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Paz

Dom 20 Sep 2020

Mons. Jaime Prieto: El amigo, el pastor, el visionario y defensor de los DD.HH.

Por: Mons. José Figueroa Gómez - Agradezco a todas las personas que me solicitaron un artículo con ocasión de los 10 años da la partida de Monseñor Jaime Prieto Amaya al encuentro definitivo con nuestro Padre Dios. De verdad que expresar todo lo que siento, no es fácil; pues fueron tantos años de compartir experiencias que, sin lugar a dudas, fueron las que me permitieron crecer en la fe y en la entrega a la comunidad como él lo hizo. Al hablar de Monseñor Jaime, habría muchos elementos para compartir; pues todos los que lo conocimos supimos de su rica personalidad, su entrega desinteresada a la comunidad y su gran sabiduría para sortear los distintos momentos difíciles que afrontó. Quisiera compartir tres valores que para mí, personalmente, fueron verdaderamente iluminadores; Monseñor Jaime Prieto Amaya: el amigo, el pastor y el visionario y defensor de los derechos humanos. Monseñor Jaime el Amigo Yo conocí a Monseñor Jaime unos días antes de su consagración episcopal en diciembre de 1993; cuando unos sacerdotes de la Diócesis de Barrancabermeja; el padre Arturo Garzón, el padre Gabriel Ojeda, el padre Floresmiro López, el padre Ernesto Silva y mi persona; fuimos a saludarlo a Facatativá con motivo de su nombramiento para Barrancabermeja, en ese momento él era Vicario General de la Diócesis y Párroco de la Catedral de la Diócesis de Facatativá. Desde ese primer momento de encuentro con él pude percibir la calidad de persona que era; fue personalmente al Aeropuerto El Dorado a recibirnos en su vehículo personal y nos llevó a la casa cural de la Catedral de Facatativá, allí estuvimos todo el día con él. Le pudimos compartir algunos aspectos generales de la Diócesis. Y él nos hizo muchas preguntas muy encaminadas al plan de pastoral que nosotros seguíamos. Inmediatamente percibí en él una personalidad de gran cercanía humana y de gran profundidad de pensamiento. Su estilo bogotano lo llevaba a ser de un humor agudo y agradable y al mismo tiempo una persona de pensamiento amplio y profundo. Ya una vez fue consagrado Obispo y llegó a Barrancabermeja a comenzar la novena de navidad, de ese año de 1993, comenzamos una relación de amigos, de hermanos y sacerdotes. Yo había sido administrador diocesano en 1993 y prácticamente a mí me correspondió entregarle la Diócesis en ese diciembre de ese mismo año. El inmediatamente me ratificó como Vicario General de la Diócesis y ahí comenzamos esa relación de hermanos y amigos. Monseñor Jaime, no gustaba mucho el título de padre para con los sacerdotes; él prefería el título de hermano y realmente siempre se comportó con nosotros como un hermano. Así yo lo vi siempre, el hermano mayor que con su cariño, su preocupación y su entrega generosa a la comunidad me indicaba el camino para desarrollar la pastoral. Fue un hombre de una sensibilidad exquisita y de una cercanía verdaderamente admirable, yo le fui presentado algunas personas y familias de la Parroquia de la Inmaculada, donde yo era párroco, e inmediatamente fue entrando en un ambiente de familiaridad y fraternidad verdaderamente admirables. Era feliz cuando se le invitaba a festejar el cumpleaños de cualquiera de esas personas y gozaba haciendo bromas a niños y adultos; su personalidad sencilla y sincera lo caracterizo para ser persona cercana y querida de todos. Monseñor Jaime el Pastor Esa personalidad sencilla, sincera y cercana la puso al servicio del Señor y por eso se convierte en un gran pastor para Barrancabermeja. Fue el hombre que recorrió permanentemente todo la Diócesis desde Betulia hasta Vijagual y desde Puerto Berrio hasta El Carmen; en esos 15 años de permanencia no se le quedo ninguna población ni vereda sin visitar. Su celo apostólico lo llevó siempre a ser un gran evangelizador: con palabras y con obras; sus predicaciones siempre estuvieron muy acompañadas de acciones concretas, siempre mantuvo una preocupación por los más pobres, marginados y desplazados, y a través de la pastoral social de la Diócesis se hacía presente en todas estas comunidades. Su celo apostólico era fruto de su espiritualidad profunda; su rato de oración en la mañana era intocable, siempre decía a los que éramos cercanos que ese rato no se lo interrumpiéramos; luego la Eucaristía era la centralidad de su vida; tuve la oportunidad de acompañarlo casi todos los días a celebrar, pues desde que estuviera en Barraca celebraba siempre en la catedral y sus predicaciones eran reflejo de su encuentro con Jesús. Su actividad diaria era una prolongación de esa Eucaristía, pues las palabras de la consagración marcaban su accionar: “este es Mi cuerpo, que se entrega por ustedes”. Esa fue la vida de él, una entrega permanente a los demás, una entrega sencilla y generosa a los más necesitados, una preocupación permanente por la defensa de los derechos humanos; me acuerdo que nunca faltaba a esas marchas del 1 de mayo y en varias oportunidades era quien dirigía la palabra y todo ello era efecto de su compromiso con el Evangelio. Era persona que encarnaba el Evangelio: que con sus palabras y acciones, transparentaba las palabras y acciones de Jesús. Otro momento profundo de su espiritualidad fue la consagración episcopal mía, puedo decir que el gozó tanto esa celebración, como la gocé yo; todos los detalles de dicha celebración fueron preparados, minuciosamente, por él y el sentir yo sus manos sobre mi cabeza será un gesto que jamás podré olvidar: por sus manos me consagraba sucesor de los Apóstoles para servicio de mis hermanos en Granada (Meta). Todos esos detalles reflejan la profundidad de vida espiritual, que vivió Monseñor Jaime. Monseñor Jaime, el Visionario y Defensor de los Derechos Humanos Algo que siempre le admire a Monseñor Jaime fue su capacidad de visionar. Él fue un hombre de formación en sociología y seguramente esos estudios lo capacitaron para ser un gran conocedor y crítico de la realidad, pero al lado de esos conocimientos académicos, él tenía una intuición natural para conocer y analizar los distintos problemas y situaciones que la vida le presentaba. Algo que me impresionaba mucho era como cuando había conflictos en Ecopetrol lo buscaban como mediador, tanto la USO como la Presidencia de Ecopetrol, porque tenía siempre una palabra acertada y sabia para la resolución de los conflictos. Por otra parte el análisis de los aspectos políticos y sociales del país, lo llevaban siempre a tener una actitud crítica frente a los problemas sociales. Frente a la pastoral nos insistía mucho en una “Iglesia en salida”, como nos ha insistido el Papa Francisco, una Iglesia que salga de las sacristías y vaya en ayuda de los más necesitados, por eso fue un gran animador del “P.D.R.E.” (Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización) y nos enseñó, a nosotros los sacerdotes, a valorarlo e impulsarlo. Gracias a este Proceso la Diócesis tuvo un crecimiento notable en todas las dimensiones pastorales y sociales; Monseñor Jaime fue un gran defensor de los derechos humanos y al estilo de los verdaderos profetas, no pocas veces sufrió las críticas e incomprensiones de algunos hermanos Obispos. Fue el gran ideólogo y animador del Programa Desarrollo y Paz de Magdalena Medio, que junto con el padre Francisco de Roux (SJ) lo llevaron adelante en el Magdalena Medio y se convirtió en modelo para que otros programas de desarrollo y paz fueran implementados en distintas partes del país. La vida y obra de Monseñor Jaime —sin duda alguna— marcó la historia de Barrancabermeja, su voz profética en esos momentos de la incursión del paramilitarismo fue la voz de la esperanza, para tantos hombres y mujeres que sufrieron el desplazamiento la guerra y la pobreza. Pedimos al Dios de la vida, que la persona de Monseñor Jaime, siga siendo para los que tuvimos la fortuna de conocerlo una luz que nos anima a seguir construyendo caminos de justicia, reconciliación y paz. + José Figueroa Gómez Obispo de la Diócesis de Granada (Meta)

Sáb 19 Sep 2020

Iglesia en el Cauca hace llamamiento a la paz y al diálogo

Ante los preocupantes hechos de violencia que aquejan en estos territorios del Cauca, el Arzobispo emérito y Administrador Apostólico de Popayán, Iván Marín López, hizo un llamamiento a la paz, al diálogo y a la escucha, para que se respete la vida de las comunidades que habitan esta región caucana. "Todos como una gran familia navegando en la misma barca, tenemos que implorar al Señor nos dé el don de la sabiduría para hacer los discernimientos necesarios y buscar el bien común; el don de entendimiento, buscar la comunión, por medio de la oración y suplicar al Señor que nos libere de las tempestades de la intolerancia, del odio, la violencia y el resentimiento", expresó el prelado. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar comunicado[/icon]

Lun 7 Sep 2020

En tiempos de pandemia también se construye la paz

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro - La primera semana de septiembre se ha institucionalizado en Colombia como la Semana por la Paz. Durante estos duros días por la pandemia del COVID-19, se han hecho notar muchos rasgos esperanzadores del ser humano: la generosidad, la solidaridad, el heroísmo de los servidores de la salud y otros sectores sociales, entre otros. Pero también se han evidenciado preocupantes signos oscuros que nos interpelan y tienen que movilizar para mejorar. Numerosos hechos violentos revelan el aumento de la agresividad en las personas: violencia intrafamiliar, contra las mujeres, los niños, asaltos callejeros, a establecimientos de comercio, a peatones y usuarios de bicicletas, masacres perpetradas por distintos grupos armados contra sectores específicos de la población como jóvenes, líderes sociales, comunidades indígenas, muestran que no solo se ha multiplicado exponencialmente el contagio del COVID-19 sino también el muy triste y mucho más letal de la violencia. Por ello nos viene bien hacer esta semana una buena lectura del mensaje que el Papa Francisco nos regaló para la jornada mundial de la paz que se celebra todos los 1 de enero: «La paz como camino de esperanza: diálogo reconciliación y conversión ecológica» Mientras circula toda clase de informaciones que infunden desconcierto y confusión y muchos líderes locales y globales parecerían estimular sentimientos que infunden animadversión hacia otras regiones y naciones, el Papa hace un llamado a la esperanza, perseverando en tender puentes y espacios de diálogo reconciliador. Si bien cuando vio la luz el mensaje del Papa publicado el 1 de enero aun no nos encontrábamos en medio de la pandemia, sus palabras son oportunas: «la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables» (Francisco, 53 Jornada Mundial de la Paz, enero 1 de 2020). El Santo Padre deja claro una de las causas que alimentan los conflictos y violencias: «nuestro mundo vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo» (JMP, 2020). ¿Cómo romper el miedo que mantienen a las sociedades inmersas en círculos de violencia en muchos niveles? El Papa Francisco plantea la vía de la fraternidad: «basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto» (JMP, 2020). Si algo tenemos que aprender de esta pandemia, nos lo recordó el Papa el 27 de marzo, es que todos somos igualmente vulnerables y que en las manos de todos, remando juntos, esta la salida a la crisis. Este razonamiento podemos también ponerlo para otras dificultades, como las de la violencia fratricida que vivimos en nuestro país. Estos días de confinamientos y mucho tiempo para pensar, vayamos a lo profundo de nuestra conciencia y redescubrámonos como hermanos, ni iguales ni perfectos, pero todos hijos de una misma tierra: en nuestras manos está hacer de esta una nación donde haya espacio y posibilidades de vida digna para todos o seguir tercamente viéndonos como enemigos y tiñendo cada centímetro cuadrado de la patria con sangre de hermanos. ¿Ansiamos la vacuna para liberarnos del Coronavirus? En nuestras manos ya tenemos el antídoto para nuestra larga historia de violencia: cultivar la paz por el camino de la esperanza, en diálogo honesto y fraterno, asumiendo cada uno su propia parte de responsabilidad. Finalmente, al tiempo con la Semana por la Paz, tenemos la jornada de las migraciones. En esta ocasión el Santo Padre nos convoca a recordar que como tantos hermanos y hermanas nuestras deben dejar su tierra para buscar un mejor porvenir en tierras extrañas, Jesús tuvo que refugiarse con su familia en Egipto cuando apenas era un bebé. Y desde esta perspectiva, una vez más nos convoca para acoger, promover e integrar a los migrantes y desplazados internos. + Juan Carlos Cárdenas Toro Obispo Auxiliar de Cali Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM

Vie 4 Sep 2020

Comunicado de la provincia eclesiástica de Cali

Ante los grandes desafíos que trae la pandemia del Covid-19, los obispos de la provincia eclesiástica de Cali, integrada por las jurisdicciones de Cali, Palmira, Cartago, Buga y Buenaventura, se pronunciaron frente a algunos aspectos que requieren especial atención durante este mes de septiembre. Son ellos: El desempleo, el cuidado de la casa común, la Paz, los migrantes, la realidad de los centros penitenciarios, entre otros. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar comunicado[/icon]

Vie 17 Jul 2020

Comunicado de prensa de la Conferencia Episcopal de Colombia

Comunicado de prensa de la Conferencia Episcopal de Colombia [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar comunicado[/icon]

Jue 25 Jun 2020

CCN proyecta formación virtual en cultura de paz territorial

Con el objetivo de dar continuidad al acompañamiento y formación desde los territorios en temas de cultura de paz; reconciliación; construcción de la memoria histórica; diálogo social; entre otros, teniendo como eje transversal la comunicación, la Comisión de Conciliación Nacional (CCN) realizará un nuevo ciclo formativo y de investigación entre julio y noviembre del año en curso. Los procesos pedagógicos se desarrollarán de manera virtual con la participación de líderes y lideresas sociales, étnicos y campesinos; víctimas; excombatientes; periodistas; docentes y agentes pastorales de diferentes regiones del país profundamente afectadas por el conflicto armado. Entre las acciones formativas previstas se encuentran: - Diplomado en herramientas para la construcción de una cultura de reconciliación y paz territorial. Se llevará a cabo en ocho jurisdicciones eclesiástica de Colombia: diócesis de Yopal, Riohacha, Sincelejo, Istmina-Tadó, Apartadó, San José del Guaviare y arquidiócesis de Florencia e Ibagué. - 16 talleres de comunicación para la reconciliación y la paz. - Investigación de construcción colectiva con las comunidades, a fin de identificar y contextualizar las principales causas generadoras de conflicto armado en las diversas regiones y las iniciativas de reconciliación y paz que, desde allí, se adelantan como respuesta a estas problemáticas. Con estos encuentros pedagógicos, adelantados de la mano de las jurisdicciones eclesiásticas y gracias al apoyo de organizaciones de cooperación internacional como Adveniat y la Embajada de Noruega en Colombia, la Comisión de Conciliación Nacional, estructura de Iglesia Católica, aporta a la toma de conciencia por el respeto de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario y apoya una educación integral para la convivencia pacífica, a partir de la formación en herramientas que permita a las comunidades incidir en el diseño de las políticas públicas de reconciliación y paz en sus territorios. Fuente: Comunicaciones CCN

Mié 17 Jun 2020

“Me hará falta el río grande de La Magdalena por su navegar tranquilo y sus horas de poesía”

Así lo expresa monseñor Camilo Castrellón Pizano, quien recientemente dejó la diócesis de Barrancabermeja, luego que el papa Francisco le aceptara la renuncia al gobierno pastoral de esta Iglesia particular. Se retira para dedicar su tiempo a la oración, al sacramento de la reconciliación, a la actualización en el tema de la psicología, que dejó por su trabajo pastoral y, además, estará acompañando y asesorando parejas en procesos de separación. En diálogo con la oficina de comunicaciones de la Conferencia Episcopal, el obispo saliente cuenta algunos de los momentos pastorales vividos a lo largo de sus 19 años de ministerio episcopal, ejercidos en las diócesis de Tibú y Barrancabermeja. Anunciar la Buena Nueva de Jesús, legado que deja a su sucesor Revela que durante su ministerio tuvo claro que su tarea era la de anunciar la Buena Nueva de Jesús y eso lo ha hecho visible trabajando por los más pobres, vulnerables y últimos de la sociedad, especialmente apoyando procesos de construcción de la paz. Estas acciones, apunta el prelado, se han visto materializadas “gracias al trabajo en equipo, marcado con una presencia activa de los sacerdotes, la vida consagrada, los laicos, con un discernimiento constante de la realidad y una iluminación desde la Palabra de Dios, el Magisterio de la Iglesia y las ciencias sociales. Toda la elaboración del proyecto pastoral diocesano, partió siempre de la base y no del vértice, cuya misión fundamental de éste era apoyar a las parroquias y vicarías”. El plan pastoral, explica, estuvo “centrado en la persona del Señor Jesús y en la reconciliación como camino para la paz”, razón por la que destaca el trabajo hecho con los jóvenes y las familias dejando como resultado la construcción y fortalecimiento de las “comunidades eclesiales de base”, entendidas como grupos de personas donde sus integrantes se conocen, comparten su vida, celebran su fe y se ayudan mutuamente para vivir plenamente su compromiso en la construcción del Reino de Dios. En materia de relaciones con otras instancias, el obispo saliente subraya que, a pesar de las diferencias de pensamiento, la Iglesia siempre ha mantenido buena comunicación, diálogo e independencia con los gobiernos tanto nacional, departamental y local, con las fuerzas militares y de policía, con los medios de comunicación social, con las organizaciones civiles, con los grupos y movimientos de derechos humanos, con los diálogos pastorales con los grupos alzados en armas y con los líderes y lideresas de las comunidades, hecho que ha permitido abrir caminos de reconciliación y paz que favorecen sin lugar a dudas a las comunidades. Caminando de la mano con los más pobres y desprotegidos Frente a las distintas realidades sociales que se perciben en estos territorios, acompañadas por una gran riqueza natural, la calidez de sus gentes, sus comunidades, pero también marcados por la desigualdad, la pobreza, el narcotráfico, los grupos alzados en armas, en fin, una serie de factores que marcan un panorama de mucha complejidad, el obispo emérito de Barrancabermeja destaca que para analizar estos ambientes se partió de un proceso de discernimiento “donde nos preguntábamos cómo estaba trabajando Dios en la situación que se nos presentaba, para ayudarle a llevar adelante su plan de salvación”. Esto, afirma, siempre fue soportado desde una lectura del análisis de la realidad e iluminado por el Evangelio, las ciencias sociales, el Magisterio Pontificio y la Doctrina Social de la Iglesia. “Para la toma de decisiones teníamos un material de apoyo con unos principios fundamentales: la constitución del ser humano que encuentra en Cristo el hombre nuevo y le ofrece su realización más plena, la centralidad de la persona humana como un ser que anda, que peregrina, como un ser viático, sujeto de su propia historia, la persona humana, fundamento y fin del orden social”, añade. Así, pues, resalta que “estos principios se entrelazaban transversalmente con: las opciones de una Iglesia en salida, la cultura del encuentro, la centralidad en los pobres, la reconciliación y la paz”. Habló fuerte denunciando las injusticias Resalta la tarea de sus antecesores quienes siempre fueron claros en denunciar las injusticias y anunciar el Evangelio con miras a la construcción de una nueva sociedad. Por eso, subraya que “tanto en la diócesis de Tibú como en la de Barrancabermeja tuve muy claro que el anuncio y la denuncia eran parte inseparable del ministerio episcopal y en ambas jurisdicciones había una memoria y un trabajo muy fuerte de mis antecesores (…) Especialmente en Tibú, soy consciente que mis denuncias, que fueron muchas y frecuentes, incomodaron al establecimiento y a los grupos al margen de la ley. En tres oportunidades, supe después, que habían tomado la decisión de secuestrarme con fines de una ejecución sumaria”. Recuerda cómo, durante su trabajo pastoral en la diócesis de Tibú, los medios de comunicación privados le fueron esquivos a la hora de realizar denuncias. Éstas – explica-, se tenían que hacer a través de la emisora diocesana o en el púlpito durante las eucaristías; era así como particularmente las víctimas o sus familiares sentían la cercanía y el apoyo de la Iglesia. “Un caso, entre muchos, ilustra lo dicho: en una celebración del Sábado Santo, en la noche, en la Iglesia Catedral, al terminar la Vigilia Pascual, una muchacha muy asustada y escondiéndose de la gente, me dijo que durante la misa un grupo al margen de la ley se había llevado a un joven. Llamé, inmediatamente, al vicario general y salimos para donde sabíamos que conocían el secuestro y exigimos devolver al instante al joven. A los pocos minutos estaba libre. Al día siguiente, hice la denuncia pública”, afirma. También recuerda acontecimientos especiales vividos en la diócesis de Barrancabermeja. Allí la voz del obispo ha sido siempre respetada y es considerado como un líder espiritual, desde tiempos de monseñor Bernardo Arango, pasando por monseñor Juan Francisco Sarasti y, particularmente, por monseñor Jaime Prieto, quienes fueron voz autorizada, libre e iluminadora de la realidad social en estos territorios. Nostalgia de dejar estos territorios Expone que su salida le trae nostalgia, pero también tiene claro que su formación con la comunidad Salesiana le enseñó a ser un ciudadano del mundo y, por lo tanto, siempre estará en actitud de salida y, al mismo tiempo, “con los pies firmes en el presente y convencido que el Señor, en el nuevo lugar de mi estadía, me tiene una misión particular”. “Estoy muy agradecido y voy a extrañar al magnífico equipo de la curia diocesana, conformado por sacerdotes, religiosas y profesionales, hombres y mujeres que me acompañaron durante estos años, con amistad y profesionalismo, lo mismo que a quienes fueron los conductores del carro del obispo, compañeros de largos recorridos y al personal de servicios que trabaja en la casa del obispo por su sencillez, servicio, dedicación y su compromiso; también a los fieles de las parroquias (...)Tuve una relación muy fluida con la academia, con los profesionales y una cercanía especial con las víctimas de la violencia, con quienes fortalecimos lazos de amistad y solidaridad, que necesariamente voy a extrañar (…) También extrañaré al equipo humano del Secretariado Permanente de la Conferencia Episcopal por su cercanía, amabilidad, profesionalismo y capacidad de servicio. Concluye su entrevista, agradeciendo las sólidas amistades que se fueron tejiendo a lo largo de su episcopado, resaltando sobre manera a aquellas personas que le ayudaron en la construcción de una mejor sociedad y que creyeron en él como obispo. Y, así como le “hará falta el río grande de La Magdalena por su navegar tranquilo y sus horas de poesía”, también él dejará un vacío en quienes lo acompañaron en su paso por Barrancabermeja.

Sáb 18 Ene 2020

Artista colombiano que transformó los cilindros de guerra en semillas de paz

La vida Freddy Javier Rojas Castañeda tuvo un vuelco inimaginable, luego que un ataque guerrillero destruyera su casa en el año 2001, en Saravena, en el departamento de Arauca, región de la Orinoquia colombiana, con un artefacto del cual hoy saca máximo provecho para promover la paz y la reconciliación, un cilindro de gas. Lo que en un primer momento significaba una desgracia, el joven artista –en ese entonces cursaba su carrera en artes en la Universidad Nacional– se convirtió en una oportunidad para curar las heridas de la guerra. De la mano de la Comisión de Conciliación Nacional (CCN) de la Iglesia colombiana, Rojas relata que le ha tocado vivir un proceso de resignificación, porque “obviamente es un hecho que narra una situación particular en un municipio de Colombia, pero también es el reflejo de otros municipios del país que han sido afectados por la guerra”. Con estos cilindros, el artista, quien también es hijo de los fundadores de Saravena, quiere convertir estos instrumentos de guerra en semillas de paz para que “sean objetos que inviten a la contemplación y a la reflexión en el sentido de la no repetición de estos sucesos, sino que sean artefactos mensajeros de esperanza”. Reconstrucción de la memoria “Saravena es un municipio joven, tan sólo con 45 años de fundado”, cuenta Joaquín Ramírez, párroco en esta zona, quien fue testigo de primera mano en el proceso artístico de Freddy. Tiene 12 años de ordenado y desde entonces ha acompañado a sus propios vecinos en la construcción de espacios para la paz. Le toco vivir en carne propia el fragor de la violencia, cuando tan sólo cursaba 10° año de la escuela secundaria presenció la primera explosión con los cilindros usados por los guerrilleros. “Mis compañeros y yo, estábamos ahí cerca del parque cuando la guerrilla tiró el primer cilindro y esto fue un acontecimiento extraordinario porque ya la guerra pasó del campo al pueblo”, rememora al punto que desde entonces hasta el sol de hoy sigue latente el temor. Con tan pocos años de poblado, en Saravena los cilindros de la guerra han destruido también el Concejo Municipal, la Alcaldía, “Solo se ha salvado la estación de policía”, dice el párroco. “Al detonar cualquier objeto, toda la gente corre, porque precisamente los cilindros son armas no convencionales que caen en cualquier lugar”, dice el sacerdote a guisa de anécdota, una anécdota poco agradable, pero que con ayuda del Diplomado en Memoria, impartido por la CCN, han logrado institucionalizar el arte de los cilindros en elementos de reconstrucción de una historia que apunta a la paz. De allí que el joven artista se perfiló como en el catalizador de muchos dolores. Una exhaustiva investigación En el momento del ataque, por suerte (y la ayuda divina) ningún familiar de Rojas se encontraba en la casa. En ese entonces él se encontraba cursando estudios de artes, lo cual le llevó a resignificar este objeto de la guerra –y toda su carrera–a un arte minimalista, donde con un carácter arquitectónico da una connotación de protección en lo que anteriormente fue un destructor, dentro del mismo reconstruye las casas destruidas de muchos de sus vecinos. Esto fue un proceso paulatino, marcado por una exhaustiva investigación, por lo que descubrió que estos artefactos fueron usados por las guerras de guerrillas de Vietnam. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en la zona exportaron esta táctica para combatir a las autoridades. En otras regiones los cilindros son llamados bombonas, ramplas o pipetas. El mecanismo usado por los grupos guerrilleros consiste en llenar con grandes cargas de dinamita estos elementos, que al caer no tienen una estabilidad, ruedan al garete hasta explotar en el lugar menos esperado. Del mismo modo que los guerrilleros abren para introducir la pólvora, así Rojas aprendió a meter su arte minimalista, que reconstruye precisamente los sueños perdidos de muchas familias. Hoy en día, Freddy es un referente nacional e internacional, sus bombonas han llegado al museo de Arte moderno y al Museo Nacional de Bogotá como también a Santa Cruz de Bolivia como participado en intercambios en Francia y Estados Unidos. “La reconciliación empieza por nosotros” Si bien hace casi 20 años su familia lo perdió todo, nunca pudieron quebrantar su espíritu, ni robarle la esperanza ni sueños. Su arte le ayuda a vivir de lo que ama y a llevar un mensaje hermoso por toda Colombia y el mundo. Él vivió en carne propia el dolor, el miedo, la pesadilla, aún así le apuesta a la paz y a la reconciliación, porque como bien afirma: “Yo creo que la reconciliación empieza es de nosotros mismos desde las víctimas” al punto que se pregunta: “¿Cómo puede uno perdonar algo a alguien que le ha hecho mucho daño?”. La respuesta salta a la vista: “Nosotros debemos abonar el terreno, debemos descargar todo eso que llevamos dentro y darle espacios a las nuevas generaciones donde sólo quede la memoria para a partir de allí reconstruir sobre la base de lo bueno que venimos construyendo hoy”, acota. Arte para la sanación personal Freddy en su camino de creación, desde aquellos infaustos sucesos, no ha parado de ser portavoz de esperanza. Ha alternado su trabajo artístico con sus clases de arteterapia a niños, niñas y adolescentes a través con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Unicef para generar espacios para la proyección y aprovechamiento del tiempo libre de quienes han sufrido los impactos traumáticos de estos hechos y con menores víctimas de minas antipersona. “La verdad uno cree en el arte como proceso de sanación personal y familiar, porque de alguna manera en cada uno va brotando y va alcanzando como esa satisfacción, porque el arte es la mejor herramienta terapéutica que hay para curarse de este tipo de situaciones”, asegura. Tomado: Portal web Vida Nueva Foto: Portal Vida Nueva