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Es tiempo para volver a Dios
Tags: predicación orante Miércoles de Ceniza Pascua ayuno oración limosna
Monición introductoria de la Misa
Al iniciar nuestro camino cuaresmal, somos marcados con la ceniza que nos recuerda que somos seres humanos llenos de fragilidad. En esta celebración iniciamos un itinerario de purificación interior que, mediante la oración, el ayuno y la limosna, nos ayudan a la penitencia sincera que nos impulsa a buscar la conversión del corazón.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos llama a llama a la reconciliación aprovechando este tiempo de salvación, la penitencia de estos días cuaresmales expresada mediante el ayuno, la oración y la limosna debe servirnos como medio de purificación interior para buscar la conversión de corazón.
Primera lectura: Joel 2,12-18
Salmo: 51(50),3-4.5-6a.12-13.14+17 (R. cf. 3a)
Segunda lectura: 2Corintios 5,20 - 6,2
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
Reflexión
Hoy iniciamos nuestro itinerario cuaresmal como camino hacia la Pascua y la Palabra de Dios nos hace caer en la cuenta de la realidad del pecado que nos hace volver la mirada a Dios para purificar nuestra vida mediante una reconciliación sincera con el Señor.
El Evangelio nos habla de algunas prácticas religiosas que la Iglesia nos recomienda para el tiempo de la cuaresma: La limosna, la oración y el ayuno (CEC 1438). De aquí se desprenden tres ideas temáticas:
• Es tiempo para volver a Dios, así lo recuerda la primera Lectura del profeta Joel.
• Es el tiempo favorable, es el día de la salvación, tal como nos exhorta San Pablo en su segunda carta a los Corintios.
• Es tiempo para la purificación interior mediante la limosna, el ayuno y la oración, así nos lo pide el Evangelio.
1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
- La primera lectura del profeta Joel nos hace una fuerte llamado de atención para volver la mirada a Dios. Ante la descripción de la plaga, el profeta impresionado por esta situación, es insistente en llamar a la penitencia interior mediante una conversión sincera como retorno hacia Dios. El profeta invita a “rasgar los corazones no las vestiduras”, este es un signo claro de la conversión interior.
La expresión “volver” invita al regreso, ya que el pecado es considerado como un destierro y ahora es el momento para volver de “corazón” mediante un firme propósito de cambio que ayude al hombre a permanecer en Dios.
Joel ofrece tres motivos para la conversión: El primero de parte de Dios que es compasivo y misericordioso, siempre dispuesto al perdón para el pecador arrepentido; el segundo de parte de la plaga que aún no lo ha destruido todo y el pueblo tiene posibilidad de presentar una libación; y el tercer motivo es que Israel será admirado por todos los pueblos a causa de la respuesta salvífica de Dios. Para lograr todo esto se hace necesaria la conversión de todo el pueblo desde los niños hasta los más ancianos mediante un tiempo de penitencia y purificación interior. El texto concluye con la misericordia de Dios que tiene compasión de su pueblo.
- La segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos exhorta a la reconciliación, aquí reconciliarse es el reconocimiento del mal cometido para ser una nueva creatura en Cristo, ya que con la muerte de Cristo y su resurrección todos somos constituidos en nuevas creaturas: esta reconciliación con Dios conlleva tres realidades: Reconocer la actualidad del misterio de la Cruz de Cristo, no recibir en vano la gracia de Dios, aprovechar el momento oportuno en el hoy de la salvación.
- El pasaje evangélico está ubicado dentro del contexto del Sermón de la montaña en lo que se conoce como “la justicia de la ley”, o su práctica perfecta. Jesús no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17).
El texto del Evangelio se ocupa de tres expresiones propias de la religiosidad judía inscritas dentro del ámbito de la retribución: si hace para ser visto por los hombres obtendrá una recompensa humana pero quien las hace para ser visto por Dios debe esperar la recompensa del Padre celestial. En la Sagrada Escritura “la justicia” implica la rectitud de vida, caminar delante de Dios como hijos suyos sin buscar formalismos externos sino con el deseo de cumplir su voluntad.
En el tiempo de Jesús no había una organización eclesial para la distribución de las limosnas, por eso era costumbre “tocar la trompeta” o anunciar públicamente que se hacía una limosna. Jesús no está atacando tal práctica sino la forma en que se hace, pues lo importante no es la actitud exterior sino la disposición interior y la generosidad con la que se hace. Es aquí donde Jesús manda que al hacer la limosna se mantenga en secreto “que tu mano izquierda, no sepa lo que hace tu derecha”. El que haga limosna de modo externo para ser calificado por los hombres es designado como “hipócrita”; es decir, aquel que es doble o que actúa de comediante y obra por el espectáculo buscando su recompensa personal. En este sentido la verdadera limosna es aquella que da con una actitud de desprendimiento y desinterés, la que brota de la generosidad de aquellos que se reconocen como hijos y saben que hay hermanos más necesitados con quienes se debe compartir los bienes que se han recibido con don de Dios.
En segundo lugar, se habla de otra práctica muy común entre los piadosos judíos; la oración, esta se hacía en varios momentos del día: en la mañana, al mediodía y a la noche, tanto en la sinagoga como en cualquier lugar. Para los judíos la oración era un medio de auto-prestigio para exhibirse como personas piadosas.
La instrucción correcta para la oración no es tanto del lugar sino de la actitud para la oración… “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto”. El texto no está en contra de la oración judía sino del modo como el orante se dirige a Dios. La auténtica oración debe ser la que se dirige a Dios y busca la comunicación con Él, no con el deseo de aparecer como piadoso sino con el deseo de salir de sí mismo, para entrar en diálogo con el Padre desde lo profundo del corazón.
En tercer lugar, se habla de la práctica del ayuno público que en momentos de situaciones extremas, como la sequía, se practicaba con rigor vistiéndose de saco y sayal cubriendo la cabeza con ceniza para mostrar una actitud externa de tristeza y arrepentimiento. En el A.T. se distinguía el ayuno verdadero del falso (Is 58, 5-6). Jesús invita al ayuno sincero mediante una actitud interior que no se note en lo externo, para que el verdadero ayuno tenga su efecto ante el Padre Celestial: “cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro”. El ayuno auténtico debe ser fruto de la penitencia interior; esto implica la verdadera conversión que es motivo de alegría y se manifiesta de modo externo. Es en este sentido donde el perfumarse es signo de la alegría exterior por una actitud de conversión interior que se da desde el corazón.
2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Continuamente somos llamados a la conversión no como algo accidental o externo sino como un verdadero cambio de mentalidad que implica todo el ser y el obrar de la persona y para lograr la conversión auténtica se debe dar un paso importante mediante la reconciliación con Dios y con los hermanos. La Iglesia ha establecido el tiempo de la cuaresma como un tiempo propicio para que nosotros mediante las penitencia, busquemos la purificación de nuestra vida, lo que nos ayudará en un auténtico camino de conversión. Pero no podemos quedarnos viviendo una purificación externa, la verdadera penitencia debe nacer del corazón que desea unirse de nuevo a Dios para un sincero cambio de vida. La Palabra de Dios en el Evangelio, nos recomienda algunas prácticas que pueden ayudarnos en ese camino de purificación: la limosna, la oración y el ayuno. Prácticas que la Iglesia nos recomienda vivamente para el tiempo cuaresmal, pero no podemos caer en el peligro de los fariseos, de quedarnos en lo externo de ellas mismas y que no comprometan seriamente nuestra vida. Estas prácticas deben vivirse con una verdadera actitud de conversión.
La limosna (CEC 2443-2449, 2462), nos ayuda a la caridad sincera, mediante el desprendimiento de aquello que poseemos y que nos hace falta, para compartirlo con aquellos que están más necesitados que nosotros. La auténtica limosna dada desde la generosidad del corazón, nos puede ayudar a ser más solidarios con los demás y ver la precariedad de los otros, como una oportunidad para manifestarles nuestra hermandad y el deseo de compartir los bienes que hemos recibido de Dios.
La oración (CEC 2558 - 2565), nos ayuda a unirnos más a Dios saliendo de nosotros mismos y volviendo la mirada a aquel que nos ha creado, para entablar un sincero diálogo con Él y conocer el designio de su voluntad. Así, la oración se convierte en alimento del alma, pues nos ayuda a llenarnos de la presencia de Dios, ya que el hombre que ora con humildad se siente pequeño y sabe que su condición creatural le lleva al reconocimiento de la soberanía de Dios para unirse a Él, como la creatura a su Creador.
El ayuno (CIC 1250-1253 y CEC 1430), como una disciplina espiritual que nos ayuda a la mortificación y la penitencia, para el fortalecimiento de la voluntad que nos ayuda a dominar nuestras pasiones. El mismo Cristo, estuvo ayunando antes de iniciar su ministerio público y así, con la fuerza del Espíritu, pudo vencer al tentador. El ayuno no es un fin en sí mismo sino un medio que nos ayuda a la purificación interior para lograr la conversión. El ayuno verdadero nos ayuda a desprendernos de lo material para reconocer la debilidad y la dependencia de Dios.
3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Iniciamos el itinerario cuaresmal, un tiempo especial en que la Iglesia nos invita a prepararnos para la Pascua, es un momento oportuno para renovar la gracia de Dios a través de la confesión de nuestros pecados. Para ayudarnos en nuestro camino de conversión la Palabra de Dios nos invita a la reconciliación aprovechando este tiempo especial de salvación. El Papa Francisco nos invita a a vivir la cuaresma como un tiempo rico para desenmascarar las tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a «recalentar el corazón creyente»: Detente, mira y vuelve (Homilía miércoles de ceniza 2018).
El pecado, es como un virus que ataca nuestra vida y destruye nuestra relación con Dios, nos aleja de Él, de la comunión con nuestros hermanos y con la creación y nos divide interiormente; por eso, las prácticas cuaresmales nos ayudan a prepararnos para una sincera purificación interior: - la oración nos ayuda a relacionarnos con Dios; - la limosna que nos ayuda a practicar la caridad con los hermanos más necesitados, especialmente durante este tiempo cuaresmal en la campaña de la comunicación cristiana de bienes, que nos ayuda a compartir los bienes que hemos recibido de Dios, sabiendo que todos somos hijos del Padre Bueno; - el ayuno nos ayuda la mortificación del cuerpo para dominar la voluntad y luchar contra las tentaciones que nos hacen caer en el pecado. Entrar en este tiempo de gracia es una oportunidad para volver la mirada a Dios que nos reconcilia de nuevo.
San Agustín nos exhorta: “Sean vigilantes en orden a su salvación, sean vigilantes para que estén a tiempo. Ninguno llegue tarde al tiempo de Dios, ninguno sea perezoso en el servicio divino. Sean todos perseverantes en la oración, fieles en la constante devoción. Sean vigilantes mientras es de día; el día resplandece. Cristo es el día. Él está listo para perdonar a quienes reconocen su culpa pero también para punir a quienes defienden considerándose justos, aquellos que creen ser algo mientras no son nada” (San Agustín, InIo. evang. 12, 13 s).
4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
• Durante este tiempo de cuaresma se nos hace la invitación especial para practicar las obras de misericordia que nos ayudan a pensar en el hermano que sufre y necesita de nosotros.
• Dedicar un buen espacio para la oración nos ayuda a mantener nuestro contacto con el Señor.
• Practicar el ayuno y la abstinencia, como medios que fortalecen nuestra voluntad, para poder vencer las tentaciones del mal.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dios Padre, rico en Misericordia nos ofrece este tiempo de cuaresma para volver nuestra mirada hacia Él. Por eso, suplicantes presentemos nuestras plegarias:
R. Padre Misericordioso, escúchanos.
1. Por el Papa y los ministros consagrados, para que sean testimonio de la cercanía de Dios a su pueblo e instrumentos de gracia y reconciliación para el pecador arrepentido.
2. Por los gobernantes, para que con su trabajo busquen la justicia, la reconciliación y la paz entre los ciudadanos.
3. Por todos los que en este tiempo sufren, para que encuentren en nosotros la caridad fraterna que los ayude en sus dificultades.
4. Por los catecúmenos que durante este tiempo se preparan para el bautismo, para que la vivencia de la cuaresma los ayude a prepararse para revestirse de la gracia de Cristo en la Pascua.
5. Por quienes hoy iniciamos este tiempo de cuaresma, para que mediante la penitencia interior vivamos este tiempo de gracia y salvación con un decidido deseo de conversión.
En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales.
Oración conclusiva
Escucha Padre las plegarias de tu pueblo que se dirige a ti al iniciar estos días
de penitencia cuaresmal
y concede a tus hijos la verdadera conversión del corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1. La celebración de los tiempos de Cuaresma y Pascua, conforman el centro del Años Litúrgico, porque en ellos tiene lugar la celebración central de nuestra fe: el misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo; Tal como nos dice el número 22 de las Normas sobre el calendario: “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo’”. Por tanto Cuaresma forma parte del ciclo pascual ya que la finalidad es la celebración del Triduo Pascual y la Pascua5
La Cuaresma es un tiempo de renovación espiritual, tiempo de conversión, de revisar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. No es un tiempo de mortificación sino de desierto, de vaciarnos totalmente para que podamos dejar llenarnos de la gracia de Dios, para que caminemos cada día más hacia la conversión, para poder vivir como Jesucristo vivía6
• El tiempo de Cuaresma abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, exclusive.
• Cada día de Cuaresma tiene Misa propia completa, además, se propone una oración diaria de bendición sobre el pueblo.
• Durante la Cuaresma y hasta la Vigilia Pascual, exclusive, no se dice ni el gloria ni el Aleluya (se exceptúan solemnidades y fiestas).
• En el tiempo de Cuaresma no se debe adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este Tiempo (se exceptúan de esta norma el domingo IV de Cuaresma - Laetare – y las solemnidades y fiestas).
2. La Cuaresma es el principal tiempo de penitencia, tanto para los individuos como para toda la Iglesia. Conviene, por consiguiente, que la comunidad cristina sea preparada en este tiempo, por medio de las celebraciones penitenciales, para que participe más plenamente del misterio pascual.7
Dos ejemplos de celebraciones penitenciales adaptadas al tiempo de Pascua.8
Otros esquemas de celebraciones penitenciales Ordinarias, con Niños, con Jóvenes y con Enfermos9.
3. Desde el inicio de la Cuaresma se puede programar, cuando mejor convenga, una celebración penitencial, con confesión individual. Igualmente podría preparase para un día de este tiempo de cuaresma la celebración de la Eucaristía con la administración de la Unción de los enfermos de la parroquia que están en peligro de muerte por enfermedad o por vejez. Esta es la mejor preparación para la celebración de la Pascua. No recomendable pastoralmente el jueves santo en la mañana, como se explicará allí en su momento.
4. Tener en cuenta para este tiempo el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2019.
5. Recomendar para los viernes de cuaresma el ejercicio piadoso del santo Viacrucis del Encuentro, ofrecido por el Departamento de Liturgia de la CEC.
6. En este miércoles de ceniza, resaltar la frase: “Conviértanse a mí de todo corazón”.
7. Insistir en las palabras: conversión, penitencia, misericordia, ayuno, oración y limosna.
8. Recordar que este día y el viernes santo es de ayuno, abstinencia y obras de caridad.
9. Tener en cuenta que la ceniza se debe hacer de los ramos bendecidos el año anterior o de ramas de árboles, y que se impone sobre la frente o sobre la cabeza, directamente con los dedos (no con sellos de corcho o de otro material). Se debe corregir o evitar cualquier cosa que lleve a la práctica supersticiosa de la imposición de la ceniza.
10. La ceniza se impone dentro de la Misa o en una Liturgia de la Palabra.
En la Misa de hoy se omite el acto penitencial, porque luego se tendrá la imposición de la ceniza.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar después de la homilía y antes de la Oración Universal o de los Fieles, como lo indican las rúbricas de los libros litúrgicos (cf. Misal,, pp. 71-74; Ceremonial de los Obispos, nn 253-259).
11. Podría tomarse el Prefacio de Cuaresma III, “Frutos de la abstinencia”, Misal, pág. 370. Igualmente, puede seguirse la Plegaria Eucarística II.
12. Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para el miércoles de ceniza, Misal, pág. 75
5 Cf. http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/ Tiempos Litúrgicos.
6 Cf. Ídem
7 Ritual de la Reconciliación y Penitencia, Conferencia Episcopal de Colombia, Departamento de Liturgia, Bogotá, D.C., 1999, pág. 114ss.
8 Ídem.
9 Ídem. Pág. 144 ss.
Vie 27 Mar 2026
«En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar»
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑORMarzo 29 de 2026En la Pasión del Señor: Mt 2, 1-11Primera lectura: Is 50, 4-7Salmo: Sal 22 (21), 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R. 2ab)Segunda lectura: Flp 2, 6-11Evangelio: Mt 26, 14–27, 66 (forma larga) o Mt 27, 11-54 (forma breve)I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEn el Domingo de Ramos, la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar el misterio pascual. Hoy se proclama el relato de la Pasión, para que la Cruz de Cristo domine toda la semana, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Dentro de las escenas que expone la liturgia de la Palabra, el relato de la Pasión y muerte de Jesús según san Mateo, que inaugura esta Semana Mayor, destaca tres momentos en particular:•Primero, la última cena de Jesús fue una cena pascual. Lo que estaba mandado a los israelitas como recuerdo del significado de aquella comida, Jesús lo interpreta desde la nueva cena pascual, con su carácter sacrificial, donde la sangre de Cristo es derramada para la remisión de los pecados.•Segundo, la escena del monte de los Olivos. Resalta la humanidad de Jesús: siente miedo ante la proximidad de la muerte, experimenta la traición de sus amigos y la aparente lejanía del Padre.•Tercero, el sanedrín legaliza la condena del inocente. Jesús, sin embargo, muestra que su mesianismo no es político, sino el de un Mesías sufriente, manso y humilde.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Entre los episodios más significativos del relato de la Pasión están la traición de Judas y las negaciones de Pedro. A pocos días de celebrar la Pascua cristiana, el evangelio nos sitúa en el momento inaugural de dicho acontecimiento. Judas pacta con la parte contraria y comienza a perfilarse de manera definitiva la muerte de Jesús: el traidor acuerda el precio que se pagaba por un esclavo (Ex 21, 32). Movido por la codicia, se aparta del resto de los discípulos para obtener una ventaja económica, entregando al Señor. Los tres anuncios de la Pasión (Mt 16, 21-23; 17, 22-23; 20, 17-19), unidos a las palabras de Jesús al concluir el discurso de las parábolas —“Saben que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado” (Mt 26, 2)—, tienen un valor profético, pues anuncian que la muerte se aproxima. Pedro, por su parte, lo negó tres veces, lo seguía de lejos y llegó incluso a decir: “A ese hombre ni lo conozco”. Al final, ambos se arrepintieron. El arrepentimiento de Judas se convirtió en desesperación y terminó en autodestrucción, al ahorcarse (Mt 27, 3-5). Pedro, en cambio, lloró amargamente su pecado (Mt 26, 75) y halló perdón y gracia.Judas puede ser visto, además de como un personaje histórico, como una figura que desempeña un papel representativo en el que los discípulos de todos los tiempos pueden proyectar su vida. La codicia y el afán de ventajas siguen siendo tentaciones actuales que pueden llevar a entregar a Jesús bajo diversas formas: por dinero, por el deseo de estar con los más fuertes o por preferir satisfacciones pasajeras que el mundo ofrece y que Jesús no concede. Así, la pretensión de hallar la felicidad fuera de lo que Él propone no fue ajena a los doce, ni lo ha sido a los discípulos de cualquier época.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Los compañeros de Judas tuvieron la posibilidad de adelantarse a su plan. Jesús les advirtió: “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, entristecidos, dudaban si sería otro distinto a Judas y preguntaban: «¿Soy yo acaso, Señor?».¿Qué los hizo dudar? Tal vez vacilaron porque el seguimiento exigía fidelidad constante; quizás las expectativas que tenían de Jesús diferían de lo que Él les proponía, o porque el riesgo de estar de su lado los convertía en objetivo de las autoridades judías y romanas. Con todo, el evangelio resalta que solo uno se apartó del grupo y pactó la entrega de Jesús, mientras que el resto permaneció unido a Él, a pesar de las amenazas.Cabe destacar que los discípulos siempre se dirigieron a Jesús llamándolo “Señor” (Kyrios), mientras que Judas lo llamó “Maestro” (Didáskalos). Hay una gran diferencia entre Señor y Maestro. Mientras Jesús sea verdaderamente el Señor de nuestra vida, resistiremos mejor a las tentaciones de negarlo o traicionarlo. Si lo consideramos solo un maestro más, la celebración de estos días santos se reducirá a manifestaciones externas, sin transformación interior.Más que juzgar la conducta de Judas, estamos invitados a revisar nuestra propia respuesta discipular. En este Domingo de Ramos pidamos al Señor la gracia de conocernos más a fondo y, al descubrir nuestras motivaciones, rechacemos toda actitud semejante a la de Judas traidor o a la de Pedro que negó. Que, aunque las tentaciones nos lleven al límite de nuestras fuerzas, tengamos valor para permanecer del lado de Jesús y no del contrario.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?¡Oh Dios! En esta Semana Mayor haz que reproduzcamos la actitud de aquella multitud que tendía sus mantos al paso de Jesús por Jerusalén, y que nosotros extendamos el manto de la generosidad, la entrega y el desprendimiento de nuestras seguridades. Haz que nuestras certezas estén en ti y en tu Hijo Jesucristo. Danos la gracia de demostrar nuestra confianza y fidelidad siguiendo a Jesús hasta el final y cargando cada día nuestra cruz.Como las posibilidades de traición son muchas, concédenos fuerza de voluntad para no defraudar la confianza que nos das y apartarnos de todo gesto de negación de tu nombre. Para alcanzar este ideal, concédenos vivir con intensidad estos días santos, aprovechando todos los medios espirituales que nos ofrecen._______________________Recomendaciones prácticas:•Tener presente que hay tres formas de conmemorar la entrada del Señor a Jerusalén (MR, pp. 241-249). Convocar de manera especial a niños y jóvenes.•Al concluir la procesión y llegar al altar, se omiten los ritos iniciales y se prosigue con la oración colecta.•En la lectura de la Pasión no se usan cirios ni incienso, se omite el saludo y la signación del libro. La ausencia de estos signos expresa la austeridad de estos días. Durante la proclamación de la muerte de Cristo se hace una pausa de silencio y se guarda un momento de rodillas.•Se recomienda proclamar la Pasión con tres lectores, reservando las palabras de Cristo al sacerdote.•Recordar que tiene prefacio propio: “La Pasión del Señor” (Misal Romano, p. 138).•Evangelizar la piedad popular: instruir a los fieles en que lo esencial en este día es la misa y, en ella, la lectura de la Pasión del Señor. La bendición y procesión deben tener carácter litúrgico, como verdadera “puerta de la Semana Mayor”, que incluye tanto los actos litúrgicos como los de piedad popular.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia peregrina hemos caminado durante la Cuaresma para llegar a la conmemoración de la Pasión, muerte y resurrección del Señor. En esta celebración disponemos nuestro ser para recorrer el mismo camino de Jesús, que triunfante entra en Jerusalén y asciende al Calvario para consumar su obra de salvación, verdadero sacrificio que se renueva en la Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de Dios nos invita a contemplar a Cristo como el Siervo doliente, que en la Pasión es condenado injustamente para otorgarnos la salvación. San Pablo nos recuerda que Cristo, siendo Hijo de Dios, al sufrir la humillación fue exaltado a la derecha del Padre. Escuchemos la Pasión de Cristo en actitud de silencio y contemplación, para reconocer la obra salvífica de Dios que entregó a su Hijo por nuestra redención.Oración universal o de los fielesPresidente: Al Padre, que en la Pasión nos entregó a su Hijo para la salvación, elevemos nuestras súplicas unidos a la oración de toda la Iglesia. Digamos juntos:R/. Por la Pasión de tu Hijo, escúchanos, Padre.1.Por el Papa León, para que viviendo la Pasión de Cristo nos ayude a recorrer el camino de purificación que pasa por la cruz del Señor. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes de las naciones, para que busquen siempre la justicia y el bien común entre los pueblos. Roguemos al Señor.3.Por quienes sufren –los pobres, los encarcelados y los abandonados– para que la cruz de Cristo sea su fuerza y consuelo en la prueba. Roguemos al Señor.4.Por quienes se preparan para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual, para que la gracia de Dios les conceda la vida nueva en el Espíritu. Roguemos al Señor.5.Por todos nosotros, que celebramos estos días santos, para que vivamos con fe los misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre bueno, escucha las súplicas de tu Iglesia para que, al recorrer el camino de la cruz de tu Hijo, nos dispongamos a participar de su gloriosa resurrección. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 27 Mar 2026
“«En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar»”
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑORMarzo 29 de 2026En la Pasión del Señor: Mt 2, 1-11Primera lectura: Is 50, 4-7Salmo: Sal 22 (21), 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R. 2ab)Segunda lectura: Flp 2, 6-11Evangelio: Mt 26, 14–27, 66 (forma larga) o Mt 27, 11-54 (forma breve)I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEn el Domingo de Ramos, la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar el misterio pascual. Hoy se proclama el relato de la Pasión, para que la Cruz de Cristo domine toda la semana, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Dentro de las escenas que expone la liturgia de la Palabra, el relato de la Pasión y muerte de Jesús según san Mateo, que inaugura esta Semana Mayor, destaca tres momentos en particular:•Primero, la última cena de Jesús fue una cena pascual. Lo que estaba mandado a los israelitas como recuerdo del significado de aquella comida, Jesús lo interpreta desde la nueva cena pascual, con su carácter sacrificial, donde la sangre de Cristo es derramada para la remisión de los pecados.•Segundo, la escena del monte de los Olivos. Resalta la humanidad de Jesús: siente miedo ante la proximidad de la muerte, experimenta la traición de sus amigos y la aparente lejanía del Padre.•Tercero, el sanedrín legaliza la condena del inocente. Jesús, sin embargo, muestra que su mesianismo no es político, sino el de un Mesías sufriente, manso y humilde.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Entre los episodios más significativos del relato de la Pasión están la traición de Judas y las negaciones de Pedro. A pocos días de celebrar la Pascua cristiana, el evangelio nos sitúa en el momento inaugural de dicho acontecimiento. Judas pacta con la parte contraria y comienza a perfilarse de manera definitiva la muerte de Jesús: el traidor acuerda el precio que se pagaba por un esclavo (Ex 21, 32). Movido por la codicia, se aparta del resto de los discípulos para obtener una ventaja económica, entregando al Señor. Los tres anuncios de la Pasión (Mt 16, 21-23; 17, 22-23; 20, 17-19), unidos a las palabras de Jesús al concluir el discurso de las parábolas —“Saben que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado” (Mt 26, 2)—, tienen un valor profético, pues anuncian que la muerte se aproxima. Pedro, por su parte, lo negó tres veces, lo seguía de lejos y llegó incluso a decir: “A ese hombre ni lo conozco”. Al final, ambos se arrepintieron. El arrepentimiento de Judas se convirtió en desesperación y terminó en autodestrucción, al ahorcarse (Mt 27, 3-5). Pedro, en cambio, lloró amargamente su pecado (Mt 26, 75) y halló perdón y gracia.Judas puede ser visto, además de como un personaje histórico, como una figura que desempeña un papel representativo en el que los discípulos de todos los tiempos pueden proyectar su vida. La codicia y el afán de ventajas siguen siendo tentaciones actuales que pueden llevar a entregar a Jesús bajo diversas formas: por dinero, por el deseo de estar con los más fuertes o por preferir satisfacciones pasajeras que el mundo ofrece y que Jesús no concede. Así, la pretensión de hallar la felicidad fuera de lo que Él propone no fue ajena a los doce, ni lo ha sido a los discípulos de cualquier época.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Los compañeros de Judas tuvieron la posibilidad de adelantarse a su plan. Jesús les advirtió: “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar». Ellos, entristecidos, dudaban si sería otro distinto a Judas y preguntaban: «¿Soy yo acaso, Señor?».¿Qué los hizo dudar? Tal vez vacilaron porque el seguimiento exigía fidelidad constante; quizás las expectativas que tenían de Jesús diferían de lo que Él les proponía, o porque el riesgo de estar de su lado los convertía en objetivo de las autoridades judías y romanas. Con todo, el evangelio resalta que solo uno se apartó del grupo y pactó la entrega de Jesús, mientras que el resto permaneció unido a Él, a pesar de las amenazas.Cabe destacar que los discípulos siempre se dirigieron a Jesús llamándolo “Señor” (Kyrios), mientras que Judas lo llamó “Maestro” (Didáskalos). Hay una gran diferencia entre Señor y Maestro. Mientras Jesús sea verdaderamente el Señor de nuestra vida, resistiremos mejor a las tentaciones de negarlo o traicionarlo. Si lo consideramos solo un maestro más, la celebración de estos días santos se reducirá a manifestaciones externas, sin transformación interior.Más que juzgar la conducta de Judas, estamos invitados a revisar nuestra propia respuesta discipular. En este Domingo de Ramos pidamos al Señor la gracia de conocernos más a fondo y, al descubrir nuestras motivaciones, rechacemos toda actitud semejante a la de Judas traidor o a la de Pedro que negó. Que, aunque las tentaciones nos lleven al límite de nuestras fuerzas, tengamos valor para permanecer del lado de Jesús y no del contrario.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?¡Oh Dios! En esta Semana Mayor haz que reproduzcamos la actitud de aquella multitud que tendía sus mantos al paso de Jesús por Jerusalén, y que nosotros extendamos el manto de la generosidad, la entrega y el desprendimiento de nuestras seguridades. Haz que nuestras certezas estén en ti y en tu Hijo Jesucristo. Danos la gracia de demostrar nuestra confianza y fidelidad siguiendo a Jesús hasta el final y cargando cada día nuestra cruz.Como las posibilidades de traición son muchas, concédenos fuerza de voluntad para no defraudar la confianza que nos das y apartarnos de todo gesto de negación de tu nombre. Para alcanzar este ideal, concédenos vivir con intensidad estos días santos, aprovechando todos los medios espirituales que nos ofrecen._______________________Recomendaciones prácticas:•Tener presente que hay tres formas de conmemorar la entrada del Señor a Jerusalén (MR, pp. 241-249). Convocar de manera especial a niños y jóvenes.•Al concluir la procesión y llegar al altar, se omiten los ritos iniciales y se prosigue con la oración colecta.•En la lectura de la Pasión no se usan cirios ni incienso, se omite el saludo y la signación del libro. La ausencia de estos signos expresa la austeridad de estos días. Durante la proclamación de la muerte de Cristo se hace una pausa de silencio y se guarda un momento de rodillas.•Se recomienda proclamar la Pasión con tres lectores, reservando las palabras de Cristo al sacerdote.•Recordar que tiene prefacio propio: “La Pasión del Señor” (Misal Romano, p. 138).•Evangelizar la piedad popular: instruir a los fieles en que lo esencial en este día es la misa y, en ella, la lectura de la Pasión del Señor. La bendición y procesión deben tener carácter litúrgico, como verdadera “puerta de la Semana Mayor”, que incluye tanto los actos litúrgicos como los de piedad popular.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia peregrina hemos caminado durante la Cuaresma para llegar a la conmemoración de la Pasión, muerte y resurrección del Señor. En esta celebración disponemos nuestro ser para recorrer el mismo camino de Jesús, que triunfante entra en Jerusalén y asciende al Calvario para consumar su obra de salvación, verdadero sacrificio que se renueva en la Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de Dios nos invita a contemplar a Cristo como el Siervo doliente, que en la Pasión es condenado injustamente para otorgarnos la salvación. San Pablo nos recuerda que Cristo, siendo Hijo de Dios, al sufrir la humillación fue exaltado a la derecha del Padre. Escuchemos la Pasión de Cristo en actitud de silencio y contemplación, para reconocer la obra salvífica de Dios que entregó a su Hijo por nuestra redención.Oración universal o de los fielesPresidente: Al Padre, que en la Pasión nos entregó a su Hijo para la salvación, elevemos nuestras súplicas unidos a la oración de toda la Iglesia. Digamos juntos:R/. Por la Pasión de tu Hijo, escúchanos, Padre.1.Por el Papa León, para que viviendo la Pasión de Cristo nos ayude a recorrer el camino de purificación que pasa por la cruz del Señor. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes de las naciones, para que busquen siempre la justicia y el bien común entre los pueblos. Roguemos al Señor.3.Por quienes sufren –los pobres, los encarcelados y los abandonados– para que la cruz de Cristo sea su fuerza y consuelo en la prueba. Roguemos al Señor.4.Por quienes se preparan para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual, para que la gracia de Dios les conceda la vida nueva en el Espíritu. Roguemos al Señor.5.Por todos nosotros, que celebramos estos días santos, para que vivamos con fe los misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre bueno, escucha las súplicas de tu Iglesia para que, al recorrer el camino de la cruz de tu Hijo, nos dispongamos a participar de su gloriosa resurrección. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 20 Mar 2026
El que cree en mí, aunque muera, vivirá
QUINTO DOMINGO DE CUARESMAMarzo 22 de 2026Primera lectura: Ez 37, 12-14Salmo: Sal 130 (129), 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8 (R. 7cd)Segunda lectura: Rm 8, 8-11Evangelio: Jn 11, 1-45 (forma larga) o Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45 (forma breve)I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónJesús es la resurrección y la vida; quien le abre su corazón y se deja guiar por su Espíritu, derramado en el día del bautismo, tendrá vida y vida en abundancia. Jesús obra milagros no para mostrarse, sino para que el mundo crea que Él es el Enviado del Padre y comunique su amor y su bondad. La amistad con Jesús no implica liberación del sufrimiento ni del dolor; a Marta y María no las eximió del proceso doloroso de la enfermedad y la muerte de su hermano.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Jesús es la resurrección y la vida, ya prefigurado en la acción de Dios que hace revivir los huesos secos mediante la infusión de su espíritu, tal como narra hoy el libro de Ezequiel. Mediante estas palabras de Dios, dichas por el profeta, se quiere avivar la fe del pueblo de Israel, que se encontraba en el destierro, desalentado porque parecía que Dios lo había dejado a merced de sus enemigos, se había olvidado de sus promesas y estaba abocado a la ruina total y definitiva. Dios reafirma su promesa y anuncia su liberación y su retorno a la tierra de su propiedad recurriendo a los huesos secos que, por la fuerza de su espíritu, recobran vida.Jesús es Dios mismo presente en este mundo, dando vida a los huesos secos de la humanidad alejada de su Creador y que andaba como oveja descarriada y sin pastor, presa del lobo del mal. Él ha venido a este mundo para rescatarnos y librarnos del poder del enemigo infernal y darnos vida, y vida en abundancia. La resurrección de Lázaro es una prefiguración del poder de Dios que resucitará a su Hijo de la muerte y a la humanidad entera al final de los tiempos.El Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones desde el día de nuestro bautismo; Él habita en nosotros y es principio de una vida nueva. Es el inicio de una vida de resurrección ya desde este mundo, conduciéndonos a una existencia de hijos obedientes, sencillos y confiados en el poder del Padre, que quiere guiarnos hacia una existencia gozosa, incluso en medio de sufrimientos y dificultades, y plena, total y definitiva en la vida eterna, también en nuestra realidad corpórea, al final de los tiempos.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?¿Soy consciente de que mi vida es un don de Dios, que me ha rescatado del mal y me quiere llevar a una existencia plena, aun en medio del sufrimiento y el dolor? Jesús demostró que tenía poder sobre todas las fuerzas de la naturaleza y, también, sobre la muerte, al resucitar a Lázaro y a otros más, según narran los evangelios; y, sobre todo, resucitando Él mismo de entre los muertos. Nadie más que Jesús ha resucitado a una vida llena de gloria, libre de los condicionamientos espaciotemporales y no sujeta ya al sufrimiento, la enfermedad ni a una nueva muerte. Tenemos motivos suficientes para creer confiadamente.El Espíritu Santo habita en nuestros corazones y será principio de nuestra resurrección y glorificación final, pero desde ahora realiza la transformación de nuestro ser a través de un camino a veces doloroso y exigente. Precisamente, nos encontramos en Cuaresma, tiempo especialmente dedicado a la conversión y al retorno a Dios; ya llega a su fin este período que se nos ofrece para dejar que el Espíritu renueve y transforme nuestro corazón, preludio de aquella resurrección gloriosa y esplendorosa, a imagen de Jesús salido de la tumba y exaltado a la derecha del Padre.Pero el Espíritu solo podrá realizar esta obra, ya desde ahora y plenamente al final de los tiempos, si cuenta con nuestra docilidad a sus inspiraciones. Él quiere realizar en nosotros la misma obra que hizo en Jesús; tiene toda la capacidad para hacerlo y su gran deseo es llevarla a término. Que estos días finales del Tiempo de Cuaresma y la Semana Santa que se aproxima nos ayuden a permitirle su entrada generosa en nuestro corazón y su acción purificadora y renovadora. Entonces podremos celebrar el misterio pascual de Cristo pasando desde ahora de una vida de pecado, sepultados con Cristo, a una existencia llena de su amor y bondad, participando ya de una vida de resurrección.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Jesús, ayúdanos a comprender que los anhelos más profundos que anidan en nuestro ser –de vida abundante, de una existencia hermosa y plena, de un mundo sin injusticias ni mal– solo pueden ser colmados por ti, que eres la resurrección y la vida, como aparece hoy en el evangelio, prefigurado en la reanimación de los huesos secos narrada por el profeta Ezequiel.Concédenos una conciencia cada vez más despierta del poder de tu santo Espíritu, que habita en nuestros corazones desde el día de nuestro bautismo. Así como Él fue principio de tu resurrección, también será el artífice de la nuestra, el único que nos puede conducir a esa existencia bella y gloriosa que tanto anhelamos y que quiere iniciarse ya en esta vida, aun en medio de las inestabilidades y limitaciones del mundo.Espíritu Santo, fortalécenos para que seamos valientes y te dejemos obrar en nuestra vida, renunciando a todo lo que no sea del agrado del Padre y nos aleje del Hijo, a quien deseas formar en nosotros, esculpir en nuestro corazón y reproducir en nuestras acciones, para gloria de Dios, felicidad nuestra y bien de la humanidad entera, especialmente de quienes viven a nuestro lado._______________________Recomendaciones prácticas:•En este domingo se celebra el tercer escrutinio de preparación para el bautismo de los catecúmenos que serán admitidos, en la Vigilia Pascual, a los sacramentos de Iniciación Cristiana, usando las oraciones e intercesiones propias, como se encuentran en el Misal Romano (pp. 921-922).•Visitar a nuestros enfermos y motivarlos a reconciliarse con quienes pudieran tener alguna discordia pendiente. Aprovechar lo que queda de la Cuaresma para hacer, con docilidad al Espíritu Santo, una revisión plena y honesta de vida; establecer los cambios o conversiones necesarios y no dejar morir nuestro espíritu, sino configurarlo con Cristo resucitado.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn la Eucaristía se hace presente la Vida misma y el principio de toda vida humana y divina. Participemos de esta celebración en este último domingo de Cuaresma, ya próximos al inicio de la Semana Santa, con un corazón arrepentido y lleno de fe ante el gran misterio de Cristo, que nos habla en las Escrituras y nos comunica su misma vida mediante el sacrificio eucarístico.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de hoy nos invita a llenarnos de la vida nueva que nos ha traído Jesús y que ya fue anticipada en la visión de Ezequiel. Dejemos que el Espíritu, mediante la escucha atenta de la Palabra de Dios, nos introduzca en este misterio de amor y entrega, y seamos dóciles y abiertos para ser colmados.Oración universal o de los fielesPresidente: Tú conoces todos los anhelos, deseos e intenciones que hay en nuestros corazones; te los presentamos por medio de tu Hijo, en el Espíritu Santo.R/. Escúchanos, Padre.1.Por la Iglesia que peregrina en los distintos lugares del mundo, guiada por el Papa León y los obispos esparcidos por todo el orbe; custódiala y protégela de toda división, para que refleje la unidad de la Trinidad. Oremos.2.Por quienes gobiernan las naciones, para que, dóciles a tu Santo Espíritu, guíen los destinos de los pueblos por caminos de reconciliación y paz, promoviendo el bien común por encima del interés individual. Oremos.3.Por quienes sufren, para que unan sus padecimientos a los de tu Hijo y cooperen así en la redención de la humanidad. Oremos.4.Por todos nosotros que participamos en esta celebración eucarística, para que aprovechemos estos últimos días de Cuaresma y dejemos toda forma de mal, adhiriéndonos a quien es el Bien y la Vida en persona. Oremos.Oración conclusivaRecibe, Padre santo, estas súplicas que te hemos confiado por mediación de tu amado Hijo, principio de vida nueva y amor poderoso que renueva nuestros corazones, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.R/. Amén.
Vie 20 Mar 2026
“¿Crees esto?”
QUINTO DOMINGO DE CUARESMAMarzo 22 de 2026Primera lectura: Ez 37, 12-14Salmo: Sal 130 (129), 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8 (R. 7cd)Segunda lectura: Rm 8, 8-11Evangelio: Jn 11, 1-45 (forma larga) o Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45 (forma breve)I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónJesús es la resurrección y la vida; quien le abre su corazón y se deja guiar por su Espíritu, derramado en el día del bautismo, tendrá vida y vida en abundancia. Jesús obra milagros no para mostrarse, sino para que el mundo crea que Él es el Enviado del Padre y comunique su amor y su bondad. La amistad con Jesús no implica liberación del sufrimiento ni del dolor; a Marta y María no las eximió del proceso doloroso de la enfermedad y la muerte de su hermano.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Jesús es la resurrección y la vida, ya prefigurado en la acción de Dios que hace revivir los huesos secos mediante la infusión de su espíritu, tal como narra hoy el libro de Ezequiel. Mediante estas palabras de Dios, dichas por el profeta, se quiere avivar la fe del pueblo de Israel, que se encontraba en el destierro, desalentado porque parecía que Dios lo había dejado a merced de sus enemigos, se había olvidado de sus promesas y estaba abocado a la ruina total y definitiva. Dios reafirma su promesa y anuncia su liberación y su retorno a la tierra de su propiedad recurriendo a los huesos secos que, por la fuerza de su espíritu, recobran vida.Jesús es Dios mismo presente en este mundo, dando vida a los huesos secos de la humanidad alejada de su Creador y que andaba como oveja descarriada y sin pastor, presa del lobo del mal. Él ha venido a este mundo para rescatarnos y librarnos del poder del enemigo infernal y darnos vida, y vida en abundancia. La resurrección de Lázaro es una prefiguración del poder de Dios que resucitará a su Hijo de la muerte y a la humanidad entera al final de los tiempos.El Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones desde el día de nuestro bautismo; Él habita en nosotros y es principio de una vida nueva. Es el inicio de una vida de resurrección ya desde este mundo, conduciéndonos a una existencia de hijos obedientes, sencillos y confiados en el poder del Padre, que quiere guiarnos hacia una existencia gozosa, incluso en medio de sufrimientos y dificultades, y plena, total y definitiva en la vida eterna, también en nuestra realidad corpórea, al final de los tiempos.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?¿Soy consciente de que mi vida es un don de Dios, que me ha rescatado del mal y me quiere llevar a una existencia plena, aun en medio del sufrimiento y el dolor? Jesús demostró que tenía poder sobre todas las fuerzas de la naturaleza y, también, sobre la muerte, al resucitar a Lázaro y a otros más, según narran los evangelios; y, sobre todo, resucitando Él mismo de entre los muertos. Nadie más que Jesús ha resucitado a una vida llena de gloria, libre de los condicionamientos espaciotemporales y no sujeta ya al sufrimiento, la enfermedad ni a una nueva muerte. Tenemos motivos suficientes para creer confiadamente.El Espíritu Santo habita en nuestros corazones y será principio de nuestra resurrección y glorificación final, pero desde ahora realiza la transformación de nuestro ser a través de un camino a veces doloroso y exigente. Precisamente, nos encontramos en Cuaresma, tiempo especialmente dedicado a la conversión y al retorno a Dios; ya llega a su fin este período que se nos ofrece para dejar que el Espíritu renueve y transforme nuestro corazón, preludio de aquella resurrección gloriosa y esplendorosa, a imagen de Jesús salido de la tumba y exaltado a la derecha del Padre.Pero el Espíritu solo podrá realizar esta obra, ya desde ahora y plenamente al final de los tiempos, si cuenta con nuestra docilidad a sus inspiraciones. Él quiere realizar en nosotros la misma obra que hizo en Jesús; tiene toda la capacidad para hacerlo y su gran deseo es llevarla a término. Que estos días finales del Tiempo de Cuaresma y la Semana Santa que se aproxima nos ayuden a permitirle su entrada generosa en nuestro corazón y su acción purificadora y renovadora. Entonces podremos celebrar el misterio pascual de Cristo pasando desde ahora de una vida de pecado, sepultados con Cristo, a una existencia llena de su amor y bondad, participando ya de una vida de resurrección.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Jesús, ayúdanos a comprender que los anhelos más profundos que anidan en nuestro ser –de vida abundante, de una existencia hermosa y plena, de un mundo sin injusticias ni mal– solo pueden ser colmados por ti, que eres la resurrección y la vida, como aparece hoy en el evangelio, prefigurado en la reanimación de los huesos secos narrada por el profeta Ezequiel.Concédenos una conciencia cada vez más despierta del poder de tu santo Espíritu, que habita en nuestros corazones desde el día de nuestro bautismo. Así como Él fue principio de tu resurrección, también será el artífice de la nuestra, el único que nos puede conducir a esa existencia bella y gloriosa que tanto anhelamos y que quiere iniciarse ya en esta vida, aun en medio de las inestabilidades y limitaciones del mundo.Espíritu Santo, fortalécenos para que seamos valientes y te dejemos obrar en nuestra vida, renunciando a todo lo que no sea del agrado del Padre y nos aleje del Hijo, a quien deseas formar en nosotros, esculpir en nuestro corazón y reproducir en nuestras acciones, para gloria de Dios, felicidad nuestra y bien de la humanidad entera, especialmente de quienes viven a nuestro lado._______________________Recomendaciones prácticas:•En este domingo se celebra el tercer escrutinio de preparación para el bautismo de los catecúmenos que serán admitidos, en la Vigilia Pascual, a los sacramentos de Iniciación Cristiana, usando las oraciones e intercesiones propias, como se encuentran en el Misal Romano (pp. 921-922).•Visitar a nuestros enfermos y motivarlos a reconciliarse con quienes pudieran tener alguna discordia pendiente. Aprovechar lo que queda de la Cuaresma para hacer, con docilidad al Espíritu Santo, una revisión plena y honesta de vida; establecer los cambios o conversiones necesarios y no dejar morir nuestro espíritu, sino configurarlo con Cristo resucitado.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn la Eucaristía se hace presente la Vida misma y el principio de toda vida humana y divina. Participemos de esta celebración en este último domingo de Cuaresma, ya próximos al inicio de la Semana Santa, con un corazón arrepentido y lleno de fe ante el gran misterio de Cristo, que nos habla en las Escrituras y nos comunica su misma vida mediante el sacrificio eucarístico.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de hoy nos invita a llenarnos de la vida nueva que nos ha traído Jesús y que ya fue anticipada en la visión de Ezequiel. Dejemos que el Espíritu, mediante la escucha atenta de la Palabra de Dios, nos introduzca en este misterio de amor y entrega, y seamos dóciles y abiertos para ser colmados.Oración universal o de los fielesPresidente: Tú conoces todos los anhelos, deseos e intenciones que hay en nuestros corazones; te los presentamos por medio de tu Hijo, en el Espíritu Santo.R/. Escúchanos, Padre.1.Por la Iglesia que peregrina en los distintos lugares del mundo, guiada por el Papa León y los obispos esparcidos por todo el orbe; custódiala y protégela de toda división, para que refleje la unidad de la Trinidad. Oremos.2.Por quienes gobiernan las naciones, para que, dóciles a tu Santo Espíritu, guíen los destinos de los pueblos por caminos de reconciliación y paz, promoviendo el bien común por encima del interés individual. Oremos.3.Por quienes sufren, para que unan sus padecimientos a los de tu Hijo y cooperen así en la redención de la humanidad. Oremos.4.Por todos nosotros que participamos en esta celebración eucarística, para que aprovechemos estos últimos días de Cuaresma y dejemos toda forma de mal, adhiriéndonos a quien es el Bien y la Vida en persona. Oremos.Oración conclusivaRecibe, Padre santo, estas súplicas que te hemos confiado por mediación de tu amado Hijo, principio de vida nueva y amor poderoso que renueva nuestros corazones, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.R/. Amén.