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conferencia episcopal de colombia

Mar 3 Feb 2026

Normas canónicas, litúrgicas y pastorales sobre las capillas y oratorios de adoración eucarística

Por P. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - La Eucaristía, en cuanto sacrificio sacramental de Cristo y banquete pascual, constituye el centro de la vida de la Iglesia y la fuente de toda su acción evangelizadora. El Concilio Vaticano II afirma que “la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11), porque en ella se hace presente el misterio pascual del Señor y se edifica continuamente la Iglesia como Cuerpo de Cristo.Atendiendo a la solicitud del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y recogiendo la preocupación pastoral manifestada por los Obispos del país, se ha considerado oportuno ofrecer el presente documento, con el fin de proporcionar criterios doctrinales, canónicos, litúrgicos y pastorales claros y unitarios sobre las capillas y oratorios destinados a la adoración eucarística. Esta iniciativa responde al ejercicio de la responsabilidad colegial del Episcopado en el cuidado del culto divino y en la promoción de una auténtica vida eucarística en las Iglesias particulares.De esta fe eucarística brota de modo connatural el culto tributado al Santísimo Sacramento fuera de la celebración de la Misa, el cual no puede ser entendido como una práctica paralela o alternativa, sino como una prolongación y una profundización del misterio celebrado. En este sentido, san Juan Pablo II enseña que “la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que se realiza en la celebración eucarística” (Ecclesia de Eucharistia, 25).Las capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística responden a este dinamismo propio de la fe de la Iglesia. Sin embargo, para que dichas iniciativas se mantengan en la verdad del misterio eclesial y en plena comunión con la disciplina de la Iglesia, deben estar claramente reguladas por la normativa canónica, celebrarse conforme a las disposiciones litúrgicas vigentes y situarse armónicamente dentro de la pastoral ordinaria de la Iglesia particular.1.Fundamento doctrinal y eclesial del culto eucarísticoLa Iglesia confiesa que en el Santísimo Sacramento “está contenido verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1374). Esta presencia real permanece mientras subsisten las especies eucarísticas, lo que fundamenta el culto de adoración que se le debe al Sacramento reservado (cf. CIC, 1378).El Concilio Vaticano II subraya que Cristo está presente en la acción litúrgica de múltiples modos, pero “sobre todo bajo las especies eucarísticas” (Sacrosanctum Concilium, 7). En continuidad con esta enseñanza, Pablo VI recuerda que el culto eucarístico fuera de la Misa “tiene un fundamento sólido e indiscutible” (Mysterium Fidei, 38), siempre que conserve su orientación intrínseca hacia la celebración eucarística.Por ello, las capillas y oratorios de adoración no pueden concebirse como espacios devocionales autónomos, desligados de la Eucaristía celebrada, sino como lugares donde la Iglesia persevera en actitud de escucha, intercesión y adoración, dejándose configurar por el misterio que celebra sacramentalmente.2. Naturaleza canónica de las capillas y oratorios de adoraciónDesde el punto de vista canónico, los lugares destinados al culto divino se rigen por la disciplina establecida en el Libro IV del Código de Derecho Canónico. El oratorio es definido como el lugar destinado al culto divino, erigido con licencia del Ordinario del lugar, para una comunidad o grupo de fieles, al que pueden acceder también otros fieles con el consentimiento del superior competente (cf. CIC, c. 1223). La capilla, en cambio, es el lugar destinado al culto divino en beneficio de una o varias personas, erigido con licencia de la autoridad competente (cf. CIC, c. 1226).La erección de capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística requiere siempre la licencia expresa del Ordinario del lugar, quien debe verificar previamente que el espacio reúna las condiciones necesarias de dignidad, idoneidad y estabilidad, y que esté reservado exclusivamente a usos sagrados (cf. CIC, cc. 1224 §1; 1225).Una vez erigidos legítimamente, estos lugares quedan sujetos a la autoridad del Obispo diocesano, quien ejerce sobre ellos su potestad de vigilancia, regulación y, cuando sea necesario, de intervención pastoral (cf. CIC, cc. 381 §1; 392).3. Reserva del Santísimo Sacramento en capillas y oratoriosLa reserva del Santísimo Sacramento está regulada con especial cuidado por el derecho de la Iglesia, dada la centralidad del misterio eucarístico. El Código de Derecho Canónico establece que la Santísima Eucaristía debe reservarse habitualmente en la iglesia catedral y en las iglesias parroquiales, pero puede también reservarse en otras iglesias u oratorios con autorización del Ordinario del lugar (cf. CIC, c. 934 §1).En toda capilla u oratorio donde se reserve el Santísimo Sacramento debe haber un sacerdote responsable, encargado de la custodia y del debido cuidado pastoral del lugar, y se debe procurar la celebración regular de la Eucaristía (cf. CIC, c. 934 §2). La reserva eucarística no puede entenderse, por tanto, como un mero acto devocional, sino que debe estar vinculada orgánicamente a la vida sacramental de la comunidad.El tabernáculo en el que se reserva el Santísimo Sacramento ha de ser único, fijo, sólido, no transparente y colocado en un lugar verdaderamente noble, visible y apto para la oración (cf. CIC, c. 938 §3; OGMR, 314). Estas disposiciones no son de carácter meramente funcional, sino que expresan la fe de la Iglesia en la presencia real del Señor y educan al Pueblo de Dios en el sentido del misterio.4. Normas litúrgicas sobre la adoración y la exposición eucarísticaEl culto a la Eucaristía fuera de la Misa se rige por el Ritual de la Sagrada Comunión y del culto eucarístico fuera de la Misa, que constituye la norma litúrgica de referencia para toda forma de adoración eucarística.La exposición del Santísimo Sacramento debe organizarse de tal modo que conduzca a los fieles a una oración profunda y a una unión más íntima con Cristo, respetando siempre la primacía de la Palabra de Dios, el silencio adorante y las oraciones propias del rito (cf. Ritual, nn. 79; 95-96). La estructura de la adoración no puede quedar a la improvisación ni a criterios subjetivos, sino que debe reflejar la naturaleza eclesial y litúrgica del culto.La exposición prolongada o perpetua del Santísimo Sacramento requiere permiso expreso del Ordinario del lugar, quien debe asegurarse de que exista un número suficiente de fieles que garanticen una presencia continua y reverente (cf. CIC, c. 941 §1; Ritual, n. 90). Esta exigencia responde no solo a razones prácticas, sino al respeto debido al Sacramento.La normativa litúrgica prohíbe expresamente la exposición del Santísimo Sacramento durante el Triduo Pascual, dado que en esos días la atención de la Iglesia se centra de modo exclusivo en la celebración del misterio pascual (cf. Ritual, n. 83).5. Dimensión pastoral y responsabilidad del Obispo diocesanoEl Obispo diocesano, como moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia particular, tiene la responsabilidad directa de regular el culto eucarístico y las iniciativas de adoración (cf. CIC, cc. 835 §1; 838 §4; 944 §1).A él corresponde discernir la oportunidad pastoral de erigir capillas y oratorios de adoración, autorizar la reserva y la exposición del Santísimo Sacramento y acompañar espiritualmente estas realidades, velando para que no se desarrollen al margen de la comunión eclesial ni en detrimento de la vida parroquial.Desde una perspectiva pastoral, la adoración eucarística debe conducir a los fieles a una participación más consciente y activa en la celebración de la Eucaristía, a una vida sacramental más intensa y a un compromiso concreto de caridad y misión (cf. Ecclesia de Eucharistia, 26; Sacramentum Caritatis, 66).ConclusiónLas capillas y oratorios de adoración eucarística son un don precioso para la vida de la Iglesia, en cuanto expresan y alimentan la fe en la presencia real del Señor y sostienen la oración perseverante del Pueblo de Dios. Para que este don produzca frutos auténticos, es necesario que dichas realidades se rijan fielmente por la normativa canónica, observen cuidadosamente las disposiciones litúrgicas y se integren plenamente en la pastoral diocesana, bajo la guía del Obispo.Así entendidas y reguladas, las capillas y oratorios de adoración eucarística se convierten en verdaderas escuelas de fe, de comunión y de misión, donde la Iglesia aprende a vivir de la Eucaristía y a dejarse transformar por ella.P. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Vie 30 Ene 2026

La Diócesis de Vélez inicia una nueva etapa pastoral con la posesión de su tercer obispo: Mons. José Camilo Arbeláez Montoya

Este 29 de enero, en la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya tomó posesión canónica como tercer obispo de la Diócesis de Vélez. En la ceremonia estuvo presente el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien dio lectura pública a las bulas pontificias emitidas por el Santo Padre que oficializan su nombramiento y autoridad pastoral.La celebración contó con la presencia de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Bucaramanga, de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, anterior obispo de Vélez, así como de otros prelados provenientes de diversas diócesis del país. También participaron sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, fieles laicos y autoridades civiles, militares y académicas de la región.Una diócesis que acoge a su nuevo pastorAl inicio de la ceremonia, el presbítero José Ricardo Santos Rodríguez, administrador diocesano durante el tiempo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo y presentó el rostro actual de la Iglesia particular de Vélez, próxima a cumplir 23 años de erección canónica. Recordó que la diócesis está conformada por 33 parroquias, atendidas por 36 sacerdotes organizados en cuatro arciprestazgos, y subrayó el compromiso del presbiterio y de los laicos de caminar en comunión y sinodalidad.“Hoy elevamos nuestra gratitud a Dios y junto al salmista decimos: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Gracias, monseñor, por su sí a Dios”, expresó, al tiempo que aseguró al nuevo obispo la colaboración y cercanía del presbiterio y de las comunidades para continuar el camino evangelizador iniciado por sus antecesores.La cercanía del Papa y el sentido del ministerio episcopalPrevio a la lectura de las bulas (cartas apostólicas), el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la bendición del Santo Padre al pueblo de Dios que peregrina en Vélez, destacando la solicitud pastoral del Papa por esta joven diócesis. Calificó la posesión canónica como “un acontecimiento solemne en la historia diocesana”, al acoger a un pastor que, con la plenitud del sacerdocio, es llamado a ser “prolongación personal de Cristo Buen Pastor”.Monseñor Rudelli invitó al nuevo obispo a vivir su ministerio desde la fidelidad a la vocación, recordando palabras recientes del Papa León XIV: toda vocación nace del encuentro personal con Cristo y se sostiene en la memoria viva de esa llamada. Subrayó que el obispo, antes de guiar al rebaño, permanece siempre discípulo del Maestro, llamado a apacentar con gozo, a promover la unidad y a servir en comunión con toda la Iglesia.Enseñar, santificar y gobernar desde el amorEn su primera homilía como obispo de Vélez, monseñor José Camilo Arbeláez expresó su gratitud al Santo Padre por la confianza recibida, al Nuncio Apostólico por su cercanía y a quienes lo acompañaron durante el tiempo de vacancia. Dirigiéndose al presbiterio y al pueblo fiel, manifestó su plena disponibilidad para compartir las tareas de la evangelización y caminar junto a la comunidad.Inspirado en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, recordó que el ministerio episcopal se comprende como “el oficio del amor”, según san Agustín, y se concreta en las tres tareas fundamentales de enseñar, santificar y gobernar. Señaló que el obispo está llamado a ser el primer predicador del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida, viviendo en profunda comunión con la Palabra de Dios, de la cual es servidor.Al referirse a la santidad como fundamento del ministerio pastoral, afirmó que esta no es un ideal opcional, sino una necesidad para la Iglesia y para el mundo de hoy. Citando a diversos santos y maestros espirituales, insistió en que la autoridad moral del obispo brota de su vida de oración, de la caridad y de la coherencia entre fe y vida.Un gobierno pastoral al servicio de los más vulnerablesMonseñor Arbeláez subrayó que el gobierno pastoral no es un honor, sino un servicio, inspirado en el modelo de Jesucristo, Buen Pastor. En este contexto, afirmó que su misión tendrá como prioridad la atención a los pobres, a quienes sufren y a los marginados, en sintonía con el magisterio reciente del Papa. Destacó la importancia de ejercer el ministerio con mansedumbre, paciencia, capacidad de escucha y cercanía, promoviendo la corresponsabilidad de sacerdotes, religiosos y laicos.Asimismo, evocó la imagen bíblica del pastor que guía y protege con la vara y el cayado, señalando que la Iglesia está llamada a custodiar la fe y, al mismo tiempo, a acompañar con misericordia los caminos difíciles de las personas y de las comunidades.Una Iglesia llamada a vivir en PentecostésEl nuevo obispo explicó el sentido de su lema episcopal, “Ven, Espíritu Santo”, como una súplica permanente para que la acción del Espíritu renueve la vida y la misión de la diócesis. Recordó que no hay evangelización sin el Espíritu Santo y expresó su deseo de promover una experiencia constante de Pentecostés en la Iglesia particular de Vélez, abierta a los dones, carismas y frutos que edifican la comunión.Monseñor José Camilo hizo referencia a la identidad cultural y rural de la región veleña, resaltando la fortaleza y la esperanza de un pueblo que, aun en medio de dificultades naturales y sociales, se levanta y camina con alegría. Invitó a que la diócesis sea “una Iglesia viva, que respire el aroma de Cristo y anuncie la resurrección con la fuerza del Espíritu Santo”.Bajo el amparo de Nuestra Señora de las NievesAl concluir, monseñor José Camilo Arbeláez confió su ministerio episcopal a la intercesión de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la diócesis, así como a san José y a san Francisco de Sales, maestro de la caridad pastoral. Pidió la oración de los fieles para vivir esta nueva misión con humildad, entrega y fidelidad al Evangelio.

Jue 29 Ene 2026

CEC y CRC proponen orientaciones para celebrar la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada en Colombia

Con motivo de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el 2 de febrero de 2026, en la fiesta de la Presentación del Señor, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) han presentado un subsidio pastoral con orientaciones litúrgicas y espirituales para unirse a esta jornada desde las diferentes jurisdicciones eclesiásticas, parroquias y comunidades religiosas del país.El documento, titulado “Transformados en el Espíritu, para vivir en sinodalidad”, busca animar a la vida consagrada en Colombia a renovar su vocación y misión en el actual contexto eclesial y social, marcado por desafíos como la violencia, la polarización y la incertidumbre, pero también por la esperanza que brota del testimonio fiel de hombres y mujeres consagrados.Una jornada unida a la luz de CristoEn la presentación del subsidio, monseñor Joaquín Humberto Pinzón Güiza, I.M.C., vicario apostólico de Puerto Leguízamo-Solano, quien preside la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica de la CEC, recuerda que no es casual que esta Jornada se celebre en el marco de la Presentación del Señor, cuando Cristo es proclamado como “luz para iluminar a los gentiles” (cf. Lc 2,32).“Hoy Jesús sigue irradiando su luz a través de los consagrados y consagradas en nuestra Iglesia y en el mundo entero”, afirma el obispo, al tiempo que expresa un saludo de gratitud a quienes, en Colombia, han acogido la llamada del Señor y encarnan la esperanza que no defrauda en diversos contextos del país.Inspirado en las palabras del Papa León XIV, el subsidio invita a la vida consagrada a “pedir, buscar y llamar”, como actitudes fundamentales para dejarse transformar por el Espíritu: pedir para seguir siendo servicio y entrega generosa; buscar nuevos caminos que respondan a los signos de los tiempos; y llamar, con la vida y el testimonio, a la solidaridad, la comunión y la defensa de la dignidad humana.Un subsidio para celebrar y renovar la vocaciónEl documento preparado por la CEC y la CRC ofrece tres momentos concretos para la celebración de la Jornada:-Una propuesta para el Oficio Divino,-Una guía para la celebración eucarística, y-Una Hora Santa, estructurada en torno a los verbos pedir, buscar y llamar, como itinerario espiritual para “nacer de nuevo” en la vida consagrada.Estas orientaciones, inspiradas tanto en el Horizonte Inspirador de la CLAR como en el magisterio reciente del Papa, buscan fortalecer una vida consagrada orante, profética y sinodal, llamada a caminar junto al Pueblo de Dios y a ser signo creíble de esperanza y comunión.“Con sus carismas, sigan siendo signos de esperanza, de comunión, de una Iglesia sinodal, que, con la luz de Cristo, resplandece en medio de nuestros contextos de violencia, de polarización y de incertidumbre”, exhorta monseñor Pinzón en el texto introductorio.En sintonía con la Iglesia universalLa publicación de este subsidio se da en comunión con la Carta enviada por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, fechada el 28 de enero de 2026, y titulada “Profecía de la presencia: vida consagrada donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba”.En dicha carta, el Dicasterio agradece la fidelidad de los consagrados y consagradas en contextos marcados por conflictos, pobreza, migraciones forzadas, violencia y fragilidad social, y subraya la dimensión profética de la vida consagrada como “presencia que permanece” junto a los pueblos heridos. Una presencia —señala el documento— que no es resignación, sino esperanza activa, capaz de generar gestos de paz, caminos de reconciliación y valentía en la defensa de la dignidad humana.El texto recuerda además que, en la diversidad de formas —vida apostólica, contemplativa, institutos seculares, Ordo virginum y vida eremítica—, una sola es la profecía que la vida consagrada encarna: permanecer con amor, sin abandonar y sin callar, convirtiéndose así en semilla de paz para la Iglesia y el mundo.Una invitación a celebrar y agradecerCon este subsidio, la Conferencia Episcopal de Colombia y la Conferencia de Religiosos de Colombia invitan a todas las comunidades eclesiales a celebrar la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada como un tiempo de acción de gracias, renovación y compromiso, reconociendo en la vida consagrada un don precioso para la Iglesia y para la sociedad colombiana.La Jornada será una ocasión privilegiada para agradecer la entrega silenciosa y perseverante de tantos consagrados y consagradas que, desde sus carismas, siguen siendo luz, presencia cercana y profecía de esperanza allí donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba.

Mié 28 Ene 2026

Los obispos de Colombia reafirman la fe católica en Jesucristo y llaman al respeto por las creencias religiosas

Los obispos de la Iglesia Católica en Colombia, como pastores que expresan el sentir de millones de fieles en el país, reiteraron su fe en Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador, y recordaron que el respeto por las creencias religiosas es un principio protegido por el ordenamiento constitucional colombiano.Así lo manifestaron a través del comunicado COM–CEC–040/26, emitido este martes 28 de enero por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en el que los prelados reafirmaron que para la Iglesia Católica “Jesucristo es el Hijo único de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, centro de nuestra fe y esperanza”.En el mensaje, firmado por la Comunidad de Presidencia de la CEC, los obispos subrayan que Jesucristo no puede ser entendido únicamente como un personaje histórico o un referente moral, sino como el Salvador en quien la Iglesia cree y a quien confiesa. En este sentido, recuerdan que “la fe cristiana se fundamenta en la revelación de Dios en la persona de Jesucristo, tal como lo testimonian las Sagradas Escrituras y la Tradición viva de la Iglesia”.La Conferencia Episcopal también enfatiza que Colombia, como Estado social de derecho y laico, tiene el deber de garantizar el respeto por las convicciones religiosas de sus ciudadanos. Al respecto, el comunicado señala que “la laicidad del Estado no implica desconocer o deslegitimar las creencias religiosas, sino asegurar la libertad de todos para profesarlas y vivirlas sin discriminación”.Los obispos recuerdan que este principio está respaldado por la Constitución Política de 1991, la Ley Estatutaria de Libertad Religiosa (Ley 133 de 1994) y la jurisprudencia de la Corte Constitucional, las cuales establecen la obligación del Estado de respetar la autonomía de las confesiones religiosas y abstenerse de intervenir en asuntos doctrinales.En ese contexto, los obispos afirman que “ninguna autoridad civil está llamada a emitir juicios de carácter teológico sobre las creencias de los ciudadanos”, recordando así la separación entre las competencias del Estado y el ámbito propio de la fe. Asimismo, invitan a los fieles católicos a profundizar en el conocimiento de Jesucristo mediante la lectura del Evangelio y del Catecismo de la Iglesia Católica, y exhortan a quienes tengan inquietudes o preguntas sobre la fe cristiana a acudir a fuentes serias y autorizadas, evitando interpretaciones superficiales o descontextualizadas.Finalmente, la Conferencia Episcopal de Colombia reitera su respeto por las instituciones y autoridades legítimamente constituidas y su compromiso con la construcción de la paz y la convivencia social, al tiempo que hace un llamado a “respetar la fe y las convicciones religiosas de millones de creyentes, como expresión del pluralismo y de la dignidad humana”.

Mar 27 Ene 2026

El Nuncio Apostólico en Colombia llevó a Buenaventura el mensaje de paz y cercanía del Papa León XIV

Del 20 al 23 de enero, el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, realizó una visita pastoral a la Diócesis de Buenaventura, en un gesto de cercanía del Papa León XIV con uno de los territorios más golpeados por la violencia, la pobreza y la exclusión social, pero también profundamente marcado por la fe, la resiliencia y la esperanza de su gente.La visita se realizó por invitación del obispo de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, en el marco del aniversario de la muerte de monseñor Gerardo Valencia Cano (1917–1972), primer vicario apostólico de Buenaventura, reconocido como el “obispo de los pobres” por su compromiso con la justicia social, la defensa de los derechos humanos y la dignidad del pueblo afrodescendiente del Pacífico colombiano.Una visita pastoral al corazón del territorioEl representante pontificio desarrolló una intensa agenda pastoral que incluyó encuentros con comunidades urbanas, rurales y ribereñas; visitas a parroquias, instituciones educativas y obras sociales de la Iglesia, entre ellas el Banco de Alimentos de la Diócesis y la comunidad parroquial Sagrado Corazón de Jesús, en el corregimiento de Puerto Merizalde, ubicado a cuatro horas en lancha del Puerto.Monseñor Rudelli también sostuvo espacios de diálogo con autoridades civiles y militares, recorriendo distintos sectores del Distrito Especial y zonas especialmente afectadas por la violencia.“He encontrado una diócesis que comparte y vive la vida de este pueblo; que comparte también los sufrimientos de esta tierra, pero igualmente sus alegrías, sus gozos y sus esperanzas”, afirmó monseñor Rudelli al concluir la visita. El Nuncio subrayó que esta cercanía se percibe tanto en la ciudad como en los territorios más apartados del Pacífico, donde la Iglesia acompaña de manera constante la vida cotidiana de las comunidades.En ese contexto, señaló que el mensaje central de su presencia fue el mismo que el Papa León XIV ha dirigido a toda la Iglesia: “‘La paz esté con ustedes’. Creo que ser constructores de paz es una vocación especial de esta Iglesia”, afirmó, destacando el testimonio de numerosos agentes pastorales que, en medio de realidades complejas, viven su fe como auténticos discípulos misioneros. “Aquí he encontrado muchos discípulos misioneros de gran generosidad, entregados a la obra de Dios. Esa es la riqueza más grande que tiene la Iglesia de Buenaventura”, añadió.Buenaventura: un pueblo más fuerte que la violenciaDurante su recorrido, el Nuncio Apostólico insistió en la necesidad de superar miradas reduccionistas sobre Buenaventura. “Buenaventura no es solo violencia; aquí hay mucha gente que vive, que trabaja y que tiene fe, y eso nos anima mucho”, expresó, resaltando la riqueza humana, cultural y espiritual del territorio.Asimismo, destacó el papel de la Iglesia como factor de educación, desarrollo y esperanza, y subrayó que una de sus responsabilidades como representante del Papa es transmitir al Santo Padre una imagen fiel de la vida y la fe del pueblo bonaverense. “Hay una parte de la realidad que es muy importante: las familias, la gente que quiere esta tierra y que vive su fe a pesar de todos los problemas”, señaló.Memoria viva de monseñor Gerardo Valencia CanoUno de los momentos centrales de la visita fue la Solemne Eucaristía inculturada celebrada en la Catedral San Buenaventura, en la que se conmemoró el aniversario 54 de la muerte de monseñor Gerardo Valencia Cano, sepultado en este templo tras fallecer en un accidente aéreo en 1972.“La ocasión más directa de la invitación ha sido el aniversario de la Pascua de monseñor Gerardo Valencia Cano, un obispo que ha marcado profundamente la vida de la Iglesia en todo este territorio”, afirmó monseñor Rudelli, destacando la vigencia de un legado pastoral inspirado en el Concilio Vaticano II y en una opción clara por los pobres y los excluidos.Una bendición para la ciudad y la diócesisPor su parte, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya calificó la visita como un acontecimiento de profunda gracia para la Iglesia local. “Ha sido una bendición muy grande la presencia del representante del Santo Padre en nuestra querida diócesis, tanto en la zona urbana como en la zona rural”, afirmó.El obispo destacó que, durante los cuatro días de visita, el Nuncio acompañó al pueblo en las parroquias, los colegios, las pastorales y las comunidades más alejadas, incluyendo territorios en límites con el Cauca y zonas ribereñas del Pacífico. “Fue una visita a toda la población, un encuentro cercano con nuestros hermanos; por eso ha sido una bendición para esta ciudad y para nosotros como Iglesia”, añadió.Monseñor Jaramillo subrayó que el mensaje central de la visita fue el mismo que el Papa León XIV compartió con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz: “‘La paz os dejo, mi paz os doy. La paz con vosotros es la paz que viene del cielo’. Él viene en nombre del Papa a traernos la paz”.Frutos pastorales y compromiso con la reconciliaciónComo fruto concreto de esta visita apostólica, el obispo anunció el inicio de una misión evangelizadora en sectores especialmente golpeados por la violencia, con un trabajo sostenido de acompañamiento y cercanía. “Durante más de dos meses vamos a estar visitando casa por casa, llevando consuelo y esperanza a personas que han vivido momentos de profunda angustia por la violencia”, explicó.“Qué más frutos que los frutos del amor: reunirnos en torno a la unidad de la Iglesia, al amor a Dios, al amor al Papa y al amor a este pueblo que tanto nos estima”, concluyó.La visita de monseñor Paolo Rudelli a Buenaventura se enmarca también en el recorrido pastoral que ha venido realizando por las Iglesias particulares de Colombia desde septiembre de 2023, y se constituye en un signo visible de la cercanía del Papa León XIV con el Pacífico colombiano.Vea el informe audiovisual a continuación:

Lun 26 Ene 2026

En Medellín, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya recibió la ordenación episcopal como obispo de Vélez

En una solemne celebración eucarística realizada en la Catedral Metropolitana de Medellín, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya recibió la ordenación episcopal como nuevo obispo de la Diócesis de Vélez, jurisdicción a la que fue nombrado por el Papa León XIV el pasado 14 de noviembre de 2025.La celebración fue presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien actuó como obispo ordenante principal, acompañado por monseñor Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín, y por otros 18 obispos de distintas jurisdicciones del país. Entre ellos, se encontraban monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de este organismo, como expresión de la comunión y colegialidad episcopal de la Iglesia en Colombia.El episcopado, una consagración para el servicio y la misiónDurante la homilía, monseñor Tobón subrayó que la ordenación episcopal “no es una simple transmisión de poderes litúrgicos, magisteriales o jurídicos”, sino una consagración que configura profundamente al obispo con Cristo Pastor y lo incorpora sacramentalmente a la sucesión apostólica. En este contexto, afirmó que se trata de una entrega total, que implica “vivir única y totalmente para servir”, en una profunda identificación entre la vida personal y la misión confiada.El Arzobispo de Medellín recordó que la unción recibida llama al obispo a anunciar el Evangelio y a llevar esperanza especialmente a los más pobres y heridos, y destacó que la misión eclesial solo se comprende desde la amistad con Cristo: “Existimos para servir a otros. Estamos enviados para dar un fruto que permanezca”.“Mira las personas que el Señor te entrega para amarlas”Dirigiéndose al nuevo obispo, monseñor Tobón lo invitó a asumir el ministerio episcopal desde la caridad pastoral y la confianza en la gracia de Dios. Lo exhortó a no dejarse dominar por el peso de las responsabilidades, sino a centrar su mirada en las personas y comunidades que le serán confiadas, particularmente en la Diócesis de Vélez, llamada a seguir creciendo en su tarea evangelizadora.Recordó además que el episcopado es un don que, aunque enriquece personalmente al consagrado, está orientado ante todo al servicio del Pueblo de Dios, y que la fidelidad a esta misión se sostiene en “la caridad que todo lo sufre y todo lo soporta, la caridad que no pasa jamás”.Acción de gracias y disponibilidad al servicio de la IglesiaAl finalizar la celebración, monseñor José Camilo Arbeláez expresó su gratitud a Dios por la vocación recibida, evocando el momento de su ordenación sacerdotal, ocurrida hace 30 años en la misma Catedral Metropolitana. “Hoy de nuevo me postro para unirme una vez más a Jesucristo, que me vuelve a llamar”, afirmó, reconociendo con humildad la responsabilidad que asume como obispo.Manifestó su agradecimiento al Papa León XIV por la confianza depositada en él y expresó su plena comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal. Asimismo, pidió la gracia de ser “un siervo fiel, guiado por la inspiración del Espíritu Santo”, capaz de reflejar el amor de Cristo en su ministerio pastoral.La vocación, una historia tejida en la familia y en la IglesiaEl nuevo obispo destacó el papel fundamental de su familia en su camino vocacional, afirmando que en ella aprendió “las primeras letras del alfabeto de la fe, la gramática del amor”. Agradeció también a sus formadores, a las comunidades parroquiales donde ha servido, a sus hermanos sacerdotes y a las distintas realidades eclesiales que han marcado su ministerio.De manera especial, expresó su gratitud a la Arquidiócesis de Medellín, a la Renovación Carismática Católica y a la Fundación “Pan y Paraíso”, donde ha acompañado durante años a niños de comunidades vulnerables, experiencia que —según afirmó— le ha permitido reconocer el rostro de Cristo en los más pequeños.Posesión en la Diócesis de VélezLa ceremonia de posesión canónica de monseñor José Camilo Arbeláez Montoya se llevará a cabo el próximo jueves 29 de enero en la Catedral Nuestra Señora de las Nieves del municipio de Vélez.

Jue 22 Ene 2026

IV Aniversario Episcopal

Por P. José Antonio Díaz Hernández - Un día como hoy, hace cuatro años, estábamos acogiendo al pastor que el Espíritu Santo había desposado con esta pequeña porción del Pueblo de Dios: Monseñor José Mario Bacci Trespalacios. Podemos decir que era su particular historia de salvación, que a partir de ahora se escribiría en esta Iglesia Particular de Santa Marta.Durante este tiempo, nos hemos sentido acompañados con su presencia de padre y pastor, contagiados por la ilusión evangelizadora que desprende, que sabemos, no le viene de otra fuente, sino del mismo Cristo. Con inmensa alegría, en este día 25 de enero, todos los sacerdotes de su querida diócesis de Santa Marta queremos felicitarle, al tiempo que agradecemos a Nuestro Señor Jesucristo, Buen Pastor, el don de su persona y ministerio.Quisiera nuevamente recordar aquella conocida frase del Sermón 340,1 de San Agustín, quien dijo: «Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano». Querido Monseñor José Mario, usted ha encarnado de manera muy particular esta exigencia de ser ejemplo de obispo y pastor que se entrega en el ejercicio del ministerio con mucho amor, sin olvidar nunca la caridad pastoral de Cristo, que se hace servidor de muchos, compañía cercana, y camino para sus sacerdotes.Pero además, su aniversario episcopal se celebra providencialmente unido a la festividad de la conversión del Apóstol de los Gentiles, San Pablo. El Apóstol realizó, en efecto, de manera extraordinaria aquella identificación con Jesucristo (cf. Gal 2,19-20) que hizo posible en su caso lograr el verdadero objetivo de la caridad pastoral, señalado por Juan Pablo II: participar de la caridad pastoral de Jesucristo (Exhortación apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, de Juan Pablo II, n. 23). Toda la vida del Apóstol, desde que fue alcanzado por Cristo hasta el final, se configuró con quien lo llamaba a una tarea de evangelización, vivida desde el amor, dedicada al servicio en la entrega de su propia vida. El apóstol Pablo es sin duda un ejemplo para la vivencia del ministerio episcopal por su dedicación incansable al Evangelio. Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia.Que la mirada tierna y compasiva de Nuestra Madre la Virgen María, le siga inspirando en la ardua tarea de pastorear a las personas que le han encomendado. Sienta el aprecio y el cariño del Pueblo de Dios, por medio de sus presbíteros, religiosos, religiosas y laicos, así como de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que de verdad, le quieren.P. José Antonio Díaz HernándezSacerdote de la Diócesis de Santa Marta

Mié 21 Ene 2026

25 de enero: la Iglesia celebra el VII Domingo de la Palabra de Dios e invita a dejarse habitar por Cristo

El próximo domingo 25 de enero, la Iglesia católica celebrará el VII Domingo de la Palabra de Dios, jornada instituida por el papa Francisco en 2019 mediante la carta apostólica Aperuit illis, con el propósito de reafirmar la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida, la misión y la espiritualidad del Pueblo de Dios.La edición de este año se celebrará bajo el lema bíblico “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16), una expresión que, según el subsidio litúrgico-pastoral publicado por el Dicasterio para la Evangelización, no constituye solo una exhortación moral, sino la propuesta de “una forma nueva de existencia”, en la que la Palabra de Dios toma residencia estable en la vida del creyente, orienta sus pensamientos, sus deseos y su testimonio.La Palabra de Dios, fuente de esperanza y de comuniónEn la presentación del subsidio, monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, destaca que este Domingo invita a toda la Iglesia a volver a poner el Evangelio en el centro, recordando que toda renovación auténtica nace de la escucha dócil de la Palabra. Acogerla —señala— significa dejarse acompañar por Cristo, Palabra viva, que sigue hablando hoy y ofreciendo esperanza al corazón humano y a la historia.El documento subraya también que la Palabra de Dios solo puede ser fuente de esperanza cuando es acogida inseparablemente de la presencia viva de Cristo, y no como un texto aislado. De ahí la importancia de una escucha creyente que conduzca a una relación personal y comunitaria con el Señor.De manera significativa, la celebración del Domingo de la Palabra de Dios coincide este año con la fiesta de la Conversión de san Pablo, jornada que cierra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, resaltando así el valor ecuménico de esta iniciativa y el papel de la Palabra como camino de unidad y misión compartida.Orientaciones litúrgicas y pastoralesEl subsidio del Dicasterio recuerda que el lugar privilegiado del encuentro entre la comunidad cristiana y la Palabra de Dios es la celebración eucarística dominical, donde se manifiesta la profunda unidad entre la mesa de la Palabra y la mesa del Cuerpo de Cristo. Entre los signos sugeridos se encuentran la entronización del Evangeliario, el cuidado especial en la proclamación de las lecturas, una homilía centrada en el servicio a la Palabra y, cuando sea oportuno, la entrega de la Biblia a los fieles, como signo del compromiso de continuar su lectura, meditación y anuncio en la vida cotidiana.Asimismo, se anima a las comunidades a vivir este Domingo no como un hecho aislado, sino como un impulso para promover durante todo el año la formación bíblica, la Lectio divina, la adoración bíblica y otros espacios que favorezcan un encuentro permanente con la Sagrada Escritura.Aportes pastorales desde la Arquidiócesis de BogotáEn el contexto colombiano, la Arquidiócesis de Bogotá ha compartido una serie de insumos y claves pastorales para la vivencia del Domingo de la Palabra de Dios, subrayando que esta jornada trasciende la conmemoración anual y se proyecta como un estilo permanente de vida cristiana.Estas propuestas se enmarcan en el segundo trienio de su Camino Discipular Misionero (2026–2028), denominado “Tiempo para Cultivar la Fe”, y se articulan bajo el lema “Con el corazón se cree” (Rom 10,10). En este horizonte pastoral, la Iglesia particular de Bogotá anima a los bautizados a reavivar la centralidad de la Palabra de Dios desde la experiencia del encuentro orante, personal y comunitario, con Jesucristo.Entre las iniciativas destacadas se propone la Narrativa Bíblica como metodología de aproximación a la Sagrada Escritura, presentada como un camino accesible que invita a los fieles a “habitar” el texto bíblico y a reconocerse como parte viva de la historia de Dios. Según explica el padre Henry Rojas, coordinador arquidiocesano de iniciación cristiana, esta metodología permite comprender que la historia de Cristo no es un acontecimiento del pasado, sino una realidad siempre actual que se hace vida en la comunidad y en cada persona, complementando otros caminos como la Lectio divina.Encuentros orantes con la PalabraComo componente formativo, la Arquidiócesis de Bogotá ha preparado un insumo práctico para animadores de la evangelización y fieles en general, así como una serie de encuentros virtuales orientados a profundizar en la experiencia orante y evangelizadora con la Palabra de Dios. Estos espacios se desarrollarán los martes 27 de enero, 3, 10 y 17 de febrero, bajo la dirección de un grupo de profesionales de la coordinación arquidiocesana de iniciación cristiana, y están dirigidos a catequistas, agentes pastorales y personas interesadas en fortalecer su relación con la Sagrada Escritura.Quienes deseen participar, pueden inscribirse a través del enlace habilitado por la Arquidiócesis de Bogotá: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScKw4X13jaPGL0eBykZxGpuZWWUDVvZvH04v16eFocmDHkFHA/viewformAdicionalmente, se anima a las comunidades parroquiales y a los fieles a mantener espacios semanales de oración con la Palabra, como el denominado “martes de la Palabra”, y a integrar la Sagrada Escritura en los procesos de predicación, formación y vida familiar.