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iglesia colombiana

Jue 12 Feb 2026

Obispos colombianos llaman a la reconciliación, al diálogo y a la participación democrática responsable

En la recta final de la CXX Asamblea Plenaria, el Episcopado Colombiano emite un mensaje al pueblo colombiano en el que invita a la conversión, al diálogo y a la participación responsable en la vida democrática; al tiempo que reafirma su compromiso con los más vulnerables y convoca a la solidaridad ante la emergencia invernal.Con una exhortación clara a rechazar el odio y a construir caminos de unidad, los obispos católicos de Colombia dieron a conocer el mensaje oficial al pueblo colombiano en el marco de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado que han venido celebrando desde el 9 de febrero en Bogotá.El texto, inspirado en la carta a los Efesios —“De los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad” (Ef 2, 14)—, sitúa la reflexión en el contexto de un mundo marcado por “luchas de poder generadas por múltiples factores que terminan afectando sobre todo a los frágiles y pobres de la tierra”. Frente a esta realidad, los obispos advierten que cuando el odio conduce las decisiones humanas, “la humanidad desemboca dramáticamente en la desesperanza y la muerte”.Por ello, hacen un llamado directo a la sociedad colombiana: “Hermanas y hermanos colombianos, digamos no al odio que separa. Dejémonos reconciliar por Cristo, que hace posible la unidad entre los pueblos, derribando el muro que divide y acrecienta la enemistad”.Conversión y reconciliación en tiempo de CuaresmaAl acercarse el inicio de la Cuaresma 2026, el Episcopado invita a dar “auténticos pasos de conversión” y a acoger el llamado de Cristo “a volver a la amistad, a darnos la mano y a buscar la unión”. En esta perspectiva, la reconciliación no se plantea como un discurso abstracto, sino como un camino concreto de sanación personal y social.Los obispos expresan su deseo de seguir contribuyendo “al perdón, la reconciliación y la paz en el país”, e invitan a todos los colombianos a “tender puentes en medio de las diferencias y posturas opuestas que nos separan”, promoviendo el encuentro, la escucha y el reconocimiento mutuo como miembros de una misma familia.En el mensaje subrayan que este propósito exige “reconocer y respetar al otro en su dignidad como hijo de Dios” y sanar los corazones y las relaciones “impregnándolos del espíritu de misericordia”.Cercanía a los sacerdotes y cuidado de su vida integralEn el marco de esta Asamblea, los obispos reflexionaron sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes en Colombia. Al respecto, expresan su gratitud por la presencia de los presbíteros en todo el territorio nacional, “acompañando y nutriendo la fe, la esperanza y la caridad de las comunidades que se les han confiado”.Reafirman que “la formación y el acompañamiento de los sacerdotes es uno de los primeros deberes del Obispo” y manifiestan su compromiso de seguir atentos a su “salud integral para que puedan ejercer su ministerio en la verdad con renovada entrega y alegría”.Llamado directo a distintos sectores del paísEn un tono pastoral y profético, el mensaje dirige exhortaciones específicas a diversos sectores de la sociedad.A todo el pueblo colombiano lo invita a “ser artesano de paz y testigo de esperanza”.A los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a cultivar la amistad con Jesucristo, que los hace capaces de ser felices “amando como Él los ama, cuidando la creación y construyendo el país que sueñan”.A las familias, definidas como “escuelas fundamentales de las virtudes sociales”, les pide no cansarse de amar y de servir a la vida.A las instituciones del Estado las anima a continuar promoviendo el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de los deberes ciudadanos y la valoración de la democracia y de las instituciones que la sustentan.Al Gobierno Nacional le solicitan “fortalecer el diálogo con todos los actores de la vida social para promover de manera eficaz la reconciliación y superar la fragmentación radical en la vida social y política”.En el contexto de los próximos comicios electorales, exhortan a quienes aspiran a altos cargos públicos a “evitar la violencia verbal y a proponer caminos veraces” que permitan avanzar en el desarrollo auténtico del país, la reconciliación y la paz.Asimismo, llaman a los empresarios a promover la participación de las comunidades y la distribución equitativa de la riqueza; a los medios de comunicación y creadores de contenido digital, a ejercer con responsabilidad ética la transmisión de la verdad y a “buscar caminos compartidos que contribuyan a desarmar la palabra y a fortalecer un clima nacional y territorial de no violencia”.A quienes fomentan economías ilícitas y ejercen violencia armada, les piden “salir del círculo de muerte que atenta contra la vida humana y pone en alto riesgo la salud del planeta”.Finalmente, los obispos colombianos convocan a todos los ciudadanos a participar activamente y en paz en las próximas elecciones, ejerciendo el derecho al voto “con plena libertad y conciencia, sin sobornos”, como forma concreta de contribuir al país que se necesita y se sueña.Solidaridad con los afectados por la emergencia climática: Comunicación Cristiana de BienesEl mensaje concluye reafirmando la cercanía de la Iglesia con las poblaciones más vulnerables y, de manera particular, con los afectados por el fenómeno meteorológico del frente frío.Los obispos convocan a todas las parroquias y comunidades eclesiales a iniciar desde este próximo domingo 15 de febrero la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes, promoviendo iniciativas en favor de las familias damnificadas, para que su generosidad sea “un signo de esperanza en medio de la tragedia”. Generalmente, esta colecta promovida anualente por la Iglesia en favor de los más vulnerables inicia el primer domingo de Cuaresma.Finalmente, la Asamblea encomienda el país a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia, y reitera su compromiso de seguir caminando junto al pueblo colombiano en la búsqueda de la reconciliación, la justicia y la paz.La CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano finalizará este viernes 13 de febrero.Vea a continuación la lectura del comunicado realizada por el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Jue 12 Feb 2026

“Desde el corazón al ministerio”: la CXX Asamblea perfila orientaciones para una pastoral presbiteral integral

En su tercer día, la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano profundizó en la vida interior como fundamento del ministerio y avanzó en la definición de lineamientos concretos para fortalecer la identidad, la fraternidad y la misión de los presbíteros en el país, en medio de los desafíos sociales y eclesiales actuales.Este miércoles 11 de febrero, la jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien encomendó de manera especial a los enfermos del país, en el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, celebrada por la Iglesia universal bajo el lema: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Concelebraron monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, y monseñor Óscar José Vélez, CMF, obispo de Valledupar.Un llamado a la vida interiorEn su homilía, monseñor Tobón centró su reflexión en la enseñanza de Jesús: “Nada hay en el exterior que manche al hombre; la maldad que sale del corazón es lo que mancha”, subrayando que el corazón es el núcleo donde se juega la autenticidad de la vida cristiana y sacerdotal.“El corazón es el centro profundo. Es el templo donde habita el Espíritu Santo”, afirmó, advirtiendo que cuando la fe se reduce a esquemas mentales o posturas ideológicas puede derivar en intelectualismo, polarizaciones o fanatismos que esterilizan la misión.En coherencia con el tema central de la Asamblea —“El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”—, el Arzobispo de Medellín invitó a examinar cuatro dimensiones fundamentales desde la interioridad: la fe, la oración, la vida fraterna y la acción apostólica. Señaló que cuando se pierde el contacto interior con el Espíritu, el ministerio corre el riesgo de convertirse en “agitación, descoordinación, proselitismo y finalmente frustración”, dando paso al activismo y al desgaste.Por el contrario, explicó, cuando la vida brota del encuentro profundo con Dios, florecen los frutos del Espíritu y la santidad se entiende no como apariencia moral, sino como “la alegría interior de la misericordia de Dios”.Orientaciones para una pastoral presbiteral integralTras la celebración eucarística, el trabajo central del día se concentró en la definición de orientaciones que servirán como fruto concreto de esta Asamblea para la implementación de una pastoral presbiteral integral.Durante la mañana, obispos y sacerdotes —representando a las 14 provincias eclesiásticas que agrupan 78 jurisdicciones del país— trabajaron en grupos por provincias, revisando un documento base y aportando desde las realidades específicas de cada región. En la tarde, los obispos profundizaron las propuestas en sesión plenaria.El padre Richard Nieto González, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, subrayó que el propósito es que el documento que salga como fruto de este encuentro se convierta en una herramienta práctica para las Iglesias particulares:“La idea es que salga de aquí un documento de trabajo que luego pueda leerse y aplicarse en las distintas diócesis y arquidiócesis de Colombia…Y que realmente ayude a los otros presbíteros que no participaron de este encuentro”.El padre Wilmer Fabián Suárez Vargas, vicario general en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, resaltó el valor del encuentro como experiencia de comunión y fortalecimiento vocacional, especialmente para quienes ejercen su misión en los territorios más apartados. Explicó que estos espacios también renuevan la esperanza y sostienen la misión:“Donde hay un sacerdote está la voz de la esperanza…Hay situaciones de activismo, de cansancio, pero en ese activismo se puede también descansar y reposar en la presencia de Dios”.Identidad, formación y cultura del cuidadoVarias de las intervenciones de los arzobispos participantes coincidieron en que la renovación del presbiterio pasa por fortalecer la identidad ministerial y la formación integral.Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, advirtió que en un mundo digital y en territorios marcados por el conflicto armado es urgente cultivar la interioridad: “Si no hay silencio, no hay vida interior…La casa donde habita Dios es mi propia interioridad”.Por su parte, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, subrayó la necesidad de recuperar la conciencia del ministerio y responder a los contextos regionales: “Se necesita ante todo lograr que los clérigos recuperemos la identidad del ministerio que se nos ha encomendado”. Destacó, además, la importancia de formar la conciencia administrativa de los presbíteros: “Para saber manejar con justicia y con corazón de pobres los bienes de la Iglesia”.En la misma línea, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, insistió en la urgencia de acompañar de manera integral la formación inicial y permanente: “No podemos poner el énfasis en una faceta más que en otra…Tenemos que tener presentes todas las dimensiones para dar una formación integral de nuestros sacerdotes”.Las orientaciones que se perfilan contemplan fortalecer la identidad sacerdotal, la fraternidad, la cercanía al obispo y al pueblo de Dios, y consolidar una auténtica cultura del cuidado que prevenga abusos y promueva ambientes sanos.Este miércoles fue también el último día de participación de los sacerdotes delegados por las jurisdicciones para acompañar a los obispos; a partir de ahora, los prelados continuarán el trabajo durante las jornadas finales para consolidar las conclusiones que marcarán la ruta pastoral del presbiterio en Colombia.Iglesia solidaria ante la emergencia invernalAunque reunidos en Bogotá, los obispos permanecen profundamente conectados con la realidad de los territorios que pastorean. La emergencia invernal ha dejado pérdidas humanas y materiales significativas en distintas regiones del país. Solo en el departamento de Córdoba se reportan cerca de 120.000 personas afectadas, además de daños en viviendas, cultivos, vías, escuelas y medios de subsistencia.En este contexto, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y oración que fue acogido por la Asamblea como un llamado a intensificar la solidaridad.Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó el alcance universal de este gesto del Santo Padre: “Es un mensaje alentador, un mensaje del sucesor de San Pedro que nos dice su cercanía en la oración…Cuando un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás miembros del cuerpo participan”.El representante del Papa resaltó la importancia de que este mensaje haya sido escuchado no solo en Colombia, sino en distintos lugares del mundo: “Es un signo de cercanía, una palabra de aliento, una palabra de no sentirse solos…Seguramente este mensaje hoy no lo han escuchado solo en Colombia, lo han escuchado un poco en todo el mundo”.Añadió que la solidaridad debe expresarse tanto en el plano espiritual como en acciones concretas: “Es un momento en donde tratar de mostrar nuestra solidaridad en el plan concreto…Pero también en el plan de una cercanía espiritual, de acompañar con la oración en este momento de dificultad”.Desde las diócesis más afectadas, la Iglesia ha venido articulando esfuerzos pastorales y sociales para acompañar a las comunidades damnificadas. Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, expresó: “No podemos dejar solos a nuestros hermanos damnificados…Vienen situaciones de crisis muy fuertes, económicas y sanitarias, y tenemos que seguir con corazón generoso”.Por su parte, el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., destacó que la Iglesia ya se encuentra movilizada a través de sus parroquias, pastorales sociales, bancos de alimentos y comités parroquiales, pero también subrayó la importancia de seguir convocando la solidaridad y de organizar la ayuda para que llegue efectivamente a quienes más lo necesitan: “Que ampliemos la caridad y la generosidad…Que nos unamos todas las parroquias, todas las comunidades, todas las instituciones…Y apoyemos también a través especialmente de nuestros bancos de alimentos en todo el país, una campaña solidaria de alimentos no perecederos”.En este marco, hizo un llamado a fortalecer la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2026, impulsada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social que se desarrollará en el contexto cercano de la Cuaresma, como un instrumento concreto para canalizar la solidaridad nacional en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país: “Aprovechemos este tiempo propicio de Cuaresma, de caridad…Para que más allá de nuestras diferencias, pongamos en el corazón de nuestra preocupación a todos nuestros hermanos y hermanas que están experimentando un sufrimiento muy grande”. Retomando el lema de este año, concluyó: “La satisfacción del fiel es hacer el bien”.De esta manera, mientras los obispos avanzan en la definición de orientaciones para fortalecer la vida y misión de los presbíteros, la Asamblea reafirma también su compromiso con el acompañamiento cercano y organizado a las comunidades que hoy enfrentan la dureza de la emergencia invernal en el país.Vea a continuación el resumen informativo del tercer día en la CXX Asamblea:

Mié 11 Feb 2026

Espiritualidad, cuidado y corresponsabilidad: claves del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano

La reflexión sobre la vida espiritual, el cuidado integral de los presbíteros y la corresponsabilidad pastoral entre obispos, sacerdotes y laicos marcó el desarrollo de la agenda del segundo día de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano. La jornada de este martes 10 de febrero combinó momentos celebrativos, ponencias académicas y espacios de diálogo sinodal, orientados a fortalecer una pastoral presbiteral integral y contextualizada en la realidad del país.Una Eucaristía centrada en el discernimiento y el cuidado mutuoLa jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, quien en su homilía invitó a los participantes a caminar juntos en discernimiento, cuidado mutuo y fidelidad a la misión esencial del Evangelio. El prelado subrayó la centralidad de la vida espiritual y del acompañamiento integral de los presbíteros, destacando el altar como lugar de identidad sacerdotal, de encuentro con Dios y de comunión con todo el Pueblo de Dios.Monseñor Rueda advirtió, además, sobre la tentación de dejarse absorber por múltiples actividades o mediaciones —incluidos los escenarios digitales— que pueden diluir el encuentro personal con Cristo, recordando que ninguna de ellas puede sustituir la relación viva con Él ni el servicio pastoral a los más vulnerables.Ponencias: espiritualidad, salud mental y administración responsableDurante la mañana, la Asamblea profundizó en tres ejes fundamentales para la vida presbiteral: la vida espiritual, la vida afectiva y la salud mental, y la relación del presbítero con la administración de los bienes.En este marco, el padre Stefano Guarinelli, sacerdote diocesano italiano y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, ofreció una reflexión centrada en la amistad como dimensión esencial de la vida espiritual y afectiva del sacerdote. “Nuestra afectividad depende mucho de esa relación con Dios, y si esa relación es como una caja vacía, no merece la pena vivir así”, afirmó, al tiempo que subrayó la importancia de relaciones humanas sanas que ayuden a no deshumanizar el ministerio presbiteral.Desde una mirada psicológica y pastoral, el padre Jesús Hernán Alzate Duque, sacerdote eudista, y la doctora Yolima Ortiz, directora del programa de Psicología de Uniminuto Virtual, presentaron avances de una investigación sobre desgaste por empatía y salud mental en sacerdotes. Ortiz explicó que, aunque la mayoría de los presbíteros no presentan síntomas clínicos, “sí encontramos desgaste por empatía, producto de acompañar constantemente situaciones difíciles en un contexto social tan complejo como el colombiano”.“La carga emocional es muy alta —señaló—, y cuidar a nuestros sacerdotes es también cuidar a las comunidades, porque el impacto del ministerio sacerdotal en la sociedad es muy alto, incluso entre quienes no son creyentes”.Por su parte, el padre Alzate insistió en la necesidad del autocuidado y de reconocer la vulnerabilidad como parte del ministerio: “Los sacerdotes también lloran. Escuchar hoy implica un contagio emocional constante, y en contextos de violencia esto se intensifica. Por eso necesitamos estrategias reales de acompañamiento”.En la dimensión administrativa, monseñor Darío Gómez Zuluaga, director del Instituto Pastoral del Clero de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, abordó la relación del presbítero con el dinero y la gestión de los bienes temporales. “Si un sacerdote no tiene una relación adecuada con el dinero, se afecta su credibilidad, su identidad como ministro y la sinodalidad misma de la Iglesia”, afirmó, subrayando la importancia de una formación permanente que promueva transparencia, sostenibilidad y coherencia evangélica.La voz de los laicos: valoración y desafíos del ministerio presbiteralUno de los momentos más significativos de la jornada fue el panel “El estado laical y su valoración del ministerio presbiteral”, moderado por monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué y miembro de la Comisión Episcopal de Estado Laical. Inspirado en la reciente Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro, el espacio permitió escuchar la voz de los laicos sobre la vida y misión de los sacerdotes.Germán Marroquín, laico de la Diócesis de Neiva y ex pastor evangélico, destacó el valor del diálogo vivido: “Fue un momento de comunión y sinodalidad donde pudimos decirles a los obispos que los sacerdotes necesitan cercanía, escucha y menos carga laboral. No deben ser vistos como trabajadores, sino como hijos que necesitan ser acompañados”.Desde la Arquidiócesis de Tunja, Claudia Patricia Guerrero subrayó el valor irremplazable del sacerdocio: “El sacerdote es otro Cristo, es quien nos conduce a Él. Por eso necesitamos orar más por los sacerdotes, apoyarlos más y hacer equipo con ellos, cuidando la doctrina, la liturgia y la vida espiritual de la Iglesia”.Moisés Padilla, laico de la Arquidiócesis de Bucaramanga, puso el acento en la coherencia y la comunión: “El sacerdocio es una vocación de servicio. No se puede concebir un sacerdote aislado. La unidad entre obispos y presbíteros es clave para enfrentar los desafíos actuales, especialmente el trabajo con jóvenes y familias”.Una mirada pastoral desde los territoriosLas reflexiones del día también resonaron en la experiencia de los pastores en contextos concretos. Monseñor Franklin Valenzuela, obispo de Tumaco, quien participa por primera vez en una Asamblea Plenaria, valoró los aportes recibidos: “Hemos reflexionado sobre el cansancio y el desánimo en la vida sacerdotal, y sobre la importancia de una buena administración para fortalecer la evangelización. En regiones como Tumaco, con pocos sacerdotes y en medio del conflicto armado, estos temas son fundamentales”.En la misma línea, monseñor José Saúl Grisales, obispo de Ipiales, insistió en la paternidad episcopal como clave del acompañamiento: “Los sacerdotes son seres humanos que necesitan cuidado, cercanía y escucha. Recordar que los obispos somos padres nos ayuda a acompañar procesos de madurez y a recuperar el encanto de la vida ministerial”.Desde la experiencia pastoral en el Pacífico colombiano, el padre Arnulfo Moreno, vicario general del Vicariato Apostólico de Guapi, destacó el énfasis de la Asamblea en el cuidado integral: “No podemos descuidar nuestra vida espiritual, afectiva ni nuestras relaciones sanas. Y también debemos ser transparentes en la administración de los bienes, agradeciendo que los obispos piensen en su clero como una verdadera familia”.Hacia una pastoral presbiteral integralLa jornada concluyó con una segunda ponencia del padre Stefano Guarinelli, centrada en las “Claves teológico-pastorales para una Pastoral Presbiteral Integral”, que recogió y articuló los diversos aportes del día. Las reflexiones dejaron en evidencia la necesidad de seguir construyendo, desde la escucha, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo, caminos que fortalezcan la vida y misión de los presbíteros al servicio del Pueblo de Dios.Vea a continuación la nueva emisión del informativo 'Así va la Asamblea':

Lun 9 Feb 2026

Obispos colombianos inician la CXX Asamblea reafirmando su compromiso con los pobres, la paz y la cultura del cuidado

Este 9 de ferbrero, durante la instalación oficial de la CXX Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., invitó a caminar como una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa, capaz de ofrecer esperanza y orientación ética en un contexto marcado por diversas formas de violencia, exclusión y sufrimiento.Una Iglesia llamada a ser testigo de una paz desarmadaInspirado en el magisterio del Papa León XIV, monseñor Múnera recordó que la paz que brota de Jesucristo resucitado no responde a la lógica de la violencia ni de la imposición, sino al poder transformador de la bondad. “La bondad es desarmante”, afirmó, al evocar el estilo de Jesús, cuya lucha fue desarmada incluso en medio de contextos históricos, políticos y sociales adversos.En este horizonte, señaló que la Iglesia en Colombia está llamada a ser profeta y testigo de esta novedad, escuchando el dolor ajeno y ayudando a liberar a la sociedad del engaño de la violencia, para que la paz de Cristo se traduzca en justicia, reconciliación y dignidad humana.Amor hacia los pobres y cultura del cuidadoOtro de los ejes centrales del mensaje fue la opción preferencial por los pobres, entendida como una experiencia profundamente evangélica. Citando al Papa León XIV, el presidente de la CEC recordó que “los más pobres no son meros objetos de compasión sino maestros del Evangelio”, y que servirlos no es un gesto de superioridad, sino un encuentro entre iguales donde Cristo mismo se revela y es adorado.Desde esta misma convicción, monseñor Múnera situó el compromiso de la Iglesia con la cultura del cuidado, la prevención de abusos y la atención integral a las víctimas. Señaló que esta tarea hace parte de la misión y razón de ser de la Iglesia, llamada a proteger la dignidad de toda persona, especialmente de quienes han sido heridos, excluidos o vulnerados.En este contexto, manifestó que la Iglesia en Colombia ha venido fortaleciendo procesos de formación, prevención y acompañamiento en todas las jurisdicciones eclesiásticas, así como dedicando tiempo, personas competentes y esfuerzos institucionales para responder con responsabilidad y coherencia a los desafíos pastorales y jurídicos que plantea esta realidad. Estas acciones —indicó— se desarrollan en el marco del respeto al ordenamiento jurídico del país y de los derechos de todas las personas involucradas, como expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso con el bien común.Al citar palabras recientes del Papa León XIV, recordó que “no podemos cerrar los ojos ni los corazones a la crisis ocasionada por los abusos sexuales”, y que muchas veces el dolor de las víctimas se ha visto agravado por no haber sido acogidas ni escuchadas. Estas palabras, afirmó, comprometen a la Iglesia colombiana a perseverar en la prevención, el trato adecuado de cada caso y la atención prioritaria a las víctimas, empeñándose en ser creíble ante una sociedad que reclama coherencia de vida y acciones eficaces frente a toda forma de injusticia.Reavivar la esperanza en los presbiteriosEn coherencia con el tema central de esta CXX Asamblea Plenaria, monseñor Francisco Múnera destacó que buena parte de las reflexiones de la semana estarán orientadas a reavivar la esperanza en los presbiterios del país, entendidos como vínculos de comunión para vivir la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión.Recordando la enseñanza del Concilio Vaticano II, recientemente evocada por el Papa León XIV, subrayó que “la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes”, e invitó a fortalecer el acompañamiento pastoral para que los presbíteros puedan vivir su vocación con alegría, gratitud y responsabilidad, dando testimonio de que es posible ser sacerdotes felices en el seguimiento de Cristo.Un mensaje con proyección al paísEl mensaje de instalación concluyó confiando los trabajos de la Asamblea a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y de San José, y elevando una oración por los frutos pastorales de este encuentro, en favor de la reconciliación, la paz y el amor concreto y eficaz hacia los pobres, los débiles y los sufrientes.Con este llamado, la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano se abre como un espacio de discernimiento pastoral que busca iluminar, desde la fe y la responsabilidad ética, el servicio de la Iglesia al país y su aporte a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y esperanzada.

Jue 5 Feb 2026

La Iglesia colombiana inició el Año Franciscano con una celebración jubilar en Bogotá

Con una celebración jubilar en el templo de San Francisco, la Iglesia en Colombia dio inicio al Año Jubilar Franciscano, convocado por el Papa León XIV con ocasión de los 800 años del tránsito de san Francisco de Asís a la gloria eterna. Se trata de un tiempo de gracia concedido por la Santa Sede a la familia franciscana, que propone la espiritualidad del santo de Asís como camino de paz, reconciliación y fraternidad en el contexto actual del país.Más de mil fieles se congregaron el primero de febrero en este templo, el más antiguo de la capital colombiana, para participar en la Eucaristía y el rito jubilar que marcaron el inicio oficial de este Año Santo en la capital colombiana.La celebración inició con la apertura de la Puerta Jubilar del templo de San Francisco, designado por el Santo Padre como templo jubilar durante todo el Año Franciscano, para que los fieles que peregrinen hasta allí, tengan la oportunidad de vivir plenamente este tiempo especial de gracia espiritual.Un mensaje de esperanza para ColombiaLa Eucaristía y el rito jubilar fueron presididos por el obispo auxiliar de Bogotá, monseñor Edwin Vanegas, quien, durante su homilía, invitó a los fieles a caminar con humildad en la búsqueda constante de Dios, a reconocer que la grandeza divina se manifiesta en la fragilidad humana —especialmente en los pobres y excluidos— y a asumir las bienaventuranzas como un verdadero proyecto de vida.Monseñor Vanegas subrayó que, en un país marcado por la violencia, la polarización política y profundas heridas sociales, la espiritualidad franciscana se presenta como una propuesta concreta de esperanza.“En san Francisco podemos encontrar un buen ejemplo, un buen camino, una hermosa escuela de reconciliación, de justicia y de paz. Por eso, seguramente durante todo el año beberemos de esa hermosa fuente franciscana que nos llama a ser artesanos de paz”, afirmó.Un templo con historia y fe vivaPara la familia franciscana, la celebración tuvo un profundo significado simbólico. Fray Hugo Andrés Sánchez Quintero, rector del templo de San Francisco en Bogotá, recordó el valor histórico y espiritual de este lugar para la fe en Colombia:“Este templo ha sido testigo de la fe de muchas personas, ha sido testigo de guerras, de expropiación, ha sido testigo de terremotos, y ha sido testigo de la presencia de Dios que siempre nos sorprende, de la presencia de Dios que hoy más que nunca se ha desbordado a través de este santo Año Jubilar Franciscano”.La veneración de una reliquia de san FranciscoUno de los signos centrales de la celebración fue la veneración de una reliquia de primer grado de san Francisco de Asís, enviada desde la Basílica que custodia su sepulcro en Italia. Los fieles pudieron venerarla como expresión de comunión con la Iglesia universal y como memoria viva de un santo cuya espiritualidad sigue interpelando al mundo actual.Según explicó fray Hugo Andrés Sánchez, la reliquia llegó recientemente al templo con ocasión del Año Jubilar:“Ha sido enviada desde la Basílica de Asís y la semana pasada llegó a nuestro templo a llenar nuestra vida de alegría. Nuestros corazones palpitaban hoy en esta solemne procesión con la reliquia de Francisco de Asís. Francisco vive y vive a través de esta fraternidad universal”.La reliquia peregrinará durante todo el Año Jubilar Franciscano por los distintos templos franciscanos del país.Un tiempo de indulgencia plenariaDurante todo el Año Jubilar Franciscano, concedido por la Santa Sede a la familia franciscana, los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones espirituales establecidas por la Iglesia. Entre ellas: la confesión sacramental, la comunión eucarística, la oración por las intenciones del Santo Padre y el desapego de todo pecado, incluso venial, además de la participación en celebraciones jubilares, peregrinaciones y obras de piedad, penitencia y caridad en los templos franciscanos designados.La fraternidad como signo del carisma franciscanoAl finalizar la Eucaristía y el rito jubilar, integrantes de las comunidades franciscanas masculinas, femeninas y seglares presentes en Bogotá compartieron un espacio fraterno junto a monseñor Edwin Vanegas y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá, en un encuentro sencillo que expresó el corazón del carisma franciscano: la fraternidad vivida en lo cotidiano.Miriam Hurtado, miembro de la Orden Franciscana Seglar, destacó el sentido espiritual de este Año Santo:“Somos franciscanos de Francisco. Nos llama a seguir la vida del Evangelio: del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio. En esta lucha espiritual estaremos siempre con Dios. Paz y bien”.De esta manera, la Iglesia en Colombia inicia el Año Jubilar Franciscano como un tiempo de peregrinación, conversión y gracia, abierto no solo a la familia franciscana, sino a todos los fieles que deseen acoger la espiritualidad de san Francisco de Asís como una respuesta actual a los desafíos de la fe y de la convivencia social.Vea el informe audiovisual a continuación:

Mar 3 Feb 2026

El 2026, un año clave para consolidar la implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana

A finales del mes de enero, la Secretaría General del Sínodo ha dirigido una carta a los obispos de todo el mundo en la que destaca la importancia del año 2026 como un momento decisivo en la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en las Iglesias locales.El mensaje, firmado por el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo; el cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización; el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales; y monseñor Filippo Iannone, O. Carm., prefecto del Dicasterio para los Obispos, invita a fortalecer los procesos ya iniciados y a consolidar, en la vida ordinaria de las diócesis y parroquias, el estilo y las orientaciones recogidas en el Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.Cabe recordar que el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, forma parte del Consejo General de la Secretaría General del Sínodo, desde donde acompaña de manera directa el camino sinodal de la Iglesia universal. Su participación en este organismo refuerza el vínculo entre el proceso sinodal y la realidad pastoral de la Iglesia en Colombia.Un tiempo decisivo en el camino sinodalAunque esta carta de la Secretaría General del Sínodo está dirigida formalmente a los obispos, interpela a todo el Pueblo de Dios —fieles laicos, consagrados, sacerdotes y agentes pastorales—. Recuerda que el período comprendido entre junio de 2025 y diciembre de 2026 está dedicado a la implementación del Sínodo en las Iglesias particulares. En este marco, el año en curso constituye la última etapa de este tiempo de puesta en práctica y consolidación, con la mirada puesta en las asambleas de evaluación previstas para 2027.La sinodalidad, parte de la vida pastoral ordinariaLa Secretaría General del Sínodo subraya que este camino debe asumirse como parte integral de la vida pastoral ordinaria y no como una iniciativa paralela. Por ello, anima a los obispos a garantizar el tiempo y los medios necesarios para que la implementación del Sínodo no quede relegada ni se delegue únicamente a oficinas o grupos particulares, sino que se viva de manera concreta en diócesis, parroquias y comunidades.Prioridades para el trabajo pastoral en 2026De manera particular, la carta invita a las Iglesias locales a:- Continuar y fortalecer los procesos sinodales ya iniciados, o a ponerlos en marcha allí donde aún no se haya hecho.- Apoyar el trabajo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, reconociendo su papel en la animación y el discernimiento eclesial.- Promover experiencias concretas de práctica sinodal, integradas en la pastoral cotidiana y no como iniciativas extraordinarias.- Comenzar a recoger los frutos del camino recorrido, también en clave narrativa, con miras a la fase de evaluación.Mirando hacia las asambleas de evaluaciónLa carta recuerda el horizonte del proceso sinodal y el calendario previsto para 2027. En el primer semestre se celebrarán las asambleas de evaluación en las diócesis, llamadas a releer el camino recorrido a nivel local. En el segundo semestre, se realizarán las asambleas a nivel de las Conferencias Episcopales, como preparación para las asambleas continentales previstas para 2028.El año 2026 se presenta así como un tiempo de preparación fundamental para que estas instancias se desarrollen de manera ordenada, participativa y verdaderamente fecunda.Recursos al servicio de la implementación en ColombiaEn sintonía con este llamado de la Iglesia universal, la Conferencia Episcopal de Colombia ha puesto a disposición de las diócesis, parroquias y agentes pastorales diversos recursos pedagógicos y pastorales a través del micrositio del Sínodo de la Sinodalidad (https://sínodo.cec.org.co). Estos materiales buscan acompañar y facilitar el proceso de implementación durante esta etapa clave.Entre los recursos disponibles se encuentran:-Fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana.-“10 claves para la implementación del Sínodo de la Sinodalidad”, propuestas por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, como guía pastoral para las Iglesias particulares.-Materiales sobre las funciones de los Equipos Sinodales, fundamentales para la animación y articulación del proceso.-Una propuesta para integrar la sinodalidad al año litúrgico (ciclo A), que ayuda a vincular este camino con la vida celebrativa y pastoral de las comunidades.Estos recursos constituyen una ayuda concreta para que la Iglesia en Colombia pueda vivir el año 2026 como un tiempo fecundo de discernimiento, corresponsabilidad y renovación misionera, en comunión con toda la Iglesia y bajo la guía del Espíritu Santo.

Mar 3 Feb 2026

Normas canónicas, litúrgicas y pastorales sobre las capillas y oratorios de adoración eucarística

Por P. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - La Eucaristía, en cuanto sacrificio sacramental de Cristo y banquete pascual, constituye el centro de la vida de la Iglesia y la fuente de toda su acción evangelizadora. El Concilio Vaticano II afirma que “la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11), porque en ella se hace presente el misterio pascual del Señor y se edifica continuamente la Iglesia como Cuerpo de Cristo.Atendiendo a la solicitud del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y recogiendo la preocupación pastoral manifestada por los Obispos del país, se ha considerado oportuno ofrecer el presente documento, con el fin de proporcionar criterios doctrinales, canónicos, litúrgicos y pastorales claros y unitarios sobre las capillas y oratorios destinados a la adoración eucarística. Esta iniciativa responde al ejercicio de la responsabilidad colegial del Episcopado en el cuidado del culto divino y en la promoción de una auténtica vida eucarística en las Iglesias particulares.De esta fe eucarística brota de modo connatural el culto tributado al Santísimo Sacramento fuera de la celebración de la Misa, el cual no puede ser entendido como una práctica paralela o alternativa, sino como una prolongación y una profundización del misterio celebrado. En este sentido, san Juan Pablo II enseña que “la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que se realiza en la celebración eucarística” (Ecclesia de Eucharistia, 25).Las capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística responden a este dinamismo propio de la fe de la Iglesia. Sin embargo, para que dichas iniciativas se mantengan en la verdad del misterio eclesial y en plena comunión con la disciplina de la Iglesia, deben estar claramente reguladas por la normativa canónica, celebrarse conforme a las disposiciones litúrgicas vigentes y situarse armónicamente dentro de la pastoral ordinaria de la Iglesia particular.1.Fundamento doctrinal y eclesial del culto eucarísticoLa Iglesia confiesa que en el Santísimo Sacramento “está contenido verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1374). Esta presencia real permanece mientras subsisten las especies eucarísticas, lo que fundamenta el culto de adoración que se le debe al Sacramento reservado (cf. CIC, 1378).El Concilio Vaticano II subraya que Cristo está presente en la acción litúrgica de múltiples modos, pero “sobre todo bajo las especies eucarísticas” (Sacrosanctum Concilium, 7). En continuidad con esta enseñanza, Pablo VI recuerda que el culto eucarístico fuera de la Misa “tiene un fundamento sólido e indiscutible” (Mysterium Fidei, 38), siempre que conserve su orientación intrínseca hacia la celebración eucarística.Por ello, las capillas y oratorios de adoración no pueden concebirse como espacios devocionales autónomos, desligados de la Eucaristía celebrada, sino como lugares donde la Iglesia persevera en actitud de escucha, intercesión y adoración, dejándose configurar por el misterio que celebra sacramentalmente.2. Naturaleza canónica de las capillas y oratorios de adoraciónDesde el punto de vista canónico, los lugares destinados al culto divino se rigen por la disciplina establecida en el Libro IV del Código de Derecho Canónico. El oratorio es definido como el lugar destinado al culto divino, erigido con licencia del Ordinario del lugar, para una comunidad o grupo de fieles, al que pueden acceder también otros fieles con el consentimiento del superior competente (cf. CIC, c. 1223). La capilla, en cambio, es el lugar destinado al culto divino en beneficio de una o varias personas, erigido con licencia de la autoridad competente (cf. CIC, c. 1226).La erección de capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística requiere siempre la licencia expresa del Ordinario del lugar, quien debe verificar previamente que el espacio reúna las condiciones necesarias de dignidad, idoneidad y estabilidad, y que esté reservado exclusivamente a usos sagrados (cf. CIC, cc. 1224 §1; 1225).Una vez erigidos legítimamente, estos lugares quedan sujetos a la autoridad del Obispo diocesano, quien ejerce sobre ellos su potestad de vigilancia, regulación y, cuando sea necesario, de intervención pastoral (cf. CIC, cc. 381 §1; 392).3. Reserva del Santísimo Sacramento en capillas y oratoriosLa reserva del Santísimo Sacramento está regulada con especial cuidado por el derecho de la Iglesia, dada la centralidad del misterio eucarístico. El Código de Derecho Canónico establece que la Santísima Eucaristía debe reservarse habitualmente en la iglesia catedral y en las iglesias parroquiales, pero puede también reservarse en otras iglesias u oratorios con autorización del Ordinario del lugar (cf. CIC, c. 934 §1).En toda capilla u oratorio donde se reserve el Santísimo Sacramento debe haber un sacerdote responsable, encargado de la custodia y del debido cuidado pastoral del lugar, y se debe procurar la celebración regular de la Eucaristía (cf. CIC, c. 934 §2). La reserva eucarística no puede entenderse, por tanto, como un mero acto devocional, sino que debe estar vinculada orgánicamente a la vida sacramental de la comunidad.El tabernáculo en el que se reserva el Santísimo Sacramento ha de ser único, fijo, sólido, no transparente y colocado en un lugar verdaderamente noble, visible y apto para la oración (cf. CIC, c. 938 §3; OGMR, 314). Estas disposiciones no son de carácter meramente funcional, sino que expresan la fe de la Iglesia en la presencia real del Señor y educan al Pueblo de Dios en el sentido del misterio.4. Normas litúrgicas sobre la adoración y la exposición eucarísticaEl culto a la Eucaristía fuera de la Misa se rige por el Ritual de la Sagrada Comunión y del culto eucarístico fuera de la Misa, que constituye la norma litúrgica de referencia para toda forma de adoración eucarística.La exposición del Santísimo Sacramento debe organizarse de tal modo que conduzca a los fieles a una oración profunda y a una unión más íntima con Cristo, respetando siempre la primacía de la Palabra de Dios, el silencio adorante y las oraciones propias del rito (cf. Ritual, nn. 79; 95-96). La estructura de la adoración no puede quedar a la improvisación ni a criterios subjetivos, sino que debe reflejar la naturaleza eclesial y litúrgica del culto.La exposición prolongada o perpetua del Santísimo Sacramento requiere permiso expreso del Ordinario del lugar, quien debe asegurarse de que exista un número suficiente de fieles que garanticen una presencia continua y reverente (cf. CIC, c. 941 §1; Ritual, n. 90). Esta exigencia responde no solo a razones prácticas, sino al respeto debido al Sacramento.La normativa litúrgica prohíbe expresamente la exposición del Santísimo Sacramento durante el Triduo Pascual, dado que en esos días la atención de la Iglesia se centra de modo exclusivo en la celebración del misterio pascual (cf. Ritual, n. 83).5. Dimensión pastoral y responsabilidad del Obispo diocesanoEl Obispo diocesano, como moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia particular, tiene la responsabilidad directa de regular el culto eucarístico y las iniciativas de adoración (cf. CIC, cc. 835 §1; 838 §4; 944 §1).A él corresponde discernir la oportunidad pastoral de erigir capillas y oratorios de adoración, autorizar la reserva y la exposición del Santísimo Sacramento y acompañar espiritualmente estas realidades, velando para que no se desarrollen al margen de la comunión eclesial ni en detrimento de la vida parroquial.Desde una perspectiva pastoral, la adoración eucarística debe conducir a los fieles a una participación más consciente y activa en la celebración de la Eucaristía, a una vida sacramental más intensa y a un compromiso concreto de caridad y misión (cf. Ecclesia de Eucharistia, 26; Sacramentum Caritatis, 66).ConclusiónLas capillas y oratorios de adoración eucarística son un don precioso para la vida de la Iglesia, en cuanto expresan y alimentan la fe en la presencia real del Señor y sostienen la oración perseverante del Pueblo de Dios. Para que este don produzca frutos auténticos, es necesario que dichas realidades se rijan fielmente por la normativa canónica, observen cuidadosamente las disposiciones litúrgicas y se integren plenamente en la pastoral diocesana, bajo la guía del Obispo.Así entendidas y reguladas, las capillas y oratorios de adoración eucarística se convierten en verdaderas escuelas de fe, de comunión y de misión, donde la Iglesia aprende a vivir de la Eucaristía y a dejarse transformar por ella.P. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Vie 30 Ene 2026

La Diócesis de Vélez inicia una nueva etapa pastoral con la posesión de su tercer obispo: Mons. José Camilo Arbeláez Montoya

Este 29 de enero, en la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya tomó posesión canónica como tercer obispo de la Diócesis de Vélez. En la ceremonia estuvo presente el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien dio lectura pública a las bulas pontificias emitidas por el Santo Padre que oficializan su nombramiento y autoridad pastoral.La celebración contó con la presencia de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Bucaramanga, de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, anterior obispo de Vélez, así como de otros prelados provenientes de diversas diócesis del país. También participaron sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, fieles laicos y autoridades civiles, militares y académicas de la región.Una diócesis que acoge a su nuevo pastorAl inicio de la ceremonia, el presbítero José Ricardo Santos Rodríguez, administrador diocesano durante el tiempo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo y presentó el rostro actual de la Iglesia particular de Vélez, próxima a cumplir 23 años de erección canónica. Recordó que la diócesis está conformada por 33 parroquias, atendidas por 36 sacerdotes organizados en cuatro arciprestazgos, y subrayó el compromiso del presbiterio y de los laicos de caminar en comunión y sinodalidad.“Hoy elevamos nuestra gratitud a Dios y junto al salmista decimos: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Gracias, monseñor, por su sí a Dios”, expresó, al tiempo que aseguró al nuevo obispo la colaboración y cercanía del presbiterio y de las comunidades para continuar el camino evangelizador iniciado por sus antecesores.La cercanía del Papa y el sentido del ministerio episcopalPrevio a la lectura de las bulas (cartas apostólicas), el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la bendición del Santo Padre al pueblo de Dios que peregrina en Vélez, destacando la solicitud pastoral del Papa por esta joven diócesis. Calificó la posesión canónica como “un acontecimiento solemne en la historia diocesana”, al acoger a un pastor que, con la plenitud del sacerdocio, es llamado a ser “prolongación personal de Cristo Buen Pastor”.Monseñor Rudelli invitó al nuevo obispo a vivir su ministerio desde la fidelidad a la vocación, recordando palabras recientes del Papa León XIV: toda vocación nace del encuentro personal con Cristo y se sostiene en la memoria viva de esa llamada. Subrayó que el obispo, antes de guiar al rebaño, permanece siempre discípulo del Maestro, llamado a apacentar con gozo, a promover la unidad y a servir en comunión con toda la Iglesia.Enseñar, santificar y gobernar desde el amorEn su primera homilía como obispo de Vélez, monseñor José Camilo Arbeláez expresó su gratitud al Santo Padre por la confianza recibida, al Nuncio Apostólico por su cercanía y a quienes lo acompañaron durante el tiempo de vacancia. Dirigiéndose al presbiterio y al pueblo fiel, manifestó su plena disponibilidad para compartir las tareas de la evangelización y caminar junto a la comunidad.Inspirado en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, recordó que el ministerio episcopal se comprende como “el oficio del amor”, según san Agustín, y se concreta en las tres tareas fundamentales de enseñar, santificar y gobernar. Señaló que el obispo está llamado a ser el primer predicador del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida, viviendo en profunda comunión con la Palabra de Dios, de la cual es servidor.Al referirse a la santidad como fundamento del ministerio pastoral, afirmó que esta no es un ideal opcional, sino una necesidad para la Iglesia y para el mundo de hoy. Citando a diversos santos y maestros espirituales, insistió en que la autoridad moral del obispo brota de su vida de oración, de la caridad y de la coherencia entre fe y vida.Un gobierno pastoral al servicio de los más vulnerablesMonseñor Arbeláez subrayó que el gobierno pastoral no es un honor, sino un servicio, inspirado en el modelo de Jesucristo, Buen Pastor. En este contexto, afirmó que su misión tendrá como prioridad la atención a los pobres, a quienes sufren y a los marginados, en sintonía con el magisterio reciente del Papa. Destacó la importancia de ejercer el ministerio con mansedumbre, paciencia, capacidad de escucha y cercanía, promoviendo la corresponsabilidad de sacerdotes, religiosos y laicos.Asimismo, evocó la imagen bíblica del pastor que guía y protege con la vara y el cayado, señalando que la Iglesia está llamada a custodiar la fe y, al mismo tiempo, a acompañar con misericordia los caminos difíciles de las personas y de las comunidades.Una Iglesia llamada a vivir en PentecostésEl nuevo obispo explicó el sentido de su lema episcopal, “Ven, Espíritu Santo”, como una súplica permanente para que la acción del Espíritu renueve la vida y la misión de la diócesis. Recordó que no hay evangelización sin el Espíritu Santo y expresó su deseo de promover una experiencia constante de Pentecostés en la Iglesia particular de Vélez, abierta a los dones, carismas y frutos que edifican la comunión.Monseñor José Camilo hizo referencia a la identidad cultural y rural de la región veleña, resaltando la fortaleza y la esperanza de un pueblo que, aun en medio de dificultades naturales y sociales, se levanta y camina con alegría. Invitó a que la diócesis sea “una Iglesia viva, que respire el aroma de Cristo y anuncie la resurrección con la fuerza del Espíritu Santo”.Bajo el amparo de Nuestra Señora de las NievesAl concluir, monseñor José Camilo Arbeláez confió su ministerio episcopal a la intercesión de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la diócesis, así como a san José y a san Francisco de Sales, maestro de la caridad pastoral. Pidió la oración de los fieles para vivir esta nueva misión con humildad, entrega y fidelidad al Evangelio.