Pasar al contenido principal

conferencia episcopal de colombia

Lun 6 Abr 2026

Iglesia en Colombia actualiza lineamientos para la prevención, atención y reparación de abusos y el fortalecimiento de prácticas de cuidado

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) presenta la segunda versión del documento “Cultura del Cuidado en la Iglesia Católica Colombiana: Líneas Guía” (cuya edición anterior fue publicada en julio de 2022), junto con “Apóstoles del Cuidado: Líneas Operativas o Buenas Prácticas”, que actualiza el texto publicado en agosto de 2023.Ambos documentos, aprobados por la Asamblea Plenaria del Episcopado en febrero de 2026, son complementarios: las Líneas Guía establecen los principios, criterios y orientaciones generales; mientras que las Líneas Operativas —definidas como anexo y parte integrante— desarrollan las formas concretas de aplicación en la vida eclesial.Entre las novedades: actualización normativa y articulación del sistemaLa nueva versión de las Líneas Guía incorpora el magisterio pontificio reciente, la normativa canónica vigente y las órdenes dadas por la Corte Constitucional en la Sentencia de Unificación 315 de 2025, especialmente en lo relacionado con el deber de denuncia. Este marco actualizado refuerza criterios como la centralidad de las víctimas/sobrevivientes, la transparencia y la corresponsabilidad institucional.Por su parte, las Líneas Operativas actualizan y organizan las buenas prácticas que permiten llevar estos principios a la acción, con un enfoque más estructurado y articulado al Sistema para la Cultura del Cuidado, facilitando su promulgación e implementación en las distintas realidades eclesiales.De los principios a la acción: ejes estratégicosUno de los aportes centrales de las Líneas Operativas es la estructuración de la acción en ejes estratégicos: prevención; detección y revelación; atención integral; y reparación integral, junto con un eje transversal orientado a la gestión, la transparencia, la comunicación y la rendición de cuentas.Este enfoque permite traducir las orientaciones en prácticas concretas y verificables, incluyendo procesos de selección, formación, generación de ambientes seguros —también en entornos digitales—, así como mecanismos para la atención y acompañamiento de las personas afectadas.Implementación y responsabilidad institucionalAmbos documentos insisten en la necesidad de su acogida, adopción e implementación mediante decretos diocesanos, de modo que adquieran carácter vinculante en cada jurisdicción eclesiástica.En particular, las Líneas Operativas establecen que estas orientaciones deben concretarse en normas, protocolos y procedimientos propios, garantizando el cumplimiento del deber de denuncia inmediata ante las autoridades civiles competentes frente a cualquier noticia o sospecha de abuso sexual.Centralidad de las víctimas/sobrevivientes y reconocimientoLas nuevas orientaciones reafirman la centralidad de las víctimas/sobrevivientes como eje transversal de toda la acción eclesial en esta materia.En este sentido, proclamando el Amor de Dios que se ofreció y “amó hasta el extremo” (Jn 13, 1), los obispos colombianos expresan en la introducción de las Líneas Operativas:“Ese Amor nos anima con corazón contrito a reconocer, una vez más, como Iglesia nuestros errores, nuestras negligencias, nuestras culpas y a asumir nuestras responsabilidades”.Asimismo, reiteran su petición de perdón y la necesidad de fortalecer procesos de atención y reparación integral, incluyendo el acompañamiento espiritual, psicológico y terapéutico, en un marco de respeto por los derechos de todas las personas involucradas.Una cultura que se traduce en prácticas concretasEn la presentación de las Líneas Guía, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, subraya el alcance de este proceso:“Se trata de ayudar a formar, en toda la Iglesia, una cultura del cuidado, en la que la protección de los menores y de las personas en situaciones de vulnerabilidad no se considere una obligación extraña, sino una exigencia evangélica”.Por su parte, la doctora Ilva Myriam Hoyos Castañeda, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado, afirma en la presentación de las Líneas Operativas:“Este documento tiene, ante todo, una orientación práctica, encaminada a la acción. Sí, a la acción de todos aquellos que estamos llamados a ser Apóstoles del cuidado”Y añade:“Estas nuevas Líneas, de carácter operativo, son, precisamente, la manera de organizar el servicio del cuidado de la Iglesia colombiana”.Alcance eclesial y socialLa publicación conjunta de estos documentos establece un marco actualizado para la acción de la Iglesia en Colombia frente a los abusos, articulando principios y prácticas en un mismo sistema.Ambos textos se ponen a disposición para su conocimiento e implementación, orientando la adopción de medidas concretas que fortalezcan la prevención, la denuncia, la atención y la reparación, así como la generación de entornos seguros, en todos los ambientes eclesiales.

Lun 6 Abr 2026

Monseñor Alexander Matiz Atencio, designado administrador apostólico de la Diócesis de Buenaventura

La Santa Sede, a través del Dicasterio para la Evangelización, dio a conocer este 4 de abril la designación de monseñor Alexander Matiz Atencio, obispo de Buga, como administrador apostólico de la Diócesis de Buenaventura, mientras esta jurisdicción eclesiástica permanece en sede vacante.La decisión se produce tras el reciente traslado de monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, quien fue designado el pasado 14 de febrero por el papa León XIV como nuevo obispo de Montería, luego de nueve años de servicio pastoral en Buenaventura. En este contexto, se confía a monseñor Matiz la responsabilidad de acompañar, orientar y sostener la vida eclesial de esta Iglesia particular durante el tiempo de transición.Monseñor Alexander Matiz Atencio ejercerá este encargo de manera simultánea con su servicio episcopal en la Diócesis de Buga, garantizando la continuidad de la misión evangelizadora, el cuidado pastoral del Pueblo de Dios y la comunión eclesial, mientras el Santo Padre nombra un nuevo obispo para Buenaventura.Esta designación reviste especial importancia tanto a nivel eclesial como social, dada la relevancia de la Diócesis de Buenaventura en el contexto del Pacífico colombiano, territorio marcado por una profunda riqueza cultural y espiritual, pero también por múltiples desafíos humanitarios.Aunque es diócesis, la Iglesia Particular de Buenaventura continúa bajo la atención del Dicasterio para la Evangelización por su condición de territorio de misión, lo que resalta aún más la relevancia de este acompañamiento pastoral en la actual etapa de transición.En ese contexto, la presencia y guía del administrador apostólico resultan fundamentales para seguir fortaleciendo los procesos pastorales, el anuncio del Evangelio y el compromiso con la dignidad humana, la justicia y la paz.

Lun 6 Abr 2026

Vida nueva en Jesucristo Resucitado

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Con gran alegría y gozo vivimos la Resurrección del Señor, después de un tiempo de gracia en el que hemos caminado en el perdón y la reconciliación, que nos ha dispuesto a recibir el don de la paz, que nos trae Jesucristo Resucitado, para tener una vida nueva en Él: “por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom 6, 4). Esto nos permite vivir transformados en Cristo y comunicarlo a otros como experiencia de fe, cimiento de nuestra vida cristiana tal como lo señaló San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados” (1Cor 15, 17).La Resurrección de Jesucristo es la revelación suprema, la roca firme sobre la que está cimentada nuestra fe y esperanza, la manifestación decisiva para decirle al mundo que no reina el mal, ni el odio, ni la venganza, sino que reina Jesucristo Resucitado que ha venido a traernos amor, perdón, reconciliación, con el don de la paz y una vida renovada en Él, para tener vida eterna. La Resurrección de Cristo es esperanza verdadera y firme para el ser humano, que muchas veces camina vacío, en el mal y la violencia que conducen a la muerte. Realmente Jesucristo ha Resucitado, tal como lo atestiguan los evangelistas: “ustedes no teman; sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho” (Mt 28, 5 - 6). Él es la fuente de la verdadera vida, la luz que ilumina las tinieblas, el camino que nos lleva a la vida eter¬na a participar de la Gloria de Dios.Nuestro caminar diario tiene que conducirnos a un encuentro personal con Jesucristo vivo y Resucitado, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 3, 20). Ahora Resucitado vive y tiene en su poder las llaves de la muerte y del abismo, para levantarnos del pecado mediante el perdón, devolvernos la gracia que nos renueva desde dentro con una vida nueva y convertirnos en misioneros transmitiendo todo lo que nos ha enseñado, según el mandato entregado a los discípulos: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20). Esta misión guía nuestro trabajo pastoral en este año de gracia del Señor.Así lo entendieron los primeros creyentes que vieron a Jesucristo y lo palparon Resucitado, Pedro, Tomás que al principio no creyó que había Resucitado, los apóstoles y los discípulos, al verlo, comprendieron perfectamente que su misión consistía en ser testigos de la Resurrección de Cristo, porque de este acontecimiento único y sorprendente dependería la fe en Él y la difusión de su mensaje de salvación. También nosotros en el momento presente de nuestra fe, somos confirmados en el Resucitado, para llevar a cabo la misma misión de Cristo que ha venido a traer perdón, reconciliación y paz. La fe apostólica que recibimos por la predicación de la Iglesia, es la que transmitimos a los demás hermanos.La primera palabra de Jesús para los discípulos fue de paz y solo esa palabra fue suficiente para que se llenarán de alegría y todos los miedos, dudas e incertidumbres que tenían quedaran atrás y se convirtieran en fuente de esperanza para la Iglesia y la humanidad. Un mensaje de paz que contiene la misericordia y el perdón del Padre Celestial. Con este mensaje los discí¬pulos fueron enviados a anunciar la misericordia y el perdón: “a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados” (Jn 20, 23), dejando la paz a todos, porque no puede existir paz más intensa en el corazón que sentirse perdonado. Esa realidad renueva toda la vida, para que sigamos adelante cumpliendo el mandato misionero de comunicar a Jesucristo Resucitado.Dejemos a un lado nuestros odios, resentimientos, rencores y venganzas que causan división y producen violencia y muerte. Oremos por nuestros enemigos, perdonemos de corazón a quien nos ha ofendido y pidamos perdón por las ofensas que hemos hecho a nuestros hermanos. Dios hace nuevas todas las cosas, no temamos, no tengamos preocupación alguna, pongámonos en las manos del Padre que perdona. La Eucaristía que vivimos con fervor es nuestro alimento, es la esperanza y la fortaleza que nos conforta en la tribulación; una vez fortalecidos, queremos transmitir esa vida nueva con mucho entusiasmo a nuestros hermanos, a nuestra familia, para que todos tengan vida nueva en Jesucristo Resucitado.La esperanza en la Resurrección debe ser fuente de consuelo, de paz y fortaleza ante las dificultades, ante el sufrimiento físico o moral, cuando surgen las contrariedades, los problemas familiares, cuando vivimos momentos de cruz, de dolor, de enfermedad y de muerte. Un cristiano no puede vivir como aquel que ni cree, ni espera. Porque Jesucristo ha Resucitado, nosotros creemos y esperamos en la vida eterna, en la que viviremos dichosos con Cristo y con todos los santos. Necesitamos esforzarnos constantemente para estar más cerca de Jesús. Tenemos esta posibilidad gracias a su Resurrección. La comunión que recibimos en cada Eucaristía nos renueva interiormente, nos transforma en Cristo, hasta llegar a decir con San Pablo “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).Los animo a que sigamos adelante en ambiente de alegría pascual y gozo por la Resurrección del Señor, con la esperanza que un día llegaremos a ser resucitados con Cristo. Que la oración pascual nos ayude a seguir a Jesús Resucitado con un corazón abierto a su gracia y a dar frutos de fe, esperanza y caridad para con los más necesitados y siempre puestos en las manos de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestra esperanza. También, bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José, que nos protegen. Felices Pascuas para todos.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Sáb 4 Abr 2026

La Voz del Pastor | 5 de abril de 2026

Reflexión del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20, 1-9

Vie 3 Abr 2026

El Sermón de las Siete Palabras que interpela a Colombia: desafíos para sanar la nación

En este Viernes Santo, los obispos de Colombia dirigen al país una reflexión de profundo calado espiritual y social a través del tradicional Sermón de las Siete Palabras, proponiendo una lectura de la pasión de Cristo que ilumina las heridas, tensiones y búsquedas de la nación.Desde distintas regiones —desde el Pacífico hasta el centro del país— y en comunión como Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados ofrecen un mensaje que no solo invita a la contemplación, sino que interpela directamente la vida pública, las dinámicas sociales y las decisiones cotidianas de los colombianos.Desarmar la palabra en una sociedad herida por la confrontaciónAl reflexionar la primera palabra —“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”—, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, pone el foco en uno de los factores que hoy profundizan la fractura social: el uso destructivo del lenguaje.“En nuestras sociedades […] se está volviendo muy común, casi costumbre, casi ley, el uso de la palabra oral y escrita para calumniar, insultar, confrontar de forma grosera e imprudente al otro […] sencillamente al que no me cae bien o a quien considero mi enemigo”.Su reflexión toca un punto neurálgico del país: la normalización de la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana. Frente a ello, plantea una alternativa concreta:“Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje y mantener la integridad de las relaciones interpersonales y sociales”.Se trata, en palabras del Papa León XIV, de abrir paso a una palabra “desarmada y desarmante”, capaz de transformar el conflicto en posibilidad de encuentro.La dignidad de quienes viven en los márgenesLa segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— permite a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, arzobispo electo de Bucaramanga, iluminar la realidad de exclusión que viven amplios sectores de la sociedad.Su reflexión no evade la crudeza: habla de “vidas desarrolladas al margen de la justicia”, marcadas por la violencia, la delincuencia o la marginación estructural. Sin embargo, introduce una clave decisiva:“Mientras en la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo”.En un país donde muchas personas quedan atrapadas en ciclos de violencia, pobreza o estigmatización, el mensaje es profundamente contracultural: la exclusión no tiene la última palabra.Y lo expresa con fuerza: “El paraíso consiste en permanecer con Jesús que levanta a todos los caídos y los dignifica […] ofrece las oportunidades de vida nueva que los seres humanos tantas veces nos negamos entre nosotros”.Custodiar el corazón para reconstruir el tejido socialDesde la tercera palabra —“Ahí tienes a tu madre”—, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, propone una transformación que comienza en lo más profundo, pero que tiene consecuencias estructurales.“Custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento […] luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”.Su reflexión se sitúa explícitamente en el contexto colombiano:“Como colombianos tenemos la tragedia de estar viviendo momentos sumamente conflictivos para nuestra amada patria”.Desde ahí, plantea un camino concreto: reconstruir relaciones, sanar vínculos y generar cohesión social. No se trata solo de un cambio interior, sino de una ética relacional que atraviese comunidades, instituciones y territorios.“Es tiempo de reconstruir el tejido social […] hacer que nuestras relaciones estén fortalecidas por el amor y no por el odio”.El grito de las periferias: territorios que claman justiciaLa cuarta palabra —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— adquiere una fuerza particular desde el Pacífico colombiano, en la voz de monseñor Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi.Su reflexión encarna el clamor de territorios históricamente golpeados por la violencia, la pobreza y el abandono institucional:“Hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia […] en los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.Describe realidades concretas: precariedad en salud, falta de empleo digno, economías ilegales, presencia de actores armados y comunidades que “apenas sobreviven”.Desde allí, eleva una denuncia y una interpelación:“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”.Esta palabra se convierte así en una llamada a escuchar a los territorios, a reconocer sus heridas y a asumir responsabilidades frente a su dignidad.Una sed de justicia que no puede apagarseLa quinta palabra —“Tengo sed”— es leída por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, como un diagnóstico ético del país.“Colombia vive también una sed profunda. Una sed de ética en sus habitantes, instituciones y gobernantes. Una sed de transparencia. Una sed de verdad. Una sed de justicia que muchas veces parece insatisfecha”.Su análisis va más allá de la denuncia de la corrupción: señala un riesgo aún más profundo, la normalización del mal:“El gran peligro […] no es solamente la corrupción misma, sino la resignación, cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.En ese sentido, plantea un desafío directo: transformar esa sed en compromiso real, en responsabilidad personal y colectiva, capaz de incidir en la vida pública.No permanecer indiferentes ante el sufrimiento socialDesde la sexta palabra —“Todo está consumado”—, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso, invita a confrontar la distancia entre la fe profesada y la realidad vivida.“De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”.Su reflexión recorre problemáticas concretas: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.Y lanza un llamado claro:“No podemos permanecer pasivos esperando que sean los otros quienes solucionen tantos problemas sociales, sin mover nuestros corazones a la misión de acercarnos y luchar también por el bienestar del otro”.Aquí, la fe se presenta como una exigencia de acción concreta en favor del bien común.Esperanza en medio de la incertidumbre y la violenciaFinalmente, la séptima palabra —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”— es leída por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, como una clave para afrontar el momento actual del país.Describe un contexto marcado por “sueños truncados de paz, pactos rotos, proyectos inconclusos” y una creciente sensación de incertidumbre y miedo.Sin embargo, propone una respuesta profundamente cristiana y social:“El miedo no es para nosotros la opción […] cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.Y advierte con claridad: “Renunciar a la esperanza sería conceder la victoria a la lógica de la violencia”.En un país que ha vivido décadas de conflicto, esta afirmación se convierte en una invitación a no claudicar en la búsqueda de la paz.Un Viernes Santo que interpela a todo el paísEn este Viernes Santo, el mensaje de los obispos colombianos se presenta como una hoja de ruta espiritual y social para el país.Desde el lenguaje hasta las estructuras, desde el corazón hasta los territorios, desde la fe hasta la acción, las siete palabras de Cristo se convierten hoy en una invitación a asumir responsabilidades concretas.Vea a continuación las reflexiones de los obispos colombianos:

Lun 30 Mar 2026

Nombrado en la Secretaría de Estado por el Papa León XIV, monseñor Paolo Rudelli se despide de Colombia con carta

La Iglesia en Colombia acoge con gratitud el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Paolo Rudelli como Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Tras conocerse esta designación, el prelado dirigió una carta al presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, en la que expresó su profunda gratitud por la experiencia de fe vivida en el país.Monseñor Rudelli, quien se desempeñaba como Nuncio Apostólico en Colombia desde 2023, culmina así su misión diplomática para asumir esta nueva encomienda al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal.Como Sustituto para los Asuntos Generales, estará al frente de la Primera Sección de la Secretaría de Estado, encargada de gestionar los asuntos ordinarios del Pontífice, articular el trabajo entre los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede. Entre sus funciones se encuentran la redacción y expedición de documentos pontificios, el seguimiento de los nombramientos eclesiales, la difusión de las comunicaciones oficiales y la organización de los viajes apostólicos.Este nombramiento se inscribe en una amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede, que se remonta a más de veinte años. Desde 2001, monseñor Rudelli ha servido en representaciones pontificias en Ecuador y Polonia, así como en la misma Sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, de la cual ahora ha sido llamado a ser responsable por voluntad del Papa León XIV.Con esta designación, el Papa León XIV realiza uno de los primeros cambios de especial relevancia en la Curia Romana desde el inicio de su pontificado. Monseñor Rudelli sucede en esta responsabilidad al arzobispo Edgar Peña Parra, quien ha sido nombrado nuncio apostólico en Italia y en la República de San Marino.Gratitud por una experiencia de fe en ColombiaEn la carta enviada al episcopado colombiano, monseñor Rudelli expresó que su paso por el país ha sido una verdadera “experiencia de fe”, marcada por el encuentro con una Iglesia viva, comprometida y profundamente unida al Sucesor de Pedro.Durante su servicio como Nuncio Apostólico, se distinguió por su cercanía con las comunidades y su interés por conocer de manera directa la realidad del país. Recorrió numerosas jurisdicciones eclesiásticas y visitó diversas regiones, compartiendo con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos.En su mensaje, destacó la acogida fraterna de los obispos, la generosidad pastoral de los sacerdotes y la entrega de la vida consagrada, así como el compromiso de los laicos que, desde sus comunidades, contribuyen a la evangelización y al servicio de los más necesitados.Una Iglesia que es signo de esperanzaMonseñor Rudelli subrayó también el testimonio de comunidades que, en medio de situaciones sociales complejas, perseveran en la fe y fortalecen la esperanza. De manera particular, valoró el entusiasmo de los jóvenes y el camino vocacional de seminaristas, novicios y novicias.“Este tejido eclesial constituye para Colombia una riqueza humana y de fe, y un bastión de paz, de justicia y de libertad”, afirmó en su carta, destacando el papel de la Iglesia como presencia activa al servicio del país, especialmente en territorios afectados por la violencia.Asimismo, expresó su gratitud al Papa Francisco por haberlo enviado como su representante a Colombia, y al Papa León XIV por la confianza depositada en él para asumir esta nueva responsabilidad en la Santa Sede.Un llamado a seguir construyendo comunión y misiónEn su despedida, monseñor Rudelli animó a la Iglesia en Colombia con palabras del Santo Padre: “Esta es la hora del amor…construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad…fermento de concordia para la humanidad”.Por su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia eleva una acción de gracias por el servicio generoso de monseñor Rudelli y encomienda su nueva misión, al tiempo que reafirma su comunión con el Santo Padre y su compromiso de seguir anunciando el Evangelio en medio de las realidades del país.

Vie 27 Mar 2026

Recuperar la noche: el desafío de la verdad litúrgica en la vigilia pascual

Por Pbro. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - Esta nota tiene como objetivo orientar a las comunidades parroquiales, especialmente en el contexto de Colombia, sobre la importancia fundamental de respetar el horario nocturno de la Vigilia Pascual, desafiando la tendencia actual de adelantar su celebración por razones de orden pastoral (en algunas regiones, más por comodidad) o seguridad.En muchas parroquias de Colombia, se ha vuelto habitual celebrar la Vigilia Pascual a horas vespertinas, tratándola casi como una misa de sábado por la tarde. Esta práctica, aunque busca facilitar la asistencia de los fieles ante retos como la inseguridad o el transporte, termina por desvirtuar la naturaleza misma de la “madre de todas las santas vigilias” (Cf. Congregación para el Culto Divino. Normas para la preparación y la celebración de la Semana Santa, del 16 de enero de 1988, n. 3).El Magisterio de la Iglesia es claro e incisivo: la Vigilia Pascual debe celebrarse totalmente de noche (Ibíd., n. 78). Esto significa que no puede empezar antes del inicio de la noche ni terminar después del alba del domingo (Ibíd., n. 78; 21). Esta norma no es un capricho, sino una exigencia de la verdad de los signos.¿Por qué no conviene adelantar la hora?Sustentar la recuperación del horario nocturno requiere comprender qué se pierde cuando la luz del sol aún está presente:1. La verdad del signo de la luz: La primera parte de la Vigilia es el Lucernario. La bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual tienen como fin significar que Cristo es la Luz que disipa las tinieblas (Ibíd., nn., 82-83). Si se realiza con luz solar, el simbolismo de la luz que brilla en la oscuridad se vuelve irrelevante y falso.2. El carácter escatológico y de espera: Una vigilia es, por definición, una vela o espera nocturna. La Iglesia, como la esposa que aguarda el regreso de su Señor, permanece en vela esperando la Resurrección. Al adelantar la hora, se pierde la noción de espera y se reduce la celebración a un acto litúrgico más, privando a los fieles de la experiencia de aguardar el tránsito del Señor de la muerte a la vida (Ibíd., n., 79).3. La memoria histórica del Éxodo: La Vigilia Pascual recuerda la noche de la verdadera liberación, donde el pueblo de Israel fue guiado por una columna de fuego en la oscuridad. Celebrarla de noche vincula sacramentalmente a los fieles con esa noche histórica en la que Cristo, rompiendo las cadenas de la muerte, ascendió victorioso del abismo.4. La centralidad del Misterio Pascual: El Triduo Pascual es el centro de todo el año litúrgico (Ibíd., n., 2). Reducir la Vigilia a una misa vespertina por comodidad refleja una formación insuficiente sobre el Misterio Pascual como centro de la vida cristiana. La normativa vigente reprueba explícitamente el abuso de celebrar la Vigilia a la hora en que habitualmente se celebran las misas de sábado por la tarde.El Desafío PastoralEs comprensible que se invoque la inseguridad pública o la dificultad de los fieles para justificar el adelanto. Sin embargo, la Congregación del Culto Divino señala que “estos argumentos a menudo no se aplican a otras reuniones sociales o incluso a la misa de medianoche en Navidad” (Ibíd., n. 70).Para enfrentar este desafío en las parroquias colombianas, se sugieren soluciones que prioricen la dignidad de la celebración sobre la conveniencia geográfica:Agrupación de Comunidades: En lugar de realizar múltiples celebraciones apresuradas y tempranas en diversas capillas, es preferible reunir a varias comunidades en una iglesia principal para asegurar una celebración plena, festiva y estrictamente nocturna.Catequesis Mistagógica: Es necesario instruir a los fieles sobre la naturaleza peculiar del Sábado Santo y la noche de Pascua, para que comprendan que participar en la Vigilia no es el “último acto del sábado”, sino el inicio glorioso del domingo de Resurrección.Recuperar la hora de la Vigilia es recuperar la fuerza del sacramento. Solo en la oscuridad de la noche, el anuncio del “Aleluya” y la luz del Cirio adquieren toda su capacidad de transformar el corazón de los creyentes.Pbro. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Mié 25 Mar 2026

El Papa León XIV expresa condolencias a Colombia por tragedia aérea en Puerto Leguízamo

El Papa León XIV expresó su profundo pesar y cercanía espiritual con las víctimas del accidente aéreo ocurrido el pasado 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó al menos 68 personas fallecidas y decenas de heridos. El mensaje fue transmitido por la Nunciatura Apostólica en Colombia, a través de una carta dirigida a monseñor José Roberto Ospina Leongómez, obispo emérito de Buga y administrador apostólico del Obispado Castrense.Por medio del cardenal Pietro Parolin, el Santo Padre se unió "con profundo dolor” al sufrimiento de las familias que han perdido a sus seres queridos y encomendó a Dios el eterno descanso de los fallecidos. Asimismo, manifestó su cercanía con los heridos y con quienes participan en las labores de atención, impartiendo su bendición como signo de consuelo y esperanza en medio de esta tragedia.El siniestro, en el que, según han informado las autoridades, viajaban 125 personas —entre ellas tres pelotones de soldados—, ha suscitado una respuesta inmediata de la Iglesia en el territorio, marcada por la oración, la solidaridad y el acompañamiento pastoral.Desde el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano y el Obispado Castrense de Colombia se ha expresado la cercanía de la Iglesia con las víctimas, sus familias y las Fuerzas Militares, elevando súplicas por los sobrevivientes, por el eterno descanso de quienes han partido y por la fortaleza de quienes enfrentan este momento de dolor. En sus mensajes, han subrayado la esperanza cristiana que sostiene en medio de la prueba y la certeza de que Dios acompaña a los corazones quebrantados.Como signo concreto de este acompañamiento, durante estos días se han celebrado Eucaristías tanto en el territorio del vicariato como en el ámbito castrense, en memoria de las víctimas y en oración por sus familias.La comunicación del Papa León XIV se suma a las múltiples manifestaciones de solidaridad que ha suscitado esta tragedia en el país, mientras continúan las acciones de atención a los heridos y acompañamiento a las familias de las víctimas.