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Catatumbo: “La gente como que perdió el miedo”
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El obispo de Tibú ha sido uno de los protagonistas de las movilizaciones en Catatumbo para parar la violencia desatada en la zona en estos meses. Su visión del problema de la coca y del papel de guerrillas y Estado es clarificadora.
Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, ha sido una voz crítica y valiente en aquella región abandonada por el Estado. Monseñor también ha liderado las recientes protestas en el Catatumbo en contra de la guerra. Cerca de cien mil personas se han visto afectadas por la confrontación que mantienen el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos guerrillas que se disputan el control de la zona. Colombia Plural conversó con él para entender mejor lo que está pasando en el Catatumbo.
La siguiente es la entrevista que Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, concedió al portal COLOMBIA PLURAL.
— ¿Cómo está la crisis humanitaria hoy después de cuatro meses de enfrentamientos entre las dos guerrillas?
Hasta donde sabía estábamos cerca de los seis mil desplazados, hay veredas confinadas. La cifra de muertos es incierta, porque a lo mejor si han caído en el campo ellos no van a dejar ver sus víctimas, pero las ha habido, de hecho esta semana mataron a un líder conocido del EPL. El EPL tiene tomados unos muchachos como rehenes, que no sé si ya los estarán devolviendo.
— Usted dice que nunca había visto movilizaciones tan grandes y potentes en el Catatumbo exigiéndole a los grupos armados que cesen la confrontación. ¿Algo está cambiando?
Por venir de afuera uno puede tener la percepción de que la cultura en el Catatumbo es de resignación frente a los grupos armados, es decir, vamos a sobrevivir con este grupo y lo tenemos que tolerar. La gente se ha adaptado para sobrevivir y tiene un código de resignación muy alto. ¿Qué es lo nuevo? Al comienzo de la confrontación lo que uno percibía es que los líderes deseaban que las guerrillas sólo se pusieran de acuerdo, consideraban que eso era suficiente. Pero el pueblo del Catatumbo es un pueblo parado, valiente, fuerte, que aguanta muchas cosas, así que el boicoteo que hizo el EPL con el paro armado fue muy mal pensado porque sumó todas las voluntades contra la guerra. El paro fue una estrategia que no se sabía si era de guerra o de paz: poner la gente en la mitad para presionar una negociación con el ELN, pero finalmente les sucedió al revés porque la gente hizo unas expresiones contra la guerra tremendas, que no es tan fácil porque estos grupos están muy insertados y vinculados con la comunidad, pero en ese sentido ahí hay una circunstancia nueva: la gente como que perdió el miedo. Nuestras comunidades están viendo que pueden hacer algo más que aguantar la guerra. Si un pueblo logra pasar de su mentalidad derrotada o derrotista empieza a imaginarse nuevos escenarios, por ejemplo, yo en una de esas manifestaciones les preguntaba: ¿por qué no podemos soñar que mañana no hay coca? Imaginémonos cómo sería esto sin coca, imaginémonos qué pasaría si este Catatumbo no tuviera ni un grupo armado. ¿Cómo viviríamos? ¿Cómo nos relacionaríamos? ¿Cómo produciríamos? Imaginémonos que el Estado no es el enemigo nuestro que nos olvidó, sino que es el aliado en la construcción de futuro. Ese imaginario hay que despertarlo porque ellos no lo tienen, pienso que la tarea nuestra es en esa dirección.
— Justo en el Catatumbo empezó a fracasar el programa de sustitución de cultivos porque el Estado le incumplió a los campesinos, ¿Cómo va eso?
Nosotros dijimos “mientras estos están en guerra nosotros salvemos el programa de sustitución voluntaria y los planes especiales para los municipios priorizados, que nuestras comunidades no se quedaran sin esos marcos de proyección a diez años”. Esa fue nuestra apuesta con los alcaldes y el Gobierno entendió eso, ahora, no es claro que en estos tres meses tengan la capacidad de moverse más rápidamente. Pero realmente sí hay muy pocas personas que se inscribieron en el programa de sustitución de cultivos y el Gobierno no tiene la gerencia ni la habilidad para cumplirle a los campesinos que dan ese paso de dejar la coca. Definitivamente, la gente está lista pero no frente a un Estado tan débil y tan poco asertivo, si el Estado cumpliera la gente daría pasos más rápidos.
— ¿Ha habido presión de los grupos armados para que la sustitución no avance?
No se han enfrentado porque hay tanta coca, es tan masiva, que el programa todavía no representa una amenaza para ellos, la tendencia es a que la coca no se quita. Los campesinos que firmaron los acuerdos son muy poquitos, están en Caño Indio en una vereda en particular y en este momento están centralizados sólo Tibú y Sardinata. Aunque sí hubo un caso de amenaza a un líder de una comunidad que se ha puesto en la tarea de promover la sustitución, le dijeron: “Quédese callado, no se meta en eso”. Hay intereses concretos de mucha gente que vive de la coca, no sólo de las guerrillas.
— El Ejército de Liberación Nacional se negó durante muchos años a mezclarse con el narcotráfico ¿Están involucrados ahora en ese negocio?
Sí, eran muy reacios, de hecho yo creo que fueron ellos los que acabaron la coca en Arauca. Acá es diferente, diciéndolo francamente ellos tuvieron que decidir entre ser cómplices o enfrentarse a la gente, porque la gente se lo impuso. Digamos que no manejan líneas ni cargamentos, pero la cultura coquera lo que hace es mover mucha plata. Por ejemplo, por cada canasta de cerveza son diez mil pesos de ganancias para las guerrillas.
— Además, el Catatumbo tiene un problema de superposición territorial muy fuerte: hay tierras despojadas y reclamantes, hay Parques y Reservas Naturales, hay colonos, hay resguardos indígenas y hasta un proyecto de Reserva Campesina…
Es un territorio que tiene toda la informalidad en tema de tierra y va a ser muy difícil solucionar eso porque casi nadie tiene escrituras públicas, son posesiones o documentos de compraventa. El tema de tierras para mí en este momento no es un problema fundamental, lo será en otro momento, cuando la gente vaya a pedir un préstamo en el banco y necesite las escrituras de su finca. Para mí, el punto de quiebre en ese territorio, en la línea que abrieron los acuerdos de La Habana, sería administrar correctamente el problema de los cultivos ilícitos, si la coca comienza a disminuir en el territorio va a haber un problema porque es la riqueza que trae la coca la que alimenta los grupos armados, es mucho dinero que se mueve.
— El Ejército Popular de Liberación es menospreciado por el gobierno, que los llama la banda de “Los pelusos” ¿Usted cree que sean un actor político?
El EPL tiene una cepa muy revolucionaria, ahí hay unos “cacaos” de lo que quedó del EPL original que son muy radicales y no dieron el paso a la paz cuando hubo el acuerdo con esa guerrilla. Esa base existe, es ideológica, pero es una base pequeña, casi que invisible, incluso se dice que no están en el territorio. Es indudable que el ELN tiene una mayor formación política e ideológica en sus miembros. El EPL empezó a reproducirse a partir de Megateo [Víctor Ramón Navarro, comandante del EP, muerto en 2015] porque él tenía el propósito de hacer crecer esa guerrilla, pero lo hizo de un modo no muy revolucionario, enrolando jóvenes sin formación política, sólo por la atracción de las armas. Megateo se estaba convirtiendo en un estorbo para esa cepa original del EPL, era algo así como una especie de mafioso que desfiguraba la cosa. Yo pensé que después de la muerte de Megateo se iba a calmar la situación y fue al revés, empezó a crecer y ahora no hay una unidad de mando, hay un montón de caudillismos.
Fuente: Colombia plural
Mar 24 Mar 2026
Episcopados de Colombia y Ecuador piden acciones urgentes para superar tensiones fronterizas que afectan a las comunidades
En un mensaje pastoral conjunto, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hacen un llamado “respetuoso, fraterno y apremiante” a los gobiernos de ambos países para que, con sentido humanitario, dispongan las acciones necesarias que permitan superar las tensiones actuales y restablecer la convivencia en la frontera.El texto, dirigido a los presidentes Gustavo Francisco Petro Urrego y Daniel Noboa Azín, así como a sus respectivas cancillerías, insiste en la urgencia de privilegiar el diálogo y de adoptar decisiones que protejan la vida, la dignidad y el bienestar de las comunidades afectadas.Una voz pastoral ante la crisis humanitariaDesde su misión de acompañamiento a los pueblos, los obispos expresan su “dolor y creciente preocupación” por la crisis humanitaria que padecen las poblaciones en ambos lados de la frontera, subrayando que esta situación golpea directamente a las familias y comunidades.En ese sentido, reiteran que, incluso en medio de las diferencias, debe primar siempre el cuidado y la defensa de la vida y la dignidad humana, como fundamento de toda acción social y política.Tender puentes, no profundizar distanciasEl mensaje pone en el centro la historia compartida entre Colombia y Ecuador, recordando los lazos fraternos que han permitido construir dinámicas de cooperación e intercambio en la frontera.Frente al contexto actual, los episcopados invitan a reconstruir ese “puente humano” entre las naciones, apelando al diálogo respetuoso y paciente como camino para fortalecer la hermandad, el perdón y la reconciliación.Las comunidades, en el centroLa Iglesia exhorta a las autoridades a intensificar los esfuerzos de diálogo y a garantizar que las decisiones adoptadas prioricen la dignidad y el bienestar de las familias y comunidades fronterizas, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad.En el contexto del tiempo litúrgico en el que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, los obispos expresan su esperanza en una pronta reapertura de las fronteras como signo concreto de reconciliación y de superación de la crisis.Este llamado, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC (Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia) y por el cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, OFM (Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana), reafirma la opción pastoral de la Iglesia de ponerse del lado de las personas, especialmente de quienes sufren las consecuencias de las tensiones entre los Estados.Esperanza que se hace camino en el territorioEn sintonía con este llamado, diversas iniciativas pastorales comienzan a surgir en la frontera como signos concretos de reconciliación. Es el caso del Viacrucis Binacional por la Paz, la Reconciliación y el Progreso de los Pueblos, convocado por las diócesis de Ipiales y Tulcán, junto con las Cáritas de ambos países y otras organizaciones aliadas.La jornada se realizará el viernes 27 de marzo a las 3:30 p.m. en el puente internacional entre Tufiño y Chiles, y busca promover la hermandad, la defensa de la vida, el trabajo y la esperanza, en medio de los desafíos sociales y de seguridad que afectan la convivencia y la dignidad de las comunidades fronterizas.Esta iniciativa se presenta como un signo de fe y unidad que recoge, desde el territorio, el llamado de la Iglesia a tender puentes, fortalecer la fraternidad y acompañar a las poblaciones que hoy claman por caminos de paz.
Mar 17 Mar 2026
Iglesia en la frontera colombo-ecuatoriana alerta sobre crisis social y económica y llama al diálogo entre los países
En medio de las recientes tensiones comerciales y políticas entre Colombia y Ecuador, que han afectado el intercambio económico y el flujo de personas y mercancías en la zona fronteriza, las diócesis de Ipiales y Tulcán hicieron público un comunicado conjunto en el que expresan su profunda preocupación por la situación social, económica y ambiental que atraviesan las comunidades de este territorio binacional. El pronunciamiento pastoral advierte sobre el impacto que esta coyuntura está generando en miles de familias que dependen de la dinámica fronteriza para su sustento.Firmado por monseñor José Saúl Grisales Grisales y monseñor Carlos Washington Yépez Naranjo, el documento señala que en los últimos meses se ha evidenciado "una creciente complejidad en la dinámica" de la frontera sur de Colombia y norte de Ecuador, donde confluyen factores como la presencia de economías ilícitas —narcotráfico, minería ilegal y contrabando—, así como restricciones recientes en el intercambio comercial entre ambos países.Impacto directo en la vida de las comunidadesDe acuerdo con el comunicado, esta situación ha reducido significativamente el tránsito de carga y el flujo económico en el Puente Internacional de Rumichaca, principal conexión terrestre entre ambos países.Los pastores advierten que esta realidad está generando incertidumbre económica y fragilidad social en una región donde comerciantes, agricultores, ganaderos, transportistas, cambistas y trabajadores dependen directamente del movimiento fronterizo para el sustento de sus familias.“En nuestras comunidades fronterizas se vive una realidad marcada por la incertidumbre económica, la fragilidad social y múltiples desafíos que afectan la convivencia y el bienestar de la población”, señalan los obispos en el documento.Preocupación por el avance de economías ilícitasEl comunicado también advierte sobre el impacto creciente de actividades ilegales que deterioran el tejido social y generan graves afectaciones ambientales en la región fronteriza.Según los obispos, estas prácticas “contaminan ríos, degradan ecosistemas y ponen en riesgo la salud y el futuro de quienes habitan estos territorios”. Frente a ello, la Iglesia recuerda un principio ético fundamental: “no es moralmente aceptable que territorios enteros queden expuestos a economías ilegales ni que las comunidades más vulnerables carguen con las consecuencias de la inseguridad, la pobreza o la falta de oportunidades”.Un llamado al diálogo y a la cooperación entre los paísesAnte este panorama, las diócesis de la frontera reiteraron su cercanía con las comunidades afectadas y expresaron su solidaridad con las familias y sectores productivos que hoy enfrentan dificultades.Al mismo tiempo, hicieron un llamado respetuoso a las autoridades de ambos países para fortalecer los espacios de diálogo y cooperación que permitan atender las preocupaciones existentes y encontrar soluciones que favorezcan el bien común.El pronunciamiento también invita a recuperar el espíritu de fraternidad histórica entre los pueblos de la frontera, donde durante generaciones las comunidades de ambos países han construido relaciones humanas, culturales y económicas que hoy siguen siendo fundamentales para la estabilidad de la región.La Iglesia reafirma su compromiso con la paz y el desarrollo humano integralEn el comunicado, los obispos subrayan la urgencia de promover acciones integrales que protejan el territorio, cuiden la creación y ofrezcan alternativas económicas dignas y sostenibles para las comunidades, especialmente para los sectores más vulnerables.Asimismo, exhortan a autoridades civiles, actores sociales y económicos, organizaciones comunitarias y agentes pastorales a fortalecer los caminos del diálogo, la cooperación y la corresponsabilidad para afrontar los desafíos de esta región.“El Evangelio nos llama a promover la paz, la legalidad, el cuidado de la creación y la defensa de la dignidad de la persona humana, del trabajo digno y de la justicia social”, señalan los pastores, quienes reiteran el compromiso de la Iglesia de acompañar a las comunidades y trabajar por la defensa de la vida, la paz y el cuidado de la casa común.Vea a continuación la lectura del comunicado por parte del Obispo de Ipiales:
Lun 16 Mar 2026
Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya asume como noveno obispo de Montería: llama a la fe, la unidad y el desarrollo humano integral
En una solemne celebración eucarística realizada este sábado 14 de marzo en la Catedral San Jerónimo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya tomó posesión canónica como nuevo obispo de la Diócesis de Montería, convirtiéndose en el noveno pastor de esta Iglesia particular del departamento de Córdoba.La Eucaristía fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien en representación del Papa León XIV, dio cumplimiento al nombramiento pontificio mediante los ritos propios de la posesión episcopal.La ceremonia congregó a cientos de fieles, sacerdotes, religiosos, seminaristas y autoridades civiles del departamento, así como a doce obispos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, signo visible de la comunión episcopal que caracteriza la vida de la Iglesia. Entre ellos estuvo monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, junto con los pastores de las diócesis que conforman la Provincia Eclesiástica de Cartagena, a la que pertenece Montería.Una Iglesia que acoge a su nuevo pastorDurante las palabras de bienvenida, monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano, quien se desempeñó como administrador apostólico de Montería durante el tiempo de sede vacante, destacó el significado eclesial de este momento para la diócesis y la alegría de las comunidades al recibir a su nuevo pastor.“Hoy lo recibe un departamento pujante, una ciudad perla del Sinú, emprendedora y una diócesis madura. Hoy todo su pueblo le dice: estas tierras son suyas mientras las camine, este cielo es suyo mientras lo contemple y estos corazones son suyos porque lo acogemos como nuestro pastor”, expresó.El prelado también presentó al nuevo obispo la realidad pastoral de la diócesis: un presbiterio comprometido con su pueblo, comunidades parroquiales vivas, religiosos y religiosas que enriquecen la misión evangelizadora, así como jóvenes en camino de formación sacerdotal.Asimismo, destacó la capacidad de las comunidades para responder solidariamente ante las dificultades recientes, como las inundaciones que han afectado a diversos sectores de la región.La cercanía del Papa y la importancia de la unidadAntes de los actos de posesión canónica, el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la cercanía del papa León XIV a la Iglesia que peregrina en Montería y subrayó el significado apostólico del ministerio episcopal.“Esta asamblea eucarística convocada por el Señor Jesús lo acoge como su obispo y pastor con gratitud a Dios y profunda alegría”, afirmó monseñor Rudelli, recordando que el obispo está llamado a ser “garante de la fe, de la unidad y de la tradición que se remonta a Cristo Jesús, Pastor supremo”.El representante pontificio también evocó la solidaridad de la Iglesia con las familias afectadas por las recientes inundaciones en la región, resaltando la respuesta generosa de las comunidades y de las Iglesias hermanas del país.Asimismo, animó a la diócesis a caminar en comunión con su nuevo pastor, recordando palabras del Santo Padre según las cuales toda acción pastoral debe orientarse a que “Cristo sea conocido en la Palabra, encontrado en la oración, amado en la Eucaristía y servido en el pueblo de Dios, especialmente en los más necesitados”.“La Iglesia está para evangelizar”En su primera homilía como obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo expresó su gratitud por la nueva misión confiada por la Iglesia y manifestó su alegría por comenzar esta etapa pastoral al servicio del pueblo cordobés.“Elevo hoy mi voz a lo más alto del cielo para bendecir, agradecer y poner en las manos divinas esta nueva misión que inicio en esta mi nueva querida Diócesis de Montería”, afirmó.El nuevo obispo recordó que la identidad de la Iglesia está directamente ligada al anuncio del Evangelio.“La Iglesia ha recibido de nuestro Señor Jesucristo un encargo muy importante: ir al mundo entero y proclamar este amor. La Iglesia en el mundo está para evangelizar, para anunciar”, señaló.En este sentido, insistió en que el anuncio del Evangelio se fundamenta ante todo en el testimonio de vida: “El anuncio no es proselitismo, sino un tema de atracción, de contagio personal. El mundo necesita más testigos que predicadores”.Evangelio y compromiso con la dignidad humanaDurante su mensaje pastoral, monseñor Jaramillo también se refirió a los desafíos sociales que atraviesa Colombia, señalando que la fe y la enseñanza de la Iglesia ofrecen criterios para afrontar realidades como la violencia, la corrupción, la pobreza y los desastres naturales que afectan a muchas comunidades.En este contexto, destacó que el anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso con la dignidad humana y el bien común.“La doctrina y enseñanza de la Iglesia y la Palabra de Dios contienen elementos fundamentales para superar las dificultades y llegar al desarrollo humano integral, en donde todos podamos sentarnos en la misma mesa y tratarnos como hermanos”, expresó.El nuevo Obispo de Montería invitó así a las comunidades a seguir construyendo una sociedad más justa y fraterna desde los valores del Evangelio, promoviendo la solidaridad, la reconciliación y la esperanza en medio de los desafíos que vive el país.De Buenaventura a Montería: una nueva misión pastoralAntes de su nombramiento en Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya pastoreó la Diócesis de Buenaventura desde julio de 2017, ministerio que recordó con gratitud durante su homilía.“Vengo de la tierra del Pacífico, en donde por casi nueve años el Señor me regaló una gran comunidad que he amado profundamente y amaré siempre...Vengo con la nostalgia de los pueblos afros, indígenas, campesinos y mestizos que me permitieron ser su pastor y su servidor”, afirmó, evocando la riqueza espiritual de quienes habitan el Puerto.Al iniciar su ministerio en la llamada “Perla del Sinú”, expresó su deseo de ser un pastor cercano a su pueblo.“Le pido a Dios que me ayude a ser un pastor bueno, que vaya en busca de la oveja perdida, que cure las heridas y que pueda cargar sobre sus hombros a quienes están tristes y afligidos”.
Jue 5 Mar 2026
Monseñor John Mario Mesa Palacio inicia su servicio pastoral en Leticia con un llamado a formar discípulos misioneros
La Iglesia que peregrina en la Amazonía colombiana vivió este 4 de marzo un momento significativo con la posesión canónica de monseñor John Mario Mesa Palacio como Vicario Apostólico de Leticia, durante una solemne Eucaristía celebrada en la Catedral Nuestra Señora de la Paz, en la capital del departamento del Amazonas.La celebración fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien, en nombre del Papa León XIV, acompañó el inicio del ministerio pastoral del nuevo vicario apostólico en esta jurisdicción misionera de la Iglesia en Colombia.La ceremonia congregó a 19 obispos, como signo de comunión episcopal, entre ellos los pastores de las jurisdicciones que integran la Provincia Eclesiástica de Florencia. En representación de la presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia participó su vicepresidente, monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos. También asistieron sacerdotes, comunidades religiosas, autoridades civiles y militares, representantes de comunidades indígenas y cientos de fieles que quisieron acompañar este momento de gracia para la Iglesia amazónica.Gratitud por 25 años de servicio pastoralAl iniciar la celebración, el Vicario Apostólico Emérito de Leticia, monseñor José de Jesús Quintero Díaz, quien pastoreó esta Iglesia particular desde febrero de 2001, expresó su acción de gracias por el camino recorrido y destacó la continuidad de la misión evangelizadora.“El Buen Pastor sigue amando a los hermanos de esta jurisdicción eclesiástica y ese amor se manifiesta en la sucesión apostólica que hoy vivimos”, afirmó, al agradecer a Dios por haberle permitido servir durante más de dos décadas a esta Iglesia local.Monseñor Quintero animó a la comunidad eclesial del Vicariato a acompañar con esperanza al nuevo pastor y a continuar el camino de evangelización “con paz, optimismo y alegría”, confiando la misión al Señor, “el Divino Misionero”.Un acontecimiento de alegría para la Iglesia en ColombiaDurante su homilía, el Nuncio Apostólico destacó que la llegada del nuevo Vicario Apostólico constituye un acontecimiento significativo no solo para el Vicariato de Leticia, sino para toda la Iglesia en el país.“Este acontecimiento no se limita a ser ocasión festiva para este Vicariato, sino que lo es también para la Iglesia que peregrina en Colombia”, señaló monseñor Rudelli.El representante del Santo Padre agradeció el servicio pastoral de monseñor Quintero Díaz durante los 25 años que pastoreó ese vicariato.Asimismo, subrayó la importancia de la comunión entre las Iglesias particulares, recordando los históricos vínculos entre el Vicariato Apostólico de Leticia y la Diócesis de Santa Rosa de Osos, relación fortalecida desde 1989 por disposición del Juan Pablo II en el contexto de los territorios de misión.Monseñor Rudelli invitó al nuevo Vicario a ejercer su ministerio como un auténtico servicio pastoral:“El ministerio episcopal sea verdaderamente una tarea del amor: apacentar la grey que el Señor hoy le confía”, expresó, evocando la tradición espiritual de la Iglesia.También resaltó el papel del Vicariato dentro del camino pastoral de la Amazonía, impulsado especialmente tras el Sínodo para la Amazonía de 2019, que anima a fortalecer la misión evangelizadora en esta región.Un ministerio marcado por la misión y la cercaníaTras recibir oficialmente la posesión canónica, monseñor John Mario Mesa Palacio dirigió su primer mensaje como Vicario Apostólico de Leticia, en el que destacó que la esencia de la Iglesia es anunciar el Evangelio y formar verdaderos discípulos de Cristo.“El Señor nos llama a todos a la santidad. Desde el bautismo gozamos de la misma dignidad de hijos de Dios y somos llamados a participar en la misión de acompañar, pastorear y conducir al pueblo santo de Dios”, afirmó.El nuevo Vicario recordó que la vocación cristiana debe cultivarse con generosidad y acompañamiento, especialmente en contextos donde escasean las vocaciones, e insistió en la importancia de animar a los jóvenes a responder al llamado de Dios.“La Iglesia no está llamada simplemente a llenar registros de bautizados, sino a formar discípulos que conozcan, amen y sigan a Jesucristo”, señaló.En su intervención también subrayó la dimensión misionera de su servicio pastoral, recordando que el mandato de Cristo sigue vigente: “Vayan a todos los pueblos y anuncien la Buena Nueva del Evangelio”.Caminar juntos en una Iglesia sinodalMonseñor Mesa Palacio anunció que su ministerio estará marcado por la cercanía, el trabajo misionero y la sinodalidad, entendida como el caminar conjunto del pueblo de Dios.“Caminaremos juntos, viviendo la sinodalidad como un proceso de diálogo, escucha y discernimiento para descubrir lo que el Señor quiere para esta Iglesia particular”, afirmó.Asimismo, destacó la importancia de la cercanía pastoral en tres dimensiones fundamentales: con Dios, con los hermanos en el ministerio y con el pueblo de Dios, especialmente con los más sencillos y con las comunidades indígenas presentes en el territorio amazónico.“Qué bonito es ver acercarse a su pastor a los más humildes, a las comunidades indígenas, a las autoridades y a todo el pueblo de Dios”, expresó.El nuevo Vicario Apostólico manifestó además que asume esta misión con alegría y confianza en la acción del Espíritu Santo:“Lo asumo con decisión y con gozo, apoyado en Cristo, el Buen Pastor, y en la protección de Nuestra Señora, la Divina Pastora”.Un nuevo capítulo para la misión en la AmazoníaEl inicio del ministerio de monseñor John Mario Mesa Palacio representa, así, un impulso para fortalecer la evangelización, la comunión eclesial y la presencia pastoral de la Iglesia en la Amazonía colombiana, en comunión con el Santo Padre y con toda la Iglesia que peregrina en Colombia.