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iglesia colombiana

Lun 9 Feb 2026

Obispos colombianos inician la CXX Asamblea reafirmando su compromiso con los pobres, la paz y la cultura del cuidado

Este 9 de ferbrero, durante la instalación oficial de la CXX Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., invitó a caminar como una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa, capaz de ofrecer esperanza y orientación ética en un contexto marcado por diversas formas de violencia, exclusión y sufrimiento.Una Iglesia llamada a ser testigo de una paz desarmadaInspirado en el magisterio del Papa León XIV, monseñor Múnera recordó que la paz que brota de Jesucristo resucitado no responde a la lógica de la violencia ni de la imposición, sino al poder transformador de la bondad. “La bondad es desarmante”, afirmó, al evocar el estilo de Jesús, cuya lucha fue desarmada incluso en medio de contextos históricos, políticos y sociales adversos.En este horizonte, señaló que la Iglesia en Colombia está llamada a ser profeta y testigo de esta novedad, escuchando el dolor ajeno y ayudando a liberar a la sociedad del engaño de la violencia, para que la paz de Cristo se traduzca en justicia, reconciliación y dignidad humana.Amor hacia los pobres y cultura del cuidadoOtro de los ejes centrales del mensaje fue la opción preferencial por los pobres, entendida como una experiencia profundamente evangélica. Citando al Papa León XIV, el presidente de la CEC recordó que “los más pobres no son meros objetos de compasión sino maestros del Evangelio”, y que servirlos no es un gesto de superioridad, sino un encuentro entre iguales donde Cristo mismo se revela y es adorado.Desde esta misma convicción, monseñor Múnera situó el compromiso de la Iglesia con la cultura del cuidado, la prevención de abusos y la atención integral a las víctimas. Señaló que esta tarea hace parte de la misión y razón de ser de la Iglesia, llamada a proteger la dignidad de toda persona, especialmente de quienes han sido heridos, excluidos o vulnerados.En este contexto, manifestó que la Iglesia en Colombia ha venido fortaleciendo procesos de formación, prevención y acompañamiento en todas las jurisdicciones eclesiásticas, así como dedicando tiempo, personas competentes y esfuerzos institucionales para responder con responsabilidad y coherencia a los desafíos pastorales y jurídicos que plantea esta realidad. Estas acciones —indicó— se desarrollan en el marco del respeto al ordenamiento jurídico del país y de los derechos de todas las personas involucradas, como expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso con el bien común.Al citar palabras recientes del Papa León XIV, recordó que “no podemos cerrar los ojos ni los corazones a la crisis ocasionada por los abusos sexuales”, y que muchas veces el dolor de las víctimas se ha visto agravado por no haber sido acogidas ni escuchadas. Estas palabras, afirmó, comprometen a la Iglesia colombiana a perseverar en la prevención, el trato adecuado de cada caso y la atención prioritaria a las víctimas, empeñándose en ser creíble ante una sociedad que reclama coherencia de vida y acciones eficaces frente a toda forma de injusticia.Reavivar la esperanza en los presbiteriosEn coherencia con el tema central de esta CXX Asamblea Plenaria, monseñor Francisco Múnera destacó que buena parte de las reflexiones de la semana estarán orientadas a reavivar la esperanza en los presbiterios del país, entendidos como vínculos de comunión para vivir la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión.Recordando la enseñanza del Concilio Vaticano II, recientemente evocada por el Papa León XIV, subrayó que “la anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes”, e invitó a fortalecer el acompañamiento pastoral para que los presbíteros puedan vivir su vocación con alegría, gratitud y responsabilidad, dando testimonio de que es posible ser sacerdotes felices en el seguimiento de Cristo.Un mensaje con proyección al paísEl mensaje de instalación concluyó confiando los trabajos de la Asamblea a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y de San José, y elevando una oración por los frutos pastorales de este encuentro, en favor de la reconciliación, la paz y el amor concreto y eficaz hacia los pobres, los débiles y los sufrientes.Con este llamado, la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano se abre como un espacio de discernimiento pastoral que busca iluminar, desde la fe y la responsabilidad ética, el servicio de la Iglesia al país y su aporte a la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y esperanzada.

Jue 5 Feb 2026

La Iglesia colombiana inició el Año Franciscano con una celebración jubilar en Bogotá

Con una celebración jubilar en el templo de San Francisco, la Iglesia en Colombia dio inicio al Año Jubilar Franciscano, convocado por el Papa León XIV con ocasión de los 800 años del tránsito de san Francisco de Asís a la gloria eterna. Se trata de un tiempo de gracia concedido por la Santa Sede a la familia franciscana, que propone la espiritualidad del santo de Asís como camino de paz, reconciliación y fraternidad en el contexto actual del país.Más de mil fieles se congregaron el primero de febrero en este templo, el más antiguo de la capital colombiana, para participar en la Eucaristía y el rito jubilar que marcaron el inicio oficial de este Año Santo en la capital colombiana.La celebración inició con la apertura de la Puerta Jubilar del templo de San Francisco, designado por el Santo Padre como templo jubilar durante todo el Año Franciscano, para que los fieles que peregrinen hasta allí, tengan la oportunidad de vivir plenamente este tiempo especial de gracia espiritual.Un mensaje de esperanza para ColombiaLa Eucaristía y el rito jubilar fueron presididos por el obispo auxiliar de Bogotá, monseñor Edwin Vanegas, quien, durante su homilía, invitó a los fieles a caminar con humildad en la búsqueda constante de Dios, a reconocer que la grandeza divina se manifiesta en la fragilidad humana —especialmente en los pobres y excluidos— y a asumir las bienaventuranzas como un verdadero proyecto de vida.Monseñor Vanegas subrayó que, en un país marcado por la violencia, la polarización política y profundas heridas sociales, la espiritualidad franciscana se presenta como una propuesta concreta de esperanza.“En san Francisco podemos encontrar un buen ejemplo, un buen camino, una hermosa escuela de reconciliación, de justicia y de paz. Por eso, seguramente durante todo el año beberemos de esa hermosa fuente franciscana que nos llama a ser artesanos de paz”, afirmó.Un templo con historia y fe vivaPara la familia franciscana, la celebración tuvo un profundo significado simbólico. Fray Hugo Andrés Sánchez Quintero, rector del templo de San Francisco en Bogotá, recordó el valor histórico y espiritual de este lugar para la fe en Colombia:“Este templo ha sido testigo de la fe de muchas personas, ha sido testigo de guerras, de expropiación, ha sido testigo de terremotos, y ha sido testigo de la presencia de Dios que siempre nos sorprende, de la presencia de Dios que hoy más que nunca se ha desbordado a través de este santo Año Jubilar Franciscano”.La veneración de una reliquia de san FranciscoUno de los signos centrales de la celebración fue la veneración de una reliquia de primer grado de san Francisco de Asís, enviada desde la Basílica que custodia su sepulcro en Italia. Los fieles pudieron venerarla como expresión de comunión con la Iglesia universal y como memoria viva de un santo cuya espiritualidad sigue interpelando al mundo actual.Según explicó fray Hugo Andrés Sánchez, la reliquia llegó recientemente al templo con ocasión del Año Jubilar:“Ha sido enviada desde la Basílica de Asís y la semana pasada llegó a nuestro templo a llenar nuestra vida de alegría. Nuestros corazones palpitaban hoy en esta solemne procesión con la reliquia de Francisco de Asís. Francisco vive y vive a través de esta fraternidad universal”.La reliquia peregrinará durante todo el Año Jubilar Franciscano por los distintos templos franciscanos del país.Un tiempo de indulgencia plenariaDurante todo el Año Jubilar Franciscano, concedido por la Santa Sede a la familia franciscana, los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones espirituales establecidas por la Iglesia. Entre ellas: la confesión sacramental, la comunión eucarística, la oración por las intenciones del Santo Padre y el desapego de todo pecado, incluso venial, además de la participación en celebraciones jubilares, peregrinaciones y obras de piedad, penitencia y caridad en los templos franciscanos designados.La fraternidad como signo del carisma franciscanoAl finalizar la Eucaristía y el rito jubilar, integrantes de las comunidades franciscanas masculinas, femeninas y seglares presentes en Bogotá compartieron un espacio fraterno junto a monseñor Edwin Vanegas y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá, en un encuentro sencillo que expresó el corazón del carisma franciscano: la fraternidad vivida en lo cotidiano.Miriam Hurtado, miembro de la Orden Franciscana Seglar, destacó el sentido espiritual de este Año Santo:“Somos franciscanos de Francisco. Nos llama a seguir la vida del Evangelio: del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio. En esta lucha espiritual estaremos siempre con Dios. Paz y bien”.De esta manera, la Iglesia en Colombia inicia el Año Jubilar Franciscano como un tiempo de peregrinación, conversión y gracia, abierto no solo a la familia franciscana, sino a todos los fieles que deseen acoger la espiritualidad de san Francisco de Asís como una respuesta actual a los desafíos de la fe y de la convivencia social.Vea el informe audiovisual a continuación:

Mar 3 Feb 2026

El 2026, un año clave para consolidar la implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana

A finales del mes de enero, la Secretaría General del Sínodo ha dirigido una carta a los obispos de todo el mundo en la que destaca la importancia del año 2026 como un momento decisivo en la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en las Iglesias locales.El mensaje, firmado por el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo; el cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización; el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales; y monseñor Filippo Iannone, O. Carm., prefecto del Dicasterio para los Obispos, invita a fortalecer los procesos ya iniciados y a consolidar, en la vida ordinaria de las diócesis y parroquias, el estilo y las orientaciones recogidas en el Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.Cabe recordar que el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, forma parte del Consejo General de la Secretaría General del Sínodo, desde donde acompaña de manera directa el camino sinodal de la Iglesia universal. Su participación en este organismo refuerza el vínculo entre el proceso sinodal y la realidad pastoral de la Iglesia en Colombia.Un tiempo decisivo en el camino sinodalAunque esta carta de la Secretaría General del Sínodo está dirigida formalmente a los obispos, interpela a todo el Pueblo de Dios —fieles laicos, consagrados, sacerdotes y agentes pastorales—. Recuerda que el período comprendido entre junio de 2025 y diciembre de 2026 está dedicado a la implementación del Sínodo en las Iglesias particulares. En este marco, el año en curso constituye la última etapa de este tiempo de puesta en práctica y consolidación, con la mirada puesta en las asambleas de evaluación previstas para 2027.La sinodalidad, parte de la vida pastoral ordinariaLa Secretaría General del Sínodo subraya que este camino debe asumirse como parte integral de la vida pastoral ordinaria y no como una iniciativa paralela. Por ello, anima a los obispos a garantizar el tiempo y los medios necesarios para que la implementación del Sínodo no quede relegada ni se delegue únicamente a oficinas o grupos particulares, sino que se viva de manera concreta en diócesis, parroquias y comunidades.Prioridades para el trabajo pastoral en 2026De manera particular, la carta invita a las Iglesias locales a:- Continuar y fortalecer los procesos sinodales ya iniciados, o a ponerlos en marcha allí donde aún no se haya hecho.- Apoyar el trabajo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, reconociendo su papel en la animación y el discernimiento eclesial.- Promover experiencias concretas de práctica sinodal, integradas en la pastoral cotidiana y no como iniciativas extraordinarias.- Comenzar a recoger los frutos del camino recorrido, también en clave narrativa, con miras a la fase de evaluación.Mirando hacia las asambleas de evaluaciónLa carta recuerda el horizonte del proceso sinodal y el calendario previsto para 2027. En el primer semestre se celebrarán las asambleas de evaluación en las diócesis, llamadas a releer el camino recorrido a nivel local. En el segundo semestre, se realizarán las asambleas a nivel de las Conferencias Episcopales, como preparación para las asambleas continentales previstas para 2028.El año 2026 se presenta así como un tiempo de preparación fundamental para que estas instancias se desarrollen de manera ordenada, participativa y verdaderamente fecunda.Recursos al servicio de la implementación en ColombiaEn sintonía con este llamado de la Iglesia universal, la Conferencia Episcopal de Colombia ha puesto a disposición de las diócesis, parroquias y agentes pastorales diversos recursos pedagógicos y pastorales a través del micrositio del Sínodo de la Sinodalidad (https://sínodo.cec.org.co). Estos materiales buscan acompañar y facilitar el proceso de implementación durante esta etapa clave.Entre los recursos disponibles se encuentran:-Fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana.-“10 claves para la implementación del Sínodo de la Sinodalidad”, propuestas por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, como guía pastoral para las Iglesias particulares.-Materiales sobre las funciones de los Equipos Sinodales, fundamentales para la animación y articulación del proceso.-Una propuesta para integrar la sinodalidad al año litúrgico (ciclo A), que ayuda a vincular este camino con la vida celebrativa y pastoral de las comunidades.Estos recursos constituyen una ayuda concreta para que la Iglesia en Colombia pueda vivir el año 2026 como un tiempo fecundo de discernimiento, corresponsabilidad y renovación misionera, en comunión con toda la Iglesia y bajo la guía del Espíritu Santo.

Mar 3 Feb 2026

Normas canónicas, litúrgicas y pastorales sobre las capillas y oratorios de adoración eucarística

Por P. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - La Eucaristía, en cuanto sacrificio sacramental de Cristo y banquete pascual, constituye el centro de la vida de la Iglesia y la fuente de toda su acción evangelizadora. El Concilio Vaticano II afirma que “la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11), porque en ella se hace presente el misterio pascual del Señor y se edifica continuamente la Iglesia como Cuerpo de Cristo.Atendiendo a la solicitud del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y recogiendo la preocupación pastoral manifestada por los Obispos del país, se ha considerado oportuno ofrecer el presente documento, con el fin de proporcionar criterios doctrinales, canónicos, litúrgicos y pastorales claros y unitarios sobre las capillas y oratorios destinados a la adoración eucarística. Esta iniciativa responde al ejercicio de la responsabilidad colegial del Episcopado en el cuidado del culto divino y en la promoción de una auténtica vida eucarística en las Iglesias particulares.De esta fe eucarística brota de modo connatural el culto tributado al Santísimo Sacramento fuera de la celebración de la Misa, el cual no puede ser entendido como una práctica paralela o alternativa, sino como una prolongación y una profundización del misterio celebrado. En este sentido, san Juan Pablo II enseña que “la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que se realiza en la celebración eucarística” (Ecclesia de Eucharistia, 25).Las capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística responden a este dinamismo propio de la fe de la Iglesia. Sin embargo, para que dichas iniciativas se mantengan en la verdad del misterio eclesial y en plena comunión con la disciplina de la Iglesia, deben estar claramente reguladas por la normativa canónica, celebrarse conforme a las disposiciones litúrgicas vigentes y situarse armónicamente dentro de la pastoral ordinaria de la Iglesia particular.1.Fundamento doctrinal y eclesial del culto eucarísticoLa Iglesia confiesa que en el Santísimo Sacramento “está contenido verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1374). Esta presencia real permanece mientras subsisten las especies eucarísticas, lo que fundamenta el culto de adoración que se le debe al Sacramento reservado (cf. CIC, 1378).El Concilio Vaticano II subraya que Cristo está presente en la acción litúrgica de múltiples modos, pero “sobre todo bajo las especies eucarísticas” (Sacrosanctum Concilium, 7). En continuidad con esta enseñanza, Pablo VI recuerda que el culto eucarístico fuera de la Misa “tiene un fundamento sólido e indiscutible” (Mysterium Fidei, 38), siempre que conserve su orientación intrínseca hacia la celebración eucarística.Por ello, las capillas y oratorios de adoración no pueden concebirse como espacios devocionales autónomos, desligados de la Eucaristía celebrada, sino como lugares donde la Iglesia persevera en actitud de escucha, intercesión y adoración, dejándose configurar por el misterio que celebra sacramentalmente.2. Naturaleza canónica de las capillas y oratorios de adoraciónDesde el punto de vista canónico, los lugares destinados al culto divino se rigen por la disciplina establecida en el Libro IV del Código de Derecho Canónico. El oratorio es definido como el lugar destinado al culto divino, erigido con licencia del Ordinario del lugar, para una comunidad o grupo de fieles, al que pueden acceder también otros fieles con el consentimiento del superior competente (cf. CIC, c. 1223). La capilla, en cambio, es el lugar destinado al culto divino en beneficio de una o varias personas, erigido con licencia de la autoridad competente (cf. CIC, c. 1226).La erección de capillas y oratorios dedicados a la adoración eucarística requiere siempre la licencia expresa del Ordinario del lugar, quien debe verificar previamente que el espacio reúna las condiciones necesarias de dignidad, idoneidad y estabilidad, y que esté reservado exclusivamente a usos sagrados (cf. CIC, cc. 1224 §1; 1225).Una vez erigidos legítimamente, estos lugares quedan sujetos a la autoridad del Obispo diocesano, quien ejerce sobre ellos su potestad de vigilancia, regulación y, cuando sea necesario, de intervención pastoral (cf. CIC, cc. 381 §1; 392).3. Reserva del Santísimo Sacramento en capillas y oratoriosLa reserva del Santísimo Sacramento está regulada con especial cuidado por el derecho de la Iglesia, dada la centralidad del misterio eucarístico. El Código de Derecho Canónico establece que la Santísima Eucaristía debe reservarse habitualmente en la iglesia catedral y en las iglesias parroquiales, pero puede también reservarse en otras iglesias u oratorios con autorización del Ordinario del lugar (cf. CIC, c. 934 §1).En toda capilla u oratorio donde se reserve el Santísimo Sacramento debe haber un sacerdote responsable, encargado de la custodia y del debido cuidado pastoral del lugar, y se debe procurar la celebración regular de la Eucaristía (cf. CIC, c. 934 §2). La reserva eucarística no puede entenderse, por tanto, como un mero acto devocional, sino que debe estar vinculada orgánicamente a la vida sacramental de la comunidad.El tabernáculo en el que se reserva el Santísimo Sacramento ha de ser único, fijo, sólido, no transparente y colocado en un lugar verdaderamente noble, visible y apto para la oración (cf. CIC, c. 938 §3; OGMR, 314). Estas disposiciones no son de carácter meramente funcional, sino que expresan la fe de la Iglesia en la presencia real del Señor y educan al Pueblo de Dios en el sentido del misterio.4. Normas litúrgicas sobre la adoración y la exposición eucarísticaEl culto a la Eucaristía fuera de la Misa se rige por el Ritual de la Sagrada Comunión y del culto eucarístico fuera de la Misa, que constituye la norma litúrgica de referencia para toda forma de adoración eucarística.La exposición del Santísimo Sacramento debe organizarse de tal modo que conduzca a los fieles a una oración profunda y a una unión más íntima con Cristo, respetando siempre la primacía de la Palabra de Dios, el silencio adorante y las oraciones propias del rito (cf. Ritual, nn. 79; 95-96). La estructura de la adoración no puede quedar a la improvisación ni a criterios subjetivos, sino que debe reflejar la naturaleza eclesial y litúrgica del culto.La exposición prolongada o perpetua del Santísimo Sacramento requiere permiso expreso del Ordinario del lugar, quien debe asegurarse de que exista un número suficiente de fieles que garanticen una presencia continua y reverente (cf. CIC, c. 941 §1; Ritual, n. 90). Esta exigencia responde no solo a razones prácticas, sino al respeto debido al Sacramento.La normativa litúrgica prohíbe expresamente la exposición del Santísimo Sacramento durante el Triduo Pascual, dado que en esos días la atención de la Iglesia se centra de modo exclusivo en la celebración del misterio pascual (cf. Ritual, n. 83).5. Dimensión pastoral y responsabilidad del Obispo diocesanoEl Obispo diocesano, como moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia particular, tiene la responsabilidad directa de regular el culto eucarístico y las iniciativas de adoración (cf. CIC, cc. 835 §1; 838 §4; 944 §1).A él corresponde discernir la oportunidad pastoral de erigir capillas y oratorios de adoración, autorizar la reserva y la exposición del Santísimo Sacramento y acompañar espiritualmente estas realidades, velando para que no se desarrollen al margen de la comunión eclesial ni en detrimento de la vida parroquial.Desde una perspectiva pastoral, la adoración eucarística debe conducir a los fieles a una participación más consciente y activa en la celebración de la Eucaristía, a una vida sacramental más intensa y a un compromiso concreto de caridad y misión (cf. Ecclesia de Eucharistia, 26; Sacramentum Caritatis, 66).ConclusiónLas capillas y oratorios de adoración eucarística son un don precioso para la vida de la Iglesia, en cuanto expresan y alimentan la fe en la presencia real del Señor y sostienen la oración perseverante del Pueblo de Dios. Para que este don produzca frutos auténticos, es necesario que dichas realidades se rijan fielmente por la normativa canónica, observen cuidadosamente las disposiciones litúrgicas y se integren plenamente en la pastoral diocesana, bajo la guía del Obispo.Así entendidas y reguladas, las capillas y oratorios de adoración eucarística se convierten en verdaderas escuelas de fe, de comunión y de misión, donde la Iglesia aprende a vivir de la Eucaristía y a dejarse transformar por ella.P. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Vie 30 Ene 2026

La Diócesis de Vélez inicia una nueva etapa pastoral con la posesión de su tercer obispo: Mons. José Camilo Arbeláez Montoya

Este 29 de enero, en la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves, monseñor José Camilo Arbeláez Montoya tomó posesión canónica como tercer obispo de la Diócesis de Vélez. En la ceremonia estuvo presente el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien dio lectura pública a las bulas pontificias emitidas por el Santo Padre que oficializan su nombramiento y autoridad pastoral.La celebración contó con la presencia de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Bucaramanga, de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, anterior obispo de Vélez, así como de otros prelados provenientes de diversas diócesis del país. También participaron sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, fieles laicos y autoridades civiles, militares y académicas de la región.Una diócesis que acoge a su nuevo pastorAl inicio de la ceremonia, el presbítero José Ricardo Santos Rodríguez, administrador diocesano durante el tiempo de sede vacante, dio la bienvenida al nuevo obispo y presentó el rostro actual de la Iglesia particular de Vélez, próxima a cumplir 23 años de erección canónica. Recordó que la diócesis está conformada por 33 parroquias, atendidas por 36 sacerdotes organizados en cuatro arciprestazgos, y subrayó el compromiso del presbiterio y de los laicos de caminar en comunión y sinodalidad.“Hoy elevamos nuestra gratitud a Dios y junto al salmista decimos: El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Gracias, monseñor, por su sí a Dios”, expresó, al tiempo que aseguró al nuevo obispo la colaboración y cercanía del presbiterio y de las comunidades para continuar el camino evangelizador iniciado por sus antecesores.La cercanía del Papa y el sentido del ministerio episcopalPrevio a la lectura de las bulas (cartas apostólicas), el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la bendición del Santo Padre al pueblo de Dios que peregrina en Vélez, destacando la solicitud pastoral del Papa por esta joven diócesis. Calificó la posesión canónica como “un acontecimiento solemne en la historia diocesana”, al acoger a un pastor que, con la plenitud del sacerdocio, es llamado a ser “prolongación personal de Cristo Buen Pastor”.Monseñor Rudelli invitó al nuevo obispo a vivir su ministerio desde la fidelidad a la vocación, recordando palabras recientes del Papa León XIV: toda vocación nace del encuentro personal con Cristo y se sostiene en la memoria viva de esa llamada. Subrayó que el obispo, antes de guiar al rebaño, permanece siempre discípulo del Maestro, llamado a apacentar con gozo, a promover la unidad y a servir en comunión con toda la Iglesia.Enseñar, santificar y gobernar desde el amorEn su primera homilía como obispo de Vélez, monseñor José Camilo Arbeláez expresó su gratitud al Santo Padre por la confianza recibida, al Nuncio Apostólico por su cercanía y a quienes lo acompañaron durante el tiempo de vacancia. Dirigiéndose al presbiterio y al pueblo fiel, manifestó su plena disponibilidad para compartir las tareas de la evangelización y caminar junto a la comunidad.Inspirado en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, recordó que el ministerio episcopal se comprende como “el oficio del amor”, según san Agustín, y se concreta en las tres tareas fundamentales de enseñar, santificar y gobernar. Señaló que el obispo está llamado a ser el primer predicador del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida, viviendo en profunda comunión con la Palabra de Dios, de la cual es servidor.Al referirse a la santidad como fundamento del ministerio pastoral, afirmó que esta no es un ideal opcional, sino una necesidad para la Iglesia y para el mundo de hoy. Citando a diversos santos y maestros espirituales, insistió en que la autoridad moral del obispo brota de su vida de oración, de la caridad y de la coherencia entre fe y vida.Un gobierno pastoral al servicio de los más vulnerablesMonseñor Arbeláez subrayó que el gobierno pastoral no es un honor, sino un servicio, inspirado en el modelo de Jesucristo, Buen Pastor. En este contexto, afirmó que su misión tendrá como prioridad la atención a los pobres, a quienes sufren y a los marginados, en sintonía con el magisterio reciente del Papa. Destacó la importancia de ejercer el ministerio con mansedumbre, paciencia, capacidad de escucha y cercanía, promoviendo la corresponsabilidad de sacerdotes, religiosos y laicos.Asimismo, evocó la imagen bíblica del pastor que guía y protege con la vara y el cayado, señalando que la Iglesia está llamada a custodiar la fe y, al mismo tiempo, a acompañar con misericordia los caminos difíciles de las personas y de las comunidades.Una Iglesia llamada a vivir en PentecostésEl nuevo obispo explicó el sentido de su lema episcopal, “Ven, Espíritu Santo”, como una súplica permanente para que la acción del Espíritu renueve la vida y la misión de la diócesis. Recordó que no hay evangelización sin el Espíritu Santo y expresó su deseo de promover una experiencia constante de Pentecostés en la Iglesia particular de Vélez, abierta a los dones, carismas y frutos que edifican la comunión.Monseñor José Camilo hizo referencia a la identidad cultural y rural de la región veleña, resaltando la fortaleza y la esperanza de un pueblo que, aun en medio de dificultades naturales y sociales, se levanta y camina con alegría. Invitó a que la diócesis sea “una Iglesia viva, que respire el aroma de Cristo y anuncie la resurrección con la fuerza del Espíritu Santo”.Bajo el amparo de Nuestra Señora de las NievesAl concluir, monseñor José Camilo Arbeláez confió su ministerio episcopal a la intercesión de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la diócesis, así como a san José y a san Francisco de Sales, maestro de la caridad pastoral. Pidió la oración de los fieles para vivir esta nueva misión con humildad, entrega y fidelidad al Evangelio.

Jue 29 Ene 2026

CEC y CRC proponen orientaciones para celebrar la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada en Colombia

Con motivo de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el 2 de febrero de 2026, en la fiesta de la Presentación del Señor, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) han presentado un subsidio pastoral con orientaciones litúrgicas y espirituales para unirse a esta jornada desde las diferentes jurisdicciones eclesiásticas, parroquias y comunidades religiosas del país.El documento, titulado “Transformados en el Espíritu, para vivir en sinodalidad”, busca animar a la vida consagrada en Colombia a renovar su vocación y misión en el actual contexto eclesial y social, marcado por desafíos como la violencia, la polarización y la incertidumbre, pero también por la esperanza que brota del testimonio fiel de hombres y mujeres consagrados.Una jornada unida a la luz de CristoEn la presentación del subsidio, monseñor Joaquín Humberto Pinzón Güiza, I.M.C., vicario apostólico de Puerto Leguízamo-Solano, quien preside la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica de la CEC, recuerda que no es casual que esta Jornada se celebre en el marco de la Presentación del Señor, cuando Cristo es proclamado como “luz para iluminar a los gentiles” (cf. Lc 2,32).“Hoy Jesús sigue irradiando su luz a través de los consagrados y consagradas en nuestra Iglesia y en el mundo entero”, afirma el obispo, al tiempo que expresa un saludo de gratitud a quienes, en Colombia, han acogido la llamada del Señor y encarnan la esperanza que no defrauda en diversos contextos del país.Inspirado en las palabras del Papa León XIV, el subsidio invita a la vida consagrada a “pedir, buscar y llamar”, como actitudes fundamentales para dejarse transformar por el Espíritu: pedir para seguir siendo servicio y entrega generosa; buscar nuevos caminos que respondan a los signos de los tiempos; y llamar, con la vida y el testimonio, a la solidaridad, la comunión y la defensa de la dignidad humana.Un subsidio para celebrar y renovar la vocaciónEl documento preparado por la CEC y la CRC ofrece tres momentos concretos para la celebración de la Jornada:-Una propuesta para el Oficio Divino,-Una guía para la celebración eucarística, y-Una Hora Santa, estructurada en torno a los verbos pedir, buscar y llamar, como itinerario espiritual para “nacer de nuevo” en la vida consagrada.Estas orientaciones, inspiradas tanto en el Horizonte Inspirador de la CLAR como en el magisterio reciente del Papa, buscan fortalecer una vida consagrada orante, profética y sinodal, llamada a caminar junto al Pueblo de Dios y a ser signo creíble de esperanza y comunión.“Con sus carismas, sigan siendo signos de esperanza, de comunión, de una Iglesia sinodal, que, con la luz de Cristo, resplandece en medio de nuestros contextos de violencia, de polarización y de incertidumbre”, exhorta monseñor Pinzón en el texto introductorio.En sintonía con la Iglesia universalLa publicación de este subsidio se da en comunión con la Carta enviada por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, fechada el 28 de enero de 2026, y titulada “Profecía de la presencia: vida consagrada donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba”.En dicha carta, el Dicasterio agradece la fidelidad de los consagrados y consagradas en contextos marcados por conflictos, pobreza, migraciones forzadas, violencia y fragilidad social, y subraya la dimensión profética de la vida consagrada como “presencia que permanece” junto a los pueblos heridos. Una presencia —señala el documento— que no es resignación, sino esperanza activa, capaz de generar gestos de paz, caminos de reconciliación y valentía en la defensa de la dignidad humana.El texto recuerda además que, en la diversidad de formas —vida apostólica, contemplativa, institutos seculares, Ordo virginum y vida eremítica—, una sola es la profecía que la vida consagrada encarna: permanecer con amor, sin abandonar y sin callar, convirtiéndose así en semilla de paz para la Iglesia y el mundo.Una invitación a celebrar y agradecerCon este subsidio, la Conferencia Episcopal de Colombia y la Conferencia de Religiosos de Colombia invitan a todas las comunidades eclesiales a celebrar la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada como un tiempo de acción de gracias, renovación y compromiso, reconociendo en la vida consagrada un don precioso para la Iglesia y para la sociedad colombiana.La Jornada será una ocasión privilegiada para agradecer la entrega silenciosa y perseverante de tantos consagrados y consagradas que, desde sus carismas, siguen siendo luz, presencia cercana y profecía de esperanza allí donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba.

Mié 28 Ene 2026

Los obispos de Colombia reafirman la fe católica en Jesucristo y llaman al respeto por las creencias religiosas

Los obispos de la Iglesia Católica en Colombia, como pastores que expresan el sentir de millones de fieles en el país, reiteraron su fe en Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador, y recordaron que el respeto por las creencias religiosas es un principio protegido por el ordenamiento constitucional colombiano.Así lo manifestaron a través del comunicado COM–CEC–040/26, emitido este martes 28 de enero por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en el que los prelados reafirmaron que para la Iglesia Católica “Jesucristo es el Hijo único de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, centro de nuestra fe y esperanza”.En el mensaje, firmado por la Comunidad de Presidencia de la CEC, los obispos subrayan que Jesucristo no puede ser entendido únicamente como un personaje histórico o un referente moral, sino como el Salvador en quien la Iglesia cree y a quien confiesa. En este sentido, recuerdan que “la fe cristiana se fundamenta en la revelación de Dios en la persona de Jesucristo, tal como lo testimonian las Sagradas Escrituras y la Tradición viva de la Iglesia”.La Conferencia Episcopal también enfatiza que Colombia, como Estado social de derecho y laico, tiene el deber de garantizar el respeto por las convicciones religiosas de sus ciudadanos. Al respecto, el comunicado señala que “la laicidad del Estado no implica desconocer o deslegitimar las creencias religiosas, sino asegurar la libertad de todos para profesarlas y vivirlas sin discriminación”.Los obispos recuerdan que este principio está respaldado por la Constitución Política de 1991, la Ley Estatutaria de Libertad Religiosa (Ley 133 de 1994) y la jurisprudencia de la Corte Constitucional, las cuales establecen la obligación del Estado de respetar la autonomía de las confesiones religiosas y abstenerse de intervenir en asuntos doctrinales.En ese contexto, los obispos afirman que “ninguna autoridad civil está llamada a emitir juicios de carácter teológico sobre las creencias de los ciudadanos”, recordando así la separación entre las competencias del Estado y el ámbito propio de la fe. Asimismo, invitan a los fieles católicos a profundizar en el conocimiento de Jesucristo mediante la lectura del Evangelio y del Catecismo de la Iglesia Católica, y exhortan a quienes tengan inquietudes o preguntas sobre la fe cristiana a acudir a fuentes serias y autorizadas, evitando interpretaciones superficiales o descontextualizadas.Finalmente, la Conferencia Episcopal de Colombia reitera su respeto por las instituciones y autoridades legítimamente constituidas y su compromiso con la construcción de la paz y la convivencia social, al tiempo que hace un llamado a “respetar la fe y las convicciones religiosas de millones de creyentes, como expresión del pluralismo y de la dignidad humana”.

Mar 27 Ene 2026

El Nuncio Apostólico en Colombia llevó a Buenaventura el mensaje de paz y cercanía del Papa León XIV

Del 20 al 23 de enero, el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, realizó una visita pastoral a la Diócesis de Buenaventura, en un gesto de cercanía del Papa León XIV con uno de los territorios más golpeados por la violencia, la pobreza y la exclusión social, pero también profundamente marcado por la fe, la resiliencia y la esperanza de su gente.La visita se realizó por invitación del obispo de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, en el marco del aniversario de la muerte de monseñor Gerardo Valencia Cano (1917–1972), primer vicario apostólico de Buenaventura, reconocido como el “obispo de los pobres” por su compromiso con la justicia social, la defensa de los derechos humanos y la dignidad del pueblo afrodescendiente del Pacífico colombiano.Una visita pastoral al corazón del territorioEl representante pontificio desarrolló una intensa agenda pastoral que incluyó encuentros con comunidades urbanas, rurales y ribereñas; visitas a parroquias, instituciones educativas y obras sociales de la Iglesia, entre ellas el Banco de Alimentos de la Diócesis y la comunidad parroquial Sagrado Corazón de Jesús, en el corregimiento de Puerto Merizalde, ubicado a cuatro horas en lancha del Puerto.Monseñor Rudelli también sostuvo espacios de diálogo con autoridades civiles y militares, recorriendo distintos sectores del Distrito Especial y zonas especialmente afectadas por la violencia.“He encontrado una diócesis que comparte y vive la vida de este pueblo; que comparte también los sufrimientos de esta tierra, pero igualmente sus alegrías, sus gozos y sus esperanzas”, afirmó monseñor Rudelli al concluir la visita. El Nuncio subrayó que esta cercanía se percibe tanto en la ciudad como en los territorios más apartados del Pacífico, donde la Iglesia acompaña de manera constante la vida cotidiana de las comunidades.En ese contexto, señaló que el mensaje central de su presencia fue el mismo que el Papa León XIV ha dirigido a toda la Iglesia: “‘La paz esté con ustedes’. Creo que ser constructores de paz es una vocación especial de esta Iglesia”, afirmó, destacando el testimonio de numerosos agentes pastorales que, en medio de realidades complejas, viven su fe como auténticos discípulos misioneros. “Aquí he encontrado muchos discípulos misioneros de gran generosidad, entregados a la obra de Dios. Esa es la riqueza más grande que tiene la Iglesia de Buenaventura”, añadió.Buenaventura: un pueblo más fuerte que la violenciaDurante su recorrido, el Nuncio Apostólico insistió en la necesidad de superar miradas reduccionistas sobre Buenaventura. “Buenaventura no es solo violencia; aquí hay mucha gente que vive, que trabaja y que tiene fe, y eso nos anima mucho”, expresó, resaltando la riqueza humana, cultural y espiritual del territorio.Asimismo, destacó el papel de la Iglesia como factor de educación, desarrollo y esperanza, y subrayó que una de sus responsabilidades como representante del Papa es transmitir al Santo Padre una imagen fiel de la vida y la fe del pueblo bonaverense. “Hay una parte de la realidad que es muy importante: las familias, la gente que quiere esta tierra y que vive su fe a pesar de todos los problemas”, señaló.Memoria viva de monseñor Gerardo Valencia CanoUno de los momentos centrales de la visita fue la Solemne Eucaristía inculturada celebrada en la Catedral San Buenaventura, en la que se conmemoró el aniversario 54 de la muerte de monseñor Gerardo Valencia Cano, sepultado en este templo tras fallecer en un accidente aéreo en 1972.“La ocasión más directa de la invitación ha sido el aniversario de la Pascua de monseñor Gerardo Valencia Cano, un obispo que ha marcado profundamente la vida de la Iglesia en todo este territorio”, afirmó monseñor Rudelli, destacando la vigencia de un legado pastoral inspirado en el Concilio Vaticano II y en una opción clara por los pobres y los excluidos.Una bendición para la ciudad y la diócesisPor su parte, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya calificó la visita como un acontecimiento de profunda gracia para la Iglesia local. “Ha sido una bendición muy grande la presencia del representante del Santo Padre en nuestra querida diócesis, tanto en la zona urbana como en la zona rural”, afirmó.El obispo destacó que, durante los cuatro días de visita, el Nuncio acompañó al pueblo en las parroquias, los colegios, las pastorales y las comunidades más alejadas, incluyendo territorios en límites con el Cauca y zonas ribereñas del Pacífico. “Fue una visita a toda la población, un encuentro cercano con nuestros hermanos; por eso ha sido una bendición para esta ciudad y para nosotros como Iglesia”, añadió.Monseñor Jaramillo subrayó que el mensaje central de la visita fue el mismo que el Papa León XIV compartió con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz: “‘La paz os dejo, mi paz os doy. La paz con vosotros es la paz que viene del cielo’. Él viene en nombre del Papa a traernos la paz”.Frutos pastorales y compromiso con la reconciliaciónComo fruto concreto de esta visita apostólica, el obispo anunció el inicio de una misión evangelizadora en sectores especialmente golpeados por la violencia, con un trabajo sostenido de acompañamiento y cercanía. “Durante más de dos meses vamos a estar visitando casa por casa, llevando consuelo y esperanza a personas que han vivido momentos de profunda angustia por la violencia”, explicó.“Qué más frutos que los frutos del amor: reunirnos en torno a la unidad de la Iglesia, al amor a Dios, al amor al Papa y al amor a este pueblo que tanto nos estima”, concluyó.La visita de monseñor Paolo Rudelli a Buenaventura se enmarca también en el recorrido pastoral que ha venido realizando por las Iglesias particulares de Colombia desde septiembre de 2023, y se constituye en un signo visible de la cercanía del Papa León XIV con el Pacífico colombiano.Vea el informe audiovisual a continuación: