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El que pierda su vida por mí, la encontrará
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DÉCIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
2 de julio de 2023
Primera lectura: 2 Reyes 4,8,-11.14-16a
Salmo: 89(88),2-3.16-17.18-19
Segunda lectura: Romanos 6,3-4.8-11
Evangelio: Mateo 10, 37-42
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
Jesús, el Maestro, debe ocupar el primer lugar en el corazón y en la vida de los discípulos, incluso por encima de los afectos familiares. Además, el discípulo está llamado a saber perder la vida para obtener la vida verdadera; debe cargar la cruz para ser digno de seguir a Cristo.
Todo aquel que acoja a los enviados de Dios tendrá su recompensa, como la tuvo la mujer que recibió en su casa a Elías o como serán premiados los que brinden hospitalidad a los misioneros de Cristo por ser sus discípulos.
¿Qué aconteció el día en que fuimos sumergidos en las aguas del bautismo? Fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a la vida nueva. Si la muerte ya no tiene poder sobre Cristo, también nosotros hemos muerto al pecado y vivimos para Dios.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La mujer sunamita y su esposo dan testimonio de generosidad y hospitalidad al acoger al profeta Elías en su casa. Ellos reconocen que es un “hombre de Dios” y por eso no dudan en asegurarle hospedaje durante sus viajes al monte Carmelo. De esta manera, la mujer practica la fe en YHWH, de quien Eliseo es mediador, con un gesto desinteresado (cf. 4,13). El nacimiento de un hijo será para esta mujer la inesperada recompensa, signo de la bendición divina (vv. 14-16a).
Todo cristiano se une a Cristo por medio de su bautismo. Se trata de una unión, es decir, de una incorporación tan íntima y radical que nos ha asociado completamente al misterio de su muerte, sepultura y resurrección. Por el bautismo hemos muerto con Cristo, hemos sido sepultados con Cristo y hemos resucitado con Cristo. San Cirilo de Jerusalén lo explica de una forma muy clara en su segunda catequesis mistagógica: “No hemos muerto ni hemos sido sepultados de modo verdadero, ni resucitamos después de que hubiésemos sido verdaderamente crucificados, pero sí se ha realizado en imagen una imitación de aquellas cosas, y es de aquí de donde ha brotado la salvación. Cristo fue verdaderamente crucificado, verdaderamente fue sepultado y verdaderamente resucitó, y todo ello nos ha sido regalado a nosotros por gracia para que, hechos partícipes de sus sufrimientos, obtengamos en verdad la salvación”. Morir al pecado y resucitar para andar por sendas de vida nueva es la manera como se refleja en la vida del cristiano el misterio del bautismo que ha recibido.
Jesús es radical y contundente cuando afirma que nadie puede ser querido más que él. Por su estilo de vida, el discípulo está llamado a jerarquizar sus vínculos afectivos, colocando en primer lugar el amor por Jesús. Se trata de asumir en la vida la virtud como el orden del amor, el ordo amoris del que habla san Agustín: se debe amar lo que verdaderamente debe ser amado. Por tanto, Jesús es el valor absoluto para el discípulo, quien le hace capaz de afrontar los sufrimientos e incluso la muerte, capaz de perder la vida en vez de conservarla para ganarla, capaz de llevar la cruz ejemplo de aquel que cargó la cruz para hacernos libres. Por otra parte, quien acoge al misionero también vive un vínculo de comunión intenso con Jesús y con el Padre, ya que, según la concepción común del judaísmo, el enviado es igual al que envía; quien acoge al misionero acoge a Jesús y en él al Padre que lo ha mandado (v. 40).
Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
Dejemos que sea el Papa Francisco quien nos ilumine con su enseñanza, tomada del discurso antes del rezo del Ángelus pronunciado el 2 de julio de 2017: “La liturgia nos presenta las últimas frases del discurso misionero del capítulo 10 del Evangelio de Mateo (cf. 10, 37), con el cual Jesús instruye a los doce apóstoles en el momento en el que, por primera vez les envía en misión a las aldeas de Galilea y Judea. En esta parte final Jesús subraya dos aspectos esenciales para la vida del discípulo misionero: el primero, que su vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo; el segundo, que el misionero no se lleva a sí mismo, sino a Jesús, y mediante él, el amor del Padre celestial. Estos dos aspectos están conectados, porque cuanto más está Jesús en el centro del corazón y de la vida del discípulo, más ‘transparente’ es este discípulo ante su presencia. Van juntos, los dos.
‘El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...’ (v. 37), dice Jesús. El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro. Cualquier discípulo, ya sea un laico, una laica, un sacerdote, un obispo: la relación prioritaria. Quizás la primera pregunta que debemos hacer a un cristiano es: ‘¿Pero tú te encuentras con Jesús? ¿Tú rezas a Jesús?’. La relación. Se podría casi parafrasear el Libro del Génesis: Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a Jesucristo, y se hacen una sola cosa (cf. Génesis 2, 24). Quien se deja atraer por este vínculo de amor y de vida con el Señor Jesús, se convierte en su representante, en su ‘embajador’, sobre todo con el modo de ser, de vivir. Hasta el punto en que Jesús mismo, enviando a sus discípulos en misión, les dice: ‘Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado’ (Mateo 10, 40). Es necesario que la gente pueda percibir que para ese discípulo Jesús es verdaderamente ‘el Señor’, es verdaderamente el centro de su vida, el todo de la vida”.
Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Al Padre le pedimos que nos llene de su amor y nos enseñe a amar para saber amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, de manera que ocupe el primer lugar de nuestros afectos. Pidamos también al Señor que sepamos re-presentarlo (hacerlo presente) como sus misioneros, como sus testigos, respaldados con nuestra coherencia de vida, según la bella indicación del Maestro: “El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado”. Toda persona con quien nos vamos encontrando en el camino de la vida debe percibir en nosotros la presencia de Jesucristo y la presencia de Dios, nuestro Padre.
Recomendaciones prácticas:
CXV Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, 3 al 7 de julio.
Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Cada Domingo la Iglesia celebra a Cristo Resucitado. Él está en medio de nosotros para hablarnos en su Palabra y alimentarnos con su Eucaristía. De manera particular, hoy Jesús nos anima a seguirlo y a cargar nuestra cruz, sabiendo que todo discípulo tendrá su recompensa. Participemos con fe.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra que se nos ofrece hoy, nos alienta a dejar salir de cada uno de nosotros los mejores valores cristianos que poseemos, dejémonos iluminar y guiar por ella. Que la palabra de Dios sea lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero. Escuchemos con atención.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Reunidos, para recordar los beneficios de nuestro Dios, pidámosle que inspire nuestras plegarias para que merezcan ser atendidas, supliquémosle diciendo:
R. Salva, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre
Por la Iglesia y sus ministros, para que utilicen todos los recursos y medios de comunicación para dar a conocer la buena nueva del evangelio, Roguemos al Señor.
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Por los gobernantes de las naciones, para que depongan sus planes personales, piensen en los más necesitados y los ayuden a mejorar su calidad de vida, Roguemos al Señor.
Por los obispos que estarán reunidos en Asamblea Plenaria esta semana, para que tengan abundante asistencia del Espíritu Santo, y sean dóciles a sus divinas inspiraciones, y encuentren las soluciones adecuadas a los tiempos actuales.
Por las familias que sufren la perdida de sus seres queridos a causa de la pandemia, para que el Señor las consuele y las llene de fortaleza. Roguemos al Señor.
Por cada uno de los que participamos de esta celebración, para que el Señor toque nuestro corazón y nos permita recibirlo a Él, con la hospitalidad practicada a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Roguemos al Señor.
Oración conclusiva
Que te sean gratos, Señor,
los deseos de tu Iglesia suplicante,
y concede lo que no podemos esperar por nuestros méritos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
El Buen Pastor entra por la puerta en el aprisco de las ovejas
Lun 20 Abr 2026
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Traducciones y adaptaciones litúrgicas indígenas
Jue 16 Abr 2026
Sáb 4 Abr 2026
Allí me verán
EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORVIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTAAbril 04 de 2026Lecturas del Antiguo Testamento:Primera lectura: Gn 1, 1–2, 2 (forma larga) o Gn 1, 1. 26-31a (forma breve)Salmo: Sal 104 (103), 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c. (R. cf. 30) o Sal 33 (32), 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R. cf. 5b)Segunda lectura: Gn 22, 1-18 (forma larga) o Gn 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18 (forma breve)Salmo: Sal 16 (15), 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)Tercera lectura: Ex 14, 15–15, 1aSalmo: Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1b)Cuarta lectura: Is 54, 5-14Salmo: Sal 30 (29), 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R. 2a)Quinta lectura: Is 55, 1-11Salmo: Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Sexta lectura: Ba 3, 9-15. 32–4, 4Salmo: Sal 19 (18), 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)Séptima lectura: Ez 36, 16-17a. 18-28Salmo: Sal 42 (41), 3. 5cdef; 43 (42), 3. 4 (R. Sal 41, 2)Cuando se celebra el Bautismo:Salmo: Sal 51 (50), 12-13. 14-15. 18-19 (R. 12a) o Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Lecturas del Nuevo Testamento:Epístola: Rm 6, 3-11Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23Evangelio: Mt 28, 1-10I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Vigilia Pascual, en la Noche Santa, propone en la liturgia de la Palabra un recuento de las mayores maravillas obradas por Dios a lo largo de la historia de la salvación, coronadas con el día de gozo en que fue realizada la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Así, los momentos y temas cruciales de la Escritura se ponen en relación con el misterio pascual. Respecto de las siete lecturas del Antiguo Testamento, conviene advertir que son «textos representativos que proclaman partes esenciales de la teología del Antiguo Testamento, desde la creación al sacrificio de Abrahán, hasta la lectura más importante [entre aquellas], el Éxodo. Las cuatro lecturas siguientes anuncian los temas cruciales de los profetas» (Directorio Homilético 48). Las dos lecturas del Nuevo Testamento proclaman «el anuncio de la Resurrección junto a la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la Resurrección de Cristo» (OLM 99). De este modo, pueden servir como inspiración para la homilía algunos temas como «la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección, la Pascua, el Día del Señor y los Sacramentos de la Iniciación Cristiana» (Directorio Homilético, Apéndice I, Ciclo A).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La proclamación de los pasajes más significativos del Antiguo Testamento prepara el anuncio de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Inicia con el relato de la Creación en el Génesis, en el que Dios contempla que todo lo que había hecho era muy bueno (Gn 1, 1. 26-31a), acompañado de una doble opción de salmo (Sal 103 o 32). Ambos expresan la admiración del orante hacia la obra del Creador: el primero pide que renueve su creación y el segundo proclama la eficacia creadora de su Palabra, expresión de su misericordia que llena la tierra.Continúa el sacrificio del patriarca Abrahán (Gn 22, 1-18), quien, movido por el temor de Dios, acepta la prueba de ofrecer en holocausto a su hijo único Isaac. El sacrificio no llega a realizarse porque la voluntad divina reconoce su obediencia, y en su lugar es ofrecido un carnero. A esta narración responde el pueblo invocando la protección del Señor, que no abandona a sus fieles a la corrupción de la muerte (Sal 15). Se llega luego al núcleo de las lecturas veterotestamentarias con el relato del Éxodo (Ex 14, 15–15, 1a). Israel, auxiliado por el Dios libertador, atravesó en seco el mar y alcanzó la libertad, dejando atrás la esclavitud egipcia. La respuesta a esta narración es un canto a la gloriosa victoria del Señor, cuyos beneficios se extienden a sus fieles por los siglos (Ex 15, 1b ss.).A continuación, los anuncios proféticos (de la cuarta a la séptima lectura) presentan diversos aspectos de la obra de Dios:•La cuarta lectura (Is 54, 5-14) revela su amor eterno hacia Israel, transformando su destino y cambiando el luto en danza. La comunidad responde ensalzando su santidad (Sal 29).•La quinta lectura (Is 55, 1-11) manifiesta el plan reconciliador del Señor: una alianza perpetua en la que su Palabra, como la lluvia y la nieve que fecundan la tierra, cumple el deseo de dar vida a sus fieles.•La sexta lectura (Ba 3, 9-15. 32–4, 4) exhorta al pueblo a no dejarse arrastrar por las costumbres paganas. Como elegidos de Dios, deben guardar sus mandamientos y caminar en la luz de su ley. La comunidad responde proclamando que el Señor tiene palabras de vida eterna (Sal 18).•La séptima lectura (Ez 36, 16-17a. 18-28) anuncia un bautismo con agua pura que transformará los corazones de piedra en corazones nuevos, animados por su Espíritu. La asamblea canta su sed de purificación (Sal 41; Is 12; Sal 50).Corona la liturgia de la Palabra el anuncio de la Resurrección, anticipado por la lectura del Apóstol y el salmo de acción de gracias. La epístola (Rm 6, 3-11) proclama a Cristo, vencedor de la muerte, quien “una vez resucitado de entre los muertos ya no muere más”. El Salmo 117 lo presenta como la piedra descartada que ahora es piedra angular. Finalmente, la asamblea recibe el anuncio del evangelista (Mt 28, 1-10): “Jesús el crucificado. No está aquí: ¡Ha resucitado!, como había dicho”.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Iglesia misma nos orienta a comprender el sentido de estas lecturas. Si bien se fundamentan en la literalidad, se amplían en los matices espirituales que de ellas se desprenden (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 116-117). Una forma óptima de interpretarlas es a través de las “Oraciones para después de las lecturas” de la Vigilia Pascual, pues “un riquísimo recurso para comprender el vínculo entre los temas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el misterio pascual de Cristo lo ofrecen las oraciones que siguen a cada lectura” (Directorio Homilético 50). De esta forma:•La Pascua es una obra aún más admirable que la creación del mundo.•La descendencia prometida a Abrahán se cumple en los hijos adoptivos de Dios, ganados por la Pascua de Cristo.•La maravilla del Éxodo se prolonga en todas las naciones mediante el paso por las aguas del bautismo.•La promesa de Dios de no destruir más la tierra con las aguas de Noé se amplía en la nueva descendencia de la promesa, regenerada por el bautismo.•La salvación es gratuita y la respuesta a Dios nace de su auxilio, no de las fuerzas humanas.•El Dios de la Primera Alianza, que no abandonó a su pueblo, protege al pueblo de la Alianza perpetua, purificado en la fuente bautismal.•La promesa de un lavacro con agua pura se cumple en Jesucristo, quien renueva lo viejo y restaura su integridad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Iglesia, iluminada por la abundancia de la Palabra en esta Noche Santa, desea que participemos del triunfo de Cristo sobre la muerte. La escucha atenta de la Palabra y la comunión con el mensaje fundamental de nuestra fe en la resurrección de Jesucristo están vinculadas a nuestro propio paso de la muerte a la vida. En una sociedad marcada por tantos signos de muerte que oscurecen la esperanza, es vital abrir los ojos al resplandor de Cristo muerto y resucitado, cuya luz disipa las tinieblas que nos rodean.Este momento de contemplación y oración tiene como objetivo vivir la vigilia con espíritu de súplica atenta y perseverante: «En esta santísima noche, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a sus hijos, dispersos por toda la faz de la tierra, a reunirse para vigilar y orar» (Monición inicial de la Vigilia Pascual)._______________________Recomendaciones prácticas:•Se rezan las Completas del domingo (después de las II Vísperas).•Quienes participan en la Vigilia Pascual no rezan las Completas.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Exultantes de gozo, llegamos al culmen del “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado” en cuya celebración “se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre”. Participaremos de la abundancia de bienes que brotan de esta liturgia: la visión de la Luz, la escucha de la Palabra, la gracia del Bautismo y el alimento de la Eucaristía. (Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).Monición introductoria presidencial La monición que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 194. Monición a la liturgia de la PalabraLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 311.Monición a la liturgia bautismalLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR pp. 316 (según haya o no bautizados en la celebración).Monición a la renovación de los compromisos bautismalesLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 321. Oración universal o de los fielesPresidente: En la alegría de esta Noche Santa, presentemos nuestras plegarias al Padre por medio de su Hijo, que ha vencido a la muerte, y digamos: R/. Jesús Resucitado, ruega por nosotros.1.Por la Iglesia y por todos los cristianos, para que demos siempre testimonio de la vida nueva de Jesús resucitado y caminemos sin miedo al anunciarlo a todas las gentes. Oremos.2.Por los que recibieron el bautismo en esta noche de Pascua, para que el Señor los bendiga y aumente en ellos la fe, la esperanza y el amor. Oremos.3.Por todas las naciones de la tierra, para que la paz y el bienestar lleguen a todos como don de Dios. Oremos.4.Por las personas de buena voluntad que sirven a los demás, para que el Espíritu Santo sea su fuerza y guía. Oremos.5.Por nosotros, reunidos en torno a la mesa del Señor, para que permanezcamos siempre unidos a Él y colmados de su amor. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre bondadoso, las plegarias que te presentamos con fe en esta celebración de la resurrección de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.R/. Amén.
Vie 3 Abr 2026
Sabía todo lo que le iba a suceder
VIERNES SANTOEN LA PASIÓN DEL SEÑORAbril 03 de 2026Primera lectura: Is 52, 13–53, 12Salmo: Sal 31 (30), 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25 (R. Lc 23, 46)Segunda lectura: Hb 4, 14-16; 5, 7-9Evangelio: Jn 18, 1–19, 42I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl Siervo de Yahvé anuncia al Cordero sin mancha que, mediante su misterio pascual, se ofrece con ánimo confiado y reverente para gloria del Padre y salvación de la humanidad. Su vida fue una entrega completa al designio amoroso del Padre, ofreciendo su propio cuerpo en el ara de la cruz por la redención de toda la humanidad. Este camino de ofrecimiento voluntario e inmensamente amoroso es un proceso de progresiva glorificación; así aparece en el relato de la Pasión según san Juan, que se nos ofrece en este día. Todo bautizado está llamado a reproducir en su vida este itinerario de muerte en sus diversas expresiones, para llegar a la gloria.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura, el profeta Isaías nos presenta el cuarto cántico del Siervo de Yahvé. En él se describe el sufrimiento de este personaje misterioso, de corazón inmaculado, que no había cometido crimen alguno ni hubo engaño en su boca. Fue triturado, pasando por el dolor más extremo y devastador como expiación, afrontándolo en la más absoluta humildad y confianza en Dios, hasta ser glorificado y exaltado.La figura misteriosa del Siervo de Yahvé, con todo el sufrimiento padecido y ofrecido en expiación que culmina en glorificación y exaltación, se esclarece en Jesús: camino al Calvario, crucificado, muerto, resucitado y exaltado a la gloria a la derecha del Padre. Este Siervo es figura del gran Siervo Jesús, quien entregó su vida en medio del más terrible sufrimiento, hasta llegar a exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 33). Sin embargo, vivió todo su camino doloroso en absoluta confianza, según lo expresa el salmo, que describe la esperanza del justo perseguido y anuncia al Justo por excelencia, quien en la cruz pronuncia esas palabras tan llenas de espíritu filial y confiado: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).Jesús vivió toda su existencia y, en especial, su vía dolorosa en actitud sacerdotal, es decir, como ofrenda de su propio cuerpo, tal como nos lo dice la Carta a los Hebreos, proclamada como segunda lectura. Él es el sacerdote eterno que entregó su vida como ofrenda sacrificial, poniendo fin a todos los sacrificios de la antigua ley, para dar paso a la nueva y definitiva oblación, anticipada sacramentalmente el Jueves Santo en la Última Cena y continuamente ofrecida en la Iglesia por medio de quienes han sido configurados con el único y eterno sacerdocio de Jesucristo.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús, en su misterio pascual, se refleja en los sufrimientos del Siervo de Yahvé, que traslucen los sentimientos del Mesías en sus últimos momentos: entrega confiada a los designios del Padre y disposición total al sacrificio por amor a la humanidad. La lectura atenta y meditativa de los textos proclamados hoy nos permite penetrar más en el amor que inflamaba el corazón del buen Jesús al entregarse en manos de los hombres para realizar el plan de salvación del género humano. Sobresalen, de manera especial, su profunda humildad y paciencia, pues su corazón estaba puesto en el Padre, encomendándole toda su causa y sabiendo que no sería defraudado.Amor y confianza son sus actitudes fundamentales. Su sacerdocio lo ejerce en el más pleno y aquilatado amor al Padre y a cada ser humano que ha existido, existe y existirá en este mundo. Por amor ejerció su sacerdocio único y eterno, ofreciendo en el ara de la cruz su cuerpo como ofrenda definitiva, que alcanzó lo que los sacrificios de la antigua alianza solo prefiguraban: el perdón de los pecados. Su confianza, extraordinaria en el Padre que lo amaba, lo sostuvo hasta aceptar la muerte más ignominiosa y aborrecible.El Padre no le falló. Ya lo anunciaba la figura del Siervo de Yahvé, al asegurar que tendría éxito y un puesto entre los grandes. San Juan lo expresa con fuerza al presentar la Pasión como un proceso de glorificación: la cruz es la hora de la gloria. Dios nunca falla. Como dice san Pablo en su Carta a los Corintios, su Palabra no es un “sí y no”: en Cristo todo es un sí. Su fidelidad y misericordia son eternas. Si recorremos el camino de Jesús, pasando por el sufrimiento y la muerte, nuestra vida participará de su exaltación. Más aún, el camino del amor entregado, vivido cada día en el ejercicio de nuestro sacerdocio bautismal, es el único que conduce a una vida plena, lograda y gloriosa.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor, concédenos comprender que la vida solo tiene sentido cuando se ofrece y entrega en las circunstancias cotidianas, aprovechando cada oportunidad que se nos brinde. De lo contrario, quedaremos reducidos a una existencia vacía y sin esperanza, volcados sobre nosotros mismos y nuestros intereses egoístas, que nos llevarán a una progresiva destrucción y a una vida sumida en la oscuridad.Oh Dios, ayúdanos a entender que el camino de la entrega por amor exige un proceso doloroso, pues implica superar nuestra tendencia a vivir centrados en nosotros mismos. Solo con la gracia que el Salvador nos obtuvo en el ara de la cruz y con nuestra libre cooperación podremos ser liberados de este repliegue, para caminar erguidos hacia una vida donada por amor, que desemboca en el gozo.Buen Dios, enséñanos a no temer este camino exigente de superación personal, siempre sostenidos por tu gracia redentora. Haznos vivir confiados en tu Palabra amorosa, que nos recuerda: “El que quiera ganar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí y por el Evangelio la salvará” (Mt 16, 25); y también: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, dará mucho fruto” (Jn 12, 24). Ayúdanos a ejercitarnos en esta lógica cada vez que se nos presente la oportunidad, viviendo nuestro sacerdocio bautismal, que nos capacita para ofrecer con Cristo nuestra propia vida para gloria de Dios y salvación de la humanidad. Que en cada ofrecimiento renovemos la confianza en Aquel que nunca falla y que, fiel a su Palabra, nos concederá la gloria si nos atrevemos a recorrer este camino con todo nuestro ser._______________________Recomendaciones prácticas:•Resaltar el sentido del silencio en la procesión de entrada.•Introducir la Palabra de Dios con un comentario breve, pues constituye una bellísima síntesis del Misterio de la Pasión y Muerte gloriosa del Señor. No deben omitirse las lecturas. La lectura de la Pasión, según san Juan, es el centro de la liturgia de la Palabra de este día.•La oración universal tiene hoy un carácter especial, distinto al cotidiano. Es la ocasión en la que, como señala el Misal, los fieles ejercen su oficio sacerdotal al implorar por la humanidad entera.•Elegir con anticipación la forma de presentación de la Cruz y ensayarla, de modo que se realice con dignidad, solemnidad y sobriedad.•Dado que es un día de silencio y oración, los cantos deben estar impregnados de este espíritu. No se acompañan con instrumentos (ni guitarra ni órgano); el canto llano es el más indicado.•La celebración central de este día es la Muerte del Señor. Según la tradición de la Iglesia, quienes deseen prolongar la oración del Viernes Santo pueden celebrar el Oficio de Lectura hasta concluir las dos lecturas, añadiendo cánticos y evangelio, con homilía si se desea.•Para este Viernes Santo, Pasión del Señor, ver Liturgia de las Horas II, Apéndice I, “Cánticos y evangelios para la celebración de las vigilias”, p. 2059 ss.•Hoy se realiza la colecta para los santos lugares, que debe ambientarse con afecto y solidaridad ante la difícil situación de la Iglesia en Tierra Santa.•Evangelizar la piedad popular: donde exista la costumbre de dramatizar el descendimiento de Jesús, hágase con dignidad, acompañado por cánticos a Cristo Salvador o a la Madre Dolorosa.•Vía Crucis: conviene emplear la forma tradicional, sencilla y ágil, incluyendo en cada estación una motivación para la oración. Pueden alternarse las estaciones con cantos tradicionales y sencillos, y disponerse imágenes sagradas que ayuden a la contemplación.•Las Siete Palabras: deben valorarse por su carácter pedagógico y evangelizador. Han de confiarse a personas preparadas, con un mismo tema, y revisarse previamente los contenidos.La Procesión del Santo Sepulcro, donde se realice, debe hacerse con piedad, solemnidad y una catequesis adecuada, como ocasión de oración.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Viernes Santo es un día de ayuno y penitencia, origen de la práctica cuaresmal, que nos sumerge en la Pasión del Señor y nos ayuda a tomar mayor conciencia de su extraordinario amor por nosotros. Esta celebración de la Muerte del Señor consta de tres partes: liturgia de la Palabra, adoración de la santa cruz y comunión. Vivamos cada uno de estos momentos con escucha atenta, reflexión y oración, de manera que la entrega de Jesús hasta la muerte en cruz nos decida a vivir transformados a imagen de la humanidad nueva que brilla en quien venció la muerte y el mal. Iniciamos con la procesión y la postración de los ministros, en recuerdo de la humildad y abajamiento de Jesús y como expresión del pesar profundo de la Iglesia por la humillación de su Maestro y Señor.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra proclamada en esta celebración nos ayuda a ahondar en los sentimientos de humildad y amor extremo que acompañaron a Jesús en su Pasión y Muerte. Escuchemos con atención y dejemos que su Espíritu grabe en nuestros corazones un sincero dolor por las veces en que no hemos sabido corresponder a tanta dignación de su amor, y que nos impulse a una vida entera consagrada a seguir sus designios, que siempre nos conducen a la felicidad y a la gloria.ORACIÓN UNIVERSAL(Misal Romano)I.Por la Santa IglesiaOremos por la santa Iglesia de Dios, para que nuestro Dios y Señor le conceda la paz y la unidad, se digne protegerla en toda la tierra y nos conceda glorificarlo, como Dios Padre omnipotente, con una vida pacífica y serena.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu misericordia, para que tu Iglesia, extendida por toda la tierra, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.II.Por el PapaOremos por el Santo Padre, el Papa León, para que Dios nuestro Señor, que lo escogió para el orden de los obispos, lo conserve a salvo y sin daño para bien de su santa Iglesia, a fin de que pueda gobernar al pueblo santo de Dios.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna el universo, atiende favorablemente nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos diste, para que el pueblo cristiano, que tú mismo pastoreas, progrese bajo su cuidado en la firmeza de su fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.III.Por el pueblo de Dios y sus ministrosOremos por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros y diáconos de la Iglesia, y por todo el pueblo santo de Dios.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas a toda la Iglesia, escucha nuestras súplicas por tus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.IV.Por los catecúmenosOremos por nuestros catecúmenos para que Dios nuestro Señor abra los oídos de sus corazones y les manifieste su misericordia, y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo, Señor nuestro.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, acrecienta la fe y el conocimiento a nuestros catecúmenos, para que, renacidos en la fuente bautismal, los cuentes entre tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.V.Por la unidad de los cristianosOremos por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor se digne congregar y custodiar en la única Iglesia a quienes procuran vivir en la verdad.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que reúnes a los que están dispersos y los mantienes en la unidad, mira benignamente la grey de tu Hijo, para que, a cuantos están consagrados por el único bautismo, también los una la integridad de la fe y los asocie el vínculo de la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VI.Por los judíosOremos por los judíos, para que a quienes Dios nuestro Señor habló primero, les conceda progresar continuamente en el amor de su nombre y en la fidelidad a su alianza.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abrahán y a su descendencia, oye compasivo los ruegos de tu Iglesia, para que el pueblo que adquiriste primero como tuyo, merezca llegar a la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VII. Por los que no creen en CristoOremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan ellos encontrar el camino de la salvación.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo, que, caminando en tu presencia con sinceridad de corazón, encuentren la verdad; y a nosotros concédenos crecer en el amor mutuo y en el deseo de comprender mejor los misterios de tu vida, a fin de que seamos testigos cada vez más auténticos de tu amor en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VIII.Por los que no creen en DiosOremos por los que no conocen a Dios, para que, buscando con sinceridad lo que es recto, merezcan llegar hasta Él.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que deseándote te busquen, y, encontrándote, descansen en ti; concédenos que, en medio de las dificultades de este mundo, al ver los signos de tu amor y el testimonio de las buenas obras de los creyentes, todos los hombres se alegren al confesarte como único Dios verdadero y Padre de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.IX.Por los gobernantesOremos por todos los gobernantes de las naciones, para que Dios nuestro Señor guíe sus mentes y corazones, según su voluntad providente, hacia la paz verdadera y la libertad de todos.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos están los corazones de los hombres y los derechos de las naciones, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, se afiance en toda la tierra un auténtico progreso social, una paz duradera y una verdadera libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.X.Por los que se encuentran en alguna tribulaciónOremos a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todos sus errores, aleje las enfermedades, alimente a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, concede seguridad a los que viajan, un buen retorno a los que se hallan lejos del hogar, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha a los que te invocan en su tribulación, para que todos experimenten en sus necesidades la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.
Vie 3 Abr 2026
“«Allí me verán»?”
EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORVIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTAAbril 04 de 2026Lecturas del Antiguo Testamento:Primera lectura: Gn 1, 1–2, 2 (forma larga) o Gn 1, 1. 26-31a (forma breve)Salmo: Sal 104 (103), 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c. (R. cf. 30) o Sal 33 (32), 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R. cf. 5b)Segunda lectura: Gn 22, 1-18 (forma larga) o Gn 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18 (forma breve)Salmo: Sal 16 (15), 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)Tercera lectura: Ex 14, 15–15, 1aSalmo: Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1b)Cuarta lectura: Is 54, 5-14Salmo: Sal 30 (29), 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R. 2a)Quinta lectura: Is 55, 1-11Salmo: Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Sexta lectura: Ba 3, 9-15. 32–4, 4Salmo: Sal 19 (18), 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)Séptima lectura: Ez 36, 16-17a. 18-28Salmo: Sal 42 (41), 3. 5cdef; 43 (42), 3. 4 (R. Sal 41, 2)Cuando se celebra el Bautismo:Salmo: Sal 51 (50), 12-13. 14-15. 18-19 (R. 12a) o Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Lecturas del Nuevo Testamento:Epístola: Rm 6, 3-11Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23Evangelio: Mt 28, 1-10I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Vigilia Pascual, en la Noche Santa, propone en la liturgia de la Palabra un recuento de las mayores maravillas obradas por Dios a lo largo de la historia de la salvación, coronadas con el día de gozo en que fue realizada la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Así, los momentos y temas cruciales de la Escritura se ponen en relación con el misterio pascual. Respecto de las siete lecturas del Antiguo Testamento, conviene advertir que son «textos representativos que proclaman partes esenciales de la teología del Antiguo Testamento, desde la creación al sacrificio de Abrahán, hasta la lectura más importante [entre aquellas], el Éxodo. Las cuatro lecturas siguientes anuncian los temas cruciales de los profetas» (Directorio Homilético 48). Las dos lecturas del Nuevo Testamento proclaman «el anuncio de la Resurrección junto a la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la Resurrección de Cristo» (OLM 99). De este modo, pueden servir como inspiración para la homilía algunos temas como «la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección, la Pascua, el Día del Señor y los Sacramentos de la Iniciación Cristiana» (Directorio Homilético, Apéndice I, Ciclo A).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La proclamación de los pasajes más significativos del Antiguo Testamento prepara el anuncio de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Inicia con el relato de la Creación en el Génesis, en el que Dios contempla que todo lo que había hecho era muy bueno (Gn 1, 1. 26-31a), acompañado de una doble opción de salmo (Sal 103 o 32). Ambos expresan la admiración del orante hacia la obra del Creador: el primero pide que renueve su creación y el segundo proclama la eficacia creadora de su Palabra, expresión de su misericordia que llena la tierra.Continúa el sacrificio del patriarca Abrahán (Gn 22, 1-18), quien, movido por el temor de Dios, acepta la prueba de ofrecer en holocausto a su hijo único Isaac. El sacrificio no llega a realizarse porque la voluntad divina reconoce su obediencia, y en su lugar es ofrecido un carnero. A esta narración responde el pueblo invocando la protección del Señor, que no abandona a sus fieles a la corrupción de la muerte (Sal 15). Se llega luego al núcleo de las lecturas veterotestamentarias con el relato del Éxodo (Ex 14, 15–15, 1a). Israel, auxiliado por el Dios libertador, atravesó en seco el mar y alcanzó la libertad, dejando atrás la esclavitud egipcia. La respuesta a esta narración es un canto a la gloriosa victoria del Señor, cuyos beneficios se extienden a sus fieles por los siglos (Ex 15, 1b ss.).A continuación, los anuncios proféticos (de la cuarta a la séptima lectura) presentan diversos aspectos de la obra de Dios:•La cuarta lectura (Is 54, 5-14) revela su amor eterno hacia Israel, transformando su destino y cambiando el luto en danza. La comunidad responde ensalzando su santidad (Sal 29).•La quinta lectura (Is 55, 1-11) manifiesta el plan reconciliador del Señor: una alianza perpetua en la que su Palabra, como la lluvia y la nieve que fecundan la tierra, cumple el deseo de dar vida a sus fieles.•La sexta lectura (Ba 3, 9-15. 32–4, 4) exhorta al pueblo a no dejarse arrastrar por las costumbres paganas. Como elegidos de Dios, deben guardar sus mandamientos y caminar en la luz de su ley. La comunidad responde proclamando que el Señor tiene palabras de vida eterna (Sal 18).•La séptima lectura (Ez 36, 16-17a. 18-28) anuncia un bautismo con agua pura que transformará los corazones de piedra en corazones nuevos, animados por su Espíritu. La asamblea canta su sed de purificación (Sal 41; Is 12; Sal 50).Corona la liturgia de la Palabra el anuncio de la Resurrección, anticipado por la lectura del Apóstol y el salmo de acción de gracias. La epístola (Rm 6, 3-11) proclama a Cristo, vencedor de la muerte, quien “una vez resucitado de entre los muertos ya no muere más”. El Salmo 117 lo presenta como la piedra descartada que ahora es piedra angular. Finalmente, la asamblea recibe el anuncio del evangelista (Mt 28, 1-10): “Jesús el crucificado. No está aquí: ¡Ha resucitado!, como había dicho”.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Iglesia misma nos orienta a comprender el sentido de estas lecturas. Si bien se fundamentan en la literalidad, se amplían en los matices espirituales que de ellas se desprenden (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 116-117). Una forma óptima de interpretarlas es a través de las “Oraciones para después de las lecturas” de la Vigilia Pascual, pues “un riquísimo recurso para comprender el vínculo entre los temas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el misterio pascual de Cristo lo ofrecen las oraciones que siguen a cada lectura” (Directorio Homilético 50). De esta forma:•La Pascua es una obra aún más admirable que la creación del mundo.•La descendencia prometida a Abrahán se cumple en los hijos adoptivos de Dios, ganados por la Pascua de Cristo.•La maravilla del Éxodo se prolonga en todas las naciones mediante el paso por las aguas del bautismo.•La promesa de Dios de no destruir más la tierra con las aguas de Noé se amplía en la nueva descendencia de la promesa, regenerada por el bautismo.•La salvación es gratuita y la respuesta a Dios nace de su auxilio, no de las fuerzas humanas.•El Dios de la Primera Alianza, que no abandonó a su pueblo, protege al pueblo de la Alianza perpetua, purificado en la fuente bautismal.•La promesa de un lavacro con agua pura se cumple en Jesucristo, quien renueva lo viejo y restaura su integridad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Iglesia, iluminada por la abundancia de la Palabra en esta Noche Santa, desea que participemos del triunfo de Cristo sobre la muerte. La escucha atenta de la Palabra y la comunión con el mensaje fundamental de nuestra fe en la resurrección de Jesucristo están vinculadas a nuestro propio paso de la muerte a la vida. En una sociedad marcada por tantos signos de muerte que oscurecen la esperanza, es vital abrir los ojos al resplandor de Cristo muerto y resucitado, cuya luz disipa las tinieblas que nos rodean.Este momento de contemplación y oración tiene como objetivo vivir la vigilia con espíritu de súplica atenta y perseverante: «En esta santísima noche, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a sus hijos, dispersos por toda la faz de la tierra, a reunirse para vigilar y orar» (Monición inicial de la Vigilia Pascual)._______________________Recomendaciones prácticas:•Se rezan las Completas del domingo (después de las II Vísperas).•Quienes participan en la Vigilia Pascual no rezan las Completas.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Exultantes de gozo, llegamos al culmen del “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado” en cuya celebración “se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre”. Participaremos de la abundancia de bienes que brotan de esta liturgia: la visión de la Luz, la escucha de la Palabra, la gracia del Bautismo y el alimento de la Eucaristía. (Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).Monición introductoria presidencial La monición que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 194. Monición a la liturgia de la PalabraLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 311.Monición a la liturgia bautismalLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR pp. 316 (según haya o no bautizados en la celebración).Monición a la renovación de los compromisos bautismalesLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 321. Oración universal o de los fielesPresidente: En la alegría de esta Noche Santa, presentemos nuestras plegarias al Padre por medio de su Hijo, que ha vencido a la muerte, y digamos: R/. Jesús Resucitado, ruega por nosotros.1.Por la Iglesia y por todos los cristianos, para que demos siempre testimonio de la vida nueva de Jesús resucitado y caminemos sin miedo al anunciarlo a todas las gentes. Oremos.2.Por los que recibieron el bautismo en esta noche de Pascua, para que el Señor los bendiga y aumente en ellos la fe, la esperanza y el amor. Oremos.3.Por todas las naciones de la tierra, para que la paz y el bienestar lleguen a todos como don de Dios. Oremos.4.Por las personas de buena voluntad que sirven a los demás, para que el Espíritu Santo sea su fuerza y guía. Oremos.5.Por nosotros, reunidos en torno a la mesa del Señor, para que permanezcamos siempre unidos a Él y colmados de su amor. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre bondadoso, las plegarias que te presentamos con fe en esta celebración de la resurrección de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.R/. Amén.
Jue 2 Abr 2026
“Sabía todo lo que le iba a suceder”
VIERNES SANTOEN LA PASIÓN DEL SEÑORAbril 03 de 2026Primera lectura: Is 52, 13–53, 12Salmo: Sal 31 (30), 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25 (R. Lc 23, 46)Segunda lectura: Hb 4, 14-16; 5, 7-9Evangelio: Jn 18, 1–19, 42I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl Siervo de Yahvé anuncia al Cordero sin mancha que, mediante su misterio pascual, se ofrece con ánimo confiado y reverente para gloria del Padre y salvación de la humanidad. Su vida fue una entrega completa al designio amoroso del Padre, ofreciendo su propio cuerpo en el ara de la cruz por la redención de toda la humanidad. Este camino de ofrecimiento voluntario e inmensamente amoroso es un proceso de progresiva glorificación; así aparece en el relato de la Pasión según san Juan, que se nos ofrece en este día. Todo bautizado está llamado a reproducir en su vida este itinerario de muerte en sus diversas expresiones, para llegar a la gloria.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura, el profeta Isaías nos presenta el cuarto cántico del Siervo de Yahvé. En él se describe el sufrimiento de este personaje misterioso, de corazón inmaculado, que no había cometido crimen alguno ni hubo engaño en su boca. Fue triturado, pasando por el dolor más extremo y devastador como expiación, afrontándolo en la más absoluta humildad y confianza en Dios, hasta ser glorificado y exaltado.La figura misteriosa del Siervo de Yahvé, con todo el sufrimiento padecido y ofrecido en expiación que culmina en glorificación y exaltación, se esclarece en Jesús: camino al Calvario, crucificado, muerto, resucitado y exaltado a la gloria a la derecha del Padre. Este Siervo es figura del gran Siervo Jesús, quien entregó su vida en medio del más terrible sufrimiento, hasta llegar a exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 33). Sin embargo, vivió todo su camino doloroso en absoluta confianza, según lo expresa el salmo, que describe la esperanza del justo perseguido y anuncia al Justo por excelencia, quien en la cruz pronuncia esas palabras tan llenas de espíritu filial y confiado: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).Jesús vivió toda su existencia y, en especial, su vía dolorosa en actitud sacerdotal, es decir, como ofrenda de su propio cuerpo, tal como nos lo dice la Carta a los Hebreos, proclamada como segunda lectura. Él es el sacerdote eterno que entregó su vida como ofrenda sacrificial, poniendo fin a todos los sacrificios de la antigua ley, para dar paso a la nueva y definitiva oblación, anticipada sacramentalmente el Jueves Santo en la Última Cena y continuamente ofrecida en la Iglesia por medio de quienes han sido configurados con el único y eterno sacerdocio de Jesucristo.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús, en su misterio pascual, se refleja en los sufrimientos del Siervo de Yahvé, que traslucen los sentimientos del Mesías en sus últimos momentos: entrega confiada a los designios del Padre y disposición total al sacrificio por amor a la humanidad. La lectura atenta y meditativa de los textos proclamados hoy nos permite penetrar más en el amor que inflamaba el corazón del buen Jesús al entregarse en manos de los hombres para realizar el plan de salvación del género humano. Sobresalen, de manera especial, su profunda humildad y paciencia, pues su corazón estaba puesto en el Padre, encomendándole toda su causa y sabiendo que no sería defraudado.Amor y confianza son sus actitudes fundamentales. Su sacerdocio lo ejerce en el más pleno y aquilatado amor al Padre y a cada ser humano que ha existido, existe y existirá en este mundo. Por amor ejerció su sacerdocio único y eterno, ofreciendo en el ara de la cruz su cuerpo como ofrenda definitiva, que alcanzó lo que los sacrificios de la antigua alianza solo prefiguraban: el perdón de los pecados. Su confianza, extraordinaria en el Padre que lo amaba, lo sostuvo hasta aceptar la muerte más ignominiosa y aborrecible.El Padre no le falló. Ya lo anunciaba la figura del Siervo de Yahvé, al asegurar que tendría éxito y un puesto entre los grandes. San Juan lo expresa con fuerza al presentar la Pasión como un proceso de glorificación: la cruz es la hora de la gloria. Dios nunca falla. Como dice san Pablo en su Carta a los Corintios, su Palabra no es un “sí y no”: en Cristo todo es un sí. Su fidelidad y misericordia son eternas. Si recorremos el camino de Jesús, pasando por el sufrimiento y la muerte, nuestra vida participará de su exaltación. Más aún, el camino del amor entregado, vivido cada día en el ejercicio de nuestro sacerdocio bautismal, es el único que conduce a una vida plena, lograda y gloriosa.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor, concédenos comprender que la vida solo tiene sentido cuando se ofrece y entrega en las circunstancias cotidianas, aprovechando cada oportunidad que se nos brinde. De lo contrario, quedaremos reducidos a una existencia vacía y sin esperanza, volcados sobre nosotros mismos y nuestros intereses egoístas, que nos llevarán a una progresiva destrucción y a una vida sumida en la oscuridad.Oh Dios, ayúdanos a entender que el camino de la entrega por amor exige un proceso doloroso, pues implica superar nuestra tendencia a vivir centrados en nosotros mismos. Solo con la gracia que el Salvador nos obtuvo en el ara de la cruz y con nuestra libre cooperación podremos ser liberados de este repliegue, para caminar erguidos hacia una vida donada por amor, que desemboca en el gozo.Buen Dios, enséñanos a no temer este camino exigente de superación personal, siempre sostenidos por tu gracia redentora. Haznos vivir confiados en tu Palabra amorosa, que nos recuerda: “El que quiera ganar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí y por el Evangelio la salvará” (Mt 16, 25); y también: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, dará mucho fruto” (Jn 12, 24). Ayúdanos a ejercitarnos en esta lógica cada vez que se nos presente la oportunidad, viviendo nuestro sacerdocio bautismal, que nos capacita para ofrecer con Cristo nuestra propia vida para gloria de Dios y salvación de la humanidad. Que en cada ofrecimiento renovemos la confianza en Aquel que nunca falla y que, fiel a su Palabra, nos concederá la gloria si nos atrevemos a recorrer este camino con todo nuestro ser._______________________Recomendaciones prácticas:•Resaltar el sentido del silencio en la procesión de entrada.•Introducir la Palabra de Dios con un comentario breve, pues constituye una bellísima síntesis del Misterio de la Pasión y Muerte gloriosa del Señor. No deben omitirse las lecturas. La lectura de la Pasión, según san Juan, es el centro de la liturgia de la Palabra de este día.•La oración universal tiene hoy un carácter especial, distinto al cotidiano. Es la ocasión en la que, como señala el Misal, los fieles ejercen su oficio sacerdotal al implorar por la humanidad entera.•Elegir con anticipación la forma de presentación de la Cruz y ensayarla, de modo que se realice con dignidad, solemnidad y sobriedad.•Dado que es un día de silencio y oración, los cantos deben estar impregnados de este espíritu. No se acompañan con instrumentos (ni guitarra ni órgano); el canto llano es el más indicado.•La celebración central de este día es la Muerte del Señor. Según la tradición de la Iglesia, quienes deseen prolongar la oración del Viernes Santo pueden celebrar el Oficio de Lectura hasta concluir las dos lecturas, añadiendo cánticos y evangelio, con homilía si se desea.•Para este Viernes Santo, Pasión del Señor, ver Liturgia de las Horas II, Apéndice I, “Cánticos y evangelios para la celebración de las vigilias”, p. 2059 ss.•Hoy se realiza la colecta para los santos lugares, que debe ambientarse con afecto y solidaridad ante la difícil situación de la Iglesia en Tierra Santa.•Evangelizar la piedad popular: donde exista la costumbre de dramatizar el descendimiento de Jesús, hágase con dignidad, acompañado por cánticos a Cristo Salvador o a la Madre Dolorosa.•Vía Crucis: conviene emplear la forma tradicional, sencilla y ágil, incluyendo en cada estación una motivación para la oración. Pueden alternarse las estaciones con cantos tradicionales y sencillos, y disponerse imágenes sagradas que ayuden a la contemplación.•Las Siete Palabras: deben valorarse por su carácter pedagógico y evangelizador. Han de confiarse a personas preparadas, con un mismo tema, y revisarse previamente los contenidos.La Procesión del Santo Sepulcro, donde se realice, debe hacerse con piedad, solemnidad y una catequesis adecuada, como ocasión de oración.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Viernes Santo es un día de ayuno y penitencia, origen de la práctica cuaresmal, que nos sumerge en la Pasión del Señor y nos ayuda a tomar mayor conciencia de su extraordinario amor por nosotros. Esta celebración de la Muerte del Señor consta de tres partes: liturgia de la Palabra, adoración de la santa cruz y comunión. Vivamos cada uno de estos momentos con escucha atenta, reflexión y oración, de manera que la entrega de Jesús hasta la muerte en cruz nos decida a vivir transformados a imagen de la humanidad nueva que brilla en quien venció la muerte y el mal. Iniciamos con la procesión y la postración de los ministros, en recuerdo de la humildad y abajamiento de Jesús y como expresión del pesar profundo de la Iglesia por la humillación de su Maestro y Señor.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra proclamada en esta celebración nos ayuda a ahondar en los sentimientos de humildad y amor extremo que acompañaron a Jesús en su Pasión y Muerte. Escuchemos con atención y dejemos que su Espíritu grabe en nuestros corazones un sincero dolor por las veces en que no hemos sabido corresponder a tanta dignación de su amor, y que nos impulse a una vida entera consagrada a seguir sus designios, que siempre nos conducen a la felicidad y a la gloria.ORACIÓN UNIVERSAL(Misal Romano)I.Por la Santa IglesiaOremos por la santa Iglesia de Dios, para que nuestro Dios y Señor le conceda la paz y la unidad, se digne protegerla en toda la tierra y nos conceda glorificarlo, como Dios Padre omnipotente, con una vida pacífica y serena.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu misericordia, para que tu Iglesia, extendida por toda la tierra, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.II.Por el PapaOremos por el Santo Padre, el Papa León, para que Dios nuestro Señor, que lo escogió para el orden de los obispos, lo conserve a salvo y sin daño para bien de su santa Iglesia, a fin de que pueda gobernar al pueblo santo de Dios.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna el universo, atiende favorablemente nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos diste, para que el pueblo cristiano, que tú mismo pastoreas, progrese bajo su cuidado en la firmeza de su fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.III.Por el pueblo de Dios y sus ministrosOremos por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros y diáconos de la Iglesia, y por todo el pueblo santo de Dios.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas a toda la Iglesia, escucha nuestras súplicas por tus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.IV.Por los catecúmenosOremos por nuestros catecúmenos para que Dios nuestro Señor abra los oídos de sus corazones y les manifieste su misericordia, y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo, Señor nuestro.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, acrecienta la fe y el conocimiento a nuestros catecúmenos, para que, renacidos en la fuente bautismal, los cuentes entre tus hijos de adopción. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.V.Por la unidad de los cristianosOremos por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor se digne congregar y custodiar en la única Iglesia a quienes procuran vivir en la verdad.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que reúnes a los que están dispersos y los mantienes en la unidad, mira benignamente la grey de tu Hijo, para que, a cuantos están consagrados por el único bautismo, también los una la integridad de la fe y los asocie el vínculo de la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VI.Por los judíosOremos por los judíos, para que a quienes Dios nuestro Señor habló primero, les conceda progresar continuamente en el amor de su nombre y en la fidelidad a su alianza.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abrahán y a su descendencia, oye compasivo los ruegos de tu Iglesia, para que el pueblo que adquiriste primero como tuyo, merezca llegar a la plenitud de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VII. Por los que no creen en CristoOremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan ellos encontrar el camino de la salvación.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo, que, caminando en tu presencia con sinceridad de corazón, encuentren la verdad; y a nosotros concédenos crecer en el amor mutuo y en el deseo de comprender mejor los misterios de tu vida, a fin de que seamos testigos cada vez más auténticos de tu amor en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.VIII.Por los que no creen en DiosOremos por los que no conocen a Dios, para que, buscando con sinceridad lo que es recto, merezcan llegar hasta Él.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que deseándote te busquen, y, encontrándote, descansen en ti; concédenos que, en medio de las dificultades de este mundo, al ver los signos de tu amor y el testimonio de las buenas obras de los creyentes, todos los hombres se alegren al confesarte como único Dios verdadero y Padre de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.IX.Por los gobernantesOremos por todos los gobernantes de las naciones, para que Dios nuestro Señor guíe sus mentes y corazones, según su voluntad providente, hacia la paz verdadera y la libertad de todos.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos están los corazones de los hombres y los derechos de las naciones, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, se afiance en toda la tierra un auténtico progreso social, una paz duradera y una verdadera libertad religiosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.X.Por los que se encuentran en alguna tribulaciónOremos a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todos sus errores, aleje las enfermedades, alimente a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, concede seguridad a los que viajan, un buen retorno a los que se hallan lejos del hogar, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.Ministro: Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha a los que te invocan en su tribulación, para que todos experimenten en sus necesidades la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.