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La Iglesia: Baluarte de confianza y credibilidad en la acción social
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Por Pbro. Mauricio Rey Sepúlveda - La acción social es una de las dimensiones más urgentes y necesarias en la construcción de sociedades justas, fraternas y solidarias. Frente a los desafíos del siglo XXI - crisis humanitarias, pobreza extrema, cambio climático, conflictos armados y el deterioro del tejido social - las respuestas institucionales suelen ser insuficientes o estar condicionadas por intereses políticos y económicos. En este contexto, la Iglesia ha logrado consolidarse como una de las instituciones con mayor credibilidad en la acción social, no solo por su presencia histórica en el servicio a los más vulnerables, sino por su permanencia y acompañamiento activo en los territorios, y su total compromiso con la dignidad humana, la justicia y la paz.
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha demostrado que su labor no se reduce a una asistencia paliativa (desvirtuando la acción caritativa), sino que busca incidir en las estructuras que generan exclusión y desigualdad. Su papel como mediadora en conflictos y guerras, promotora de derechos humanos y defensora de los pobres, la convierte en un actor clave y agente dinamizador para la transformación social. En esta reflexión exploramos las razones por las cuales la Iglesia continúa siendo un referente de confianza en el ámbito social e identificamos los desafíos que enfrenta para seguir desempeñando este rol en un mundo de constantes cambios y vulneraciones.
1. Un legado histórico de servicio y entrega
La vocación social de la Iglesia no es una tarea reciente ni una estrategia institucional; es dimensión esencial de su identidad y misión. Desde sus primeros siglos, inspirada en el Evangelio y en el ejemplo testimonial de Jesucristo, la comunidad cristiana se ha dedicado a la atención de los enfermos y vulnerables, a la acogida de los más necesitados y defensa de los marginados. La enseñanza de Jesús - “porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber” (Mt 25,35) - se ha convertido en el fundamento y elemento dinamizador de innumerables obras sociales a lo largo de la historia en el mundo entero.
Durante la Edad Media, los monasterios no solo fueron centros de espiritualidad, sino también espacios de acogida para los pobres y desvalidos, hospitales para los enfermos y escuelas para quienes no tenían acceso a la educación. En tiempos de pandemias, pestes y hambruna, las órdenes religiosas han desempeñado un papel fundamental en la atención a los afectados, sin distinción de origen o condición.
Con la llegada de la modernidad, la Iglesia adaptó su acción social a nuevos desafíos. En el siglo XIX, con la Revolución Industrial y la explotación de la clase trabajadora, la Iglesia elevó su voz a favor de la justicia con documentos como Rerum Novarum (1891) de León XIII, que defendió los derechos laborales y sentó las bases de la Doctrina Social de la Iglesia. Desde entonces, su labor ha continuado expandiéndose, dando origen a iniciativas como Caritas Internationalis, el Comité Católico Internacional de Migración, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y múltiples programas educativos y sanitarios en contextos de pobreza, emergencia humanitaria, subsidiariedad y solidaridad.
2. La integridad y coherencia como base de la credibilidad
Uno de los factores que refuerzan la confianza en la Iglesia dentro de la acción social es su coherencia entre el mensaje y la práctica. A diferencia de muchas instituciones que pueden ver la ayuda humanitaria como un medio para obtener reconocimiento o influencia política, según intereses particulares, la Iglesia ha mantenido una postura constante basada en el servicio interesado en el desarrollo humano integral. Su labor no busca protagonismo ni responde a ciclos electorales o intereses económicos, sino a un compromiso ético centrado en la dignidad humana. Es ahí donde la integridad de su identidad compromete e implica a la Iglesia en verdaderos procesos de transformación social a partir de la transformación de la persona humana en concreto y ubicada en su contexto vital.
La Doctrina Social de la Iglesia ha sido un pilar en esta misión. Desde Rerum Novarum (1891) hasta Fratelli Tutti (2020), los principios de solidaridad, subsidiariedad y bien común han guiado las acciones de miles de comunidades cristianas en todo el mundo. Este marco doctrinal ha permitido que la Iglesia no solo asista en emergencias a los afectados, sino que también promueva el desarrollo integral y sostenible, la justicia, la equidad y la inclusión social.
En términos de impacto, la credibilidad de la Iglesia se ve reflejada en el testimonio de sus agentes de pastoral. Sacerdotes, religiosos y laicos han dado su vida en defensa de los más vulnerables, incluso en contextos de persecución y violencia. Ejemplos como San Óscar Arnulfo Romero (1917 - 1980) asesinado por denunciar las injusticias en El Salvador, o la labor de miles de misioneros en zonas de guerra y pobreza, muestran que la Iglesia no solo predica el Evangelio, sino que lo encarna con acciones concretas en sus procesos sociales humanizando la sociedad.
3. Un puente de diálogo y reconciliación
En sociedades fracturadas por conflictos políticos, sociales y culturales, la Iglesia ha asumido un rol clave como mediadora, posibilitadora y constructora de paz. Su posición apartidista, su arraigo en las comunidades localizadas en los territorios y su autoridad moral le permiten ser un interlocutor confiable en procesos de perdón, reconciliación y paz.
En América Latina, África y Asia, la Iglesia ha intervenido en negociaciones de paz, ha denunciado violaciones a los derechos humanos y ha acompañado a las víctimas de todo tipo de violencia. En Colombia, por ejemplo, el papel de la Iglesia en los diálogos de paz ha sido fundamental para la reintegración de excombatientes y la sanación de heridas comunitarias, promoviendo un perdón real y sincero, una reconciliación fraterna y esperanzadora, y una paz estable y duradera.
Además de su acción en contextos de conflicto armado, la Iglesia promueve una cultura del encuentro en sociedades polarizadas, una recomposición de relaciones y un diálogo franco y abierto. Frente al individualismo y la fragmentación social, la Iglesia impulsa espacios de diálogo interreligioso, cooperación con otras organizaciones y formación en valores como la empatía, la justicia y la fraternidad, propuestas siempre actuales en medio de “culturas” de indiferencia y discriminación social.
4. Desafíos para renovar la confianza
Si bien la Iglesia sigue siendo un referente de credibilidad en la acción social, enfrenta desafíos importantes en el contexto actual. La secularización, la crisis de confianza en las instituciones y los escándalos que han golpeado su imagen exigen un compromiso renovado con la transparencia, la autenticidad y la formación de líderes íntegros.
Uno de los mayores retos contemporáneos es la necesidad de actualizar su acción social sin perder su identidad. La Iglesia debe responder a problemáticas emergentes como el cambio climático, la migración forzada, la movilidad humana, y las nuevas formas de pobreza, integrando su misión evangelizadora con soluciones innovadoras y sostenibles.
Otro desafío clave es la formación de nuevas generaciones de agentes de pastoral y voluntarios con un fuerte sentido de vocación y compromiso ético. En un mundo donde la indiferencia y el asistencialismo pueden debilitar el impacto de la acción social, es crucial que la Iglesia siga promoviendo una caridad que no solo alivie necesidades inmediatas, sino que transforme realidades estructurales, para hacer el salto del Dar al Solidarizar.
Conclusión
La Iglesia ha sido y sigue siendo un baluarte de confianza y credibilidad en la acción social porque su compromiso con los más vulnerables es parte de su esencia. Su legado histórico, su coherencia entre el mensaje y la acción, y su capacidad para ser un puente de diálogo y reconciliación la convierten en una institución clave en la construcción de sociedades más justas y solidarias.
Sin embargo, para seguir cumpliendo con esta misión en el siglo XXI, la Iglesia debe enfrentar los desafíos de esta generación con valentía y renovación. La credibilidad no se impone; se construye día a día con hechos concretos, con un servicio genuino y con una presencia que inspire esperanza en medio de las dificultades, dinamizando procesos transformadores de vida y sociedad.
En un mundo donde muchas instituciones han perdido la confianza de la gente, la Iglesia tiene la oportunidad de reafirmar su papel como faro de esperanza, promoviendo la justicia, la paz y la dignidad de cada ser humano, sin excepción alguna, en su integralidad.
Pbro. Mauricio Rey Sepúlveda
Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana
Reparando fracturas, Vida Pastoral 2026
Mié 14 Ene 2026
Encuentro personal con Jesús que nos salva
Lun 15 Dic 2025
IV Aniversario Episcopal
Jue 22 Ene 2026
Lun 15 Dic 2025
Adviento: María, La Virgen de la Espera
Por P. José Antonio Díaz Hernández - Continuamos en el tiempo de Adviento, un momento de gracia para revivir la esperanza que ha de permanecer en el corazón de cada uno de nosotros. En este tiempo necesitamos mirar a personas que vivieron de manera extraordinaria determinados aspectos de la vida cristiana, para fijarnos en ellos y poder imitarlos. Ellos son verdaderos y auténticos modelos de fe.Nuestra Madre María, es modelo de fe. En el Documento Conclusivo de Aparecida, en el apartado titulado: María, discípula y misionera (DA 266-272), se contempla el papel de la Virgen en la historia de la salvación, presentando de manera preeminente su misión como discípula. La madre de Jesús aparece como la primera creyente que escucha y acoge aquello que esperaba con tanta fe. Por esta razón, María es modelo perfecto de alguien que quiere vivir este tiempo de Adviento, de la espera del Salvador en toda su plenitud, y en quien hemos de fijar nuestros ojos y nuestro corazón para descubrir cómo hemos de vivirlo nosotros. Podemos decir, que el adviento es un tiempo para redescubrir la Centralidad de Cristo, y en este aspecto fundamental, María nos ayuda con su ejemplo.El papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Marialis Cultus, lo expresa con toda autoridad en los numerales 3-4: “Los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, ‹‹vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza›› (Praefatio de Adventu, II), para salir al encuentro del Salvador que viene”.La Anunciación, en el Evangelio de San Lucas, dice el papa Benedicto XVI, es un acontecimiento “humilde, oculto, nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad” (cf. Benedicto XVI, María Estrella de la Esperanza, 2014, pp. 13ss). Se trata del “SÍ” de María.El mismo papa Benedicto XVI, en su libro La infancia de Jesús, explica esta respuesta generosa de María, al citar una homilía de Adviento de Bernardo de Claraval. Después de la caída de nuestros primeros padres, todos quedamos sometidos bajo el dominio de la muerte. Sin embargo, Dios busca una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Con esto, se quiere indicar que Dios necesita la libertad humana, puesto que no puede redimir al hombre, creado libre, sin un “SÍ” libre de su voluntad. Por eso, la respuesta de María es esperada con expectación por el cielo y la tierra. Bernardo muestra como el “hágase en mí según tu Palabra” es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana. Como podemos ver, María se convierte en madre por su “SÍ” generoso. A este respecto, también los Padres de la Iglesia han dicho lo mismo cuando afirman que “María habría concebido por el oído”, esto es, mediante su escucha. Por su obediencia libre la Palabra ha penetrado su vida, y ella se ha hecho fecunda (Cf. Ratzinger, La infancia de Jesús, pp. 42-43).Esta es la razón fundamental por la que María es modelo de este tiempo de Adviento. Por eso, la liturgia recupera plenamente este sentido con una serie de elementos marianos, que podemos sintetizar de la siguiente manera:1.Desde que iniciamos el tiempo de Adviento hemos visto elementos que recuerdan la espera y la acogida del misterio de Cristo por parte de la Virgen de Nazaret.2.Acabamos de celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción como «preparación radical a la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha ni arruga (Marialis Cultus 3). También, el 12 de diciembre celebramos la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Este día recuerda las apariciones de la Virgen a San Juan Diego, un acontecimiento que marcó la historia espiritual y cultural de México y el continente americano, y que dio un impulso decisivo a la evangelización.3.Los días que se acercan, del 17 a 24 de diciembre, el protagonismo litúrgico de la Virgen es muy característico en las lecturas bíblicas; en el II prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Madre; en el IV prefacio de Adviento que habla de María, nueva Eva; en algunas oraciones, como la del día 20 de diciembre que nos trae un antiguo texto de Rótulo de Ravena o en la oración sobre las ofrendas del IV domingo que es una epíclesis significativa que une el misterio eucarístico con el misterio de Navidad en un paralelismo entre María y la Iglesia en la obra del único Espíritu.Vivamos este tiempo de espera y esperanza como ella lo vivió.Desde Santa Marta, me permito desearles con antelación una Feliz Navidad a todas las familias de Colombia.P. José Antonio Díaz HernándezSacerdote Diócesis de Santa Marta
Jue 20 Nov 2025
Adviento: El Dios que llega para sanar la Casa Común
Por Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz - “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierras de sombras una luz les ha brillado” Isaías 9, 1.Tenemos la posibilidad de asombrarnos como personas de fe ante la llegada del Adviento, razón por la cual la iglesia nos invita para afinar el oído del corazón, de tal manera que podamos escuchar los pasos del Señor que viene. Como enseñaba el papa Francisco, la espera cristiana no es pasiva ni indiferente, sino un “despertar interior que nos disponga a cuidar la fragilidad de la vida y del mundo” (Francisco, 2015). En tal sentido para Colombia, lugar bendecido por selvas, páramos, ríos y comunidades tanto urbanas como rurales, el Adviento nos urge a discernir los signos de esperanza que brotan aún en medio de la violencia contra la creación y contra los más pobres.Al adentrarnos en el sagrado tiempo de Adviento, la Iglesia nos invita a redescubrir la hondura espiritual de la espera, esa espera activa que configura la identidad del pueblo que aguarda la venida del Señor. Como fraile dominico experimento desde la tradición de la Orden de Predicadores, la vigilancia contemplativa como elemento inseparable de la responsabilidad ética, pues “contemplar y dar a los demás lo contemplado” implica asumir la historia concreta en donde Dios se revela y en donde la creación clama a través de sus creaturas.En la Sagrada Escritura encontramos palabras preciosas para iluminar este itinerario. El profeta Isaías proclama que “brotará un renuevo del tronco de Jesé” (Is 11, 1), recordándonos que la esperanza mesiánica surge precisamente en territorios aparentemente devastados. En Colombia, donde tantos ecosistemas han sido heridos por la extracción desordenada, los monocultivos y la violencia territorial, este mensaje resuena como una gran invitación a reconocer que Dios hace brotar vida aun en suelos desgastados. San Pablo, en su visión cósmica de la redención, nos recuerda que “toda la creación gime y sufre dolores de parto” (Rom 8, 22); pero esos gemidos no son anuncio de muerte, sino preludio de un “alumbramiento” que exige conversión ecológica y compromiso ético.Desde la comunidad de hermanas y hermanos que bebemos de las fuentes de Santo Domingo de Guzmán, compartimos algunas de las voces contemporáneas que nos ayudan a profundizar en esta perspectiva y que nos ofrecen horizontes de reflexión para acoger este llamado a realizar un “giro antropológico” para experimentar las teologías del cuidado. Recientemente fray Timothy Radcliffe O.P., recordaba a los miembros del Sínodo que la esperanza cristiana “no es ingenuidad ni evasión, sino la decisión de creer que la gracia puede renacer incluso allí donde la historia parece estéril. Esperar en la fe es un acto valiente que mira de frente la fragilidad del mundo sin renunciar a la confianza en la gracia que lo puede renovar” (Radcliffe, 2024). También el teólogo dominico fray Carlos Azpiroz Costa O.P., señala que la predicación de las personas de la Iglesia exige hoy “entrar en diálogo con los clamores de la humanidad y de la naturaleza, pues ambos expresan la verdad que Dios desea revelar” (Azpiroz Costa, 2010). Y la dominica Verónica Ropero O.P., especialista en ética ecológica, recuerda que “la espiritualidad dominicana, marcada por la búsqueda de la verdad, nos impulsa a escuchar también la verdad que la tierra herida intenta manifestar y comunicar” (Ropero, 2018).Finalmente, fray Edward Schillebeeckx O.P., enseñaba que la salvación acontece donde surge la vida. Por ello una predicación auténtica del adviento debe: anunciar la esperanza, denunciar la injusticia ecológica y acompañar a las comunidades vulneradas (Schillebeeckx, 1980). El teólogo subraya que la revelación de Dios se da en la historia y en la realidad concreta, lo que incluye la naturaleza. Esto implica que la creación no es un simple escenario, sino parte del proyecto salvífico.De otra parte, el papa León XIV nos invita en el contexto de sus recientes encuentros, especialmente en el del Jubileo de la educación, a comprender que la educación de las personas requiere espacios transformadores de la cultura y de las prácticas sociales para “unir la justicia social y la justicia ambiental, promoviendo la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, a formar conciencias capaces de elegir no solo lo conveniente, sino también lo correcto. La educación mide su valor en función de la dignidad, la justicia y la capacidad de servir al bien común” (León XIV, Trazando nuevos mapas de esperanza, 2025)El Adviento se constituye para nosotros como creyentes en un ejercicio de contemplación encarnada: preparar el camino del Señor implica restaurar los cauces de los ríos devastados, proteger los páramos amenazados, fortalecer las comunidades campesinas e indígenas que son custodias vivas de la creación y promover estructuras económicas y sociales que honren la dignidad de toda vida.El Adviento en Colombia se convierte en un llamado a preparar el camino del Señor derribando las montañas de la indiferencia, enderezando los senderos de la injusticia ambiental y protegiendo las vidas que Dios nos confía. Que este tiempo litúrgico sea un kairós (Tiempo cualitativo de Dios) para renovar la esperanza y custodiar con ternura la tierra que habitamos. Que este Adviento sea para nosotros un tiempo de contemplación activa, de escucha profunda y de compromiso decidido con la justicia, la paz y el cuidado de la creación que nos ha sido confiada.¿Qué novedad podría emerger para nuestras comunidades en este tiempo litúrgico? ¿Qué lugares geográficos podríamos transformar como fruto de nuestra comprensión en la fe? ¿Cuáles periferias sociales vamos a iluminar con nuestra acción transformadora fruto de la celebración del adviento? ¿Cuáles cambios podemos incorporar en nuestras instituciones eclesiales para “conectarnos” con las prácticas de cuidado de la Casa Común?Fray Jorge Ferdinando Rodriguez Ruiz, O.PReferenciasAzpiroz Costa, C. (2010). Predicación y esperanza en tiempos de crisis. Editorial de la Orden de Predicadores.Betto, F. (2015). Ecología y espiritualidad liberadora. Paulinas.Bruguès, J.-L. (2011). La encarnación y la dignidad de la creación. Éditions du Cerf.Claverie, P. (2000). Cartas y escritos espirituales. Éditions du Cerf.Enns, E. (2011). Restorative Justice and Earth Healing. Dominican Eco-Justice Press.Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.Galiardi, M. (2014). La Tierra como comunidad de vida: Perspectivas dominicanas. Dominican Sisters Publications.Grey, M. (2011). The Outrageous Pursuit of Hope: Ecofeminist Readings for the Church. Dominican Sisters Publications.Gutiérrez, G. (2003). Teología de la liberación: Perspectivas. CEP.León XIV. Carta Apostólica Trazando nuevos mapas de esperanza (octubre 2025). Libreria Editrice Vaticana.Monge, C. (2019). Verdad, justicia y diálogo en tiempos de crisis ecológica. Edizioni Domenicane.Radcliffe, T. (2012). What is the Point of Being a Christian? Editorial de la Orden de Predicadores.Ropero, V. (2018). Ética dominicana y cuidado de la creación. Ediciones Espíritu y Verdad.Schillebeeckx, E. (1980). Cristo y los cristianos. Ediciones Sígueme.
Mié 19 Nov 2025
Oración Taizé y la Compañía de Jesús en Colombia: 10 años de canto, unión y fecundidad
Por José Yamid Castiblanco, SJ - Corre el año 2014 cuando en la Casa Ignaciana de la Juventud (CIJ) se realiza un espacio mensual llamado Noche de arte y espiritualidad. Tras meses de tener una buena acogida, por distintos motivos, esta propuesta entra en crisis. A pesar del escepticismo inicial, este espacio de oración se relanza única y exclusivamente con cantos meditativos en distintos idiomas al estilo Taizé y entonces el entusiasmo vuelve. No importa que la oración tenga siempre el mismo formato, los cantos se repitan o no sean siempre en español. El número de asistentes crece cada vez más, el coro se agranda, y lo que pasó a denominarse Noche Taizé en noviembre del 2015 se sigue realizando, primero, en la Capilla de Teología de la Javeriana, y luego, en diferentes auditorios de la Universidad.Además de la cita mensual en la Javeriana, y motivado por el creciente interés y las diversas solicitudes, el equipo de Noche Taizé empieza a realizar una oración adicional al mes en diferentes lugares: parroquias católicas, iglesias protestantes (Luterana alemana, Menonita…), capillas o salones de universidades (Nacional, La Salle, Los Andes, El Rosario…), colegios jesuitas y de otras comunidades, obras de la Compañía de Jesús, etc. Este grupo de Taizé se posiciona y prepara oraciones en eventos con proyección nacional como Expocatólica, la Semana por la Paz, asambleas de Jesuitas y encuentros de jóvenes (Claveriada y otros), e incluso eventos con proyección internacional como el Foro Cristiano Global (Bogotá 2018) o la Jornada Mundial de la Juventud (Panamá 2019). Junto a estas oraciones, el grupo también organiza en el 2018 un concurrido encuentro interreligioso por la paz en la Javeriana con diversos líderes espirituales.Llega el COVID en el 2020 y, sin embargo, la oración Taizé no se detiene del todo. Esta se sigue realizando en forma virtual y es retomada en la CIJ y en la Universidad Javeriana. A pesar de la crisis que supuso la pandemia, la Noche Taizé inspiró y sigue inspirando espacios de oración que han surgido en estos años en otras obras de la Compañía de Jesús en Colombia como el Colegio San Ignacio de Medellín, el Colegio San Luis Gonzaga de Manizales y la Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Pasto.Cabe mencionar que, durante este tiempo, la Comunidad de Taizé en Francia no sólo ha enviado a Colombia a su delegado para América Latina, el Hermano Christoph, con el fin de animar y visitar estas iniciativas de oración. Voluntarios de la RJI también han sido acogidos en Taizé para servir y ser formados en su espíritu de ecumenismo, fraternidad y oración musical, consolidando esta experiencia de colaboración que continúa hasta hoy.La fecundidad de esta iniciativa ha llevado a que recientemente, desde febrero de 2025, un nuevo grupo y espacio de oración Taizé surgiera en el Centro Ignaciano de Reflexión y Espiritualidad (CIRE), en la zona de Chapinero en Bogotá, independiente de la propuesta de los viernes de Noche Taizé por la CIJ, orientada principalmente a jóvenes. El grupo Taizé del CIRE realiza así sus oraciones todos los primeros miércoles de mes en la capilla María Inmaculada (Cra 10 # 65-48), ensaya allí todos los últimos miércoles de mes y, además de estar pensado para un público más adulto, estas oraciones tienen la intención de ser un lugar fijo que posibilite de forma más explícita y regular un encuentro ecuménico mensual entre cristianos/as de diferentes denominaciones.Algo sobre Taizé y su historiaTaizé es un pueblo apartado en Francia donde se encuentra la comunidad del mismo nombre que el suizo Roger Schutz fundó en 1940 con hermanos de diferentes tradiciones cristianas: luteranos, católicos, ortodoxos, anglicanos, etc. Además de ser sinónimo de acogida a huérfanos y refugiados de guerras y totalitarismos, Taizé empezó a denominar también el estilo de oración particular desarrollado allí: cantos meditativos en varios idiomas, silencio, iconos... todo esto en un ambiente de recogimiento y de encuentro en medio de la diversidad cultural y religiosa. Así, desde hace 85 años, Taizé reúne a miles de personas de distintos países - especialmente durante sus encuentros anuales en diferentes ciudades y en las Jornadas Mundiales de la Juventud - para cultivar desde la oración en común una espiritualidad de unión y reconciliación al interior de cada persona y entre los pueblos del mundo.Esta oración al estilo Taizé, además de propiciar hondas experiencias de oración, ha creado entonces en el mundo y en Colombia estrechos vínculos personales e institucionales entre comunidades de fe, religiones y personas con profundas búsquedas espirituales. Aquel milagro de la comunión en la diferencia, del arte y de la fe, del gozo y de la súplica fue quizás lo que tanto interpeló a nuestro querido jesuita colombiano, Iván Restrepo, durante su estadía en Taizé en los años 70. De su experiencia nos queda su tesis doctoral publicada: Taizé: una búsqueda de comunión con Dios y con los hombres. Al igual que él, y en fidelidad con el carisma ignaciano de apertura al diálogo y al Dios siempre mayor, tanto la RJI como el CIRE promueven espacios de oración Taizé a todas las personas que deseen encontrarse con Dios, consigo mismas y con los otros en sus diferencias. Esto con la convicción adicional de que cada oración propicia la reconciliación y la unión de corazón por nuestro mundo herido a causa de guerras, fundamentalismos y desesperanza. Por todo esto, Taizé, su historia y su presente tanto en Colombia como en las obras de la Compañía de Jesús, es motivo para celebrar, agradecer, y por supuesto, seguir cantando.A quienes quieran asistir a las oraciones o sumarse a los grupos que las animan, les invitamos a consultar nuestra programación de oraciones Taizé del CIRE (primeros miércoles de mes) y de la RJI (en Bogotá y en otras regiones), en las redes sociales de ambas obras transversales, o en el sitio web www.cire.org.co.*Restrepo, Iván (1975). Taizé: una búsqueda de comunión con Dios y con los hombres. Salamanca: Sígueme.
Jue 30 Oct 2025
De los 50 A los 60 Años de Nostra Aetate: de Francisco A León XIV
Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - Se han cumplido 60 años de la promulgación de la Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.Sin duda, este documento ha marcado el camino de la Iglesia en los últimos tiempos en el tema del diálogo interreligioso. Los Padres Conciliares querían, con este documento, promover la unidad y la caridad entre las personas y los pueblos, reconociendo y valorando las verdades presentes en otras religiones. Reconocían, además, que todos los pueblos forman una comunidad y que la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero.En la Audiencia General del miércoles 28 de octubre de 2015, en la celebración de los 50 años de Nostra Aetate, el Papa Francisco recordaba que para el Papa Pablo VI, el tema de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas había tenido una importancia tan relevante que, en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final del Concilio, había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. También recordaba como importantes algunos puntos del documento:•La creciente interdependencia de los pueblos (cf. n. 1).•La búsqueda humana de un sentido para la vida, el sufrimiento y la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro camino (cf. n. 1).•El origen y el destino común de la humanidad (cf. n. 1).•La unicidad de la familia humana (cf. n. 1).•Las religiones como búsqueda de Dios o del Absoluto, en las diferentes etnias y culturas (cf. n. 1).•La mirada benévola y atenta de la Iglesia a las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de bello y verdadero (cf. n. 2).•La Iglesia mira con estima a los creyentes de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cf. n. 2).•La Iglesia, abierta al diálogo con todos, es al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, comenzando por la verdad de que la salvación que se ofrece a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que el Espíritu Santo actúa como fuente de paz y amor.En esta audiencia, el Papa también recordó un hecho particularmente significativo para Juan Pablo II: el encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Recordó que, un año antes, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca, deseaba que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama encendida en Asís se extendió por todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.Francisco también anotó que el diálogo que necesitamos hoy entre las religiones no puede ser sino abierto y respetuoso, y solo entonces se revelará fructífero. El respeto recíproco es condición y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de otros a la vida, a la integridad física y a las libertades fundamentales, es decir, a la libertad de conciencia, pensamiento, expresión y religión. El diálogo basado en el respeto lleno de confianza puede traer semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y colaboración en muchos campos, y sobre todo en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de los migrantes, y en la atención a quien está excluido. Podemos caminar juntos cuidando los unos de los otros y de la creación.Por último, termina con esta invitación: “Queridos hermanos y hermanas, en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con Él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad”.Diez años después, en el pontificado de su sucesor, el Papa León XIV (en la celebración de los sesenta años de Nostra Aetate), toma la frase del diálogo entre Jesús y la mujer samaritana del Evangelio de San Juan: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Y dice: “este encuentro revela la esencia del auténtico diálogo religioso: un intercambio que se establece cuando las personas se abren unas a otras con sinceridad, escucha atenta y enriquecimiento mutuo. Es un diálogo nacido de la sed: la sed de Dios por el corazón humano y la sed humana de Dios. En el pozo de Sicar, Jesús supera las barreras de la cultura, el género y la religión. Invita a la mujer samaritana a una nueva comprensión del culto, que no se limita a un lugar concreto —«ni en este monte ni en Jerusalén»—, sino que se realiza en Espíritu y en verdad. Este momento capta la esencia misma del diálogo interreligioso: el descubrimiento de la presencia de Dios más allá de toda frontera y la invitación a buscarlo juntos con reverencia y humildad”.El Papa León, siguiendo la línea tomada por el Papa Francisco en la celebración de los cincuenta años, se refiere una vez más al tema del diálogo interreligioso y a la necesidad del encuentro con los no cristianos: “Este luminoso documento nos enseña a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino como compañeros de viaje en el camino hacia la verdad; a honrar las diferencias afirmando nuestra humanidad común; y a discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”.Recalca, además, la importancia de las raíces del cristianismo en el pueblo judío y la importancia del diálogo judeo-cristiano, aun a pesar de las dificultades: “No podemos negar que en este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero estos nunca han impedido la continuación del diálogo. Tampoco hoy debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos alejen de la amistad, sobre todo porque hasta ahora hemos logrado mucho”.Volviendo a reconocer en Nostra Aetate el llamado a encontrarnos y a dialogar, el Papa León plantea una pregunta, a la que a su vez responde con un claro mensaje sobre el aporte de las religiones a la humanidad: “¿Qué podemos hacer juntos? La respuesta es sencilla: actuar juntos. Más que nunca, nuestro mundo necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración. Cada una de nuestras religiones puede contribuir a aliviar el sufrimiento humano y a cuidar de nuestra casa común, nuestro planeta Tierra. Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Deben reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar atentos al abuso del nombre de Dios, de la religión y del diálogo mismo, así como a los peligros que representan el fundamentalismo religioso y el extremismo”.El pontificado del Papa Francisco nos dejó muchas experiencias en el campo del diálogo interreligioso, mostrando cómo en la actualidad se puede seguir el legado de la declaración Nostra Aetate, poniendo este encuentro entre las diferentes religiones al servicio de la fraternidad humana, como lo hizo en el documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común (también conocido como Declaración de Abu Dabi), firmado con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 4 de febrero de 2019.Las palabras del Papa León en esta celebración de los sesenta años nos abren a la esperanza de que se seguirá este camino de encuentro entre las religiones, pensando siempre en el bienestar de la humanidad. Por eso es significativo cuando dice: “Hoy estamos llamados a refundar la esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Colaboremos, porque si estamos unidos todo es posible. Hagamos que nada nos divida”, y luego al final la invitación a la oración: “detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”.