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Catatumbo: “La gente como que perdió el miedo”
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El obispo de Tibú ha sido uno de los protagonistas de las movilizaciones en Catatumbo para parar la violencia desatada en la zona en estos meses. Su visión del problema de la coca y del papel de guerrillas y Estado es clarificadora.
Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, ha sido una voz crítica y valiente en aquella región abandonada por el Estado. Monseñor también ha liderado las recientes protestas en el Catatumbo en contra de la guerra. Cerca de cien mil personas se han visto afectadas por la confrontación que mantienen el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos guerrillas que se disputan el control de la zona. Colombia Plural conversó con él para entender mejor lo que está pasando en el Catatumbo.
La siguiente es la entrevista que Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, concedió al portal COLOMBIA PLURAL.
— ¿Cómo está la crisis humanitaria hoy después de cuatro meses de enfrentamientos entre las dos guerrillas?
Hasta donde sabía estábamos cerca de los seis mil desplazados, hay veredas confinadas. La cifra de muertos es incierta, porque a lo mejor si han caído en el campo ellos no van a dejar ver sus víctimas, pero las ha habido, de hecho esta semana mataron a un líder conocido del EPL. El EPL tiene tomados unos muchachos como rehenes, que no sé si ya los estarán devolviendo.
— Usted dice que nunca había visto movilizaciones tan grandes y potentes en el Catatumbo exigiéndole a los grupos armados que cesen la confrontación. ¿Algo está cambiando?
Por venir de afuera uno puede tener la percepción de que la cultura en el Catatumbo es de resignación frente a los grupos armados, es decir, vamos a sobrevivir con este grupo y lo tenemos que tolerar. La gente se ha adaptado para sobrevivir y tiene un código de resignación muy alto. ¿Qué es lo nuevo? Al comienzo de la confrontación lo que uno percibía es que los líderes deseaban que las guerrillas sólo se pusieran de acuerdo, consideraban que eso era suficiente. Pero el pueblo del Catatumbo es un pueblo parado, valiente, fuerte, que aguanta muchas cosas, así que el boicoteo que hizo el EPL con el paro armado fue muy mal pensado porque sumó todas las voluntades contra la guerra. El paro fue una estrategia que no se sabía si era de guerra o de paz: poner la gente en la mitad para presionar una negociación con el ELN, pero finalmente les sucedió al revés porque la gente hizo unas expresiones contra la guerra tremendas, que no es tan fácil porque estos grupos están muy insertados y vinculados con la comunidad, pero en ese sentido ahí hay una circunstancia nueva: la gente como que perdió el miedo. Nuestras comunidades están viendo que pueden hacer algo más que aguantar la guerra. Si un pueblo logra pasar de su mentalidad derrotada o derrotista empieza a imaginarse nuevos escenarios, por ejemplo, yo en una de esas manifestaciones les preguntaba: ¿por qué no podemos soñar que mañana no hay coca? Imaginémonos cómo sería esto sin coca, imaginémonos qué pasaría si este Catatumbo no tuviera ni un grupo armado. ¿Cómo viviríamos? ¿Cómo nos relacionaríamos? ¿Cómo produciríamos? Imaginémonos que el Estado no es el enemigo nuestro que nos olvidó, sino que es el aliado en la construcción de futuro. Ese imaginario hay que despertarlo porque ellos no lo tienen, pienso que la tarea nuestra es en esa dirección.
— Justo en el Catatumbo empezó a fracasar el programa de sustitución de cultivos porque el Estado le incumplió a los campesinos, ¿Cómo va eso?
Nosotros dijimos “mientras estos están en guerra nosotros salvemos el programa de sustitución voluntaria y los planes especiales para los municipios priorizados, que nuestras comunidades no se quedaran sin esos marcos de proyección a diez años”. Esa fue nuestra apuesta con los alcaldes y el Gobierno entendió eso, ahora, no es claro que en estos tres meses tengan la capacidad de moverse más rápidamente. Pero realmente sí hay muy pocas personas que se inscribieron en el programa de sustitución de cultivos y el Gobierno no tiene la gerencia ni la habilidad para cumplirle a los campesinos que dan ese paso de dejar la coca. Definitivamente, la gente está lista pero no frente a un Estado tan débil y tan poco asertivo, si el Estado cumpliera la gente daría pasos más rápidos.
— ¿Ha habido presión de los grupos armados para que la sustitución no avance?
No se han enfrentado porque hay tanta coca, es tan masiva, que el programa todavía no representa una amenaza para ellos, la tendencia es a que la coca no se quita. Los campesinos que firmaron los acuerdos son muy poquitos, están en Caño Indio en una vereda en particular y en este momento están centralizados sólo Tibú y Sardinata. Aunque sí hubo un caso de amenaza a un líder de una comunidad que se ha puesto en la tarea de promover la sustitución, le dijeron: “Quédese callado, no se meta en eso”. Hay intereses concretos de mucha gente que vive de la coca, no sólo de las guerrillas.
— El Ejército de Liberación Nacional se negó durante muchos años a mezclarse con el narcotráfico ¿Están involucrados ahora en ese negocio?
Sí, eran muy reacios, de hecho yo creo que fueron ellos los que acabaron la coca en Arauca. Acá es diferente, diciéndolo francamente ellos tuvieron que decidir entre ser cómplices o enfrentarse a la gente, porque la gente se lo impuso. Digamos que no manejan líneas ni cargamentos, pero la cultura coquera lo que hace es mover mucha plata. Por ejemplo, por cada canasta de cerveza son diez mil pesos de ganancias para las guerrillas.
— Además, el Catatumbo tiene un problema de superposición territorial muy fuerte: hay tierras despojadas y reclamantes, hay Parques y Reservas Naturales, hay colonos, hay resguardos indígenas y hasta un proyecto de Reserva Campesina…
Es un territorio que tiene toda la informalidad en tema de tierra y va a ser muy difícil solucionar eso porque casi nadie tiene escrituras públicas, son posesiones o documentos de compraventa. El tema de tierras para mí en este momento no es un problema fundamental, lo será en otro momento, cuando la gente vaya a pedir un préstamo en el banco y necesite las escrituras de su finca. Para mí, el punto de quiebre en ese territorio, en la línea que abrieron los acuerdos de La Habana, sería administrar correctamente el problema de los cultivos ilícitos, si la coca comienza a disminuir en el territorio va a haber un problema porque es la riqueza que trae la coca la que alimenta los grupos armados, es mucho dinero que se mueve.
— El Ejército Popular de Liberación es menospreciado por el gobierno, que los llama la banda de “Los pelusos” ¿Usted cree que sean un actor político?
El EPL tiene una cepa muy revolucionaria, ahí hay unos “cacaos” de lo que quedó del EPL original que son muy radicales y no dieron el paso a la paz cuando hubo el acuerdo con esa guerrilla. Esa base existe, es ideológica, pero es una base pequeña, casi que invisible, incluso se dice que no están en el territorio. Es indudable que el ELN tiene una mayor formación política e ideológica en sus miembros. El EPL empezó a reproducirse a partir de Megateo [Víctor Ramón Navarro, comandante del EP, muerto en 2015] porque él tenía el propósito de hacer crecer esa guerrilla, pero lo hizo de un modo no muy revolucionario, enrolando jóvenes sin formación política, sólo por la atracción de las armas. Megateo se estaba convirtiendo en un estorbo para esa cepa original del EPL, era algo así como una especie de mafioso que desfiguraba la cosa. Yo pensé que después de la muerte de Megateo se iba a calmar la situación y fue al revés, empezó a crecer y ahora no hay una unidad de mando, hay un montón de caudillismos.
Fuente: Colombia plural
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Monseñor Jesús Alberto Torres Ariza asume el episcopado para pastorear la Diócesis de San José del Guaviare
En medio de una solemne Eucaristía celebrada el pasado 10 de enero en la Catedral Santo Ecce Homo de Valledupar, fue ordenado obispo de la Diócesis de San José del Guaviare monseñor Jesús Alberto Torres Ariza, quien se desempeñaba como vicario de Pastoral de la Diócesis de Valledupar y párroco de la iglesia Santa María Madre y Reina de la Paz, al norte de la capital del Cesar.La ordenación episcopal fue presidida por el obispo de Valledupar, monseñor Óscar José Vélez Isaza, y concelebrada por cerca de diez obispos de distintas regiones del país, entre ellos el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C. También participaron sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, fieles laicos y autoridades civiles y militares.El nombramiento episcopal de monseñor Torres Ariza fue realizado por el Papa León XIV el 26 de noviembre de 2025, y su posesión canónica en la Diócesis de San José del Guaviare tendrá lugar el próximo 17 de enero, fecha en la que asumirá oficialmente su ministerio pastoral.“Comunión, unción y misión”Durante la homilía, monseñor Óscar Vélez Isaza destacó el significado eclesial y espiritual de la ordenación episcopal, enmarcando su reflexión en el misterio del Bautismo del Señor. Señaló que, así como la vida pública de Jesús inicia con su bautismo en el Jordán, el episcopado implica para el nuevo obispo un cambio radical de vida y una entrega total a la voluntad de Dios.“Nos reunimos en Eucaristía, es decir, en acción de gracias por el regalo de un nuevo obispo, de un sucesor de los Apóstoles, nacido y formado en las entrañas de nuestra Diócesis de Valledupar y elegido por el Papa León XIV para pastorear la diócesis de San José del Guaviare”, afirmó el obispo ordenante.Inspirado en el Evangelio, monseñor Vélez Isaza subrayó tres ejes fundamentales del ministerio episcopal: comunión, unción y misión. En relación con la comunión, recordó que el obispo está llamado a vivir su servicio en solidaridad con toda la humanidad y en corresponsabilidad dentro de la Iglesia: “Nuestra misión no es asunto de superhéroes solitarios, sino de hermanos corresponsables”.Sobre la unción, resaltó que el obispo pertenece “única y totalmente a Dios” y que la unción con el santo crisma es signo de esa consagración total. Finalmente, al referirse a la misión, señaló que el obispo, como sucesor de los apóstoles, es llamado a anunciar el Evangelio y a pastorear al Pueblo de Dios al estilo de Cristo, el Buen Pastor.“La Iglesia es por naturaleza extrovertida, misionera”, recordó el prelado citando palabras recientes del Papa León XIV, e invitó al nuevo obispo a ser “profeta, testigo y servidor de la esperanza”.Gratitud, identidad episcopal y envío misionero al GuaviareAl término de la celebración, monseñor Jesús Alberto Torres Ariza dirigió un amplio mensaje de gratitud y reflexión en el que compartió cómo vive este nuevo llamado de la Iglesia y el sentido con el que asume su ministerio episcopal.En sus palabras, el nuevo obispo reconoció, en primer lugar, su propia fragilidad humana y la acción gratuita de Dios en su historia personal, señalando que su vocación es fruto de la iniciativa divina más que de méritos personales. Al citar el Salmo 113, afirmó que su vida sacerdotal puede leerse a la luz de la misericordia de Dios que “levanta del polvo al desvalido”, y expresó que, pese a su indignidad, la Iglesia ha confiado en él para ejercer el ministerio episcopal.Desde esa conciencia, subrayó que su ordenación lo incorpora al Colegio Episcopal como sucesor de los apóstoles, llamado a servir como padre, pastor y maestro del Pueblo de Dios en la Diócesis de San José del Guaviare. Agradeció de manera explícita al Papa León XIV, a quien prometió obediencia filial, oración constante y comunión eclesial, y destacó que su nombramiento es también un reconocimiento al trabajo pastoral y evangelizador desarrollado por la Diócesis de Valledupar.Monseñor Torres Ariza expresó un especial agradecimiento a monseñor Óscar José Vélez Isaza, a quien reconoció como padre y formador durante sus 22 años de ministerio sacerdotal, así como a los obispos presentes, al presbiterio de Valledupar y a los sacerdotes de distintas regiones del país que lo acompañaron en la celebración. Recordó también a quienes marcaron su proceso vocacional y formativo, en particular al Seminario Juan Pablo II, a sus formadores y a las universidades en las que realizó estudios en Colombia y en Roma.En un recorrido por su experiencia pastoral, hizo memoria de las parroquias y comunidades en las que ha servido, destacando el trabajo misionero realizado en contextos rurales, urbanos, educativos y sociales, así como la articulación de diversas iniciativas pastorales, entre ellas la acción social y el acompañamiento a comunidades y movimientos eclesiales. Reconoció igualmente el aporte de los distintos carismas y movimientos presentes en la Diócesis de Valledupar, que, según afirmó, contribuyeron de manera significativa a su crecimiento espiritual y pastoral.De manera particular, dirigió un saludo a la comunidad de la Diócesis de San José del Guaviare, a sus sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles laicos, manifestando su disposición para caminar junto a ellos en la misión evangelizadora. Al referirse al inicio de esta nueva etapa, señaló que asume con serenidad y esperanza los cambios culturales, geográficos y pastorales que implica su traslado, convencido de que el ministerio episcopal se vive siempre en comunión con la Iglesia universal y con la Iglesia particular que le ha sido confiada.Finalmente, el nuevo obispo encomendó su ministerio a la intercesión de San José, patrono de la diócesis, y de la Virgen María, y pidió la oración del Pueblo de Dios para ejercer su servicio episcopal con fidelidad al Evangelio. “En San José del Guaviare tienen un hermano, un amigo”, afirmó, reiterando su cercanía pastoral y su disponibilidad para acompañar a la comunidad diocesana en los desafíos evangelizadores del territorio.Vea a continuación la transmisión de la ceremonia de ordenación episcopal:
Jue 1 Ene 2026
Presidente de la Conferencia Episcopal propone los “sueños de Dios” como hoja de ruta para Colombia en el 2026
"Lo que Dios quiere para nosotros lo llamamos sus sueños, que deben ser también los nuestros", afirma monseñor Francisco Múnera en un mensaje que convoca a cerrar brechas sociales y construir un proyecto común de nación en 2026.La Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su presidente, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, dio a conocer su saludo y reflexión con ocasión del inicio del nuevo año 2026. El mensaje, emitido en video, se presenta como una acción de gracias a Dios por el año que ha culminado y, al mismo tiempo, como una lectura creyente de los desafíos y esperanzas que se abren para el país y para la Iglesia.En nombre de la Comunidad de Presidencia y de todos los obispos del país, el Arzobispo de Cartagena sitúa el mensaje en el horizonte de la fe cristiana, recordando que la luz de Jesucristo, celebrada de manera especial en el tiempo de la Navidad, “ha venido al mundo a disipar todas las tinieblas” y a confirmar que el plan de Dios para la humanidad y para Colombia “sigue vigente”. Desde esta convicción, el presidente del episcopado propone reconocer y asumir lo que denomina “los sueños de Dios”, es decir, los anhelos divinos que están llamados a convertirse también en los propósitos del pueblo colombiano.Paz, reconciliación y fraternidad socialEl primer gran sueño expresado en el mensaje se centra en la paz. Monseñor Francisco Múnera eleva su oración para que Colombia, al iniciar el año 2026, “encuentre los caminos que conducen al perdón, la reconciliación y la paz”. Este anhelo se sitúa explícitamente a la luz de la profecía de Isaías, citada de manera literal en el mensaje: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; el Príncipe de la paz acrecentará su soberanía y la paz no tendrá límites con el derecho y la justicia desde ahora y para siempre”.Desde esta perspectiva bíblica, el prelado subraya que este sueño de paz debe traducirse en actitudes y decisiones concretas para la vida del país: “Que este sueño nos lleve a valorar la fraternidad y la amistad social, que nos permita superar la violencia como camino para superar los conflictos”.Defensa de la vida y opción por los más vulnerablesOtro eje central del mensaje es la defensa de la vida y de la dignidad humana. El presidente de la Conferencia Episcopal afirma de manera categórica: “Que nuestra Patria, la vida, sea defendida y protegida por todos y cada uno de nosotros y la dignidad de cada persona sea respetada y cuidada como un tesoro, por lo tanto, nunca pisoteada ni manipulada”.Esta defensa de la vida incluye un llamado explícito a la solidaridad con quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad. Monseñor Múnera expresa: “Particularmente, que tengamos una mirada y ayuda especial hacia los pobres y los más vulnerables”, recordando la promesa del Señor: “Los pobres y los indigentes buscan agua y no la encuentran. Yo, el Señor, los atenderé y no los abandonaré”.Proyecto común de nación y fortalecimiento democráticoEn su mensaje de Año Nuevo, los obispos hacen un llamado a la construcción de un proyecto común de nación que sea capaz de acoger la pluralidad y la diversidad propias de la sociedad colombiana. Así lo expresa el Presidente del Episcopado: “Que en Colombia sepamos construir y soportar un proyecto común de nación en el que todos sepamos acogernos en medio de la pluralidad y la diversidad, y así cerremos las brechas que nos separan”.Este horizonte se vincula directamente con el fortalecimiento de la vida democrática. Monseñor Múnera exhorta a que “todas las instituciones trabajemos por consolidar y fortalecer la democracia, el cumplimiento de los deberes, el ejercicio de los derechos”, con el deseo de que, como lo expresa el salmo citado en el mensaje, “el amor y la fidelidad se encuentren” y “la justicia y la paz se besen”. Desde esta confianza creyente, se afirma que “el Señor mismo dará prosperidad a su pueblo”.Ética, coherencia de vida y bien comúnLa reflexión de monseñor Francisco subraya, además, el valor de la fe y del sentimiento religioso presentes en la historia del país. El prelado pide que “las semillas de fe y del sentimiento religioso sembradas desde hace siglos en nuestra nación, generen mejores ciudadanos y gobernantes con responsabilidad ética y moral por el bien común del país”.El Arzobispo de Cartagena recuerda que la coherencia de vida es un elemento clave para el fortalecimiento de los valores sociales. “Reconociendo que la coherencia de vida trae fortalecimiento de los valores y el sentido de responsabilidad, superando el individualismo y la corrupción que solo genera injusticia, guerra y pobreza”.Diálogo intergeneracional y futuro para las nuevas generacionesEl mensaje del Presidente del Episcopado Colombiano dedica una atención especial al diálogo intergeneracional, considerado fundamental para la vida social y eclesial del país. Monseñor Múnera expresa el deseo de que “en Colombia podamos construir y profundizar el diálogo intergeneracional que nos permita acoger la memoria y las enseñanzas de los mayores para transmitirlas a los niños y a los jóvenes”.Este diálogo se proyecta hacia la protección y el futuro de las nuevas generaciones. El mensaje formula un anhelo concreto y contundente: “Que todos trabajemos unidos, en armonía por hacer realidad los sueños y anhelos de las nuevas generaciones. Un país sin menores reclutados para la guerra, sin explotación de ningún tipo y con oportunidades de futuro digno y verdadero desarrollo integral”, apoyado en la promesa del Señor: “Yo realizo algo nuevo”.Cuidado de la casa comúnEn sintonía con el magisterio de la Iglesia sobre el cuidado de la creación, el mensaje hace un llamado explícito a custodiar la casa común. Los obispos expresan el deseo de que “en Colombia todos cuidemos la casa común que el Creador nos ha encomendado, para que las nuevas generaciones la encuentren cada día más bella y habitable”.Este compromiso incluye la defensa de la biodiversidad y una relación respetuosa con el entorno natural. Monseñor Francisco Múnera Correa afirma: “Un país que no destruya su rica biodiversidad, sino que sea custodio y admirador de este hermoso jardín”, elevando con el profeta un canto de alabanza: “Canten al Señor un cántico nuevo, canten su alabanza desde los extremos de la tierra. Aclamen con júbilo las cumbres de los montes. En las islas proclamen su alabanza”.Una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosaFinalmente, el mensaje con ocasión del nuevo año 2026 reafirma el sueño de Dios para la Iglesia que peregrina en Colombia: “seguir caminando en esperanza por una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa en Colombia”, un pueblo que viva “en la sencillez del Evangelio en comunión y participación”, así lo expresa monseñor Múnera.Este horizonte eclesial planteado por la Conferencia Episcopal de Colombia se concreta en la profecía que cierra el mensaje y que define el espíritu con el que la Iglesia está llamada a iniciar el nuevo año: “Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre, que busca refugio en el nombre del Señor”.
Mié 24 Dic 2025
En mensaje navideño 2025, Conferencia Episcopal de Colombia pide paz activa y rechaza discursos de odio
"La paz que no puede quedarse en un simple deseo", afirmó monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacando la necesidad de que cada colombiano sea constructor de reconciliación en esta Navidad.El mensaje, que busca trascender el ámbito eclesial y convertirse en un llamado de alcance nacional, fue construido en torno a una cita bíblica central del Evangelio de San Lucas 2:14: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por el Señor", un saludo angélico que, según el prelado, debe resonar particularmente en la Colombia actual.Una paz que irradia desde el interior hasta la sociedadEl Vicepresidente del Episcopado Colombiano enfatizó que la paz auténtica debe brotar del corazón de cada persona para irradiarse progresivamente a todos los ámbitos de la vida social. En este sentido, describió un camino de transformación que comienza en el interior familiar y se extiende "en nuestras cuadras, en nuestros pueblos, en nuestros campos"."Que todos estemos en este empeño de construir la anhelada paz que el Señor vino a traer desde Belén hasta la cruz", exhortó el prelado, recordando también las palabras de Jesús: "Mi paz les dejo, mi paz les doy".Navidad como tiempo de encuentro y reconciliaciónEl mensaje de monseñor Gabriel Ángel recuerda que la Navidad es un tiempo privilegiado para el encuentro y la reconciliación, haciendo, nuevamente, un llamado explícito a revisar y evitar todo lenguaje de odio y de polarización.La invitación de la Conferencia Episcopal de Colombia en esta Navidad 2025 es a unirse como familia y como creyentes para ofrecer al país un testimonio coherente de paz.Vea el mensaje en video a continuación:
Vie 12 Dic 2025
“Vengo a ofrecerles mi humilde servicio en nombre de Dios”: Mons. Franklin Betancourt durante posesión en la Diócesis de Tumaco
En una celebración eucarística presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, se llevó a cabo este 11 de diciembre la ceremonia de posesión canónica de monseñor Franklin Misael Betancourt como obispo de la Diócesis de Tumaco. El acto solemne se realizó en la Catedral San Andrés, ante la presencia de ocho obispos, sacerdotes, religiosos, fieles laicos y autoridades civiles y militares.El nuevo pastor, nombrado por el Papa León XIV el pasado 23 de octubre y ordenado obispo el 28 de noviembre en Ipiales, su diócesis natal, tomó posesión de la cátedra episcopal tumaqueña, marcando el inicio oficial de su servicio pastoral en esta región del Pacífico colombiano.Palabra y símbolo: la liturgia de la toma de posesión y el mandato misionalEn su homilía, el Nuncio Apostólico, monseñor Paolo Rudelli, delineó con claridad la naturaleza y el alcance de la misión que monseñor Franklin Betancourt inicia. Destacó la sencillez y solemnidad del rito, compuesto por dos momentos esenciales cargados de significado teológico y pastoral: la lectura de la Bula de las Letras Apostólicas del Papa y la toma de la cátedra episcopal.“Será la palabra misma del Papa que resuena en esta catedral que nos recuerda que, como católicos, estamos unidos a su persona”, expresó el representante del Papa, subrayando que el ministerio del nuevo obispo se funda en la comunión con el Sucesor de Pedro. Al referirse al segundo signo, la ocupación de la cátedra renovada, explicó su profundo simbolismo: “Es el lugar donde el obispo enseña como maestro en la fe...Desde aquí usted, Monseñor Misael, seguirá guiando como maestro y pastor el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad, consciente de que el don recibido no es para sí mismo, sino para servir a la causa del Evangelio”.El Nuncio Apostólico describió el carácter específico y urgente de esta misión para el contexto de Tumaco: “Desde esta cátedra, estará también llamado a ser pregonero y constructor de paz, así como lo fueron sus antecesores en una tierra que por haber conocido los golpes de la violencia, valora de especial manera la paz y añora a ella”.Monseñor Paolo Rudelli también transmitió el saludo y la cercanía del Santo Padre, recordando las palabras del Papa León XIV durante el Jubileo de los Obispos, que sirven como hoja de ruta para el nuevo pastor: “Cuando el camino del pueblo se hace más difícil, el pastor, por virtud teologal, ayuda a no desesperar, no con las palabras, sino con la cercanía…Cuando las familias llevan cargas excesivas…Cuando los jóvenes están decepcionados…Cuando los ancianos…se sienten abandonados, el obispo está cerca y no ofrece recetas, sino la experiencia de comunidades que tratan de vivir el Evangelio”.Finalmente, el Nuncio encomendó al obispo Betancourt y a toda la diócesis bajo su cuidado: “Pido al Señor, querido Monseñor Misael, que le conceda la gracia de continuar la tarea de la evangelización como el mayor servicio a la Casa de la Paz”.Un mensaje de esperanza para la “Perla del Pacífico”En su primera intervención como obispo diocesano, monseñor Franklin Misael Betancourt afirmó que toma posesión “no solo como un acto jurídico eclesial, sino como una misión que Dios me encomienda realizar”. Dirigiéndose a la comunidad, aseguró: “Vengo a ofrecerles mi humilde servicio en nombre de Dios”.Con un mensaje centrado en la esperanza, propio del tiempo de Adviento, monseñor Betancourt animó a no tener miedo. “A pesar de los problemas y las dificultades de la vida, no tengamos miedo, no perdamos la esperanza, porque se acerca nuestro liberador”, exhortó.El Obispo de Tumaco hizo un realista diagnóstico de los desafíos que aquejan a la región: la pobreza extrema, la violencia que desplaza familias, el reclutamiento de niños, la falta de oportunidades para los jóvenes, la corrupción y el narcotráfico. “Todas estas realidades...desafían nuestra esperanza y nos invitan a caminar más de cerca de nuestro pueblo y del Señor”, afirmó.Citando al Papa León XIV, hizo un llamado a “no olvidarnos de los pobres. Optemos por los pobres, porque Dios ha optado por ellos”. También dedicó palabras de agradecimiento y aliento al clero diocesano y a las comunidades religiosas que por décadas han hecho misión en la región, pidiéndoles que no se marchen, pues “la Iglesia los necesita...Yo los necesito”.Agradecimientos y compromiso de servicioEl nuevo Obispo, así como el Nuncio Apostólico, reconocieron la labor del padre José Ricardo Cruel Angulo como Administrador Diocesano.Dirigiéndose directamente a los fieles de Tumaco, les dijo con emoción: “He deseado estar entre ustedes para conocerlos, porque ya los amo...No tengan miedo. No están solos. Dios está con ustedes y Él me ha enviado para quedarme con ustedes”. Y concluyó su discurso poniendo su ministerio bajo el amparo de María, “Madre de la Esperanza”.Contexto de la Diócesis de TumacoLa Diócesis de Tumaco, sufragánea de la Arquidiócesis de Popayán, fue erigida en 1999, tras haber sido Prefectura Apostólica (1927) y Vicariato Apostólico (1961). Comprende nueve municipios del departamento de Nariño, en una región estratégica y biodiversa del litoral Pacífico, con grandes desafíos sociales y una rica vida eclesial sostenida por comunidades religiosas históricas como las Carmelitas Misioneras y los Frailes Carmelitas Descalzos, presentes desde 1954.Monseñor Franklin Misael Betancourt sucede en el gobierno pastoral a monseñor Orlando Olave Villanoba, asumiendo el liderazgo de una Iglesia llamada a ser fermento de reconciliación y esperanza en el territorio.