre el que se colocan las imágenes de los tres sabios de oriente, que el 6 de enero debían llegar al lugar del nacimiento; estos detalles, entre muchos otros, nos llenaban de alegría y, de alguna forma, despertaron nuestra piedad y el conocimiento sencillo de un Dios a quien debemos adorar y darle lo mejor de nuestro corazón. Pienso que en muchos ambientes de la humanidad se ha olvidado creer, adorar, reconocer a Dios presente en la historia. El pecado de la soberbia, del orgullo, de la violencia, del sentirnos mejores y más que los demás, se extiende como una espesa tiniebla, que enceguece y nos hace descreídos, incapaces de ver la luz, de ver a Cristo. Isaías nos recuerda en este bello poema, “Levántate…mira… Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará” Cfr. Is 60,5. El hombre que es capaz de abrirse a la luz y dejarse guiar por ella, como si fuera la estrella de Belén, encontrará a Jesús; no le quedará más que dejarse sorprender y ante la presencia de su salvador, inclinarse para ofrecerle el tesoro más grande su corazón, el amor a Él, a la vida, a la familia, consciente de que Jesús es la luz de Dios, que ilumina y atrae a todos los hombres hacia Él. Después de haber vivido un año tan difícil, por razones de todos conocidas, reunidos para actualizar la epifanía del Señor, es decir su manifestación al mundo entero como el salvador, el mismo Señor Jesús, inspira nuestros corazones y exalta nuestra esperanza, su designio no es otro que salvar a la humanidad, sin ninguna exclusividad, puesto que la salvación es para todos los hombres, de cualquier condición y raza. Hoy se nos invita a ser conscientes de la infinita misericordia de Dios y de su amor, para que, unidos a Él, construyamos un mundo fraterno, justo, digno para todos, más creyente y religioso, lejos de la indiferencia y la dureza de los coterráneos de Jesús. Esta fiesta de esperanza vuelve a ser la oportunidad para que, postrados delante de Jesús, le ofrezcamos nuestras fuerzas en la construcción de un mundo más equitativo y digno, en una nueva etapa de la historia, donde Cristo, la luz del mundo, disipa todas las tinieblas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En medios de tanto dolor y sufrimiento, le pedimos al Señor que no nos abandone, que, así como hemos celebrado en esta navidad el acontecimiento de su nacimiento, recordando, como lo dice Isaías, “el pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz” Cfr. Is 9,2, el mismo Señor se manifieste a cada hombre, a cada pueblo, para que, reconociéndolo, lo adoremos y volvamos el corazón hacia Él, con sentimiento de bondad, de justicia de paz. Pidamos fervorosamente la conversión de todos aquellos que se han olvidado de Dios, de aquellos que, con dureza y violencia buscan sus propios intereses y se han olvidado de los más débiles y pobres. Hoy el mundo, la Iglesia misma necesita ver la estrella de Belén, esto es posible si la dejamos brillar en el propio corazón, le debemos suplicar a Dios todos los días, que nada, ni nadie nos arrebate la alegría de creer, de ser buenos, de actuar con rectitud y honradez, para transformar el mundo en el que vivimos en un lugar donde quepamos todos; que quien nos vea, vea a Cristo y contemple la luz de la estrella de Belén, se asombre y ensanche el corazón de alegría y de servicio a los demás. Los tres sabios de oriente, honraron al Señor con incienso, mirra y oro, regalos para un rey, nosotros no le podemos ofrecer a Jesús esos regalos, pero si nuestra propia conversión, la fidelidad a su Palabra, la obediencia a la voluntad de su Padre, la confianza en su amorosa providencia, el buen trato y la solidaridad con los pobres y los que más sufren; le podemos ofrecer nuestra vida y testimonio, con el anhelo más profundo del alma, de llegar un día a contemplar cara a cara lo que los sabios de oriente vieron con tanto asombro y devoción. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos para escuchar la Palabra de Dios y participar de la fracción del pan eucarístico, hoy la Iglesia celebra la Epifanía del Señor, es decir su manifestación gloriosa como salvador de toda la humanidad. Dejémonos guiar como los sabios de oriente, por la luz de Cristo y postrados delante de su presencia, adorémosle con las ofrendas de nuestros buenos propósitos y sentimientos. Participemos con alegría de la fiesta de la epifanía. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios que va a ser proclamada hoy, impregna el corazón de alegría y esperanza; dejémonos iluminar por el Señor, sigamos la luz de su Palabra y, al encontramos con Él, alegrémonos por su presencia que hace nuevas todas las cosas. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos a Dios nuestro Padre, las oraciones y súplicas que brotan de nuestros corazones, que hoy se regocijan por la manifestación gloriosa de nuestro Salvador. A cada intención nos unimos diciendo: R. Te rogamos óyenos 1. Por la Iglesia, para que lleve la luz del Evangelio a todos los rincones del mundo, especialmente aquellos donde las tinieblas de la injusticia, el odio y la violencia, han enceguecido a los hombres. Roguemos al Señor. 2. Por todos los que se han olvidado de Cristo o no lo conocen, para que, por la predicación del Evangelio, encuentren al Señor y lo adoren con su fe y las buenas obras. Roguemos al Señor. 3. Por los niños y los jóvenes para que, como los sabios de oriente, descubran los signos de la presencia de Dios en el mundo y, llenos de regocijo, vayan a su encuentro. Roguemos al Señor. 4. Por la humanidad entera para que, guiados por la luz de nuestro salvador, superemos con buenas obras, las consecuencias de pobreza y dolor que nos ha dejado la pandemia del COVID-19. Roguemos al Señor. 5. Por todos nosotros aquí reunidos, para que llenos de alegría, dejemos brillar en nuestras vidas la presencia de Dios, nuestro Salvador. Roguemos al Señor. En un momento de silencio presentemos a Dios nuestras oraciones… Oración conclusiva Escucha Padre de bondad, Las oraciones que te hemos presentado con fe. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Mar 29 Dic 2020

'María guardaba todo en su corazón'

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Enero 1° de 2021 Primera Lectura: Nm 6,22-27 Salmo: 67(66) ,2-3.5.6+8 Segunda Lectura: Ga 4,4-7 Evangelio: Lc 2,16-21 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La solemnidad de Santa María, Madre de Dios, nos ofrece varios espacios para nuestra reflexión: • María Madre de Dios y Madre Nuestra • Año nuevo, un nuevo tiempo para Dios • Jornada mundial de oración por la paz 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La celebración de este día tiene varios matices significativos, para la vida de la Iglesia y de la sociedad; en primer lugar, celebramos la solemnidad de María Madre de Dios, en la que honramos la maternidad virginal de María en el contexto de la celebración del nacimiento de nuestro salvador; además, la Iglesia nos invita, este día, a unirnos a la jornada mundial de oración por la paz, como todos los años, el mensaje del Papa Francisco, en efecto, nos alienta a ser instrumentos de la paz y la reconciliación; Igualmente, hoy empezamos un nuevo año, con nuevas expectativas e ilusiones, pero principalmente con la esperanza de tiempos mejores, con trabajo y el bienestar deseado, después del año tan difícil que ha vivido la humanidad entera a causa de la pandemia del COVID 19. La Palabra de Dios acompaña la vida de nuestras familias y de nuestras comunidades al inicio del año 2021, iluminados por su mensaje y acompañados por la maternal intercesión de la Virgen María, acerquémonos al mensaje que el Señor quiere dejar hoy a nuestros corazones. En la primera lectura, tomada del libro de los Números 6,22-27, se resalta la consecuencia de la invocación del nombre de Dios sobre el pueblo de Israel, ella es la “Bendición de Dios”. La historia del pueblo de la alianza, está marcada por duros acontecimientos: esclavitud, un largo camino en el desierto, hambre y sed antes de llegar a la tierra prometida; en esta misma historia, el pueblo israelita ha contemplado los prodigios que Dios ha hecho a su favor, ha percibido poco a poco la grandeza de su nombre y ha comprendido que cundo se glorifica a Dios y se implora su nombre, Dios bendice. “invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré” Cfr. Nm 6,27. En el salmo 67 (66) el salmista suplica piedad y bendición, “El Señor tenga piedad y nos Bendiga” Cfr. Sal 67,2 pide que el rostro de Dios nos ilumine; esta plegaria se eleva a Dios en nombre de todos los pueblos, llamados también a alabar a Dios “hasta los confines del orbe” Cfr. 67,8. En Jesús recién nacido, podemos contemplar el cumplimiento de esta plegaria. El apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4,4-7 exalta el misterio de la encarnación, y lo hace reseñando un detalle muy humano, cunado dice “envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” Cfr. Ga 4,4, la intención del apóstol no es resaltar la figura de la mujer, sino exaltar la figura de Jesús, puesto que, luego de una larga espera “cuando se cumplió el tiempo” Cfr. Ga 4,4 los hombres pasaron de la antigua ley a la nueva, dejaron de ser esclavos para ser hijos. San Pablo nos invita a contemplar en el misterio del nacimiento de Jesús, el tiempo en el que Dios viene a liberar y a salvar al hombre haciéndolo hijo, de ahí la gracia de que podemos llamar a Dios “Padre querido” ¡Abba! Cfr. Ga 4,6. El Evangelio de Lucas 2,16-21 narra una escena llena de ternura, describe como los pastores encontraron a Jesús envuelto en pañales y junto a Él a María su Madre y a José. Los pastores les contaron todo lo que se decía del niño y de regreso a sus aldeas y hogares llenos de gozo, comunicaron todo lo que habían oído y habían visto. El Evangelio nos da un detalle muy especial de María cuando dice que ella “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” Cfr. Lc 2,19, además de recordar que a los ocho días del nacimiento del Señor fue circuncidado y nombrado como se les había revelado, Jesús. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Me parece importante resaltar que el centro de la celebración litúrgica es Cristo, en Él, cada vez que celebramos la Eucaristía y escuchamos su Palabra, encontramos la luz necesaria que nos conduce a la vida eterna. Sin embargo, en este primer día del año, la Iglesia nos permite contemplar la figura maternal de la Virgen María, en ella también encontramos una valiosa ayuda, su intercesión como Madre de Dios y Madre nuestra. El título de “Santa María, Madre de Dios” es el primero y más importante, entre muchos otros, que la Iglesia otorga a la Madre del Salvador. En esta navidad hemos podido contemplar todas las dificultades y limitaciones que tuvieron que enfrentar José y María; a pesar de todos estos sufrimientos, también hemos podido descubrir el gozo y la alegría de la humilde familia de Nazaret, de los pastores, de la creación entera que celebra el nacimiento del Señor Jesús; esa alegría hoy adquiere un significado más profundo, al contemplar a la Madre que veía y oía decir cosas tan bellas del niño, que ahora tiene entre sus brazos; el Evangelio nos recuerda que María meditaba todo esto en su corazón, su silencio y su ternura de madre nos hace comprender la profunda obediencia y la fidelidad inquebrantable de aquella mujer que hoy honramos con el título de María, Madre de Dios. Por el sí de María, podemos contemplar a Jesús, luz del mundo, al Hijo de Dios que ha venido a iluminar nuestras vidas, a salvarnos y a traernos la bendición; su rostro brilla sobre nosotros, y cuando lo invocamos, Él nos trae la bendición, así lo hacemos al empezar este nuevo año “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; El Señor se fije en ti y te conceda la paz” Cfr. Nm 6,23-26. Con San Pablo, contemplando a Jesús nacido de mujer, hoy percibimos la obra del Padre que, al llegar la plenitud de los tiempos nos envió a su Hijo, quien comparte con nosotros la condición humana, nace de una mujer, de María, exaltada hoy como la Madre de Dios; su Hijo es ahora la nueva ley, Él está puesto en medio de nosotros para hacernos pasar de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios; este misterio nos compromete a ser instrumentos del plan de salvación de Dios, puesto que, los que creemos en Cristo, plenitud de la revelación, sabemos que estamos llamados a seguir edificando su Reino de Paz y de justicia. Los pastores son testigos privilegiados de la maternidad de María, del cumplimiento fiel de las tradiciones judías, lo que nos describe el Evangelio con tanta alegría, es el comienzo de la historia de aquel a quien pusieron por nombre Jesús, el Emanuel, Dios con nosotros, que se hace presente en la historia de los hombres, para anunciar la Buena Noticia de la salvación, curando a toda la humanidad de las heridas causadas por el pecado; junto a esta historia se desarrollaran muchas más, las escucharemos cada domingo de este nuevo año, en la proclamación de la Palabra de Dios; de modo especial, aquellas que se refieren a María, Madre de Dios, en breves escenas la veremos como una mujer contemplativa, silenciosa, orante, amorosa, ofrecida por su Hijo a Juan como Madre y en él como Madre de toda la humanidad. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Todos estamos llamados a invocar a Dios y su bendición que hoy tiene un especial significado ya que empezamos un nuevo año. Nuestras familias, amigos y las personas que encontramos a diario en nuestra vida, necesitamos de la Bendición de Dios, hoy ponemos junto al altar nuestros buenos propósitos, puesto que esperamos un nuevo tiempo, un año en el que deseamos encontrarnos para fortalecer la amistad y celebrar la vida. Lo fundamental de esta navidad es reconocer que Dios se ha hecho presente definitivamente en la historia de cada familia, de cada persona, ha venido a salvarnos, su presencia entre nosotros es la de un hermano mayor que señala el camino, que va adelante y con su ejemplo nos enseña a discernir la voluntad de aquel a quien llamamos Padre. Sabemos que en el mundo no abunda la alegría, las consecuencias de la pandemia del COVID 19, los diferentes conflictos armados en muchos lugares del mundo, la destrucción de la casa común, la pobreza y la injusticia, nos llenan de tristeza, pero también sabemos que en medio de todas estas tragedias humanas, siempre hay esperanza, la alegría de los pastores, la felicidad de María y de José, que contemplan al salvador del mundo, son el mejor testimonio de aquella buena noticia que nos trae ilusión, ternura y perdón; no podemos olvidar que Dios nos sigue amando y que Él nos ha dado a María, la Madre de Dios, como madre amorosa y primera intercesora de las necesidades de toda la humanidad. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos hemos reunido este primer día del año para escuchar la Palabra de Dios y participar de la fracción del pan. Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de Santa María, Madre de Dios y, en el contexto de esta celebración de las fiestas de navidad, el Papa Francisco nos invita a unirnos a la jornada mundial de oración por la paz. Coloquemos aquí junto al altar la vida de nuestras familias, la de nuestra comunidad e imploremos de Dios su bendición, para iniciar este nuevo tiempo con la esperanza cierta de la paz y la reconciliación. Participemos con alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios es lámpara que alumbra nuestros pasos, permitamos que su luz nos guie y acompañe durante este nuevo año 2021, abramos el corazón y dejemos que su mensaje transforme nuestra propia vida y la de nuestras familias. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al comenzar este nuevo año y seguros de que cuando invocamos la ayuda de Dios, Él acude para concedernos su bendición, elevemos al Padre nuestras súplicas diciendo: R. Padre de bondad concédenos la paz 1. Por el Papa Francisco, nuestro obispo NN y por todos los pastores de la Iglesia para que, durante este nuevo año, con la gracia de Dios sean mensajeros de la paz y la reconciliación. Oremos. 2. Por los gobernantes de las naciones y los que tienen responsabilidades políticas, educativas y sociales, para que con sus acciones promuevan la justicia y la paz verdadera. Oremos. 3. Por las familias del mundo entero y por nuestros hogares, para que unidos y trabajando juntos en los valores del buen trato y el respeto a los demás, superemos las discordias y lleguemos al perdón. Oremos. 4. Por la humanidad entera que ha sufrido las consecuencias de la pandemia del COVID 19, para que con la esperanza y solidaridad propia de los que creemos en Cristo, superemos las diferencias y construyamos una sociedad más equitativa. Oremos. 5. Por las familias que lloran a sus seres queridos que han muerto, para que, confortados por la esperanza cristiana, sigan trabajando por un mundo mejor. Oremos. En un momento de silencio presentemos nuestras súplicas y oraciones Oración conclusiva Dios y Padre nuestro, al comenzar este nuevo año, con la abundancia de tus bendiciones, atiende estas súplicas que te hemos pedido con fe. Por Jesucristo nuestro Señor R. Amén.