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conferencia episcopal de colombia

Vie 31 Oct 2025

Jubileo de la Esperanza en la recta final

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - En el mes de noviembre tenemos varias celebraciones litúrgicas que vale la pena tener presentes:El 1º es la solemnidad de todos los santos. Poner la mirada en quienes nos han antecedido en la tierra, presentados por la Iglesia como modelos de vida cristiana, es una magnífica oportunidad para animarnos en la búsqueda de la santidad. Así como ellos pudieron ser santos, también nosotros lo podemos ser, si somos humildes, valientes y perseverantes en el cumplimiento de los mandatos divinos.El 2 celebramos la conmemoración de los fieles difuntos. Tenemos el deber de orar por los difuntos. Recordamos a nuestros familiares que han vivido la pascua. Oramos por quienes han perdido la vida a causa de la violencia, la enfermedad, por catástrofes naturales o accidentes. Invocamos para todos del Señor el perdón de sus pecados y le decimos desde lo profundo del alma: “Señor no les tengas en cuenta sus pecados”. Es una ocasión también muy especial para pensar en nuestra propia muerte y prepararnos debidamente para cuando llegue este momento definitivo.El 16 de noviembre, penúltimo domingo del tiempo ordinario, por iniciativa del Papa Francisco, se lleva a cabo la Jornada Mundial de los Pobres. Se nos invita a poner la mirada en quienes lo han perdido todo, pero no solo en lo material, sino también en quienes viven en las periferias existenciales, es decir, en los pobres en el espíritu. La cultura de la indiferencia debe desaparecer, para fomentar la cultura de la solidaridad.El 23 la solemnidad de Nuestro Señor Rey del Universo. Con esta celebración se concluye el año litúrgico 2024 – 2025 y se reconoce la centralidad de Jesús como Rey del Universo. Estamos invitados a hacer profesión de fe en quien es el centro de nuestra existencia, y a quien le debemos la vida nueva. Todo el año litúrgico tiene como fin principal ayudarnos a profundizar en nuestra historia de salvación de la mano de Jesús, el Hijo de Dios, de su Madre Santísima y de todos los santos y santas.El 30 damos inicio al nuevo año litúrgico 2025 – 2026. El año litúrgico en la Iglesia está distribuido en las 52 semanas de año civil en los tiempos de adviento, navidad, cuaresma, pascua y 34 semanas del tiempo ordinario. En medio de este calendario, se encuentran las solemnidades de cristológicas, marianas y de los santos.A manera de recordación, traigo aquí uno de los objetivos del eje 2 de las líneas pastorales 2025 – 2027, que trata el año litúrgico:Objetivo: Formar a la comunidad eclesial sobre el itinerario evangelizador y celebrativo que propone la Iglesia como proyecto de vida discipular.Estrategia: Implementar una campaña informativa y formativa que lleve a los fieles que peregrinan en los territorios de la Arquidiócesis de Cali a descubrir el año litúrgico como el recuerdo, presencia y espera de un Jesús que hace presencia en nuestra vida diaria, en cada tiempo y en cada celebración.El jubileo. Como colofón de este mes de noviembre y su significado para nosotros, está la proximidad del cierre del jubileo 2025, que tiene como lema: “peregrinos de la esperanza”. En nuestra Iglesia particular fueron numerosas las actividades realizadas, por las cuales doy gracias a Dios, a los organizadores y a los fieles por su entusiasmo y participación.De verdad que se ha sentido cómo este año jubilar ha sido un auténtico tiempo de Dios, un kairós. Pero lo más importante es que es debemos recoger lo vivido y tener muy presentes los compromisos asumidos como personas, como familias, como grupos, como comunidad.Debe haber un antes y un después del jubileo. Tenemos que sentir que en cada uno ha obrado la gracia de Dios, que con el don de la indulgencia sanó las cicatrices dejadas por el pecado y nos mostró el camino a seguir en los tiempos venideros.El llamado a la esperanza que sentimos en repetidas ocasiones, debe ser acogido con fe. Todos sabemos que, en los tiempos actuales, las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad están siendo puestas a prueba. Pidámosle al Señor que el jubileo que vamos a culminar, nos aliente a seguir siendo testigos y peregrinos de la esperanza. Para ello, oremos siempre y sin desfallecer.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Vie 31 Oct 2025

Conferencia Episcopal de Colombia aclara cambios litúrgicos para el Día de los Fieles Difuntos en 2025

Ante la inusual coincidencia en el calendario de 2025, donde la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (2 de noviembre) cae en día domingo, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Comisión Episcopal de Liturgia, ha emitido una nota oficial dirigida a todos los párrocos y fieles del país para precisar los cambios en las celebraciones litúrgicas y evitar confusiones.El mensaje, firmado por monseñor José Saúl Grisales Grisales, obispo de Ipiales y presidente de esta Comisión, detalla las disposiciones que rigen para el fin de semana del 31 de octubre al 2 de noviembre de 2025, basándose en las normas universales de la liturgia católica.Precedencia litúrgica: el Día de los Difuntos reemplaza al Domingo XXXI del Tiempo OrdinarioEl punto central de la aclaración radica en la precedencia entre las celebraciones. De acuerdo con la Tabla de Días Litúrgicos, tanto la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) como la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (2 de noviembre) tienen mayor rango (o prevalencia) que un domingo del Tiempo Ordinario. En consecuencia, la celebración del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario será sustituida en su totalidad por la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.Esto significa que en todas las misas del domingo 2 de noviembre de 2025, se utilizarán las lecturas, oraciones y prefacios correspondientes al Día de los Difuntos. La liturgia de ese día no incluirá el canto del "Gloria" ni la profesión de fe del "Credo", características de una memoria obligatoria.Calendario de celebraciones para 2025La Comisión Episcopal desglosó el calendario litúrgico para ese fin de semana de la siguiente manera:- Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre): Se celebrará desde las primeras Vísperas del viernes 31 de octubre y durante todo el sábado 1 de noviembre. No habrá misa prefestiva el sábado por la tarde; todas las eucaristías de ese día corresponderán a la Solemnidad de Todos los Santos.- Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (2 de noviembre): Se celebrará durante todo el domingo 2 de noviembre, desde el Oficio de Lectura o Laudes de la mañana hasta las Completas de la noche.Recomendación pastoral para las lecturasEn la nota, monseñor Grisales hizo también una sugerencia práctica a los párrocos. Dado que la liturgia para el Día de los Difuntos ofrece tres esquemas completos de lecturas diferentes, se insta a seleccionar con antelación el que mejor se adapte a la realidad pastoral de cada comunidad. Esta medida busca facilitar la preparación de los lectores y garantizar una proclamación digna y libre de improvisaciones.Contexto y relevancia de la informaciónEl Día de los Fieles Difuntos es una fecha de profundo recogimiento y oración por los seres queridos difuntos, por lo que estas precisiones litúrgicas de la Conferencia Episcopal de Colombia buscan enriquecer espiritual y pastoralmente esta tradición. Al tiempo que se respetan las normas universales de la Iglesia, se asegura la uniformidad y el correcto desarrollo de las celebraciones en los templos del país.

Mié 29 Oct 2025

Conferencia Episcopal de Colombia lanza colección de libros como herramientas para renovar la pastoral de la Iniciación Cristiana en el país

El Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) presenta "La mistagogía de la Iniciación Cristiana", una colección de cuatro volúmenes que busca ser herramienta fundamental para que las comunidades eclesiales redescubran la fuerza transformadora de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Los textos ya se encuentran disponibles para su adquisición en la Librería de la CEC y en las Librerías San Pablo a nivel nacional.La obra editorial es fruto directo del Encuentro Nacional de Liturgia celebrado en Bogotá del 20 al 22 de mayo de 2025, que congregó a delegados episcopales de Liturgia y Catequesis, religiosos, religiosas, laicos y expertos. Según lo expresa en la presentación el padre Jairo de Jesús Ramírez Ramírez, Director del Departamento de Liturgia , el objetivo central fue abordar "uno de los desafíos más urgentes de la pastoral actual".En esta obra el padre Ramírez define la iniciación cristiana como “el corazón de la vida eclesial”. "Allí comienza el camino de discipulado, allí se gesta la identidad cristiana, allí resplandece el Misterio Pascual de Cristo", agrega.La colección se enmarca en el llamado eclesial a renovar las prácticas pastorales en "clave catecumenal y sinodal", y se propone en continuidad con el espíritu del Concilio Vaticano II y el documento Sacrosanctum Concilium.Los cuatro volúmenes de la colecciónCada uno de los libros desarrolla una ponencia central y sus mesas temáticas correspondientes, ofreciendo un abordaje integral del tema. Los volúmenes son:1. "Panorama de la Iniciación Cristiana a la luz de Sacrosanctum Concilium”: Un análisis de fondo basado en los números clave de la constitución conciliar sobre la sagrada liturgia.2. "Espiritualidad litúrgica de la Iniciación Cristiana": Explora la dimensión espiritual que emana de la celebración de los sacramentos.3."Per visibilia ad invisibilia. Teología del signo": Profundiza en el concepto teológico de que lo divino se accede a través de los signos visibles de los ritos.4."Hacia una pastoral de la Iniciación Cristiana": Ofrece propuestas prácticas y concretas para renovar la praxis pastoral en las diócesis y comunidades.Una herramienta para integrar liturgia y vidaSegún se expresa en la contraportada de los libros, esta colección "nace del deseo de redescubrir la fuerza transformadora de los sacramentos de la iniciación cristiana a la luz de la liturgia". Su enfoque mistagógico –un proceso de introducción progresiva en el Misterio de Cristo– busca "integrar símbolo y vida, rito y experiencia, sacramento y discipulado".El padre Jairo Ramírez expresa su confianza en que estos textos "contribuyan a fortalecer el vínculo entre la celebración litúrgica y el proceso de maduración en la fe". El objetivo final, afirma, es formar "creyentes que no solo han recibido los Sacramentos, sino que han sido verdaderamente iniciados en el Misterio de Cristo".Cada texto incluye preguntas orientadoras para el diálogo y la profundización comunitaria, lo que convierte a la colección en un instrumento valioso para equipos de liturgia, catequistas, seminarios y comunidades parroquiales en su conjunto.Datos de contacto de la Librería de la Conferencia Episcopal de Colombia:libreria@cec.org.coWhatsApp: 57 3138808447PBX:(57) 601 9157779 - Ext. 125Horario: lunes a viernes de 8:00 a.m. a 12:30 p.m. - 1:30 p.m. a 4:30 p.m.

Mar 28 Oct 2025

Tiempo de esperanza, Jornada Mundial de los Pobres 2025

Por Carlos Ignacio Agudelo Betancur - En medio de las incertidumbres de nuestros tiempos, este año dedicado a la Esperanza ha sido un año de gracias. Hemos despedido con agradecimiento al Santo Padre Francisco, quien nos ha animado en la esperanza fraterna con su exhortación Dilexit nos (Nos amó) que habla del amor divino y humano del Corazón de Cristo, y hemos dado la bienvenida a su sucesor, el Santo Padre León XIV, quien ha dado continuidad al año Santo de la Esperanza con su exhortación Dilexit te (Te he amado). Los dos pontífices recalcaron que Cristo es el ancla de nuestra esperanza y que esta llega a todos sin distinción y especialmente a los más necesitados.No es por casualidad que al finalizar el Año Jubilar de la Esperanza se celebre la Jornada Mundial de los Pobres el próximo 16 de noviembre, como nos lo presenta el mismo Papa León XIV en su mensaje para esta Jornada, publicado por el Vaticano el 13 de junio de 2025 en la memoria de San Antonio de Padua, patrono de los pobres; en su mensaje anticipa parte de las enseñanzas de su Exhortación apostólica Dilexi te sobre el amor hacia los pobres, publicada el pasado el 4 de octubre, en la memoria del pobre entre los pobres san Francisco de Asís.En los primeros párrafos del mensaje anuncia que no conocer a Dios, no ser testigo de Su esperanza es “la pobreza más grave”. Y explica que “existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad”.“Tú, Señor, eres mi esperanza” (cfr Sal 71,5), son las primeras palabras del mensaje del Santo Padre León XIV para la IX Jornada Mundial de los Pobres. Jesucristo, ancla de nuestra esperanza, en su paso por los caminos polvorientos de Tierra Santa, abrazó especialmente las pobrezas de quienes más sufrían, fue apoyo, sanación y vida. Mostró con su ejemplo cómo poner en práctica las bienaventuranzas, enseño a llevar una vida en coherencia y verdad, señaló injusticias abrazando a todos, enseñando perdón y reconciliación.El Papa León en su mensaje nos invita a “crear nuevos signos de esperanza que testimonien la caridad cristiana, como lo hicieron tantos santos y santas de todas las épocas”. En su exhortación hace un amplio recuento de la vivencia de la caridad cristiana, comenzando con la experiencia de los que tenían todo en común de los inicios del cristianismo, hasta las “instituciones creadas para expresar la acogida hacia los más débiles y marginados” de los últimos siglos, igual que tantas iniciativas que llevan adelante voluntariados y comunidades en la actualidad. Puso de relieve el ejemplo de “los hospitales y las escuelas” cristianas que por tantos años han sido una muestra palpable de la solidaridad de la Iglesia para con los más necesitados, sugiriendo que “hoy deberían formar parte ya de las políticas públicas de todo país”. Y que igualmente contando con “la ayuda de las ciencias y la técnica” se deberían desarrollar “políticas eficaces en la transformación de la sociedad” (Dilexit te, 97), y como lo pone de relieve, se debe dar prioridad a los más “pobres, excluidos y marginados”, “aquellos que son considerados un “descarte” de la sociedad”, trabajando por “el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad” (Dilexit te, 111).¿Quiénes son los más abandonados de la sociedad, si no los sintecho, los que no tienen donde dormir, donde apoyar la cabeza (como Jesucristo), los heridos del camino (como el que rescató el buen samaritano), los que sufren en la calle diversidad de trastornos físicos, mentales y/o sociales? Se los ha llamado “habitantes de la calle” como si esta fuera una condición natural que de alguna manera la sociedad debería aceptar o respetar. ¿Se podría pensar que quizás esa fue su decisión voluntaria? Sea cual haya sido la historia de esa persona herida o abandonada, quienes pasamos a su lado, la misma sociedad en su conjunto, no podemos blanquear nuestra conciencia con la indiferencia, ni nosotros ni la sociedad podemos quedar indiferentes. La persona que ahora se denomina “en situación de calle”, es un ciudadano “herido de la calle”, “herido de la sociedad”, un ser digno, a quien es necesario ayudarle por todos los medios a recuperar su dignidad completa.Las sociedades actuales, en sus personas y en sus instituciones, han madurado; la conciencia del deber de respetar los derechos humanos nos ha llevado inclusive a penalizar a quien no recoge un herido en la calle. Si bien es de admirar a los buenos samaritanos que actúan para atender a un herido en situación de calle, hoy en día la sociedad tiene más posibilidades para atender esas urgencias en equipo, en colectivo, activando un conjunto de recursos humanos y técnicos con una sola llamada; es loable ver cómo con diligencia llegan las ambulancias, los paramédicos, las autoridades, y se activan todos los protocolos de atención institucional. Las sociedades han madurado en su sensibilidad y en su eficacia para atender al herido en la calle. Lo agradecemos, porque en algún momento, podríamos ser nosotros mismos o un familiar o un amigo. Gracias a todos los que hacen posible esta atención humanitaria colectiva. Gracias a quienes legislaron, a quienes aprobaron presupuestos, a quienes mantienen al día todos los medios logísticos que permiten que funcionen estas atenciones de emergencia. Ahora necesitamos que esta atención diligente abarque a todos los abandonados en la calle sin distinción, sin ninguna discriminación. Que podamos reestablecerle los derechos a cada herido de la calle, a cualquier herido por cualquier situación y sin ninguna discriminación, de tal forma que pueda reintegrarse a la sociedad de forma digna y completa.El Papa dedica los últimos párrafos a la limosna, destacando el papel que ha tenido a lo largo de los siglos, anotando que quizás “no será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres” (Dilexit te, 119).Concluye su exhortación el Papa León XIV con un bello mensaje que es toda una plegaria convocante sobre lo que significa el amor cristiano, invitando a que este se irradie y actúe en toda la sociedad:“El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy” (Dilexit te, 120).Carlos Ignacio Agudelo Betancur

Mar 28 Oct 2025

Jubileo Sinodal: Papa León XIV clama por una Iglesia "acogedora para todos" y "totalmente sinodal"

El domingo 26 de octubre, durante la Eucaristía que clausuró el Jubileo de los Equipos Sinodales y Organismos de Participación, el Papa León XIV instó a superar actitudes de autosuficiencia y a construir una Iglesia basada en el servicio y la humildad, que la convierta en “un lugar acogedor para todos”. Además, dio importantes orientaciones para el camino que sigue en la implementación de las conclusiones del sínodo.Este Jubileo Sinodal, organizado por la Secretaría General del Sínodo, se llevó a cabo del 24 al 26 de octubre. Reunió en Roma a representantes de equipos sinodales de todo el mundo, incluyendo a delegados de la Iglesia colombiana, entre ellos, el padre John Mario Mesa, director del Departamento de Lugares Eclesiales para la Vivencia de la Comunión de la Conferencia Episcopal y animador del Equipo Nacional, para intercambiar experiencias sobre la implementación de la sinodalidad en las diferentes Iglesias locales.Una Iglesia que camina junta, no una suma de solitariosFrente a los fieles y representantes eclesiales congregados en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre desarrolló su homilía a partir de la parábola del fariseo y el publicano, advirtiendo sobre el peligro de que en la comunidad cristiana prevalezca el “yo” sobre el “nosotros”, generando “personalismos que impiden relaciones auténticas y fraternas”.El Pontífice subrayó que la vocación de la Iglesia es la sinodalidad, es decir, “caminar juntos”, un concepto que, si bien une aparentemente a los dos personajes del Evangelio, los encuentra en realidad profundamente divididos. “Ambos recorren el mismo camino, pero su caminar no es un caminar juntos”, explicó, criticando la actitud del fariseo, cuya oración “es solamente un espejo en el que él se mira, se justifica y se elogia a sí mismo”.Frente a este modelo, el pontífice propuso el ejemplo del publicano, cuya humildad debe ser el espejo en el que la Iglesia se mire. “Nos debemos reconocer todos necesitados de Dios y necesitados los unos de los otros”, afirmó, destacando que los equipos sinodales son precisamente la “imagen de esa Iglesia que vive en la comunión”.El rol de los Equipos SinodalesEl Papa describió a los equipos sinodales y organismos de participación como “imagen de esa Iglesia que vive en la comunión” y les dirigió un encargo específico: “ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor”.Además, se refirió a la necesidad de afrontar las tensiones propias de la vida eclesial, como las que existen “entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación”. El Pontífice afirmó que la solución no es “resolverlas reduciendo unas a otras”, sino “dejar que el Espíritu las transforme, para que se armonicen y orienten hacia un discernimiento común”.Un sueño para la Iglesia del mañanaEl Papa también hizo un llamado a “soñar y construir” un modelo eclesial radicalmente diferente. “Una Iglesia que no se mantiene erguida como el fariseo, triunfante y llena de sí misma, sino que se abaja para lavar los pies de la humanidad”, describió.El sueño del Pontífice es una Iglesia “totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y por lo tanto dedicada al servicio del mundo”. Para concluir, invocó la intercesión de la Virgen María, pidiendo especialmente que ayude a la Iglesia a “superar las divisiones internas” y a “apagar los focos de las facciones”.Evaluación y continuación del trabajo sinodalTras la clausura del Jubileo, se celebró en la tarde del domingo 26 de octubre la reunión del XVI Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo en su sede. El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y miembro del Consejo, se conectó al encuentro de manera virtual.Los trabajos, dirigidos por el cardenal Mario Grech, Secretario General, comenzaron con una evaluación del Jubileo recién concluido. El Consejo calificó la experiencia en su conjunto como "extremadamente fecunda", destacando la metodología utilizada –que alternó sesiones plenarias con trabajos en grupos lingüísticos– y la atmósfera de "fraternidad y escucha" generada.Un momento particularmente valorado, según la evaluación del Consejo, fue el encuentro-diálogo con el papa León XIV. En él, representantes de todos los continentes compartieron avances y desafíos, y el Pontífice, "sentado a la misma mesa, tomando notas y respondiendo de manera directa", ofreció lo que fue reconocido como "un signo concreto del estilo sinodal".Asimismo, el Consejo reconoció "el valor magisterial de la homilía" pronunciada por León XIV en la Misa de clausura, señalando que, junto con sus otros discursos, comienza a constituir un "corpus significativo" de su enseñanza sobre la sinodalidad.Prioridades para el futuro de la Iglesia sinodalA partir de los aportes recogidos durante el Jubileo, el Consejo identificó temas prioritarios para la continuidad del trabajo sinodal. Entre ellos se encuentran: la formación en espiritualidad sinodal, la conexión entre la escucha del Pueblo de Dios y el discernimiento pastoral, la atención a las diferentes culturas, y el acompañamiento a quienes experimentan "miedos o decepciones" con el proceso.El Consejo encomendó a la Secretaría General la elaboración de una propuesta operativa que integre estas necesidades, con el objetivo de mantener el enfoque en el camino hacia la Asamblea Eclesial de 2028. Los trabajos del Consejo se extendieron hasta la tarde del lunes 27 de octubre.

Lun 27 Oct 2025

La Conferencia Episcopal de Colombia anuncia la conformación de su nuevo Comité Teológico para el periodo 2025-2028

La Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hizo pública la designación de los siete miembros que conformarán el Comité Teológico de la institución para el próximo trienio 2025-2028. El comité, un organismo de consulta y asesoría, estará integrado por una religiosa, cuatro sacerdotes y dos laicos, reflejando la diversidad y riqueza de los carismas dentro de la Iglesia.El Comité Teológico funciona como un órgano interdisciplinario al servicio de la Iglesia Católica en Colombia, cuya misión principal es apoyar la labor evangelizadora y magisterial del Episcopado colombiano. Entre sus funciones se encuentran desarrollar consultas de orden teológico, realizar reflexiones pastorales sobre la realidad del país, fomentar el diálogo entre pastores y teólogos, y apoyar la organización teológica nacional, todo ello en coordinación con la Comisión Episcopal de Doctrina y su Departamento en el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC).Composición y proceso de designaciónEste organismo está conformado por especialistas en diversas disciplinas: teológica, pastoral, histórica y de ciencias humanas, entre otras. En línea con su naturaleza complementaria, pueden pertenecer a él sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos.Para la designación de sus miembros, la Comisión Episcopal de Doctrina y el Departamento de Doctrina realizan un riguroso proceso de selección. Los teólogos son propuestos por los mismos obispos o por las facultades de teología de las universidades del país, estudiándose minuciosamente sus hojas de vida, trayectoria y experiencia. Una vez surtida esta etapa, los candidatos seleccionados son presentados a la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, integrada por los arzobispos del país, ésta es la instancia que los ratifica oficialmente por un periodo de tres años.Integrantes ratificados y nuevas designacionesTras un proceso de selección realizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina, que incluyó el estudio de hojas de vida y trayectorias propuestas por obispos y facultades de teología, la Comisión Permanente de la CEC, ratificó la composición del comité.Fueron ratificados en sus funciones:-Padre Guillermo León Zuleta Salas: Sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, doctor en Teología y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana.-Hermana Gloria Liliana Franco Echeverri, ODN: Religiosa de la Orden de la Compañía de María, doctora en Teología y miembro de la Comisión Teológica del CELAM.-Doctor Santiago Andrés Sierra González: Laico, doctor en Teología y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana.Se designaron como nuevos miembros:-Padre Mauricio Saavedra Monroy, OSA: Sacerdote de la Orden de San Agustín, doctor en Teología y Ciencias Patrísticas. Ha sido profesor en varias universidades, incluido el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum en Roma, y actualmente es el Provincial de Nuestra Señora de Gracia de Colombia.-Fray Jorge Ferdinando Rodríguez Ruiz, OP: Sacerdote de la Orden de los Predicadores, doctor en Teología y Educación. Se desempeña actualmente como Director de Postgrados de la Universidad Santo Tomás de Aquino en Bogotá.-Padre Uriel Salomón Salas Portilla, SJ: Sacerdote de la Compañía de Jesús, doctor en Teología Bíblica. Es profesor y Director del Departamento de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana.-Doctora Angela Patricia Cadavid Vélez: Laica, doctora en Teología, profesora de la Universidad Católica de Pereira y actual Directora del Área de Humanidades de la misma institución.

Vie 24 Oct 2025

25 años de ‘Familias Misioneras’: sembrando fe y esperanza en los hogares de la Diócesis de Sonsón-Rionegro

Con el eco del llamado universal a ser “Misioneros de esperanza entre los pueblos”, hecho durante el pasado 19 de octubre, Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), la Diócesis de Sonsón-Rionegro conmemora por estos días los 25 años de la iniciativa pastoral 'Familias Misioneras'. Este programa, que nació en la Parroquia El Señor de las Misericordias, en el municipio de El Santuario (Antioquia), es hoy un signo vivo de una Iglesia en salida que responde a ese llamado desde lo más profundo de su territorio.Una celebración en sintonía con la Iglesia UniversalEn el contexto del Mes Misionero, la celebración de aniversario no pudo ser más significativa: unió la historia local de fe con el corazón mismo de la misión universal de la Iglesia. “Estuvimos de fiesta porque perseveraron muchas familias a lo largo de 25 años y han expandido el Evangelio”, explicó el padre Renzo Martínez, Delegado Episcopal para la Animación Misionera.La Eucaristía fue presidida por monseñor Fidel León Cadavid Marín, obispo diocesano. Durante la homilía, resaltó que las 'Familias Misioneras' son “semilla de comunión, testimonio de amor y signo visible de una Iglesia en salida que evangeliza desde el hogar”.Más que un grupo, una obra de animación misionera'Familias Misioneras' no es una asociación o movimiento más, es una obra de propagación de la fe que presta un servicio de animación misionera a toda la Iglesia. Su objetivo es formar familias que sean misioneras en su interior, en su comunidad local y hacia todas las personas.“Este programa consiste en ver a la familia como una célula vital para la evangelización de otras familias”, explica el padre Martínez. “Para los cristianos y bautizados, ser cristiano exige ser misionero. Está en el ADN propio, es decir, compartir la experiencia del encuentro con Cristo”. Y agrega: “Si queremos un ciudadano de bien, hay que mirar cómo se educa al niño. Estaremos edificando al hombre del mañana”.Un método que transforma: del hogar al mundoEl programa ofrece un camino concreto de formación y acción. Martha Oliva Salazar, una de las fundadoras, describe la metodología: “Se evangeliza primero dentro del hogar. Tenemos un día semanal donde compartimos una comida especial, colocamos la Palabra de Dios, el Rosario, una luz y conversamos con los hijos sobre el amor de Dios”.Luego, la misión se expande a todo el territorio diocesano. “Nos pide que salgamos a la comunidad, que es nuestro vecino. Vamos, le hablamos de Dios, le leemos la Palabra, rezamos un rosario y compartimos un alimento”, añade Martha. Este sencillo pero profundo gesto ha sido semilla de numerosas conversiones y reconciliaciones.Testimonios de transformaciónEl poder transformador de 'Familias Misioneras' se ve en historias como la de Ángela Janeth Orozco. “Inicié Familias Misioneras a los seis años de haber construido mi relación. Mi esposo era un hombre de mucho mundo...Licor, peleas”, recuerda. A través del acompañamiento constante de integrantes de esta obra misionera, y “con mucha oración y paciencia”, Ángela logró que su esposo se acercara a la fe y transformara su relación. “Ahora sí, Eucaristía como debe ser, confesión, comunión y a formar a mis niños”, enfatiza.Marta Jaramillo, otra pilar del programa junto a su esposo, destaca el trabajo de consejería y acompañamiento que realizan: “Encontramos conflictos familiares, dificultad para la convivencia...Hemos hecho varios procesos para que parejas que llevan muchos años en unión libre regularicen su situación sacramental”.Frutos que se multiplican en el territorioDe las diez familias fundadoras, el programa ha dado frutos abundantes. Hoy existen grupos de oración, escuelas de evangelización, el Rosario de casa en casa y un Centro de Escucha en unión con la Pastoral Familiar. “Son ramitas que se han desprendido de Familias Misioneras”, comenta Marta Jaramillo.La celebración de estos 25 años, que incluyó una Asamblea Familiar y una Eucaristía de acción de gracias, contó con la presencia de la Secretaria Nacional de la Obra de la Propagación de la Fe, la hermana Patricia Llano, y del presidente nacional de Familias Misioneras, José Benjumea, quienes destacaron la trayectoria de este movimiento que ha formado generaciones de familias evangelizadoras al servicio de la Iglesia. Un acontecimiento que permite seguir estrechando el vínculo entre la misión local y el servicio misionero universal.'Familias Misioneras' se ha convertido un faro de esperanza que, desde el corazón de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, demuestra que la familia, evangelizada, se convierte en la mejor evangelizadora, respondiendo con creces al llamado del DOMUND y construyendo, día a día, el Año Jubilar de la Esperanza.“Amar a la familia. Primero amemos a nuestra familia…Segundo, la riqueza que tenemos como familia, el tejido humano cristiano, compartámoslo con los demás. Qué bonito es que la familia esté en salida”, son las invitaciones que hace el padre Renzo Martínez a las demás familias del país.Vea a continuación el informe audiovisual:

Vie 24 Oct 2025

Libertad religiosa en Colombia: entre los avances legales y los desafíos en la práctica

Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - La existencia de diversas religiones, que se hacen presentes en una sociedad, pretendiendo no perder la identidad propia de cada una, y exigiendo el derecho de poder manifestar sus propias prácticas, da paso al concepto y al derecho de libertad religiosa. La Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en París, el 10 de diciembre de 1948, en su promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, establecía en el artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.Este artículo 18 establece tres libertades, la de pensamiento, libertad de cada persona para formar sus propias ideas y opiniones sobre la realidad y la vida, la de conciencia, libertad para a actuar o no actuar de acuerdo con los propios principios morales, sin ser forzado por otros y la de religión, que podríamos llamar también de creencia, es la libertad de profesar una religión, que a su vez, el articulo la extiende bien sea a cambiar de religión, o de expresarla de manera individual o colectiva, y en público o privado, pero también aparece los elementos de la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.En el posterior desarrollo del derecho de libertad religiosa es importante el aporte de la Iglesia Católica Romana, el cual ayudara a la aplicación del mimo en el ordenamiento jurídico de muchos países.En la Declaración DIGNITATIS HUMANAE, del Concilio Vaticano II, sobre la libertad religiosa, que fue aprobado el 7 de diciembre del año 1965 (pronto cumplirá 60 años), se dice que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos.Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil. Estas palabras del Concilio son un fundamento claro, para que muchos países en su legislación incluyeran el derecho a la libertad religiosa.Un punto que me parece muy importante en esta declaración es el de la promoción de la libertad religiosa. La protección del derecho a la libertad religiosa concierne a los ciudadanos, a las autoridades civiles, a la Iglesia y demás comunidades religiosas, según la índole peculiar de cada una de ellas, teniendo en cuenta su respectiva obligación para con el bien común.Por eso es obligación de la autoridad civil:•Tomar eficazmente a su cargo la tutela de la libertad religiosa de todos los ciudadanos con leyes justas y otros medios aptos.•Facilitar las condiciones propicias que favorezcan la vida religiosa, para que los ciudadanos puedan ejercer efectivamente los derechos de la religión y cumplir sus deberes,•Proveer a que la igualdad jurídica de los ciudadanos, que pertenece también al bien común de la sociedad, jamás, ni abierta ni ocultamente, sea lesionada por motivos religiosos, y a que no se haga discriminación entre ellos.•No imponer a los ciudadanos, por la fuerza, o por miedo, o por otros recursos, la profesión o el abandono de cualquier religión, ni impedir que alguien ingrese en una comunidad religiosa o la abandone.Así mismo es importante tener en cuenta, que el derecho a la libertad religiosa, como los demás derechos, no es absoluto y por eso tiene sus límites y debe ser regulado, y esa es una de las obligaciones de la autoridad civil. El derecho a la libertad religiosa se ejerce en la sociedad humana y, por ello, su uso está sujeto a normas que lo regulan.Se debe observar el principio moral de la responsabilidad personal y social: en el ejercicio de sus derechos, cada uno de los hombres y grupos sociales están obligados por la ley moral a tener en cuenta los derechos de los otros, los propios deberes para con los demás y el bien común de todos. Con todos hay que obrar según justicia y humanidad.En la legislación colombiana, el termino de libertad religiosa será introducido por la Constitución Política de Colombia, que en su Título II, Capítulo 1, enumerando los derechos fundamentales, dice en su artículo 19: Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. La redacción de este articulo habla de libertad de cultos. El culto se entiende como manifestación externa a la divinidad, sin embargo, la constitución comprende dentro de esta libertad, el derecho de toda persona a profesar libremente su religión y a difundirla de manera individual o colectiva. A mi parecer, cuando se redactó este artículo, la asamblea constituyente estaba recordando lo que ya la Asamblea General de las Naciones Unidas, había dicho en su promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.Si nos fijamos en ambas redacciones, encontramos elementos comunes, pero como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es anterior a la Constitución Política de Colombia, por eso reafirmo, que, a mi manera de ver, el articulo 18 fue un elemento inspirador para la redacción del artículo 19 de nuestra Constitución.Me llama la atención un detalle, aunque la Constitución del 91 establece la libertad de cultos, ya el 12 de julio de 1973, cuando se firmó el Concordato entre Colombia y la Santa Sede, y que luego el 18 de diciembre de 1974 fue aprobado por el Congreso de la Republica como Ley, se hablaba ya de una libertad religiosa, el texto dice: El Estado garantiza a la Iglesia Católica y a quienes a ella pertenecen el pleno goce de sus derechos religiosos, sin perjuicio de justa libertad religiosa de las demás confesiones y de sus miembros lo mismo que de todo ciudadano. De alguna manera este texto nos deja entrever que el termino de libertad religiosa no es una novedad cuando aparece en la Constitución, aunque si debemos tener claro el hecho de que sea reconocido oficialmente como un derecho fundamental. Posterior a la Constitución del 91 y como una forma de garantizar el derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos, se crea la ley 133 de 1994 que se conoce como Ley Marco de Libertad Religiosa y de Cultos. Esta ley busca garantizar el ejercicio de este derecho de forma igualitaria para todas las religiones y confesiones, así como establecer las bases para su reconocimiento y protección por parte del Estado.Resalto en esta ley el artículo 2 que dice: Ninguna Iglesia o Confesión religiosa es ni será oficial o estatal. Sin embargo, el Estado no es ateo, agnóstico, o indiferente ante los sentimientos religiosos de los colombianos. El Poder Público protegerá a las personas en sus creencias, así como a las Iglesias y confesiones religiosas y facilitará la participación de éstas y aquellas en la consecución del bien común. De igual manera, mantendrá relaciones armónicas y de común entendimiento con las Iglesias y confesiones religiosas existentes en la sociedad colombiana.Otro punto de especial relevancia en esta ley es el encargo que se le hace al Ministerio de Gobierno, hoy Ministerio de Interior, de reconocer personería jurídica a las Iglesias, confesiones y denominaciones religiosas, sus federaciones, y, confederaciones y asociaciones de ministros, que lo soliciten. De igual manera, en dicho Ministerio funcionará el Registro Público de entidades religiosas. Esta ley es un gran avance en el establecimiento, de manera práctica, del derecho de libertad religiosa y de cultos.En este orden de ideas, llegamos al Decreto 437 de 2018, que conocemos como la Política Pública Integral de Libertad Religiosa y de Cultos. Esta es una estrategia del gobierno para garantizar el derecho a la libertad de religión y de culto en Colombia, promoviendo el respeto a la diversidad religiosa y la participación de las comunidades religiosas en la sociedad.El objetivo de la política es brindar garantías para el ejercicio del derecho de libertad religiosa y de cultos en Colombia. Con esta política pública se busca asegurar que todas las personas puedan profesar libremente su religión o creencia, o no profesar ninguna, y difundirla individual o colectivamente, sin discriminación. Se reconoce y valora la pluralidad de creencias religiosas presentes en el territorio, promoviendo la convivencia y el diálogo entre diferentes confesiones.En la aplicación del Decreto sobre PPILRC, desde 2018 hasta hoy, se ha hecho evidente en la creación de algunos entes, mecanismos y procesos como:•La Dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior•El registro publico de entidades religiosas, en la cual, ya se han entregado alrededor de 11.000 personerías jurídicas a entidades religiosas.•Mesa Nacional del Sector Religioso•Comités (o Mesas) del Sector Religioso a nivel nacional, departamental, distrital y municipal•Comité Nacional (y subcomités) de participación y diálogo social e intersectorial de Libertad Religiosa•Mapeo y caracterización del sector religioso•Banco de iniciativas interreligiosas•Observatorio contra la discriminación y estigmatización por motivos religiosos•Celebración de convenios de derecho público interno con entidades religiosas•Mesa Interinstitucional para el análisis de la conexidad entre el derecho a la educación y la libertad religiosa y de cultos•Mesa para el reconocimiento y fortalecimiento del aporte a la paz, el perdón y la reconciliación, de las entidades religiosas y sus organizaciones•Mesa de Diálogo entre la Iglesia Católica y el Ministerio del Interior, reconociendo el status de la Iglesia por la existencia del Concordato.La situación actualCuando observamos lo que han sido los avances en el tema de libertad religiosa en la legislación colombiana, a diferencia de muchos otros países, podemos decir que en Colombia existen las garantías necesarias para la expresión religiosa, tanto a nivel individual como colectivo y tanto en público como en privado.Pero, no podemos desconocer que la realidad de la libertad religiosa en Colombia, como también en la vivencia de las demás libertadas, hay hechos que, de alguna manera afectan, no tanto la libre expresión de esta realidad, como sí la vida misma de sus ministros o de sus adeptos o fieles en concreto.Me refiero a que no es desconocido que, la grave situación de violencia y de inseguridad que vivimos en el país y que, por supuesto como personas nos toca a todos, afecta también a las distintas entidades religiosas. Hemos conocido en este sentido las agresiones o inclusive muerte de lideres religiosos, que no obedecen necesariamente a persecución religiosa, sino a motivos conexos con la inseguridad y la violencia, como una muerte por un intento de robo, o por extorsión o por denuncia de delitos, incluso por motivos meramente personales. Si bien es cierto que es posible que en los detalles del caso haya sido por su liderazgo religioso no es una percusión como tal a la denominación o a la entidad religiosa. Pero también es cierto que han existido hechos relacionados tal vez con la intolerancia, como fue el caso el año pasado de la destrucción de imágenes religiosas en el nordeste y el bajo cauca antioqueño, o también las quejas que se conocen por diferencias e intolerancias entre las mismas entidades religiosas por la utilización de apelativos o términos que pueden sonar como discriminatorios, como cura falso o iglesia falsa, etc…Todos estos fenómenos se dan en una realidad compleja, en la que a veces los intereses personales, pero también el corazón del nombre que se deja permear por la ilegalidad y hasta la deshonestidad, se imponen sobre los intereses colectivos, inclusive dentro de las mismas entidades religiosas, haciendo que problemas particulares se generalicen, promoviendo la intolerancia y la violencia que termina afectando la misma libertad religiosa.Pbro. Carlos Guillermo Arias JiménezDirector del Departamento de Promoción de la Unidad y el DiálogoConferencia Episcopal de Colombia