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La séptima Jornada Mundial de los Pobres
Tags: Jornada Mundial de los Pobres séptima Jornada Mundial de los Pobres papa francisco iglesia católica iglesia católica colombiana Padre Rafael Castillo Torres
Por Pbro. Rafael Castillo Torres - El próximo domingo 19 de noviembre, convocados por el Papa Francisco, la Iglesia celebra la Séptima Jornada Mundial de los Pobres con una exhortación muy concreta: “Un río de pobreza atraviesa nuestras ciudades y se hace cada vez más grande hasta desbordarse; ese río parece arrastrarnos, tanto que el grito de nuestros hermanos y hermanas que piden ayuda, apoyo y solidaridad se hace cada vez más fuerte”.
Recordemos cómo esta Jornada surgió hace siete años, en el cierre del año de la misericordia celebrando el jubileo de las personas marginadas, empobrecidas y excluidas, por lo que el Papa Francisco, en su mensaje de este año, no duda en afirmar que “la Jornada mundial de los pobres, es una cita que la Iglesia va arraigando poco a poco en su pastoral, para descubrir cada vez más el contenido central del Evangelio”. Justamente el año inmediatamente anterior nos pedía “hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario”, recordándonos que “no es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído”.
Una pregunta que nos cabe a quienes servimos en una nación como Colombia, inequitativa y desigual, es la que nos suscita el santo padre: ¿Qué pasos acertados debemos dar en todos nuestros ámbitos de la vida eclesial, para que esta jornada sea la oportunidad, que todos nos damos, para mantenernos en el contenido central del Evangelio?
1. Una mayor toma de conciencia a partir de la realidad que estamos viviendo.
No podemos ocultar que, durante décadas, y todavía hoy, se nos sigue diciendo con bastante insistencia, que la pobreza entre nosotros es un fenómeno residual y que basta con darle tiempo al tiempo para que vaya desapareciendo. No han faltado quienes afirmen que la tarea sigue siendo aumentar el tamaño de la torta sin necesidad de esas políticas redistributivas que ponen tan nerviosos a los sectores más dinámicos de la economía y que acaban produciendo efectos desastrosos.
Mientras llegaba ese gran momento esperado, con el fin de no enturbiar ese clima alegre y confiado de una sociedad opulenta, cuyas utilidades son en cientos billones de pesos, se debía mantener, en las periferias existenciales, a los pobres.
Lo que vemos, y podemos señalar con el dedo, es que la pobreza, lejos de disminuir crece en progresión geométrica extendiéndose a los pensionados que sobreviven y a los no pocos enfermos crónicos que ciertamente se están muriendo, a los migrantes y desplazados, a las víctimas de la violencia, a las minorías étnicas y las familias que luchan por mantenerse unidas. Amén de las personas en situación de discapacidad.
Estas situaciones de injusticia constituyen un gran desafío para nosotros como Iglesia. Nuestras últimas conversaciones espirituales, y eso lo meditamos en el documento Luces en el Camino Hacia la Paz de nuestros Pastores, nos recuerda que el Espíritu de Dios nos está llevando a descubrir con mayor claridad que, hoy, la cima de la santidad y la santificación del Pueblo de Dios, no son posibles sin un compromiso con la justicia, sin una solidaridad con los pobres y oprimidos y sin hacer, juntos, de la sinodalidad un estilo de vida y una forma de ser Iglesia.
2. Redescubrir las razones de Dios y de Jesús para estar con los pobres.
Jesús siempre actuó prefiriendo a los que menos tenían y más sufrían. Colocó al centro todas las vidas echadas a perder. Su preferencia por ellos resultó ser escandalosa. Pero Jesús prefirió y prefiere a los pobres no porque en ellos encontró una cualidad especial, sino precisamente porque eran pobres. Creo que algunos ejemplos nos pueden ayudar.
Prefirió a la ovejita número cien (Lucas 15, 4-6) que se apartó del rebaño, a las noventa y nueve juntas, sólo porque se había perdido y no tenía la capacidad de retorno. Tuvieron que traerla cargada. Esa fue su ovejita más querida, no antes de perderse, sino después de que se había perdido. A la hora de cumplir con un contrato laboral, da preferencia a los obreros que habían estado desempleados frente a los demás (Mateo 20 1 -16) únicamente porque nadie les había ofrecido trabajo estando disponibles y sabiendo trabajar. Y en el caso de Lázaro, (Lucas 16, 9 -31) éste no tenía otro mérito frente a Epulón que el de ser pobre.
Como podemos ver, este Dios que siempre aborrece lo que sobresale, que en términos del Papa Francisco es la referencialidad, se complace en los pequeños, no por lo que puedan pensar o por su humildad, sino simplemente por ser lo que son, los pequeños. Esta predilección no viene de ellos, sino que nace de Dios. Dios siendo el Padre de todos no puede querer para nosotros sino el bien y la igualdad de sus hijos. Las desigualdades como las que vivimos en Colombia hieren a Dios en su amor. Y esta es una lógica que Jesús va a radicalizar radicalizando la paternidad de Dios. Por eso Dios y Jesús están siempre al lado de los pobres, porque viendo cómo la balanza se inclina siempre del lado del mas fuerte, en casi todos los aspectos, Ellos, decididamente, han querido restablecer el equilibrio.
3. Volver a las fuentes que nos mantienen en lo esencial.
Los concilios de los siglos V y VI como el de Vaisón del año 442, el de Roma bajo el Papa Símaco, año 504, el de Adge, año 506, el de Orleans, año 549, el de París, año 557 y el de Tours, año 567, serán reiterativos en afirmar que la asistencia a los pobres es una obligación tan fuerte que “el que retenga los dones hechos a la Iglesia debe ser excomulgado y considerado un verdadero “necátor pauperum” (Asesino de los pobres). Y ello precisamente, porque como afirmará más tarde Julianus Pomerius en el concilio de Arlés del año 836, en el tratado de Vita contemplativa “los bienes de la Iglesia son el patrimonio de los pobres”.
Los santos padres igualmente tuvieron un radicalismo, aprendido en las sagradas escrituras, que inspiraron estas conclusiones conciliares. Si Dios ha querido el Destino Universal de los bienes como enseña la doctrina social de la Iglesia, ello nos lleva a pensar y a profetizar que las riquezas serán siempre injustas mientras coexistan con la pobreza, prescindiendo de cómo se hayan obtenido, como bien lo expresó monseñor Barreto presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, cuando afirmó: “ Estas reflexiones surgen del análisis de los datos oficiales (los cuales son incontrovertibles), de la preocupación por la desinformación que difunden muchos medios de comunicación, sectores políticos y económicos, y ante la tristeza de ver que el país puede seguir generando riquezas solo para los grandes empresarios, los banqueros, los terratenientes y otros ricos”.
Permítanme citar los interrogantes de San juan Crisóstomo en su homilía sobre la 1ª carta a Timoteo: “Dime ¿De dónde te viene ser tan rico?, ¿De dónde recibiste la riqueza?, y ese otro, ¿De quién la recibió? Del abuelo, dirás, del padre. ¿Y podrás remontarte por el árbol genealógico, demostrando la justicia de tus posesiones? Seguro que no podrás. Necesariamente, en su principio y en su raíz hay una injusticia. ¿Que cómo llego a esa conclusión? Porque al principio Dios no hizo rico a uno y pobre al otro, ni tomo a uno y le mostró los grandes yacimientos de oro y al otro lo privó de este hallazgo. No, Dios puso, delante de todos, la misma tierra. ¿Cómo, pues, siendo todo común, tu posees tierras y más tierras, y el otro ni un terrón?
También otro padre de la Iglesia, que vivió en Palestina, como es San Jerónimo, en su carta 120, dirigida a Edibia nos enseña: “Sabiamente habla el evangelio de “riquezas injustas” pues todas las riquezas proceden de la injusticia y uno no se puede adueñar de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. Por eso a mí me parece certísima aquella sentencia popular que dice: “el rico o es injusto o es heredero de un injusto”.”
No son pocos los santos padres de la Iglesia como san Juan Crisóstomo y san Jerónimo que nos recordaran que aquello que le sobra el rico, le pertenece al pobre. En su tiempo fueron afirmaciones escandalosas, y hoy también lo son. Pero los santos padres jamás ignoraron que los ricos bien podían exhibir las escrituras de sus tierras y justificar sus propiedades mostrando todo en regla. No obstante, ellos, jamás dieron marcha atrás. Ellos distinguieron entre la legalidad formal y la justicia real cuestionando con su magisterio el orden social vigente. San Gregorio Nacianceno les dirá: “Esas son las leyes de los poderosos, no las del creador”. También san Ambrosio y san Agustín dirán de manera tajante: “continuamente se citan leyes en sus palacios, pero estas son las de Justiniano, no las del Señor”.
4. Tener un encuentro más sincero con el Señor.
Creo que nuestra principal tarea es traducir la belleza de las Plegarias litúrgicas, VC y VB, en nuestro compromiso con los pobres según el corazón de Dios y el querer de la Iglesia.
Hoy se habla de la secularización y de la perdida de la fe, pero, no obstante, nuestro pueblo sigue siendo profundamente religioso y más de lo que se piensa. Seguimos buscando estar a bien con Dios y contar con su protección divina. La dificultad está en que no siempre nuestras celebraciones son un encuentro sincero con Dios. Muchas de nuestras celebraciones sacramentales quedan reducidas a una reunión de carácter social, un acto impuesto por la costumbre o un rito que se hace sin comprender muy bien lo que significa y sin que, por supuesto, implique compromiso alguno para la vida. Por ello, en la celebración de esta jornada, en la que debemos cultivar nuestras motivaciones internas, cuando nuestro párroco o el sacerdote celebrante nos diga al momento de la Plegaria eucarística: ¡Levantemos el corazón! Esa respuesta: ¡Lo tenemos levantado hacia el Señor! Debe ser muy sincera, porque lo que sigue es una oración muy sentida que ilumina esta jornada: “Señor, danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana. Inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado. Ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando. Que quienes te buscamos sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en el amor las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas de todos los seres humanos, y así les mostremos tu camino de reconciliación, de perdón y de paz”. Bendecida celebración de esta jornada en la solidaridad y la esperanza.
Pbro. Rafael Castillo Torres
Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social
Reparando fracturas, Vida Pastoral 2026
Mié 14 Ene 2026
Encuentro personal con Jesús que nos salva
Lun 15 Dic 2025
IV Aniversario Episcopal
Jue 22 Ene 2026
Lun 15 Dic 2025
Adviento: María, La Virgen de la Espera
Por P. José Antonio Díaz Hernández - Continuamos en el tiempo de Adviento, un momento de gracia para revivir la esperanza que ha de permanecer en el corazón de cada uno de nosotros. En este tiempo necesitamos mirar a personas que vivieron de manera extraordinaria determinados aspectos de la vida cristiana, para fijarnos en ellos y poder imitarlos. Ellos son verdaderos y auténticos modelos de fe.Nuestra Madre María, es modelo de fe. En el Documento Conclusivo de Aparecida, en el apartado titulado: María, discípula y misionera (DA 266-272), se contempla el papel de la Virgen en la historia de la salvación, presentando de manera preeminente su misión como discípula. La madre de Jesús aparece como la primera creyente que escucha y acoge aquello que esperaba con tanta fe. Por esta razón, María es modelo perfecto de alguien que quiere vivir este tiempo de Adviento, de la espera del Salvador en toda su plenitud, y en quien hemos de fijar nuestros ojos y nuestro corazón para descubrir cómo hemos de vivirlo nosotros. Podemos decir, que el adviento es un tiempo para redescubrir la Centralidad de Cristo, y en este aspecto fundamental, María nos ayuda con su ejemplo.El papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Marialis Cultus, lo expresa con toda autoridad en los numerales 3-4: “Los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, ‹‹vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza›› (Praefatio de Adventu, II), para salir al encuentro del Salvador que viene”.La Anunciación, en el Evangelio de San Lucas, dice el papa Benedicto XVI, es un acontecimiento “humilde, oculto, nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad” (cf. Benedicto XVI, María Estrella de la Esperanza, 2014, pp. 13ss). Se trata del “SÍ” de María.El mismo papa Benedicto XVI, en su libro La infancia de Jesús, explica esta respuesta generosa de María, al citar una homilía de Adviento de Bernardo de Claraval. Después de la caída de nuestros primeros padres, todos quedamos sometidos bajo el dominio de la muerte. Sin embargo, Dios busca una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Con esto, se quiere indicar que Dios necesita la libertad humana, puesto que no puede redimir al hombre, creado libre, sin un “SÍ” libre de su voluntad. Por eso, la respuesta de María es esperada con expectación por el cielo y la tierra. Bernardo muestra como el “hágase en mí según tu Palabra” es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana. Como podemos ver, María se convierte en madre por su “SÍ” generoso. A este respecto, también los Padres de la Iglesia han dicho lo mismo cuando afirman que “María habría concebido por el oído”, esto es, mediante su escucha. Por su obediencia libre la Palabra ha penetrado su vida, y ella se ha hecho fecunda (Cf. Ratzinger, La infancia de Jesús, pp. 42-43).Esta es la razón fundamental por la que María es modelo de este tiempo de Adviento. Por eso, la liturgia recupera plenamente este sentido con una serie de elementos marianos, que podemos sintetizar de la siguiente manera:1.Desde que iniciamos el tiempo de Adviento hemos visto elementos que recuerdan la espera y la acogida del misterio de Cristo por parte de la Virgen de Nazaret.2.Acabamos de celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción como «preparación radical a la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha ni arruga (Marialis Cultus 3). También, el 12 de diciembre celebramos la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Este día recuerda las apariciones de la Virgen a San Juan Diego, un acontecimiento que marcó la historia espiritual y cultural de México y el continente americano, y que dio un impulso decisivo a la evangelización.3.Los días que se acercan, del 17 a 24 de diciembre, el protagonismo litúrgico de la Virgen es muy característico en las lecturas bíblicas; en el II prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Madre; en el IV prefacio de Adviento que habla de María, nueva Eva; en algunas oraciones, como la del día 20 de diciembre que nos trae un antiguo texto de Rótulo de Ravena o en la oración sobre las ofrendas del IV domingo que es una epíclesis significativa que une el misterio eucarístico con el misterio de Navidad en un paralelismo entre María y la Iglesia en la obra del único Espíritu.Vivamos este tiempo de espera y esperanza como ella lo vivió.Desde Santa Marta, me permito desearles con antelación una Feliz Navidad a todas las familias de Colombia.P. José Antonio Díaz HernándezSacerdote Diócesis de Santa Marta
Jue 20 Nov 2025
Adviento: El Dios que llega para sanar la Casa Común
Por Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz - “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierras de sombras una luz les ha brillado” Isaías 9, 1.Tenemos la posibilidad de asombrarnos como personas de fe ante la llegada del Adviento, razón por la cual la iglesia nos invita para afinar el oído del corazón, de tal manera que podamos escuchar los pasos del Señor que viene. Como enseñaba el papa Francisco, la espera cristiana no es pasiva ni indiferente, sino un “despertar interior que nos disponga a cuidar la fragilidad de la vida y del mundo” (Francisco, 2015). En tal sentido para Colombia, lugar bendecido por selvas, páramos, ríos y comunidades tanto urbanas como rurales, el Adviento nos urge a discernir los signos de esperanza que brotan aún en medio de la violencia contra la creación y contra los más pobres.Al adentrarnos en el sagrado tiempo de Adviento, la Iglesia nos invita a redescubrir la hondura espiritual de la espera, esa espera activa que configura la identidad del pueblo que aguarda la venida del Señor. Como fraile dominico experimento desde la tradición de la Orden de Predicadores, la vigilancia contemplativa como elemento inseparable de la responsabilidad ética, pues “contemplar y dar a los demás lo contemplado” implica asumir la historia concreta en donde Dios se revela y en donde la creación clama a través de sus creaturas.En la Sagrada Escritura encontramos palabras preciosas para iluminar este itinerario. El profeta Isaías proclama que “brotará un renuevo del tronco de Jesé” (Is 11, 1), recordándonos que la esperanza mesiánica surge precisamente en territorios aparentemente devastados. En Colombia, donde tantos ecosistemas han sido heridos por la extracción desordenada, los monocultivos y la violencia territorial, este mensaje resuena como una gran invitación a reconocer que Dios hace brotar vida aun en suelos desgastados. San Pablo, en su visión cósmica de la redención, nos recuerda que “toda la creación gime y sufre dolores de parto” (Rom 8, 22); pero esos gemidos no son anuncio de muerte, sino preludio de un “alumbramiento” que exige conversión ecológica y compromiso ético.Desde la comunidad de hermanas y hermanos que bebemos de las fuentes de Santo Domingo de Guzmán, compartimos algunas de las voces contemporáneas que nos ayudan a profundizar en esta perspectiva y que nos ofrecen horizontes de reflexión para acoger este llamado a realizar un “giro antropológico” para experimentar las teologías del cuidado. Recientemente fray Timothy Radcliffe O.P., recordaba a los miembros del Sínodo que la esperanza cristiana “no es ingenuidad ni evasión, sino la decisión de creer que la gracia puede renacer incluso allí donde la historia parece estéril. Esperar en la fe es un acto valiente que mira de frente la fragilidad del mundo sin renunciar a la confianza en la gracia que lo puede renovar” (Radcliffe, 2024). También el teólogo dominico fray Carlos Azpiroz Costa O.P., señala que la predicación de las personas de la Iglesia exige hoy “entrar en diálogo con los clamores de la humanidad y de la naturaleza, pues ambos expresan la verdad que Dios desea revelar” (Azpiroz Costa, 2010). Y la dominica Verónica Ropero O.P., especialista en ética ecológica, recuerda que “la espiritualidad dominicana, marcada por la búsqueda de la verdad, nos impulsa a escuchar también la verdad que la tierra herida intenta manifestar y comunicar” (Ropero, 2018).Finalmente, fray Edward Schillebeeckx O.P., enseñaba que la salvación acontece donde surge la vida. Por ello una predicación auténtica del adviento debe: anunciar la esperanza, denunciar la injusticia ecológica y acompañar a las comunidades vulneradas (Schillebeeckx, 1980). El teólogo subraya que la revelación de Dios se da en la historia y en la realidad concreta, lo que incluye la naturaleza. Esto implica que la creación no es un simple escenario, sino parte del proyecto salvífico.De otra parte, el papa León XIV nos invita en el contexto de sus recientes encuentros, especialmente en el del Jubileo de la educación, a comprender que la educación de las personas requiere espacios transformadores de la cultura y de las prácticas sociales para “unir la justicia social y la justicia ambiental, promoviendo la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, a formar conciencias capaces de elegir no solo lo conveniente, sino también lo correcto. La educación mide su valor en función de la dignidad, la justicia y la capacidad de servir al bien común” (León XIV, Trazando nuevos mapas de esperanza, 2025)El Adviento se constituye para nosotros como creyentes en un ejercicio de contemplación encarnada: preparar el camino del Señor implica restaurar los cauces de los ríos devastados, proteger los páramos amenazados, fortalecer las comunidades campesinas e indígenas que son custodias vivas de la creación y promover estructuras económicas y sociales que honren la dignidad de toda vida.El Adviento en Colombia se convierte en un llamado a preparar el camino del Señor derribando las montañas de la indiferencia, enderezando los senderos de la injusticia ambiental y protegiendo las vidas que Dios nos confía. Que este tiempo litúrgico sea un kairós (Tiempo cualitativo de Dios) para renovar la esperanza y custodiar con ternura la tierra que habitamos. Que este Adviento sea para nosotros un tiempo de contemplación activa, de escucha profunda y de compromiso decidido con la justicia, la paz y el cuidado de la creación que nos ha sido confiada.¿Qué novedad podría emerger para nuestras comunidades en este tiempo litúrgico? ¿Qué lugares geográficos podríamos transformar como fruto de nuestra comprensión en la fe? ¿Cuáles periferias sociales vamos a iluminar con nuestra acción transformadora fruto de la celebración del adviento? ¿Cuáles cambios podemos incorporar en nuestras instituciones eclesiales para “conectarnos” con las prácticas de cuidado de la Casa Común?Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.PReferenciasAzpiroz Costa, C. (2010). Predicación y esperanza en tiempos de crisis. Editorial de la Orden de Predicadores.Betto, F. (2015). Ecología y espiritualidad liberadora. Paulinas.Bruguès, J.-L. (2011). La encarnación y la dignidad de la creación. Éditions du Cerf.Claverie, P. (2000). Cartas y escritos espirituales. Éditions du Cerf.Enns, E. (2011). Restorative Justice and Earth Healing. Dominican Eco-Justice Press.Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.Galiardi, M. (2014). La Tierra como comunidad de vida: Perspectivas dominicanas. Dominican Sisters Publications.Grey, M. (2011). The Outrageous Pursuit of Hope: Ecofeminist Readings for the Church. Dominican Sisters Publications.Gutiérrez, G. (2003). Teología de la liberación: Perspectivas. CEP.León XIV. Carta Apostólica Trazando nuevos mapas de esperanza (octubre 2025). Libreria Editrice Vaticana.Monge, C. (2019). Verdad, justicia y diálogo en tiempos de crisis ecológica. Edizioni Domenicane.Radcliffe, T. (2012). What is the Point of Being a Christian? Editorial de la Orden de Predicadores.Ropero, V. (2018). Ética dominicana y cuidado de la creación. Ediciones Espíritu y Verdad.Schillebeeckx, E. (1980). Cristo y los cristianos. Ediciones Sígueme.
Mié 19 Nov 2025
Oración Taizé y la Compañía de Jesús en Colombia: 10 años de canto, unión y fecundidad
Por José Yamid Castiblanco, SJ - Corre el año 2014 cuando en la Casa Ignaciana de la Juventud (CIJ) se realiza un espacio mensual llamado Noche de arte y espiritualidad. Tras meses de tener una buena acogida, por distintos motivos, esta propuesta entra en crisis. A pesar del escepticismo inicial, este espacio de oración se relanza única y exclusivamente con cantos meditativos en distintos idiomas al estilo Taizé y entonces el entusiasmo vuelve. No importa que la oración tenga siempre el mismo formato, los cantos se repitan o no sean siempre en español. El número de asistentes crece cada vez más, el coro se agranda, y lo que pasó a denominarse Noche Taizé en noviembre del 2015 se sigue realizando, primero, en la Capilla de Teología de la Javeriana, y luego, en diferentes auditorios de la Universidad.Además de la cita mensual en la Javeriana, y motivado por el creciente interés y las diversas solicitudes, el equipo de Noche Taizé empieza a realizar una oración adicional al mes en diferentes lugares: parroquias católicas, iglesias protestantes (Luterana alemana, Menonita…), capillas o salones de universidades (Nacional, La Salle, Los Andes, El Rosario…), colegios jesuitas y de otras comunidades, obras de la Compañía de Jesús, etc. Este grupo de Taizé se posiciona y prepara oraciones en eventos con proyección nacional como Expocatólica, la Semana por la Paz, asambleas de Jesuitas y encuentros de jóvenes (Claveriada y otros), e incluso eventos con proyección internacional como el Foro Cristiano Global (Bogotá 2018) o la Jornada Mundial de la Juventud (Panamá 2019). Junto a estas oraciones, el grupo también organiza en el 2018 un concurrido encuentro interreligioso por la paz en la Javeriana con diversos líderes espirituales.Llega el COVID en el 2020 y, sin embargo, la oración Taizé no se detiene del todo. Esta se sigue realizando en forma virtual y es retomada en la CIJ y en la Universidad Javeriana. A pesar de la crisis que supuso la pandemia, la Noche Taizé inspiró y sigue inspirando espacios de oración que han surgido en estos años en otras obras de la Compañía de Jesús en Colombia como el Colegio San Ignacio de Medellín, el Colegio San Luis Gonzaga de Manizales y la Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Pasto.Cabe mencionar que, durante este tiempo, la Comunidad de Taizé en Francia no sólo ha enviado a Colombia a su delegado para América Latina, el Hermano Christoph, con el fin de animar y visitar estas iniciativas de oración. Voluntarios de la RJI también han sido acogidos en Taizé para servir y ser formados en su espíritu de ecumenismo, fraternidad y oración musical, consolidando esta experiencia de colaboración que continúa hasta hoy.La fecundidad de esta iniciativa ha llevado a que recientemente, desde febrero de 2025, un nuevo grupo y espacio de oración Taizé surgiera en el Centro Ignaciano de Reflexión y Espiritualidad (CIRE), en la zona de Chapinero en Bogotá, independiente de la propuesta de los viernes de Noche Taizé por la CIJ, orientada principalmente a jóvenes. El grupo Taizé del CIRE realiza así sus oraciones todos los primeros miércoles de mes en la capilla María Inmaculada (Cra 10 # 65-48), ensaya allí todos los últimos miércoles de mes y, además de estar pensado para un público más adulto, estas oraciones tienen la intención de ser un lugar fijo que posibilite de forma más explícita y regular un encuentro ecuménico mensual entre cristianos/as de diferentes denominaciones.Algo sobre Taizé y su historiaTaizé es un pueblo apartado en Francia donde se encuentra la comunidad del mismo nombre que el suizo Roger Schutz fundó en 1940 con hermanos de diferentes tradiciones cristianas: luteranos, católicos, ortodoxos, anglicanos, etc. Además de ser sinónimo de acogida a huérfanos y refugiados de guerras y totalitarismos, Taizé empezó a denominar también el estilo de oración particular desarrollado allí: cantos meditativos en varios idiomas, silencio, iconos... todo esto en un ambiente de recogimiento y de encuentro en medio de la diversidad cultural y religiosa. Así, desde hace 85 años, Taizé reúne a miles de personas de distintos países - especialmente durante sus encuentros anuales en diferentes ciudades y en las Jornadas Mundiales de la Juventud - para cultivar desde la oración en común una espiritualidad de unión y reconciliación al interior de cada persona y entre los pueblos del mundo.Esta oración al estilo Taizé, además de propiciar hondas experiencias de oración, ha creado entonces en el mundo y en Colombia estrechos vínculos personales e institucionales entre comunidades de fe, religiones y personas con profundas búsquedas espirituales. Aquel milagro de la comunión en la diferencia, del arte y de la fe, del gozo y de la súplica fue quizás lo que tanto interpeló a nuestro querido jesuita colombiano, Iván Restrepo, durante su estadía en Taizé en los años 70. De su experiencia nos queda su tesis doctoral publicada: Taizé: una búsqueda de comunión con Dios y con los hombres. Al igual que él, y en fidelidad con el carisma ignaciano de apertura al diálogo y al Dios siempre mayor, tanto la RJI como el CIRE promueven espacios de oración Taizé a todas las personas que deseen encontrarse con Dios, consigo mismas y con los otros en sus diferencias. Esto con la convicción adicional de que cada oración propicia la reconciliación y la unión de corazón por nuestro mundo herido a causa de guerras, fundamentalismos y desesperanza. Por todo esto, Taizé, su historia y su presente tanto en Colombia como en las obras de la Compañía de Jesús, es motivo para celebrar, agradecer, y por supuesto, seguir cantando.A quienes quieran asistir a las oraciones o sumarse a los grupos que las animan, les invitamos a consultar nuestra programación de oraciones Taizé del CIRE (primeros miércoles de mes) y de la RJI (en Bogotá y en otras regiones), en las redes sociales de ambas obras transversales, o en el sitio web www.cire.org.co.*Restrepo, Iván (1975). Taizé: una búsqueda de comunión con Dios y con los hombres. Salamanca: Sígueme.
Jue 30 Oct 2025
De los 50 A los 60 Años de Nostra Aetate: de Francisco A León XIV
Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - Se han cumplido 60 años de la promulgación de la Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.Sin duda, este documento ha marcado el camino de la Iglesia en los últimos tiempos en el tema del diálogo interreligioso. Los Padres Conciliares querían, con este documento, promover la unidad y la caridad entre las personas y los pueblos, reconociendo y valorando las verdades presentes en otras religiones. Reconocían, además, que todos los pueblos forman una comunidad y que la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero.En la Audiencia General del miércoles 28 de octubre de 2015, en la celebración de los 50 años de Nostra Aetate, el Papa Francisco recordaba que para el Papa Pablo VI, el tema de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas había tenido una importancia tan relevante que, en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final del Concilio, había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. También recordaba como importantes algunos puntos del documento:•La creciente interdependencia de los pueblos (cf. n. 1).•La búsqueda humana de un sentido para la vida, el sufrimiento y la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro camino (cf. n. 1).•El origen y el destino común de la humanidad (cf. n. 1).•La unicidad de la familia humana (cf. n. 1).•Las religiones como búsqueda de Dios o del Absoluto, en las diferentes etnias y culturas (cf. n. 1).•La mirada benévola y atenta de la Iglesia a las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de bello y verdadero (cf. n. 2).•La Iglesia mira con estima a los creyentes de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cf. n. 2).•La Iglesia, abierta al diálogo con todos, es al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, comenzando por la verdad de que la salvación que se ofrece a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que el Espíritu Santo actúa como fuente de paz y amor.En esta audiencia, el Papa también recordó un hecho particularmente significativo para Juan Pablo II: el encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Recordó que, un año antes, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca, deseaba que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama encendida en Asís se extendió por todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.Francisco también anotó que el diálogo que necesitamos hoy entre las religiones no puede ser sino abierto y respetuoso, y solo entonces se revelará fructífero. El respeto recíproco es condición y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de otros a la vida, a la integridad física y a las libertades fundamentales, es decir, a la libertad de conciencia, pensamiento, expresión y religión. El diálogo basado en el respeto lleno de confianza puede traer semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y colaboración en muchos campos, y sobre todo en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de los migrantes, y en la atención a quien está excluido. Podemos caminar juntos cuidando los unos de los otros y de la creación.Por último, termina con esta invitación: “Queridos hermanos y hermanas, en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con Él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad”.Diez años después, en el pontificado de su sucesor, el Papa León XIV (en la celebración de los sesenta años de Nostra Aetate), toma la frase del diálogo entre Jesús y la mujer samaritana del Evangelio de San Juan: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Y dice: “este encuentro revela la esencia del auténtico diálogo religioso: un intercambio que se establece cuando las personas se abren unas a otras con sinceridad, escucha atenta y enriquecimiento mutuo. Es un diálogo nacido de la sed: la sed de Dios por el corazón humano y la sed humana de Dios. En el pozo de Sicar, Jesús supera las barreras de la cultura, el género y la religión. Invita a la mujer samaritana a una nueva comprensión del culto, que no se limita a un lugar concreto —«ni en este monte ni en Jerusalén»—, sino que se realiza en Espíritu y en verdad. Este momento capta la esencia misma del diálogo interreligioso: el descubrimiento de la presencia de Dios más allá de toda frontera y la invitación a buscarlo juntos con reverencia y humildad”.El Papa León, siguiendo la línea tomada por el Papa Francisco en la celebración de los cincuenta años, se refiere una vez más al tema del diálogo interreligioso y a la necesidad del encuentro con los no cristianos: “Este luminoso documento nos enseña a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino como compañeros de viaje en el camino hacia la verdad; a honrar las diferencias afirmando nuestra humanidad común; y a discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”.Recalca, además, la importancia de las raíces del cristianismo en el pueblo judío y la importancia del diálogo judeo-cristiano, aun a pesar de las dificultades: “No podemos negar que en este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero estos nunca han impedido la continuación del diálogo. Tampoco hoy debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos alejen de la amistad, sobre todo porque hasta ahora hemos logrado mucho”.Volviendo a reconocer en Nostra Aetate el llamado a encontrarnos y a dialogar, el Papa León plantea una pregunta, a la que a su vez responde con un claro mensaje sobre el aporte de las religiones a la humanidad: “¿Qué podemos hacer juntos? La respuesta es sencilla: actuar juntos. Más que nunca, nuestro mundo necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración. Cada una de nuestras religiones puede contribuir a aliviar el sufrimiento humano y a cuidar de nuestra casa común, nuestro planeta Tierra. Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Deben reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar atentos al abuso del nombre de Dios, de la religión y del diálogo mismo, así como a los peligros que representan el fundamentalismo religioso y el extremismo”.El pontificado del Papa Francisco nos dejó muchas experiencias en el campo del diálogo interreligioso, mostrando cómo en la actualidad se puede seguir el legado de la declaración Nostra Aetate, poniendo este encuentro entre las diferentes religiones al servicio de la fraternidad humana, como lo hizo en el documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común (también conocido como Declaración de Abu Dabi), firmado con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 4 de febrero de 2019.Las palabras del Papa León en esta celebración de los sesenta años nos abren a la esperanza de que se seguirá este camino de encuentro entre las religiones, pensando siempre en el bienestar de la humanidad. Por eso es significativo cuando dice: “Hoy estamos llamados a refundar la esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Colaboremos, porque si estamos unidos todo es posible. Hagamos que nada nos divida”, y luego al final la invitación a la oración: “detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”.