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Jesucristo, Rey – Pastor
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Por: Mons. Omar Mejía - La celebración de la Santa Misa de hoy tiene dos particularidades: Celebramos el último domingo del tiempo ordinario y la solemnidad litúrgica de Nuestro Señor Jesucristo, rey del universo. El Santo evangelio (Mt 25, 31-46), nos ofrece para nuestra meditación un texto fundamental para nuestra vida cristiana. En su conjunto la Palabra de Dios el presente domingo nos ofrece la oportunidad de contemplar la acción de Dios manifestada en la segunda persona de la Santísima Trinidad: Jesús Nuestro Señor, rey del universo. En dos palabras sintetizamos el mensaje de hoy: Dios es: Rey – Pastor.
Escuchemos el inicio del santo evangelio: “Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda”. Según el evangelista San Mateo, esta narración bíblica es la última enseñanza magistral que realiza Jesús, nuestro Rey y Pastor. Quizás al evangelista le interesa que a su comunidad le quede grabada en su mente la acción misericordiosa, compasiva y cercana de Jesús nuestro Señor. Pero también le interesa dejar en la mente de su comunidad la necesidad de asumir la vida cristiana con responsabilidad frente al cuidado de los más pequeños y necesitados. No cuidar de los pequeños es un acto de injusticia que puede ser juzgado por el mismo Dios como una falta de misericordia y compasión.
Dios es el Rey del universo y como rey se sienta en su trono y posee toda la autoridad de juzgar nuestros actos; pero, a su vez, Dios es también Pastor y como Pastor cuida de su pueblo. Escuchemos nuevamente lo que hemos proclamado en la primera lectura: “Esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré, como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré” (Ez 34,11-12). Fijémonos en una expresión sumamente interesante en el texto: “Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré”. Cuidar es lo propio de una madre y lo propio de un médico, de una enfermera (o). Cuidar es lo propio del rey. El rey cuida su imperio. El pastor cuida sus ovejas. Por más sencilla que sea nuestra vida, todos tenemos algo que cuidar. Debemos cuidar nuestra vida, nuestra salud, nuestra vocación, el trabajo, nuestros bienes…
El evangelio muy concretamente nos invita a cuidar nuestra salvación y hemos de hacerlo, a través de las obras de misericordia. Escuchemos la Palabra: “Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme”.
Notemos con atención la naturaleza de estas seis obras de misericordia: comida, bebida, acogida, ropa, cuidado, visita. Todos por más pobres que seamos tenemos el potencial para proveer este tipo de misericordia. No necesitamos ser ricos para comprar un pastel y una gaseosa para una persona hambrienta. No necesitamos ser enfermeros (as) para visitar una persona enferma, basta simplemente poseer la sensibilidad y la voluntad de hacerlo. No necesitamos ser misioneros para visitar un prisionero en la cárcel, es suficiente ser sensibles frente a la soledad y el agobio que siente un prisionero. Las obras que se ven recompensadas según el santo evangelio están al alcance de todos. Estas obras de misericordia son demasiado sencillas y no necesitan de grandes sacrificios de parte de quienes las practican, pero sí dan un alivio inmenso a quienes reciben la misericordia.
Cuidar nuestra vida y cuidar la vida de los demás, es una gran tarea. Cuando cuido mi vida, cuido la vida de los demás. Quien no es responsable con su propia vida, tampoco es responsable con la vida de los demás. Quien cuida, busca, apacienta, recoge, ánima, acoge al descarriado, venda las de heridas quienes están sufriendo. Quien cuida, cura, fortalece, da esperanza… Dios, nuestro Rey – Pastor, cuida de nosotros, el secreto está en que nos dejemos cuidar de Él. El Salmo responsorial nos acaba de decir: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar. Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tu vas conmigo, tu vara y tú cayado me sosiegan”.
“Tu vas conmigo”. Dios siempre va con nosotros. Escuchemos lo que nos dice la Palabra de Dios: “Señor, tú me examinas y conoces, sabes si me siento o me levanto, tú conoces de lejos lo que pienso. Ya esté caminando o en la cama me escudriñas, eres testigo de todos mis pasos” (Sal 139,1-3) (138). El único que realmente nos conoce en la integridad de nuestro ser es Dios. Por eso dice la Palabra: “Bendito el hombre que confía en Dios, maldito el hombre que confía en el hombre” (cf Jr 17, 1-13). Hermanos, ante la crisis que vivimos toda nuestra confianza debe estar centrada en Dios. Para los que aman a Dios todo les acontece para su bien. Las personas de fe, de las grandes crisis sacan grandes enseñanzas. El tiempo presente es un momento oportunísimo para rescatar con fuerza las obras de misericordia.
La Palabra de Dios del presente domingo nos invita a la solidaridad universal, pero, se trata de una solidaridad que se particulariza en el ejercicio de la caridad hecha real y concreta en personas especificas, en seres humanos concretos que necesitan de nuestra ayuda. También el santo evangelio de una manera particular nos invita a realizar un buen examen de conciencia, escuchemos: “Apártense de mí, malditos vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron”.
La caridad se ejerce en lo concreto, en los espacios de la vida cotidiana. Allí donde hay un hermano que sufre necesitan de mi presencia. “Obras son amores y no buenas razones”. La Palabra de Dios nos invita hoy a revisar nuestros pecados de omisión. ¡Cuantas veces Dios se nos hace presente a través de un hermano que sufre y nosotros pasamos de largo! El Rey – Pastor nos conoce y observa con dolor cómo muchas veces nos convertimos en machos cabríos e indomables. Quienes en el juicio final son declarados malditos, se debe a su falta de caridad, una falta que entre otras cosas, como nos lo presenta el evangelio, a veces pasamos de una manera desapercibida. Escuchemos la Palabra: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Y él les replicará: En verdad les digo: lo que no hicieron con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo”. Uno de los pecados más graves es el pecado contra la caridad. Pongamos atención porque, con mucha facilidad faltamos a la caridad, pensemos, por ejemplo, en el chisme, la calumnia, el asesinato, el aborto, el homicidio, el mismo suicidio. El don más grande que Dios nos ha regalado es la vida, de tal manera que una falta contra la vida es una falta contra la caridad.
El Rey – Pastor que cuida…, con dolor observa cómo sus hijos se alejan de Él, cuando no ejercen la caridad con sus hermanos los más humildes. El Rey – Pastor, ante la realidad del pecado de la humanidad, tiene que pronunciar una sentencia de condena: “Apártense de mi, malditos…” Hermanos, la mayor gloria de Dios es el hombre, la mayor gloria del hombre debería ser Dios. ¿Cómo glorificar a Dios?, según nos narra el evangelio, glorificamos a Dios, rindiéndole tributo de adoración y sirviendo generosamente a nuestros hermanos. Cuando servimos con honestidad y rectitud de corazón a los hermanos estamos dando gloria a Dios. La Palabra nos dice: Cuanto hicieron a dejaron de hacer a uno de estos mis hermanos más pequeños a mi me lo hicieron o a mi me lo dejaron de hacer. La enseñanza es que el reino de los cielos, la vida eterna, la vida en Dios, nos la granjeamos todos los días y en los pequeños detalles de cada jornada (Sólo por hoy y con la gracia de Dios). La crisis que vivimos en la actualidad es una gran oportunidad para ejercer la caridad y la misericordia al estilo de Jesús Rey – Pastor. En las actuales circunstancias que vivimos, tengamos en cuenta tres actitudes básicas: Presencia, discernimiento, orientación.
Estimados sacerdotes: presencia, discernimiento y orientación. El pastor conoce a sus ovejas, las defiende, las cuida y si es necesario da la vida por sus ovejas. Queridos padres, presencia en sus parroquias, dedicación. Nuestros feligreses nos quieren y nos necesitan al cien por ciento pastores. Religiosas (os), presencia, discernimiento, orientación. El religioso (a) es signo de la presencia de Dios entre nosotros. El religioso (a) es fiel a su vocación cuando ejerce la caridad como misión primaria en el ejercicio de su vida consagrada.
Educadores: presencia, discernimiento, orientación. Estimados maestros y maestras, dice San Juan Bautista de la Salle: “Quien desconoce a Jesucristo no puede ser maestro”. Por favor, estén al lado de sus alumnos, hoy más que nunca los necesitan maestros, maestros al cien por ciento. Ustedes son guías, acompañantes y orientadores, ustedes son la luz que ilumina la vida de muchos jóvenes. No se dejen robar la ilusión de luchar por un mundo mejor.
Padres de familia: presencia, discernimiento, orientación. Sus hijos aprenden más por lo que observan que por sus palabras; sean rectos y honestos en la vocación de ser los heraldos de la verdad, de la justicia, de la paz, y la fraternidad. Sus hijos los necesitan exigente, pero cercanos.
Gobernantes: presencia, discernimiento, orientación. El pueblo ha confiado en ustedes, el pueblo los necesita limpios de corazón, sin ambiciones, dedicados al servicio, amables y cercanos. El pueblo está cansado de falsas promesas. El pueblo los necesita dedicados y pulcros en la administración de los bienes públicos. Utilizando las palabras de Papa Francisco, estimados gobernantes, trabajen incansablemente por la “amistad social”.
La misericordia debe ser ilimitada, como son ilimitadas las necesidades
Mateo 25, 31- 46
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme. Entonces los justos le contestarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: En verdad les digo que cada vez que lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron. Entonces dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron. Entonces también estos contestarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Y él les replicará: En verdad les digo: lo que no hicieron con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.
Vie 20 Mar 2026
San José, modelo siempre nuevo de filiación y paternidad
Por Mons. Félix Ramírez Barajas - La experiencia humana hunde sus raíces en la profunda experiencia de ser hijo, un espacio vital donde se aprende a amar la vida recibida y, por tanto, el amor de entrega de quien ha engendrado.Nuestra realidad social, con la amenaza de tantas ideologías, quiere imponernos nuevos prototipos de paternidad y por ende de familia, en contra de la iniciativa divina, son sobre todo “ideologías de confusión” (Babel). Es un ambiente de insatisfacción y subversión de los valores, cambiando e imponiendo lo que en realidad es contrario a la ley divina y a la ley natural.Cuando se pierde el sentido de Dios, de trascendencia y de verdadera identidad en lo antropológico y en lo espiritual, se quiere, malévolamente, redefinir lo que significa la paternidad y aun la maternidad, dando rasgos e identidades muy desde el libre pensar y actuar de modo individualista de muchos que, en aras al respeto a su nueva identidad y manera de pensar, reclaman derechos sin cumplir deberes.Hoy estos son desafíos para la evangelización y la pastoral, pues cada vez más aparecen “areópagos” en donde no siempre son lugares para discutir sobre temas filosóficos y teológicos, sino donde hay desinformación, y discusiones sobre identidades fruto de sentimientos reprimidos o de diversas patologías. Allí el evangelizador y la familia tiene que llegar con la “parresia” propia de quien esta convencido del actuar de Dios en medio de los ambientes como Babel, Sodoma y Gomorra, Nínive, Corinto, etc.En este mes de marzo contemplemos, con serenidad la figura de San José, una hermosa luz en medio de realidades oscuras, de los trampolines del relativismo moral, de corrientes subjetivas, del rechazo al plan de Dios y de muchas otras formas de actuar en medio de incoherencias. Pero también en ambientes de Fé, de comunidad, de familia, de Iglesia donde el Resucitado, como a los apóstoles, nos dice la paz esté con ustedes. Recobremos la paz que dá el Señor y que también los santos como San José el justo, experimentó con su vivencia de hijo y a la vez de Padre.San José, nos enseña a vivir la experiencia filial con fe y dependencia de la paternidad de Dios. En la Sagrada Escritura, se nos presenta como un hombre justo y obediente a la voluntad de Dios (Mt 1, 19-20). Atento como María y en actitud de escucha, es obediente, como el verdadero hijo que va reconociendo que a Dios Padre hay que responderle en la humildad y hasta en el silencio que se convierte en elocuente actitud filial. Solo en esa experiencia vital de sentirse hijo, san José es prototipo de Padre, así tal cual como nos lo refiere el evangelio de san Mateo 1, 18, 25.Como padre, San José es un modelo de valores y virtudes digno de ser imitado por todo creyente y especialmente por los padres y madres de familia. El Papa Francisco nos recordaba que "nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente" (Amoris Laetitia, 121). San José nos muestra que la paternidad como don de Dios para él va mucho más allá de lo humano, pues se trata de ser imitador del gran amor y paternidad del mismo Dios.Las cortas alusiones que hace la Sagrada Escritura sobre San José, son suficientes para mostrar a San José como ejemplo de la paternidad, como cuando se preocupa por el bienestar de María y Jesús (Mt 1, 19; Lc 2, 4-5).En síntesis, aprendamos de San José:1. “A vivir la filiación como un don y una vocación que requiere escucha y respuesta a la llamada de Dios. Invitamos a las familias a reflexionar sobre la importancia de la filiación y a cultivar una relación profunda con Dios, Padre.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).2. “San José nos muestra que la paternidad es una vocación que requiere escucha, obediencia y servicio. Invitamos a los padres a reflexionar sobre su papel en la familia y a buscar formas de servir a sus hijos y a su comunidad.” (Conferencia Episcopal de Colombia, 2024).3. San José y María nos ofrecen un modelo de familia como escuela de amor y entrega. Invitamos a las familias a reflexionar sobre cómo pueden cultivar el amor y la entrega en su hogar, y a buscar formas de ser una fuente de amor y esperanza para el mundo.4- Con San José, aprendamos a escuchar a Dios, a descubrir su voluntad y a caminar en Sinodalidad.BibliografíaConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 9 de febrero). Mensaje de los Obispos al Pueblo de Dios. CXVI Asamblea Plenaria: "Cristo Jesús, Nuestra Esperanza" [Comunicado]. https://www.cec.org.co/sites/default/files/2024-02/COMUNICADO%20OBISPOS%20COLOMBIANOS_ASAMBLEA%20PLENARIA_CXVI.pdConferencia Episcopal de Colombia. (2024, 16 de junio). San José: Modelo de paternidad. Mensaje con motivo del Día del Padre. https://www.cec.org.co/Mons. Félix María Ramírez BarajasObispo de Málaga-SoatáMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
Lun 16 Mar 2026
Nueva edición para Colombia del Misal Romano
Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - En la Ultima Cena que Jesús celebró con sus discípulos, les dio el mandato de “hacer su memoria”. Así instituyó un sacramento que no es sólo un recuerdo de él, sino un acto que lo hace presente y produce la gracia de su Pascua en aquellos que creen y lo siguen. Desde entonces la Iglesia se congrega y vive a partir de la Eucaristía. La celebración de este don incomparable fue dando origen a la configuración de unos ritos litúrgicos. La primera noticia sobre esta estructuración litúrgica la tenemos en San Justino; sabemos que después San Gregorio Magno hizo una reforma; luego San Pío V, siguiendo las disposiciones del Concilio de Trento, configura el Misal Romano. Otros Papas, a lo largo de los siglos, procurando actualizar o perfeccionar los ritos, introdujeron algunos cambios.El Concilio Vaticano II, en la Constitución “Sacrosanctum Concilium”, estableció que convenía que el culto divino se renovase y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Acatando esa disposición San Pablo VI aprobó el 3 de abril de 1969 el nuevo Misal Romano, que se hizo efectivo en 1970. Así los Papas, como dice Benedicto XVI, han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico…apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía”. El Misal de San Pablo VI tuvo una segunda edición con algunos elementos nuevos en 1975. Después, San Juan Pablo II, para actualizar el Misal de acuerdo con reformas litúrgicas posteriores y con el nuevo Código de Derecho Canónico, aprobó una tercera edición que se promulgó en la Pascua del año 2002.De esta edición se ha hecho una traducción al español propia para Colombia, debidamente aprobada por el Dicasterio para el Culto Divino, que ha tenido varias reimpresiones. Ahora, como es normal, al agotarse y deteriorarse los ejemplares existentes, se reimprime de nuevo y se aprovecha para una actualización y algunos ajustes de traducción. Comenzaremos a celebrar con esta nueva edición a partir de la Misa Crismal, el próximo 26 de marzo. Es un paso importante, pues ante la escasez de misales se estaban utilizando textos aprobados para España y otros países. Por eso, invito a todas las parroquias, las capellanías y casas religiosas que lo adquieran cuanto antes para que unifiquemos la celebración de la Eucaristía en toda la Arquidiócesis y en Colombia.No se trata de un nuevo Misal como han dicho, sin conocimiento de causa, algunos medios de comunicación. Es el mismo Misal en el que se incluyen las fiestas litúrgicas y las memorias de los santos canonizados después de la edición anterior; es así como ahora encontraremos, por ejemplo, la eucología propia para la celebración de San Juan Pablo II y Santa Laura Montoya. Para unificar el lenguaje, se ha aprobado ya definitivamente el uso del pronombre “ustedes”, en lugar de “vosotros”, en la fórmula de la consagración. De otra parte, se adiciona el nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas. Espero que acojamos todos sin dificultad esta nueva edición del Misal y que aprovechemos la ocasión para vivir con más fe y más provecho espiritual el misterio eucarístico.En este sentido, recomiendo vivamente que estudiemos de nuevo la “Instrucción General del Misal Romano”, que está en las primeras páginas, ya que contiene muchas informaciones y orientaciones que aportan mayor precisión y sentido a diversos elementos de la celebración de la Eucaristía, subraya más ampliamente la naturaleza y la dignidad de la sagrada liturgia en la vida de la Iglesia, especifica mejor el oficio de los ministros y de la asamblea, motiva a utilizar las diversas formas de celebrar la Misa, trae importantes anotaciones sobre la disposición del lugar sagrado y de los objetos que se utilizan en la celebración. Podría ser la ocasión también para repasar otros documentos muy importantes: la Encíclica Ecclesia de Eucaristía de San Juan Pablo II, la Instrucción Redemptionis Sacramentum y la Exhortación Sacramentum Caritatis del Papa Benedicto XVI, la Carta Desiderio Desideravi del Papa Francisco.Sobre todo, pienso que debemos continuar en un compromiso serio de cuidar la liturgia y de llevar a los fieles a una activa, consciente y fructuosa participación en ella. Como enseñaba San Juan Pablo II: “Existe un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia”. Que especialmente este tiempo de Cuaresma nos lleve en cada Eucaristía a vivir la fe en la centralidad del misterio pascual de Cristo para que tengamos en él una fuente inagotable de la vida nueva del Evangelio, un llamamiento permanente a la fraternidad y un decidido impulso a realizar nuestra misión en el mundo. + Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín
Lun 9 Mar 2026
La Esperanza en Jesucristo no defrauda
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzando en la celebración de los 70 años de vida diocesana con el lema pastoral: vayan y hagan discípulos haciendo la Voluntad de Dios, nos disponemos a reflexionar sobre la virtud de la Esperanza en este itinerario que estamos recorriendo a través de las virtudes teologales. Así, fortalecer el camino de santidad que cada uno de nosotros debe recorrer hasta llegar a la vida eterna siguiendo a Jesucristo: “yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre, sino por mí” (Jn 14, 6).El trabajo evangelizador en salida misionera en el que estamos todos empeñados en nuestra Diócesis de Cúcuta, se convierte en una siembra de esperanza en la vida y la misión de cada uno de nosotros. Vivimos en este hoy de la historia, conflictos y divisiones que producen violencia y muerte en la vida personal, familiar y en nuestro entorno social. Ante esto, tenemos la certeza que la esperanza es Jesucristo, que no nos defrauda, Él nos acompaña en la barca de la vida y está presente en las tormentas de nuestra existencia, basta que le abramos el corazón a su Palabra y fortalecidos por la fe, recibamos como alivio para nuestra vida la esperanza que cambia el rumbo de la existencia y le da un nuevo sentido: “la puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene Esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Spe Salvi 2).Tenemos la certeza de la fuerza del Espíritu Santo en nuestras vidas, que es presencia de Jesucristo en todos los ambientes y lugares, que llena a todos de esperanza, “una esperanza que no defrauda porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones” (Rom 5, 5); que alivia tantas heridas producidas por el mal y el pecado, que destruyen nuestra vida y oscurecen el entorno familiar y social.Frente a tanta incertidumbre por la que atraviesa el ser humano en el mundo de hoy, la esperanza en Cristo nos llena de gracia, que nos permite recibir el perdón de Dios por nuestros pecados y fortalecer la centralidad de la vida en Él, que nos sostiene en medio de las dificultades y tribulaciones por las que pasamos cada día. “¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rm 8, 35.37-39). Aquí está la esperanza que no permite que nos derrumbemos frente a las dificultades, una esperanza fundamentada en la fe y alimentada con la caridad, que hace posible que sigamos adelante sin vacilaciones.La fuerza del Espíritu Santo mantiene en nosotros viva la fe, la esperanza y la caridad, somos sostenidos para seguir como peregrinos de la esperanza, en gracia de Dios, dando testimonio de Jesucristo en el cumplimiento de nuestra misión y en el trabajo misionero que cada uno realiza, aún en medio de los sufrimientos y las dificultades.Al respecto san Pablo nos anima diciendo: “por la fe en Cristo hemos llegado a obtener esta situación de gracia en la que vivimos y de la que nos sentimos orgullosos, esperando participar de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que hasta de los sufrimientos nos sentimos orgullosos, sabiendo que los sufrimientos producen paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida esperanza, una esperanza que no defrauda” (Rom 5, 2 - 5) y que nos mantiene en pie en el combate espiritual, para que sigamos adelante, caminando juntos en la gracia de Dios.Para mantenernos firmes en este camino espiritual de santidad es necesaria la oración diaria, que es una escuela de esperanza que fortalece la fe y produce el fruto maduro de la caridad: “un lugar primero y esencial de aprendizaje de la Esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme, cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar, Él puede ayudarme” (Spe Salvi 32).Esta verdad que vivimos en gracia de Dios, fortalecidos por la oración, es lo que transmitimos a los demás cumpliendo con el encargo misionero que el Señor Jesús nos ha hecho a todos: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20). Jesús mismo nos ha dejado la certeza que no nos abandona, no nos defrauda, camina siempre con nosotros, no transmitimos a los demás una teoría sobre Jesucristo, sino la experiencia de vida centrada en Él que cada día nos fortalece.Con la esperanza viva en Jesucristo, abiertos a la gracia del perdón que viene de Dios, para vivir en la familia y en la comunidad la caridad cristiana, sigamos anunciando el Evangelio de Jesús por todas partes. Que la Santísima Virgen María, Madre de la Esperanza y el Glorioso Patriarca San José, nos enseñen a creer, esperar y amar como ellos y que nos indiquen cada día el camino hacia el Reino de Dios, donde llegaremos todos, después de esta peregrinación terrena.En unión de oraciones, reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 3 Mar 2026
La Iglesia hace política
Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - En el proceso histórico de nuestro país y especialmente en la coyuntura política que vivimos, los cristianos debemos participar responsable y activamente. La acción política, realizada desde una visión cristiana, no puede concebirse sino como un servicio concreto a la sociedad, con el fin de proteger y favorecer el bien común. Esto significa la promoción y garantía de las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan desarrollar su vida y disfrutar en buenas condiciones los servicios fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad, a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda. La Iglesia sí hace política, pero de otra manera: cuando cada uno de sus miembros, desde su concreta posición, se hace responsable de la vida y el futuro de la sociedad.Los católicos tenemos derecho y obligación de apoyar, por caminos democráticos, proyectos políticos que concuerden con nuestra visión de la persona humana, de la sociedad y del comportamiento ético; los políticos católicos tienen también el deber de impulsar estos objetivos; negarnos este derecho sería promover una política intolerante y discriminatoria. Esta obligación, independientemente de las preferencias partidistas que tengamos, exige la defensa y protección de la vida humana, de la familia en todas sus implicaciones, de los menores y los más necesitados, de la libertad y la pacífica convivencia, de la justicia y la solidaridad, de las religiones y las diferentes culturas.Dentro de estas convicciones morales, los católicos tenemos libertad para actuar en política según el dictamen de la conciencia y la responsabilidad personal. Con estos criterios hay lugar a opiniones distintas y a proyectos diferentes, todos legítimos, aunque no todos tengan el mismo valor. La diferencia y libertad de posiciones y proyectos no se pueden confundir con la indiferencia o el relativismo moral. Las diversas iniciativas valen más o menos según la forma como correspondan a los valores morales que son garantía del bien personal y social. La idea de que la política tenga que navegar en el laicismo y en el relativismo no tiene un fundamento sólido y entraña peligros. Si todos no respetamos valores objetivos se abre el camino a la arbitrariedad y al autoritarismo.Por eso, la Iglesia tiene el derecho y el deber de instruir y animar a los católicos para que actúen debidamente en los diferentes momentos y niveles de la vida política de acuerdo con las exigencias de nuestra fe. Los católicos, dentro del legítimo pluralismo y en colaboración con los demás ciudadanos, debemos discernir qué líderes, qué grupos políticos y qué propuestas responden más al bien común según la doctrina de la Iglesia. Hay propuestas que afectan el bien de las personas, de las familias, de la libertad ciudadana; por tanto, los católicos tenemos que hacernos escuchar sin miedo. En síntesis, la fe y la moral cristianas tienen que ser operantes en todas las dimensiones de la vida y, por consiguiente, también en la política.A la Iglesia se la critica si interviene en política porque no se acepta que tome partido, pero se la critica igualmente si no interviene porque pareciera que es indiferente a la vida y a la suerte del pueblo. La Iglesia, es decir todos nosotros los católicos, no nos podemos quedar como una masa muerta e indiferente frente a lo que pasa y puede pasar en el país. Los católicos, como se ha dicho siempre, debemos ser los mejores ciudadanos. Entonces intervengamos para dar lo que sabemos: el sentido del servicio público; para llamar a la unidad y a la cordura en el proceder; para mediar y ofrecer servicios específicos a favor de la libertad, la justicia y la reconciliación; para elegir a los mejores mediante un voto consciente y responsable.Hoy no pensar y, por lo tanto, no actuar correctamente es una forma de colaborar con la destrucción de nuestras instituciones democráticas. La historia ya nos enseñó lo que ocurre cuando el poder se desborda y los demás callamos. La ignorancia de un votante en una democracia pone en peligro la seguridad de todos. Tenemos que analizar a fondo las propuestas y no quedarnos con alucinaciones populistas. La elección de parlamentarios que vamos a tener es un momento decisivo y fundamental para mantener la institucionalidad y el bienestar del país. Por tanto, el abstencionismo, el voto irresponsable o el voto vendido no son una opción válida para un católico. Procedamos con la responsabilidad y la esperanza que nos vienen de Cristo; Él es la luz que vence toda oscuridad.+Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín