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conferencia episcopal de colombia

Mié 15 Abr 2026

Iglesia en Colombia celebrará la Semana Vocacional 2026: tiempo de escucha, discernimiento y respuesta al llamado de Dios en comunidad

Del 26 de abril al 3 de mayo de 2026, la Iglesia en Colombia vivirá la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones, un tiempo de gracia que busca fortalecer la cultura vocacional, promover el discernimiento y renovar el compromiso misionero en todas las comunidades eclesiales del país.En comunión con la Iglesia universal y en el marco de la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, celebrada en el IV Domingo de Pascua, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) anima a los fieles a redescubrir la vocación como un don gratuito de Dios, que se gesta en lo profundo del corazón y se desarrolla en comunidad, como camino de plenitud, servicio y santidad.Un tiempo para renovar la fe y la comuniónBajo el lema “Jesús llama, forma y envía en comunidad”, esta semana se presenta como una oportunidad privilegiada para que la Iglesia en Colombia fortalezca su identidad como comunidad de discípulos misioneros, en la que cada vocación —laical, sacerdotal, religiosa o familiar— es acogida, acompañada y enviada al servicio del Reino.La CEC destaca que toda vocación nace y crece en una Iglesia viva, unida y en salida, donde la oración, el testimonio y el acompañamiento fraterno crean las condiciones para que el llamado de Dios sea escuchado y respondido con generosidad.En este sentido, la Semana Vocacional no solo interpela a quienes están en proceso de discernimiento, sino a todo el Pueblo de Dios: familias, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y ministros ordenados, llamados a ser corresponsables en la promoción y cuidado de las vocaciones.Una metodología pastoral integral y participativaPara vivir esta semana, la Conferencia Episcopal propone una guía con metodologías flexibles, contextualizadas y profundamente espirituales, que pueden adaptarse a las diversas realidades pastorales del país.El itinerario está organizado en torno a un camino progresivo que integra celebración, formación, oración y experiencia comunitaria, con un enfoque diferencial según los distintos estados de vida:Domingo: La Eucaristía como fuente y culmen de toda vocación.Lunes: La escucha confiada del llamado en los niños.Martes: El discernimiento valiente en la vida de los jóvenes.Miércoles: La familia como cuna y sostenimiento de la vocación.Jueves: El acompañamiento mutuo entre quienes ya han respondido.Viernes y sábado: Jornada “24 horas con el Señor”, centrada en la adoración eucarística.Domingo final: Envío misionero y acción de gracias.Cada jornada incluye encuentros con la Palabra, dinámicas pedagógicas, espacios de oración y signos concretos que favorecen la interioridad, la escucha y el discernimiento, especialmente entre niños, jóvenes y familias.La oración: corazón de la cultura vocacionalUno de los ejes centrales de esta iniciativa es la promoción de la oración como semillero de vocaciones auténticas. De manera especial, la jornada de “24 horas con el Señor” propone una cadena continua de adoración eucarística, como signo visible de comunión eclesial y confianza en la acción del Espíritu Santo.Este espacio busca suscitar en los fieles una experiencia profunda de encuentro con Jesucristo, fortaleciendo la vida espiritual y generando ambientes propicios para el surgimiento de nuevas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.Discernir para servir: una vocación al amor y a la vida plenaInspirada en el mensaje del Santo Padre, esta semana invita a redescubrir que la vocación no es una imposición ni un esquema prefijado, sino un proyecto de amor y felicidad, que se revela en la relación personal con Dios y se concreta en el servicio a los demás.En un contexto marcado por múltiples desafíos sociales, culturales y espirituales, la Conferencia Episcopal reafirma que promover una auténtica cultura vocacional es también contribuir a la construcción de una sociedad más humana, solidaria y esperanzada.Una Iglesia que escucha, acompaña y envíaEn Colombia, la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones se puede convertir así en una expresión concreta de una Iglesia que escucha, discierne y camina unida, comprometida con la promoción de la vida, la verdad y el amor, y con la formación de discípulos misioneros que transformen la realidad desde el Evangelio.

Mar 14 Abr 2026

Abril pascual y bautismal

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Por el mes de abril comienza con la gran solemnidad de la Pascua de resurrección del Señor. Es la alegría de la victoria de Cristo sobre la muerte la que debe embargar nuestros corazones y sentimientos, de manera que aun en medio de las dificultades que encontramos en el camino, sea la fuerza del Resucitado la que nos aliente y fortalezca.Eje central de las fiestas pascuales, y especialmente de la noche de la Pascua, es el Bautismo. En la arquidiócesis de Cali hemos querido dedicar este año a redescubrir el valor y la fuerza de este sacramento. Cómo es de necesario y urgente que los bautizados tomemos más en serio el significado de los compromisos propios de la vida cristiana, que se reciben con el sacramento del Bautismo, mediante el cual, nos hacemos hijos de Dios, nos incorporamos a la Iglesia, nos hacemos hermanos en Cristo y por el baño del agua, las palabras del Bautismo, la unción del crisma y demás ritos del sacramento, llegamos a ser sacerdotes, profetas y reyes.Por el Bautismo somos enviados a la misión. Somos constituidos discípulos y misioneros para hacer que muchos conozcan la vida nueva que nos regala el Resucitado.El Catecismo de la Iglesia Católica dedica los números 1213 a 1284 al sacramento del Bautismo que vale la pena releer. Dice entre otras cosas, que el Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos” (n. 1213).Presenta el Bautismo en la economía de la salvación, recordando que “desde el origen del mundo, el agua es la fuente de la vida y la fecundidad” (n. 1218), y es figura de los distintos acontecimientos que han dado la vida nueva, como la creación y el paso del mar rojo. El agua “simboliza la vida y la muerte, y significa la comunión con la muerte de Cristo (n. 1220). El agua representa el Espíritu Santo (Jn. 3,5). El Bautismo hace que podamos renacer del agua y espíritu. “El Bautismo es necesario para la salvación” (n.1257).Pero hay un número que es sumamente importante en el que se afirma que “el Bautismo es el sacramento de la fe (cf. Mc. 16, 16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Solo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles” (n. 1253). En comunidad la fe se fortalece y se hace misionera para que muchos conozcan al Señor y se hagan partícipes de la salvación que nos ofrece. Ante la disminución de cristianos y bautizados, urge que los cristianos vivamos con coherencia la fe, para antojar a otros a bautizarse o a volver al amor primero en la Iglesia.Y dirá, además, que “en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la noche pascual la renovación de las promesas del Bautismo… El Bautismo es la fuente de la vida nueva en Cristo, de la cual brota toda vida cristiana” (n. 1254). Una fe que no se cuida puede apagar su ardor. Entristece que un número importante de cristianos y católicos se denominen católicos no practicantes. ¿Qué hacer entonces?Si tomáramos realmente en serio la fuerza de este sacramento, de seguro que el testimonio de los cristianos sería avasallador. La vida cristiana de la que se nos habla, reflejaría que en nosotros habita el Señor, y que el Espíritu Santo recibido en el sacramento, nos ayudaría no solo a cumplir los mandamientos, sino a tener los sentimientos de Cristo Jesús.Más aun, hará posible que, en la vivencia de la vida cristiana que debe emerger del sacramento recibido, podamos transformar el mundo siendo fermento de esperanza. Un buen cristiano debe ser un excelente ciudadano. No podemos restringir el bautismo a solo un rito. La caridad, la solidaridad, el amor mutuo y la celebración de la fe en los distintos sacramentos de la Iglesia, como la reconciliación y la eucaristía, deben ser una constante.Durante este tiempo pascual estamos siendo llamados a renovar con esperanza los compromisos del Bautismo. Hago este reiterado llamado para se haga la renovación con el convencimiento de que los tiempos que vivimos requieren una fuerza interior que nos permita discernir lo que Dios quiere para los cristianos y católicos en los tiempos convulsionados que vivimos.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mar 14 Abr 2026

Iglesia en Colombia expresa cercanía y comunión con el Papa León XIV ante su llamado firme por la paz

La Iglesia en Colombia ha reiterado su cercanía, comunión y respaldo al Papa León XIV, destacando su liderazgo espiritual como signo de unidad y guía para la humanidad en medio de las actuales tensiones y conflictos globales.Este sentir ha sido expresado recientemente por el arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, quien, a través de un mensaje oficial, invitó a los fieles a unirse en oración y solidaridad con el Santo Padre, reconociendo su voz profética en favor de la paz y la dignidad humana.“No tengan miedo”: una invitación a perseverar en la misiónEn su mensaje, el prelado colombiano recordó las palabras de Jesús: “no tengan miedo”, alentando a los creyentes a mantenerse firmes en la fe y en la misión de anunciar el Evangelio de la vida y de la paz, incluso en contextos marcados por la incertidumbre, la violencia y la incomprensión.Monseñor Rodríguez subrayó que los llamados del Papa León XIV no responden a intereses políticos, sino a su fidelidad al Evangelio, desde donde clama con fuerza por el fin de la guerra, la violencia y el sufrimiento de los inocentes. En este sentido, destacó que la voz del Sucesor de Pedro recoge el dolor de las víctimas y el anhelo de paz de los pueblos, convirtiéndose en un referente moral para el mundo contemporáneo.Una vigilia que interpela: la oración como fuerza transformadoraEste mensaje del Arzobispo de Cali se ve iluminado por las palabras pronunciadas por el Santo Padre durante la reciente vigilia de oración por la paz del pasado sábado 11 de abril, en la que insistió en que la oración no es evasión ni refugio pasivo, sino una fuerza transformadora que compromete a los creyentes con la realidad: una respuesta “gratuita, universal y disruptiva” frente a la violencia y la muerte.Un llamado urgente ante la crisis globalEl Pontífice advirtió sobre la gravedad del momento histórico que vive la humanidad, señalando que los equilibrios en la familia humana están “gravemente desestabilizados” y que crece un peligroso “delirio de omnipotencia” que alimenta la guerra y la confrontación. Frente a ello, hizo un llamado urgente a detener la lógica bélica y a abrir caminos de diálogo y mediación.La paz: tarea de todosEn su mensaje, el Papa León XIV recordó que, aunque los gobernantes tienen responsabilidades ineludibles, la construcción de la paz también compromete a cada persona. “La guerra divide, la esperanza une; la prepotencia pisotea, el amor levanta”, afirmó, invitando a transformar los corazones y a asumir la paz como una tarea cotidiana que se construye en los hogares, las comunidades y la sociedad.Escuchar el clamor de las víctimasEn esa jornada, el Santo Padre también elevó una voz particularmente significativa al invitar a escuchar el clamor de las víctimas, especialmente el de los niños afectados por los conflictos, cuya experiencia revela con crudeza la inhumanidad de la guerra. En este contexto, reiteró con fuerza el llamado a que nunca más la violencia sea considerada un camino válido.Una responsabilidad que exige conversiónAsimismo, retomando el legado de San Juan Pablo II, el Papa reafirmó que la paz es una responsabilidad compartida que exige decisiones concretas, pero también una profunda conversión del corazón. De ahí su invitación a “volver a creer en el amor, en la moderación y en la buena política”, promoviendo una cultura del encuentro que supere la indiferencia y la confrontación.Llamado a ser artesanos de la pazEn sintonía con este llamado, monseñor Rodríguez invitó a las comunidades a fortalecer la oración por la paz, especialmente en este tiempo pascual, y a asumir con compromiso el llamado a ser “artesanos y pregoneros de la paz”, promoviendo la reconciliación en los entornos cotidianos.Este mensaje refleja el sentir del episcopado colombiano que, en comunión con el Papa, reafirma una vez más su compromiso con la paz, la vida y la dignidad humana, y que continúa ofreciendo esperanza a la sociedad en medio de los desafíos actuales.

Lun 13 Abr 2026

En memoria del Padre Adriano Tarrarán

Por P. Luis Eduardo Pérez Villegas, M.I - El padre Adriano Tarrarán, religioso de la Orden de los Ministros de los Enfermos (Camilos), fue ordenado sacerdote en 1964 en Rossano Veneto (Italia). Inspirado por el carisma de San Camilo de Lelis, consagró su vida al servicio de los enfermos, reconociendo en ellos el rostro vivo de Cristo sufriente.En septiembre de 1966 se ofreció como misionero para Colombia, llegando a Bogotá el 4 de enero de 1967. Desde entonces, inició una entrega generosa que se prolongó por más de cinco décadas de servicio sacerdotal y misionero en el país, convirtiéndose en una figura clave en la renovación de la pastoral de la salud en Colombia y América Latina.Su primer destino fue el Hospital Universitario San Juan de Dios, donde ejerció como capellán. Allí, el contacto directo con el dolor, la exclusión y las carencias del sistema de salud lo interpeló profundamente. Esta experiencia marcó el rumbo de su misión: trabajar por la humanización del cuidado, la dignificación del enfermo y la promoción de una atención integral que atendiera tanto las dimensiones físicas como humanas, sociales y espirituales de la persona.Fiel al espíritu camiliano, el padre Adriano impulsó una verdadera transformación en el modo de comprender y vivir la pastoral de la salud. Promovió la formación ética y humana de los profesionales sanitarios, así como la creación de redes de voluntariado capaces de acompañar con compasión y cercanía a quienes sufren.Para ello, desarrolló un amplio programa de sensibilización a través de cursos, seminarios y jornadas de humanización de los servicios de salud. Durante varios años recorrió incansablemente el país, llegando a hospitales, clínicas y comunidades, sembrando una nueva conciencia sobre el valor de la vida y la dignidad del enfermo.En 1981 dio un paso decisivo al fundar el Centro Camiliano de Humanización y Pastoral de la Salud en Bogotá, que con el tiempo se consolidó como un referente nacional e internacional. Este espacio se convirtió en una verdadera escuela de formación en el arte de cuidar, por la que han pasado miles de personas: agentes pastorales, profesionales de la salud, voluntarios y familiares de enfermos.En 1986 fue nombrado responsable de la pastoral de la salud de la Arquidiócesis de Bogotá, y en 1994 la Conferencia Episcopal de Colombia le confió la animación de esta pastoral a nivel nacional. Ese mismo año, el CELAM le encomendó la coordinación continental, impulsando un cambio significativo: pasar de una pastoral centrada únicamente en el enfermo a una pastoral de la salud con enfoque integral, preventivo y comunitario.Su aporte no se limitó a la acción pastoral directa. El padre Adriano también realizó una importante labor formativa y académica, elaborando materiales, manuales y reflexiones sobre el acompañamiento al sufrimiento, el duelo, la espiritualidad en la enfermedad y la humanización de los servicios de salud. Sus escritos y procesos formativos han orientado a generaciones de agentes pastorales en Colombia y América Latina.Fiel a su espíritu visionario, promovió la creación de nuevos espacios al servicio de la vida. En 2009 se inauguraron la Casa de Espiritualidad Camiliana y el Centro de Escucha San Camilo, dedicados al acompañamiento de personas en situaciones de dolor, pérdida y duelo, fortaleciendo así una atención más cercana y profundamente humana.Hoy, el Centro Camiliano de Bogotá es reconocido como un oasis de paz, formación y esperanza, símbolo vivo de una Iglesia comprometida con el cuidado de la vida y la dignidad humana.Celebrar la vida y misión del padre Adriano es reconocer en él a un auténtico testigo de la caridad. Su legado permanece en cada persona formada, en cada enfermo acompañado con dignidad y en cada corazón sensibilizado frente al sufrimiento humano.Gracias, padre Adriano, por tu entrega generosa, por tu fidelidad al Señor y por encarnar con radicalidad el carisma de la Orden Camiliana. Gracias por enseñarnos que cuidar es amar, y que en el servicio a los más frágiles se revela el sentido más profundo de la vida.Tu vida ha sido, y seguirá siendo, una semilla de esperanza para Colombia y para toda la Iglesia.P. Luis Eduardo Pérez Villegas M.IDirector Centro Camiliano de Humanización y Pastoral de la SaludCoordinador de la pastoral salud a nivel Colombia desde la Conferencia Episcopal

Vie 10 Abr 2026

Bancos de alimentos de la Iglesia lideran misión solidaria para comunidades afectadas por inundaciones en Córdoba

La Iglesia Católica en Colombia continúa acompañando a las comunidades afectadas por las inundaciones en Córdoba, tras una misión humanitaria realizada en Semana Santa que movilizó ayuda desde el suroccidente del país.El pasado 1 de abril, en el contexto de la Semana Santa 2026, llegó a Montería una caravana humanitaria con más de 82 toneladas de ayuda, como parte de la misión “Juntos por Montería”, liderada por el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali.La iniciativa, articulada con la Diócesis de Montería y la red nacional de bancos de alimentos, permitió trasladar alimentos, medicamentos, kits de aseo, ropa, colchones y otros insumos esenciales hacia el departamento de Córdoba, una de las regiones más golpeadas por la emergencia causada por el desbordamiento del río Sinú en el mes de febrero.Tras una semana de esta entrega, y en medio de este tiempo pascual, la ayuda ya comenzó a ser distribuida a través de las parroquias, mientras continúa el acompañamiento a las comunidades que aún enfrentan las consecuencias del agua.Una emergencia que no terminaAunque han pasado más de dos meses desde la tragedia, la situación para miles de familias sigue siendo crítica.Las inundaciones, que afectaron a varias zonas de la región Caribe, dejaron más de 70.000 personas afectadas solo en Montería, según cifras oficiales. Barrios enteros quedaron bajo el agua, dejando pérdidas materiales, económicas y sociales que aún hoy marcan la vida de las comunidades.“Ciertamente han transcurrido dos meses, pero aún seguimos en la reconstrucción…Hay familias que lo perdieron todo”, expresó el padre Hernán Petro Vidal, director del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería.La emergencia, lejos de haber concluido, ha dado paso a una etapa compleja de recuperación, en la que persisten necesidades urgentes no solo de alimentación, sino también de vivienda, infraestructura y acompañamiento integral.Una Iglesia que responde desde el primer momentoDesde el inicio de la emergencia, la Iglesia local activó sus mecanismos de respuesta.A través del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería y la red de parroquias, se desplegó una atención inmediata que permitió acompañar a las comunidades en albergues, barrios afectados y zonas rurales.“La Iglesia Diocesana, desde el día uno de la emergencia, activó la ruta…Nuestras comunidades se vieron beneficiadas por medio de las parroquias”, explicó el padre Hernán Petro Vidal.Esta presencia ha sido clave no solo para la entrega de ayudas, sino también para brindar consuelo, cercanía y acompañamiento espiritual en medio de la adversidad.Comunión que se convierte en acciónLa misión que partió desde Cali representó un fortalecimiento significativo a este trabajo sostenido.El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali, con el apoyo de empresas, voluntarios y donantes, articuló una operación logística de gran escala que permitió movilizar la ayuda a lo largo de más de 600 kilómetros.“El Banco de Alimentos de Cali unió a toda la empresa privada junto a personas naturales…Nos desplazamos en una gran caravana solidaria”, afirmó el padre Joaquín Gómez, director de esta entidad.La ayuda fue recibida por la Diócesis de Montería, desde donde se está distribuyendo progresivamente a través de las parroquias, priorizando a las comunidades más afectadas.Para el obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, esta acción representa un respaldo concreto al proceso que se adelanta en el territorio. Al recibir la caravana en la capital cordobesa, expresó su gratitud a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, por el liderazgo de esta misión.“Es un gesto de la generosidad de Dios, de empresarios y comunidad que vienen a acompañar el proceso que está haciendo nuestra diócesis con las personas damnificadas”, agregó.Una reconstrucción integralMás allá de la asistencia material, la Iglesia continúa acompañando un proceso de reconstrucción que abarca múltiples dimensiones.“Es una reconstrucción integral…Nuestras comunidades necesitan reconstruirse en lo social, en lo material, pero también en lo espiritual”, subrayó el padre Hernán Petro Vidal.En este contexto, las parroquias se han convertido en puntos clave de articulación, no solo para la entrega de ayudas, sino también para el fortalecimiento del tejido social y la esperanza de las comunidades.Un proceso que continúa para Córdoba y otras regionesAdemás del acompañamiento espiritual que se brinda permanentemente a las comunidades, la la Iglesia católica en Colombia reafirma su misión solidaria tras las inundaciones que han afectado diferentes regiones del país en los últimos meses, articulando esfuerzos entre jurisdicciones y fortaleciendo la atención a comunidades que aún enfrentan las consecuencias de la emergencia.Vea el informe audiovisual de la misión a continuación:

Jue 9 Abr 2026

Iglesia en Colombia se unirá a la Vigilia de Oración por la Paz convocada por el Papa León XIV

En medio de la violencia que afecta a Colombia y a distintas regiones del mundo, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) llama a los fieles católicos a unirse el próximo sábado 11 de abril a la Vigilia de Oración por la Paz, convocada por el Papa León XIV. La celebración central se realizará en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro, a las 6:00 p.m. (hora Roma) y 11:00 a.m. (hora Colombia). Será retransmitida a través de la página en facebook y el canal en YouTube de la CEC.A través de un mensaje oficial, la Comunidad de Presidencia de la CEC invita a las Iglesias particulares, comunidades parroquiales, movimientos eclesiales y a todos los creyentes a sumarse a esta jornada espiritual, como un signo concreto de comunión y esperanza ante las realidades de sufrimiento que vive la humanidad.“Con el gozo de la Paz del Resucitado, queremos unirnos en Colombia al llamado del Santo Padre (…) Todo esfuerzo en este sentido vale la pena, especialmente cuando nace del clamor de un pueblo que, como el nuestro, también anhela el perdón, la reconciliación y la paz”, expresa el mensaje.En la invitación, la Iglesia reconoce “los dolorosos momentos de guerra globales y locales, el sufrimiento de las víctimas y la incertidumbre que aún pesa sobre tantas familias”, subrayando la urgencia de reavivar la esperanza a través de la oración y el compromiso con la paz.En este sentido, los obispos del país retoman palabras recientes del Santo Padre, quien en su bendición Urbi et Orbi exhortó:“Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen; que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz. No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”.La Conferencia Episcopal ha animado a que esta vigilia se viva de manera simultánea en todo el país, promoviendo iniciativas locales que permitan la participación activa de las comunidades.“Que este sábado 11 de abril nuestra oración sea una sola”, enfatiza el comunicado, destacando el valor de la unidad en la fe como camino para aportar a la transformación de la realidad.Con esta convocatoria, la Iglesia Católica en Colombia reafirma su compromiso evangélico con la paz, la reconciliación y la cultura del encuentro, reconociendo en la oración una fuerza viva que impulsa el cambio personal y social.

Mié 8 Abr 2026

Libertad religiosa y convivencia democrática: una tarea de todos

Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - Con preocupación, los católicos hemos sido testigos de que, durante los días de Semana Santa, especialmente en el centro de Bogotá, algunos grupos de personas, que se autodenominan o aparentan ser militantes de corrientes satánicas, han intentado interrumpir celebraciones religiosas propias de estos días. Tales acciones no solo hieren la sensibilidad religiosa de los fieles presentes, sino que afectan gravemente el clima de respeto y convivencia que debe caracterizar a una sociedad plural, democrática y reconciliada.Resulta aún más preocupante que este tipo de intervenciones pretendan ampararse en el ejercicio de la libertad religiosa, cuando el artículo 5º de la Ley 133 de 1994 establece de manera expresa que no se encuentran cobijadas por esta protección las actividades relacionadas con el satanismo, las prácticas mágicas, supersticiosas, espiritistas u otras análogas ajenas a la religión. En consecuencia, estas expresiones no solo carecen de respaldo jurídico como manifestaciones legítimas del derecho fundamental a la libertad religiosa, sino que, cuando se realizan de forma provocadora o violenta, constituyen una vulneración de los derechos de las comunidades de fe y del orden social basado en el respeto mutuo.La Iglesia Católica, fiel a su misión evangelizadora, promueve el diálogo, la paz, la reconciliación y el respeto entre todas las personas, independientemente de sus convicciones religiosas, culturales o ideológicas. Sin embargo, el respeto debe ser siempre recíproco. Ninguna diferencia puede justificar la profanación de lugares sagrados, la interrupción violenta de celebraciones religiosas ni la burla sistemática de símbolos y creencias que dan sentido a la vida de millones de ciudadanos. Estas prácticas revelan formas de fanatismo que, al perder los límites éticos, terminan atentando contra la dignidad y la integridad del otro.En la misma línea, resulta legítima la preocupación por la normalización de la burla de lo religioso en algunos programas de humor en la televisión, la radio y otros espacios mediáticos, donde, bajo el pretexto de la sátira o el entretenimiento, se ridiculizan creencias, ritos y expresiones de fe. La crítica y el humor no pueden convertirse en herramientas de desprecio ni en formas de violencia simbólica. Una sociedad verdaderamente libre no se construye desde la humillación del otro, sino desde el reconocimiento de su dignidad y de sus convicciones más profundas.Un llamado a la no violencia y a la sana convivenciaEn Colombia se ha insistido de manera constante en la necesidad de no responder al mal con el mal. En un país profundamente marcado por el odio y la violencia, estamos llamados a desarmar el lenguaje, a armonizar la palabra y a rechazar toda forma de agresión.Nuestro país necesita con urgencia un nuevo clima relacional. No será posible avanzar en la construcción de un proyecto común de nación sin un respeto sincero por el otro. Las intervenciones agresivas y provocadoras no contribuyen a la convivencia democrática ni fortalecen el tejido social.Resulta fundamental recordar a las autoridades competentes su deber de garantizar la protección de los lugares de culto y el ejercicio pacífico de la libertad religiosa, así como de hacer cumplir los códigos de convivencia ciudadana, velando por la integridad de las personas y la protección de los bienes públicos y privados. Al mismo tiempo, hacer un llamado a todos los ciudadanos para que, juntos, construyamos una cultura del respeto, donde la diferencia no se exprese mediante la agresión, la burla o la imposición.La diversidad de creencias presente en el país no debe ser motivo de confrontación, sino una oportunidad para fortalecer la convivencia, el diálogo y el cuidado mutuo. La libertad religiosa, bien entendida, implica no solo el derecho a creer y a expresar la fe, sino también el deber de respetar las convicciones de los demás, sus celebraciones, símbolos y espacios sagrados.En tiempos marcados por la polarización y la descalificación, se hace urgente recuperar el valor del respeto, de la palabra serena y del encuentro. La oración, el silencio interior y la reflexión profunda pueden convertirse en auténticas fuentes de renovación personal y social.Ojalá el tiempo vivido en la Semana Santa y la celebración de la Pascua sean una invitación para comprometernos con la paz, rechazar toda forma de agresión y trabajar juntos por un país donde la dignidad humana, la libertad de conciencia y la convivencia respetuosa sean pilares reales de nuestra vida en común, permitiéndonos así construir un futuro verdaderamente compartido.Pbro. Carlos Guillermo Arias JiménezDirector del Departamento de Promoción de la Unidad y el DiálogoConferencia Episcopal de Colombia

Mié 8 Abr 2026

Proceso pedagógico de la Iglesia en Colombia fortaleció la prevención y atención de abusos; más de 3.600 personas participaron en la fase final

Con la culminación del proyecto “Iglesias Particulares Seguras y Protectoras”, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) consolidó un proceso nacional de formación y acompañamiento orientado a la prevención y atención de abusos y violencias en entornos eclesiales, especialmente contra niños, niñas, adolescentes y personas en condición de vulnerabilidad, que ya empezó a dar frutos en las 78 jurisdicciones eclesiásticas del país.En su tercera y última etapa, desarrollada durante el 2025, la iniciativa, auspiciada por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, alcanzó las provincias eclesiásticas de Bogotá, Cali y Medellín, completando así la cobertura en las 14 provincias del país. En esta fase participaron más de 3.600 personas, superando ampliamente la meta prevista y evidenciando una amplia acogida en los territorios.“Los obispos hemos animado a nuestras jurisdicciones, y mayoritariamente a los laicos que quisieron meterse en esta gran ola de cultura del cuidado”, afirmó monseñor Nelson Jair Cardona, obispo de Pereira y presidente de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado.La participación en esta etapa reflejó la diversidad de la Iglesia en Colombia: el 53% correspondió a laicos, el 41% a ministros ordenados —incluidos obispos, sacerdotes y diáconos— y el 6% a miembros de la vida consagrada, con presencia significativa de seminaristas, agentes de pastoral, educadores, catequistas y responsables parroquiales.Formación para la prevención, la atención y el cuidadoLas jornadas formativas, eje central del proyecto, abordaron de manera integral la prevención de abusos, la identificación de riesgos y la activación de rutas de atención, integrando dimensiones humanas, pastorales y jurídicas.Desde el enfoque piscosocial, se promovió la comprensión de las consecuencias del abuso y la importancia del buen trato. “Se trata de identificar factores de riesgo, promover factores de protección y reconocer buenas prácticas que deben implementarse en los ambientes eclesiales”, explicó la doctora Diana Suárez Cristancho, Coordinadora de la Oficina del Buen Trato de la Arquidiócesis de Bogotá y miembro del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado.En el componente jurídico, se fortalecieron las capacidades institucionales para actuar frente a posibles situaciones de abuso, tanto desde el derecho canónico como desde la legislación civil colombiana.“Una herramienta importante que ayuda a la Iglesia a responder al reclamo legítimo de justicia de las víctimas”, señaló el padre Leonardo Cárdenas Téllez, sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá y miembro del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado.A su vez, se enfatizó la corresponsabilidad frente a la ley y el deber de denuncia. “Se habló puntualmente del deber de notificar a las autoridades civiles y eclesiásticas […] y se fue creando conciencia de que tenemos también que cumplir con una normativa civil y canónica”, indicó la doctora Milena Barguil Flórez, oficial de cumplimiento de la Delegación para la Protección al Menor de la Arquidiócesis de Medellín, también integrante Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado.Durante estos espacios también se abordaron reflexiones, estrategias y herramientas prácticas en torno al rol de la comunicación para el cuidado, la prevención y la mitigación, tanto a nivel relacional como institucional, reconociendo su importancia en la generación de entornos seguros y en la construcción de instituciones eclesiales transparentes.Impacto en la vida eclesialLos efectos del proceso formativo se proyectan en distintos ámbitos de la vida eclesial. En la formación sacerdotal, por ejemplo, se reconoce la necesidad de integrar estos contenidos de manera permanente. “Esto tiene que volverse casi que una norma formativa en el seminario […] para que el candidato al sacerdocio tenga absolutamente claro los compromisos que la Iglesia ha adoptado en el tema de protección”, expresó el presbítero Hanners René Díaz, participante de una de las jornadas en la Provincia Eclesiástica de Bogotá.Desde la experiencia de los participantes, también se destaca el impacto pastoral de estos espacios. “Allí es donde vivimos la experiencia de un evangelio creíble, donde nos hacemos cargo de los hermanos más vulnerables”, señaló Andrés Garzón, participante en la Provincia Eclesiástica de Medellín.Un proceso nacional de alcance progresivoEl proyecto, desarrollado entre 2022 y 2025, permitió implementar jornadas formativas y espacios de acompañamiento institucional todas las Iglesias particulares del país.“A partir de este proyecto pudimos estar en las 14 provincias eclesiásticas para poder poner en marcha o acrecentar o profundizar en todo el sistema de la cultura del cuidado”, afirmó monseñor Cardona.Durante estos tres años, cerca de 10.000 personas participaron en los procesos de formación. “Esto nos coloca a la vanguardia de las iglesias en América Latina”, destacó la doctora Ilva Myriam Hoyos, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado.Fortalecimiento institucional y continuidadEl proceso también contribuyó a la consolidación de estructuras organizativas a nivel nacional y en las jurisdicciones eclesiásticas. “Motivó a que en cada territorio empezaran a consolidar los organismos de cultura del cuidado y a desarrollar sus políticas de prevención y protocolos específicos”, explicó Diana Guzmán, coordinadora de la Oficina Nacional para la Cultura del Cuidado.Estos avances han estado acompañados por la socialización de orientaciones como las Líneas Guía, las Líneas Operativas y la Ruta Configuradora del Sistema para la Cultura del Cuidado.Un compromiso centrado en las víctimasLa Conferencia Episcopal de Colombia ha reiterado que la cultura del cuidado es un proceso permanente que debe situar, cada vez más, a las víctimas y sobrevivientes en el centro.“Las víctimas tienen que convertirse en nuestro foco, en nuestra razón de ser […] su dolor es también dolor de Iglesia”, afirmó Ilva Myriam Hoyos.Por su parte, durante la primera jornada realizada en la Provincia Eclesiástica de Bogotá, el cardenal Luis José Rueda Aparicio subrayó que este compromiso no solo implica formación y articulación institucional, sino también una dimensión espiritual profunda: “Estamos en la misión de seguir formándonos […] y de colaborar con las autoridades civiles, académicas y con todas las disciplinas que nos puedan ayudar”.En ese sentido, advirtió que la cultura del cuidado requiere ser vivida desde una espiritualidad concreta: “Sin espiritualidad se nos queda solo en palabras, se nos queda solo en estrategias; con espiritualidad se convierte en verdadera cultura”, destacando que es desde allí donde se transforma no solo la acción, sino también la manera de servir como Iglesia.Vea a continuación el informe audiovosual del proyecto: