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Es tiempo para volver a Dios
Tags: predicación orante Miércoles de Ceniza Pascua ayuno oración limosna
Monición introductoria de la Misa
Al iniciar nuestro camino cuaresmal, somos marcados con la ceniza que nos recuerda que somos seres humanos llenos de fragilidad. En esta celebración iniciamos un itinerario de purificación interior que, mediante la oración, el ayuno y la limosna, nos ayudan a la penitencia sincera que nos impulsa a buscar la conversión del corazón.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos llama a llama a la reconciliación aprovechando este tiempo de salvación, la penitencia de estos días cuaresmales expresada mediante el ayuno, la oración y la limosna debe servirnos como medio de purificación interior para buscar la conversión de corazón.
Primera lectura: Joel 2,12-18
Salmo: 51(50),3-4.5-6a.12-13.14+17 (R. cf. 3a)
Segunda lectura: 2Corintios 5,20 - 6,2
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
Reflexión
Hoy iniciamos nuestro itinerario cuaresmal como camino hacia la Pascua y la Palabra de Dios nos hace caer en la cuenta de la realidad del pecado que nos hace volver la mirada a Dios para purificar nuestra vida mediante una reconciliación sincera con el Señor.
El Evangelio nos habla de algunas prácticas religiosas que la Iglesia nos recomienda para el tiempo de la cuaresma: La limosna, la oración y el ayuno (CEC 1438). De aquí se desprenden tres ideas temáticas:
• Es tiempo para volver a Dios, así lo recuerda la primera Lectura del profeta Joel.
• Es el tiempo favorable, es el día de la salvación, tal como nos exhorta San Pablo en su segunda carta a los Corintios.
• Es tiempo para la purificación interior mediante la limosna, el ayuno y la oración, así nos lo pide el Evangelio.
1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
- La primera lectura del profeta Joel nos hace una fuerte llamado de atención para volver la mirada a Dios. Ante la descripción de la plaga, el profeta impresionado por esta situación, es insistente en llamar a la penitencia interior mediante una conversión sincera como retorno hacia Dios. El profeta invita a “rasgar los corazones no las vestiduras”, este es un signo claro de la conversión interior.
La expresión “volver” invita al regreso, ya que el pecado es considerado como un destierro y ahora es el momento para volver de “corazón” mediante un firme propósito de cambio que ayude al hombre a permanecer en Dios.
Joel ofrece tres motivos para la conversión: El primero de parte de Dios que es compasivo y misericordioso, siempre dispuesto al perdón para el pecador arrepentido; el segundo de parte de la plaga que aún no lo ha destruido todo y el pueblo tiene posibilidad de presentar una libación; y el tercer motivo es que Israel será admirado por todos los pueblos a causa de la respuesta salvífica de Dios. Para lograr todo esto se hace necesaria la conversión de todo el pueblo desde los niños hasta los más ancianos mediante un tiempo de penitencia y purificación interior. El texto concluye con la misericordia de Dios que tiene compasión de su pueblo.
- La segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos exhorta a la reconciliación, aquí reconciliarse es el reconocimiento del mal cometido para ser una nueva creatura en Cristo, ya que con la muerte de Cristo y su resurrección todos somos constituidos en nuevas creaturas: esta reconciliación con Dios conlleva tres realidades: Reconocer la actualidad del misterio de la Cruz de Cristo, no recibir en vano la gracia de Dios, aprovechar el momento oportuno en el hoy de la salvación.
- El pasaje evangélico está ubicado dentro del contexto del Sermón de la montaña en lo que se conoce como “la justicia de la ley”, o su práctica perfecta. Jesús no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17).
El texto del Evangelio se ocupa de tres expresiones propias de la religiosidad judía inscritas dentro del ámbito de la retribución: si hace para ser visto por los hombres obtendrá una recompensa humana pero quien las hace para ser visto por Dios debe esperar la recompensa del Padre celestial. En la Sagrada Escritura “la justicia” implica la rectitud de vida, caminar delante de Dios como hijos suyos sin buscar formalismos externos sino con el deseo de cumplir su voluntad.
En el tiempo de Jesús no había una organización eclesial para la distribución de las limosnas, por eso era costumbre “tocar la trompeta” o anunciar públicamente que se hacía una limosna. Jesús no está atacando tal práctica sino la forma en que se hace, pues lo importante no es la actitud exterior sino la disposición interior y la generosidad con la que se hace. Es aquí donde Jesús manda que al hacer la limosna se mantenga en secreto “que tu mano izquierda, no sepa lo que hace tu derecha”. El que haga limosna de modo externo para ser calificado por los hombres es designado como “hipócrita”; es decir, aquel que es doble o que actúa de comediante y obra por el espectáculo buscando su recompensa personal. En este sentido la verdadera limosna es aquella que da con una actitud de desprendimiento y desinterés, la que brota de la generosidad de aquellos que se reconocen como hijos y saben que hay hermanos más necesitados con quienes se debe compartir los bienes que se han recibido con don de Dios.
En segundo lugar, se habla de otra práctica muy común entre los piadosos judíos; la oración, esta se hacía en varios momentos del día: en la mañana, al mediodía y a la noche, tanto en la sinagoga como en cualquier lugar. Para los judíos la oración era un medio de auto-prestigio para exhibirse como personas piadosas.
La instrucción correcta para la oración no es tanto del lugar sino de la actitud para la oración… “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto”. El texto no está en contra de la oración judía sino del modo como el orante se dirige a Dios. La auténtica oración debe ser la que se dirige a Dios y busca la comunicación con Él, no con el deseo de aparecer como piadoso sino con el deseo de salir de sí mismo, para entrar en diálogo con el Padre desde lo profundo del corazón.
En tercer lugar, se habla de la práctica del ayuno público que en momentos de situaciones extremas, como la sequía, se practicaba con rigor vistiéndose de saco y sayal cubriendo la cabeza con ceniza para mostrar una actitud externa de tristeza y arrepentimiento. En el A.T. se distinguía el ayuno verdadero del falso (Is 58, 5-6). Jesús invita al ayuno sincero mediante una actitud interior que no se note en lo externo, para que el verdadero ayuno tenga su efecto ante el Padre Celestial: “cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro”. El ayuno auténtico debe ser fruto de la penitencia interior; esto implica la verdadera conversión que es motivo de alegría y se manifiesta de modo externo. Es en este sentido donde el perfumarse es signo de la alegría exterior por una actitud de conversión interior que se da desde el corazón.
2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Continuamente somos llamados a la conversión no como algo accidental o externo sino como un verdadero cambio de mentalidad que implica todo el ser y el obrar de la persona y para lograr la conversión auténtica se debe dar un paso importante mediante la reconciliación con Dios y con los hermanos. La Iglesia ha establecido el tiempo de la cuaresma como un tiempo propicio para que nosotros mediante las penitencia, busquemos la purificación de nuestra vida, lo que nos ayudará en un auténtico camino de conversión. Pero no podemos quedarnos viviendo una purificación externa, la verdadera penitencia debe nacer del corazón que desea unirse de nuevo a Dios para un sincero cambio de vida. La Palabra de Dios en el Evangelio, nos recomienda algunas prácticas que pueden ayudarnos en ese camino de purificación: la limosna, la oración y el ayuno. Prácticas que la Iglesia nos recomienda vivamente para el tiempo cuaresmal, pero no podemos caer en el peligro de los fariseos, de quedarnos en lo externo de ellas mismas y que no comprometan seriamente nuestra vida. Estas prácticas deben vivirse con una verdadera actitud de conversión.
La limosna (CEC 2443-2449, 2462), nos ayuda a la caridad sincera, mediante el desprendimiento de aquello que poseemos y que nos hace falta, para compartirlo con aquellos que están más necesitados que nosotros. La auténtica limosna dada desde la generosidad del corazón, nos puede ayudar a ser más solidarios con los demás y ver la precariedad de los otros, como una oportunidad para manifestarles nuestra hermandad y el deseo de compartir los bienes que hemos recibido de Dios.
La oración (CEC 2558 - 2565), nos ayuda a unirnos más a Dios saliendo de nosotros mismos y volviendo la mirada a aquel que nos ha creado, para entablar un sincero diálogo con Él y conocer el designio de su voluntad. Así, la oración se convierte en alimento del alma, pues nos ayuda a llenarnos de la presencia de Dios, ya que el hombre que ora con humildad se siente pequeño y sabe que su condición creatural le lleva al reconocimiento de la soberanía de Dios para unirse a Él, como la creatura a su Creador.
El ayuno (CIC 1250-1253 y CEC 1430), como una disciplina espiritual que nos ayuda a la mortificación y la penitencia, para el fortalecimiento de la voluntad que nos ayuda a dominar nuestras pasiones. El mismo Cristo, estuvo ayunando antes de iniciar su ministerio público y así, con la fuerza del Espíritu, pudo vencer al tentador. El ayuno no es un fin en sí mismo sino un medio que nos ayuda a la purificación interior para lograr la conversión. El ayuno verdadero nos ayuda a desprendernos de lo material para reconocer la debilidad y la dependencia de Dios.
3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Iniciamos el itinerario cuaresmal, un tiempo especial en que la Iglesia nos invita a prepararnos para la Pascua, es un momento oportuno para renovar la gracia de Dios a través de la confesión de nuestros pecados. Para ayudarnos en nuestro camino de conversión la Palabra de Dios nos invita a la reconciliación aprovechando este tiempo especial de salvación. El Papa Francisco nos invita a a vivir la cuaresma como un tiempo rico para desenmascarar las tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a «recalentar el corazón creyente»: Detente, mira y vuelve (Homilía miércoles de ceniza 2018).
El pecado, es como un virus que ataca nuestra vida y destruye nuestra relación con Dios, nos aleja de Él, de la comunión con nuestros hermanos y con la creación y nos divide interiormente; por eso, las prácticas cuaresmales nos ayudan a prepararnos para una sincera purificación interior: - la oración nos ayuda a relacionarnos con Dios; - la limosna que nos ayuda a practicar la caridad con los hermanos más necesitados, especialmente durante este tiempo cuaresmal en la campaña de la comunicación cristiana de bienes, que nos ayuda a compartir los bienes que hemos recibido de Dios, sabiendo que todos somos hijos del Padre Bueno; - el ayuno nos ayuda la mortificación del cuerpo para dominar la voluntad y luchar contra las tentaciones que nos hacen caer en el pecado. Entrar en este tiempo de gracia es una oportunidad para volver la mirada a Dios que nos reconcilia de nuevo.
San Agustín nos exhorta: “Sean vigilantes en orden a su salvación, sean vigilantes para que estén a tiempo. Ninguno llegue tarde al tiempo de Dios, ninguno sea perezoso en el servicio divino. Sean todos perseverantes en la oración, fieles en la constante devoción. Sean vigilantes mientras es de día; el día resplandece. Cristo es el día. Él está listo para perdonar a quienes reconocen su culpa pero también para punir a quienes defienden considerándose justos, aquellos que creen ser algo mientras no son nada” (San Agustín, InIo. evang. 12, 13 s).
4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
• Durante este tiempo de cuaresma se nos hace la invitación especial para practicar las obras de misericordia que nos ayudan a pensar en el hermano que sufre y necesita de nosotros.
• Dedicar un buen espacio para la oración nos ayuda a mantener nuestro contacto con el Señor.
• Practicar el ayuno y la abstinencia, como medios que fortalecen nuestra voluntad, para poder vencer las tentaciones del mal.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dios Padre, rico en Misericordia nos ofrece este tiempo de cuaresma para volver nuestra mirada hacia Él. Por eso, suplicantes presentemos nuestras plegarias:
R. Padre Misericordioso, escúchanos.
1. Por el Papa y los ministros consagrados, para que sean testimonio de la cercanía de Dios a su pueblo e instrumentos de gracia y reconciliación para el pecador arrepentido.
2. Por los gobernantes, para que con su trabajo busquen la justicia, la reconciliación y la paz entre los ciudadanos.
3. Por todos los que en este tiempo sufren, para que encuentren en nosotros la caridad fraterna que los ayude en sus dificultades.
4. Por los catecúmenos que durante este tiempo se preparan para el bautismo, para que la vivencia de la cuaresma los ayude a prepararse para revestirse de la gracia de Cristo en la Pascua.
5. Por quienes hoy iniciamos este tiempo de cuaresma, para que mediante la penitencia interior vivamos este tiempo de gracia y salvación con un decidido deseo de conversión.
En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales.
Oración conclusiva
Escucha Padre las plegarias de tu pueblo que se dirige a ti al iniciar estos días
de penitencia cuaresmal
y concede a tus hijos la verdadera conversión del corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1. La celebración de los tiempos de Cuaresma y Pascua, conforman el centro del Años Litúrgico, porque en ellos tiene lugar la celebración central de nuestra fe: el misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo; Tal como nos dice el número 22 de las Normas sobre el calendario: “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo’”. Por tanto Cuaresma forma parte del ciclo pascual ya que la finalidad es la celebración del Triduo Pascual y la Pascua5
La Cuaresma es un tiempo de renovación espiritual, tiempo de conversión, de revisar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. No es un tiempo de mortificación sino de desierto, de vaciarnos totalmente para que podamos dejar llenarnos de la gracia de Dios, para que caminemos cada día más hacia la conversión, para poder vivir como Jesucristo vivía6
• El tiempo de Cuaresma abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, exclusive.
• Cada día de Cuaresma tiene Misa propia completa, además, se propone una oración diaria de bendición sobre el pueblo.
• Durante la Cuaresma y hasta la Vigilia Pascual, exclusive, no se dice ni el gloria ni el Aleluya (se exceptúan solemnidades y fiestas).
• En el tiempo de Cuaresma no se debe adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este Tiempo (se exceptúan de esta norma el domingo IV de Cuaresma - Laetare – y las solemnidades y fiestas).
2. La Cuaresma es el principal tiempo de penitencia, tanto para los individuos como para toda la Iglesia. Conviene, por consiguiente, que la comunidad cristina sea preparada en este tiempo, por medio de las celebraciones penitenciales, para que participe más plenamente del misterio pascual.7
Dos ejemplos de celebraciones penitenciales adaptadas al tiempo de Pascua.8
Otros esquemas de celebraciones penitenciales Ordinarias, con Niños, con Jóvenes y con Enfermos9.
3. Desde el inicio de la Cuaresma se puede programar, cuando mejor convenga, una celebración penitencial, con confesión individual. Igualmente podría preparase para un día de este tiempo de cuaresma la celebración de la Eucaristía con la administración de la Unción de los enfermos de la parroquia que están en peligro de muerte por enfermedad o por vejez. Esta es la mejor preparación para la celebración de la Pascua. No recomendable pastoralmente el jueves santo en la mañana, como se explicará allí en su momento.
4. Tener en cuenta para este tiempo el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2019.
5. Recomendar para los viernes de cuaresma el ejercicio piadoso del santo Viacrucis del Encuentro, ofrecido por el Departamento de Liturgia de la CEC.
6. En este miércoles de ceniza, resaltar la frase: “Conviértanse a mí de todo corazón”.
7. Insistir en las palabras: conversión, penitencia, misericordia, ayuno, oración y limosna.
8. Recordar que este día y el viernes santo es de ayuno, abstinencia y obras de caridad.
9. Tener en cuenta que la ceniza se debe hacer de los ramos bendecidos el año anterior o de ramas de árboles, y que se impone sobre la frente o sobre la cabeza, directamente con los dedos (no con sellos de corcho o de otro material). Se debe corregir o evitar cualquier cosa que lleve a la práctica supersticiosa de la imposición de la ceniza.
10. La ceniza se impone dentro de la Misa o en una Liturgia de la Palabra.
En la Misa de hoy se omite el acto penitencial, porque luego se tendrá la imposición de la ceniza.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar después de la homilía y antes de la Oración Universal o de los Fieles, como lo indican las rúbricas de los libros litúrgicos (cf. Misal,, pp. 71-74; Ceremonial de los Obispos, nn 253-259).
11. Podría tomarse el Prefacio de Cuaresma III, “Frutos de la abstinencia”, Misal, pág. 370. Igualmente, puede seguirse la Plegaria Eucarística II.
12. Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para el miércoles de ceniza, Misal, pág. 75
5 Cf. http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/ Tiempos Litúrgicos.
6 Cf. Ídem
7 Ritual de la Reconciliación y Penitencia, Conferencia Episcopal de Colombia, Departamento de Liturgia, Bogotá, D.C., 1999, pág. 114ss.
8 Ídem.
9 Ídem. Pág. 144 ss.
Reparando fracturas, Vida Pastoral 2026
Mié 14 Ene 2026
Encuentro personal con Jesús que nos salva
Lun 15 Dic 2025
IV Aniversario Episcopal
Jue 22 Ene 2026
Vie 9 Ene 2026
Este es mi Hijo amado, en quien me complazco
BAUTISMO DEL SEÑOREnero 11 de 2026Primera lectura: Is 42, 1-4. 6-7Salmo: Sal 29 (28), 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R. 11b)Segunda lectura: Hch 10, 34-38Evangelio: Mt 3, 13-17I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCon la fiesta del Bautismo de Jesús cerramos el Tiempo de Navidad e iniciamos el Tiempo Ordinario. El Tiempo de Navidad es propicio para contemplar la infancia de Jesús y, el Tiempo Ordinario es ocasión para meditar en lo que llamamos “la vida pública” de Jesús: lo que hizo y dijo durante sus tres años de ministerio, anunciando el Reino con obras y palabras, como lo recuerda Pedro en la segunda lectura: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”.Esta fiesta es una manifestación, revelación o epifanía de Dios, estrechamente vinculada a su pequeñez en la gruta de Belén y a la revelación al inicio de su ministerio en las bodas de Caná, cuando transforma el agua en vino.Una frase contundente en el evangelio de hoy es la voz del Padre, que se hace oír desde la nube: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Esta voz ya había sido anunciada por Isaías y hoy la escuchamos en la primera lectura: “Mira a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Es la voz del Señor que resuena sobre las aguas, sobre las aguas torrenciales, como proclamamos en el Salmo 28.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El versículo 13 afirma: “Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él”. Presenta un contexto geográfico y teológico: Jesús viene desde Galilea, región marginal, hacia el Jordán, lugar simbólico de paso y renovación para Israel (cf. Jos 3). Su decisión de ser bautizado muestra su solidaridad con la humanidad pecadora, aunque Él no tenga pecado.El versículo 14 dice: “Pero Juan trató de disuadirlo, diciendo: ‘Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’”. Aquí se reconoce la superioridad espiritual de Jesús. Además, el texto subraya la humildad de Jesús y la comprensión profética de Juan.En el versículo 15: “Jesús le respondió: ‘Deja que así sea ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia.’ Entonces Juan consintió”, la palabra “justicia” en Mateo se refiere a la voluntad de Dios. Jesús se somete al plan divino, mostrando obediencia y dando ejemplo. No se bautiza por necesidad personal, sino para manifestar su misión y revelar su identidad.El versículo 16 relata: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él”. Es la gran teofanía trinitaria: el cielo se abre (símbolo de revelación), el Espíritu desciende (unción mesiánica), y se prepara la voz del Padre. La paloma es símbolo de paz, pureza y del Espíritu Santo, y remite al diluvio (Gn 8), donde anuncia un nuevo comienzo.Finalmente, el versículo 17: “Y una voz del cielo decía: ‘Este es mi Hijo amado; en Él me complazco’”. La voz del Padre confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios, evocando el Salmo 2, 7 (“Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”) e Isaías 42, 1 (“Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma”). Se combinan así las imágenes del Mesías rey y del Siervo sufriente, anticipando la misión redentora de Jesús.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?“Este es mi Hijo amado” (v. 17). Así como Jesús es proclamado Hijo, cada bautizado es adoptado como hijo o hija de Dios (cf. Ga 4, 4-7). El bautismo no es solo un rito, sino una nueva identidad: somos parte de la familia de Dios.Jesús, sin pecado, se une a los pecadores en el Jordán. El bautismo nos llama a vivir en solidaridad, especialmente con los más necesitados. Ser bautizado implica compromiso con la justicia, la misericordia y la fraternidad.“Vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma” (v. 16). En el bautismo, recibimos el Espíritu Santo, que nos fortalece para vivir como discípulos. El Espíritu guía, consuela y capacita para la misión.“Conviene que cumplamos toda justicia” (v. 15). Jesús se somete al plan del Padre. También el bautizado está llamado a discernir y cumplir la voluntad de Dios. Esto implica vida de oración, escucha y fidelidad.El bautismo de Jesús marca el inicio de su ministerio público. El bautismo no es meta, sino punto de partida: cada bautizado es enviado a ser luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16). Nos convierte en discípulos misioneros, llamados a anunciar el evangelio con la vida.En síntesis, este pasaje invita a redescubrir la vocación cristiana: no somos simples creyentes, sino hijos amados, llenos del Espíritu y enviados al mundo. Recordar nuestro bautismo es recordar quiénes somos y para qué vivimos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, hoy te contemplamos en el Jordán. Has bajado desde las montañas de Nazaret hasta los valles del río, para ser bautizado por tu primo y precursor, Juan el Bautista.No te contentaste con descender de los cielos y asumir nuestra naturaleza humana; también te anonadaste poniéndote en la fila de los pecadores que esperaban el bautismo de conversión. Tú no tenías pecado, pero lo hiciste porque eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos devuelve la vida, la gracia, el amor y la plenitud. Gracias, Jesús, por cargar sobre tus espaldas nuestro pecado y por liberarnos de sus cadenas. Atravesaste el Jordán, saliendo de la tierra prometida y entrando en territorio pagano, para ser bautizado por Juan y significar la entrada al verdadero Reino. Israel pasó por el Jordán para dejar atrás la esclavitud de Egipto e ingresar como pueblo libre a la tierra prometida.Cuando recibiste el bautismo, se abrieron los cielos. Antes estaban cerrados por causa del pecado; ahora tú viniste a habitar entre nosotros para que podamos habitar contigo en los cielos nuevos y en la tierra nueva, en la Jerusalén celestial, en la casa del Padre. Gracias por abrirnos los cielos de tu ternura y misericordia. Gracias, Jesús, por descender hasta nosotros para que podamos ascender contigo al Padre. Querido Jesús, para subir contigo al Padre, primero debemos bajar contigo al Jordán. Ayúdanos a dejar atrás orgullos, autosuficiencias y falsas seguridades, para ser purificados en las aguas y transformados en hijos dóciles y obedientes, en quienes el Padre se complace.Queremos sumergirnos contigo en el Jordán, en las aguas de tu amor y misericordia, para ser lavados, purificados y transformados. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Si no hay bautismos, se recomienda utilizar una de las fórmulas del rito para la bendición y aspersión del agua, en memoria del Bautismo, que sustituye el acto penitencial al comienzo de la misa (cf. Misal, Apéndice I, Formulario II, p. 1143).•Esta fiesta tiene esquema propio de celebración, incluido el Prefacio.•Propiciar un momento de silencio, después de la comunión, para dar gracias al Padre por la presencia de Jesús en la Eucaristía y en nuestras vidas.•Hoy finaliza el Tiempo de Navidad y desde mañana lunes comienza la primera parte del Tiempo Ordinario, que se prolonga hasta el martes 17 de febrero.•Liturgia de las Horas: Tomo III, Salterio de la 1ª semana.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, en la fiesta del Bautismo de Jesús nos hemos reunido para recibir de manos del Padre a su Hijo, que se nos ofrece en la Palabra y en la Eucaristía. Con un corazón complacido en Dios, participemos con alegría y gratitud.Monición a la liturgia de la Palabra El Padre quiere mostrarnos cuánto nos ama en su Hijo, y nos lo entrega para que, por Él, con Él y en Él, seamos hijos amados en quienes se complace. Acojamos al Hijo a través de la Palabra que se nos proclamará. Escuchemos con gusto y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Con la confianza de los hijos amados, presentemos nuestras súplicas al Padre por nosotros, la Iglesia y todo el mundo. Respondemos:R/. Por tu Hijo Amado, en quien te complaces, escúchanos, Padre santo.1.Padre Dios, bendice a los laicos y ministros de tu Iglesia, para que, guiados por el Espíritu Santo, anuncien a Cristo con valentía y sean signo de unidad y salvación. Oremos.2.Padre Dios, ilumina a los gobernantes y líderes, para que trabajen con justicia y humildad, promoviendo la paz, la dignidad humana y el bien común. Oremos.3.Padre Dios, fortalece a todos los bautizados para que, recordando nuestra identidad de hijos tuyos, vivamos con fidelidad y demos testimonio del evangelio. Oremos.4.Padre Dios, acompaña a nuestra comunidad parroquial, para que, animada por el Espíritu, crezca en fraternidad, solidaridad y compromiso con los más necesitados. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, que en el bautismo de tu Hijo revelaste tu amor, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Sáb 3 Ene 2026
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría
EPIFANÍA DEL SEÑOREnero 04 de 2026Primera lectura: Is 60, 1-6Salmo: Sal 72 (71), 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R. cf. 11)Segunda lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6Evangelio: Mt 2, 1-12I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Epifanía revela que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, ha venido para todos los pueblos. Su manifestación universal es el cumplimiento de una esperanza antigua: la salvación está destinada a toda la humanidad.Los magos representan a todas las naciones que, al encontrar a Cristo, inician un camino nuevo: ya no guiados por estrellas, sino por la luz interior del Salvador que transforma el rumbo de sus vidas.Cada Eucaristía es una epifanía, una manifestación del Señor: Él se hace presente en signos humildes. Llevemos su luz y respondamos a la invitación de vivir según un camino nuevo, el de la conversión.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La solemnidad de la Epifanía del Señor es la fiesta de todos los pueblos. El Niño nacido en Belén ha sido revelado como el Dios hecho hombre para nuestra salvación. Esta salvación, que brota de la pequeña ciudad de David, está destinada a todos los tiempos y lugares.El evangelio de Mateo narra la visita de los magos, sabios venidos de Oriente, que encontraron al Niño con María, su madre, y lo adoraron. Este gesto anticipa lo que ocurrirá con el Cristo resucitado: los que estaban lejos buscan al Señor y lo encuentran; en cambio, quienes estaban cerca, conocían las Escrituras y sabían dónde debía nacer el Mesías, permanecen indiferentes.Los magos descubrieron en la creación las señales que los condujeron al Salvador. Su búsqueda simboliza a quienes, aun sin conocer plenamente la fe, son guiados por la sed de verdad y justicia hasta encontrar a Dios. Su camino recuerda que nadie está excluido de la posibilidad de hallarlo.En una humilde casa de Belén, los magos se postran, lo adoran y le ofrecen dones simbólicos: oro, para reconocerlo como Rey; incienso, como homenaje a su divinidad; y mirra, signo profético de su pasión y muerte. En ellos vemos representadas a todas las naciones llamadas a reconocer a Cristo como Salvador.Los magos son las primicias de los pueblos gentiles. También nosotros, que no pertenecemos al antiguo Israel, hemos sido incorporados a la nueva alianza. Éramos lejanos, pero en Cristo nos hemos vuelto cercanos.La Epifanía es una invitación a mirar más allá de nuestras fronteras, a descubrir cómo Dios se manifiesta en caminos inesperados y a acoger con gozo la salvación ofrecida a todos. El Señor sigue revelándose, y nosotros, como los magos, estamos llamados a levantarnos, ponernos en camino y adorarlo con fe y humildad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Epifanía nos invita a levantar la mirada y no quedarnos atrapados en la oscuridad del miedo ni en la pasividad de lo establecido. La luz de Dios se manifiesta en la historia concreta de los pueblos, en medio de sus luchas y esperanzas. La profecía de Isaías presenta a Jerusalén resplandeciente, no por méritos propios, sino porque ha sido iluminada por la gloria del Señor: imagen de la Iglesia llamada a irradiar esperanza en medio de una humanidad herida.San Pablo recuerda que los gentiles – antes considerados extranjeros– son también herederos de la promesa. El evangelio confirma esta apertura universal: los magos, venidos de lejos, representan a quienes buscan sinceramente a Dios y encuentran la verdad en la humildad de un Niño.Dios sigue manifestándose hoy: en las grietas de nuestra historia, en las preguntas de los no creyentes, en gestos de justicia que brotan incluso en medio de la corrupción. Estamos llamados a ser como la estrella que guía, anunciando con nuestra vida que la luz ha venido al mundo.La Epifanía nos invita a abrirnos al otro, a reconocer la dignidad de todo ser humano como portador de una promesa. Que como Iglesia no nos encerremos, sino que iluminemos; que como los magos sigamos buscando, caminando y adorando con humildad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, luz que disipa nuestras sombras, venimos ante ti como los magos, guiados por una esperanza que no se apaga y que no queremos dejarnos arrebatar. En medio de un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y la confusión, te pedimos que renueves en nosotros el deseo de buscarte con corazón sincero. Que no nos acostumbremos a la oscuridad ni aceptemos un cristianismo sin misión. Haznos capaces de verte en lo pequeño y lo frágil, en el rostro de quienes sufren y en las preguntas de quienes aún no te conocen.Concédenos una fe inquieta, que se pone en camino y no teme salir de sí para encontrarte en las fronteras. Que nuestra vida refleje tu luz, no con palabras vacías, sino con gestos concretos de compasión, acogida y justicia.Tú que te revelaste a los pueblos como Salvador, haznos testigos de tu amor. Que nuestro encuentro contigo se traduzca en una vida entregada, en una Iglesia que abra caminos, acompañe búsquedas, adore con humildad y que sea un “hospital de campaña” donde muchos hallen sanación. Haz de nosotros estrellas que guíen a otros hacia ti. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•En la Epifanía conviene resaltar que el personaje central es Cristo y su misterio de salvación, más que la figura de los reyes magos.•Se puede preparar la procesión con los dones, presentando también ofrendas para los pobres y necesitados.•Encender una luz junto al pesebre puede ser un signo pedagógico.•Tener presente que hay un formulario distinto para la misa de la vigilia y la del día. El Prefacio es propio de la Epifanía (MR, p. 367).•Puede emplearse la fórmula de bendición solemne: En la Epifanía del Señor, (MR, p. 578).•Se recomienda utilizar la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, con la inclusión del “Reunidos en comunión…”, propio de esta solemnidad.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa ¡La gloria del Señor inunda la tierra! Hoy, en la solemnidad de la Epifanía, celebramos el misterio de la Encarnación que se revela a todos los pueblos y llena de su luz a toda la creación. Como los magos, dejémonos guiar por la estrella de la Palabra de Dios para reconocer y adorar al Señor que ha nacido por nosotros, luz de las naciones y esperanza de un mundo necesitado de sentido y salvación. Que esta santa misa sea para nosotros una manifestación viva de su presencia en medio de su pueblo.Monición a la liturgia de la PalabraEn la solemnidad, la Palabra proclama que Jesús ha venido como luz para todos. Isaías anuncia que Jerusalén resplandece con la gloria de Dios y que las naciones acuden a ella con alegría. San Pablo afirma que, en Cristo, los gentiles también son herederos de la promesa. El Evangelio de Mateo presenta a los magos, sabios extranjeros que buscan y adoran al Niño. Esta manifestación universal nos invita a reconocer cómo Dios se revela más allá de nuestras fronteras y a compartir su luz con el mundo.Oración universal o de los fielesPresidente: Hermanos, en este día en que el Señor se ha manifestado como luz para los pueblos, elevemos nuestra oración diciendo con fe:R/. Ilumina, Señor, a toda la tierra.1.Por la Iglesia, en sus antiguas raíces y en sus nuevas comunidades, para que acoja a quienes buscan a Dios y muestre en el Niño de Belén la luz verdadera de la humanidad. Oremos al Señor.2.Por los presbíteros, misioneros y catequistas, para que anuncien con alegría y fidelidad a Cristo, luz del mundo, a quienes aún no conocen el evangelio. Oremos al Señor.3.Por los hombres y mujeres de la cultura, la ciencia y el pensamiento, para que, como los magos, descubran en la creación y en la historia los signos que los conduzcan a Dios. Oremos al Señor.4.Por los que sufren, por quienes han perdido la esperanza o buscan sentido a su vida, para que encuentren en Cristo, el Hijo de María, la luz que disipa toda oscuridad. Oremos al Señor.5.Por todos los bautizados de nuestra comunidad parroquial, para que, adorando hoy al Niño Dios, anhelen un día contemplarlo en la gloria eterna.Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, que revelaste tu salvación a todas las naciones y condujiste a los sabios de Oriente a la luz de tu Hijo, escucha nuestras súplicas y haz que, guiados por tu gracia, lleguemos a contemplarte un día en la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Mar 30 Dic 2025
Y le pusieron el nombre de Jesús
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOSEnero 01 de 2026Primera lectura: Nm 6, 22-27Salmo: Sal 67 (66), 2-3. 5.6 y 8 (R. 2a)Segunda lectura: Ga 4, 4-7Evangelio: Lc 2, 16-21I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl 1º de enero celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, ocho días después del nacimiento de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Desde 1968, por iniciativa del papa Pablo VI, este día coincide con la Jornada Mundial de Oración por la Paz, con el propósito de que el inicio del nuevo año esté marcado por un compromiso con la paz, tanto en la vida personal como en la convivencia social y política.Las lecturas bíblicas de esta solemnidad subrayan al Hijo de Dios hecho hombre y en el “nombre” del Señor. La primera lectura presenta la solemne bendición que los sacerdotes pronunciaban sobre los israelitas en las grandes fiestas religiosas. En la segunda lectura, san Pablo resume en la adopción filial la obra de salvación realizada por Cristo, en la cual la figura de María aparece íntimamente vinculada. El evangelio concluye con la imposición del nombre de Jesús, mientras María medita en silencio en su corazón el misterio de su Hijo, don singular de Dios. La Virgen nos da a su Hijo, nos muestra su rostro, Príncipe de la paz. Que ella nos ayude a permanecer en la luz de ese rostro que brilla sobre nosotros (cf. Nm 6, 25) (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Las creaturas revelan algo del Creador. El ser humano, como creatura de Dios, manifiesta algo de Él. Donde mejor encontramos la revelación de Dios es en su Hijo hecho hombre. En Jesús, pequeño y frágil, contemplamos no a un Dios poderoso, sino a un Dios tierno. La ternura divina se hace palpable en Jesús.El ángel había anunciado a los pastores que, en Belén, ciudad de David, había nacido el Salvador, y les dio como señal a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cf. Lc 2, 11-12). Ellos fueron a toda prisa y encontraron a María, a José, y al Niño. Así, los pastores, considerados en aquella época como gente de mala fama, fueron los primeros en ver el rostro de Dios en el pequeño Jesús. Desde entonces se vislumbra que Él no vino por los santos, sino por los pecadores. El nombre expresa su identidad y su misión: ser nuestro Salvador.Lucas habla de la maternidad de María a partir del Hijo, el “niño envuelto en pañales”, porque es Él –el Verbo de Dios (Jn 1, 14)– el centro del acontecimiento y quien hace que la maternidad de María sea “divina”.María es verdadera Madre de Dios en virtud de su relación total con Cristo. Por tanto, al glorificar al Hijo se honra a la Madre, y al honrar a la Madre se glorifica al Hijo. El título de “Madre de Dios”, que hoy resalta la liturgia, subraya la misión única de la Virgen en la historia de la salvación, fundamento del culto y la devoción que el pueblo cristiano le profesa.María no recibió el don de Dios para guardarlo para sí, sino para entregarlo al mundo: en su virginidad fecunda, Dios concedió a los hombres los bienes de la salvación eterna (cf. Oración colecta).2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Hoy escuchamos nuevamente la bendición sacerdotal de Aarón y pedimos al Señor que bendiga el nuevo año. Ante las lógicas de guerra, solo Dios puede transformar el corazón humano y asegurar esperanza y paz a la humanidad.Es bueno iniciar el nuevo año recorriendo con decisión la senda de la paz. Acogemos el clamor de las víctimas de la guerra y oramos para que la paz anunciada por los ángeles a los pastores llegue a todos los rincones del mundo: “Super terram pax in hominibus bonae voluntatis” (Lc 2, 14). Con nuestra oración queremos ayudar a cada persona y a cada pueblo, en especial a quienes tienen responsabilidades de gobierno, a avanzar con decisión por el camino de la paz (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).Gracias a María, el Hijo de Dios, “nacido de mujer” (Ga 4, 4), vino al mundo como verdadero hombre, en la plenitud de los tiempos. Esa plenitud abarca el pasado y las esperas mesiánicas, y al mismo tiempo señala la plenitud absoluta: en el Verbo hecho carne, Dios pronunció su Palabra definitiva. En el umbral de un nuevo año resuena la invitación a caminar con alegría hacia la luz del “sol que nace de lo alto” (Lc 1, 78). En la perspectiva cristiana, todo tiempo está habitado por Dios: no hay futuro fuera de Cristo ni plenitud más allá de Él.María, Madre nuestra, intercede continuamente por nosotros. Nos lleva de la mano hacia su Hijo, lo entrega como lo ofreció a los pastores en Belén y, en el Gólgota, a toda la humanidad. Ella, que dio la vida terrena al Hijo de Dios, sigue comunicando la vida divina que es Jesús mismo y su Espíritu Santo. Por eso es madre de todo hombre que nace a la gracia y se la invoca como Madre de la Iglesia.Desde 1968, el 1 de enero se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de Oración por la Paz. La paz es don de Dios, como se proclama en la primera lectura: “Que el Señor (…) te conceda la paz” (Nm 6, 26). Es el don mesiánico por excelencia, fruto de la caridad de Cristo; es nuestra reconciliación con Dios. También es un valor humano que debe realizarse en lo social y lo político, pero tiene sus raíces en el misterio de Cristo (cf. Gaudium et spes, 77-90).“La paz no es solo ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Esto es la paz. Sin embargo, hacer callar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar comienzo a un camino que conduce a alcanzar la paz en sus diferentes aspectos. Pienso en los conflictos que aún ensangrientan demasiadas zonas del planeta, en las tensiones en las familias y en las comunidades –¡en cuántas familias, en cuántas comunidades, incluso parroquiales, existe la guerra!–, así como en los contrastes encendidos en nuestras ciudades y en nuestros países entre grupos de diversas extracciones culturales, étnicas y religiosas. Tenemos que convencernos, no obstante toda apariencia contraria, que la concordia es siempre posible, a todo nivel y en toda situación. No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz. No hay futuro sin paz” (Papa Francisco, Ángelus, 4 de enero de 2015).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, en este primer día del año civil aún respiramos el aire de la Navidad. El Evangelio nos conduce a la gruta de Belén, humilde y fría, que el Padre escogió para tu nacimiento a través de María y José. Como los pastores, que dejaron sus rebaños y corrieron para ver lo anunciado por el ángel, también nos acercamos hoy con el corazón y la mente a ese lugar, para contemplar tu pequeñez y tu grandeza, tu ternura y tu misericordia, tu fragilidad y tu fortaleza, tu humanidad y tu divinidad. Jesús, tu nombre, dado por el ángel y confirmado en la circuncisión, es para nosotros fuente de salvación. Ante él se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra. Es el nombre que trae paz, hace temblar al mal y nos libra de todo peligro.Gracias, Jesús, por hacerte cercano, por habitar entre nosotros y en nosotros; por hacerte carne en el seno de María, en el pan eucarístico y en el hermano que camina a nuestro lado. Gracias porque en cada corazón renuevas tu presencia para que quienes nos rodean experimenten tu amor y ternura.Gracias también por tu Madre Santísima que nos acerca a ti y nos conduce al Padre. Que su intercesión maternal nos mantenga siempre unidos a ti. Haz que cada día de este nuevo año lo vivamos contigo y para ti, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo, que viven y reinan por los siglos de los siglos. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de Oración por la Paz: en este día no se permite celebrar otra misa, ni siquiera la exequial; sin embargo, a juicio del ordinario del lugar, se puede celebrar la misa por la paz.•Tener en cuenta el mensaje del Papa para la Jornada Mundial por la Paz, a fin de motivar especialmente la oración por la paz del mundo.•Utilizar la bendición solemne del Misal para el primer día del año.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, bienvenidos a esta celebración en el primer día del año civil. En medio de este hermoso Tiempo de Navidad, contemplamos a María, Madre de Dios, que intercede ante el Padre y ante su Hijo por nosotros pecadores, y que, unida al clamor de la humanidad, suplica el don de la paz. Como Ella, dispongamos el corazón para acoger las bendiciones que el Padre quiere regalarnos hoy y en cada día de este nuevo año. Participemos con alegría y devoción.Monición a la liturgia de la Palabra En la primera lectura, del libro de los Números, escucharemos la solemne bendición: “El Señor te bendiga, te proteja, te ilumine, te conceda la paz”. En el salmo, suplicaremos juntos: “Que Dios tenga piedad y nos bendiga”. En la segunda lectura, de la Carta a los Gálatas, se nos recordará que, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo para que recibiéramos la adopción filial. Finalmente, en el evangelio, los pastores corren a ver a Jesús y regresan alabando a Dios. Abramos el corazón para que esta Palabra toque nuestras vidas, y escuchemos con fe y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Al Autor y a la Fuente de toda bendición, elevemos nuestras súplicas por nosotros y por toda la humanidad, diciendo con confianza:R/. Padre Dios, ten piedad y bendícenos.1.Padre Dios, te pedimos por el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, es decir, por todos los discípulos de tu Hijo, para que llevemos al mundo el anuncio de la paz y de salvación en Jesucristo. Oremos.2.Padre Dios, te pedimos por los gobernantes de nuestros pueblos y naciones, para que, procurando el bien común, construyan la paz y trabajen por el progreso integral y el bienestar de todos. Oremos.3.Padre Dios, te encomendamos a quienes sufren a causa de la guerra y la violencia, para que sean consolados por ti y transformados en artesanos de paz y de reconciliación. Oremos.4.Padre Dios, ponemos en tus manos cada día de este nuevo año, para que, dóciles a tus inspiraciones, recibamos y compartamos con nuestros hermanos las bendiciones que tú nos concedes. Oremos.5.Padre Dios, te pedimos por quienes participamos en esta celebración, para que, como María, seamos dóciles a tu Palabra y permitamos que tu obra se cumpla en nosotros, viviendo siempre en tu paz. Oremos.Oración conclusivaPadre Dios, acoge estas súplicas y todas las que guardamos en nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Sáb 27 Dic 2025
Y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''
LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉDiciembre 28 de 2025Primera lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14Salmo: Sal 128 (127), 1bc-2. 3. 4-5 (R. cf. 1bc)Segunda lectura: Col 3, 12-21Evangelio: Mt 2, 13-15. 19-23I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa fiesta de la Sagrada Familia no es solo una celebración de la vida doméstica, sino una profunda afirmación del misterio de la Encarnación. En ella contemplamos cómo Dios se hizo hombre y vivió en una familia común, revelando la grandeza de lo cotidiano y lo humano.Jesús no creció apartado del mundo ni en condiciones extraordinarias. Vivió una infancia normal en Nazaret, aprendiendo de sus padres, compartiendo con otros niños y asimilando el lenguaje, la cultura y las costumbres de su pueblo. Su humanidad se forjó en el calor de una familia sencilla y trabajadora.Las parábolas de Jesús reflejan su experiencia de vida en familia y comunidad. Conocía el valor de lo sencillo: sembradores, amas de casa, obreros, comerciantes. Antes de anunciarlo, vivió el evangelio en lo cotidiano, descubriendo la belleza escondida en la vida diaria y enseñando que todo puede ser santificado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Cada año, en el domingo dentro de la Octava de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Esta celebración no es solo una exaltación de la vida familiar, sino también una contemplación profunda del misterio de la Encarnación vivido en lo concreto de una familia humana.El Evangelio de Mateo nos presenta a la familia de Nazaret como una familia refugiada. José recibe en sueños la advertencia divina de huir con María y el Niño a Egipto para escapar de la violencia de Herodes. La vida del Hijo de Dios comienza marcada por la inseguridad, el exilio y la precariedad. El Verbo se hizo carne no en la estabilidad, sino en la fragilidad de quienes deben dejarlo todo para sobrevivir. ¡Cuántos niños hoy en el mundo y en nuestro continente nacen bajo la amenaza de muerte por diversas circunstancias!Mateo insiste en que todo esto ocurre “para que se cumplieran las Escrituras”. Jesús, el verdadero Hijo, revive la historia de Israel: así como el pueblo fue llamado de Egipto, también Él lo será. La Encarnación se revela, entonces, como una solidaridad radical de Dios con su pueblo sufriente. Jesús no solo asume la carne humana, sino también la historia, el desarraigo y el dolor de los excluidos.Al regresar y establecerse en Nazaret, el evangelista subraya otro cumplimiento profético: Jesús será llamado “Nazareno”. Este título evoca también el vástago prometido, el brote nuevo surgido del tronco de Jesé. La Sagrada Familia es, así, el espacio donde florece la esperanza mesiánica, donde la fragilidad se convierte en semilla de salvación.La fiesta de la Sagrada Familia no solo recuerda el drama del exilio vivido por Jesús, María y José en Egipto, sino que ofrece, a través de la liturgia, una rica catequesis sobre la vida familiar. Las lecturas bíblicas del día transmiten consejos prácticos y espirituales que iluminan la vocación familiar desde la fe.La Carta a los Colosenses propone exhortaciones a esposas, esposos, hijos y padres, subrayando que todos los miembros de la familia están llamados a vivir una existencia nueva en Cristo, guiados por el Espíritu. Destaca la importancia de relaciones familiares marcadas por el amor, el respeto mutuo y la responsabilidad.El libro del Sirácide o Eclesiástico —escrito en Jerusalén entre los siglos III y II a.C.— ofrece una colección de proverbios destinados a educar a las nuevas generaciones. Sus consejos insisten en el respeto y la honra debidos a los padres. Honrar al padre y a la madre no solo es una exigencia del Decálogo, sino también fuente de bendición: expía pecados, enriquece espiritualmente y garantiza una vida larga y plena. Incluso en la vejez, cuando los padres pueden perder capacidades, la indulgencia y el cuidado hacia ellos son obras agradables a Dios.El Salmo 127 completa esta visión con una imagen ideal de la familia bendecida por Dios: el padre que teme al Señor, la esposa como vid fecunda y los hijos como brotes de olivo. La familia aparece, entonces, como lugar de bendición cuando se vive en fidelidad a Dios.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Sagrada Familia: germen de esperanza en la historiaLa Encarnación no termina en el pesebre: continúa en la vida escondida de la Sagrada Familia, donde Dios se hace cercano en lo cotidiano, en lo frágil, en lo humano. Mateo nos muestra que en José, María y Jesús se cumplen las promesas de las Escrituras. No con espectáculo, sino en el silencio de una casa, en la obediencia de la fe, en el amor que sostiene en medio de la adversidad.La Sagrada Familia conoce el miedo, el exilio, la pobreza. Huyen a Egipto porque la vida del Niño está amenazada. Son migrantes, desplazados. En ellos se refleja la experiencia de millones de familias colombianas y latinoamericanas que, aún hoy, deben dejarlo todo por la violencia, el hambre o la falta de oportunidades. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, Dios actúa.“De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11, 1); esta palabra se cumple en Jesús, pero también ilumina nuestra historia. Dios no se desentiende del sufrimiento: lo transforma. La Sagrada Familia es la prueba viva de que, incluso en el dolor, la esperanza puede brotar. En cada casa humilde, en cada madre que resiste, en cada padre que protege, en cada niño que sueña, Dios está presente.Nuestras familias enfrentan muchos desafíos: rupturas, injusticias, incertidumbres. Pero si acogen la Palabra y se dejan modelar por la fe, pueden convertirse en santuarios donde Dios habita. Como en Nazaret, el amor escondido construye futuro.La Sagrada Familia no es un modelo inalcanzable, sino una invitación concreta: a confiar cuando todo tiembla, a obedecer cuando no se entiende, a permanecer cuando todo invita a huir. Es un retoño, un brote nuevo, que florece en medio de la sequía.En nuestra tierra herida, la Sagrada Familia nos recuerda que lo pequeño, lo sencillo y lo fiel es el lugar donde nace la salvación. Allí, en lo cotidiano, el Señor sigue encarnándose. Y eso es motivo de esperanza.Celebrar esta fiesta es redescubrir que Dios habita nuestras historias concretas, incluso las más difíciles, y que el amor vivido en familia puede ser signo del Reino que ya germina.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, Hijo del Dios viviente, nacido en el silencio de Belén y acogido en el amor de María y José, mira nuestras familias con ternura. Tú que viviste el exilio y la sencillez, visita hoy nuestros hogares con tu paz. Haz germinar, en medio de nuestras pruebas, la alegría que no decepciona. Libéranos del miedo, renueva nuestros vínculos y fortalece la fe en tu presencia viva. Allí donde una familia cree en Dios, renace la esperanza. Que nuestras casas sean signo de tu amor fiel. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Puede elaborarse una cartelera de felicitaciones a la familia, en la que se propongan algunos valores para motivar su vivencia en la noche de Año Nuevo.•Seleccionar cantos alusivos a la familia tanto para la entrada a la celebración como para el momento de la comunión.•Es recomendable hacer en este día la bendición especial de las familias, según lo prescrito en el Bendicional (p. 37, nn. 63-64 ss.).•La parroquia, junto con su equipo pastoral, puede preparar una oración a la familia, impresa en una estampa de la Sagrada Familia, para que sea recitada en la noche de Año Nuevo.•Conviene programar, de acuerdo con las necesidades de la comunidad, jornadas de oración y acción de gracias con motivo del fin del año e inicio del nuevo.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaHoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, la familia singular formada por María, José y Jesús. Esta celebración nos invita también a reflexionar sobre nuestras propias familias. Cada uno de nosotros, al participar en esta santa misa, debería dar gracias a Dios por habernos regalado un padre, una madre, hermanos y hermanas. Son, en verdad, un don precioso. Nuestra vida crece en plenitud porque somos amados y cuidados por padres que no elegimos, pero que nos fueron dados por Dios, y a quienes debemos amar y respetar. Participemos con gozo de esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn este domingo, dentro de la Octava de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Las lecturas fueron escogidas para ayudarnos a reflexionar sobre este misterio. El Evangelio según san Mateo narra la huida a Egipto y nos muestra las dificultades afrontadas por la Sagrada Familia. El libro del Eclesiástico, en la primera lectura, ofrece valiosos consejos acerca de la relación entre padres e hijos. El Salmo presenta, en un cuadro ideal, a la familia de quien teme al Señor y camina en sus caminos. Finalmente, el apóstol san Pablo nos entrega enseñanzas fundamentales para la vida familiar y comunitaria. Escuchemos con atención la Palabra de Dios.Oración universal o de los fielesPresidente: En la fiesta de la Familia de Nazaret, invoquemos a Dios, nuestro Padre, para que proteja e ilumine a todas las familias del mundo, diciendo con alegría:R/. Señor, bendice nuestras familias.1.Para que la santa Iglesia, nuestra madre, sea reflejo de una verdadera familia, donde se aprenda a amar, perdonar y acoger. Oremos al Señor.2.Para que en todas las familias de nuestro tiempo crezca el amor por la verdad y se despierte el hambre y la sed del Dios vivo. Oremos al Señor.3.Para que las familias cristianas de la tierra vivan la celebración de la Pascua como la gran fiesta de todos sus miembros, al estilo del hogar de Nazaret. Oremos al Señor.4.Para que padres e hijos construyan hogares de paz, verdaderas iglesias domésticas, donde reine la fe y el amor. Oremos al Señor.5.Para que nuestros hermanos que ya fueron llamados por Dios y creyeron en el nombre de su Hijo reciban de Él plenitud de sus promesas. Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios, que en Jesús, María y José nos diste la imagen viva de tu eterna comunión de amor, colma con tu gracia y sabiduría a todas las familias del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.